miércoles, 8 de octubre de 2008

La arañuca

La fui poco a poco dando por perdida.

19 días y 500 noches - Joaquín Sabina



Navegando por Internet he dado con una mascota muy simpática. Se trataba de un cerdito rosa al que podías dar de comer y lavar con un chisme de esos que sirven para limpiar los cristales.

Así que me he decidido a adoptar yo también mi propia mascota, ya que en casa no hay perro que me ladre ni gato que me salte a los ojos, he decidido hacer mía una arañuca muy hacendosa que a estas horas ya debe habe tejido su telaraña, y si no la ha terminado ahí debe andar.

¿Y por qué una araña? ¿Acaso tiene la clave que descifre estos tiempos convulsos de crisis?

Pues no, pero haremos un aparte en este espacio de portería-rellano en que he convertido el blog, donde vierto mis opiniones sin recato a pesar de no tener puñetera idea para centrarnos en lo importante. Añadir un nuevo personaje más activo que yo mismo, y a estas alturas ninguno de mis 2 o tres visitantes asiduos puede tacharme de inactivo, si acaso de otras cosas, que no digo yo que no vayan a tener razón, pero llevo bastantes años dando la matraca con mis neuras, y fíjate que cosa, quien lo iba a decir, con los pies en el suelo como si estuvieran en mitad del fango sin remedio, que no me he permitido la licencia de soñar nunca despierto, aquí no, eso lo dejo para el trabajo :P. Y no he contado que haría si me tocara la lotería. Por lo pronto he jugado a la ONCE en un sorteo morrocotudo de estos días, que me puede tocar una fortunaza tan grande que igual me animo y arreglo el desaguisado de la bolsa entrando como un boixo noi en el Olímpico de Montjuic, con bengalas y todo, y 10.000 millones de euros o que sé yo cuánta pastísima. Que iba a comprar Vueling solo porque subieran sus puñeteras acciones.

Pero decía que he fichado una araña, me cobra una pasta, pero hace tan bien las telarañas... le quedan tan lindas una vez terminadas que es como tener a mi propio fabricante de alfombras voladoras.

Alguien dirá, y si no lo dice lo digo yo que tengo ganas de seguir por aquí: ¿y por qué una araña y no un bicho menos repelente?

Pues ha tenido que ser una araña porque se lo debo a la pobre.

Hace un tiempo encontré en una de mis ventanas una arañuca lo bastante grande como para ocupar el tresillo, pero armándome de valor la arrinconé en su telaraña y logré meterla sin daño alguno por ninguna de las dos partes en un botelluja que mi casera tenía a bien mantener en pose decorativa en alguna estantería. Asimismo diré que la botelluja no ha sufrido merma o tara, al contrario, con el tiempo contuvo una telaraña más bien poco lustrosa, e ineficaz por lo que se vio, que es ganar aunque sea un poco. En su vacuidad un alma tejía esperando que le cayera algo. Como nosotros con la lotería. Con lo difícil que está.

Imagino que este comentario ha borrado a dos o tres aspirantes a convertirse en mis caseros, pero supongo que los más de 2 kilos que le tengo pagados a lo largo del tiempo dan pa que meta en la botella lo que me de la gana. ¿O no es peor que se me hubiera caído parte de la vajilla? Pero eso lo contaré otro día.

Así que el bicho quedó encerrado en la botella, y yo me decidía a hacer de aquel experimento una especie de National Geografic de andar por casa. Después de todo ellos tienen bichos y árboles y yo tenía una araña gorda que habría hecho las delicias de cualquier cámara. Pero no me dediqué a filmarla, después de todo su vida no parecía mucho más apasionante de lo que es de por si la mía, y tampoco la filma nadie. Pero me dispuse a observarla con detenimiento y pensando en todo instante en iniciar la toma de notas.

El caso es que recibiendo la visita de Sestea decidí que capturáramos 5 hormigas, que son un número suficiente para que nadie me tache de enviar a los bichetes a una muerte segura, que es conocido por cualquiera que frecuente los documentales de la 2, y este post es para ellos, que las hormigas son muy capaces de sobrellevar su propio peso multiplicado por 7, así transportan las hojas como si fueran el capote de Curro Romero, por encima de la cabeza. De forma que ponerlas juntas dentro de la botella era igualar las fuerzas significativamente, que aliadas las 5 y con aquellas fauces que se hacían grandes a través del vidrio bien podrían empezar por destruir una telaraña tan liviana para proseguir contra la arañuca, que pasaba la noche y los días demasiado parada como para capta mi atención por más tiempo que la tele, que ya se sabe que me capta lo justo.

Me gustaría conta que lo que vino después fue tremendamente emocionante, pero no lo fue. Si me percaté en una ocasión que una de ellas, tras caminar por el cuello de la botella, lugar al que nunca pudo llegar la araña

¡qué sabia la naturaleza!

terminó cayendo en la red, y se intentaba escapar, pero tenía la pata cogida como en un cepo y no lograba más que moverse toda. Cualquiera diría que como no intervine, yo que me presto de tener buen corazón, pero cuando uno emprende una investigación pseudo-cientifíca debe saber que no todo lo que va a ver será lo que uno quería ver, como cuando pones la tele. Y los profesionales del Masai Mara no intervienen cuando el ñu es devorado vivo y empezando por el trasero por los leones, tan traicioneramente. Que al menos yo no hice como cuentan que hacía Felix Rodríguez de la Fuente, que echaba al ratón contra la boca serpiente pa grabar desde ahí.

Lo que se dio fue porque la providencia así lo quiso. No creo que Dios intervenga para estas cosas pequeñas e invertebradas...

El caso es que la araña era de las cobardicas, y no se lanzaba pa envolverla en el ovillo de telaraña, debía estar esperando a que la hormiga se agotase de dar voltinetas. ¡La energía que tiene un bicho tan pequeño!

Pero luego me puse a cenar y no sé que pasó. Pero qué reportero de documental no deja a los animales pa la manduca. Después de todo ellos tb se ganan la comida, igual que yo.

Lo último que puedo contar es que al día siguiente, o quizá dos después, al ir a a planchar la camisa a las 7 de la mañana dejé la plancha en el misma mesa donde tenía la botella, y no sé si le dio algún vapor o el calor se trasladó a la mesa, y el calor de la mesa contagió el aire, que yo cambiaba regularmente, todo sea dicho de paso, y esa elevación de las temperaturas acabó con la araña, como antes con los dinosaurios, que se quedó tan petrificada como todos sus huéspedes. Aunque para entonces puedo asegurar que ya no sobrevivía ninguno. Tampoco tengo la certeza de que llegará a hincarle el diente a una sola de las hormigas. Creo que la araña se abandonó al deterioro de las anoréxicas. Y decidió dejar lo de comer a los que quisieran seguir vivos.

Quizá tan solo se murió de vieja. Que no sé cuanto vive una araña común, o una tarántula, no sé qué capturé.

A fin de cuentas se parece a esa de la derecha, ahí abajo. Esta tiene pinta radioactiva. Como la que picó a Peter Parker. Debe ser que está labrando venganza por todas las encerradas en botellas.

Pa mi que la ha tomado con la bolsa.

Ahora, esta va a durar más.

No hay comentarios: