sábado, 21 de abril de 2007
Calma chicha
Acabo de ver unas imagenes del desafío español que ha venido a llamarse así aunque parezca, para un profano de la materia, todo lo contrario a un desafío. De hecho hoy es la quinta vez de seis convocatorias en que las regatas se han tenido que suspender, pero no veas el buen ánimo y talante del equipo español y por extensión, supongo, de todos los demás. Allí recogiendo las cosas en los barcos son todo risas y gafas de marca. Que hay que volver a llevar el mástil al garaje, pues se lleva y santas pascuas; y luego ¿hacen unas aceitunas en plan aperitivo y una caña?
Porque, no es por nada, pero a esta gente se la ve la mar de relajada, casi tanto como la mar, como el viento de esta calma chicha que tiene el levante, que es uno el sentarse en la tumbona y empezar la modorra con las primeras horas de la tarde. Vaya gusto el calorcito en la mejilla, parece que a uno lo acariciaran. Así está toda esta gente tan morenita, no de salir al mar, dejémoslo para los pescadores, sino de tumbarse tras zampar una paellita rica, que es otra cosa de la que andan sobrados en Valencia.
Quizá por eso esto de la Copa América no sirva para nada más que para que extranjeros de yate y competición internacional puedan probar la rica gastronomía de la región y cómo no su dulce horchata. Que es muy veraniega y fresquita aunque atracarse con ella pasa factura. Yo puedo jurarlo pues aún recuerdo el día en que me tuve que volver a casa doblado por la cintura, sin poder ponerme del todo recto.
Es verdad que hablaban de que se iban a general miles de puestos de trabajo. Pero mis corresponsales en la ciudad no me han nombrado nada ni parecido. Igual habida cuenta del éxito no han hecho falta. De hecho, parece que aquello ha quedado apartado como si fuera para gente de otro planeta. Si no la ciudad, al menos sí los ciudadanos de a pie le dan la espalda. Aquellos que, como Rajoy, miran la cuenta a fines de mes, aunque por más tiempo.
Parece que ahora nos llueven las críticas internacionales. Es muy posible que alguien les convenciera, hace unos años, de que en Valencia tenemos vientos huracanados, dispuestos tanto a hacer volar velas como a levantar faldas. Y ahora esta gente de Lacoste y polo ceñido han descubierto que las faldas se levantarán solo con el esfuerzo de cada uno y sin necesidad del concurso de todo el equipo, y en cuanto a las velas no hay viento que pudiera apagar una sola.
Así que este invento internacional con tantísimos años de historia que algunos a los que el sol recalentó el cerebro comparan con los juegos olímpicos está resultando un "full de Estambul". Vamos que les está quedando la cosa bastante pobre. Si querían viento habrían hecho mejor en traerlo al Cantábrico que se encabrita mucho más y con más razón, hasta en verano el agua enfría.
Y no hablemos del interés que genera el evento. Ya nos pueden intentar vender la moto, pero encontramos poca emoción en observar barquitos. Ocurriría que uno miraría con más paciencia si existiera posibilidad alguna de ver a alguien arrojar la papa por la borda. Pero esta gente lleva dando paseos emperifollados y con los naúticos puestos desde que tenían 7 años. Es más fácil que les siente mal un cubata. Y ni así...
viernes, 20 de abril de 2007
Mantén limpio y paga
Se subordina la verdad al ingenioso guión de los creativos de Mercedes, que tal vez no sepan que Alonso es piloto de fórmula 1, y que es por eso que sale, con apariencia renovada, en el dichoso anuncio. Yo diría que la verdad que pretenden transmitirnos tiene los pies de barro. Que se desmonta bien fácil.
Al menos nos quedará aquel de Telefónica en que un tipo dice que hasta las 2 él es el de la leche. Y pudiera parecer que esta frase no va a ningún lado, pero es un hallazgo televisivo. A la vista está que los compañeros no se terminan de caer bien, aunque sean tan organizados, les falta tiempo para delatar los turnos del café y los azucarillos. Cada uno una cosa y a las claras para que no haya reproches. Y ese subalterno lo tiene claro, incluso parece reinvindicarse, hasta las 2 es y será el de la leche.

Encuentro en Llanes este cartel y hace que sobren las palabras. Primero te recomiendan los usos del buen ciudadano o ciudadano cívico para luego advertirte que llevar a cabo esas maneras ejemplares es exponerse a una multa de 300,51 euros. Menos mal que las vistas son tan bellas que nadie se detiene ante el cartelito, se entra a los acantilados para mirar el horizonte sin entretenerse en pormenores. Hacerlo sería lo mismo que hojear un libro de instrucciones bajo una lluvia de estrellas. Aunque también puede ser que estos asturianos, que son verde de prado, prefirieran pagar el dinero antes que ensuciar de basura lugares tan bellos.
Supongo que incongruencias como esta o similares provocan a la postre, allí en el lejano centro, que alguien como José Blanco llegue a cobrar, revelado por él sin pudor alguno, un sueldo cercano a 6000 euros mensuales. Y uno lo mira con aquellos ojos de topo deslumbrado, algo soñoliento aún y se dice si no tenía que ser éste el de la leche...
jueves, 19 de abril de 2007
Francotiradores
Anado
Dice un compañero que lo tienen merecido. Que estos americanos tienen merecido todo lo que les suceda porque dice, todos ellos son una carnada.
A mi lo de la carnada me hace mucha gracia porque es una palabro que no conocía, y este compañero que es realmente expresivo lo usa indistintamente para referirse a personas de cualquier sexo o condición.
Por supuesto no voy a saltar yo ahora a defender a los americanos que se vanaglorian de sus libertades, tan pocas, y sus asociaciones del rifle y las balas. Aunque está claro que cuando uno se pone ante un folio en blanco debe tener ojo con lo que dice, porque las palabras las lleva el viento justo donde habita el olvido, y las letras escritas permanecen para que alguien pueda volverlas de cara. Así que yo no diré que me alegro, sería estúpido en realidad, a no ser que la muerte a la que nos hemos acostumbrado tanto haya hecho una costra que nos mantiene tan al margen, como para que la foto de ese muerto reciente, sonrisa ante la cámara como tú en tu foto de carnet, nos parezca que no es real, que simplemente no existió nunca, o peor aún que existió para morir el día que lo hizo y nada más.
El suceso retrata una sociedad enferma. Y por si fuera poco malo que la gente pueda acceder a las armas, fabricadas para matar lo que sea, con la facilidad de quien compra en el supermercado. Aún es peor porque esa gente, usted, yo, podríamos perder los papeles. Pues para perderlos vale cualquiera. Y seremos mucho más peligrosos con una pistola entre las manos. Probablemente la única diferencia entre esos maníacos tan sorprendentes sea, que en la antesala de sorprender a familia, amigos y conocidos perdieron toda templanza. Se tomaron las cosas a la tremenda. Y para tremendos ellos, que cuidan con mimo las armas sobre una mesa de madera en un domingo cualquiera al caer la tarde.
En realidad para alguien armado es bien fácil llevar a cabo una auténtica masacre. Parece que este chaval que mató a 32 de sus compañeros y profesores tuvo la ocurrencia de sellar las puertas para que el sonido de las balas no hiciera huir a nadie. Si le esperan atrapados mucho mejor. Después de todo él no podría salir a buscarlos al jardín. Allí sería abatido por la policía antes de dar dos pasos. Muerte contra muerte.
Por eso este chaval, se llame como se llame, al empezar a disparar sabía que se estaba suicidando. Y cuando hay tan poco que perder, uno se vuelve peligrosísimo.
Claro que a la hora de morir el muchacho prefiere elegir la bala que lo mate. Está aterrado por si es tiroteado a traición, por si no ve llegar la bala lo va a matar. Por si no es él quien decide el cuando. Por si muere acribillado, reventado al dolor.
Es probable que este fenómeno de muerte se repita. Que en unos meses aparezca otro fulano, aburrido de vivir instalado en la injusticia por ser demasiado tonto, listo, incomprendido, alto o bajo, y decida que él podría hacerlo mejor. Él podrá causar más bajas, que es la medida del fracaso absoluto. Vestirá su mejor camuflaje y saldrá a la calle convencido de su valía:
que muera si desfallezco.
miércoles, 18 de abril de 2007
Expectativas
Nadie siente más que yo arrebatos punzantes de nostalgia, sucede a veces, por lo que pudo ser y no fue, por lo que era una expectativa, un abanico de posibilidades que el tiempo redujo a un puñado de recuerdos, prueba inequívoca de que se le pudo sacar mayor partido. Hoy recordaba que un día se escogió ese pueblo, Albuñol, antes de saber que estaba mal asfaltado y que no tenía casi nada de nada, por estar relativamente cerca de una estación de esquí.
Luego llegaron algunos años, y después una puerta que cerró a cal y canto. Ayer, hoy... Será de muchas formas, pero ya nunca será allí.
Se puede sentir nostalgia de la juventud cuando se es joven aún, y nostalgia de una sonrisa de alegría plena. De júbilo que bebe en una felicidad que es de verdad. Quizá esa alegría fuera lo más hermoso.
lunes, 16 de abril de 2007
Con nada que contar
Creo que la culpa la tiene la luminosidad de esta pantalla. Demasiado ordenador para un día tan bonito. A veces resulta cansino, como jugar al ajedrez contra Deep Blue. Mañana prometo salir a dar un paseo. Acercarme hasta la asesoría de mis nuevas amistades para ver que se cuentan. Les tengo dicho que tienen que hacerse la VISA oro porque es muy brillante. Y creo que por no oírme igual se la terminan haciendo ;).
Con lo cómodo que es llevar tarjeta para pagar las cosas y sin embargo algunos paisanos prefieren andar con perras en el bolsillo. Yo creo que es por no enfrentarse al cajero automático. Creen que se harán un lío con la pantalla y los botones.
El día que empieces a funcionar con ella te dirás cómo no lo hiciste antes.
domingo, 15 de abril de 2007
En abril
Se puede querer de muchas formas, desesperadamente y sin esperanza, como el dolor de un punzón enhebrando la carne, y se puede querer calmadamente, en la quietud de una tarde cualquiera al fresco, sin sillas vacías.
Lo esencial será saber si hay fin para el amor. Si esto acaba o empieza cada día. Y si uno quiere escapar... ¿encontrará el modo?
