martes, 4 de enero de 2022

Vaya par de gemelos. De tanto botox y cirugía han dejado de parecer gemelos para parecer, uno y otro, a la vista como algo indefectiblemente raro. Doctores en físicas y matemáticas tenían cerebro bastante para pensar que las vacunas estaban bien, para todos excepto ellos, que tienen 72 tacos pero que están en forma por debajo de esos caretos. Han muerto con 6 días de diferencia por Covid. Arrivederci genios!
Cómo los perritos son bienvenidos en la playa del Perelló, o al menos hacen la vista gorda, guión no multan en ella, cuando estoy allí la bajo a la playa. Poniendo todo el cuidado que pongo siempre en recoger sus kkitas, que son bombas de napalm por como huelen. A veces, con rabia, debo admitir, recojo también las que me encuentro de cualquier desaprensivo que las deja allí esparcidas por la arena, sin hacerles el menor caso, como si lo que haga su perro no le concerniera en absoluto. Sin embargo me sabe mal que queden allí, dando razones a los que odian los perros. Además, si tenemos ahora la suerte, en el invierno, de poder meter a los perritos en la playa sin temor habrá que poner el doble de cuidado, no se lo vayan a pensar. Así que cojo otra bolsita y las recojo. En el parque aquí en Paterna no, hay tantas que no haría otra cosa (me concentro en las "mías" nada más), pero en la playa si las veo las recojo (y también bolsas de papas, tapones o envases de lo que sea).

Lo vengo haciendo hasta el otro día, caminé no más de 30 metros y me encontré con tres kkas distintas, o iguales, ennegrecidas y secas. Pobre perro que convive con alguien tan cochino. Si el perro tuviera manos se las recogería él mismo, no me cabe duda. Ona intenta tapar sus excrementos echando lo que sea con las patas traseras. Lástima que haya gente tan cochina.

Hay que ser marrano. Es que siempre me pilla mirando el móvil, dirá. Pagaremos justos por pecadores, pero yo me harté de recoger la mierda de otro. Pasé por encima sin pisar y volvimos a casa.
En estos tiempos de ilusión infantil no puedo creer, no me dejan creer ya, en la existencia de los Reyes Magos, aunque sea la mayor ilusión que tuve en la vida. Sin embargo se pasa mejor la vida con alguna ilusión, y en estos días yo estoy esperando que me envíen un altavoz con ruedas de trolley pues Amazon, aunque no es Amazon está vez, son los Reyes Magos para los creciditos, y GLS, o la empresa de transporte que sea, la cabalgata que nos los trae. Y cuánta ilusión hace!

Pasa el tiempo distinto, la mañana luce de otro modo, si te han de traer un paquete. Que tristeza de días cuando no te van a traer nada. Son tiempos gloriosos para las empresas de entrega de paquetes, ahora que uno puede confinarse en casa y vivir sin pisar la calle con las pantuflas puestas. Todo está saliendo y por llegar. Los minutos de espera son puro gozo, mejor que los que suceden a paquete recibido.

Cuánto hemos cambiado. Con entregas sin contacto y desde bien lejos.

domingo, 2 de enero de 2022

Acabé el 21 como he empezado el 22. Sin suerte. Muchos habrían apostado a que tras tanto tiempo buscando con esta fe mía, inquebrantable, ser rico, hacerme rico gracias a la lotería, con lo difícil que es, con lo que me está costando, que no me había de quedar tan lejos ya. Que era probable, muy probable en verdad que pudiera salirme el gordo en el primer sorteo del año, pues a nadie se le escapa que es tontería esperar más. Pero no, mi Primitiva estaba echada, como toca, y bien echada. Pero a esta hora la mocita del confeti no se ha dignado aparecer. Ya sé, que puede que siga con la resaca del 31, que es joven y voluntariosa, que de seguro tiene una vida social que tú cambiarías por la tuya, tan sosa como es, sin dudar. Pero nunca que hubo premio se presentó tan tarde. Puede que por ser el premio gordo la cosa lleve más tarea y fanfarria. Ya me parece escuchar a la banda de música remontar la calle. Yo hubiera preferido ser discreto.

sábado, 1 de enero de 2022

Ya no podrán decir que morimos en 2021. Feliz año.

viernes, 31 de diciembre de 2021

Entre las 4 y cinco de la madrugada es mi hora, por lo que se ve. Abro los ojos como Terminator.

