jueves, 29 de marzo de 2007
Volver
Si yo fuera director de cine ponía una cámara fija sobre ella. Así durante 90 minutos. No sé si en Cannes, pero en los Oscar iba a arrasar. Esta mujer podría hacer que perdiéramos la cabeza.
No es extraño que Tom Cruise ya no encuentre consuelo ni en la Cienciología, abandonadito anda el pobre y bien lejos de poder acometer misión imposible alguna. A lo más revisa fotos antiguas.
Claro que para misión imposible mi ascenso hasta el penúltimo escalón de una escalera de pintores. Venciendo el vértigo para cambiar una bombilla fundida. ¡Qué techos tan altos! Juro que creí que no sería capaz.
Mañana o pasado lo detallo más.
domingo, 25 de marzo de 2007
Domingo de vuelta
Llego de Valencia tras unas Fallas moviditas. Olvidando quién era yo para salir incluso hasta las 7 de la mañana. Han sido días intensos, vividos en en centro de un torbellino. He aquí la conclusión definitiva de que el tiempo no se mide siempre de igual modo. Estos 10 últimos días parecen hoy un transcurso de varios meses. El pasado muy pasado, el presente de mentira.
Hoy me levanté a las 5:25 para llegar a Santander vía Madrid. Llevo la tarde echado recuperando el sueño ausente de anoche. Voy a pegarme una ducha y voy a prender la tele como quién prende la luz (para mirar).
Hablaría de la selección española que es peor sin duda a Dinamarca y que quizá demostró ya a las claras que siempre ha estado supervalorada. Al menos ahora nos queda la ilusión de que Aragonés recuperó la cordura para al menos saber juntar a unos cuantos que suelen jugar juntos. Tal vez así, reproduciendo los automatismos de cada entreno en su club logren hilvanar algo que parezca fútbol.
Hablaría largo también de los jueces que deciden que no es necesaria la participación de la Fiscalía para emitir sentencias de culpabilidad. Aunque contravengan la ley. Lo hacen a las cámaras, a la prensa porque ellos querían hacer su trabajo, pero no les dejaron. Importa poco que hubiera otros medios de hacer constar su descontento por no poder enjuiciar, que en este caso es condenar.
Uno observa perplejo estos manejos y se pregunta si estos son los mismos que tuvieron que prepararse tanto para sacar la oposición. O quizá esos otros ya no existen, ahora son solo unos niños peleando con otros niños porque las cosas no salieron como tenían que ser. Después de todo el crédito pérdido se olvidará porque no hay casi memoria para nada.
Hace poco leía que los senadores del PP que son como los de cualquier otro grupo parlamentario estuvieron dando pataletas e interrumpiendo con descalificaciones e insultos al presidente del gobierno. Esto que suele ser algo reprobable pero habitual en esos lugares no hubiera pasado a mayores si no hubieran ido a verlo un grupo de estudiantes y sus docentes. Los primeros quedaron absolutamente alucinados, los segundos tan abochornados que no supieron qué decir. Nada más elevaron una queja al presidente del Senado, y tomaron nota, supongo, de que hay determinadas excursiones que conviene no hacer. Por ejemplo a las gradas de una reyerta entre corbatas.
En verdad escribiría hoy por todos los días en que no he podido hacerlo. Pero estoy cansado. Esta chusma podrá esperar a otro día (si hay ganas).
Yo creo que mañana hablo mejor de la elasticidad que tengo. Me doblo por la mitad y el suelo me queda muy lejos. Soy como un tablón de madera (sospecho que algo apolillado).
martes, 13 de marzo de 2007
Y Javier destrozaba la hoguera
Joaquín Sabina.
Llevo 60 euros en carbayones. Como para que no gusten :D.
Se me ha ido haciendo tarde y no tengo hecha la maleta. Luego veré que echo dentro. El primero de hacer y el segundo de echar. Voy a ir cargado como una mula.
Tengo el armario abarrotado. Y los ropajes de las rebajas son todos distintos. Yo no hago como Botines que creo que se compra todos los trajes caros e iguales.
Hoy tengo la ilusión de un niño. Como si fuera un crío al que hicieran fallero mayor infantil tras desearlo muchos años. Sólo que él será el centro de la fiesta y vivirá unos días inolvidables y yo seré un mosquito perdido en una ciudad inmensa repleta de gente con ganas de oír petardos. Por eso voy, porque un poco petardo si soy.
A ver si mis padres me sacan de paseo un sábado de estos. Igual puedo sentarme con mi padre a comprobar lo bien que se sintoniza la sexta junto a Mestalla y nos visionamos juntos un partido de liga.
Luego también tengo que salir a patearme la ciudad entera. Colapsadita la quiero de carteristas, repletita de vendedores ambulantes a los que la SGAE les importe tan poco como a mí. Quiero pararme delante de los mimos más listos, los que se quedan parados pero sentaditos para no cansarse, quedarme embobado delante de las casetas de churros y buñuelos.
Llevo algún tiempo detrás de este viaje. Prometo no saltar ninguna hoguera. A lo más paso cerca y se me llena la ropa de olor a humo.
Nota mental: Javi, no olvides las gafas de sol.
lunes, 12 de marzo de 2007
Patizambos
También es verdad que sus hijos han heredado las misman piernas (en tamaño reducido). Supongo que como a él se les irán reparando con el curso de los años.