En la recompensa va la condena, me temo. En la felicidad, la tristeza.
sábado, 14 de abril de 2007
Secuestrante
Me separo del fuego porque no puedo dejar de mencionar que he debido equivocar el frasco de lentejas, pues las que me he traido, que son de las pardinas a tenor de la etiqueta, llevan una buena dosis de secuestrante: E-385. Y esto es un fallo gordo porque yo me tenía por un fan acérrimo de las de bote con antisecuestrante. Es decir que no es solo que no quiera que lleven secuestrante, sino que soy de los que quieren antisecuestrante para que cojan más sabor o que pierdan algo del que tienen.
Ya conté en su día mi "affaire" con las del bote de antisecuestrante, y aquellas me salieron tan ricas como las de Arguiñano. Lo malo es que he leído la etiqueta para llevarme el planchazo después de haber volcado bote y medio sobre la cazuela. Así que el E-385 se me ha juntado ya al agua y me veo incapaz del todo de lograr distinguirlo, a ojos vista, del resto de frescos ingredientes con que enriquezco el plato. Vamos que retirarlo a estas alturas es más difícil que encontrar pepitas de oro en el antiguo cauce del río Túria (que no perdiera una deportista haciendo footing). Y eso que para esta ocasión tuve la audacia de comprar al vacío un cacho grande de panceta, tres chorizos y una morcilla, ingredientes "arrejuntaos" para preparar fabada y no lentejas. Pero con la fabada no me atrevo (todavía).
Malo será que no tenga que tomarlas mañana como hacen los niños con los jarabes amargos, secuestrante infinito tenías que ser invisible; pinza en la nariz y todo para dentro. ¿Dije que llevan antioxidante? Si no me mata el uno lo hará el otro.
viernes, 13 de abril de 2007
Presuntos
El caso es que el hombre detalla no sé que agresión a una licenciada en derecho y ya lanzado ante los micrófonos dice aquello de "las presuntas personas que han atacado" y es que no hay nada seguro. No hay presuntos culpables todavía, ya llegarán, asegúremonos antes de que el ataque haya sido realizado por personas y no por animales o peor aún, por extraterrestres.
No nos confíemos, antepongamos un presunto a cada palabra. Será como caminar sobre las aguas. No nos vayamos a mojar.
valenciacf
Me quedó grabada la insistencia de hace años por anticipar la llegada de Valdano para entrenar al Valencia. El hombre, que es un mago de las palabras, les dijo por activa y pasiva que no, que ese equipo no era el suyo. Que el propio sería el resultante de un verano de fichajes y descartes, pero tanto insistieron que tuvo que tomar las riendas del equipo a mitad de temporada, y no recuerdo si lo hizo del todo o bien o mal. Ocurrió que tras el desgaste de ese fin de temporada llego el comienzo de la siguiente. Un par de derrotas y al argentino lo destituyen. Llevaban tres jornadas nada más, ni siquiera pudo contar con Romario... Tres jornadas del primer año de contrato. Demasiada paciencia para presidente y directivos. Había que cambiar aunque fuera una sangría económica, dinamita para la sensatez.
Entonces esta gente del fútbol, que hace las cosas de cualquier modo y le quedan de cualquier manera quedó definitivamente retratada. Son un especímen aparte. Dueños de un modo muy particular de equivocarse, nunca importa.
Por supuesto después ha habido tantos casos sencillamente espeluznantes que sería imposible intentar recordarlos todos. Ocurre como con las víctimas de una guerra, son sencillamente incontables, no se pueden saber a ciencia cierta. Probablemente el número de tropelías futbolísticas y el número de muertos cambian a cada minuto. Y de unos y de otros no hay responsables directos. Si los hay están en una nebulosa que no alcanza el sol. A salvo de ser vistos.
Pero la última merece una mención especial. En el Valencia son unos linces como ha quedado demostrado tantas veces. Ya en su día decidieron dar a Carboni la secretaría técnica y sería una buena idea si no tuviera que convivir en el club con el entrenador que lo jubiló cuando él se veía muy válido para jugar, y así se hartó de confesárselo a la prensa, aún en activo. Claro, poner de jefe a un subalterno para que tenga mando por encima de su antiguo jefe es una medida de gran inteligencia. Los resultados no se hicieron esperar, se dedican uno y otro a hacerse la vida imposible, y mientras tanto el presidente apaga fuegos. En realidad en el fondo da lo mismo. El Valencia le pertenece, puede hacer con él lo que le venga en gana. Pero ya digo que la última es aún mejor, de enmarcar. Ayala se hartó de pedir un nuevo contrato, Carboni que había sido su compañero se opuso (aunque él tuvo ficha hasta los 39 años) y el argentino terminó fichando por el Villarreal. Resentido y saliendo por la puerta de atrás de un club que ayudó a hace grande. Nadie va a descubrir a estas alturas Roberto Fabián Ayala; es rápido, seguro, un fiera con los codos y salta más que nadie. Pero a alguno le parece tan bueno ahora que ha decidido que es casi mejor no dejarle marchar. Ocurre sin embargo que Ayala tiene ya un contrato firmado, antes no, ahora sí, con el Villarreal. Pues nada, ¿cuál es su claúsula de rescisión? ¿6 millones de euros?, ¿1000 millones de los de antes? Parece asequible. Los pagamos y en paz.
O sea que el Valencia va a pagar esa pasta por un jugador que todavía entrena con el Valencia (lo iba a hacer hasta junio), que viste el mismo chandal que sus compañeros y que sigue usando su taquilla de siempre. Pudo renovarle antes pero ahora tendrán que pagar una cláusula que no tenía porque era propio y no de otro equipo, además de tenerle que mejorar lo que iba a cobrar en el Villarreal. Supongo que no le renovaban por tener 34 años ¿cuántos tendrá ahora? Si el fin justifica los medios, no importa cuáles se empleen. Cuáles son las paradas hasta el destino último.
Para el Villarreal un negocio redondo. Para Ayala un chiste del que se debe estar riendo todavía. Para el Valencia cosas del fútbol nada más. Para un soci de pipas y bufanda una vergüenza, y para un profano de este circo la demostración palpable de que en el fútbol no está todo inventado. Hagan lo que hagan conseguirán sorprendernos. Esta gente juega al Monopoly con billetes morados.
martes, 10 de abril de 2007
De clausura
Después como contraposición nos dieron otro documental, de monjas. Las cámaras traspasaban el umbral de un antiguo convento en el que viven rezando y haciendo labores de hostelería, no sé si en competencia desleal, a mí me da que sí, un puñado de monjitas de las que se escabullen ante la cámara y de las que revolotean todo el tiempo a su alrededor. Una doña les pedía kilo y medio de rosquillas o alguna otra exquisitez y tras cogerlas preguntaba, perdida la fuerza en la voz, ¿cuánto debo? Y del otro lado del torno un gorjeo en euros. Porque las monjas aún recluidas están al tanto de la vida y de lo que viene sucediendo.
Por eso uno se pregunta si una mañana alguna de ellas no se preguntará si es que acaso algo están haciendo mal, pues tanto rezo nos sirvió hasta hoy para bien poco. Aunque es bien cierto que no quiero ni pensar cómo serían las cosas sin ellos ¿verdad?
Al verlas uno valora la calma y la paciencia de esas vidas sosegadas y le parece que todas las vidas debieran tener un tiempo vivido de aquel modo. Nace la querencia de pasar una temporada como hacen ellas hasta que uno se da cuenta de que la vida de uno tiene bastante de espartano y de clausura.
Tanto que tras oír de sus salidas para el médico y otros quehaceres mundanos terminé pensando si estas monjas nuestras no se estarán relajando. Quedando la impresión de que antes estas cosas de un encierro se hacían con mayor rigor.
Lo más curioso de todo fue oír a una de las monjas decir que de los tres votos allí se cumple, textualmente, "sobre todo" el de pobreza. Joer que sorpresa cuando los otros dos son el de obediencia y el de castidad. Es seguro que estas mujeres piadosas cumplen a rajatabla el voto de pobreza, aunque no daba la impresión de que pasaran hambre. Pues quizá por la vida sedentaria que da ir de la celda a la capilla y de allí al comedor estaban todas más bien rellenitas. Vamos que sus hábitos daban para cubrir una mesa de billar holgadamente. O tal vez es que los dulces que preparaban día sí, día no, están tan ricos como parecen.
Llamativa resulta la confesión a media voz de una de ellas que al poco casi afirma que mérito el de los misioneros, "ellos sí...". Supo recular lo suficiente para no quedar en mal lugar ni dejar en mal lugar a sus correligionarias. Había algo de desencanto tal vez.
Echaban la vista atrás y recordaban como un mérito que colgar de la solapa el año en que entraron por aquella puerta. En 1965 apuntaba una. Aún antes aquella otra tan mayor y achacosa. Vamos que el pasado desde aquel muro es una cesta llena de años, revueltos unos con otros frente al recuerdo y el olvido.
Una joven sudaméricana contaba como le vino el arrebato vocacional. Y cómo dolió y duele haber dejado de ver a los suyos por dedicar su vida a Dios. Otra mayor, de anchas gafas de pasta, pasadas a todas luces de moda, relataba de un novio que había tenido y al que parece que dejó allá por los años 60. Supongo que para no saber nada más de él como no supo él nunca más de ella. Y no fue la única, parece que más de una tenía a gala contar, sin entrar en pormenores, sus andanzas románticas de años mozos e intempestivos.
¡Qué difícil acertar! Sustraerse a las decisiones que cambian la vida o a aquellas que pudieron cambiarla. Cuántas veces habrán imaginado una vida distinta de haber seguido algún otro camino. ¿Pudo ocurrir? ¿Pudo ser diferente a como fue al fin?
Y lo peor es que corrido el tiempo, con tantos años clausuradas tras la puerta de fríos cerrojos llega la tele, para mostrarlas aún a riesgo de que cualquier pimpollo de tres al cuarto, se diga que estas monjas se nos están relajando.
Al gris un trazo rojo lo maravilla.
jueves, 5 de abril de 2007
Tendrás que recordarlo
Cuento algunas novedades que atañen a mi vida. En los últimos tiempos he encontrado a dos chiquitas que tienen la deferencia de sacarme a pasear de cuando en cuando. Dos veces hemos salido de copas. Viven en la otra parte de un pueblo dividido en dos por un puentecillo. Pudiera parecer que no hay vida al otro lado, pero la hay. Apenas nos mezclamos con aquellos, pero están ahí, inmersos en la oscuridad y por lo que observé son y se comportan como una gran familia. Soy yo el forastero, el que llega de fuera, como Cristóbal Colón contando que encontró Tierra. Quizá todos estemos hechos de la misma pasta. Esa explicación bastaría.
