miércoles, 4 de octubre de 2006

Renovando nowarsoft.com

Emblema optimizado para fondo blanco

Hace unos años compré, con toda la ilusión del mundo, un dominio que fuera el primero de un proyecto, alojamiento además de muchas otras webs que llegaran después. Estuve pensando un nombre y encontré uno que colmaba mis aspiraciones.

nowarsoft

Jugaba con la idea de esas tres palabras, no de ninguna, war de guerra, soft de suave. Era sin duda una consideración a tener en cuenta. Ninguna lo es. En todas hemos perdido. O esa otra que debía ser un principio irrenunciable de cualquiera, que lo fue antes de que en estas cosas se crearan también partidarios y retractores, No A La Guerra. A esta y a todas las que seamos capaz de inventarnos para sacar los ojos al que piensa distinto, al que no hace lo que queremos que haga. Y ese soft intruso pero tan apropiado desde que Micro-soft existe que parece que fue desde el principio de los tiempos, desde que Bill Gates decidió llevar los iconos de Apple a todos los ordenadores del mundo.

Ahora aquella idea ha quedado aparcada como una reliquia del pasado, como un juguete de valor entrañable. Como una canción de Lluis Llach que llega cargada de recuerdos.

Hoy renuevo el dominio un año más. Lo renuevo primordialmente porque es el portal del que depende Annlea y todo lo que llevamos escrito desde hace tanto, allí conseguimos entretener el tiempo para que apenas discurra; porque de su espacio infinito cuelga aún aquel periódico que quise en Internet Planeta Mundo, escrito por gente como nosotros, para contar lo que pasa con nuestras propias palabras, que a fin de cuentas es todo nuestro bagaje, lo renuevo por el esfuerzo del pasado, por esas otras webs, la de Sabina, la de Elena Anaya, ¡qué linda eres! La que fue fansite oficial de Electronic Arts, TcM Roteiro, Alrededor de Michael Jackson, FM La Liga, Valencia Esquía como asociación para un mejor precio y tantas otras.

Hoy a falta de 6 días para que el dominio caduque recibe un nuevo impulso. Me parece que este al menos dura un año entero ;).


Primer banner de nowarsoft, web original

Banner de web final con logotipo

sábado, 30 de septiembre de 2006

Pa que contar

Vista de Santa María del FioreYa sé que dije que escribiría sobre el viaje a Florencia. Di las razones, tengo tan poca memoria que si no lo escribo lo vivido ser perderá. Ya me pasó otras veces. Sin embargo cuando lo expongo aquí puedo rememorarlo transcurrido el tiempo. Vengo a veces y me digo:

¿qué contaba yo justo hace un año? ¿qué contaba hace dos?

Podría contar la toma de tierra del avión como un fórmula 1 en plena recta, la pizza a las 12 de la noche aunque ya hubieran casi cerrado, no dejaron entrar a nadie más, el Duomo, la Galería, el Museo de San Marcos, la Pietat de Miguel Ángel (en el que aparece su rostro pues iba a ser monumento funerario para su propia tumba), los Ravioli que le cedí a Sestea y fueron la mejor pasta que hemos probado hasta hoy. Los helados italianos y nuestro paseo nocturno por una ciudad abandonada de gente, sin guía por primera vez, enfilando recta tras recta, encontrando todo por ver, sin esperar verlo.

Tendría mucho por contar, sería la mejor manera de conservarlo...

Sí diré que me impresionó ver las esculturas inacabadas de Miguel Angel, aquellos cuerpos saliendo de la piedra. Y más aún el David. Tan perfecto y tan grande (terminado cuando el genio no contaba aún 30 años).

Pero mejor aún que exponerlo aquí le digo a Sestea que me lo cuente dentro de unos años. Ella tiene un archivador infinito. Lo guarda todo.

martes, 26 de septiembre de 2006

Florencia: un par de fotos

Hoy apenas cuento nada. Y no porque no haya cosas que contar, pero es que me levanté a las 5 de la mañana para llegar hasta aquí y apenas he tenido descanso en todo el día. De cualquier forma tengo la intención de colgar por aquí un resumen más o menos pormenorizado del viaje a Florencia que resultará, sobre todo para Sestea que tiene la memoria de un elefante, en una palabra, inolvidable.

Yo cojeo algo de la memoria aunque a cambio tengo más gracia (me ocurren cosas más raras). Por eso me conviene dar un repaso a lo vivido para cuando no pueda recordarlo por mi mismo. Ya digo, no sé a partir de mañana o pasado. Procuraré tener en cuenta para entonces aquel aterrizaje tan raro (yo diría que a demasiada velocidad ¿o es normal tener que apoyar la mano en el respaldo de delante?). Dejo eso por aquí apuntado para acordarme de comentarlo.

Esta mañana según cruzaba un paso de cebra saliendo de la pista de aterrizaje aquí al ladito, en Santander pensé si habrá alguien que haya sido atropellado por un avión. Al instante pensé que no, si tuviera que haber uno, por aquello de que haya de todo, seguro que sería yo. Y no porque ande yo "a tontas y a locas" sin fijarme apenas, que ahora lanzo unas bengalas de localización cada vez que tengo que cruzar una calle, miro a los lados como un niño al que sus padres le hubieran enseñado disciplinadamente, a colleja diaria que hay que comprobar el tráfico antes de iniciar el cruce, claro que a mí no me tuvieron que repasar el cogote para tanto, bastó con que un coche me encaballara, que me convertí por unos minutos en uno de aquellos cowboys del lejano oeste, que antes del trompazo contra el suelo aún se preguntan para que carajo subirse a un búfalo salvaje.



Volviendo a nuestro periplo italiano dejaré hoy por aquí un par de fotos. En una se me ve lozano y feliz cruzando el Ponte Vecchio, que es un puente repletito, en cada lado, de joyerías. Es muy aconsejable cruzarlo porque uno repara por un lado en que no puede pagar nada o casi nada de lo expuesto allí (acaso unos pendientes tamaño diminuto), y por otro en estas convenciones que nos hemos inventado para dar tanto valor a algunas cosas y tan poco a otras. Claro que hay más lados que hacen aconsejable su tránsito, está vetado a los coches, (¿tengo que explicar a estas alturas las ventajas?), a las motos y a las bicis. Aunque si me atropellara una bici estoy seguro de salir bien parado, siempre y cuando no haya doping o cuesta abajo de por medio. Además es un puente muy bonito, antesala casi del Palazzo Pitti y paseo de belleza afín a la arquitectura de la Galería de los Uffizzi que vimos solamente por fuera, estaba cerradita a cal y canto.



