Deja que te espere a la puerta de tu casa,
un minuto me hace falta,
luego me voy para siempre.
Adiós - Jarabe de Palo
El problema de Fernando Alonso es que se ha quedado solo. Y su soledad a estas alturas es irremediable.
Ya no tiene marcha atrás, porque los pasos dados han ido, uno a uno, empeorando las cosas, dejándolo más y más solo. Leo que camina por el paddock como un fantasma. No habla con nadie, solamente con su padre, con su representante y quizá con Pedro De la Rosa al que no consideró nunca como un rival porque no tenía volante y por tanto no podía hacerle sombra.
Y este estado de las cosas es cuánto menos sorprendente, al menos para el ciudadano medio de la calle que aspira a poco más que tener un entorno agradable la mayor parte del tiempo. Que está dispuesto a alegrarse por el bien ajeno porque no ha de darse a costa del propio ya que uno puede sentirse recompensado sin agravios por compararse con nadie. Existe lo que podríamos llamar solidaridad suficiente para alegrarse por el bien ajeno tanto como para lamentar las desgracias.
Probablemente en algún momento se haya preguntado acerca del momento en que la espiral le llevó a su situación actual. Y fue la suma de pequeñas cosas aunque hubo una primordial. Fernando Alonso doble campeón del mundo, 25 millones al año, no era tratado como tal, era uno más. O peor aún, el último en llegar, el forastero en busca de un sitio. Ni siquiera se le tenía en cuenta lo mucho y bien que había trabajado para desarrollar el competitivo coche de este año. Los británicos, ansiosos por tener una estrella se habían encontrado sin querer con un joven de color, pionero por tanto en el exclusivo mundo del automovilismo y que daba tan bien ante las cámaras como el propio Tiger Woods o el mismísimo Michael Jordan, como un héroe romántico de sonrisa franca y exquisitos modales.
Y además conocido por su mentor, Ron Dennis desde los 13 años. Un niño prodigio por tanto. Y ganando apenas medio millón al año, pero lo más importante, tan bueno conduciendo, sino mejor que el arrogante Fernando Alonso. Ese español que desafiaba el ridículo de hacer los pajaritos por amor y que creía que era el mejor de largo.
Lastimosas eran sin duda sus explicaciones sobre la telemetría y los reglajes, quejándose públicamente de que sus aciertos fueran estudiados en profundidad por su compañero y sin embargo rival. Ocurría así siempre y en todas partes, no era distinto en Renault. Pero si Hamilton podía copiar su mayor conocimiento del coche no habría distancia entre ellos, que era una forma encubierta y no querida de reconocer que pilotando, con la pista por delante aquel novato, producto del mejor simulador de carreras del mundo, era tan bueno como él.
Ocurre sin embargo que en esta larga odisea las cosas no resultaron del todo como se esperaba. El camino había comenzado imbuido en el disimulo de alegrías compartidas, como una cortina de humo, pero no podía durar. Pronto la sonrisa de hizo mueca, y más tarde se llegó al punto exacto en que disimular no vale la pena, no hay vinagre que no cambie la cara. No hay funeral que no entristezca, no hay rencor que no resienta. Se llegó al tú o yo, a la ruptura total de un matrimonio que nunca fue de conveniencia.
Pero de repente los actores se salieron de sus papeles para representar otra cosa. Matices nuevos que rompían con la impresión establecida. De pronto Hamilton dejó de ser aquel muchacho lanzando besos en el Motorhome, abrazando mecánicos en el éxito de todos. Con la algarabía propia de un premio en una administración de lotería. Porque los éxitos de Hamilton siempre fueron los de todo el equipo como los de Alonso fueron más de Alonso que de ninguno. El chaval se atrevió a desafiar por radio a Ron Dennis y con ello quebró la baraja que le había dado las mejores cartas. El prodigio risueño mostraba un rostro distinto. Y llevaba al equipo ante una sanción de los comisarios de carrera que era como muchas otras un auténtico desatino. Porque en la fórmula 1 está visto que las sanciones se improvisan primero y se les da fundamento después, aunque el fundamento no sea otra cosa que recogerlas en papel por si pudieran repetirse exactamente en las mismas circunstancias y con los mismos actores.
Entonces Alonso pudo sentirse más fuerte. Él también se salía del rol que se esperaba. Porque lejos de victimismos que habría comprendido cualquiera supo quedárselos para él y su entorno. Al contrario aparecía más concentrado que en toda la temporada, conduciendo sin los errores del pasado y que habían sido novedad precisamente por ser un piloto con los nervios de acero.
Pero fue nada más un repunte fugaz. La suerte de Fernando estaba echada. No había vuelta atrás porque la distancia era ya insalvable. Fernando Alonso vivía en una isla a la que le empujaron precisamente cuando más quería ir.
En mi humilde opinión Fernando Alonso abandonará McClaren al finalizar la temporada porque la convivencia en el equipo es imposible. Y se irá habiendo ganado su tercer título mundial simplemente porque es mejor piloto que Hamilton todavía. No creo que a estas alturas vayamos a asistir a la sorpresa de verlo claramente perjudicado por el equipo.
Será un gran campeón, pero me temo que no se lo van rifar.
domingo, 16 de septiembre de 2007
jueves, 13 de septiembre de 2007
Un punto en el mapa
Podéis destrozar todo aquello que veis,
porque ella de un soplo lo vuelve a crear,
como si nada, como si nada.
Manzanita
Ayer volví a poner un mapa para contar mis visitas.
Hoy leo que los padres de Madeleine parecen más culpables que ayer. Se dice que pudieron lanzar el cadáver de la niña por la borda del yate de un británico amigo. Yo que no soy una portera no quiero acusar a nadie. En verdad soy tan reservado que apenas cruzo palabra por mi casa. Voy de habitación en habitación con el tiempo justo para reflejarme en los espejos como alguien mudo. Sin embargo yo estoy en este caso con las estadísticas que dicen que rara vez se da un secuestro en un edificio habitado, y no es que lo diga yo, es que lo dicen las estadísticas de la policía portuguesa, de la que no dudaremos a estas alturas, habida cuenta del trabajo de alta costura que fue abatir al engendro solitario que se ocultaba tras la peluca y la metralleta. Aquella policía tan ibérica como la nuestra y quizá con mejor reputación tiene todos mis respetos pese a un único borrón, no haber caído con sus 6 robustos mazas sobre los tres magníficos cuando decidieron el destino de las bombas en su, por lo demás, turística visita a las Azores.
En verdad que para hacer hincar la rodilla a José Mari no se necesitaba la fuerza hérculea del gimnasta que entrena haciendo barras como Gervasio Deferr, bastaba una indicación de George W. Y aunque no soy un experto en los políticos del Reino Unido, la intuición me dice que el recién reconvertido al catolicismo, más vale tarde que nunca, el insigne Tony Blair era en política internacional tan plegable a los designios de ultramar como nuestro carismático líder Aznar. Vamos que eran los perfectos compinches que jamás pudiera imaginar la embebida cabeza de analista militar de George Bush. Capaz de perder al ajedrez jugando con una reina por cada peón del contrario.
Digo aunque sea por decir que me va cogiendo pinta la familia McCann de ser culpable. En la humilde opinión de esta portera esta gente tiene además el gravamen de ser especialmente monstruosa, pues al desliz de un accidente si es que lo fue unieron querer salir de rositas, orquestando con tanto ruido como pudieron una campaña que los tuvo viajando aquí y allá logrando adhesiones, que no eran en realidad hacia ellos, sino hacia aquella niña apenas que miraba la vida desde el fondo de unos ojos de dibujo animado.
En esta caso no sirve aquello de que la verdad les hará libres. O quizá sí. Puede que descubiertos en sus miserias, cuando por fin la verdad resplandezca encuentren ellos la paz de no deber nada. Porque entonces quizá estén ansiando el castigo que restituya de algún modo y en el lenguaje de los hombres la justicia de esa pequeña vida arrebatada.
También puede ser que ellos sean inocentes, y que el pálpito de esta cabecita que llegó sin nada que decir sea un error, como tantos otros. Si fuera así anticipo una disculpa, después de todo no soy más que un puntito en el inmenso mapa. Sin más libertad que la de aflojar aquí lo que me viene en gana. En el fondo uno quiere equivocarse, porque equivocarse en este caso es confirmar que la niña sigue viva,
ojalá.
porque ella de un soplo lo vuelve a crear,
como si nada, como si nada.
Manzanita
Ayer volví a poner un mapa para contar mis visitas.
Hoy leo que los padres de Madeleine parecen más culpables que ayer. Se dice que pudieron lanzar el cadáver de la niña por la borda del yate de un británico amigo. Yo que no soy una portera no quiero acusar a nadie. En verdad soy tan reservado que apenas cruzo palabra por mi casa. Voy de habitación en habitación con el tiempo justo para reflejarme en los espejos como alguien mudo. Sin embargo yo estoy en este caso con las estadísticas que dicen que rara vez se da un secuestro en un edificio habitado, y no es que lo diga yo, es que lo dicen las estadísticas de la policía portuguesa, de la que no dudaremos a estas alturas, habida cuenta del trabajo de alta costura que fue abatir al engendro solitario que se ocultaba tras la peluca y la metralleta. Aquella policía tan ibérica como la nuestra y quizá con mejor reputación tiene todos mis respetos pese a un único borrón, no haber caído con sus 6 robustos mazas sobre los tres magníficos cuando decidieron el destino de las bombas en su, por lo demás, turística visita a las Azores.
En verdad que para hacer hincar la rodilla a José Mari no se necesitaba la fuerza hérculea del gimnasta que entrena haciendo barras como Gervasio Deferr, bastaba una indicación de George W. Y aunque no soy un experto en los políticos del Reino Unido, la intuición me dice que el recién reconvertido al catolicismo, más vale tarde que nunca, el insigne Tony Blair era en política internacional tan plegable a los designios de ultramar como nuestro carismático líder Aznar. Vamos que eran los perfectos compinches que jamás pudiera imaginar la embebida cabeza de analista militar de George Bush. Capaz de perder al ajedrez jugando con una reina por cada peón del contrario.