Por otro lado. mañana madrugo para buscar en la estación de Santander a Sestea, que viene a verme para quedarse hasta el lunes. Ayer discutimos, parecíamos alejados hasta lo irreconciliable. Dos puntos alejándose del centro de un mapa. Pero entonces ella dijo que estas cosas las hace por amor. ¿Cuántos sacrificios merecen la pena?
El amor lo puede todo.
Valerón
Porque ocurre que nos pasamos la vida mirándonos el ombligo. Buscando entre los medallistas de lo que sea a los que son de nuestra bandera. Así hemos podido ver recientemente a Gema Mengual ponerse hasta arriba de medallas, y hemos creído que todas eran de oro, pero no. ¿Acaso quedó desierto el oro? No, lo ganaron otras, las rusas por ejemplo, pero nadie de los que se alojan en este país tecnicolor pudo ver sus coreografía, porque las teles no las dieron, nos recreamos en nuestra actuación que sin ser mala, no fue la mejor de todas. Y en el ideario popular quedará que Gema Mengual es junto con sus acólitas compañeras, desconocidas todas para el gran público, la mejor del mundo en el agua.
Por eso querría romper una lanza desde aquí en favor de Juan Carlos Valerón, que es un canario de plumas amarillas, cantor y liberado por el fútbol, porque fue uno de los mejores medios que pudimos encontrar en la verde pradera. Tan bueno como el mejor Zidane, que queda tan lejos.
A Valerón le ocurrió lo contrario. Recibió menos aplausos que los que su fútbol merecía. Y lo hizo todo en silencio, arrimado de mucho en mucho a un micrófono para desvelar su condición de dibujo animado con una voz aguda como de flauta.
Al Valerón futbolista, que se ha acabado, no le faltaba nada. Quizá haberse llamado "Vandenjongenban" para tenerlo todo.
martes, 3 de abril de 2007
Peter
No me llamo Anado Uni por nada. Aunque las últimas veces que tuve las agallas de desafiar el frío de la tarde para irme hasta la piscina sostuve una pugna realmente dura contra mis propias falanges de los pies. Sospecho que los deditos no están preparados para la potencia de mis brazadas y se rebelan dando la impresión de que unos montarán a otros como en una orgía submarina, pero es solo una impresión. Lo más que hacen es encogerse como si pudieran agarrar el agua, claro que no llegan a retraerse demasiado, lo suficiente para acalambrarme a mitad de largo.
De hecho he llegado a pensar en cambiarme el nombre de Anado por un más apropiado Aflote. Pero eso es otro cantar.
Yo preferiría llamarme Pieter Van den Hoogenband. ¡Qué nombre! Con ese nombre lo de menos son las marcas. ¡Qué más dará llegar el último de los peores si uno se llama así! Yo creo que a mi padre le falló la inspiración al escogerme un nombre en la pila batismal. Sería porque no caí dentro como Obélix en la marmita de poción mágica. De hecho creo que todo el mundo tendría que tener derecho a llamarse como quisiera. Yo me decido por Pieter Van den Hoogenband. ¿Verdad que impresiona?
En realidad si uno lo piensa el nombre de Peter es un nombre común y hasta anodino. Es el nombre de Spiderman cuando viste de paisano. Cuando no escala paredes ni recibe mamporros en la resolución de sus desventuras. Por eso lo grande de este nombre es el apellido.
Uno dice que se llama Peter y no recibe ni una mirada. Imagina a un niño en su pupitre en la inmensidad de una clase. Ahora bien, cuidado si a ese nombre lo acompaña ese apellido sonoro y rimbombante, que debe leerse algo así como:
"Vandenjongenbannnn"
tortículis en los compañeros por descubrir al héroe. De repente ha caído el traje de calle y se precipita el titán.
Algunos dirán que además este individuo, afortunado por poseer "El Nombre" es además un deportista excepcional, aunque aparentemente peor que ese americano, tan entrenado: Michael Phelps. 7 medallas de oro en la piscina. La diferencia está en que Phelps leído así, el nombre tal cuál no impone nada. Los americanos no han sabido llamar a sus ídolos con nombres bien escogidos. Les ocurre como con los presidentes... Nadará muy rápido pero nadie se giraría para buscar a Michael Phelps en la consulta del dentista. De hecho en Australia también lo hacen mejor. Le llaman a su esperanza, no ya para estos mundiales sino quizá para los próximos: Grant Jackett. Otro nombre estupendo. Porque si a uno le llaman Grant será porque es capaz de grandes cosas. Aunque fuera un hombre gris esperando en un paso de peatones. Aunque hasta hoy no las haya conseguido.
Puede ser que Michael Phelps nade mucho más que estas dos joyas fonéticas, pero tiene el nombre de uno de aquellos chicos que repartía el periódico en bicicleta lanzándolo contra las puertas. "Estás muy fuerte chaval, pero eres un poquito tonto".
Uno escucha: Pieter Van den Hoogenband e imagina cuanto menos un director de orquesta. Si yo oigo que compite alguien con ese nombre me sobran el resto de las calles.
lunes, 2 de abril de 2007
El número
Me cuenta que le dicen mucho que se parece a Penélope Cruz, a una Penélope de bolsillo apunto yo. Le piden el teléfono, le dicen: "¿Te vas a ir sin dármelo? Puede que nunca vuelva a verte."
Y ella les responde que sí, y marcha sin dar su número a nadie.
Yo le digo entonces que si no me hubiera conocido y fuera yo el que se lo pidiera, correría ella a escribirlo con sangre si hiciera falta. Ella ríe. Sabe que no soy de los que piden teléfonos. Y a mí me queda la pena de quererselo pedir, por ser ella, y no poderlo hacer,
por ser ella.
domingo, 1 de abril de 2007
Chao
Final de trayecto.
Próxima estación;
Avenida de la PAZ.
Manu Chao y el metro de Madrid.
jueves, 29 de marzo de 2007
Volver
Si yo fuera director de cine ponía una cámara fija sobre ella. Así durante 90 minutos. No sé si en Cannes, pero en los Oscar iba a arrasar. Esta mujer podría hacer que perdiéramos la cabeza.
No es extraño que Tom Cruise ya no encuentre consuelo ni en la Cienciología, abandonadito anda el pobre y bien lejos de poder acometer misión imposible alguna. A lo más revisa fotos antiguas.
Claro que para misión imposible mi ascenso hasta el penúltimo escalón de una escalera de pintores. Venciendo el vértigo para cambiar una bombilla fundida. ¡Qué techos tan altos! Juro que creí que no sería capaz.
Mañana o pasado lo detallo más.
domingo, 25 de marzo de 2007
Domingo de vuelta
Llego de Valencia tras unas Fallas moviditas. Olvidando quién era yo para salir incluso hasta las 7 de la mañana. Han sido días intensos, vividos en en centro de un torbellino. He aquí la conclusión definitiva de que el tiempo no se mide siempre de igual modo. Estos 10 últimos días parecen hoy un transcurso de varios meses. El pasado muy pasado, el presente de mentira.
Hoy me levanté a las 5:25 para llegar a Santander vía Madrid. Llevo la tarde echado recuperando el sueño ausente de anoche. Voy a pegarme una ducha y voy a prender la tele como quién prende la luz (para mirar).
Hablaría de la selección española que es peor sin duda a Dinamarca y que quizá demostró ya a las claras que siempre ha estado supervalorada. Al menos ahora nos queda la ilusión de que Aragonés recuperó la cordura para al menos saber juntar a unos cuantos que suelen jugar juntos. Tal vez así, reproduciendo los automatismos de cada entreno en su club logren hilvanar algo que parezca fútbol.
Hablaría largo también de los jueces que deciden que no es necesaria la participación de la Fiscalía para emitir sentencias de culpabilidad. Aunque contravengan la ley. Lo hacen a las cámaras, a la prensa porque ellos querían hacer su trabajo, pero no les dejaron. Importa poco que hubiera otros medios de hacer constar su descontento por no poder enjuiciar, que en este caso es condenar.
Uno observa perplejo estos manejos y se pregunta si estos son los mismos que tuvieron que prepararse tanto para sacar la oposición. O quizá esos otros ya no existen, ahora son solo unos niños peleando con otros niños porque las cosas no salieron como tenían que ser. Después de todo el crédito pérdido se olvidará porque no hay casi memoria para nada.
Hace poco leía que los senadores del PP que son como los de cualquier otro grupo parlamentario estuvieron dando pataletas e interrumpiendo con descalificaciones e insultos al presidente del gobierno. Esto que suele ser algo reprobable pero habitual en esos lugares no hubiera pasado a mayores si no hubieran ido a verlo un grupo de estudiantes y sus docentes. Los primeros quedaron absolutamente alucinados, los segundos tan abochornados que no supieron qué decir. Nada más elevaron una queja al presidente del Senado, y tomaron nota, supongo, de que hay determinadas excursiones que conviene no hacer. Por ejemplo a las gradas de una reyerta entre corbatas.
En verdad escribiría hoy por todos los días en que no he podido hacerlo. Pero estoy cansado. Esta chusma podrá esperar a otro día (si hay ganas).
Yo creo que mañana hablo mejor de la elasticidad que tengo. Me doblo por la mitad y el suelo me queda muy lejos. Soy como un tablón de madera (sospecho que algo apolillado).
martes, 13 de marzo de 2007
Y Javier destrozaba la hoguera
Joaquín Sabina.
Llevo 60 euros en carbayones. Como para que no gusten :D.
Se me ha ido haciendo tarde y no tengo hecha la maleta. Luego veré que echo dentro. El primero de hacer y el segundo de echar. Voy a ir cargado como una mula.
Tengo el armario abarrotado. Y los ropajes de las rebajas son todos distintos. Yo no hago como Botines que creo que se compra todos los trajes caros e iguales.
Hoy tengo la ilusión de un niño. Como si fuera un crío al que hicieran fallero mayor infantil tras desearlo muchos años. Sólo que él será el centro de la fiesta y vivirá unos días inolvidables y yo seré un mosquito perdido en una ciudad inmensa repleta de gente con ganas de oír petardos. Por eso voy, porque un poco petardo si soy.
A ver si mis padres me sacan de paseo un sábado de estos. Igual puedo sentarme con mi padre a comprobar lo bien que se sintoniza la sexta junto a Mestalla y nos visionamos juntos un partido de liga.
Luego también tengo que salir a patearme la ciudad entera. Colapsadita la quiero de carteristas, repletita de vendedores ambulantes a los que la SGAE les importe tan poco como a mí. Quiero pararme delante de los mimos más listos, los que se quedan parados pero sentaditos para no cansarse, quedarme embobado delante de las casetas de churros y buñuelos.