En la otra foto se me ve haciendo una de mis poses, que aunque esté mal que yo lo diga causó un cierto revuelo en la ciudad. Y es que la gente no dejaba de maravillarse de lo bien que lograba transfigurarme en cada una de las estatuas para posar en las fotos. Lo sé bien porque la gente nos sonreía mucho. Es raro de hecho que no nos haya adoptado alguna pareja que quisiera unos hijos algo ya entrados en años (ahora que somos menos latosos). Lo cierto y no miento en absoluto, Sestea es testigo, es que los italianos nos trataron de mil amores y con gran cariño, por no hablar de esa veneciana de nacimiento "Manuela" encontrada infraganti y que quiso acompañarnos hasta el Museo de San Marcos, y hacer cola y todo para que consiguiéramos una entrada para ver también el museo de la Galería (¡el David auténtico de Miguel Angel!). Claro que en eso algo tuvo que ver el magnetismo de mi camisa Ives Saint Laurent (o como diablos se escriba) que por supuesto era una talla menor de lo aconsejable, para realzar mi caja torácica, que ya sé que dicho así no resulta necesariamente erótico pero que funcionó con las italianas más aún que si hubiera ido haciendo España vestido de torero. En este punto debo aclarar que ni Sestea ni yo nos bajamos del castellano en todo el viaje. Vamos que yo ni siquiera llegué a enterarme que habíamos cruzado eso que algunos llaman fronteras. Si Cervantes levantara la cabeza estaría orgullosísimo de nosotros. De alguna extraña manera colonizamos Florencia a golpe de castellano.

Decía que tuvimos un éxito ¿mediano? al convertirnos por unos segundos en estatuas vivientes, clones de esas otras que tenían allí expuestas. Por supuesto que nuestra transformación era con la ropa puesta, aunque hasta el mismo rostro se me volvía de piedra. No es por nada, pero en varias ocasiones me pareció escuchar murmullos de aprobación cuando no admirados entre los florentinos y ve tu a saber si también entre el resto de los presentes, mucho más extranjeros que nosotros por lo que se vio; si quedaron igualmente estupefactos es algo que no podré saber pues sé menos alemán que un embrión apenas desarrollado en Frankfurt y no podría distinguir los alegres murmullos de los alemanes de un discurso de Ratzinger para meter la pata. Lo cierto es que, ahora que no nos oye nadie, cuando era Sestea la que simulaba postura de mármol venía a resultar más cómica que otra cosa. Y lo peor de todo es que ella al principio solamente se ponía al lado como un pasmarote sin vida, luego al ver mi desenvoltura debió picarse aunque sin alcanzar nunca ni mi grado de concentración ni mi perfecta apostura.

En fin, por hoy lo dejo aquí. Venía no más por un par de fotos y he tirado chorradas para largo.

Por cierto he vuelto a la lectura. Este finde cayó "El maestro de esgrima" de Pérez Reverte y hoy comencé ese otro: "La reina del sur".

Mañana o pasado cuento más.

miércoles, 13 de septiembre de 2006

Las prisas no son buenas

Sorprendí a mis padres a traición. Ellos paseaban por la playa y les abordé por detrás con un sonoro "Hola" que les hizo voltear las cabezas asombrados. Pensaban que llegaría el 15 y les sorprendí tras 4 meses sin vernos, una semana antes. Sus caras de sorpresa no tienen precio. Es verdad, no hay dinero que las pague. Salí un viernes por la noche y retorné en el avión de las 7 de la mañana en dos pasos, haciendo escala en Madrid. Tras algunas esperas a media tarde estaba de regreso en casa. Hay algo curioso, a estas alturas uno no sabe si cuando va regresa o regresa al volver. Supongo que ahora tengo dos casas.


Vuelvo hacia Valencia este viernes. De nuevo a cenar allí. Pero esta vez para más tiempo. Para pasar unas vacaciones que llevo ansiando toda la semana. Quiero unos días en el Perelló. Tumbarme en la arena a tomar el sol e ir al pueblo a tomar el café del mediodía. Acompañar a mis padres a comprar jamón serrano. A echar una quiniela, una primitiva... La vida allí no es más que unas cuantas cosas sin demasiada importancia. Tomar el sol en la "estrella" o en la piscina. Pero me muero por repetirlas una a una.

El martes vuelo a Florencia y sé desde ya que será un viaje único. Esto sí es un paréntesis. Vivir algo nuevo. ¡Qué ilusión tengo!

Nota mental: Comprar una tarjeta de memoria para la cámara de fotos. Bueno voy a apuntarlo en la agenda, no nos fíemos demasiado de mi memoria (sin tarjetas).

Leo que Edonkey ha caído en las redes legales de esas discograficas y demás. No quieren que intercambiemos música gratis. Las cosas gratis no les gustan. Por eso pagamos un canon en cada CD virgen, por derechos de autor. Aunque yo guarde en los cd's algunas fotos mías ¿les pido que me devuelvan el canon en este caso?

Nos lo quieren poner tan difícil que al final lograrán que tenga remordimientos por descargar de mucho en mucho. Que barra libre más desaprovechada.


Mi hermana Ichi quiere comprar un coche aunque le da miedo conducir. Pero cree que con coche nuevo los miedos se evaporan. Supongo que porque se extreman las precauciones cuando se corre el riesgo de arañar algo de estreno. No permitiremos ni siquiera una mota de polvo.

Yo necesito también un cochecito. Para moverme de aquí a allá que hay mucho por ver y me lo estoy perdiendo. Lo que pasa es que yo soy un comprador feroz. A mi no me embaucan tan fácil como a ella, que ya le está llamando esta mañana el comercial acerca del Hyundai Getz (micro-coche) para decirle que le regala el Blootooth y la niña ya le está casi dando el sí. No soy yo nadie llamando a los concesionarios. Diciendo a tirios y troyanos que unos me lo dejan en tanto y los otros en ¿cuánto?

13.300 euros pagó Sestea por su flamante Polo. Ni menciono que ahora tengo tarifa plana de teléfono fijo. Puede ser que no deje un concesionario sin llamar.

Acabé ayer noche "La fiesta del Chivo". Y hoy estoy algo triste. Acabar un buen libro es quedar un poco huérfano. Porque quiero volver a esa historia y la historia se ha acabado.

lunes, 11 de septiembre de 2006

F(r)icción V

"La maldita mano pendeja no le obedeció. No hacía falta, Antonio. Veía las estrellas brillantes de la noche que empezaba, veía la risueña cara de Tavito y se sentía joven otra vez."

La fiesta del Chivo - Mario Vargas Llosa


Último Septiembre


Leovigildo vigila la calle desde la silla de ruedas. Tiene 92 años, es enjuto y calvo, usa gafas y como observaría cualquiera al primer vistazo, está cojo. Perdió la pierna por encima de la rodilla hace muchos años, al menos 35, ha perdido la cuenta. Recuerda sin embargo que fue manipulando maquinaria pesada, colocando aquella pierna donde no debía, o no fue culpa de que su pierna estuviera en mal sitio, tal vez fue del amigo que pulsó el botón aquel en el momento más inoportuno. La verdad es que eso ya no le importa nada de nada.

