domingo, 16 de abril de 2006

Platos

Hoy estuve hablando con varias personas por teléfono, bien cómodo, tirado en la cama. Estaba cansado porque madrugué para volver a casa y no sé bien con quién pero en medio de una de aquellas conversaciones escuché el estruendo de un montón de platos rotos. Enseguida pensé que somos muchos los torpes dispuestos a "caer" vasos y botellas (sobre todo con una copa de más). Pero no le di mayor importancia. Seguí a lo mío y luego me quedé dormido.

Más tarde decidí que era hora de comprobar si la lavadora había terminado ciclo galáctico para ponerme a tender. Entonces, al acercarme a la cocina pude comprobar que todos esos platos o vasos o lo que fuera no habían caído en Marte sino mucho más cerca. Y es que si algo se rompe, algo mío se rompe. El suelo estaba llenito de cristalitos pequeños y grandes. Lo más gracioso de todo es que soy plenamente consciente de mi cara al dar la luz, ni siquiera se me movió un músculo. Mi rostro impertérrito comprobando que cómo no van a ser mis propios enseres los rotos si es que algo rompe. Lo malo es que no sé precisar con exactitud el alcance de los destrozos ¡son tan distintos cuando forman parte de algo compacto! Y es que soy tan torpe como para exponer el friegue pendiente del otro día encima del baile de la lavadora que empuja a caderazos a los platitos hasta el precipicio. Nada me sorprende, toy curado de espanto y eso me ha convertido en alguien auténticamente profesional, sobretodo si la solución pasa por una escoba y un recogedor. Tendré que reemplazarlos para el día en que le tenga que devolver el piso a mi casera. No vaya a ser que por dos platos se me quede con la fianza, ¡está todo igual, igualico que yo que sigo siendo el mismo!

Ayer desperté en el Perelló y desde la cama oía a mis padres hablar y reírse en el comedor que está pared con pared a mi cuarto. No pude evitar un pensamiento. Lo bien que están juntos, lo fenomenales compañeros de viaje que son. Ahora van de cuando en cuando al cine y tienen en cartera un par de pelis, recomendadas en un semanal por un puñado de críticos. Tantos años juntos y no pueden estar el uno sin el otro. No logré saber de qué hablaban pero les oí la risa. Habrán tenido alguna suerte y a ratos mucha paciencia estoy seguro... ¡pero qué bien lo han hecho!, ¡qué bien lo siguen haciendo!

Son la pareja perfecta.

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