Llevo algún tiempo detrás de este viaje. Prometo no saltar ninguna hoguera. A lo más paso cerca y se me llena la ropa de olor a humo.
Nota mental: Javi, no olvides las gafas de sol.
lunes, 12 de marzo de 2007
Patizambos
También es verdad que sus hijos han heredado las misman piernas (en tamaño reducido). Supongo que como a él se les irán reparando con el curso de los años.
Yo creía que era patizambo pero soy otra cosa. Tengo las piernas dobladas, lo mismo que Rivaldo. Se acuerdan cuando se ponía a mirar hacia la portería al lanzar una falta, con aquella cara de hambre, con los brazos en jarra, ojos desorbitados y piernas torcidísimas. Uno lo veía de espaldas y pensaba que con aquellos apéndices tan mal puestos lo mismo la sacaba del estadio, pero no, donde ponía el ojo, algo estrábico, ponía la bola. Unas veces en las redes y otras en los palos, que quedaban vibrando hasta que se los comía a besos el portero (bajo el arco). Para mí que el tal Rivaldo se quitaba años, o quizá es de esos que ha parecido un viejo toda la vida, capaz de meter al Barça en la Champions de chilena y parecer al instante un veteranazo a punto de desmoronar sus huesos. Pero eso es harina de otro costal. Este párrafo deja nada más que no soy patizambo, mis piernas son lo opuesto a ser patizambo, acaso sean otra cosa.
Soy como Raúl, al que quien ya me conoce gusto de poner a parir de cuando en cuando, yo creo que con frecuencia regular. Tiene las patas deshechas el muchacho. Por eso corre tan mal. Que uno lo ve correr y se alegra más de los goles que marca. Como para perdonarle que corra así (pobrecito). Yo que tengo las piernas lo mismito que él creo que he dado con la tecla y cuando corro, cosa que raramente ocurre, lo hago como si las tuviera perfectamente rectas. Quizá ocurre que se me tuercen solamente cuando camino y cuando me quedo parado, de pies juntos.
Por supuesto los que son como yo, los que no son patizambos porque son otra cosa, aunque no sepamos exactamente qué procuramos no juntar los pies nunca. Para disimular que tenemos las piernas dobladas. Con las rodillas en arco, vamos que lo nuestro es mear entre paréntesis. Ese detalle que puede llegar a pasar inadvertido nos hace, no obstante más amigables, con lo que es más fácil empatizar con nosotros (en todo menos en tener las patas dobladas). Caemos muy bien así de primeras y la gente no sabe que es porque tenemos las piernas en rombo.
Que se lo digan a Raúl, sino de qué iba a tener el contrato que tiene.
Yo he pensado, ahora que empiezo a ahorrar algunos duros, apuntarme a eso de la Corporación Dermoestética. Sobre todo porque va pasando el tiempo y no veo que éstas se me vuelvan rectas para nada. A ver si me hacen una escayola recta para meter las patucas. No me asusta lo más mínimo que para que entren deban empujar demasiado, hasta casi el punto de rotura. Sé de buena tinta que esa gente profesional gastan unas anestesias de primera. Y si no que me pasen por el quirófano. Si tienen que abrir para rehacer el hueso ellos sabrán. Tengo una fe ciega en la ciencia. A mí es que esos batines blancos me dejan anonadado. Sobretodo después de ver que fueron capaces de meter a Maradona de nuevo en una talla 40.
Lo que llevo peor es que creí que era patizambo y no es verdad. No tengo ni idea acerca de quién soy.
domingo, 11 de marzo de 2007
Tres años después
Con el Partido Popular ha venido a ocurrir lo nunca visto. Tenía oposición cerrada cuando estaba en el gobierno de la nación y la ha conservado, a cal y canto, en la oposición. No sería raro que algún parlamentario de los que vocean y patalean tan a menudo le diera, inspiración mediante, por escribir un libro que llevara por título: "La soledad del político" y tal vez entonces ese sentimiento, borbotón nacido en el aislamiento y en el eco fuera del todo cierto. Parece mentira, es verdad pero en este país la oposición no la tiene el gobierno sino el Partido Popular que tiene a todos los demás, extraordinario espectro político en contra. No ha de resultar tan raro, después de todo ¿quién de ustedes se tomaría un café con Angel Acebes?
Es curioso observar lo mal que encajó la derrota que le infligieron, no las urnas, las pobres bastante tienen con pasar de vacío el año entero hasta que las desempolvan por elecciones, sino los ciudadanos, hartos de estar hartos, como dice Sabina, de tanto político y de tanta mentira.
Decía José María García que Rajoy tiene una cosa muy buena y una cosa fatal, la buena: que allá por donde va pasa sin manchar; la mala: que no limpia. Y no resulta tan difícil de creer ¿verdad?
Hoy se cumplen tres años de la muerte de 192 inocentes en los trenes de Madrid. Y la verdad misma que no podrán tapar por mucho que insistan por la tele es que las ansias de figurar, el impetú de no quedar al margen de la historia, de no ser de los que quedan relegados al rincón hizo de Aznar un personaje muy peligroso, lo enfrascó en la invasión militar de un país que era soberano, y lo hizo subordinado al mayor zoquete que se pusiera nunca un sombrero de cow-boy. Puso en el mapa a España para que los radicales que dan su vida por lo que creen nos hicieran en suelo patrio el mayor atentado terrorista que se dio nunca en Europa. Y lo hicieron cuando mayor daño podían hacer a Jose María Aznar. Nunca antes un partido político con mayoría absoluta había pasado directamente a la oposición.
Canta Ismael Serrano, aunque lo hace para hablar del amor, que no sabe si hubo un antes, pero que lo que es seguro es que hubo un después. Hubo un después de el 11M. Ese día saltaron por los aires muchas vidas y algo más.
Se benefició Zapatero de un resultado condicionado sin duda, y resultó que es políticamente hablando, brazo arriba, brazo abajo, lo mismo que las siglas ZP. Una medianía absoluta.
Hoy claman los ciudadanos de bien porque el terrorista De Juana se beneficiará de estar preso en su casa. Quizá hubiera sido mejor dejarlo morir de hambre. Muchos lo piensan aunque yo no estoy de acuerdo. Sin embargo la cuestión es compleja. ¿Y si otros delincuentes inician también una huelga de hambre para abandonar la cárcel? ¿Ha sido éste un chantaje al Estado? ¿Tuvo algo que ver que este señor hubiera cumplido la pena impuesta por sus delitos de sangre? ¿Fue aquella pena insuficiente? ¿Podía este hombre volver a pisar la calle tras asesinar a 23 personas? Y si cumpliera la pena impuesta por amenazas desde la cárcel, ¿qué ocurrirá?
Yo me considero un ignorante absoluto. Y más ahora que apenas leo como marcha el país. Hay quien afirma que esta medida ha sido una cesión a ETA. No lo creo, no ha sido ETA una banda que tuviera demasiado presente las piezas caídas. En cualquier caso, si así fuera, si se acabaran los muertos por terrorismo yo daría por bien empleado que este señor se pudiera desplazar por el pasillo de su casa sin poder salir siquiera a pedir sal y pimienta, que tampoco habría quien le abriera la puerta.
En la vida el pasado es un bagaje del que no logra uno desprenderse. A veces es un paracaídas que salva, a veces un parapente para volar a otro lado y a veces una maleta demasiado pesada. Uno quiere correr pero apenas logra moverse del sitio. Solamente le alcanza para cansarse y para maldecir la vida que tiene, es verdad, puede decirlo porque resulta del todo cierto al menos para él. Dijo Pedro Salinas aquello de "esta vida columpiándose no es vida, dulce es retraso de un morir que no perdona".
Pero maldito presente; no es dulce.
viernes, 9 de marzo de 2007
Carbayones
Bueno, es viernes 9. Lo es todo el día. Mañana sábado y el miércoles 14 marcho surcando los cielos de esta España que no termina de desmembrarse, ni falta que le hace, ni creo que lo haga, hasta Valencia que es una ciudad intentando olvidar la tristeza. Aterrizo en la noche para ir a cenar por ahí (ya está programado el sitio). Me quedo un buen puñado de días, y esta vez tengo la firme intención de sacudir al anciano en que me he convertido para salir de fiesta hasta que el cuerpo aguante, es decir tá la una, sumo :).
Digo yo que tendré que patear esa ciudad para ver todos los monigotes. Que tendré que ir a las Mascletás para ver si siguen sonando como recuerdo, dejando lo mejor para el final, trepidantes. Que tendré que desafiar la cintura peonza que toy echando con unos buñuelos bañados en chocolate; enemistado tengo al cinto conmigo, ya no hay pantalón que me caiga...
Los amigos del Pere han fijado una cena para el viernes 16. Creo que nos vamos a juntar casi todos. Las uvas vuelven al racimo. Sospecho que va a ser cojonudo, con perdón.
miércoles, 7 de marzo de 2007
Vivir
La radio estuvo poniéndolo por las nubes. Suele pasar con los que no están. Con los que nos dejan. A mí Jose Luis Coll no me hacía demasiada gracia. Al contrario, no me gustaba su forma de contar las cosas, tan serio como un empleado de tanatorio y a la vez tan convencido de estar contando algo que es desternillante o que el hace desternillante, precisamente por la forma de contarlo.
De hecho su célebre gag de la jarra de agua no me pareció gracioso y si algo repetitivo. De hecho en uno de los pases que hicieron y que está colgado de la web de "El Mundo" no pude dejar de mirar el brillo que la baba daba a la barbilla de Coll mientras él repetía aquello de la posición vertical...
Ayer murió también un cliente de 29 años. No venía mucho por la oficina y yo no lo traté apenas. Pero su edad nos conmovió a todos. Tenía una bebita de unos meses...
Da que pensar.
lunes, 5 de marzo de 2007
α 159
¿El corazón siempre tiene razón?
domingo, 4 de marzo de 2007
Tantas, tantas cosas
Camino por la casa como un vaquero de película y al entrar en una habitación tendría que decir aquello de que "las cosas van a cambiar, pequeño", pero no hay bar con las puertas de madera, cuando una va la otra vuelve, solamente hay uno que es como yo y que se pasea invadiendo la soledad de mi casa con su propia soledad.