Los niños pasean de la mano de sus madres por alrededor y se le quedan mirando a la pierna. En realidad al espacio que debiera ocupar la pierna que no está. Se le quedan mirando el pantalón que lleva doblado hacia arriba y sujeto con un imperdible. No sabe por qué le ponen un imperdible las enfermeras de la residencia. Piensa que podrían guardarle la pernera en el bolsillo, pero cree que lo dejan así porque no se doble demasiado el pantalón, porque así sin arrugas tiene mejor presencia. Bastante importará a estas alturas.

Cualquiera que lo viera diría que vive en una residencia pero no es del todo cierto. La verdad es que duerme y come en una residencia, pero vive en la calle. En la acera donde le ponen cada mañana, a la sombra los días de sol y en cualquier sitio los días con nubes. Allí le dejan a primera hora, luego lo recogen a la hora de comer y lo regresan al mismo sitio a primera hora de la tarde. Desde aquel lugar Leovigildo no ve más que coches de esta carretera, transitada a todas horas y personas que van de un sitio a otro y que no saludan, los más acostumbrados a verlo ya ni siquiera le miran la pierna que no tiene. De forma que su vida hoy es algo así como observar lo cotidiano, todo lo larga que es la calle y nunca más allá.

En realidad no se dedica solamente a observar aunque pudiera parecerlo, las más de las ocasiones, algunos días, se queda mirando fijo un punto de la calle pero tiene la vista perdida. Atenta a rememorar imagenes del pasado. Mirando hacia dentro en vez de hacia fuera. Como el que abriera los compartimentos secretos de la memoria para extraer unas cuantas fotos, entonces el recuerdo se hace tan vivo que pareciera acabado de vivir, como si fuera parte del pasado, sí, pero de un pasado reciente, como la fragancia aquella que quedó en el aire suspendida tras un paso fugaz.

Entonces le acompaña una forma de melancolía, y la melancolía se instala con él en la silla para no abandonarlo hasta coger la cama. Se lo llevan hacia dentro de la residencia, le hablan y ni siquiera escucha.


Todas las veces en que le sobreviene esa tristeza ha pensado en Gloria, su esposa que murió, lo sabe bien, un 12 de septiembre de hace 14 años. No es cierto que aquel día él muriera un poco, porque la vida que había tenido murió del todo. Arrancó a una nueva vida de la que nada o casi nada mereció la pena entonces, ni por supuesto la merece ahora.

Claro que tenía unos hijos que lo visitaban de cuando en cuando, por supuesto que sus nietos le abrazaban y le decían que le querían, pero en realidad aunque no lo fuera a reconocer nunca, nada de eso había consolado la soledad tremenda, el desconsuelo de hallarse de repente solo y sin esperanza. Aún alzaba la cabeza de cuando en cuando buscándola para comentarle alguna cosa. La gracia del niño, el vuelo de una paloma, preguntar por el nombre de aquel ¿cómo se llamaba? Vivía a dos manzanas del Parque Viejo.

Gloria es su pensamiento recurrente. El oasis al que vuelve. Como el que se asomara todos los días a un paisaje hermoso, porque es hermoso aunque no pueda tocarlo.


Sabía bien que lo mejor de su vida se había llamado Gloria. Eres lo mejor de mi vida. Se lo dijo a ella muchas veces porque esas cosas hay que decirlas. Y ella le sonreía y al devolverle esa sonrisa le estaba diciendo que él era lo mejor de la suya. Desde jóvenes le cogía la mano, se la quedaba mirando y le decía: No me abandones nunca. Ella lo miraba sin decir nada y con la mirada se lo estaba diciendo todo.

Alguna gente, la más afortunada conocía el amor. Algunos lo conocían a través de varias personas, otros a través de una sola, sabiendo en cada instante que nunca podrían sentir aquello, intensidad tan grande, por nadie más.

Leovigildo fue de estos últimos y se sintió feliz tantos años pensó que lo podría ser siempre. Aprendió que su amor por ella era invencible. Que no acabaría nunca, no desde luego desaparecida ella, pues a veces pensaba que ahora la quería aún más porque se le mostraba en toda su magnitud la falta que le hacía.

Sabía que el amor por ella no tendría fin. Que desaparecería tan solo con su propia muerte. Porque amar así era lo mismo que vivir. Amar era más grande aún. Su amor solamente se acabaría cuando él ya no pudiera sentir nada. Cuando ya no fuera nada.

Empieza septiembre. Los críos acuden a la escuela con sus mochilas llenas de libros y libretas. Los dían tienden a decrecer. Acaba el verano pero todo sigue más o menos igual. Leovigildo está en la acera, hoy sonríe más que otras veces. Se acordó de algo, sin duda.

domingo, 10 de septiembre de 2006

martes, 5 de septiembre de 2006

Enseñando a ganar

Juro que llevo días pensando en llegar hasta aquí para hablar un rato. Quería hablar sobre la selección de baloncesto y su colosal éxito. Quería hacerlo como a mi me gusta, esto es, criticando con saña a la selección de fútbol. Hablar de una poniendo a caldo la otra.

La verdad es que poner a los pies de los caballos a esa selección mediocre de notables del fútbol, al menos en cuanto a salarios se refiere, es bastante sencillo a poco que uno conserve en su memoria algún recuerdo del ridículo espantoso vivido, por algunos más que otros, en el último mundial.

Desde luego vivimos un país de locos. Estábamos en la víspera de la final del Mundial de baloncesto y aún le dedicaban más tiempo en el telediario a la información futbolística de esa selección de nulidades en conjunto, que a esos otros héroes sin partidos perdidos. Era más importante la intrahistoria de un sábado contra Lienstenstein que no sirve para nada que el anticipo de un día irrepetible contra el campeón de Europa.

Claro que la noticia tenía miga. El autocar de la selección incapaz no lograba salir marcha atrás del estadio. Aquello estaba colapsado. Ocurren tan pocas cosas en Badajoz que la gente sale de las trincheras para despedir la salida de los jugadores. Ellos obviamente no hacen ningún caso. Hacen como el novio de la peluquera esa, como se llame, que estaba casada con aquel ex-boxeador. Se enchufan el móvil a la oreja y simulan estar muy atentos a su interlocutor, que por lo demás es el único que hablar. Yo sospecho que al otro lado no hay nadie. Es una estratagema acorde a la educación que recibimos, si uno está atento a lo que alguien parlotea por teléfono tiene la coartada perfecta para no prestar atención a nada más. Después de todo si te diriges a alguien que no sea el que espera en línea le estás haciendo un feo a él, y como es lógico esa llamada siempre se inicia antes de contactar, siquiera visualmente, con la prensa. Uno camina con la mano en la oreja y con la mirada perdida, pero todo esto significa algo así como:

"Disculpa que no te atienda pero si lo hago dejo de atenderlo a él. Él llamó primero y espera que en algún momento, en un futuro, yo intervenga". "No soy yo el que no quiere atender, es la situación, la concurrencia de acciones, el maldito destino".

Lo curioso es que esa intervención nunca se produce. Simplemente pasean; el negrazo inmenso que se novió con la peluquera depresiva, los futbolistas de la super-selección de fútbol, con el oído fino a lo que alguien les explica, sin prisa ni necesidad de el más mínimo de retorno. El del otro lado habla y habla como contra una tapia.