Yo creía que era patizambo pero soy otra cosa. Tengo las piernas dobladas, lo mismo que Rivaldo. Se acuerdan cuando se ponía a mirar hacia la portería al lanzar una falta, con aquella cara de hambre, con los brazos en jarra, ojos desorbitados y piernas torcidísimas. Uno lo veía de espaldas y pensaba que con aquellos apéndices tan mal puestos lo mismo la sacaba del estadio, pero no, donde ponía el ojo, algo estrábico, ponía la bola. Unas veces en las redes y otras en los palos, que quedaban vibrando hasta que se los comía a besos el portero (bajo el arco). Para mí que el tal Rivaldo se quitaba años, o quizá es de esos que ha parecido un viejo toda la vida, capaz de meter al Barça en la Champions de chilena y parecer al instante un veteranazo a punto de desmoronar sus huesos. Pero eso es harina de otro costal. Este párrafo deja nada más que no soy patizambo, mis piernas son lo opuesto a ser patizambo, acaso sean otra cosa.
Soy como Raúl, al que quien ya me conoce gusto de poner a parir de cuando en cuando, yo creo que con frecuencia regular. Tiene las patas deshechas el muchacho. Por eso corre tan mal. Que uno lo ve correr y se alegra más de los goles que marca. Como para perdonarle que corra así (pobrecito). Yo que tengo las piernas lo mismito que él creo que he dado con la tecla y cuando corro, cosa que raramente ocurre, lo hago como si las tuviera perfectamente rectas. Quizá ocurre que se me tuercen solamente cuando camino y cuando me quedo parado, de pies juntos.
Por supuesto los que son como yo, los que no son patizambos porque son otra cosa, aunque no sepamos exactamente qué procuramos no juntar los pies nunca. Para disimular que tenemos las piernas dobladas. Con las rodillas en arco, vamos que lo nuestro es mear entre paréntesis. Ese detalle que puede llegar a pasar inadvertido nos hace, no obstante más amigables, con lo que es más fácil empatizar con nosotros (en todo menos en tener las patas dobladas). Caemos muy bien así de primeras y la gente no sabe que es porque tenemos las piernas en rombo.
Que se lo digan a Raúl, sino de qué iba a tener el contrato que tiene.
Yo he pensado, ahora que empiezo a ahorrar algunos duros, apuntarme a eso de la Corporación Dermoestética. Sobre todo porque va pasando el tiempo y no veo que éstas se me vuelvan rectas para nada. A ver si me hacen una escayola recta para meter las patucas. No me asusta lo más mínimo que para que entren deban empujar demasiado, hasta casi el punto de rotura. Sé de buena tinta que esa gente profesional gastan unas anestesias de primera. Y si no que me pasen por el quirófano. Si tienen que abrir para rehacer el hueso ellos sabrán. Tengo una fe ciega en la ciencia. A mí es que esos batines blancos me dejan anonadado. Sobretodo después de ver que fueron capaces de meter a Maradona de nuevo en una talla 40.
Lo que llevo peor es que creí que era patizambo y no es verdad. No tengo ni idea acerca de quién soy.
domingo, 11 de marzo de 2007
Tres años después
Con el Partido Popular ha venido a ocurrir lo nunca visto. Tenía oposición cerrada cuando estaba en el gobierno de la nación y la ha conservado, a cal y canto, en la oposición. No sería raro que algún parlamentario de los que vocean y patalean tan a menudo le diera, inspiración mediante, por escribir un libro que llevara por título: "La soledad del político" y tal vez entonces ese sentimiento, borbotón nacido en el aislamiento y en el eco fuera del todo cierto. Parece mentira, es verdad pero en este país la oposición no la tiene el gobierno sino el Partido Popular que tiene a todos los demás, extraordinario espectro político en contra. No ha de resultar tan raro, después de todo ¿quién de ustedes se tomaría un café con Angel Acebes?
Es curioso observar lo mal que encajó la derrota que le infligieron, no las urnas, las pobres bastante tienen con pasar de vacío el año entero hasta que las desempolvan por elecciones, sino los ciudadanos, hartos de estar hartos, como dice Sabina, de tanto político y de tanta mentira.
Decía José María García que Rajoy tiene una cosa muy buena y una cosa fatal, la buena: que allá por donde va pasa sin manchar; la mala: que no limpia. Y no resulta tan difícil de creer ¿verdad?
Hoy se cumplen tres años de la muerte de 192 inocentes en los trenes de Madrid. Y la verdad misma que no podrán tapar por mucho que insistan por la tele es que las ansias de figurar, el impetú de no quedar al margen de la historia, de no ser de los que quedan relegados al rincón hizo de Aznar un personaje muy peligroso, lo enfrascó en la invasión militar de un país que era soberano, y lo hizo subordinado al mayor zoquete que se pusiera nunca un sombrero de cow-boy. Puso en el mapa a España para que los radicales que dan su vida por lo que creen nos hicieran en suelo patrio el mayor atentado terrorista que se dio nunca en Europa. Y lo hicieron cuando mayor daño podían hacer a Jose María Aznar. Nunca antes un partido político con mayoría absoluta había pasado directamente a la oposición.
Canta Ismael Serrano, aunque lo hace para hablar del amor, que no sabe si hubo un antes, pero que lo que es seguro es que hubo un después. Hubo un después de el 11M. Ese día saltaron por los aires muchas vidas y algo más.
Se benefició Zapatero de un resultado condicionado sin duda, y resultó que es políticamente hablando, brazo arriba, brazo abajo, lo mismo que las siglas ZP. Una medianía absoluta.
Hoy claman los ciudadanos de bien porque el terrorista De Juana se beneficiará de estar preso en su casa. Quizá hubiera sido mejor dejarlo morir de hambre. Muchos lo piensan aunque yo no estoy de acuerdo. Sin embargo la cuestión es compleja. ¿Y si otros delincuentes inician también una huelga de hambre para abandonar la cárcel? ¿Ha sido éste un chantaje al Estado? ¿Tuvo algo que ver que este señor hubiera cumplido la pena impuesta por sus delitos de sangre? ¿Fue aquella pena insuficiente? ¿Podía este hombre volver a pisar la calle tras asesinar a 23 personas? Y si cumpliera la pena impuesta por amenazas desde la cárcel, ¿qué ocurrirá?