Luego querrán que sea una persona amimada en la Nochevieja de hoy, cuando entonces es imposible que me quede gasolina, tras el día entero de ir detrás de mí bolita, de mi Pablo y sus primos.

Decía el otro día, y lo mantengo hoy, que un párrafo de Umbral es mejor que un libro entero de cualquier otro, aunque tengo que añadir a esto algo más, completar la idea, aunque sea con una pura paradoja. Cualquier libro es mejor que uno de Umbral. No sé si después de tanto lirismo uno llega hacia el final del libro con la capacidad de soportar lirismo requete saturada, o es que, como también dije, para darle más hojas al libro, no se trata de hacer una narración breve, a Umbral le vale cualquier cosa, incluso el sonido de un pedo, o con quien cenó anoche. Nos echa la culebra que quedó claro que no le cuesta ningún esfuerzo, y nosotros cargamos con ella porque quizá más adelante le haya vuelto la inspiración y nos vuelva a dejar pasmados. Pero mientras eso no ocurre el libro se hace largo, pierde filo e interés, se vuelve un volteo de hojas simplemente, que ni limpian ni manchan. Que se hacen como un saco de piedras.

Él, que tiene el don de la palabra escrita, luego en vivo titubea como todos, nos administra lo que sea por dar una longitud mínima al libro para que pueda ser considerado como tal. Pero el lector, este lector en concreto que soy yo, ya anda desconectado, con ganas de acabar, de que la cosa acabe, sin encontrarle la gracia y con cierta sensación de haber sido estafado, como una de película que promete en el trailer, que ha concentrado todas las emociones en dos minutos, para luego ser un remanso en que no sucede nada.

Yo no lo voy a ver, pero quizá un día nos puedan programar la cabeza de otro, aún sacrificando la nuestra, nuestros pensamientos propios, y estará bien. Será un modo de que la muerte no nos prive de las cabezas más lúcidas, que seguirán igual de lúcidas sobre otros hombros. Los mios. Yo me prestaría, siempre y cuando me dejaran un resquicio para el amor que siento por los demás (por los que siento amor), que una parte ínfima del cerebro que donas para la supervivencia de ese otro permaneciera para nuestro propio uso, guardara ese amor que nos queda, aún cuando fuera un solo trastero en un gran garaje.

Entonces yo podría haber donado mi espacio intracraneal a Umbral, lo habría hecho de buen grado porque es una tragedia que esa forma de escribir se pierda, tan sorprendente a veces, tan amable, digno de ser amado, no él, sino lo que dice, lo que escribe. Yo puedo amar lo que cuenta por como lo cuenta incluso aunque no lo hubiera soportado a él.

Pero antes de ceder mi cerebro a Umbral, que lo merece, antes se lo cedería a mi padre, al que amo, o a Bosco, que marchó hace años, que también era capaz de escribir como los ángeles y al que tanto echo de menos. Ojalá vivieran por siempre, en mi, junto al amor.

jueves, 30 de diciembre de 2021

No termino de entender. Dan protección a su ex pareja sacándola de la casa de su madre y marcan esa vivienda como punto caliente a donde se puede dirigir el asesino. Que es donde de hecho se dirige, sin que nadie lo detenga. Toma 4 rehenes allí mismo, que por lo que se ve tampoco han sido avisados del riesgo en que se encuentran y se atrinchera el fulano allí con ellos dentro de la casa.

 Y sin embargo nos lo quieren vender como una gran operación policial. Sin duda algo se me escapa. Es una suerte que no matara a la madre de la chica y a quien estuviera allí con ella por no tener ya nada que perder. Normalmente a esta chusma les da igual ocho que ochenta.

Como dije Umbral es literatura pura, con todo el artificio que es posible en la literatura. Si quieres literatura no salgas de Umbral, consume Umbral solamente.