Digo aunque sea por decir que me va cogiendo pinta la familia McCann de ser culpable. En la humilde opinión de esta portera esta gente tiene además el gravamen de ser especialmente monstruosa, pues al desliz de un accidente si es que lo fue unieron querer salir de rositas, orquestando con tanto ruido como pudieron una campaña que los tuvo viajando aquí y allá logrando adhesiones, que no eran en realidad hacia ellos, sino hacia aquella niña apenas que miraba la vida desde el fondo de unos ojos de dibujo animado.
En esta caso no sirve aquello de que la verdad les hará libres. O quizá sí. Puede que descubiertos en sus miserias, cuando por fin la verdad resplandezca encuentren ellos la paz de no deber nada. Porque entonces quizá estén ansiando el castigo que restituya de algún modo y en el lenguaje de los hombres la justicia de esa pequeña vida arrebatada.
También puede ser que ellos sean inocentes, y que el pálpito de esta cabecita que llegó sin nada que decir sea un error, como tantos otros. Si fuera así anticipo una disculpa, después de todo no soy más que un puntito en el inmenso mapa. Sin más libertad que la de aflojar aquí lo que me viene en gana. En el fondo uno quiere equivocarse, porque equivocarse en este caso es confirmar que la niña sigue viva,
ojalá.
miércoles, 12 de septiembre de 2007
La super araña
La próxima vez le salto encima.
Con lo que eso duele - Joaquín Sabina.
¿He contado lo de la araña?
Creo que fue anteayer cuando me iba a dormir. Suele ser bastante temprano, sobretodo los fines de semana que salgo tan poco. De hecho se comenta y sino merecería comentarse que debo estar entre los primeros del pueblo entre las sábanas. Creo que hago podio tras un niño de pecho y alguno otro aquejado de anginas. No exagero un ápice, que a veces me ha ocurrido el ir a cerrar mis contraventanas para llamar la oscuridad más absoluta y parecerme oír en la calle la risa de un niño que aún pasea. Puede incluso que la risa sea porque sospecha que estoy levando anclas hacia el nuevo día.
El otro día enganchado al teléfono antes de acostarme y reparo en que hay una sombra en la pared junto al armario, me acerco pero no demasiado. Es una araña tan grande como el puño del niño con anginas, como la palma de la mano con las patas al acecho. Realmente tan grande que como dato diré nomas que sus patas eran tubitos huecos, es decir se veía a través que circulaba el aire por ellas, eran como largas cañerías transparentes.
Lo cierto es que el bicho era bastante acojonante con perdón, y ni siquiera movió el bigote cuando removí unas mochilas que tenía cerca para hacer espacio, por si tenía que sacar el tanque para cargarmela, siempre tengo algunas bolsas por ahí en medio para tropezar, pero le debí parecer un enemigo menor, como a mis contrarios en una pista de tenis. No se inmutó en absoluto. Probablemente debía estar esperando que cayera en su red, que si le llevó algún trabajo confeccionar debía ser el paño de un globo aerostático. Pero la red no la vi, cortedad de la vista supongo.
La cuestión es que tuve que zanjar con urgencia la llamada para inventar una estrategia que me permitiera dormir a pierna suelta y sin preocuparme del libre acceso a mi yugular durante el sueño. Sí reconoceré que a punto estuve de hacerle una foto e incluso iniciar una video llamada con el 3G para que fuera público y notorio el enemigo al que me enfrentaba.
Pues si tanta fama cosechó en su día "El hombre araña" que no se diría de una araña del tamaño de un hombre, prácticamente. Después de todo el tal Spiderman era más hombre que araña, con lo bueno o malo que eso supone. Sin embargo este bicho era una araña descomunal y aunque no la trate apenas, sospecho que sin sentimientos. Vamos que de esas que si hace prisioneros es porque no tiene hambre todavía. De la que te deja macerando para que te hagas poco a poco como un remordimiento.
Pero a la postre preferí hacer de la heroicidad algo íntimo, y si lo cuento aquí es en la certeza de que no me lee casi nadie...
Pero si el enemigo era temible, daré las gracias que yo también iba armado, y bien armado me permito apuntar, que cada uno lo coja por donde quiera, pues colgar el artefacto telefónico ya tenía la zapata de andar por casa en la mano. Como si fuera una manopla, pero cogiendo la alpargata justamente por el talón para darle más recorrido a la puntera en el golpeo, los tenistas expertos saben a qué me refiero. Así que me situé más o menos en le hueco dejado por la mochila y lance un golpe certero y en mi opinión poderoso contra el bicho, aunque apenas le hizo mella, pues nada más cayó al suelo para iniciar una escapada aturdida o quizá un contraataque después de que me confiara una pizca; no le di tiempo suficiente, en cualquier caso, ni para una cosa ni para la otra. Pues mi segundo ataque, reforzada mi propia fuerza por la de la gravedad, supongo, fue a estrellarse entre las patas, que todo el mundo sabe que es nuestro punto más débil. Así que el depredador quedó más bien recogidito, con las patas mirando pa dentro. Lo mismo que el puño de un avaro.
Entonces me hice con el cadáver para no dejar pistas, no fuera el más pequeño de una familia de super arañas, para que piensen acaso que fue por tabaco y no volvió, como el perro que fue a comprobar la primitiva, que a quién se le le ocurre enviarlo. A esos menesteres debe ir uno mismo, resulta obvio.
En fin, al irlo a transportar sin ceremonias hasta el excusado reparé en que sus dichosas patas eran huecas y el bicho la araña más grande que yo haya visto.
Una vez en el aseo fue un coser y cantar. El chorro de agua lo debió llevar dondequiera que va todo aquello. La verdad; no quiero saberlo.
Con lo que eso duele - Joaquín Sabina.
¿He contado lo de la araña?
Creo que fue anteayer cuando me iba a dormir. Suele ser bastante temprano, sobretodo los fines de semana que salgo tan poco. De hecho se comenta y sino merecería comentarse que debo estar entre los primeros del pueblo entre las sábanas. Creo que hago podio tras un niño de pecho y alguno otro aquejado de anginas. No exagero un ápice, que a veces me ha ocurrido el ir a cerrar mis contraventanas para llamar la oscuridad más absoluta y parecerme oír en la calle la risa de un niño que aún pasea. Puede incluso que la risa sea porque sospecha que estoy levando anclas hacia el nuevo día.
El otro día enganchado al teléfono antes de acostarme y reparo en que hay una sombra en la pared junto al armario, me acerco pero no demasiado. Es una araña tan grande como el puño del niño con anginas, como la palma de la mano con las patas al acecho. Realmente tan grande que como dato diré nomas que sus patas eran tubitos huecos, es decir se veía a través que circulaba el aire por ellas, eran como largas cañerías transparentes.
Lo cierto es que el bicho era bastante acojonante con perdón, y ni siquiera movió el bigote cuando removí unas mochilas que tenía cerca para hacer espacio, por si tenía que sacar el tanque para cargarmela, siempre tengo algunas bolsas por ahí en medio para tropezar, pero le debí parecer un enemigo menor, como a mis contrarios en una pista de tenis. No se inmutó en absoluto. Probablemente debía estar esperando que cayera en su red, que si le llevó algún trabajo confeccionar debía ser el paño de un globo aerostático. Pero la red no la vi, cortedad de la vista supongo.
La cuestión es que tuve que zanjar con urgencia la llamada para inventar una estrategia que me permitiera dormir a pierna suelta y sin preocuparme del libre acceso a mi yugular durante el sueño. Sí reconoceré que a punto estuve de hacerle una foto e incluso iniciar una video llamada con el 3G para que fuera público y notorio el enemigo al que me enfrentaba.
Pues si tanta fama cosechó en su día "El hombre araña" que no se diría de una araña del tamaño de un hombre, prácticamente. Después de todo el tal Spiderman era más hombre que araña, con lo bueno o malo que eso supone. Sin embargo este bicho era una araña descomunal y aunque no la trate apenas, sospecho que sin sentimientos. Vamos que de esas que si hace prisioneros es porque no tiene hambre todavía. De la que te deja macerando para que te hagas poco a poco como un remordimiento.
Pero a la postre preferí hacer de la heroicidad algo íntimo, y si lo cuento aquí es en la certeza de que no me lee casi nadie...
Pero si el enemigo era temible, daré las gracias que yo también iba armado, y bien armado me permito apuntar, que cada uno lo coja por donde quiera, pues colgar el artefacto telefónico ya tenía la zapata de andar por casa en la mano. Como si fuera una manopla, pero cogiendo la alpargata justamente por el talón para darle más recorrido a la puntera en el golpeo, los tenistas expertos saben a qué me refiero. Así que me situé más o menos en le hueco dejado por la mochila y lance un golpe certero y en mi opinión poderoso contra el bicho, aunque apenas le hizo mella, pues nada más cayó al suelo para iniciar una escapada aturdida o quizá un contraataque después de que me confiara una pizca; no le di tiempo suficiente, en cualquier caso, ni para una cosa ni para la otra. Pues mi segundo ataque, reforzada mi propia fuerza por la de la gravedad, supongo, fue a estrellarse entre las patas, que todo el mundo sabe que es nuestro punto más débil. Así que el depredador quedó más bien recogidito, con las patas mirando pa dentro. Lo mismo que el puño de un avaro.
Entonces me hice con el cadáver para no dejar pistas, no fuera el más pequeño de una familia de super arañas, para que piensen acaso que fue por tabaco y no volvió, como el perro que fue a comprobar la primitiva, que a quién se le le ocurre enviarlo. A esos menesteres debe ir uno mismo, resulta obvio.
En fin, al irlo a transportar sin ceremonias hasta el excusado reparé en que sus dichosas patas eran huecas y el bicho la araña más grande que yo haya visto.
Una vez en el aseo fue un coser y cantar. El chorro de agua lo debió llevar dondequiera que va todo aquello. La verdad; no quiero saberlo.
martes, 11 de septiembre de 2007
Perdiéndose
Envejecer es irse perdiendo de vista.