Yo me considero un ignorante absoluto. Y más ahora que apenas leo como marcha el país. Hay quien afirma que esta medida ha sido una cesión a ETA. No lo creo, no ha sido ETA una banda que tuviera demasiado presente las piezas caídas. En cualquier caso, si así fuera, si se acabaran los muertos por terrorismo yo daría por bien empleado que este señor se pudiera desplazar por el pasillo de su casa sin poder salir siquiera a pedir sal y pimienta, que tampoco habría quien le abriera la puerta.
En la vida el pasado es un bagaje del que no logra uno desprenderse. A veces es un paracaídas que salva, a veces un parapente para volar a otro lado y a veces una maleta demasiado pesada. Uno quiere correr pero apenas logra moverse del sitio. Solamente le alcanza para cansarse y para maldecir la vida que tiene, es verdad, puede decirlo porque resulta del todo cierto al menos para él. Dijo Pedro Salinas aquello de "esta vida columpiándose no es vida, dulce es retraso de un morir que no perdona".
Pero maldito presente; no es dulce.
viernes, 9 de marzo de 2007
Carbayones
Bueno, es viernes 9. Lo es todo el día. Mañana sábado y el miércoles 14 marcho surcando los cielos de esta España que no termina de desmembrarse, ni falta que le hace, ni creo que lo haga, hasta Valencia que es una ciudad intentando olvidar la tristeza. Aterrizo en la noche para ir a cenar por ahí (ya está programado el sitio). Me quedo un buen puñado de días, y esta vez tengo la firme intención de sacudir al anciano en que me he convertido para salir de fiesta hasta que el cuerpo aguante, es decir tá la una, sumo :).
Digo yo que tendré que patear esa ciudad para ver todos los monigotes. Que tendré que ir a las Mascletás para ver si siguen sonando como recuerdo, dejando lo mejor para el final, trepidantes. Que tendré que desafiar la cintura peonza que toy echando con unos buñuelos bañados en chocolate; enemistado tengo al cinto conmigo, ya no hay pantalón que me caiga...
Los amigos del Pere han fijado una cena para el viernes 16. Creo que nos vamos a juntar casi todos. Las uvas vuelven al racimo. Sospecho que va a ser cojonudo, con perdón.
miércoles, 7 de marzo de 2007
Vivir
La radio estuvo poniéndolo por las nubes. Suele pasar con los que no están. Con los que nos dejan. A mí Jose Luis Coll no me hacía demasiada gracia. Al contrario, no me gustaba su forma de contar las cosas, tan serio como un empleado de tanatorio y a la vez tan convencido de estar contando algo que es desternillante o que el hace desternillante, precisamente por la forma de contarlo.
De hecho su célebre gag de la jarra de agua no me pareció gracioso y si algo repetitivo. De hecho en uno de los pases que hicieron y que está colgado de la web de "El Mundo" no pude dejar de mirar el brillo que la baba daba a la barbilla de Coll mientras él repetía aquello de la posición vertical...
Ayer murió también un cliente de 29 años. No venía mucho por la oficina y yo no lo traté apenas. Pero su edad nos conmovió a todos. Tenía una bebita de unos meses...
Da que pensar.
lunes, 5 de marzo de 2007
α 159
¿El corazón siempre tiene razón?
domingo, 4 de marzo de 2007
Tantas, tantas cosas
Camino por la casa como un vaquero de película y al entrar en una habitación tendría que decir aquello de que "las cosas van a cambiar, pequeño", pero no hay bar con las puertas de madera, cuando una va la otra vuelve, solamente hay uno que es como yo y que se pasea invadiendo la soledad de mi casa con su propia soledad.
Conste que la solución es bien fácil, tan obvia que no merece la pena ni mencionarla. Ayer mismo un cliente con el que me llevo fenomenalmente bien y que aprovecha para echarme flores además, ante mi regocijo y ante el resto de los clientes regocijados en la alegría de un ambiente distendido me dijo, al tiempo que me ponía bajo la axila un calendario con la foto de los ganadores de la liga de gaitas, que me quería ver sin falta en el concierto de los Ronaldos de anoche, que se juntaron porque agua pasada no mueve molino, supongo. Hubiera podido ir, pero preferí no moverme del sitio. Acompañar la tarde y la noche con mi propia tarde, con mi propia noche.
Y se me está yendo el domingo actualizando Menuts del Món, entretenido en la música. A punto de poner una lavadora y desgraciadamente sin siquiera haberme acercado a un libro.
Tengo un montón de ellos de García Márquez. Es lo que tiene que haya una colección sobre su obra en exclusiva.
sábado, 3 de marzo de 2007
32
De ayer a hoy transcurrió un día. En apariencia soy el mismo de ayer.
Es verdad que los años se precipitan cada vez con más rapidez. Yo tengo la sensación de haber perdido el tiempo de forma que el que fue aprovechado, un poco nada más, no me habría hecho, todo junto, día tras día, mayor de edad.
Pero aún es peor si uno se detiene a mirar los momentos que fueron realmente mágicos. Lo que es más allá que inolvidable, trascendente. Entonces todo aquel tiempo quizá no compusiera siquiera un largometraje americano.
A veces recupero canciones del pasado y es entonces cuando uno se da cuenta de que el reloj es enemigo inexorable. Que no se detiene ante nada.
Canta Pedro Guerra aquello de:
"Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.