Claro que a veces, como dije, su mierda le vale, y tiene por tanto que valernos, nos la envuelve para regalo:

"Toma, mama la verga, vive sabor a hombre; toma, planta en tu recto esta daga de loco; toma, guarda en tus manos este surtidor de oro; toma entre tus pezones este cuchillo espeso. En las fosas nasales introduce esta rosa. En tus breves orejas, esta azul caracola. Toma, hunde hasta las raíces del dolor que te ciega este galeón de sangre, esta cálida estrella."

Carta a mi mujer - Francisco Umbral

Es esto un exceso? Acaso todo vale? Todo es literatura? O también hay mierda?
Es mentira que todos los caminos lleven al mar, éste sí.

Amanezco cuando no son las 9 todavía. Por si alguien se piensa que me tiro ahora el día entero repantigado, más muerto que vivo.

De eso nada. Amanezco con fuerzas disminuidas, queriendo estar más muerto que vivo, pero despierto e incapaz como siempre para las matemáticas. Cierto que es de esperar que se me vayan acabando las fuerzas con la marcha del día, como a un móvil olvidado de cargar y que empieza el día ya con el ahorro de energía activado.

La duda es hasta donde me dará. Si podré perdonar la siesta. No creo.
La lectura y la vejez me han de costar la salud. Quién en su sano juicio se pone a leer a la una y pico de la madrugada y sigue en ello a las 4:30.

Y lo de dormir? Para cuándo? Esto no puede ser bueno. Tendría que cerrar los ojos, por ver si duermo. Me parece que ahora leo por todos los años sin leer. Cuánto tiempo perdí sin ver un libro (faenando en otras cosas) y que ahora me está costando el sueño que tendría que dormir. No sé si con un afán de recuperar el tiempo perdido, una suerte de ponerse al día por lo no leído. No se bien la razón, pero sé que no puede ser bueno, no me lleva a ningún lado además, y que mañana no estaré en condiciones, no para pasar el día sin dormir..

Temo ahora cerrar los ojos y seguir despierto. Completamente desvelado.
"A este patético juego juego mientras te miro, hasta que llegas, por donde no te esperaba, reunida ya contigo, tuya en ti, para traerme un gran pétalo de magnolia, blanco y amarillo, como la llama fresca que nos quema y salva, con su perfume de limón y monja, presentísimo.

  Pero algo teníamos que crear, algo teníamos que fundar, no sé, hace mucho, dímelo tú, recuérdamelo tú, para algo nos unimos en la vida, hace siglos, algo urgente nos reunía ¿te acuerdas? la felicidad, el tiempo, no sé qué fundación a dos, con torres al futuro, algo que se me escapa, estoy ahora en penumbra, cubierto de sudor, asténico, vencido, y me viene de pronto la idea, me sobresalta, por qué estamos aquí, para qué estamos, esta mañana he visto ramos muertos en el fondo del agua, eran bellos e irreales bajo el cristal viajero de lo azul, pero algo teníamos que hacer ¿no te das cuenta? se nos ha pasado el tiempo, se nos ha ido la vida, no hemos hecho, me parece, aquello para lo que nos juramentamos bajo la luz sagrada de algún domingo, qué has hecho de tu vida, qué he hecho yo de mi vida, qué ha pasado, dime, dime, de pronto algo me falta, algo se me ha olvidado, y apelo a tu memoria, no, a tu desmemoria, tu memoria soy yo, tú no tienes memoria, se te va borrando el tiempo, se te va borrando la frente, te vas borrando y reapareces, ramo al fondo del agua, pero sé que en tu memoria, en el coral de cofre de tu olvido está la cosa, el secreto, el hecho, lo que teníamos que hacer, nuestra tarea común en esta vida, levantar una casa, forjar un catedrático, descubrir una isla o enterrar algún muerto.

  Por qué no lo hemos hecho, en qué ha pasado el tiempo, María, dime, cuántos años, el espanto se mueve entre las hojas, para qué fuimos convocados, con qué fin, en un domingo sagrado de resina. No está en mi pobladísima memoria. Está en el cofre lento de tu olvido. Ya nunca lo sabremos, y ésa es la distancia que de pronto suena entre los dos, algunas tardes de julio, como en cada pareja que ha seguido siendo paralela, desde la juventud. Si te acordases, María, si te acordases, pero la cosa en sí es olvido, cómo vas a acordarte de un olvido. Si te acordases, se borraría la cosa."