Bosco
Yo estoy principiando la vejez. Es un juego que no tengo maldita gana de jugar, pero se juega sin necesidad de invitación. Lo más curioso es que yo sigo viéndome más o menos igual, como si no hubiera pasado el tiempo. Probablemente ocurre que el espejo me engaña, o quizá sea cosa de esta miopía incipiente, en la que me voy adentrando como en terreno conocido, la vida es repetición y yo vuelvo al punto de partida de dos ojos que no alcanzarán para más de un palmo de terreno. Que es más de lo que tengo a día de hoy. Me adentro en la miopía como en la edad inevitablemente y sin querer.
Porque la cuestión principal de la vida sería preguntarse para qué sirve. Como hacen los niños que son tan elementales como para buscar una razón para cada causa. Para qué los años, ese pasado que se esconde bajo la alfombra porque está sin estar. Ya no lo ves y sin embargo incluso sin testigos sigue presente.
Yo que soy ante todo un teórico de mis propias ideas, porque soy inútil para retener las de otros, tan capaz de olvidar mi propia experiencia para no volver a estrellarme, tan iluso tantas veces, tan crédulo, tan pendiente de mi propio pensamiento, he llegado a una conclusión. Aunque no es cierto que haya llegado, llego ahora, en este instante, en este minuto, como un tren que partirá, la vida sirve para acertar unas cuantas veces y fallar otras muchas. Y lo mejor de todo es tanto de las unas y las otras se sobrevive. Y si no se sobrevive no ha de importar demasiado. Entonces ya no.
Particularmente yo, que estoy empezando la vejez porque ya nadie me confunde con un veinteañero ni aunque mi mirada pudiera contener tanta gratitud como no tuvo antes ninguna, he venido a darme cuenta de que ya tengo un buen puñado de cosas de las que arrepentirme. Y no son cosas grandes ni graves. Son cosas pequeñas.
O lo fueron en su momento aunque quien sabe si no hubieran cambiado la vida entera. Sé cierto que los años que quedan van a ser un rato apenas. Y hoy me gustaría tener la máquina del tiempo de H.G. Wells o la de Bosco para acudir a la guardería como un fantasma y buscar al niño que fui, para aprender como era cuando me comportaba de un modo que no puedo recordar. Quiero ver a ese niño otra vez porque las fotos no bastan.
Quizá un día quiera esa máquina para llegar al día de hoy. A este 11 de Septiembre precisado en el tiempo para recuperar mis pensamientos de treinta y dos vividos y es que la vida conlleva irse perdiendo, como si nos fuéramos dejando quienes hemos sido detrás de la niebla.
En realidad estamos yendo hacia delante, siempre hacia delante sin saber qué será de nosotros.
Bosco
Yo estoy principiando la vejez. Es un juego que no tengo maldita gana de jugar, pero se juega sin necesidad de invitación. Lo más curioso es que yo sigo viéndome más o menos igual, como si no hubiera pasado el tiempo. Probablemente ocurre que el espejo me engaña, o quizá sea cosa de esta miopía incipiente, en la que me voy adentrando como en terreno conocido, la vida es repetición y yo vuelvo al punto de partida de dos ojos que no alcanzarán para más de un palmo de terreno. Que es más de lo que tengo a día de hoy. Me adentro en la miopía como en la edad inevitablemente y sin querer.
Porque la cuestión principal de la vida sería preguntarse para qué sirve. Como hacen los niños que son tan elementales como para buscar una razón para cada causa. Para qué los años, ese pasado que se esconde bajo la alfombra porque está sin estar. Ya no lo ves y sin embargo incluso sin testigos sigue presente.
Yo que soy ante todo un teórico de mis propias ideas, porque soy inútil para retener las de otros, tan capaz de olvidar mi propia experiencia para no volver a estrellarme, tan iluso tantas veces, tan crédulo, tan pendiente de mi propio pensamiento, he llegado a una conclusión. Aunque no es cierto que haya llegado, llego ahora, en este instante, en este minuto, como un tren que partirá, la vida sirve para acertar unas cuantas veces y fallar otras muchas. Y lo mejor de todo es tanto de las unas y las otras se sobrevive. Y si no se sobrevive no ha de importar demasiado. Entonces ya no.
Particularmente yo, que estoy empezando la vejez porque ya nadie me confunde con un veinteañero ni aunque mi mirada pudiera contener tanta gratitud como no tuvo antes ninguna, he venido a darme cuenta de que ya tengo un buen puñado de cosas de las que arrepentirme. Y no son cosas grandes ni graves. Son cosas pequeñas.
O lo fueron en su momento aunque quien sabe si no hubieran cambiado la vida entera. Sé cierto que los años que quedan van a ser un rato apenas. Y hoy me gustaría tener la máquina del tiempo de H.G. Wells o la de Bosco para acudir a la guardería como un fantasma y buscar al niño que fui, para aprender como era cuando me comportaba de un modo que no puedo recordar. Quiero ver a ese niño otra vez porque las fotos no bastan.
Quizá un día quiera esa máquina para llegar al día de hoy. A este 11 de Septiembre precisado en el tiempo para recuperar mis pensamientos de treinta y dos vividos y es que la vida conlleva irse perdiendo, como si nos fuéramos dejando quienes hemos sido detrás de la niebla.
En realidad estamos yendo hacia delante, siempre hacia delante sin saber qué será de nosotros.
lunes, 10 de septiembre de 2007
domingo, 9 de septiembre de 2007
El llorón
Un día la vida echará abajo tu puerta,
rendida acorralada te pedirá cuentas,
por este fracaso,
por haberme mentido.
Déjate convencer - Ismael Serrano
Leía en el Latino esta mañana, como acostumbro los fines de semana. Y se me viene la camarera diciéndome que cómo tan temprano, a lo que respondo que más temprano los días de diario (entendido por los dos como entre semana). A lo que me dice que ya lo sabe, pero que ayer siendo "La Guía" (fiesta local) estaré de resaca. A lo que respondí que yo ayer no salí. Y entonces no sé porque pero ocurrió que me terminó dando vergüenza no haber salido. Creo que un día me arrepentiré si es que lo que hago es malgastar esta juventud escasa que me queda, sin salir de parranda suficiente, a decir verdad, casi nada.
Soy como un viejito en el cuerpo mozalbete de un atleta, poco más o menos.
Me acabo de dar un baño tan relajante que no sé si no terminaré durmiéndome en la silla, y la cosa tendría mérito porque esta es una silla bastante incómoda. Diseñada supongo para soportar el peso mientras dure una comida bastante frugal, de una manzana por ejemplo. No para sesiones maratonianas de ordenador que perdió la portabilidad por tener que estar tan cerca del módem externo que da Internet como para que llegue al conector y este a la entrada de teléfono. Aunque hoy no hubo sesión larga, apenas un rato removiendo contenidos de la web de Menuts del Món. Porque hoy me fui a la playa, puesto que el sol ha llegado dispuesto a no dar tregua, así sea para que yo deje de quejarme. Como si hacerlo fuera a cambiar algo.
Me he dado un baño relajante, con música de fondo. Y al levantarme he detectado que el agua del grifo no caía más que templada pese a lo girado de la llave a la izquierda. Sospecho que puedan estar fallando de nuevo las resistencias, confío en que la reparación reciente tenga alguna garantía, Por descontado que los costes de aquella reparación estructural de la caldera corrió a cuenta de mi casera. Las resistencias no eran suficientemente resistentes. Yo creo que sí, que estas cosas tienen garantía si quien las hace dice ser electricista...
Leía esta mañana que George Bush quiere hacer mucho dinero cuando se retire y ya no sea el primer mandatario del planeta. Casi seguro que sí, que lo hará. En esas anda Jose Mari de presi de la FAES que es un país en si mismo, a su imagen y semejanza.
Confesaba Bush, tiernamente, a un periodista de su agrado que es muy llorón. Ahí donde lo ves vestido de aviador en el portaviones inmenso para pasar revista. Que llora mucho, dice, y que no soporta las malas noticias. Y en esto yo le tengo que dar la razón, si yo fuera Bush estaría llorando todo el día, que sería poco para lo que debe llorar su señora esposa, claro que igual no, puede ser que uno y otro sean tal para cual. Y quizá lloren por eso, por la suerte de cruzarse por los pasillos y en la alcoba.
Por otro lado si las malas noticias lo hacen llorar debe ir el hombre como un alma en pena por la Casablanca, llenando el despacho oval de lágrimas de papel. Es un comandante en jefe bastante blando. Poco propicio para un ejército de Rambos de última generación que sienten las piernas en vez de el cerebro. Y es que a mí me parece y ya lo he dicho alguna vez, que si en un país de 230 millones de habitantes vas a escoger de presidente a un padre y a su hijo, entonces o algo no funciona o estás contando un chiste. Para eso prefiero, a todas luces, a Vargas Llosa nacionalizado de barras y estrellas. Que igual será una calamidad en el gobierno, pero al menos las noticias te las dará tan bien dadas que hasta las malas tendrán el consuelo de su prosa.
Aunque para cerebros el de George, él llama a los australianos austríacos y da lo mismo. Porque ellos se sienten identificados y saben que habla de ellos en las Convenciones, de la OPEP o de lo que sea. Si al final todo eso no importa. Probablemente el exceso de bebida le dejó algo desconectado, de ahí su dificultad para tragar galletas, supongo.
A Bush no conviene enfadarlo con pequeñeces, que lo mismo invade un país que se parte el pecho en sollozos. Y a su papá ni mentarlo por si las moscas.
Pero lo peor de todo es que el hombre reconoce leer 87 libros al año. A mí me parecen muchos.
Para que luego digan que leer es bueno.
rendida acorralada te pedirá cuentas,
por este fracaso,
por haberme mentido.