Pasa, entra
no importa lo que fue porque será
lo que será y alguna forma encontrarás
para pasar por esa puerta."
Y quizá eso sea lo más importante. Vivir de puertas abiertas y en positivo. Claro que a veces habrá que hacer de tripas corazón, y algunas veces del corazón, tripas. Pero nunca será nada que no se pueda sobrellevar.
Hoy cumplo los 32 que dice que tengo mi carnet de identidad para el que quiera hacer la resta bien. Yo fui más de Larry Bird que llevaba el 33 a la espalda y poco de Magic Johnson que lucía el 32 hasta que enfermó y no le dejaron seguir jugando. Pero los 33 me quedan tan lejos...
Pero yo tengo un truco. Cada año desde hace algunos adelanto mi nacimiento. Lo bien que le habría ido esto a Liz Taylor. Ahora tengo 23 recién cumplidos, los de Michael Jordan.
Pobrecita mi melliza. Ella no sabe el truco y los está cumpliendo todos.
miércoles, 28 de febrero de 2007
Sirinoque
Y bailan, y bailan,
todo el día bailan
y nunca paran,
nunca descansan.
Luego se acarician,
llenos de caricias
y nunca paran,
nunca descansan.
Y se sienten tiernos,
todo el día tiernos
y nunca paran,
nunca descansan.
Música que suena
como un golpe en el cerebro,
que nunca nunca para,
nunca, nunca descansa
y bailan, y bailan,
y sigan bailando,
que este sirinoque
se está terminando.
Música que suena
como un golpe en el cerebro
que nunca, nunca para,
nunca, nunca, descansa…
Raíz - 1999. Pedro Guerra
martes, 27 de febrero de 2007
El divorcio
EL DIVORCIO
El divorcio es una forma indiscutible de fracaso. El que se divorcia fracasa. Fracasa en el matrimonio que no salió bien. El divorcio es una forma de hacer público que el enlace no era idóneo, o al menos, que la paciencia de aguantar al otro se acabó. Donjuno se divorció, por muchas razones, aunque a nosotros, los que lo rodeamos, sólo no llegaron algunas. Un buen matrimonio es un filtro muy fino, donde poco o nada se sabe, los problemas surgen y se solucionan a veces, pero quedan dentro, se tratan con discreción.
A Donjuno se le quitaron las ganas de casarse cuando dijo el sí o poco después. Hasta ese momento, había vivido cada etapa lógica de la soltería, el noviazgo corto o largo según con quien, nunca demasiado tiempo hasta que conoció a Maná, con ella se le vio feliz y perpetuó ese estado de amor largamente, justo hasta que dio el sí o algo después. Con Maná estuvo saliendo varios años, y dejó de lado sus conquistas para centrarse en ella como un sacrificio irremediable por amor. Y es que Donjuno tenía un éxito considerable con el sexo femenino, sabia jugar a ese difícil juego que es conseguir enamorar, porque unía a sus hábiles estrategias, la paciencia y el atractivo que nosotros, los demás le envidiamos. Pero la ilusión se le evaporó cuando se vio casado ante tanta gente, cuando comprobó en los rostros felices del resto que por comparación él se sentía indiferente. Miró aquellas faces abotonadas hasta el cuello, aquellos vestidos largos que sonreían, y aquellos ojos que centelleaban lagrimosos de emoción. Y cayó en la cuenta de su estado recién estrenado al mirar el rostro de una de aquellas que había sido su novia. Y miró a sus amigas y a las desconocidas que habían sido invitadas por su, ya esposa, y sintió que se merecía un rato con ellas. Que les debía una oportunidad, que se la debía a si mismo. Donjuno quiso ser soltero cuando se casó, cuando más feliz estaba su Maná, su familia y amigos. Y aquel día se le sobrevino un humor de mil diablos, que todos disculpamos con razones equivocadas.
27 de Febrero del 2000
Pe y la caja de los vientos
Ayer estuve viendo sus fotos en la la fiesta posterior a los galardones y aún me pregunto porque esta mujer se recogió el pelo. La verdad es que como dice Pedro Almodovar el 80 por cien de los heterosexuales de Los Angeles deben estar tras su escote. Yo creo que más bien el 80% de los heterosexuales de cualquier lugar. Y me gustaría saber qué 20% heterosexual no lo está.
¿Alguien la vio eructando en el anuncio de Coca-Cola? No es de extrañar que tras la carilla que pone, de mordisco, vaya el país yankee, enloquecido enterito, tras sus pasos (¿dije curvas?).
Claro que en la gala se recogió el pelo ¿cómo nos hiciste tal cosa? y llámame loco pero puestos a escoger, dos bellísimas gotas de rocío de la mañana, -hazme un nuevo posado para la foto- loco de mí que me hubiera quedado con su hermana
(a solas).
De mucho en mucho recibo algunos mensajes bastante raros en mi teléfono móvil. De torres, Pandoras y princesas.
Creo que alguien encontró la tarifa a coste cero para mensajes y la prueba conmigo. O tal vez sea que todos los vientos que encerraba Pandora en su caja le van faltando al dueño o dueña. Ahora le dan un móvil a cualquiera.
Hoy contesté uno.
domingo, 25 de febrero de 2007
El coronel no tiene quien le escriba
El coronel no tiene quien le escriba - Gabriel García Márquez
Hoy lo leí :).
PageRank
Este weblog ha bajado un punto en el PageRank que es el ranking de importancia de Google para ordenar las páginas. Este depende en exclusiva de la cantidad de webs que te enlazan. Es decir, desde hace un tiempo algunos han decidido que ya no quieren llegar hasta mí desde sus propias webs. Y Google ha tomado buena nota.
