domingo, 16 de julio de 2006

Propósitos irrealizables

No se necesita vivir 100 años para darse cuenta de que en la vida acumulamos un montón de propósitos que quedan, sencillamente irrealizados. No sé bien si eran de naturaleza irrealizable o simplemente no supimos dar con la tecla adecuada, desistimos demasiado pronto o no nos importaron lo suficiente. Luego, al volver la vista atrás nos invade una suerte de melancolía, porque sucedió la vida y tenemos la sensación de haber perdido muchas oportunidades. Lo perdido parece ajeno a nuestra voluntad, fue el destino, ¿quién sabe? Simplemente no pudo ser.

Por otro lado llevamos a cabo tareas y proyectos, pero ¿cuando cumplen su objetivo? ¿Quién puede saber si sirvieron para algo?

La vida es algo tremendamente complejo. Tan extraordinaria que causa estupefacción.




Hoy he leído que Bosco pensó en emigrar al país donde no hay letras. Con lo sabio que es y no sabe que necesita escribir. Claro que encontraría muchísimos sitios donde colgar sus relatos, matarían por tenerlos en verdad, pero sabe bien que en el barco que se hunde el capitán es el último en saltar al bote. Y sabe, sin que tengamos que hayamos tenido que decírselo, que es el capitán. Tiene tanto que contar...

Confío en que se quede. Porque aprendió ya hace mucho que hibernamos largos periodos pero que de su mano volvemos a nuevos despertares. Y si alguien mantiene aún la convicción de escribir nada se extingue.

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