Déjate convencer - Ismael Serrano
Leía en el Latino esta mañana, como acostumbro los fines de semana. Y se me viene la camarera diciéndome que cómo tan temprano, a lo que respondo que más temprano los días de diario (entendido por los dos como entre semana). A lo que me dice que ya lo sabe, pero que ayer siendo "La Guía" (fiesta local) estaré de resaca. A lo que respondí que yo ayer no salí. Y entonces no sé porque pero ocurrió que me terminó dando vergüenza no haber salido. Creo que un día me arrepentiré si es que lo que hago es malgastar esta juventud escasa que me queda, sin salir de parranda suficiente, a decir verdad, casi nada.
Soy como un viejito en el cuerpo mozalbete de un atleta, poco más o menos.
Me acabo de dar un baño tan relajante que no sé si no terminaré durmiéndome en la silla, y la cosa tendría mérito porque esta es una silla bastante incómoda. Diseñada supongo para soportar el peso mientras dure una comida bastante frugal, de una manzana por ejemplo. No para sesiones maratonianas de ordenador que perdió la portabilidad por tener que estar tan cerca del módem externo que da Internet como para que llegue al conector y este a la entrada de teléfono. Aunque hoy no hubo sesión larga, apenas un rato removiendo contenidos de la web de Menuts del Món. Porque hoy me fui a la playa, puesto que el sol ha llegado dispuesto a no dar tregua, así sea para que yo deje de quejarme. Como si hacerlo fuera a cambiar algo.
Me he dado un baño relajante, con música de fondo. Y al levantarme he detectado que el agua del grifo no caía más que templada pese a lo girado de la llave a la izquierda. Sospecho que puedan estar fallando de nuevo las resistencias, confío en que la reparación reciente tenga alguna garantía, Por descontado que los costes de aquella reparación estructural de la caldera corrió a cuenta de mi casera. Las resistencias no eran suficientemente resistentes. Yo creo que sí, que estas cosas tienen garantía si quien las hace dice ser electricista...
Leía esta mañana que George Bush quiere hacer mucho dinero cuando se retire y ya no sea el primer mandatario del planeta. Casi seguro que sí, que lo hará. En esas anda Jose Mari de presi de la FAES que es un país en si mismo, a su imagen y semejanza.
Confesaba Bush, tiernamente, a un periodista de su agrado que es muy llorón. Ahí donde lo ves vestido de aviador en el portaviones inmenso para pasar revista. Que llora mucho, dice, y que no soporta las malas noticias. Y en esto yo le tengo que dar la razón, si yo fuera Bush estaría llorando todo el día, que sería poco para lo que debe llorar su señora esposa, claro que igual no, puede ser que uno y otro sean tal para cual. Y quizá lloren por eso, por la suerte de cruzarse por los pasillos y en la alcoba.
Por otro lado si las malas noticias lo hacen llorar debe ir el hombre como un alma en pena por la Casablanca, llenando el despacho oval de lágrimas de papel. Es un comandante en jefe bastante blando. Poco propicio para un ejército de Rambos de última generación que sienten las piernas en vez de el cerebro. Y es que a mí me parece y ya lo he dicho alguna vez, que si en un país de 230 millones de habitantes vas a escoger de presidente a un padre y a su hijo, entonces o algo no funciona o estás contando un chiste. Para eso prefiero, a todas luces, a Vargas Llosa nacionalizado de barras y estrellas. Que igual será una calamidad en el gobierno, pero al menos las noticias te las dará tan bien dadas que hasta las malas tendrán el consuelo de su prosa.
Aunque para cerebros el de George, él llama a los australianos austríacos y da lo mismo. Porque ellos se sienten identificados y saben que habla de ellos en las Convenciones, de la OPEP o de lo que sea. Si al final todo eso no importa. Probablemente el exceso de bebida le dejó algo desconectado, de ahí su dificultad para tragar galletas, supongo.
A Bush no conviene enfadarlo con pequeñeces, que lo mismo invade un país que se parte el pecho en sollozos. Y a su papá ni mentarlo por si las moscas.
Pero lo peor de todo es que el hombre reconoce leer 87 libros al año. A mí me parecen muchos.
Para que luego digan que leer es bueno.
sábado, 8 de septiembre de 2007
El empedrado
Sobre el oscuro abismo en que te meces.
Manolo García.
Leo esta mañana al solecito de este septiembre que no tiene nada que envidiarle al agosto que hemos tenido, leo digo El País en su edición de papel, en Internet han decidido dejar de cobrar por visitarles. Supongo que han tenido Prisa para tratar de enjugar la distancia insalvable en cuanto a visitas y lectores que les llevaba la edición digital de El Mundo. Antes querían tocar el bolsillo por dar noticias, ahora las regalan para ganar importancia. Han reculado. Han corregido porque les salen las cuentas igualmente. La duda que queda es cuántos pagaban efectivamente por leer esos artículos vibrantes de literatura que suelen ser un calco de lo que cuelga la agencia EFE para el mundo entero.
Decía que hoy he leído a Luis Aragonés echar la culpa al empedrado. Y es que al bueno de Aragonés no le gusta que haga viento en Islandia. El control de balón se hace difícil, y nuestra superioridad técnica se ve mermada. Viene siendo tónica habitual para nuestra selección de super-estrellas nacionales que tengan que vérselas no solamente con adversarios mal encarados y con ganas de reivindicarse (precisamente contra nosotros), sino también contra los elementos que siempre nos son adversos. Cuando no hace calor en exceso, llueve, y otras veces es el viento y el frío, como esta noche, aliados incondicionales de los islandeses.
Y es que es nuestra condición de Goliat al que las circunstancias no dejan mostrarse pleno de facultades. Dice el redactor que pedir que no haga viento allí es lo mismo que pedir nieve para Sevilla. Por eso se queja Aragonés, porque en el fondo lo que él quería era jugar en Sevilla, siempre allí y siempre con Manolo el del Bombo animando, al que le fracasó el matrimonio porque su unión con la roja era más importante y eso no hay mujer que lo entienda, al menos ninguna que no haga la vida pegada a un bombo.
Aragonés es sabio de Hortaleza y experto por tanto en tirar balones fuera. Y la prensa está que se sube por las paredes porque a este paso van a tener que empezar a repetir titulares para unos partidos que parecen siempre el mismo. Gracias que Luis improvisa un corte de mangas a sus centrales, reparte butifarras y peinetas, dispuesto a coger por las solapas a quien sea, así sea blanco o negro de mierda. Siempre tiene un as en la manga, una razón de peso que haga eterno el puesto de seleccionador sin examen. Por eso, porque se la están jugando y han perdido más de lo que podían a estas alturas, el hombre mira al cielo para quejarse del viento. Lo tenemos todo en contra y aún querrán que ganemos.
Están locos.
Manolo García.
Leo esta mañana al solecito de este septiembre que no tiene nada que envidiarle al agosto que hemos tenido, leo digo El País en su edición de papel, en Internet han decidido dejar de cobrar por visitarles. Supongo que han tenido Prisa para tratar de enjugar la distancia insalvable en cuanto a visitas y lectores que les llevaba la edición digital de El Mundo. Antes querían tocar el bolsillo por dar noticias, ahora las regalan para ganar importancia. Han reculado. Han corregido porque les salen las cuentas igualmente. La duda que queda es cuántos pagaban efectivamente por leer esos artículos vibrantes de literatura que suelen ser un calco de lo que cuelga la agencia EFE para el mundo entero.
Decía que hoy he leído a Luis Aragonés echar la culpa al empedrado. Y es que al bueno de Aragonés no le gusta que haga viento en Islandia. El control de balón se hace difícil, y nuestra superioridad técnica se ve mermada. Viene siendo tónica habitual para nuestra selección de super-estrellas nacionales que tengan que vérselas no solamente con adversarios mal encarados y con ganas de reivindicarse (precisamente contra nosotros), sino también contra los elementos que siempre nos son adversos. Cuando no hace calor en exceso, llueve, y otras veces es el viento y el frío, como esta noche, aliados incondicionales de los islandeses.
Y es que es nuestra condición de Goliat al que las circunstancias no dejan mostrarse pleno de facultades. Dice el redactor que pedir que no haga viento allí es lo mismo que pedir nieve para Sevilla. Por eso se queja Aragonés, porque en el fondo lo que él quería era jugar en Sevilla, siempre allí y siempre con Manolo el del Bombo animando, al que le fracasó el matrimonio porque su unión con la roja era más importante y eso no hay mujer que lo entienda, al menos ninguna que no haga la vida pegada a un bombo.
Aragonés es sabio de Hortaleza y experto por tanto en tirar balones fuera. Y la prensa está que se sube por las paredes porque a este paso van a tener que empezar a repetir titulares para unos partidos que parecen siempre el mismo. Gracias que Luis improvisa un corte de mangas a sus centrales, reparte butifarras y peinetas, dispuesto a coger por las solapas a quien sea, así sea blanco o negro de mierda. Siempre tiene un as en la manga, una razón de peso que haga eterno el puesto de seleccionador sin examen. Por eso, porque se la están jugando y han perdido más de lo que podían a estas alturas, el hombre mira al cielo para quejarse del viento. Lo tenemos todo en contra y aún querrán que ganemos.
Están locos.
viernes, 7 de septiembre de 2007
El acordeón
Vivo encima de un Cajastur enfrentado a un Banco Santander. Los empleados del primero, me dicen, son un ladrillo. Los segundos están en todas partes, porque el Banco Santander, ahora Santander a secas, es el banco de Botín, como dice un amigo "el que más botines tiene". Anda este amigo haciendo la guerra contra todos, que colecciona billetes de 5 deshechos o casi deshechos para irlos despachando en lugares de en los que la botellita de agua se vierte al vaso por tres euros. Que se pelea con las operadoras telefónicas porque le llegan cargos improcedentes y quiere volverse a usar tarjetas prepago aunque yo le diga que eso no conviene, que las llamadas son mucho más caras. A veces en ese talante furibundo convertido en risas en la trinchera me veo yo mismo. Y pienso que quizá estoy en el camino de ser alguien parecido. O quizá ya lo soy, con treinta años menos.