Yo, la verdad, es que no tenía puntos para regalar. Mi ranking era 4, que está bastante bien para ser un weblog perdido en un rincón. Ahora es 3, y ve tú a saber si no estoy en el descenso hacia el infierno, como las acciones de Terra en bolsa cuando se desinfló la burbuja de Internet. La verdad es que no importa demasiado (aquello de Terra importó, sobre todo a algunos).
Vengo de darme un paseo por el Blog de Bosco. Parecía que no se lanzaría y sin embargo lo ha cogido con ganas. Me parece que escribe todos los días.
En algún párrafo encuentro similitudes entre nosotros. Aunque creo que en el fondo ocurre que él y yo podemos resultar entrañables.
Dos personas, entrañables a ratos, se parecen un poco.
Alvarado o el notable
Así estoy yo.
ALVARADO O EL NOTABLE
Alvarado era un hombre de entrecejo poblado, y cara amarga. Tenía la mirada aviesa. Y las intenciones torcidas.
Menos amigas que amigos, menos amigos que dedos en la mano. Mala leche por las mañanas en cafés solitarios. Cogiendo la taza, se le metía la uña dentro del líquido. Madrugador innato, diríase que antes del café no dormía sino que reposaba, con gesto de amargor en el rostro y los ojos entreabiertos. Su cama es una marabunta de sábanas terrosas. Y allí juega a perder los calcetines que quedan con él dentro de la cama. Duerme con calzones largos hasta las rodillas, que le provocan incómodos escozores. Sobre todo cuando camina. Vive en un primero sin ascensor. Sube los escalones con las alpargatas y los calcetines.
Alvarado tiene 47 años y mira en los contenedores. Arroja las manazas dentro y las saca acartonadas. No parece que tenga esos años, sino muchos más. Se queda mirando los culos femeninos que caminan por la calle. Los mira mientras entierra las manos en las bolsas de basura. También los mira al reposar apoyado contra un edificio de tu ciudad. Se le despiertan apetitos varios. Algunos más difíciles de satisfacer que otros. ¿Es lascivo, el bueno? Se tiene a sí mismo.
Al tendero de la esquina lo conoce desde hace años. A Alvarado le fía, y también le dice, aunque de vez en cuando: Joder Alvarado, con ese nombre tenías que ser marqués por lo menos, y a continuación se echa una carcajada larga, felicitándose de su ingenio o memoria, quien sabe. Alvarado sonríe relajando su amargura. Y le pide un palillo para hurgarse entre los dientes. A Alvarado le gusta la sopa de fideos, eso sí, cargada de garbanzos y patata. Comiendo se rasca el cuello, que calor más asqueroso que hace, pero el tendero está con las uñas descarnadas de meterlas en la pila de agua helada que mana gratis del grifo y no le hace caso, Alvarado se rasca la cabeza, la epidermis irritada bajo el cabello.
Por la tarde se echa en el césped del parque y mira como viene el sueño al asalto de su conciencia. También mira las gafas del ejecutivo que pausado cruza el semáforo. Mira su corbata de Armani, aunque Alvarado no sabe si es o no de Armani, pero sabe que tiene que ser buena. Y los zapatos brillantes, impecables los mira levantando la cabeza de los brazos. Ese mamoncete tiene que ganar una pasta. Seguro que tiene un cochazo. Y seguro que viaja lejos.
Alvarado se despierta cuando el sol ha pedido permiso para ausentarse. De hecho cuando se está yendo, en el obligado trámite de batirse en retirada. El día se vuelve naranja. Alvarado cambia su posición para quedar mirando hacia el cielo. Gira la cara y ve el sol que al huir se refleja en el espejo de ventanas que es un edificio. Despierta la cara con marcas de haber apoyado su peso sobre su brazo que es la almohada que no tiene. La camiseta estaba arrugada y sucia y ahora también mojada, pues su boca en el sueño era una fuente de baba, un riachuelo húmedo y somnoliento. Se la alisa con la mano izquierda que se le humidifica. Busca el lugar que es propicio, y se sienta en el suelo cerca de donde se celebra la misa. Agudiza su oído y escucha a los feligreses cantar como uno. Prepara su caja de puros vacía para que den unos donativos. Es un canje extraordinario, a él el dinero le facilita la vida y sus vicios, y él si no consigue el cielo para sus benefactores, al menos sí logra que se vayan al calor de su hogar con un corazón enorme dentro de sus palpitantes pechos.
Alvarado no tiene casi nada. Sus proyectos, que por supuesto los tuvo, pues son pasatiempo barato de mentes inquietas, se difuminaron como imposibles. Dándole la espalda o pasando de largo. Los éxitos son siempre un accidente temporal. Él vivió algunos pero siempre le parecieron relativos y de poco valor. Y tan poco repetidos que se acostumbró a pasar sin ellos, como se acostumbró a sobrevivir con un mínimo que cada día era más escaso. Su vida era lamentable y se lo reconoció a sí mismo como una bofetada, como la verdad escondida repentinamente revelada, hace ya algún tiempo. Ese día lloró más de lo que había llorado nunca. Porque hasta que repitió en voz alta, pero solo para sus oídos, tu vida es miserable, no reparó en que tanto tiempo por vivir consumido significa que no hay un retorno a mejor. Que su vida está marcada por el estigma del fracaso irrevocable, que no es posible que ni él ni nadie cambie eso. En su casa miró su rostro en el espejo y vio que bajo esa nariz doblada, esas ojeras, ese gesto amargo, había un fondo que se evidenciaba en sus ojos. Angustia. E hizo de su rostro la virtud, apagando las llamas de su mirada por una paz que sólo conoce quien se acepta a sí mismo.