Conste que la solución es bien fácil, tan obvia que no merece la pena ni mencionarla. Ayer mismo un cliente con el que me llevo fenomenalmente bien y que aprovecha para echarme flores además, ante mi regocijo y ante el resto de los clientes regocijados en la alegría de un ambiente distendido me dijo, al tiempo que me ponía bajo la axila un calendario con la foto de los ganadores de la liga de gaitas, que me quería ver sin falta en el concierto de los Ronaldos de anoche, que se juntaron porque agua pasada no mueve molino, supongo. Hubiera podido ir, pero preferí no moverme del sitio. Acompañar la tarde y la noche con mi propia tarde, con mi propia noche.
Y se me está yendo el domingo actualizando Menuts del Món, entretenido en la música. A punto de poner una lavadora y desgraciadamente sin siquiera haberme acercado a un libro.
Tengo un montón de ellos de García Márquez. Es lo que tiene que haya una colección sobre su obra en exclusiva.
sábado, 3 de marzo de 2007
32
De ayer a hoy transcurrió un día. En apariencia soy el mismo de ayer.
Es verdad que los años se precipitan cada vez con más rapidez. Yo tengo la sensación de haber perdido el tiempo de forma que el que fue aprovechado, un poco nada más, no me habría hecho, todo junto, día tras día, mayor de edad.
Pero aún es peor si uno se detiene a mirar los momentos que fueron realmente mágicos. Lo que es más allá que inolvidable, trascendente. Entonces todo aquel tiempo quizá no compusiera siquiera un largometraje americano.
A veces recupero canciones del pasado y es entonces cuando uno se da cuenta de que el reloj es enemigo inexorable. Que no se detiene ante nada.
Canta Pedro Guerra aquello de:
"Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.
Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.
Pasa, entra
no importa lo que fue porque será
lo que será y alguna forma encontrarás
para pasar por esa puerta."
Y quizá eso sea lo más importante. Vivir de puertas abiertas y en positivo. Claro que a veces habrá que hacer de tripas corazón, y algunas veces del corazón, tripas. Pero nunca será nada que no se pueda sobrellevar.
Hoy cumplo los 32 que dice que tengo mi carnet de identidad para el que quiera hacer la resta bien. Yo fui más de Larry Bird que llevaba el 33 a la espalda y poco de Magic Johnson que lucía el 32 hasta que enfermó y no le dejaron seguir jugando. Pero los 33 me quedan tan lejos...
Pero yo tengo un truco. Cada año desde hace algunos adelanto mi nacimiento. Lo bien que le habría ido esto a Liz Taylor. Ahora tengo 23 recién cumplidos, los de Michael Jordan.
Pobrecita mi melliza. Ella no sabe el truco y los está cumpliendo todos.
miércoles, 28 de febrero de 2007
Sirinoque
Y bailan, y bailan,
todo el día bailan
y nunca paran,
nunca descansan.
Luego se acarician,
llenos de caricias
y nunca paran,
nunca descansan.
Y se sienten tiernos,
todo el día tiernos
y nunca paran,
nunca descansan.
Música que suena
como un golpe en el cerebro,
que nunca nunca para,
nunca, nunca descansa
y bailan, y bailan,
y sigan bailando,
que este sirinoque
se está terminando.
Música que suena
como un golpe en el cerebro
que nunca, nunca para,
nunca, nunca, descansa…
Raíz - 1999. Pedro Guerra
martes, 27 de febrero de 2007
El divorcio
EL DIVORCIO
El divorcio es una forma indiscutible de fracaso. El que se divorcia fracasa. Fracasa en el matrimonio que no salió bien. El divorcio es una forma de hacer público que el enlace no era idóneo, o al menos, que la paciencia de aguantar al otro se acabó. Donjuno se divorció, por muchas razones, aunque a nosotros, los que lo rodeamos, sólo no llegaron algunas. Un buen matrimonio es un filtro muy fino, donde poco o nada se sabe, los problemas surgen y se solucionan a veces, pero quedan dentro, se tratan con discreción.
A Donjuno se le quitaron las ganas de casarse cuando dijo el sí o poco después. Hasta ese momento, había vivido cada etapa lógica de la soltería, el noviazgo corto o largo según con quien, nunca demasiado tiempo hasta que conoció a Maná, con ella se le vio feliz y perpetuó ese estado de amor largamente, justo hasta que dio el sí o algo después. Con Maná estuvo saliendo varios años, y dejó de lado sus conquistas para centrarse en ella como un sacrificio irremediable por amor. Y es que Donjuno tenía un éxito considerable con el sexo femenino, sabia jugar a ese difícil juego que es conseguir enamorar, porque unía a sus hábiles estrategias, la paciencia y el atractivo que nosotros, los demás le envidiamos. Pero la ilusión se le evaporó cuando se vio casado ante tanta gente, cuando comprobó en los rostros felices del resto que por comparación él se sentía indiferente. Miró aquellas faces abotonadas hasta el cuello, aquellos vestidos largos que sonreían, y aquellos ojos que centelleaban lagrimosos de emoción. Y cayó en la cuenta de su estado recién estrenado al mirar el rostro de una de aquellas que había sido su novia. Y miró a sus amigas y a las desconocidas que habían sido invitadas por su, ya esposa, y sintió que se merecía un rato con ellas. Que les debía una oportunidad, que se la debía a si mismo. Donjuno quiso ser soltero cuando se casó, cuando más feliz estaba su Maná, su familia y amigos. Y aquel día se le sobrevino un humor de mil diablos, que todos disculpamos con razones equivocadas.
27 de Febrero del 2000
Pe y la caja de los vientos
Ayer estuve viendo sus fotos en la la fiesta posterior a los galardones y aún me pregunto porque esta mujer se recogió el pelo. La verdad es que como dice Pedro Almodovar el 80 por cien de los heterosexuales de Los Angeles deben estar tras su escote. Yo creo que más bien el 80% de los heterosexuales de cualquier lugar. Y me gustaría saber qué 20% heterosexual no lo está.
¿Alguien la vio eructando en el anuncio de Coca-Cola? No es de extrañar que tras la carilla que pone, de mordisco, vaya el país yankee, enloquecido enterito, tras sus pasos (¿dije curvas?).
Claro que en la gala se recogió el pelo ¿cómo nos hiciste tal cosa? y llámame loco pero puestos a escoger, dos bellísimas gotas de rocío de la mañana, -hazme un nuevo posado para la foto- loco de mí que me hubiera quedado con su hermana
(a solas).
De mucho en mucho recibo algunos mensajes bastante raros en mi teléfono móvil. De torres, Pandoras y princesas.
Creo que alguien encontró la tarifa a coste cero para mensajes y la prueba conmigo. O tal vez sea que todos los vientos que encerraba Pandora en su caja le van faltando al dueño o dueña. Ahora le dan un móvil a cualquiera.
Hoy contesté uno.
domingo, 25 de febrero de 2007
El coronel no tiene quien le escriba
El coronel no tiene quien le escriba - Gabriel García Márquez
Hoy lo leí :).
PageRank
Este weblog ha bajado un punto en el PageRank que es el ranking de importancia de Google para ordenar las páginas. Este depende en exclusiva de la cantidad de webs que te enlazan. Es decir, desde hace un tiempo algunos han decidido que ya no quieren llegar hasta mí desde sus propias webs. Y Google ha tomado buena nota.
Yo, la verdad, es que no tenía puntos para regalar. Mi ranking era 4, que está bastante bien para ser un weblog perdido en un rincón. Ahora es 3, y ve tú a saber si no estoy en el descenso hacia el infierno, como las acciones de Terra en bolsa cuando se desinfló la burbuja de Internet. La verdad es que no importa demasiado (aquello de Terra importó, sobre todo a algunos).
Vengo de darme un paseo por el Blog de Bosco. Parecía que no se lanzaría y sin embargo lo ha cogido con ganas. Me parece que escribe todos los días.
En algún párrafo encuentro similitudes entre nosotros. Aunque creo que en el fondo ocurre que él y yo podemos resultar entrañables.
Dos personas, entrañables a ratos, se parecen un poco.
Alvarado o el notable
Así estoy yo.
ALVARADO O EL NOTABLE
Alvarado era un hombre de entrecejo poblado, y cara amarga. Tenía la mirada aviesa. Y las intenciones torcidas.
Menos amigas que amigos, menos amigos que dedos en la mano. Mala leche por las mañanas en cafés solitarios. Cogiendo la taza, se le metía la uña dentro del líquido. Madrugador innato, diríase que antes del café no dormía sino que reposaba, con gesto de amargor en el rostro y los ojos entreabiertos. Su cama es una marabunta de sábanas terrosas. Y allí juega a perder los calcetines que quedan con él dentro de la cama. Duerme con calzones largos hasta las rodillas, que le provocan incómodos escozores. Sobre todo cuando camina. Vive en un primero sin ascensor. Sube los escalones con las alpargatas y los calcetines.
Alvarado tiene 47 años y mira en los contenedores. Arroja las manazas dentro y las saca acartonadas. No parece que tenga esos años, sino muchos más. Se queda mirando los culos femeninos que caminan por la calle. Los mira mientras entierra las manos en las bolsas de basura. También los mira al reposar apoyado contra un edificio de tu ciudad. Se le despiertan apetitos varios. Algunos más difíciles de satisfacer que otros. ¿Es lascivo, el bueno? Se tiene a sí mismo.
Al tendero de la esquina lo conoce desde hace años. A Alvarado le fía, y también le dice, aunque de vez en cuando: Joder Alvarado, con ese nombre tenías que ser marqués por lo menos, y a continuación se echa una carcajada larga, felicitándose de su ingenio o memoria, quien sabe. Alvarado sonríe relajando su amargura. Y le pide un palillo para hurgarse entre los dientes. A Alvarado le gusta la sopa de fideos, eso sí, cargada de garbanzos y patata. Comiendo se rasca el cuello, que calor más asqueroso que hace, pero el tendero está con las uñas descarnadas de meterlas en la pila de agua helada que mana gratis del grifo y no le hace caso, Alvarado se rasca la cabeza, la epidermis irritada bajo el cabello.
Por la tarde se echa en el césped del parque y mira como viene el sueño al asalto de su conciencia. También mira las gafas del ejecutivo que pausado cruza el semáforo. Mira su corbata de Armani, aunque Alvarado no sabe si es o no de Armani, pero sabe que tiene que ser buena. Y los zapatos brillantes, impecables los mira levantando la cabeza de los brazos. Ese mamoncete tiene que ganar una pasta. Seguro que tiene un cochazo. Y seguro que viaja lejos.
