miércoles, 21 de febrero de 2007

Con intención de poemas

Nunca tuve la menor idea de escribir un poema. Lo cierto es que apenas lo intenté. Debió ser finalizando el siglo o empezando el actual. Concretamente tres veces nada más. Con estos resultados... como para haber seguido :D.











SOBREVIVIR
POEMA DE ACERA
A MJ
En las tierras clandestinas

Poseía mi pensamiento su trono,


Y vagaba por el aire, por el cielo


En viaje constante y mantenido,


Y quedaba como inerte la conciencia,


El cuerpo abandonado.


Transcurría el tiempo, mi enemigo,


Y yo más viejo y más ausente,


Y volvió la Señora donde estuve,


Y halló mis manos y mi aliento,


Y fueron suyos, me mató.



Pero mi pensamiento,...


¿Dónde estuvo sino conmigo?


Mi pensamiento volaba libre, desde tierras innombrables a su trono,


Definitivamente a salvo, definitivamente vivo.


Lo mío es una lenta agonía

los pasos cortos del que va lejos,


se acercan, y hay ruido


en la ciudad ruidosa,


de coches y obras,


de actividad silenciosa


y de ruido.



Mi agonía es un naufragio de propósitos,


de palabras que no salen,


que me vuelven mudo,


convertido en mudo sin cabeza.


La ciudad es sucia como mi conciencia,


pero la suciedad sucia de mi ciudad,


se muestra se exhibe,


en mi cabeza la suciedad se agolpa, se acumula,


bajo alfombras invisibles


que son el olvido, la inconsciencia.



Soy esclavo del gorjeo y del tiempo,


buscador de talentos viene el sol,


sin pedir permiso convierte mi hoja a la sombra,


y esconde mis ojos que miran hacia fuera y no hacia dentro,


porque hay alfombras invisibles.



El abuelo pierde el tiempo,


en la prórroga que es en si la vejez


y mira la sombra de mi mano


y su mirada tiene razón,


él gana cuanto yo pierdo,


y sus cortos pasos son difíciles


como los míos, que queriendo ser arrancada de velocista;


son lentos.



La belleza es gratitud de un mundo cíclico


y la felicidad es el reconocimiento propio,


impopular de limitaciones,


y la aceptación oscura de lo malo


que hay en cada uno.



Tantas buenas intenciones inútiles,


como querer tener impoluta la suciedad.

Tanto amor me volcaste que me llenó entero,


y no pudiendo abarcarlo, que no hubo río que contuviera mar,


no pudiendo guardarlo en secreto, me afloró en la cara,


en la forma de mirarte y hasta de sonreírte.


Y en la lluvia interior que se externaliza,


perdías la calma cuando yo la mantenía,


y de los nubarrones de mi cabeza me aquietaste,


cuando mi desesperación más lo demandaba,


y tuve la certeza más profunda,


la convicción no sujeta al tiempo ni variación,


que pese a todo, tú estarías allí.


Allí que es cerca mío, a mi alrededor,


expectante al futuro, no tan incierto,


a los días que están por venir,


en un recuento innumerable de horas compartidas.


Conociéndome casi más que yo mismo,


observando callada mis carencias, cuántas, tantas;


y alegrándote de mis aciertos en la recreación que supone que estemos cerca.


O lejos.


Próximos.

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