Y en el fracaso con mayúsculas se adentró como el valiente nadador se mete en aguas remotas, convencido de haber sufragado empresas más grandes. Era el fracaso que se asoma a la calle con manías persecutorias, el autista vocacional, que pasa silencioso levantando la barbilla desde la miseria hasta el cielo.
Contrató con una aseguradora un buen caudal de dinero que costease su encierro en la otra vida, esto es en la muerte, que es más callada que él y también más miserable. Se puso a pagara religiosamente unas cantidades mensuales, y ayunó algunas noches de algunos días.
Alvarado vuelve a la casa y se tira sobre la cama y se vuelve a quedar dormido. Y en el sueño viaja por las nubes donde mira el mundo y el interior de las personas. Así va condenando a unos y elogiando a otros. Y en plena condena, aparece en un lavabo inmaculado como de un anuncio, más metros al cuadrado. Y mira el espejo y se ve pero con otro rostro, pero se reconoce por el fondo de los ojos. Que ahora son más juntos y potencian su impresión de insistencia. Él mira sus pupilas en el sueño dormido, y físicamente en su camastro se le menean los ojos en sus cuencas. Y de súbito, el brazo le desaparece en un aullido resignado. Le duele el brazo que le falta y que el espejo le arrebata. Y en el pecho le crece una inyección de adrenalina que le obliga a separar los ojos de su cara distinta de los ojos juntos, suyos que desde el otro lado aún lo miran. Los baldosines vibran. Sus manos agarran tela y la comprimen, unos momentos. Luego queda exánime y en paz.
Alvarado muerto fue encontrado por sus emanaciones de muerto delatoras. El tendero se lo explica, hacía días que no le veía, algo de esto ya me figuraba yo. Su cuerpo es retirado por la funeraria, que con gesto amargo, tiene que enterrar al indigente como a un señor. Alvarado es encerrado en pino e introducido en el mejor coche que lo portó jamás.
21 de Julio del 2000
La hora de los valientes
LA HORA DE LOS VALIENTES
Me preparé bien, estudié todo lo que tenía que estudiar que no fue poco, y saqué la plaza. Cómo lo celebré, era mi triunfo, yo que aprendí que no hay ascenso sin caída. Elegí estudiar medicina porque era esa mi vocación más temprana y porque mi brillante expediente académico me permitió entrar en la facultad sin mirar atrás, ni siquiera hacia los lados. De padre eminente médico, de madre enfermera retirada por esos otros quehaceres del hogar no sin importancia, que tampoco era necesario que ella siguiera trabajando, el sueldo de mi padre daba para mantenernos a nosotros tres sobradamente.
Gocé los lujos de nuestra posición, y entendí que esperaban de mi y esperaba yo mismo a cambio. Habría de crear una familia algún día, darles lo que yo recibí. Seguir yendo a la nieve con la misma frecuencia, visitar las ciudades con más encanto, comer en los mejores restaurantes. Para eso me preparé concienzudamente, lo que no significa que me fuera fácil, y sentí el desaliento de los fracasos, más dolorosos por lo escasos e incomprensibles para mi alrededor. Daban por descontado un talento natural, una facilidad, que no negué, desde luego, cuando aprobado el MIR, era abrazado por un padre orgulloso de que él me hubiera convertido en un hombre de verdad. Después comencé a trabajar en un hospital, recibiendo un trato exquisito, dispensándolo yo también a esos amigos de mi padre que me habían visto crecer, casi desde tan antiguo como él.
Me había convertido en un cirujano, tengo novia formal, por aquel entonces, descontábamos el tiempo para casarnos de la forma más fastuosa que nos fuera posible. Mi madre la adora.
Era lunes, un lunes de mis comienzos y finales, aunque eso yo no lo supiera, ni siquiera cuando vi entrar a aquella joven moderadamente atractiva. La recibí con mi mejor sonrisa, una sonrisa diplomática y fácil de articular sea cual sea la circunstancia. No, lo siento, ahora tengo prisa. Sólo será un momento, no sabe usted lo que me ha costado venir, no sabe cuánto odio los hospitales. Si es que ya me iba, he terminado y me están esperando. Venga, hágame el favor.
Accedí parando mi carrera. Dígame.
Supongo que no es nada, pero desde hace algún tiempo me duele la cadera.
¿Se ha dado algún golpe?, pregunté a la vez que iniciaba de nuevo mi marcha.
No, es diferente, se paró y en un ruego sin apenas entonación, me puede ayudar.
Y aquella sola frase me sonó de una gravedad profunda, áspera. Deje de sonreír y la miré a los ojos, unos ojos castaños claros. Por supuesto, siento haberle parecido descortés, pero cuando por fin acabo no me voy, huyo. Volví a sonreír. Pida hora para unas placas y veremos que hay. Pero por favor, no se preocupe, será una tontería.
Gracias, se lo agradezco mucho.
Unos días después, me subieron las placas y las saqué del sobre para examinarlas. De un golpe de vista me estremecí. Aquella mujer, la del otro día en los pasillos, tenía un tumor maligno, grande, terriblemente grande. Ella que había sido avisada de que ya se tenían los resultados, aguardaba fuera, al otro lado de la pared. Yo miré la puerta cerrada. Me dije, que son cosas que pasan y que había que ponerse manos a la obra. Salí a por ella y al asomarme por el quicio de la puerta la vi mordiéndose las uñas nerviosa. La mandé entrar. Vestía un vestido marrón, de tirantes, estaba elegante, portaba un bolso a juego. Me miró con sus ojos claros expectantes. Se levantó. Que calor que hace. Es cierto, hace bochorno. Entró en el despacho tras de mi. La puerta tras su franqueo, quedó abierta. Y yo ya estaba sentado al otro lado de la mesa. Miré la puerta, y al ver a alguien atravesar el pasillo sentí una incomodidad creciente. He de ser frío. Olvídate de la puerta y habla sólo de lo importante, comunícaselo, pensaba. E iba a abrir la boca aunque ella se me adelantó, hoy no me ha dolida apenas, y sonrió nerviosa.