Alvarado se despierta cuando el sol ha pedido permiso para ausentarse. De hecho cuando se está yendo, en el obligado trámite de batirse en retirada. El día se vuelve naranja. Alvarado cambia su posición para quedar mirando hacia el cielo. Gira la cara y ve el sol que al huir se refleja en el espejo de ventanas que es un edificio. Despierta la cara con marcas de haber apoyado su peso sobre su brazo que es la almohada que no tiene. La camiseta estaba arrugada y sucia y ahora también mojada, pues su boca en el sueño era una fuente de baba, un riachuelo húmedo y somnoliento. Se la alisa con la mano izquierda que se le humidifica. Busca el lugar que es propicio, y se sienta en el suelo cerca de donde se celebra la misa. Agudiza su oído y escucha a los feligreses cantar como uno. Prepara su caja de puros vacía para que den unos donativos. Es un canje extraordinario, a él el dinero le facilita la vida y sus vicios, y él si no consigue el cielo para sus benefactores, al menos sí logra que se vayan al calor de su hogar con un corazón enorme dentro de sus palpitantes pechos.
Alvarado no tiene casi nada. Sus proyectos, que por supuesto los tuvo, pues son pasatiempo barato de mentes inquietas, se difuminaron como imposibles. Dándole la espalda o pasando de largo. Los éxitos son siempre un accidente temporal. Él vivió algunos pero siempre le parecieron relativos y de poco valor. Y tan poco repetidos que se acostumbró a pasar sin ellos, como se acostumbró a sobrevivir con un mínimo que cada día era más escaso. Su vida era lamentable y se lo reconoció a sí mismo como una bofetada, como la verdad escondida repentinamente revelada, hace ya algún tiempo. Ese día lloró más de lo que había llorado nunca. Porque hasta que repitió en voz alta, pero solo para sus oídos, tu vida es miserable, no reparó en que tanto tiempo por vivir consumido significa que no hay un retorno a mejor. Que su vida está marcada por el estigma del fracaso irrevocable, que no es posible que ni él ni nadie cambie eso. En su casa miró su rostro en el espejo y vio que bajo esa nariz doblada, esas ojeras, ese gesto amargo, había un fondo que se evidenciaba en sus ojos. Angustia. E hizo de su rostro la virtud, apagando las llamas de su mirada por una paz que sólo conoce quien se acepta a sí mismo.
Y en el fracaso con mayúsculas se adentró como el valiente nadador se mete en aguas remotas, convencido de haber sufragado empresas más grandes. Era el fracaso que se asoma a la calle con manías persecutorias, el autista vocacional, que pasa silencioso levantando la barbilla desde la miseria hasta el cielo.
Contrató con una aseguradora un buen caudal de dinero que costease su encierro en la otra vida, esto es en la muerte, que es más callada que él y también más miserable. Se puso a pagara religiosamente unas cantidades mensuales, y ayunó algunas noches de algunos días.
Alvarado vuelve a la casa y se tira sobre la cama y se vuelve a quedar dormido. Y en el sueño viaja por las nubes donde mira el mundo y el interior de las personas. Así va condenando a unos y elogiando a otros. Y en plena condena, aparece en un lavabo inmaculado como de un anuncio, más metros al cuadrado. Y mira el espejo y se ve pero con otro rostro, pero se reconoce por el fondo de los ojos. Que ahora son más juntos y potencian su impresión de insistencia. Él mira sus pupilas en el sueño dormido, y físicamente en su camastro se le menean los ojos en sus cuencas. Y de súbito, el brazo le desaparece en un aullido resignado. Le duele el brazo que le falta y que el espejo le arrebata. Y en el pecho le crece una inyección de adrenalina que le obliga a separar los ojos de su cara distinta de los ojos juntos, suyos que desde el otro lado aún lo miran. Los baldosines vibran. Sus manos agarran tela y la comprimen, unos momentos. Luego queda exánime y en paz.
Alvarado muerto fue encontrado por sus emanaciones de muerto delatoras. El tendero se lo explica, hacía días que no le veía, algo de esto ya me figuraba yo. Su cuerpo es retirado por la funeraria, que con gesto amargo, tiene que enterrar al indigente como a un señor. Alvarado es encerrado en pino e introducido en el mejor coche que lo portó jamás.
21 de Julio del 2000
La hora de los valientes
LA HORA DE LOS VALIENTES
Me preparé bien, estudié todo lo que tenía que estudiar que no fue poco, y saqué la plaza. Cómo lo celebré, era mi triunfo, yo que aprendí que no hay ascenso sin caída. Elegí estudiar medicina porque era esa mi vocación más temprana y porque mi brillante expediente académico me permitió entrar en la facultad sin mirar atrás, ni siquiera hacia los lados. De padre eminente médico, de madre enfermera retirada por esos otros quehaceres del hogar no sin importancia, que tampoco era necesario que ella siguiera trabajando, el sueldo de mi padre daba para mantenernos a nosotros tres sobradamente.
Gocé los lujos de nuestra posición, y entendí que esperaban de mi y esperaba yo mismo a cambio. Habría de crear una familia algún día, darles lo que yo recibí. Seguir yendo a la nieve con la misma frecuencia, visitar las ciudades con más encanto, comer en los mejores restaurantes. Para eso me preparé concienzudamente, lo que no significa que me fuera fácil, y sentí el desaliento de los fracasos, más dolorosos por lo escasos e incomprensibles para mi alrededor. Daban por descontado un talento natural, una facilidad, que no negué, desde luego, cuando aprobado el MIR, era abrazado por un padre orgulloso de que él me hubiera convertido en un hombre de verdad. Después comencé a trabajar en un hospital, recibiendo un trato exquisito, dispensándolo yo también a esos amigos de mi padre que me habían visto crecer, casi desde tan antiguo como él.
Me había convertido en un cirujano, tengo novia formal, por aquel entonces, descontábamos el tiempo para casarnos de la forma más fastuosa que nos fuera posible. Mi madre la adora.
Era lunes, un lunes de mis comienzos y finales, aunque eso yo no lo supiera, ni siquiera cuando vi entrar a aquella joven moderadamente atractiva. La recibí con mi mejor sonrisa, una sonrisa diplomática y fácil de articular sea cual sea la circunstancia. No, lo siento, ahora tengo prisa. Sólo será un momento, no sabe usted lo que me ha costado venir, no sabe cuánto odio los hospitales. Si es que ya me iba, he terminado y me están esperando. Venga, hágame el favor.
Accedí parando mi carrera. Dígame.
Supongo que no es nada, pero desde hace algún tiempo me duele la cadera.
¿Se ha dado algún golpe?, pregunté a la vez que iniciaba de nuevo mi marcha.
No, es diferente, se paró y en un ruego sin apenas entonación, me puede ayudar.
Y aquella sola frase me sonó de una gravedad profunda, áspera. Deje de sonreír y la miré a los ojos, unos ojos castaños claros. Por supuesto, siento haberle parecido descortés, pero cuando por fin acabo no me voy, huyo. Volví a sonreír. Pida hora para unas placas y veremos que hay. Pero por favor, no se preocupe, será una tontería.
Gracias, se lo agradezco mucho.
Unos días después, me subieron las placas y las saqué del sobre para examinarlas. De un golpe de vista me estremecí. Aquella mujer, la del otro día en los pasillos, tenía un tumor maligno, grande, terriblemente grande. Ella que había sido avisada de que ya se tenían los resultados, aguardaba fuera, al otro lado de la pared. Yo miré la puerta cerrada. Me dije, que son cosas que pasan y que había que ponerse manos a la obra. Salí a por ella y al asomarme por el quicio de la puerta la vi mordiéndose las uñas nerviosa. La mandé entrar. Vestía un vestido marrón, de tirantes, estaba elegante, portaba un bolso a juego. Me miró con sus ojos claros expectantes. Se levantó. Que calor que hace. Es cierto, hace bochorno. Entró en el despacho tras de mi. La puerta tras su franqueo, quedó abierta. Y yo ya estaba sentado al otro lado de la mesa. Miré la puerta, y al ver a alguien atravesar el pasillo sentí una incomodidad creciente. He de ser frío. Olvídate de la puerta y habla sólo de lo importante, comunícaselo, pensaba. E iba a abrir la boca aunque ella se me adelantó, hoy no me ha dolida apenas, y sonrió nerviosa.
Yo noté una punzada aguda, tragué saliva y es que su comentario me había provocado una mezcla de ternura y compasión indescriptible. Miré la puerta. Mis ojos volaron hasta esa hoja de plástico y su dibujo, un dibujo que sólo podía descifrar yo. Un trozo de plástico tan importante y que sólo tenía significado para mi. Vi el pasillo, la puerta y esas anónimas personas lejanas y ajenas, tan cerca físicamente del drama, el dolor que forzosamente había de producirse, que yo vivía interiormente como una efervescencia que me invadía, sentí que era afrentoso que yo le comunicara la mala nueva con aquella puerta y sus luces asomadas a lo más profundo de su intimidad, a su vida. Una vida de la que sin conocer nada, de repente sabía todo. Podía presagiar su futuro e ignorar su pasado. Yo poseía una información sino más valiosa, si más vital que cualquier otra persona a la que ella hubiera querido confiar sus secretos.
Me alcé decidido. Cerré la puerta y volví ansiando estar en casa, en otro lugar, desee no haberme cruzado nunca con aquella mujer que me despertaba para empezar simpatía, y enfrente mío, ternura, una especie de pasión protectora, un ímpetu de partirme la vida por defenderla de una mala noticia, de un daño inminente. Quería salir en su defensa, golpear al que la acosara, al que la robara, quería más que todo, cumplir sus deseos sin esperar nada a cambio. Mis ojos miraron su nombre, porqué el destino me había puesto aquella mujer inédita siempre, ante mis ojos. Porqué había de enfrentarme a la verdad de decirle que estaba en una situación difícil, realmente difícil y tristemente sola, que en la enfermedad siempre se está sólo.
Yo tenía mi propia vida, tenía planeada la nieve para el próximo puente. Yo que había estudiado para visitar las ciudades con más encanto, yo que me podía permitir, ahora con mi dinero, los mejores restaurantes. Me había preparado bien, estudié y sufrí para aprender lo que ellos me iban a preguntar. Analicé cada detalle, recorrí el camino para ser un hombre como mi padre.
Sus ojos claros, me miraban, esperaban y sonreían, no había motivo para que no lo hicieran. Era una mirada expectante, esperanzada. Yo, con toda la verdad oculta en mi conciencia, con aquella señal inequívoca en mi mano, era un niño, incapaz, huyendo hacia delante. No podía anunciárselo, no era la persona indicada, no me habían enseñado a hacerlo. La miré fijamente a los ojos, pronuncié, sin asomo de alegría, con las sombras velándoseme tras la retina como las nubes de tormenta ahogando el sol de un día de verano.
