lunes, 31 de octubre de 2005

Leonor y los okupas

Leo que ya nació la hija del príncipe Felipe y de doña Letizia Ortíz, antes Letizia solamente. Nació por cesárea en la clínica Ruber de Madrid. Leo también que un número indeterminado de gitanos (podrían ser medio centenar) de uno de los barrios más deprimidos de Granada ha tomado al asalto varios edificios de un pueblecito que se llama Jun.

Entraron formando tropel en las casas deshabitadas invocando el borrador de la ley que permitiría expropiar los pisos deshabitados. Por descontado este proyecto no verá jamás la luz, quedará como tantas cosas en la nebulosa de los errores, de los "espera que lo pienso mejor". El caso es que al entrar en aquellos edificios y por lo manido pero cierto de que la unión hace la fuerza prefirieron estar unos junto a otros, de forma que han terminado por echar a los legítimos propietarios a la calle, no contentos con ocupar solamente lo aparentemente vacío. A algunos los despertaron con golpes en la puerta, y cuando fueron a abrir se vieron de repente en la calle sin poder coger siquiera abrigo. En mitad de la noche y arrancados de sus casas. Algún vecino, invencible como Astérix, cuenta que en las escaleras se acumulan heces. Que los cables pelados se acumulan en una sola resistencia con gran riesgo de incendio, que les pusieron candados a las puertas. Porque aquí no se trata de algún raro ideal de vivir con las puertas abiertas, todo para todos, sino de un simple cambio de propiedad, nuevos días para nuevos dueños.


Yo no quiero pensar que esto hubiera podido ocurrir en la clínica Ruber, que hubieran entrado blandiendo hojas de periódico que recogen en primera plana aquel borrador, hasta la mismísima habitación de la princesa parturienta. Imaginen por un momento que bochorno para las casas reales extranjeras esta noticia inconcebible. Madre e hija sacadas a rastras de la habitación de la clínica por esa masa okupa, enfervorizada y lectora.

Es muy probable que hasta en Estados Unidos dieran semejante notición en sus tendenciosas cadenas. El mundo entero se haría eco de estas cosas que, uno no sabe muy bien cómo, ocurren.

En Jun están esperando que alguien otorgue el mandamiento judicial que devuelva las viviendas a los que las habitaban, mientras tanto se refugian en las de sus familiares. Nadie pisa ya la calle por temor a perder la casa.


Sin embargo tengo el pálpito de que lo de la clínica Ruber no hubiera podido ocurrir. Supongo que algún GEO de los de los tejados habría hecho algo, alguien entre tantos que hubiera parado los pies con un "no puede pasar", con un "vuelva usted mañana".

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