Yo noté una punzada aguda, tragué saliva y es que su comentario me había provocado una mezcla de ternura y compasión indescriptible. Miré la puerta. Mis ojos volaron hasta esa hoja de plástico y su dibujo, un dibujo que sólo podía descifrar yo. Un trozo de plástico tan importante y que sólo tenía significado para mi. Vi el pasillo, la puerta y esas anónimas personas lejanas y ajenas, tan cerca físicamente del drama, el dolor que forzosamente había de producirse, que yo vivía interiormente como una efervescencia que me invadía, sentí que era afrentoso que yo le comunicara la mala nueva con aquella puerta y sus luces asomadas a lo más profundo de su intimidad, a su vida. Una vida de la que sin conocer nada, de repente sabía todo. Podía presagiar su futuro e ignorar su pasado. Yo poseía una información sino más valiosa, si más vital que cualquier otra persona a la que ella hubiera querido confiar sus secretos.
Me alcé decidido. Cerré la puerta y volví ansiando estar en casa, en otro lugar, desee no haberme cruzado nunca con aquella mujer que me despertaba para empezar simpatía, y enfrente mío, ternura, una especie de pasión protectora, un ímpetu de partirme la vida por defenderla de una mala noticia, de un daño inminente. Quería salir en su defensa, golpear al que la acosara, al que la robara, quería más que todo, cumplir sus deseos sin esperar nada a cambio. Mis ojos miraron su nombre, porqué el destino me había puesto aquella mujer inédita siempre, ante mis ojos. Porqué había de enfrentarme a la verdad de decirle que estaba en una situación difícil, realmente difícil y tristemente sola, que en la enfermedad siempre se está sólo.
Yo tenía mi propia vida, tenía planeada la nieve para el próximo puente. Yo que había estudiado para visitar las ciudades con más encanto, yo que me podía permitir, ahora con mi dinero, los mejores restaurantes. Me había preparado bien, estudié y sufrí para aprender lo que ellos me iban a preguntar. Analicé cada detalle, recorrí el camino para ser un hombre como mi padre.
Sus ojos claros, me miraban, esperaban y sonreían, no había motivo para que no lo hicieran. Era una mirada expectante, esperanzada. Yo, con toda la verdad oculta en mi conciencia, con aquella señal inequívoca en mi mano, era un niño, incapaz, huyendo hacia delante. No podía anunciárselo, no era la persona indicada, no me habían enseñado a hacerlo. La miré fijamente a los ojos, pronuncié, sin asomo de alegría, con las sombras velándoseme tras la retina como las nubes de tormenta ahogando el sol de un día de verano.
-No tiene usted nada, tendremos que hacerle más pruebas, pero no debe preocuparse.
Ella sonrió con su dolor secreto, aparentemente desmotivado. Se levantó y me dio la mano por encima de aquella mesa. La vi girarse, con su juventud, su vestido y reparé en su nombre. Mi conocida, la que quise salvar, al menos aquel día, de cualquier disgusto.
Al salir poco después, presenté mi dimisión. Lo dejé pues ya no era válido para mi trabajo. Ya no lo podía desempeñar bien. Ellos no lo entendieron, me exigieron explicaciones, unas razones que se perdían en el trayecto de la cabeza a los labios y que nunca supieron. De aquella mujer no volví a conocer, sé que tuvo que volver y sé que me reveló mis miedos, los límites que integrándome siempre, creí salvar o no poseer.
21 de Febrero del 2000
LLuvia
El día amanecía deprimido, añorando a quien se fue o desconsolado por la tristeza de los hombres. La lluvia me trajo, los recuerdos de días lluviosos en otro lugar. En el monte verde donde la lluvia no es un milagro, ni tampoco la vegetación boscosa donde miran los ojos. La ciudad lluviosa es gris, y hace gris la vida de los hombres que viven en ella. Visten de gris preferentemente, ríen discretamente, como si hicieran mal, y se guarecen en cuanto pueden en cafés o cines, como para olvidar que llueve y que la ciudad está gris. Cuando sale el sol, ellos sonríen más, son más vitales y alzan las caras al sol, festejando los rayos sobre su pálida piel. En el agua viene el frío, y las puertas se cierran, ojalá pudieran por dentro y por fuera. Resguardados de la calle que con la lluvia se ha vuelto más peligrosa. Ellos desconfían de la sombra que calle abajo se aproxima, y se encogen en el portal, o tras la esquina, para que la sombra pase, como habrán de pasar las lluvias. Pero estas se repiten.
El granizo es una lluvia con afán de protagonismo. Una lluvia que quiere ser nieve, y que desprecia a las gotas débiles de otros días. La niebla es una nube baja, es la lluvia en el aire, que cala bajo las chaquetas, que empapa el alma de los hombres y sus bufandas. Son las nubes valientes, que hartas de ver de lejos, bajan a comprobar cómo vivimos, y nosotros estamos vivos cuando echamos vapor al respirar y por la boca. La lluvia es en la ciudad sin mar, una manera de recordar la solidaridad del cielo, que es mayor que la de la tierra. Y en la costa, es bonito ver la lluvia sobre el mar, los rayos enterrados y perdidos sobre la inmensidad acuosa de las olas, y las olas como las lluvias se repiten y son más visibles en la orilla.