Decía que la selección se las vio y se las deseó para poder abandonar el estadio. Sacar el autocar de culo es una mala idea. Sobre todo si hay un mundo de gente fuera esperando no se sabe bien qué. Por eso nada mejor que tener un seleccionador como el nuestro. El ínclito Aragonés, que baja del autocar y se dirige serio hasta donde los policías por ver si su aparición despeja la calle o al menos pone orden entre la marabunta. Se permite incluso chocar alguna mano con aire de pocos amigos, abúlico perdido, con ganas no se sabe bien si de echar un güisqui al cuerpo o una moneda a las tragaperras.

Y lo más curioso es que la medida termina resultando. A saber que acertadas palabras le dirigió al guardia. Probablemente sea el talento oculto de Aragonés. Le dio las claves para regular el tráfico, para lograr que la masa enardecida se hiciera atrás dejando el paso libre a los Raúles y compañía. Ya sabemos que si por fin resulta que como seleccionador no vale, quizá porque no ganemos más que amistosos durante los próximos 100 años, que estará si le dejan estar; entonces quizá Aragonés cambié el pito de dirigir desde la banda por el de dirigir desde la acera para que los coches no atropellen a los que cruzan amigablemente los pasos de peatones.

El pobre agente no sabía donde meterse. Claro te baja a ver el seleccionador del equipo con su camiseta roja de selección nacional y el hombre no sabía si cuadrarse, pies juntos y a la orden. Porque que te encuentres a Aragonés en ropa de faena (esto es de servicio) es casi lo mismo que te bajara a ver la bandera con mástil y todo. A poco que aquel hombre sintiera los colores de este país que es España se le tenían que estar poniendo unas ganas locas de besarle el pecho o entonar el himno. Como no iba a lograr entonces que saliera aquel autobús y su preciada carga. Sobran autopistas aunque solamente sea para llegar al aeropuerto.

Al final los países son nada más un grupo de gente que cree en las mismas cosas. Por eso era tan emocionante ver a Pepu Hernández retratado para siempre por una cámara de fotos. Los ojos lagrimosos, la copa arrullada como un bebé en sus brazos. Absolutamente emocionado por el recuerdo de su padre muerto. Con el alma rota por la tristeza de haber perdido irremediablemente horas antes de ganar lo más grande que podrá ganar nunca.

Y esos jugadores que eran una piña. Unos amigos conjurados para demostrarle a un país que podemos ser los mejores si jugamos juntos, sabiendo a qué jugamos.

viernes, 1 de septiembre de 2006

Concluyendo

Que lo imposible no te quite el sueño.

sábado, 26 de agosto de 2006

Sábado hueco

¿Usted no ha tenido un día de esos que se podrían arrojar al retrete sin echarlo de menos?

No lo haremos porque el total es lo que cuenta, pero hoy fue uno de esos.

El tiempo

Hablo a veces con la gente de sus cosas y de las mías. Incluso confrontamos opiniones en el breve encuentro diario. Lógicamente no bajamos al terreno de la política, que sería descender demasiado. Yo cuento mis pequeñas cosas, las que me ocurren y que no darían desde luego para una película de acción, aunque probablemente sí para una comedia, y ellos me hablan de las suyas, y del tiempo convencidos todos ya de que el verano acabó. Esparcimos nuestras opiniones de una forma amable como se vuelven de cara las tarjetas de un juego para ejercitar la memoria. Se trata de poner nuestras cartas boca arriba para demostrar que nos acordamos de algunas cosas.

Ocurrió que a veces no estamos de acuerdo en algo, entonces a mi se me pone un tono de padrazo que quiere reconvenir al hijo aún a sabiendas de que no habría forma de convencerlo. En realidad tampoco hace falta. Quizá así nos sonreímos aún más.


Sin embargo todavía no encontré a nadie que discutiera que el tiempo pasa muy rápido. Nadie entre toda la gente que piense que la vida transcurre lentamente. Puede ser que a los niños. Yo de niño no tenía esta sensación constante. A todos se nos va de las manos, como si persiguiéramos la maleta de nuestra vida por la ladera de una montaña, no la podremos alcanzar nunca, nada más logrará que corramos más rápido. Tras ella llevamos muchos años, casi 9 meses de 2006 que se han consumido como si nada.

El ayer existe, pero las semanas anteriores han desaparecido.

viernes, 25 de agosto de 2006

F(r)icción IV

Relato para Annlea a propósito del tema: "Tiempo para recordar".



No olvidemos lo importante

Anado



A Pancracio Vila le ha salido una nueva sombra y no consigue espantarla. Le persigue desde el mismo momento en que le cercó la policia en el baño de un primero C de una pensión barata. Le cogieron con el pantalón por los tobillos y no pudo alzarlos hasta llegar a la acristalada habitación de comisaría donde le quitaron las esposas. Al bajarlo a la calle se le oía decir: "Por amor de Dios, dejen que me suba el pantalón" sin obtener respuesta.


Apenas 4 días antes Rogelio de los Santos no era una sombra. Era un empleado de banca recién llegado. Estaba en su semana de estreno. Un nuevo destino en un pueblo perdido entre dos ciuidades del oeste americano. Una oficina tan pequeña que él debía bastarse para todo.

Cuando le franqueó el paso a Pancracio Vila no sabía que sería la última persona que vería en su vida. No podía saberlo. Pancracio vestía con unos vaqueros algo gastados y un jersey de punto, venía recién afeitado y traía entre las manos un periódico de hace varios días, aunque a él ese detalle le pasara inadvertido. Llegaba como un forastero más que parara a tomar un café en el camino hacia algún lado. Por eso se sorprendió cuando Pancracio le encañonó con una pistola exigiendo todo el dinero.

Rogelio siempre tuvo agallas para todo aunque nunca madera de héroe. No perdió la calma, metió la mano en el cajón y pulsó varias veces un pequeño mando de un solo botón para que en alguna parte alguien viniera a rescatarlo. Al tiempo decía: "Esto ya es tuyo, te lo voy a dar ya mismo, pero tú tranquilo, no hagas ninguna tontería".

La cuestión es que aquel artefacto no estaba sonando en parte alguna simplemente porque no tenía batería que lo alimentase. El anterior empleado, felizmente instalado puede que en Seattle, llevó la pila un mediodía por haber agotado la de su despertador. Y sin despertador era casi seguro que quedaría durmiendo.

De forma que Rogelio quizá impaciente levantó un poco más aquel chisme ineficaz por si fuera un problema de pulsar con más fuerza o tal vez de cobertura, con tan mala suerte que fue a verlo con aquello entre las manos un Pancracio que había entrado a cara descubierta por no advertir el día anterior aquella cámara en lo alto de un rincón. Apreciar ambas cosas al tiempo lo pusieron tan nervioso que sin decir una sola palabra más ya le estaba descerrajando un tiro que le entró al otro por la frente como por un cristal para quedar alojada en algún sitio del interior del cráneo. Es posible que la bala tuviera fuerza solamente para una sola perforación o tal vez Rogelio tenía el hueso en aquella zona tan reforzado que de provenir la bala directamente desde aquella dirección tal vez hubiera simplemente rebotado. La cosa es que visto de espaldas más que muerto violentamente nada más parecía ensimismado en su pantalón o echando un pestañeo de sobremesa.