Pero no vuelvo para hablar de este Manuel, que daría para bastante más. Vuelvo porque quiero contar lo del paisano que toca el acordeón debajo de casa, al lado del Santander de los botines. Hoy me di cuenta de que es un virtuoso, y conste que un sábado hace pocos me puso la cabeza como un bombo, que salía yo con el teléfono en la mano jurando a mis interlocutores que aquella melodía llevaba sonando toda la mañana, convencido además de que aquella era una sola, y que la repetía en bucle sin descanso. Que me decía muy bicho que iba a bajar a darle algo para que se cambiara de sitio. Que amanecer y permanecer la mañana entera sostenido de acordeón es similar tortura a haber sufrido una gota de ácido cayendo entre los ojos abiertos. Y si no hay escapatoria a la migraña este hombre estuvo muy cerca de echarme de mi propia casa.
Pero hoy me despertó de la siesta con el acordeón, y al poco cruzó la calle una banda festejando las fiestas de la Guía, y se oía llegar la música de las gaitas, y la gente cantando al unísono "Por la calle de Alcalá...". Así que el acordeón se vio pronto superado por el ruido del gentío. Y debió dejar el hombre quieto un rato el repertorio para ver pasar la procesión, que hoy sí estuvo fino. Que tocó de todo y muy bien interpretado. Pero según se alejaban de nuevo por la calle, camino de la ermita supongo, volvía el acordeón tímidamente, sin pedir permiso pero alzando de nuevo un rumbo. Y yo que había permanecido ajeno, de cortos pasos por mi casa, abrí las ventanas del balcón y me asomé pensando que era tan bonito como una de esas bandas sonoras de película. Y me di cuenta de que la vida es una película a la que no le falta de nada. Eso sí, con todo lo vivido no sé bien si comedia o drama.
Pero no vuelvo para hablar de este Manuel, que daría para bastante más. Vuelvo porque quiero contar lo del paisano que toca el acordeón debajo de casa, al lado del Santander de los botines. Hoy me di cuenta de que es un virtuoso, y conste que un sábado hace pocos me puso la cabeza como un bombo, que salía yo con el teléfono en la mano jurando a mis interlocutores que aquella melodía llevaba sonando toda la mañana, convencido además de que aquella era una sola, y que la repetía en bucle sin descanso. Que me decía muy bicho que iba a bajar a darle algo para que se cambiara de sitio. Que amanecer y permanecer la mañana entera sostenido de acordeón es similar tortura a haber sufrido una gota de ácido cayendo entre los ojos abiertos. Y si no hay escapatoria a la migraña este hombre estuvo muy cerca de echarme de mi propia casa.
Pero hoy me despertó de la siesta con el acordeón, y al poco cruzó la calle una banda festejando las fiestas de la Guía, y se oía llegar la música de las gaitas, y la gente cantando al unísono "Por la calle de Alcalá...". Así que el acordeón se vio pronto superado por el ruido del gentío. Y debió dejar el hombre quieto un rato el repertorio para ver pasar la procesión, que hoy sí estuvo fino. Que tocó de todo y muy bien interpretado. Pero según se alejaban de nuevo por la calle, camino de la ermita supongo, volvía el acordeón tímidamente, sin pedir permiso pero alzando de nuevo un rumbo. Y yo que había permanecido ajeno, de cortos pasos por mi casa, abrí las ventanas del balcón y me asomé pensando que era tan bonito como una de esas bandas sonoras de película. Y me di cuenta de que la vida es una película a la que no le falta de nada. Eso sí, con todo lo vivido no sé bien si comedia o drama.
La esposa
Sobre los tejados se duerme la tarde.
Carbón y ramas secas - Manolo García
Se estrecha el lazo para encontrar culpables a lo que pasó con aquella niña. Nadie sabe aún si la mataron o la secuestraron al menos hasta hoy. Con los secuestros ocurre que son siempre por definición algo temporal, aunque algunos duren tanto como los de la cría aquella que pasó con su secuestrador 8 largos años antes de poder escapar en un descuido. O aquel tan desgarrador que mantuvo a Ortega Lara al borde de la muerte bajo una gran máquina industrial. Al salir Ortega Lara volvía de una tumba en la tierra y casi destruido por entero. En realidad lo peor de los secuestros fuera del trato que el sujeto reciba por supuesto, es la incertidumbre acerca de cuánto durará y si acabará en liberación o muerte. Lo peor es que le quita a la persona la libertad de decidir sobre su destino. Se convierte en marioneta para aquellos que la retienen y que dejan de considerarla persona supongo, para poder pegar ojo por las noches.
El caso es que la niña desapareció de su cuarto un día 3 de mayor mientras sus padres pasaban una apacible noche cenando entre amigos. Quien entró o los que lo hicieron, ignoraron a los dos hermanos que dormían a un paso y se la llevaron, se llama Madeleine o se llamaba si aún corrió peor suerte, lo están investigando en este instante. Dice el periódico que la policía va a procesar a la madre porque encuentran indicios sólidos de estar implicada en la probable muerte accidental de la pequeña.
Si esto fuera cierto nos encontramos ante un caso triste, extraordinario. Estamos hartos de leer en la prensa acerca de malos tratos a menores, en estos días se publica el caso de una cuidadora que mató a una niña a base de golpearle la cabeza. Obviamente estos casos difíciles de entender en seres racionales sino no son debidos a una ofuscación temporal no son tan raros. Hace algún tiempo nos comentaron otro de un notable ejecutivo español en Londres, que mató a su hija porque no le dejaba dormir, estresado por justificar todos los días el millón de euros que ganaba al año.
Pero este caso sería extraordinario por una razón. Ella, asesina accidental o no recibe la cobertura del marido. Se alinea con ella para denunciar el secuestro en medio de una lealtad sin fisuras. Conocedor con toda seguridad del destino de la niña si esta hubiera resultado muerta para desgracia de ambos.
Algunos matrimonios recién estrenada la paternidad se andan preguntando, medio de broma medio en serio, acerca de a quién se quiere más, a la propia pareja o a los hijos de ambos. Y se contestan con una respuesta que vale nada más para hoy. Mañana podría haber cambiado.
En este caso la respuesta del marido no admite lugar a dudas. Él la eligió a ella para pasar la vida entera por encima de cualquier otra consideración. Todo lo demás ocupa un lugar secundario. Si en la vida hay que escoger una compañía para el viaje él lo hizo de veras. Lágrimas en privado para salir incólumes. Ya lo dice Manolo García en una canción, y las canciones son pedazos de vida entretenidos con música:
Nadie te querrá tanto como yo.
Carbón y ramas secas - Manolo García
Se estrecha el lazo para encontrar culpables a lo que pasó con aquella niña. Nadie sabe aún si la mataron o la secuestraron al menos hasta hoy. Con los secuestros ocurre que son siempre por definición algo temporal, aunque algunos duren tanto como los de la cría aquella que pasó con su secuestrador 8 largos años antes de poder escapar en un descuido. O aquel tan desgarrador que mantuvo a Ortega Lara al borde de la muerte bajo una gran máquina industrial. Al salir Ortega Lara volvía de una tumba en la tierra y casi destruido por entero. En realidad lo peor de los secuestros fuera del trato que el sujeto reciba por supuesto, es la incertidumbre acerca de cuánto durará y si acabará en liberación o muerte. Lo peor es que le quita a la persona la libertad de decidir sobre su destino. Se convierte en marioneta para aquellos que la retienen y que dejan de considerarla persona supongo, para poder pegar ojo por las noches.
El caso es que la niña desapareció de su cuarto un día 3 de mayor mientras sus padres pasaban una apacible noche cenando entre amigos. Quien entró o los que lo hicieron, ignoraron a los dos hermanos que dormían a un paso y se la llevaron, se llama Madeleine o se llamaba si aún corrió peor suerte, lo están investigando en este instante. Dice el periódico que la policía va a procesar a la madre porque encuentran indicios sólidos de estar implicada en la probable muerte accidental de la pequeña.
Si esto fuera cierto nos encontramos ante un caso triste, extraordinario. Estamos hartos de leer en la prensa acerca de malos tratos a menores, en estos días se publica el caso de una cuidadora que mató a una niña a base de golpearle la cabeza. Obviamente estos casos difíciles de entender en seres racionales sino no son debidos a una ofuscación temporal no son tan raros. Hace algún tiempo nos comentaron otro de un notable ejecutivo español en Londres, que mató a su hija porque no le dejaba dormir, estresado por justificar todos los días el millón de euros que ganaba al año.
Pero este caso sería extraordinario por una razón. Ella, asesina accidental o no recibe la cobertura del marido. Se alinea con ella para denunciar el secuestro en medio de una lealtad sin fisuras. Conocedor con toda seguridad del destino de la niña si esta hubiera resultado muerta para desgracia de ambos.
Algunos matrimonios recién estrenada la paternidad se andan preguntando, medio de broma medio en serio, acerca de a quién se quiere más, a la propia pareja o a los hijos de ambos. Y se contestan con una respuesta que vale nada más para hoy. Mañana podría haber cambiado.
En este caso la respuesta del marido no admite lugar a dudas. Él la eligió a ella para pasar la vida entera por encima de cualquier otra consideración. Todo lo demás ocupa un lugar secundario. Si en la vida hay que escoger una compañía para el viaje él lo hizo de veras. Lágrimas en privado para salir incólumes. Ya lo dice Manolo García en una canción, y las canciones son pedazos de vida entretenidos con música:
Nadie te querrá tanto como yo.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Tarugos
La vita è bella.
Nicola Piovani.
Hoy quiero hablar de tarugos. Y yo he sabido siempre cómo son, por razones obvias, siempre hallé uno al otro lado del espejo, y no hablo con un exceso de humildad, que de haber exceso sería solamente de franqueza, lo que ocurre ahora es que encontré otros cuantos, llamativos por ser quienes son y por estar donde están, y los reconocí por referencias pero con la seguridad de hallarme entre los de mi especie aunque no mezclado con ellos. Como una cría de elefante reconoce la manada al volver de enjugar la trompa alegremente en el barro. Ocurre, sin embargo que estos tienen menos humor que yo, y a mí rara vez se me ha pedido que sea infalible, supongo que porque los que me conocen saben de la falibilidad de mi infalibilidad, o sea de que en mí toda infalibilidad es imposible. Por eso me contenté con ser todo lo bueno que pudiera, y los demás se contentaron con eso; lo dieron por bueno.