La lluvia torrencial es un castigo y una bendición. El mundo necesita agua en determinadas zonas. En Africa, donde los niños son huesudos esqueletos, donde mueren de hambre, que es una forma terrible de morir. El aire se llena de moscas, y el sol se hace por horas, abrasador. Y la madre huesuda busca agua para ella y su niño mirón, y le espanta las moscas, y la que encuentra no es propia para el consumo humano. Y supongo que la beben. El mundo de las armas, de las bombas, de los saludos entre jefes de estado, de las felaciones y el vodka, de los abrazos y de las estrellas, en las banderas y en la pantalla, no logran ni lo intentan que el niño mirón pueda beber agua. Y, comer algo.
El cielo llueve, inunda países enteros los devasta con inundaciones impredecibles. Y las gentes pierden sus casas. Escalan árboles y esperan sin tiempo a que los rescaten. Algunos mueren, ahogados o esperando.
A mí la lluvia me entristece, me sume a veces en repentinos estado de abatimiento, en naufragios de tanta agua. Y busco el sol.
20 Junio 2000
sábado, 24 de febrero de 2007
Todos contra el canon
La SGAE, y compañeros, van a hacer rentable convertirse en creador de
canciones en España. Y a los datos nos remitimos. El nuevo canon que se nos
prepara es abusivo e injusto, y aquí van unos ejemplos:
1 ordenador con 160gb de disco duro (22 EUR de canon)
1 regrabadora de dvd's de ordenador (16,67 EUR de canon)
1 impresora multifunción (10 EUR de canon)
1 cámara de fotos con memoria para 200 fotos (9 EUR canon)
1 reproductor de dvd de salón (6,61 EUR de canon)
1 Equipo de música de salón (0,60 EUR canon)
1 línea adsl 1 MB (35 EUR canon anuales) 200 cd's vírgenes para grabar
diversos datos (50 EUR de canon) 100 dvd's vírgenes para grabar diversos
datos (140 EUR de canon)
En definitiva, que cualquier familia española con un ordenador pagará unos
303 EUR de canon al año.
Antes no se sabía que era lo del canon, pero ahora nos vamos a enterar de
sobra.
Señores esto no es para paliar los datos de la piratería. Que expliquen
que van a hacer con este dinero.
Firma si no quieres pagar esta burrada. La ley esta debatiéndose en el
congreso y pronto vera la luz si no hacemos nada al respecto.
TU FIRMA SI ES IMPORTANTE
http://www.todoscontraelcanon.es
Pasa este correo si no quieres pagar a estos usureros.
Necesitamos 500.000 firmas y ya llevamos mas de 200.000 Copia y pega este
mensaje en uno nuevo, no reenvíes que da más la lata leerlo y debemos
facilitar el fin de este mensaje. Gracias
<---
miércoles, 21 de febrero de 2007
Con intención de poemas
SOBREVIVIR | POEMA DE ACERA | A MJ |
En las tierras clandestinas Poseía mi pensamiento su trono, Y vagaba por el aire, por el cielo En viaje constante y mantenido, Y quedaba como inerte la conciencia, El cuerpo abandonado. Transcurría el tiempo, mi enemigo, Y yo más viejo y más ausente, Y volvió la Señora donde estuve, Y halló mis manos y mi aliento, Y fueron suyos, me mató.
Pero mi pensamiento,... ¿Dónde estuvo sino conmigo? Mi pensamiento volaba libre, desde tierras innombrables a su trono, Definitivamente a salvo, definitivamente vivo. | Lo mío es una lenta agonía los pasos cortos del que va lejos, se acercan, y hay ruido en la ciudad ruidosa, de coches y obras, de actividad silenciosa y de ruido.
Mi agonía es un naufragio de propósitos, de palabras que no salen, que me vuelven mudo, convertido en mudo sin cabeza. La ciudad es sucia como mi conciencia, pero la suciedad sucia de mi ciudad, se muestra se exhibe, en mi cabeza la suciedad se agolpa, se acumula, bajo alfombras invisibles que son el olvido, la inconsciencia.
Soy esclavo del gorjeo y del tiempo, buscador de talentos viene el sol, sin pedir permiso convierte mi hoja a la sombra, y esconde mis ojos que miran hacia fuera y no hacia dentro, porque hay alfombras invisibles.
El abuelo pierde el tiempo, en la prórroga que es en si la vejez y mira la sombra de mi mano y su mirada tiene razón, él gana cuanto yo pierdo, y sus cortos pasos son difíciles como los míos, que queriendo ser arrancada de velocista; son lentos.
La belleza es gratitud de un mundo cíclico y la felicidad es el reconocimiento propio, impopular de limitaciones, y la aceptación oscura de lo malo que hay en cada uno.
Tantas buenas intenciones inútiles, como querer tener impoluta la suciedad. | Tanto amor me volcaste que me llenó entero, y no pudiendo abarcarlo, que no hubo río que contuviera mar, no pudiendo guardarlo en secreto, me afloró en la cara, en la forma de mirarte y hasta de sonreírte. Y en la lluvia interior que se externaliza, perdías la calma cuando yo la mantenía, y de los nubarrones de mi cabeza me aquietaste, cuando mi desesperación más lo demandaba, y tuve la certeza más profunda, la convicción no sujeta al tiempo ni variación, que pese a todo, tú estarías allí. Allí que es cerca mío, a mi alrededor, expectante al futuro, no tan incierto, a los días que están por venir, en un recuento innumerable de horas compartidas. Conociéndome casi más que yo mismo, observando callada mis carencias, cuántas, tantas; y alegrándote de mis aciertos en la recreación que supone que estemos cerca. O lejos. Próximos. |