El hecho cierto es que Rogelio cayó como un muñeco de la silla y hacia delante. Sin duda impulsado por el repentino apoyo de su espalda contra el respaldo al recibir la bala. A Pancracio mientras tanto le habían entrado todos los males. Miraba hacia la cámara como un enano mirando las estrellas, con la frente perlada. Con el ruido del disparo en los oídos, con aquel jersey de punto, con el periódico deslabazado sin armas que ocultar. "Actúa rápido, actúa rápido" se decía.

Saltó torpemente el mostrador con la soltura de un jinete primerizo, pasando una pierna por encima, quedando tumbado un segundo para rodar cayendo al otro lado como un costal de arena.

Al alzarse fue él quien metió mano en aquel cajón.

¡Ná más esto! - dijo al comprobar que en aquel lugar había exactamente 221 dolares. Demasiado poco para tanto desperdicio.

La cuestión primordial era no entretenerse. Agarró aquella minucia y esperando que aparecieran al instante poco menos que el ejército o aquellos otros tan bien entrenados de los cuerpos especiales, puso tierra de por medio saliendo a la carrera. Dejó la puerta del banco abierta pese a que dentro aún funcionaba el aire acondicionado. Y siguió corriendo hasta llegar al final de la calle. Hasta la pensión donde lo arrestarían 4 días más tarde. Sentado en la taza del váter con el jersey arremangado por los codos, observando las venas de sus brazos, sin un solo pensamiento.

No entró nadie más hasta 74 minutos después. Un forastero que se hizo con un fajo de una cajón inferior, un dinero que luego no le fue reclamado por tenerse como probado que fue sustraído por Pancracio en el atraco. Fue él, este visitante inesperado el que alzó el teléfono para decir friamente a las autoridades que había un buen pastel en aquel banco. Con aquel pelele desmadejado, como intentando subir de la silla a la mesa sin tomar impulso. Le dieron las gracias y llegaron hasta allí, apenas 2 minutos les llevó cubrir la distancia. Tenían el coche aparcado un poco más allá, estaban tomando un café y unos dulces a la par que diciendo galanterías a una moza que reía sin parar diciendo: "No digas eso, no puede ser cierto". Y entre los compañeros por lo bajini: "Mira que está buena la jodida". Ganas de tanto para nada.

Pancracio fue arrestado y llevado hasta el vehículo policial con las dificultades de tener cinturón dejando rastro sobre la tierra. Con los calzones de primavera y sorbiendo los mocos del resfríado que venía incubando. Él creía que allí, en aquella fonda, estaría seguro. Estaba seguro de que habrían cerrado las carreteras y no habría tenido tiempo de escapar hasta perderse en la ciudad, pero sin duda era eso lo que las autoridades esperarían, como creer que se quedaría a apenas un puñado de metros de la sucursal bancaria. Por una vez él actuaba más sagazmente que toda aquella gente tan bien preparada.

El problema para él es que aquella cinta grababa de veras. Quedó su rostro retratado como una foto de carné, con los ojos insulsos de un niño al otro lado de un escaparate. Y en la misma oficina se fijó un cartel con aquellos ojos que miran la cámara preguntándose aún como no se fijó antes en aquel artilugio que podía delatarle. Como pasar por delante el día anterior y no haber observado aquel detalle. Ese detalle le habría quitado las ganas. Nunca habría entrado.


Fue aquello un juicio rápido. Una noche de jueves quedó visto para sentencia. Se puede condenar y condena, dijo con aire grandilocuente el presidente del jurado, a Pancracio Vila a la pena capital. Por homicidio, robo y asesinato dijo esbozando una sonrisa. El juez tuvo que intervenir para corregirle los cargos, aunque dio por bueno el veredicto pues en el fondo era lo justo, y todo juez debe aspirar a impartir justicia. Pancracio Vila se le quedó mirando con la misma mirada que quedara fija en aquella cámara. Parecía que mirara con las manos en los bolsillos pero no, tenía las manos esposadas y cogidas por un grillete a la cintura.

4 años tardó en hacerse efectiva la condena. Estuvo recluido todo aquel tiempo en una prisión de aquel Estado. Fue un tiempo no vivido, como el tiempo de un ratón que corriera cada día en la rueda metálica de su jaula. La noche anterior a que lo llevaran a la camilla donde administrarle narcóticos y veneno la pasó llorando. Empapó las sábanas y la almohada. Hasta el punto que un carcelero le preguntó acerca de qué ocurría. No podía su vida haber sido tan buena como para que perderla doliera tanto. Y era verdad que no había sido buena en absoluto, en realidad Pancracio Vila murió en el preciso instante en que la bala se alojó dentro de Rogelio de los Santos. Ambos murieron al tiempo. Rogelio porque nunca más volvió a abrazar a sus hijos, lo tuvieron que bajar de la silla, se quedó nada más como una lápida sin visitas. A Pancracio se le murió la vida que había tenido. Una vida de necesidades insatisfechas, con muchas carencias pero a su modo, y por pequeñas cosas sin importancia, bella. Al menos para él.

Pancracio ya no quería ni un día más de vida en aquella prisión. No quería ese tiempo prestado de la muerte. No quería aquella rutina que no servía para nada. Cuánto había lamentado aquel sol de aquel día. Aquellos pensamientos persistentes del "seré capaz de hacerlo". Aquellos sueños vagos de como sería su vida si fuera rico. Cuánto lamentó haber matado a Rogelio porque aquella muerte se convirtió en una sombra sobre su vida. Una sombra de la que no iba a poder escapar nunca. Ya no quería la vida que tenía, que le había quedado, y sin embargo era incapaz de dejar de llorar. Con desesperación, con desesperanza, estridente rabia de lágrima de uña contra pizarra.

¿Por qué lloras? ¿Tan bueno es lo vivido? - inquiría el carcelero.

- No ha sido bueno en absoluto, pero quiero más tiempo, necesito más tiempo aunque solamente sea para recordar. Para recordar que hubo otro tiempo, que todo fue de otra manera. Que fui otro... - cesan las lágrimas, mira fijo con la mueca de la mandíbula arrasada y continua:

-... que existió un pasado.

lunes, 21 de agosto de 2006

El carro

Vengo de comprar el zumo de naranja que me bebo cada noche y a puntito ha estado de atropellarme un carrito de la compra. En este caso la culpa es toda mía que circulo por los pasillos del supermercado hasta el frigorífico de los zumos y gazpachos con la ligereza de un gamo o un ciervo (sin cornamenta).
He ido a salir a la calle transversal para meterme justo delante de un carro bien surtido empujado con cierta desgana por una señora. Yo he hecho el gesto con la mano que lo mismo sirve para decirle a alguien que baje la música como para hacer descender un helicóptero y la cosa no ha pasado a mayores. En esta ocasión hemos podido evitar el encontronazo que además me suele tener a mí como elemento más débil (y perjudicado).