En resumidas cuentas, soy tan válido como cualquier tarugo dispuesto a expedir certificados de estupidez, aunque me falten lecciones para expedirlos de incompetencia, pues para determinadas cosas quizá me faltó formación o interés pero no voluntad, que no fui de los que dejó algo malamente adrede, y no discutí las horas por llegar a buen puerto. Y de estos otros, tan distintos, se colige ante todo falta de voluntad o un exceso grave de incompetencia. Quizá las dos cosas armónicamente juntas.
Sin necesidad de imaginar es fácil pensar que un tribunal encargado de confeccionar un examen de tipo test con 100 preguntas para una oposición de tipo A lo hará con solvencia y sin errores. Son después de todo gente preparada, sabihondos de código al dedillo, sobretodo si para la confección de dicho examen se dispone de varios años, es decir que no tenemos el tiempo puñetero pegado a los talones, apremiante.
Por no hablar de la posibilidad de recurrir a exámenes anteriores, de otros años, de otras convocatorias, para coger de aquí y allá al menos un puñado de preguntas si es que la tarde se está haciendo larga y hay ganas ya de volver a casa. ¿Por qué cuánto tiempo puede llevar crear un examen?
Pero ocurre, en este país ocurre, que da lo mismo disponer de tres o cinco años para confeccionar 100 preguntas de tipo test sobre un temario de 150 temas, o bien es que esta gente lo deja para última hora, tan saturados de trabajo andan, o sencillamente el resultado final se la trae al pairo.
Los aspirantes a secretario judicial, que es de esto de lo que hablamos, se presentan, hacen el examen y si tienen algún motivo de queja reclaman que el tribunal revisará lo que haga falta. Así se llega a una determinación que lamentablemente no es novedosa. Los estudiantes tienen razón; una de las preguntas tiene dos respuestas correctas entre las 4 ofertadas. Esto no puede ser. Siendo así llega la reparación, y es fulminante.
ESTA PREGUNTA NO CUENTA
(por consiguiente tampoco ninguna de sus respuestas)
Es una solución muy madura. Olvidémosla, hagámonos la ilusión de que no ha existido. Obviamente esta medida lleva consigo consecuencias, algunos pasarán a estar aprobados gracias a ella, pues el error los eliminaba, conviene recordar que en estos exámenes errar en la respuesta conlleva restar puntos a la nota final, ante la duda les conviene dejar la respuesta en blanco; y otros, los acertantes, alguno al menos, se verá fuera de la convocatoria porque necesitaba de ese punto para llegar a la nota de corte.
Los estudiantes pagan los errores con el suspenso. Y no es baladí lo que hablamos, son años de sus vidas. Comprenden de enero a diciembre. Poner el contador a cero para volver a contar ¿Y éstos? ¿Sus errores sirven para algo?
Y así es como funciona. Algunos dirán, y no les falta razón, que probablemente estamos ante el caso más grave de incompetencia que se viera nunca. Porque contiene el agravante de no haber sabido preparar correctamente un examen para el que algunos dedican noche y día estudiando. Gente que no hace otra cosa, que gasta dinero en preparadores que ven así la hucha rebosante en B que sirve para comprar lo mismo que el otro. Gente que pierde la salud y la moral tras tantos años repitiendo temas en voz alta, con la mente al borde del colapso y con la voluntad férrea de creer en si mismos. Mucho más que en los otros, desde luego.
Pero es así de cierto, como la luna en la noche o las estrellas. Los miembros de este tribunal son meramente incapaces de diseñar un examen sin errores, incapaces de hacer una selección de preguntas irrebatibles, ayudados por la experiencia, los temarios y tantos como son, ni disponer de años para su confección. El tiempo en este caso es enemigo, porque supongo que los invade de pereza. O quizá creen que el sueldo no da para esforzarse tanto, o quizá sospechan que alguien que los observa vendrá al rescate, quizá parando las máquinas impresoras para corregir preguntas y respuestas.
Luego ocurre que nos llevamos las manos a la cabeza por el funcionamiento de la justicia, y creemos ciegamente que la justicia existe, y que si alguien persigue a un humorista para pagar con cárcel una caricatura es porque ese alguien está loco, por figurar o ser reconocido.
Pero ocurre que no hay nada infalible. Que estos de larga toga son tan malos como nosotros. O quiza peores;
se creen buenos.
Nicola Piovani.
Hoy quiero hablar de tarugos. Y yo he sabido siempre cómo son, por razones obvias, siempre hallé uno al otro lado del espejo, y no hablo con un exceso de humildad, que de haber exceso sería solamente de franqueza, lo que ocurre ahora es que encontré otros cuantos, llamativos por ser quienes son y por estar donde están, y los reconocí por referencias pero con la seguridad de hallarme entre los de mi especie aunque no mezclado con ellos. Como una cría de elefante reconoce la manada al volver de enjugar la trompa alegremente en el barro. Ocurre, sin embargo que estos tienen menos humor que yo, y a mí rara vez se me ha pedido que sea infalible, supongo que porque los que me conocen saben de la falibilidad de mi infalibilidad, o sea de que en mí toda infalibilidad es imposible. Por eso me contenté con ser todo lo bueno que pudiera, y los demás se contentaron con eso; lo dieron por bueno.
En resumidas cuentas, soy tan válido como cualquier tarugo dispuesto a expedir certificados de estupidez, aunque me falten lecciones para expedirlos de incompetencia, pues para determinadas cosas quizá me faltó formación o interés pero no voluntad, que no fui de los que dejó algo malamente adrede, y no discutí las horas por llegar a buen puerto. Y de estos otros, tan distintos, se colige ante todo falta de voluntad o un exceso grave de incompetencia. Quizá las dos cosas armónicamente juntas.
Sin necesidad de imaginar es fácil pensar que un tribunal encargado de confeccionar un examen de tipo test con 100 preguntas para una oposición de tipo A lo hará con solvencia y sin errores. Son después de todo gente preparada, sabihondos de código al dedillo, sobretodo si para la confección de dicho examen se dispone de varios años, es decir que no tenemos el tiempo puñetero pegado a los talones, apremiante.
Por no hablar de la posibilidad de recurrir a exámenes anteriores, de otros años, de otras convocatorias, para coger de aquí y allá al menos un puñado de preguntas si es que la tarde se está haciendo larga y hay ganas ya de volver a casa. ¿Por qué cuánto tiempo puede llevar crear un examen?
Pero ocurre, en este país ocurre, que da lo mismo disponer de tres o cinco años para confeccionar 100 preguntas de tipo test sobre un temario de 150 temas, o bien es que esta gente lo deja para última hora, tan saturados de trabajo andan, o sencillamente el resultado final se la trae al pairo.
Los aspirantes a secretario judicial, que es de esto de lo que hablamos, se presentan, hacen el examen y si tienen algún motivo de queja reclaman que el tribunal revisará lo que haga falta. Así se llega a una determinación que lamentablemente no es novedosa. Los estudiantes tienen razón; una de las preguntas tiene dos respuestas correctas entre las 4 ofertadas. Esto no puede ser. Siendo así llega la reparación, y es fulminante.
ESTA PREGUNTA NO CUENTA
(por consiguiente tampoco ninguna de sus respuestas)
Es una solución muy madura. Olvidémosla, hagámonos la ilusión de que no ha existido. Obviamente esta medida lleva consigo consecuencias, algunos pasarán a estar aprobados gracias a ella, pues el error los eliminaba, conviene recordar que en estos exámenes errar en la respuesta conlleva restar puntos a la nota final, ante la duda les conviene dejar la respuesta en blanco; y otros, los acertantes, alguno al menos, se verá fuera de la convocatoria porque necesitaba de ese punto para llegar a la nota de corte.
Los estudiantes pagan los errores con el suspenso. Y no es baladí lo que hablamos, son años de sus vidas. Comprenden de enero a diciembre. Poner el contador a cero para volver a contar ¿Y éstos? ¿Sus errores sirven para algo?
Y así es como funciona. Algunos dirán, y no les falta razón, que probablemente estamos ante el caso más grave de incompetencia que se viera nunca. Porque contiene el agravante de no haber sabido preparar correctamente un examen para el que algunos dedican noche y día estudiando. Gente que no hace otra cosa, que gasta dinero en preparadores que ven así la hucha rebosante en B que sirve para comprar lo mismo que el otro. Gente que pierde la salud y la moral tras tantos años repitiendo temas en voz alta, con la mente al borde del colapso y con la voluntad férrea de creer en si mismos. Mucho más que en los otros, desde luego.
Pero es así de cierto, como la luna en la noche o las estrellas. Los miembros de este tribunal son meramente incapaces de diseñar un examen sin errores, incapaces de hacer una selección de preguntas irrebatibles, ayudados por la experiencia, los temarios y tantos como son, ni disponer de años para su confección. El tiempo en este caso es enemigo, porque supongo que los invade de pereza. O quizá creen que el sueldo no da para esforzarse tanto, o quizá sospechan que alguien que los observa vendrá al rescate, quizá parando las máquinas impresoras para corregir preguntas y respuestas.
Luego ocurre que nos llevamos las manos a la cabeza por el funcionamiento de la justicia, y creemos ciegamente que la justicia existe, y que si alguien persigue a un humorista para pagar con cárcel una caricatura es porque ese alguien está loco, por figurar o ser reconocido.
Pero ocurre que no hay nada infalible. Que estos de larga toga son tan malos como nosotros. O quiza peores;
se creen buenos.
miércoles, 5 de septiembre de 2007
martes, 4 de septiembre de 2007
El querer
Suben p´abajo, bajan p´arriba.
Me llaman calle - Manu Chao
El mayor problema del querer es que se comporta como algo autónomo, como algo que no tuviera que ver con uno mismo, como un capricho. Pero maldita sea cuando el capricho por querer es arrojarte al abismo, cuando quedas a los pies de los caballos.