-No tiene usted nada, tendremos que hacerle más pruebas, pero no debe preocuparse.
Ella sonrió con su dolor secreto, aparentemente desmotivado. Se levantó y me dio la mano por encima de aquella mesa. La vi girarse, con su juventud, su vestido y reparé en su nombre. Mi conocida, la que quise salvar, al menos aquel día, de cualquier disgusto.
Al salir poco después, presenté mi dimisión. Lo dejé pues ya no era válido para mi trabajo. Ya no lo podía desempeñar bien. Ellos no lo entendieron, me exigieron explicaciones, unas razones que se perdían en el trayecto de la cabeza a los labios y que nunca supieron. De aquella mujer no volví a conocer, sé que tuvo que volver y sé que me reveló mis miedos, los límites que integrándome siempre, creí salvar o no poseer.
21 de Febrero del 2000
LLuvia
El día amanecía deprimido, añorando a quien se fue o desconsolado por la tristeza de los hombres. La lluvia me trajo, los recuerdos de días lluviosos en otro lugar. En el monte verde donde la lluvia no es un milagro, ni tampoco la vegetación boscosa donde miran los ojos. La ciudad lluviosa es gris, y hace gris la vida de los hombres que viven en ella. Visten de gris preferentemente, ríen discretamente, como si hicieran mal, y se guarecen en cuanto pueden en cafés o cines, como para olvidar que llueve y que la ciudad está gris. Cuando sale el sol, ellos sonríen más, son más vitales y alzan las caras al sol, festejando los rayos sobre su pálida piel. En el agua viene el frío, y las puertas se cierran, ojalá pudieran por dentro y por fuera. Resguardados de la calle que con la lluvia se ha vuelto más peligrosa. Ellos desconfían de la sombra que calle abajo se aproxima, y se encogen en el portal, o tras la esquina, para que la sombra pase, como habrán de pasar las lluvias. Pero estas se repiten.
El granizo es una lluvia con afán de protagonismo. Una lluvia que quiere ser nieve, y que desprecia a las gotas débiles de otros días. La niebla es una nube baja, es la lluvia en el aire, que cala bajo las chaquetas, que empapa el alma de los hombres y sus bufandas. Son las nubes valientes, que hartas de ver de lejos, bajan a comprobar cómo vivimos, y nosotros estamos vivos cuando echamos vapor al respirar y por la boca. La lluvia es en la ciudad sin mar, una manera de recordar la solidaridad del cielo, que es mayor que la de la tierra. Y en la costa, es bonito ver la lluvia sobre el mar, los rayos enterrados y perdidos sobre la inmensidad acuosa de las olas, y las olas como las lluvias se repiten y son más visibles en la orilla.
La lluvia torrencial es un castigo y una bendición. El mundo necesita agua en determinadas zonas. En Africa, donde los niños son huesudos esqueletos, donde mueren de hambre, que es una forma terrible de morir. El aire se llena de moscas, y el sol se hace por horas, abrasador. Y la madre huesuda busca agua para ella y su niño mirón, y le espanta las moscas, y la que encuentra no es propia para el consumo humano. Y supongo que la beben. El mundo de las armas, de las bombas, de los saludos entre jefes de estado, de las felaciones y el vodka, de los abrazos y de las estrellas, en las banderas y en la pantalla, no logran ni lo intentan que el niño mirón pueda beber agua. Y, comer algo.
El cielo llueve, inunda países enteros los devasta con inundaciones impredecibles. Y las gentes pierden sus casas. Escalan árboles y esperan sin tiempo a que los rescaten. Algunos mueren, ahogados o esperando.
A mí la lluvia me entristece, me sume a veces en repentinos estado de abatimiento, en naufragios de tanta agua. Y busco el sol.
20 Junio 2000
sábado, 24 de febrero de 2007
Todos contra el canon
La SGAE, y compañeros, van a hacer rentable convertirse en creador de
canciones en España. Y a los datos nos remitimos. El nuevo canon que se nos
prepara es abusivo e injusto, y aquí van unos ejemplos:
1 ordenador con 160gb de disco duro (22 EUR de canon)
1 regrabadora de dvd's de ordenador (16,67 EUR de canon)
1 impresora multifunción (10 EUR de canon)
1 cámara de fotos con memoria para 200 fotos (9 EUR canon)
1 reproductor de dvd de salón (6,61 EUR de canon)
1 Equipo de música de salón (0,60 EUR canon)
1 línea adsl 1 MB (35 EUR canon anuales) 200 cd's vírgenes para grabar
diversos datos (50 EUR de canon) 100 dvd's vírgenes para grabar diversos
datos (140 EUR de canon)
En definitiva, que cualquier familia española con un ordenador pagará unos
303 EUR de canon al año.
Antes no se sabía que era lo del canon, pero ahora nos vamos a enterar de
sobra.
Señores esto no es para paliar los datos de la piratería. Que expliquen
que van a hacer con este dinero.
Firma si no quieres pagar esta burrada. La ley esta debatiéndose en el
congreso y pronto vera la luz si no hacemos nada al respecto.
TU FIRMA SI ES IMPORTANTE
http://www.todoscontraelcanon.es
Pasa este correo si no quieres pagar a estos usureros.
Necesitamos 500.000 firmas y ya llevamos mas de 200.000 Copia y pega este
mensaje en uno nuevo, no reenvíes que da más la lata leerlo y debemos
facilitar el fin de este mensaje. Gracias
<---
miércoles, 21 de febrero de 2007
Con intención de poemas
SOBREVIVIR | POEMA DE ACERA | A MJ |
En las tierras clandestinas Poseía mi pensamiento su trono, Y vagaba por el aire, por el cielo En viaje constante y mantenido, Y quedaba como inerte la conciencia, El cuerpo abandonado. Transcurría el tiempo, mi enemigo, Y yo más viejo y más ausente, Y volvió la Señora donde estuve, Y halló mis manos y mi aliento, Y fueron suyos, me mató.
Pero mi pensamiento,... ¿Dónde estuvo sino conmigo? Mi pensamiento volaba libre, desde tierras innombrables a su trono, Definitivamente a salvo, definitivamente vivo. | Lo mío es una lenta agonía los pasos cortos del que va lejos, se acercan, y hay ruido en la ciudad ruidosa, de coches y obras, de actividad silenciosa y de ruido.
Mi agonía es un naufragio de propósitos, de palabras que no salen, que me vuelven mudo, convertido en mudo sin cabeza. La ciudad es sucia como mi conciencia, pero la suciedad sucia de mi ciudad, se muestra se exhibe, en mi cabeza la suciedad se agolpa, se acumula, bajo alfombras invisibles que son el olvido, la inconsciencia.
Soy esclavo del gorjeo y del tiempo, buscador de talentos viene el sol, sin pedir permiso convierte mi hoja a la sombra, y esconde mis ojos que miran hacia fuera y no hacia dentro, porque hay alfombras invisibles.
El abuelo pierde el tiempo, en la prórroga que es en si la vejez y mira la sombra de mi mano y su mirada tiene razón, él gana cuanto yo pierdo, y sus cortos pasos son difíciles como los míos, que queriendo ser arrancada de velocista; son lentos.
La belleza es gratitud de un mundo cíclico y la felicidad es el reconocimiento propio, impopular de limitaciones, y la aceptación oscura de lo malo que hay en cada uno.
Tantas buenas intenciones inútiles, como querer tener impoluta la suciedad. | Tanto amor me volcaste que me llenó entero, y no pudiendo abarcarlo, que no hubo río que contuviera mar, no pudiendo guardarlo en secreto, me afloró en la cara, en la forma de mirarte y hasta de sonreírte. Y en la lluvia interior que se externaliza, perdías la calma cuando yo la mantenía, y de los nubarrones de mi cabeza me aquietaste, cuando mi desesperación más lo demandaba, y tuve la certeza más profunda, la convicción no sujeta al tiempo ni variación, que pese a todo, tú estarías allí. Allí que es cerca mío, a mi alrededor, expectante al futuro, no tan incierto, a los días que están por venir, en un recuento innumerable de horas compartidas. Conociéndome casi más que yo mismo, observando callada mis carencias, cuántas, tantas; y alegrándote de mis aciertos en la recreación que supone que estemos cerca. O lejos. Próximos. |
martes, 20 de febrero de 2007
El Árbol
Conste que yo en estas cosas no soy de los que me suelo rendir, muy al contrario, cuántos días, quitado el traje, he tenido que volver a vestirme cerca de las 4 para bajar a reclamar una diferencia, que tras tenerme un rato esperando y con gran sorpresa por su parte terminan devolviéndome, claro que no se explican la falta de coherencia. Cómo que las personas que ponen las etiquetas y el que programa el lector de código de barras deben andar jugando a ver quién puede más. Tú no entras en mi feudo y yo respeto el tuyo. Lo extraño es que exista alguna correspondencia entre los propios productos...
A mí llegaron a cobrarme en la carnicería un filete de 6 euros que no me llevé ni pedí. Claro, debió quedar en la memoria del la máquina del carnicero, supongo que por la compra de algún cliente anterior. O eso o es que ese día todos los compradores debíamos pagar el filete lo quisiéramos o no. Aunque a mí nadie me ofreció llevarlo a la fuerza... lo habría hecho.
Hoy digo, llego de nadar, cansado de todo el día para constatar según llego a casa que los zumos que tienen en promoción lo están solamente dentro del super. En cuanto cruzas la frontera que es pasar por caja aquel precio excelente se ha disipado. No existe. Yo he cogido dos zumos porque los suelo beber cada día. Pero hoy no me apetece pelear esa minúscula diferencia. Me doy por vencido aunque tenga razón.
lunes, 19 de febrero de 2007
Properio, Manía y Sestea
PROPERIO, MANÍA Y SESTEA
Instrúyelas Properio, tú que todo lo sabes, tú viajaste a otros continentes, conociste gentes y aprendiste idiomas, tú que tuviste consejo para todos los que a ti recurrieron. Tú que acertaste siempre, sensato y cauto. Gran pensador en la historia de la historia. Supiste siempre discernir hasta encontrar la verdad misma de las cosas. Enséñalas a decidir cuál es la mejor opción, cuál es el camino correcto, tú que eres lees voraz tantos libros como hay.
Te ganaste nuestro respeto y en el camino también progresivamente nuestra admiración, tus conocimientos que aún vastos, ordenados, serían buena ayuda para la formación de mis hijas: Sestea y Manía.