Esta visto que mi sino esta semana es ser atropellado por todo artefacto con ruedas que circule por las proximidades. Me voy a comprar una gorra y le voy a añadir unos espejos retrovisores para caminar más alerta, está visto que mi testigo luminoso de peligro debe andar averiado, similar al sentido arácnido de Spiderman pero sin redes de trapecista para cuando caiga. O quizá es mejor hacerme con unas gafas de tela de esas que se pone cierta gente para dormir sin luces, o unas de esas que les ponen a los percherones que bailan con la más fea, un toro enrabietado por recibir más daño cuánto más empuja.

Soy como un torito bravo en medio de la plaza, no sé lo que me espera.

domingo, 20 de agosto de 2006

Atropellado

Alrededor de las 3 de la tarde me han atropellado. Yo cruzaba el paso de peatones bajo mi casa y un Peugeot grande me ha levantado del suelo, me ha llevado en el capó 2 o tres metros y al frenar me ha dejado caer al suelo.

Mis padres, con los que hablé por teléfono al llegar a casa, han insistido en que fuera al Centro de Salud y he ido. Apenas tengo un hematoma y dos erosiones en la pierna. El dolor de cabeza inicial ya pasó. Supongo que surgió fruto de la tensión del momento.

Dicen en Urgencias que igual más tarde me duele el cuerpo. Me han recetado Ibuprofeno por si acaso. Y la de la farmacia dice que debiera denunciar para que la gente que conduce sin mirar deje de hacerlo.

Obtuve el número de matrícula del coche aunque le dije al chaval que se marchara, que yo estaba bien. La verdad es que nunca me vi en nada igual. No sabía qué hacer. Tengo el número de teléfono de tres viandantes como yo que vieron como me sacó en volandas del paso de cebra.

Una de ellas, una señora mayor me decía que hoy he vuelto a nacer. Yo solamente sé que pudo ser mucho más grave pese a mi determinación de viajar a Florencia durante tres días de Septiembre.

sábado, 19 de agosto de 2006

Día, sueños y nubes

Vengo del Día. Me acabo de sacar la tarjeta para tener los productos más en precio. ;)

El caso es que según salgo por la puerta me doy cuenta de que la primera línea: Pizza Campestre está repetida y yo solamente he comprado una. Apenas he mirado más abajo en la nota, me he vuelto y le he dicho a la chiquilla que creía que el lector contó el producto dos veces (más que creer estaba seguro, rayando la certeza). Me lo ha confirmado y me ha abonado el precio de una. A continuación me ha dicho que debía quedarse con mi ticket y yo le he dicho que me parecía muy bien, aunque la verdad es que después no me ha parecido tan buena idea, pues vete tú a saber si más abajo no habría algun producto duplicado o triplicado, que esos lectores electrónicos por incomprensibles (entienden de códigos de barras indescifrables) parece que son más dados a la multiplicación que a dividir. En cualquier caso éste será un interrogante sin solución, pues no volveré a revisar nada y daré por buena mi sagacidad para encontrar el error, aunque sea solamente el primero de ellos.


Hablaba el otro día con Sestea y me contaba un sueño. Se imaginaba en una montaña muy alta y por alguna razón debía descender por un hueco entre las rocas. Una obertura en la piedra por la que debía arrojarse, teniendo el suelo firme a infinitos metros. Ella como es muy lista decía que así, lanzarse por el hueco sin paracaídas no le hacía demasiado, y alguno de sus acompañantes, me aseguró que yo no estaba entre ellos, ofreció para la caída unos arneses. Entonces ella dijo que sí, que así con aquello, sí. La cosa es que parece que fue otro el primero en intentar el descenso y por lo que sea, el viento o lo que fuera, esto no quedó claro, aquel se golpeó la cabeza contra la pared y quedó semi-inconsciente (yo suelo estar semi-consciente la mayor parte del tiempo, pero eso es harina de otro costal). La cosa es que cuando le hablaban desde lo alto aquel había mutado, quizá del mismo golpe. Ya no era el tipo que inició el descenso, ahora era y tenía la cara del portero de "Aquí no hay quien viva" y como estaba atontado del encontronazo hacía ese "ay, ay, ay" que le es tan característico y gracioso.

Conclusión, no soy el único que alguna vez ha soñado tonterías.


Parece que hoy sale el sol por fin tras unos días de nubes. Porque apenas llueve. Solamente se llena el cielo y el sol queda como tras una cortina de algodones. Tengo la certidumbre de que alguien en Madrid, alguien poderoso al mando del medio televisivo tiene un gran afán de desprestigio para todo el norte. Hace bien poco escuchaba el final del noticiario de la emisora de radio Kiss FM. Apenas llegué a las últimas palabras que fueron:

"Y en el Cantábrico, algunas lluvias".

Nos ha jodido. Ahí es nada. Como la cornisa Cantábrica es poca cosa se descuelgan con esa frase que es como oírle decir a dos extranjeros que en España hace sol. Lo hace unos días en unos sitios y no lo hace en los mismos sitios otros días. Lógicamente en algún sitio del Cantábrico lloverá. Dicen esa obviedad y nos quedamos la mar de frescos. Para eso no necesitamos conocer para nada el Meteosat ni saber, a ciencia cierta, qué es una borrasca. Bastaría con asomarse al micrófono sin salir de la cama, sin mirar por la ventana...

Tengo comprobado que alguien al frente de los servicios metereológicos de la capital quiere mal a las tierras del norte. Quizá por lo bonitas que son con tanto verde. Si uno atiende a los fulanos que nos dan el tiempo podría parecer que aquí en el norte estamos siempre con el paraguas sobre la cabeza. Y aunque es cierto que el tiempo resulta de lo más imprevisible, ocurre y ha ocurrido que el sol y la lluvia se den simultáneamente, también es cierto que transcurren semanas sin una gota de lluvia. Y entonces el camino de San Pedro cambia el verde del césped por un tono pajizo. Hasta yo en esos casos miro al cielo deseando lluvia.

La cuestión es que cargar con esa bien tramada campaña de desprestigio metereológico, orquestada por todas las instituciones metereológicas o por todas las cadenas de televisión para sus espacios del tiempo es algo que por aquí se lleva divinamente. Será que los nórdicos de la península no quieren que sus pueblos y ciudades se llenen más aún de gente de fuera. Dan por buena ese tópico de la lluvia constante si a cambio pueden seguir encontrando al menos un hueco para tender la toalla bajo un sol abrasador.