Cuenta Miguel Bosé que no hay un corazón que valga la pena. Lo cierto seguro es que no hay uno que no tenga o haya tenido algún problema. Y para algunos problemas de corazón no hay marcapasos ni by-pass que resuelva.
Los males del corazón se pasan en cuarentena de espaldas al mundo. Sudando la gripe con un torniquete en el cerebro para no ver lo obvio. Es lo malo, y lo es para todos, como dice Manu Chao: "mi corazón no es de alquilar".
Estamos perdidos.
Me llaman calle - Manu Chao
El mayor problema del querer es que se comporta como algo autónomo, como algo que no tuviera que ver con uno mismo, como un capricho. Pero maldita sea cuando el capricho por querer es arrojarte al abismo, cuando quedas a los pies de los caballos.
Cuenta Miguel Bosé que no hay un corazón que valga la pena. Lo cierto seguro es que no hay uno que no tenga o haya tenido algún problema. Y para algunos problemas de corazón no hay marcapasos ni by-pass que resuelva.
Los males del corazón se pasan en cuarentena de espaldas al mundo. Sudando la gripe con un torniquete en el cerebro para no ver lo obvio. Es lo malo, y lo es para todos, como dice Manu Chao: "mi corazón no es de alquilar".
Estamos perdidos.
lunes, 3 de septiembre de 2007
Nadando
¿En quién podía confiar?
Vanilla Sky
Llego a nado del último albúm de Manu Chao. Vendría flotando, pero me pesa el cuerpo demasiado.
Tengo dicho que hoy iba a ir a la piscina para comprobar que sigo a flote, pero no ha podido ser, y no por esta voluntad mía caprichosa tan capaz de cercenar la intención de tantas cosas que a veces me quedo como un paralítico de intenciones, con las ganas justas para ver pasar las horas como uno de esos ancianos que retratan las películas, sentados en una silla de jardín al tráfico de una gasolinera de paso entre sitios muy distantes. Y es que hay que reconocer que a veces las horas no son algo que tenga un principio o final, ni siquiera eslabón, a veces los días caben en apenas una, de manera que hacer planes sería perder el tiempo por perder, al fin, perdido.
Pero hoy no dejé de nadar porque me venciera la pereza de recorrer el trecho hasta la piscina, que es razón suficiente para que me quedara a punto de ir muchas veces, si no fui, juramentado como estaba, fue porque esta gente de la piscina tiene también derecho a darse vacaciones de pisar la piscina, por pisar alguna, supongo, que ellos no gestionen.
Así que inválido para reventar candados, forzar cerrojos o abatir puertas decidí acercarme a la oficina nada más por un rato. Luego he pasado la tarde en casa. Sin asomarme al verano que ha llegado en Septiembre sin un buen pretexto que dar, esperando que lo recibiéramos con aplausos por esperado.
Querido amigo, tan tarde ya no nos vale.
Vanilla Sky
Llego a nado del último albúm de Manu Chao. Vendría flotando, pero me pesa el cuerpo demasiado.
Tengo dicho que hoy iba a ir a la piscina para comprobar que sigo a flote, pero no ha podido ser, y no por esta voluntad mía caprichosa tan capaz de cercenar la intención de tantas cosas que a veces me quedo como un paralítico de intenciones, con las ganas justas para ver pasar las horas como uno de esos ancianos que retratan las películas, sentados en una silla de jardín al tráfico de una gasolinera de paso entre sitios muy distantes. Y es que hay que reconocer que a veces las horas no son algo que tenga un principio o final, ni siquiera eslabón, a veces los días caben en apenas una, de manera que hacer planes sería perder el tiempo por perder, al fin, perdido.
Pero hoy no dejé de nadar porque me venciera la pereza de recorrer el trecho hasta la piscina, que es razón suficiente para que me quedara a punto de ir muchas veces, si no fui, juramentado como estaba, fue porque esta gente de la piscina tiene también derecho a darse vacaciones de pisar la piscina, por pisar alguna, supongo, que ellos no gestionen.
Así que inválido para reventar candados, forzar cerrojos o abatir puertas decidí acercarme a la oficina nada más por un rato. Luego he pasado la tarde en casa. Sin asomarme al verano que ha llegado en Septiembre sin un buen pretexto que dar, esperando que lo recibiéramos con aplausos por esperado.
Querido amigo, tan tarde ya no nos vale.
domingo, 2 de septiembre de 2007
El verano
Vivir sin ti es vivir muriendo.
El Kitapena - Manu Chao
Oiga usted si me puede contar dónde se fue el verano. Pues donde todos, a esa almohada inmensa repleta de plumas del pasado. Con éste ocurrió, no obstante, que se fue casi sin sentirlo, casi como si no hubiera ocurrido. Como una tarde transcurrida en la inopia de los sueños.
Hemos llegado a septiembre que es la bandera a cuadros que anticipa lo poco que queda de año, de este 2007 que se fue, como el verano, demasiado rápido.
Es evidente que el tiempo es una máquina que necesita de cierto rodaje para llegar a transcurrir enteramente a pleno rendimiento, ese periodo es la infancia que ocurre como una mañana de sol en la orilla de la playa, el minuto detenido en el murmullo de los que se dan confidencias a dos pasos, el calor abrasando la cara en la atmósfera perpetua de un domingo que no se acaba por culpa de la mañana.
Sin embargo el tiempo como un tren a medio camino entre dos estaciones termina por coger una velocidad tal que da vértigo. Y si no la sientes es porque no te arrimas al precipicio de caer en la cuenta. Enfrascado en minucias intrascendentes con su propia condena, la de perder importancia.
Sin embargo tiene este tiempo algo de tiempo perdido, o quizá sea que no habré de acordarme de este fin de semana, isla desierta entre lo que fue y lo que será.
En realidad hoy vine por no ir a la piscina de la que no escaparé mañana. Llegué aquí para acercarme algo a las 2 de la tarde, para que el rato que queda sea insuficiente para llegar hasta allí para nadar. Para que ir ya no merezca la pena.
Ayer tuve un sol descarado y certero, pero no tenía ya ganas de playa. Era mi venganza inútil contra las nubes que han desaparecido ahora. Antes cubrieron de lluvia el paraíso.
El Kitapena - Manu Chao
Oiga usted si me puede contar dónde se fue el verano. Pues donde todos, a esa almohada inmensa repleta de plumas del pasado. Con éste ocurrió, no obstante, que se fue casi sin sentirlo, casi como si no hubiera ocurrido. Como una tarde transcurrida en la inopia de los sueños.
Hemos llegado a septiembre que es la bandera a cuadros que anticipa lo poco que queda de año, de este 2007 que se fue, como el verano, demasiado rápido.
Es evidente que el tiempo es una máquina que necesita de cierto rodaje para llegar a transcurrir enteramente a pleno rendimiento, ese periodo es la infancia que ocurre como una mañana de sol en la orilla de la playa, el minuto detenido en el murmullo de los que se dan confidencias a dos pasos, el calor abrasando la cara en la atmósfera perpetua de un domingo que no se acaba por culpa de la mañana.
Sin embargo el tiempo como un tren a medio camino entre dos estaciones termina por coger una velocidad tal que da vértigo. Y si no la sientes es porque no te arrimas al precipicio de caer en la cuenta. Enfrascado en minucias intrascendentes con su propia condena, la de perder importancia.
Sin embargo tiene este tiempo algo de tiempo perdido, o quizá sea que no habré de acordarme de este fin de semana, isla desierta entre lo que fue y lo que será.
En realidad hoy vine por no ir a la piscina de la que no escaparé mañana. Llegué aquí para acercarme algo a las 2 de la tarde, para que el rato que queda sea insuficiente para llegar hasta allí para nadar. Para que ir ya no merezca la pena.
Ayer tuve un sol descarado y certero, pero no tenía ya ganas de playa. Era mi venganza inútil contra las nubes que han desaparecido ahora. Antes cubrieron de lluvia el paraíso.
miércoles, 29 de agosto de 2007
Digo, digo, digo
No falta quien dice que siempre se nos van los buenos. Se refieren, los que lo dicen, a los buenos de bondad más que otra cosa, aunque lo cierto de veras es que la bondad o la ausencia de aquella solamente la conocen los más allegados.
Se ha ido Emma Penella, actriz de tercera edad para papeles en que la actriz tiene que parecer una persona mayor. Porque andarán diciendo por ahí que los productores de Hollywood, que producen casi cualquier cosa, y así les quedan a la postre, bien podrían, sin mucho esfuerzo los expertos, echar los años encima de Catherine Zeta Jones a base de retoque informático y efectos especiales. Pero se la seguiría intuyendo debajo, como disfrazada. Si queremos que un personaje aparente ser mayor deberemos contar en el reparto con alguien que tenga los 60 o 70 cumpliditos. A mí me parece que Emma Penella logró lo que otros y es un mérito, aunque menor en la interpretación, siempre hizo de ella misma. O al menos sus personajes se parecían mucho, como si fueran el mismo con el discurrir de los años.
Se fue Antonio Puerta, que llevaba las trazas de ser un buen futbolista. Con 22 años tan sólo, con lo lejos que quedan. Quizá de alguna manera se llevara tan bien las escasas posibilidades de cambiar el rumo de esa selección nacional huérfana de éxitos. Un chaval joven y rico, viviendo un sueño que se quiebra en el mejor momento.
Muere Francisco Umbral, el más trascendente de los tres aunque su obra no diera para abrir la primera plana grande de los periódicos por la competencia de las otras muertes. Al menos de los que hojee. Era Umbral un ser pagado de si mismo, dicen los que lo conocían, pero escribía como los dioses, dicen también. Ambos tienen razón, y lo uno se dio como consecuencia de lo otro, probablemente.
Esta es de las tres, la que he sentido más, porque Emma se hizo habitual de las noches, como una vecina dicharachera y va a dejar un hueco difícil de llenar, Antonio nos mostró al morir la sinrazón de estar vivos por no saber por cuanto tiempo y le dio al aficionado al fútbol un gol de bandera que dejaba fuera a los alemanes, pero Umbral me maravilló con algún párrafo imposible de mejorar. Y estoy deseando coger su libro "Mortal y rosa".
