jueves, 26 de noviembre de 2009

El vietnamita

Y desampararte es jugar a los juegos de azar del olvido.

¡Ay Carmela! - Joaquín Sabina




Podría hablar de Tribunal Constitucional, del Estatut que se ha de respetar coma a coma o el fin del mundo en el 2012 será poca cosa... Podría hablar del Rey, que camina bastante poco garboso a la hora de bajar del avión donde ha hecho parada y fonda sin la reina, que anda indispuesta, probablemente allá en el Reino Unido. Podría hablar del divorcio de los Marichalar, que ha sido quedarse sin ducado el bueno de Don Jaime y perder al tiempo su puesto en todos los consejos de administración donde su opinión era tan bien valorada como remunerada, daba el punto de vista de la corona, o del Infantado, o de católico corriente que se ve de repente ahora ante un divorcio más bien poco cristiano, claro que menos cristiano ha de ser mantener en vigor el engaño de querer aparentar que no está roto; aunque esto mío es un presunto, un improvisar aquí y ahora por si regresan los ojos que vienen de cuando en cuando desde Argentina, sin decir nada. Es mera presunción de quién llega hoy cansado del día entero, que lo llevo cargado a la espalda, con los ojos pidiendo menos gafas, o quizá mirar menos.

Pero quiero citar la noticia más importante del 26 de noviembre, que estaba en las primeras planas hasta que otras la han desplazado quien sabe donde, quizá a mañana. La del supuesto loco, un poco quijote, un poco Mainar sin asesinato en este caso, sí puede que tuviera unos tornillos flojos, sí una tuerca donde pone el ojo El Dioni. Hablo del vietnamita que 5 años después de enterrar a la esposa, y tras pasar temporadas durmiendo sobre la tumba, decidió que como fuera que a los hijos esta costumbre se les volvía contra natura decidió llevarse lo que hubiera de ella en la tumba, que fue poco porque los hombres y las mujeres una vez enterrados perdemos bastante. Nos volvemos delgadicos, delgadicos, cadávericos perdidos. Nos quedamos en menos de nada,que ni los gusanos nos quieren para nada que no sea, a lo sumo, introducirse jugando en algún hueco que hubiera sido mejor relleno de algo. Así que como sacaba del asunto algo bastante poco presentable, poco donde agarrar, decidió completar con la arcilla, la tierra y lo que hubiera a mano. Le dio a todo forma de mujer, no genéricamente imagino, sino a la suya, que tiene esas caderitas pequeñitas de mujer vietnamita, de poca estatura, hombros estrechos, como una muñeca. Y se llevó aquel ingenio a casa donde pudo ponerle, con mucha maña, un vestido, del ropero de ella. Y vestida la presencia con aquello la recostó en la cama y pasó no sé si otros 5 años, o los de antes, durmiendo con aquello al ladito. Por sentir a la mujer cerca, por creer en sueños que ella seguía viva, a su lado.

Y es que el amor es un juego arriesgado. Te hace perder la cabeza. Y sin embargo, a su modo, a veces convencional, a veces grotesco, sigue siendo hermoso.

Solamente hay algo mejor que querer.

Que te quieran.

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