Ruego tu ayuda en tan noble causa pues es una tarea ardua, ya te lo anticipo. Yo gasté mi fortuna en procurarles una educación coherente a mis principios, yo trabajé para alimentar su cuerpo y su intelecto. Viví despreocupado en la certeza de que su asistencia rigurosa a la escuela les estaba enseñando a comportarse como era de esperar. Sin embargo, a la triste pérdida de su madre sobrevino con la claridad de una confesión, que su instrucción diaria no era tal, pues no abandonaban la casa, y allí permanecían cada una por todo el tiempo, como si viviéramos en los tiempos antiguos en los que las personas se guarecían de guerras, aterradas, cuando la razón se dirimía entre proyectiles y muertos. Donde los muertos no tenían razón.
Y así, pasaban los días ocupando el tiempo en perderlo.
Yo era ajeno a esta situación, mi trabajo me llevaba atareado todo el día, sin descanso. Intente siempre tener la conciencia tranquila e hice toda mi labor, sin dejar nada de lado. Fui uno más, no recibí méritos que no me correspondieran y asumiré mi jubilación como una obligación no deseada pero ineludible.
Mi esposa de nombre Medrosa y alma virgen, que dios tenga en su gloria, era de naturaleza poco combativa, nacida para contemplar la vida sin añorar ni esperar nada a cambio, consintió por no enfrentarse a ellas y calló ante mi para no contrariarme. Pero su fallecimiento tan injusto como inoportuno me mostró unos días negros donde descubrí la verdadera realidad de mis hijas. Apenas reparé unos segundos en ellas, las distinguí tan distintas como eran. Y es que según crecieron dejé de observarlas.
Sestea, pasó aquellos días de dolor de forma independiente, como si fuera lo suficientemente fuerte como para no necesitar de nadie. Y yo pensé, con un punto de orgullo, cuán valerosa hija había arrojado al mundo. Valiente y poderosa, con una entereza tan grande que no parecía nada afectada. Sólo tenía un único deseo, volver a casa, pues el suceso la había llevado a un estado de total agotamiento.
Algún tiempo después, descubrí espantado que su apariencia de desapego hacia la muerte, la fuente de su fuerza era en realidad una total indiferencia hacia su madre o su hermana y hacia mi mismo. Y más tarde entendí que no era consecuencia traumática de algún agravio, sino fruto de esa vida enfermiza en la que se hallaba instalada. Una vida de pereza extrema, una vida de ensoñación, en un estado de permanente somnolencia cuando no de sueño profundo. Mi hija Sestea no se fija en nada, nada llama su atención y no parece tener ningún interés por aprender.
Manía, es por el contrario todo nervio, de maneras inquietas, es incapaz de detenerse en nada, sus ojos vuelan enloquecidos entre los objetos como si los descubriera nuevos. Detesta que le toquen sus cosas y lo tiene todo en el más estricto orden, cuando algo escapa a su control, se pone frenética. No obtiene paz más que en su habitación, y es que se conoce el lugar exacto de cada objeto, la orientación de cada figura, el ángulo de un libro en la biblioteca. Capaz de describir su alrededor con los ojos cerrados, sin errar un detalle, así le gusta estar, conociéndolo todo. Y yo siento que ojalá tuviera esa obsesión en saber, en estudiar, tal vez así serías como Don Properio, le digo a veces. Se haría una mujer de provecho, luz para los demás. Como es usted para nosotros.
Si dedicara toda su energía en aprender sería como usted, llegaría más allá de donde a mi me faltaron fuerzas. Yo quisiera que mis hijas supieran más que yo, que fueran mejores, porque entre iguales surge la competencia, yo la sentí con mis compañeros y les quise mal, pero para mis hijas ambicioné desde su nacimiento, las capacidades que la naturaleza me negó a mi.
La muerte de su madre le supuso un golpe tremendo, aunque terrible no por el amor perdido sino porque el acontecimiento, el trashumar de gente a su alrededor le arrebató a un estado de histeria que sólo el tiempo ha podido mitigar.
Mis hijas, tan distintas la una a la otra como el sol y la luna.
Albergué otros anhelos en mi vida, y he de reconocer que prolongadamente le envidié, mientras creció su fama en la ciudad, mientras estaba en uno de esos paises, adopté una postura de intolerancia, le descalifique fácilmente creyendo que estando en su contra ganaba en carisma ante el resto, me empeñe en juzgarle y le medí en un baremo equivocado, mi criterio. Y es que yo, también quise viajar, convertirme en un punto de referencia para mis contemporáneos, y qué demonios, para el futuro. Quería pensar que quizá alguna vez, los maestros, catedráticos, doctores y sabios estudiarían mis palabras, dotándolas de un significado válido universalmente. Mi filosofía sobreviviría al paso del tiempo, convirtiendo mis pensamientos en nuevas ediciones. Como sucedió con Platón, Aristóteles, o como sucederá, no me cabe duda, con Properio.
Hoy, vencidos esos deseos y satisfecho de otros apetitos, si quiere más humildes, recurro para que salve a mis hijas.
Como ve, eran tan desconocidas para mi como es el sol para la luna, que siempre se alternan sin coincidir, ahora sabe como son, carne de mi carne, y ahora las conoce tanto como yo. Ayúdeme.
Anado Uni - 1998
La velocidad de la belleza
LA VELOCIDAD DE LA BELLEZA
Nací con un cuello, que no era particularmente feo, pero que a mí me lo parecía. Por la nuez, supongo, parecía que me hubiera tragado una pelota de golf. En cualquier caso, no sentí vergüenza nunca y no lo tapé, llevaba camisas abiertas para que estas hicieran de envoltorio ocasional, ¿gallardo? Y a pesar de su exhibición, tampoco logré, oír alabanzas hacia él. Y que conste que las quise oír.
Así, que me puse manos a la obra para lograr tener un cuello, digamos que sino mejor, que la función de tragar la hacía convenientemente, sí al menos más bello. Cómo lograrlo era labor fácil. Me puse bajo el bisturí de un cirujano de fama internacional, y que se cobraba la fama a precio de oro, pues la operación me iba a costar una millonada. Pero que hacer si quieres tener el mejor cuello, tendrás que acudir a aquel que mejor puede moldearlo. Era suizo, y desconfié en cuanto lo vi, no sabía porqué al principio, ¿por qué era suizo?, pero luego reparé en el detalle que me inquietaba, era su estrabismo extremo. Una de sus pupilas se obcecaba por pasarse al otro ojo. Yo inmediatamente pensé que bien podría operarse ese ojo, antes de meterme mano, en el buen sentido, pero claro, cómo iba a operarse a si mismo, si era especialista en cuellos y no en ojos.
El suizo, se empeñó las primeras sesiones, en magrearme el torso en búsqueda de algo que su ojo, explorador, no hallaba en el cuello. Yo dije que si me debía preocupar, con aire despreocupado, y él dijo que no, que lo habíamos cogido a tiempo. Aunque no me dijo si había encontrado lo que buscara.
Me dijo que me iban a dejar un cuello ideal, en perfecta sintonía con el resto del cuerp... y calló, pues tampoco es que yo tuviera un cuerpo demasiado bien hecho. Las manos me colgaban y cuelgan cerca de las rodillas. Pero que le pueden importar las dichosas manos a un individuo, aún cuando su longitud le impide desempeñar un trabajo de alta responsabilidad correctamente, y hasta comer, si a cambio tiene un cuello de campeonato. De relumbrón que diría alguno.
Así que soporté mis dudas, estoico, sobre mis hombros caídos y me apresté a ser intervenido por ese doctor, que había de ser muy bueno, el mejor, si la demanda económica es proporcional a la calidad médica recibida. Él lo reconocía tímidamente: soy caro.
Sólo me dio un consejo a modo de advertencia, muy válido. Probablemente, me dijo, debamos intervenirle más veces, transportando esa carne que tiene usted en las piernas, pues es la que mejor tono tiene, y el problema del pelo, el del trozo de las piernas, que vaya sin son velludas, se soluciona con frecuentes afeitados. Yo asentí, dejando la mirada en el horizonte como perdida, ¿seductor? todo tiene un precio, y el suizo es el experto.
De esta manera, fui intervenido una docena de veces, ¿quién las cuenta? Y como muy acertadamente había pronosticado cíclope, por lo del ojo, dejé de caminar. Es lógico, si se lleva la carne de las piernas al cuello. Bendito anexo, que necesita la cabeza. El arrebatarle a la pierna la piel que lo recubre, había dejado en muy mal lugar a los músculos que tras esta se escondían, y cíclope decidió que para dejar la pierna así, con el músculo tan violento, mejor lo extraíamos también. Yo no tenía muchos músculos, o mejor decir, no lo tenía muy desarrollados, y me dio igual. Cíclope me terminó de convencer. "Puestos a tener una pierna inútil, es mucho más curiosa mostrando el hueso, llama más la atención". Pregúntese ¿cuántas piernas que son un hueso ha visto? Me recomendó el uso de pantalones cortos.
Sólo hubo algo de todo el proceso, que duró varios años, que me hizo plantearme si repetiría la experiencia de volver a nacer, de volverme a encontrar en idéntica posición, con un cuello que sin ser feo, no era perfecto:
Clope, le dije con familiaridad de varias anestesias, de tantas faenas anteriores. A eso él me pregunto porqué le llamaba así. Puso mala cara y añadió: habrá que extraerle también el hígado. No quiero pensar que como represalia. Clope, repetí asintiendo con profesionalidad y aparentando no sólo que esa nueva intervención no suponía un quebranto para mi ánimo, sino un desafío deseable. Miré su ojo sano: y la vejez que me ponga este cuello tan bello, lo era, y tan afeitado, lo estaba, como descolgado, cómo podré evitarla.
El estrábico cerró los ojos y cuando los alzó una sonrisa flotaba en su boca. Tu crees que dentro de cien años mi cráneo tendrá un ojo pallá. NO, será un par de agujeros, como de bola de bolera. Rió estruendoso.
Conclusión, moraleja, o como le quieran llamar los teóricos de las palabras, la belleza se quema con la respiración, es un bien indudable, pero pasajero. Y que a la postre, pasa casi sin tomar cuenta. Hasta que el espejo muestra lo que no se era. Mi cuello fue el mejor del mundo justo antes de envejecer.
Si todavía no te convencí de que la belleza pasa rápido mira esto (Enlace a tres fotos de Marion Jones).
Hábrase visto belleza mayor y que pasé más rápida. 10.75 en Sidney. Marion, enhorabuena.
23 de Septiembre del 2000