Carta a mi mujer - Francisco Umbral

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Acabo de jugar una primitiva. No hace falta que cuente que el minuto, ese en concreto en que he comprobado que mi última apuesta no tuvo premio, que no es que se olvidaran de notificarme, el minuto en que he cogido los números nuevos, que son los de siempre, puede ser trascendental, marcar un antes y un después en nuestras vidas, en la mía sobretodo, coincidiendo además de prácticamente con el cambio de año, con el valor simbólico que ello supone.

Será el 2022 el año en que me hice rico? Quién sabe. No lo puedo saber todavía, puedo intuirlo, y puedo jugar cumpliendo con mi parte del trato. Tengo la impresión de que con el último euro de premio la mocita del confeti me miró distinto, con un brillo especial, quizá diciendo: sigue así Anado, estás a punto.
Estamos a un paso de que a los contagiados les abran las puertas y les digan salid, salid a disfrutar la vida. Que les paguen noche de hotel y restaurantes en cualquier lado 
Si no recuerdo mal los confinamientos comenzaron por 15 días. Los bajaron a 10 y ahora estudian dejarlo en 7 o en 5 si no te encuentras mal. Todo esto a mi me refuerza un poco está idea vaga de que vacunados y quizá por ello, con síntomas menos graves, va siendo hora de salir a mezclarnos, festejar que ganamos, poner un poco de virus en todas partes y revolcarnos en él, que nos llegue sí, pero no de frente, tangencialmente gracias a ellos, a todos los casi curados, después de todo la inmunidad de grupo está ahí fuera y llegaremos a ella solo si aprendemos a convivir con el virus fuera de habitaciones de hospital convenientemente higienizadas.

No les preocupa que alguien a los 5 días pueda salir contagiando un poco, lo justo, si antes necesitábamos el doble de tiempo para estar seguros de no ser un riesgo para los demás. No les preocupan desde luego los no vacunados, allá ellos, tuvieron su oportunidad.

El coronavirus llegó para quedarse. Aprendamos a convivir con él desde ya.

martes, 28 de diciembre de 2021

"Dudo todas las mañanas entre la despensa y el frigorífico. Es casi la duda entre dos culturas, entre dos épocas, entre dos mundos. La vieja despensa de esta casa, con baldosas blancas y alacenas, guarda, naturalmente, legumbres, embutidos, ajos, quesos, frutas, pimentones, todo eso, y a eso huele, pero no a estas legumbres, a estos embutidos, ajos o quesos, sino a otros como anteriores, que aquí se curaron o se pudrieron. Hay una despensa de olor, un fantasma de despensa, perfumando de pasado la actualidad intendente de la despensa."

Carta a mi mujer - Francisco Umbral
Dicen los expertos que nos podemos dar por contagiados de la variante Omicron. Que se cursa más leve pero que va a colapsar igualmente los servicios sanitarios como la variante original pues con tantos casos algunos serán graves, principalmente entre los no vacunados, que no sabían, nunca supieron, que harían bien en vacunarse.

Omicron ha venido, dicen los expertos, a terminar la pandemia. A contagiarnos a todos para alcanzar por fin la ansiada inmunidad de grupo o de rebaño, con todos inmunes ya al virus se le cortan las alas a la propagación. Quiere circular todavía pero ya no enferma a nadie más allá del dolor de cabeza. A todos nos coge entrenados para hacerle frente, con el microchip dispuesto a la batalla, con las cucharas imantadas en grado máximo.

En este punto, en que los expertos dicen que Omicron nos va a llegar, que nos va a llegar, conviene preguntarse si no interesa hacerla nuestra cuánto antes, no vaya a ser que devengamos en un caso grave y cojamos ya las UCIS colapsadas de anti vacunas y volvamos, no conviene olvidarlo, a los tiempos en que los muertos se escogían mirando la fecha de nacimiento en el DNI. Se trataba a unos mientras otros morían sin tratar. Luego llenaban de ataúdes los polideportivos.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Qué explicación tiene que quien escribe mejor tenga escritos 50 libros nada menos? Pues bien sencillo. Francisco Umbral escribe como caga, como cagaba quiero decir, sin el menor esfuerzo.

