miércoles, 13 de mayo de 2009

Día D

Mientras los ultracuerpos
subidos a estrados,

recitan sermones.


Somos - Ismael Serrano



Lo más importante de la semana ocurre esta noche.

No hay sesión nocturna del debate sobre el estado de la nación, no. Lo del estado de la nación importa y mucho, la gente lo está viendo todos los días. Este país se cae a trozos, y empieza a cundir un miedo paralizante.

Ahora bien, lo del debate entre nuestros políticos interesa más bien poco. Lo único por ver que nuevas torpezas se les ocurren, pues son expertos en echar troncos a las ruedas en vez de carbón a la locomotora.

Después de todo nos hemos acostumbrado a que nos hablen de crisis aquellos que no la sufren. Ahí están sus salarios 5 estrellas Michelin y sus esfuerzos por hacerlos compatibles con profesiones liberales y bien pagadas.

En realidad los políticos juegan en otra división. En la que abunda por otro lado la falta de escrúpulos y vergüenza. Por eso son portada diaria de los periódicos con manifiestas irregularidades.

Pero es que si un político no comete desfalco a la hora de la muerte no podrá sino preguntarse ¿qué hice con mi vida?


La suerte que tenemos es saber ahora que no somos los únicos en padecerlos de este pelaje, pues se ha conocido como invierten primas extra los diputados británicos para enriquecer su segunda vivienda con vistas a venderla por un mejor precio.

Esto antes hubiera supuesto horca para todos. Barra libre de paredón. Ahora queda tan sólo en unas lánguidas disculpas del primer ministro que reconoce que podrían ser mejor persona además de, obviamente, mejores políticos.

Estos ingleses se las saben todas. Como demostración, ¿están o no dentro del euro?

Porque su moneda no vale nada. ¿Pero alguna vale?


Al menos es seguro que siguen pagando en la proporción que pagaban las cosas, no como nosotros, que pagamos un 60% más gracias a nuestros políticos.

Así que el debate sobre el estado de la nación sirve para muy pocas cosas. Solamente para una, en mi opinión. Para comparar la capacidad de permanecer sin orinar de nuestros presidentes del gobierno, que aguantan estoicamente, y bebiendo agua a sorbitos entre tontería y tontería durante 5 horas. Con un algo torero entre ellos. Contrarreloj arrancada, para vejiga la mía.

Así era Aznar, al que no se le movía el bigote y se tiraba la tarde entera sin echar aguas menores. Que aún me recuerdo jovial y juvenil aguantando tanto como él, como demostración de que con tantos años menos, no podía perder.

Ayer a Zapatero volví a empatarle al menos. Reconozco que me sorprendió más su capacidad para aplazar la visita al excusado que sus disculpas y soluciones a la crisis. Que llegué a preguntarme si no se habría hecho llevar una sonda bien disimulada en la caída del pantalón.

De cualquier forma esto es anecdótico. La crisis seguirá mañana exactamente igual.

Sin embargo esta noche juega el Athletic. Yo estoy a punto de ponerme la sudadera. Alguna fuerza podré hacer.

Después de todo, son 11 aldeanos en el centro del fútbol.


No lo saben, pero ¡qué feliz pueden hacerme!

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