Vuelve el sol hoy tras unos días de nubes sin lluvia. El sol está siempre, todo el tiempo, pero aquí echamos la cortina antes que nadie.

miércoles, 16 de agosto de 2006

Subvención Inminente

No es el título de la peli más comercial del momento, aunque todo sea dicho de paso la palabra "inminente" da mucho juego en cualquier cartelera. No he dicho nada aún, pero el otro día recogí en correos una carta certificada convencido de que sería un nuevo requerimiento de papeleo o la negativa a la subvención que pedí. Pero no, han decidido ayudarme en el pago del alquiler lo que es una estupenda noticia. Y la ayuda será por dos años a contar desde el pasado 5 de enero. Yo siempre pensé que estas cosas le ocurrían a otra gente. Como que te toque la lotería. Pero no, esta vez el agraciado soy yo.

Me marcho a comprarme unos pimientos rellenos de bonito, tienen que estar riquísimos.

Luego regreso.

martes, 15 de agosto de 2006

La calle suena

Pasan por debajo de mi balcón los de la banda del Llacin. Tocan tambores y gaitas vestidos con trajes típicos.

¡Qué tierra tan hermosa!

domingo, 13 de agosto de 2006

La Pili

Por cierto no quiero que se me olvide. El día que recogí a Sestea en Santander nos quedamos sin autobús para volver. Así que tuvimos que ingeniarnoslas. Tras encontrar que las 4 o 5 pensiones más próximas a la estación estaban completas terminamos durmiendo en la casa de la Pili que es una particular que compra teles de pantalla plana con sus ingresos por alquilar habitaciones de su propia casa. Nos cobró 40 euros y yo habría pagado el doble por evitar ese perro pequeño y feo que no paraba de ladrar.

No era pa fiarse la mujer. Casi mejor echar el pestillo. Que a veces los locos no vienen de fuera, están en la propia casa, pulsando los botones de la televisión terrestre.

No me entretengo

Vengo como un rayo.

Comentar nada más que me visitó Brullis y que en San Vicente de la Barquera no dejamos títere sin cabeza si consideramos títeres a gambas y langostinos, desmembramos un centollo con esos alicates tan extraños y probamos las almejas del Cantábrico que si no son las mejores del mundo les debe faltar poco. Lo pasamos bien todos los días, visitamos las playas que tuvimos más a mano y saltamos las olas en la tarde en que me subí a la cresta de una altura de dos metros. Era yo asomándome a un balcón para decirle a Brullis que nadando llegaremos más lejos que todos los surfistas. Se ofendía la mar de Puerto Chicu al oírme decir que ya no había olas como las de antes, ni programas en la tele como los de antes, y él decía que no me girara porque la que se avecinaba, brava y blanca, era tremenda. Te cogía y te lanzaba a las profundidades como a un muñeco. Pero te levantabas riendo, con la cara empapada y lejos.


Me visitó Sestea que vino a llenar mis ratos de soledad, que me llevó con su entusiasmo a escuchar a Sabina en un concierto único en Santander. Y sacrifiqué las horas de sueño que nunca sacrifico para volver de nuevo a casa. Y puedo decir que mereció la pena. Tengo fotos y la voz de Sabina mezclada con las nuestras a voz en grito cantando Pájaros de Portugal. Estaba contento Sabina, le pegaba al suelo con su bastón, hacía como que corría, con lo mayor que está, y sonreía para que le cambiara la cara del todo.


Renové mi vestuario en estas rebajas de Agosto, nunca tanta ropa costó tan poco para sentar tan bien. Lástima no obstante por mi tarjeta que ha quedado con la banda magnética quemada. A la niña se le ponía envidia consumista y me obligaba a acompañarla al Zara, al Blanco... Yo hacía cola sin nada en las manos mientras ella miraba buscando entre las tallas de muñeca una prenda que no se pareciera a alguna de las de su armario inmenso.

Hoy marchó Sestea y me quedé con lo puesto. Con mis fotos del concierto, con las fotos de Santander, con las de la playa de Gijón que es una playa que desaparece tragada por el mar cualquier tarde. Con las del camino de San Pedro...

Ayer volví a probar los polos de horchata en Helados Alacant que debiera ser si acaso Gelats Alacant aquí y en todas partes.

Parece que el Xuac mientras tanto ha logrado ganar un torneo de Golf. Yo pienso que es que el nivel está muy bajo, pero él dice que se ha reencontrado en el camino de la victoria, será que es un ganador y ni él ni yo lo sabíamos.

Marcho, que dije que venía como un rayo y me voy pareciendo a un trueno de eco infinito.

jueves, 3 de agosto de 2006

Yo en 100

Visité a Gaddira y leí que logró resumirse en 100 frases. A mi me bastarían muchas menos, pero haré un esfuerzo.

1. Me llamo Anado Uni un sobrenombre como pudo ser otro, antes fue Properio y durante un tiempo YampqmaY. Proviene de la frase "a anado uní ambas orillas".

2. Me encanta escuchar música. Especialmente de cantautor, Ismael Serrano, Silvio Rodriguez, Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina... con lo que eso duele.

3. Michael Joseph Jackson fue el espejo en que me miré durante muchos años hasta que se me acabaron las ganas de parecerme a él, que fue cuando él dejó de parecerse a quién había sido.

4. Aún así lo admiro.

5. Enya me relaja.

6. La banda sonora de Amélie me anima.

7. No podría vivir sin música.

8. Mi mejor compra reciente, un MP3 del tamaño de un mechero.

9. Nado de cuando en cuando y esquiaría todos los días si pudiera.

10. Vivo solo y me siento solo algunas veces.

11. En la amistad no entiendo de escepticismos.

12. Me han demostrado el valor de la palabra dada.

13. Soy vasco y tengo la suerte de vivir en un país estupendo.

14. Las fronteras son líneas sin sentido, solamente separan.

15. Las banderas me parecen peligrosas, pueden generar fanatismos, ¿una buena? La blanca que cierra la confrontación.

16. Intento cambiar lo que no me gusta.

17. He actuado con dos grupos de teatro, el peor momento era el momento de entrar, esperar la frase que te da paso ¡qué nervios entonces! Luego, coser y cantar.

18. Mi pasado cabe en un puñado de canciones.

19. La tristeza es una de las peores enfermedades.

20. Una buena acompañante para una sola tarde.

21. Se trasluce en los ojos, por la forma de mirar.

22. La nostalgia, una parálisis del alma.

23. Creo que el amor correspondido es la cosa más hermosa del mundo.

24. Creo en las personas que creen que el amor lo puede todo.

25. Me han querido por encima de todas las cosas.

26. Mi pareja ha sido lo más seguro del mundo. Mi única garantía. Algo irrefutable en un mundo en que todo cambia a cada instante.

27. Soy del Athletic de Bilbao y jugando a baloncesto era sobre todo un tirador.

28. Antes nadaba tres veces a la semana. 50 largos en dos tandas. Ir a crol, vuelta a braza.

29. Nada valoro más que la sinceridad. He pasado muchos años sin decir ni una sola mentira.

30. Ahora las digo.

31. La lealtad no entiende de días en el calendario.

32. Podría perdonarlo casi todo a casi todos.

33. No entiendo el amor si no es para darlo todo.

34. Puedo ser muy exigente.

35. Y caprichoso.

36. Tengo a ratos muy mal carácter.

37. Pero algunos me cogieron cariño.

38. Y eso si que no lo entiendo.

39. Otros se olvidaron de mí.

40. Mi madre me regaló siendo un niño un Pitufo gruñón, de los gordos, no una imitación, porque me pasaba el día protestando.

41. Todavía protesto.

42. Leer un buen libro es el mejor pasatiempo.

43. Hay muy malos libros y muy malas películas, pero el peor libro es mejor que la peor película.

44. “La conjura de los necios” es mi libro favorito. A veces lo cojo y lo abro por cualquier página, tardo apenas unos minutos en comenzar a reírme.

45. La muerte de su autor podría ser síntesis de cómo funcionan las cosas.

46. “El amor en los tiempos del Cólera”, “La fiesta del Chivo” también me gustaron.

47. Me encantan los cines de re-estreno. Dos películas seguidas para una tarde entera.

48. Me gusta Woody Allen. Decía que con su complexión física en caso de guerra solamente podría ser prisionero y no soldado. Para mondarse.

49. Me regalaron "Atrapado en el tiempo" porque me reí mucho con el protagonista.

50. Me gustan los bocadillos del Subway. En pan blanco, por favor.

51. Hubo un tiempo en que los recogía al volver de la facultad para pasar las noches de Champions viendo fútbol.

52. Los Kebab.

53. Me encantan las tapas andaluzas y el mosto.

54. Me pirra la horchata. Es lo que más echo de menos de Valencia.

55. En Florencia me sentí como si estuviera en casa.

56. Últimamente tomo un litro de zumo de naranja al día.

57. Pero no bebo nada de agua.

58. Quiero un portátil.

59. Los “manager” de fútbol siempre me han entretenido mucho. El mejor, la serie Football Manager.

60. Adoro a mis padres.

61. A mis hermanos.

62. Me di cuenta de la falta de mis abuelos y de otras personas mucho después de que ocurriera. Como una revelación.

63. A veces me imagino que están, que solamente tendría que buscarlos con aínco, pero en el fondo sé que ya nos los encontraré.

64. La muerte me desconcierta pero puedo hablar sobre ella.

65. Tenerla presente ayuda a no desquiciarme por lo que no lo merece.

66. Hubo un tiempo en que pensé que no podría echar más de menos.

67. La maldición del hombre es que lo daría todo por volver a un punto determinado de su vida para vivirlo de nuevo.

68. Que no hay dios que cambie el pasado.

69. Acebes me da mucha tirria.

70. Me fío muy poco de los políticos.

71. Por mí los embarcamos a todos y los enviamos bien lejos.

72. Internet es uno de los mejores inventos que existen.

73. Aquí he encontrado algunos amigos de verdad.

74. Durante un tiempo soñé con escribir un libro.

75. Estoy a tiempo.

76. Necesito que me den mucho cariño.

77. No soporto los imposibles.

78. Si algo no se puede, me revelo.

79. Salgo poco de marcha.

80. No bebo.

81. No fumo.

82. Soy Piscis, como Sestea.

83. Mis primeros días los pasé en una incubadora. Era muy pequeñito en el útero de mi madre compartía espacio con mi melliza. Salimos dos pesando como uno.

84. Soy poco mitómano. Es difícil que admire profundamente a nadie.

85. He andado siempre despistándolo todo.

86. En una ocasión volví a casa con los zapatos de la bolera y me tocó regresar. A saber que andaba mirando mientras el resto se descalzaba.

87. Soy un caso, la verdad.

88. Demasiadas cosas para tan poco espacio.

89. Cuando pierdo elijo perder :P

90. He temido la vejez y los achaques.

91. el paso del tiempo, es todo demasiado rápido.

92. Hay dolores peores que los que afectan a la salud física.

93. En verdad soy una medianía absoluta.

94. Mi mejor versión escribe.

95. No soy más tonto de lo que parezco.

96. No es lo que parece, es lo que es.

97. Que lo imposible no te quite el sueño.

98. Lo importante es soñar.

99. Lo malo pasa.

100. Casi todo es casi nada.


(Escrito los días 03/08/2006 y 11/11/2006)

Lo haré por mí

Regreso hoy y reconozco que me odio por hacerlo tan poco. Regresar digo. Es curioso como varía la importancia de algunas cosas. Un día parecen lo más importante del mundo y con el tiempo se hacen algo accesorio, algo que puede ser aparcado, digo apartado tranquilamente.

Lee Anado, lee. Escribe que ya no escribes nada.


El sábado a las 7:50 de la mañana iré a Santander que vienen a verme, a recordarme que detrás del hilo telefónico hay personas y no sólo voces.

Por lo demás en los últimos días he comprado los billetes para los próximos tres viajes en avión a Valencia, y lo he hecho como solamente yo sé hacerlo. Por usuario frecuente me hacían un descuento en todos los viajes que comprara durante tres días. Los primeros dos viajes por ser muy seguidos en el tiempo los compré de una tacada y con el segundo aproveché ese descuento que tampoco es ninguna bicoca, dos euros que no dan ya casi ni para un café.

El caso es que el tercer viaje tendrá que esperar a Diciembre así que decidí no comprarlo entonces y he terminado haciéndolo no sé si al cuarto día o quinto. Un lince soy. Claro que para qué esperar, ¿para que me salga más caro? ¿Dije ya que dos euros no dan para casi nada?

Así que en este último no me premiaron la fidelidad con dos eurazos, y eso que ahora hay que ser muy valiente para embarcarse en un avión. Primero porque uno sabe que va a pagar (nos pasamos la vida pagando), pero no está seguro ni lo estará que vaya a haber un avión al que subir. Y no te cuento si se tiene la suerte de despegar, ¿qué ocurrirá después? Puede ser que un grupetto (¿qué coño es un grupetto? y ¿por qué cacarean eso los Manolos Lamas y compañía, artistas del medio radiofónico al asalto de las cámaras para ser reconocidos por la calle?) decía que puede que un grupo de mozos exaltados decidan invadir las pistas de aterrizaje que por lo que sé son las mismas o muy similares a las de despegue. Claro, temen por sus puestos de trabajo y dejan paradójicamente colgados a los aviones sobrevolando las pistas sin saber bien si tomar tierra arrasando lo que encuentren a su paso como Farruquito o permanecer allí moviéndose torpemente de un lado a otro al tran tran, lo justo para no caer en picado como una jabalina vencida por la gravedad.

Por eso la apuesta tiene un riesgo, aunque calculado. Estaré allí para viajar en avión que es el medio más rápido de llegar a cenar con los míos. Si luego quedo en tierra encontraré a buen seguro algo que llevarme a la boca.

Últimamente hago las cosas por mí. Sin mirar mucho más allá. Decía Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, lo bueno es que uno puede ser feliz en muchos sitios. La felicidad es como una caja de música. Basta con saber tocar el mecanismo que da cuerda para que suene. Y la música está en todas partes. Se crea en el día a día, co-ti-dia-na-men-te, en el proyecto (estoy vivo) y sobretodo en la ilusión.