Alguien con 50 a sus espaldas, sin prácticamente argumento alguno es alguien que va al baño y defeca larga y tendida una culebra sin tener ni que apretar. Podría decirse que Umbral por tanto cagaba literatura, le salía la literatura, la mejor literatura en realidad, como algo natural, como cagar que digo yo, pero que podría ser también como respirar.

Y debía reír viendo a los demás escritores con sus diagramas y flechas para organizar una historia, para traerla ordenada al lector, con giros y sorpresas, con intrigas calculadas. A él le bastaba sacarle la punta al boli, sentar frente a la Olivetti, que es algo así como subir al trono del water, para que la cosa surja por si sola. Se entienda o no importa bien poco, la buena literatura no hay que entenderla, como la música no tiene explicación, se siente nada más. Pasma y ya está. Su función es admirativa, como estar ante unos fuegos artificiales por primera vez.

Lo que viene a significar, esto que cuento, que quien escribía mejor es el que tenía el menor mérito. A él aquello, escribir, no le costaba nada. Además, estoy seguro, no se ahorraba nada tampoco, no había tachaduras, ni quitaba un trozo porque nada le sobraba, la culebra de antes llegaba de una pieza, los párrafos le caían del trasero por si solos y todos ellos eran buenos, buenos en el sentido de que eran literatura.

Si no fuera porque además de escribir los libros también escribió miles de artículos en prensa hubiera concluido que era un vago de tomo y lomo, pues de tan fácil, sin más método que estar sentado los 50 resultan pocos.

Lo que si se colige de estar leyendo a Umbral que es lírico por todos los demás, que hace poemas en prosa, porque tiene el talento desbordado, es que era muy afortunado. No por la literatura, que lo escogió como conducto para salir, sino por el mucho dinero que habrá hecho a cambio de algo para él tan sencillo. Porque a Umbral la chequera le daba tratamiento de superstar, porque se le juzga por el resultado y no por el esfuerzo, y a él, que había sido pobre, el dinero le gustaba tanto como sentarse un rato a hacer un libro.
"Me ha llegado el libro, sí, esta nueva edición, quiero decir, como si no lo hubiese escrito yo, lanzado al azar de las playas, a la novela de la novela nunca acabada de leer sobre la arena. Me enternecen mis libros, de repente, que creen, ya, más que uno mismo en lo que dicen."

Carta a mi mujer - Francisco Umbral

domingo, 26 de diciembre de 2021

No me las voy a dar de que entiendo cada párrafo que Umbral escribe. No soy tan listo. 

Pero algunos me llegan. Los conozco y me reconozco, ya no es Umbral del que habla sino que habla de mí. Otras veces es simplemente que entendiéndolo, o no, alcanzo a comprender lo bellísimo que es, y me quedo con eso.

Umbral escribe tesoros, es la verdad.

Es un drama que el escritor muriera, no hablo de la persona, continente del escritor, sino del escritor nada más. Es trágico perderlo, que se vayan para siempre sus palabras, pues nadie las ordena mejor, las compone con tanta armonía como música en un pentagrama. Vale más un párrafo de Umbral que un libro entero de cualquier otro. Al menos en la pena que se da en estos pocos de que todo libro acaba, a mi me queda un consuelo que nace en mi propia limitación. Como siempre me voy dejando cosas, por el prurito de avanzar y que el libro no se eternice, por el afán de pasar a otra cosa, como queda tanto por terminar de entender, tanto que pasa sin hacer mella, sin darme cuenta, pienso que siempre podré volver con una mirada nueva, más madura, para descubrir nuevos hallazgos. 

Sigue siendo un drama que no vaya a haber palabras nuevas, pero gracias que nos las entiendo a la primera puedo regresar. Puedo descubrir a un Umbral nuevo con cada visita.
"Pero hay siempre en la vida y en los viajes ese cruce de trenes en que uno no sabe adónde va ni por qué se va. Es preciso volver a razonarlo todo mentalmente, pero se hace esto sin convencimiento. Claro que, del mismo modo que no hay razones para irse, tampoco las hay ya para quedarse. Y es cuando uno se va."

Las ninfas - Francisco Umbral