Él quería hablar de su libro en aquel programa que causó tanto revuelo, pero los libros están hechos para leer.
Se ha ido Emma Penella, actriz de tercera edad para papeles en que la actriz tiene que parecer una persona mayor. Porque andarán diciendo por ahí que los productores de Hollywood, que producen casi cualquier cosa, y así les quedan a la postre, bien podrían, sin mucho esfuerzo los expertos, echar los años encima de Catherine Zeta Jones a base de retoque informático y efectos especiales. Pero se la seguiría intuyendo debajo, como disfrazada. Si queremos que un personaje aparente ser mayor deberemos contar en el reparto con alguien que tenga los 60 o 70 cumpliditos. A mí me parece que Emma Penella logró lo que otros y es un mérito, aunque menor en la interpretación, siempre hizo de ella misma. O al menos sus personajes se parecían mucho, como si fueran el mismo con el discurrir de los años.
Se fue Antonio Puerta, que llevaba las trazas de ser un buen futbolista. Con 22 años tan sólo, con lo lejos que quedan. Quizá de alguna manera se llevara tan bien las escasas posibilidades de cambiar el rumo de esa selección nacional huérfana de éxitos. Un chaval joven y rico, viviendo un sueño que se quiebra en el mejor momento.
Muere Francisco Umbral, el más trascendente de los tres aunque su obra no diera para abrir la primera plana grande de los periódicos por la competencia de las otras muertes. Al menos de los que hojee. Era Umbral un ser pagado de si mismo, dicen los que lo conocían, pero escribía como los dioses, dicen también. Ambos tienen razón, y lo uno se dio como consecuencia de lo otro, probablemente.
Esta es de las tres, la que he sentido más, porque Emma se hizo habitual de las noches, como una vecina dicharachera y va a dejar un hueco difícil de llenar, Antonio nos mostró al morir la sinrazón de estar vivos por no saber por cuanto tiempo y le dio al aficionado al fútbol un gol de bandera que dejaba fuera a los alemanes, pero Umbral me maravilló con algún párrafo imposible de mejorar. Y estoy deseando coger su libro "Mortal y rosa".
Él quería hablar de su libro en aquel programa que causó tanto revuelo, pero los libros están hechos para leer.
lunes, 27 de agosto de 2007
De mí
Vuelvo tras agotar las visitas programadas. Con algún kilo de más de comer tan bien y tan fuera, y sin recordar apenas como llegar hasta aquí.
Hoy me han dejado y sin embargo no me he quedado solo.
Hoy me han dejado y sin embargo no me he quedado solo.
La bella y el soldado
Mis sueños son una broma cruel; se burlan de mí.
Vanilla Sky

A él le llaman sargento Ziegel, supongo que porque lo es aún después de la guerra (de que acabara para él). Ese recorte es del día en que se casa, del día de su boda, con el uniforme de gala y las medallas.
Le estalló un coche bomba en Irak el día en que estuvo en el sitio equivocado a la hora equivocada. Eso debió pensar ella el día en que se lo regresaron arrasado, literalmente. En la foto se la ve algo confusa como no sabiendo como posar para dar bien. Quizá atenta a algunas indicaciones que le diera el fotógrafo para que el álbum quede lo mejor posible. Las fotos son recuerdos para toda la vida, un momento indiscutible e imborrable. Posa el peinado más favorecedor, y con la cara de niña que no comprende bien o que se vio superada por acontecimientos demasiado chocantes como para haber tomado conciencia. Es muy probable que hubiera despedido un día a su novio ansiando volverlo a ver, pensando de corazón que era un héroe e instalada en la certeza de esperar su regreso para desposarse y compartir una vida juntos. Muy probablemente habría anticipado, siquiera mentalmente, esa boda un millón de veces. Se la habría imaginado, y es fácil que lo viera a él con aquellas ropas elegantes, quizá incluso con algunas medallas menos. Sin embargo a la vuelta de la guerra no volvió aquel chico que ella despidió emocionada, volvió este otro que tenía los mismos recuerdos que ella de ese tiempo, el que fuera, que habían vivido juntos. Tenía el mismo nombre y el mismo apellido. No cuesta imaginar que el sargento Ziegel se salvó de milagro, y que quizá ella sea la persona que deba darnos la lección magistral de lo que es el amor.
Porque quizá la vida sea tan solo una, y quizá ella decidiera de verdad que la había de vivir con él, por ser el mismo que la enamoró aunque no lo pareciera. Después de todo otros cambian con el transcurrir del tiempo por dentro y en la forma de tratarlas como para terminar la vida en una guerra constante. Y ese cambio de ámbito doméstico es tan perceptible para ellas como el que desfiguró públicamente al sargento Ziegel para siempre.
También puede ser que esa foto sea un accidente en el que se convertirá un día esa ceremonia. Que ella decida que lo perdido valía tanto como el todo. Que era joven y que tiene la vida entera por delante como para dedicarla en aquella compañía. Vivimos un mundo gobernado por la imagen.
Entonces el amor habría muerto en una cuneta de Bagdad.
Vanilla Sky

A él le llaman sargento Ziegel, supongo que porque lo es aún después de la guerra (de que acabara para él). Ese recorte es del día en que se casa, del día de su boda, con el uniforme de gala y las medallas.
Le estalló un coche bomba en Irak el día en que estuvo en el sitio equivocado a la hora equivocada. Eso debió pensar ella el día en que se lo regresaron arrasado, literalmente. En la foto se la ve algo confusa como no sabiendo como posar para dar bien. Quizá atenta a algunas indicaciones que le diera el fotógrafo para que el álbum quede lo mejor posible. Las fotos son recuerdos para toda la vida, un momento indiscutible e imborrable. Posa el peinado más favorecedor, y con la cara de niña que no comprende bien o que se vio superada por acontecimientos demasiado chocantes como para haber tomado conciencia. Es muy probable que hubiera despedido un día a su novio ansiando volverlo a ver, pensando de corazón que era un héroe e instalada en la certeza de esperar su regreso para desposarse y compartir una vida juntos. Muy probablemente habría anticipado, siquiera mentalmente, esa boda un millón de veces. Se la habría imaginado, y es fácil que lo viera a él con aquellas ropas elegantes, quizá incluso con algunas medallas menos. Sin embargo a la vuelta de la guerra no volvió aquel chico que ella despidió emocionada, volvió este otro que tenía los mismos recuerdos que ella de ese tiempo, el que fuera, que habían vivido juntos. Tenía el mismo nombre y el mismo apellido. No cuesta imaginar que el sargento Ziegel se salvó de milagro, y que quizá ella sea la persona que deba darnos la lección magistral de lo que es el amor.
Porque quizá la vida sea tan solo una, y quizá ella decidiera de verdad que la había de vivir con él, por ser el mismo que la enamoró aunque no lo pareciera. Después de todo otros cambian con el transcurrir del tiempo por dentro y en la forma de tratarlas como para terminar la vida en una guerra constante. Y ese cambio de ámbito doméstico es tan perceptible para ellas como el que desfiguró públicamente al sargento Ziegel para siempre.
También puede ser que esa foto sea un accidente en el que se convertirá un día esa ceremonia. Que ella decida que lo perdido valía tanto como el todo. Que era joven y que tiene la vida entera por delante como para dedicarla en aquella compañía. Vivimos un mundo gobernado por la imagen.
Entonces el amor habría muerto en una cuneta de Bagdad.
miércoles, 15 de agosto de 2007
Los abrazos
De todos sus conocidos ella era la única que lo creía: esta vez era verdad que se iba. Pero también era la única que tenía al menos un motivo cierto para esperar que volviera.
El general en su laberinto - Gabriel García Márquez.
Es cosa mía, sin duda. De como soy, y de donde vengo.
Tuve a mi familia aquí, pasaron casi una semana entera, y no diré que me alegré terriblemente de verlos porque esos calificativos se los adjudico generalmente a las cosas malas. Pero fue una alegría volverlos a encontrar, tras tanto tiempo. Desde Marzo, para qué hacer cuentas.
Cuánta verdad es que la vida da muchas vueltas. Hablaba el otro día con una clienta que ha enviudado hace poco y me contaba lo inesperado de la muerte. Supongo que uno dice que sí, que estaremos juntos toda la vida, pero la verdad es que no sabe cuánto será eso. Podría ser muy poco.
Sin embargo durante esta semana de reencuentro, unido a los 13 que llegaron vine a darme cuenta de que apenas recibo abrazos. Y no hay nada en mi semblante que permita intuir que quizá los necesito. Creo que todos ellos, incluidos mis padres son un poco como yo, que soy de tocar poco, tan distinto al carácter de aquella canaria que conocí un día, que iba por la vida de abrazo en abrazo, como entre lianas sin tocar el suelo, y poniendo besos desde cerquita.
Pero yo sigo persiguiendo a mi madre como antaño, para agarrarle por detrás lo que sustituyó la delgadez de otro tiempo, para palmearle el culete y para abrazarme como Cruise en Minority Report. Me he hecho físicamente mayor que ella, pero un día me tuvo dentro, aunque no por mucho que nací con 7 meses mal contados y con el peso de una pluma.
Soñaba el otro día y reparé no sé bien, en la amanecida, en el hecho de que recibiera cariño con cuentagotas, sin necesitar más, y me vi de repente, no sé porque, como una figura de sal inmóvil.
Me había convertido en una estatua.
El general en su laberinto - Gabriel García Márquez.
Es cosa mía, sin duda. De como soy, y de donde vengo.
Tuve a mi familia aquí, pasaron casi una semana entera, y no diré que me alegré terriblemente de verlos porque esos calificativos se los adjudico generalmente a las cosas malas. Pero fue una alegría volverlos a encontrar, tras tanto tiempo. Desde Marzo, para qué hacer cuentas.
Cuánta verdad es que la vida da muchas vueltas. Hablaba el otro día con una clienta que ha enviudado hace poco y me contaba lo inesperado de la muerte. Supongo que uno dice que sí, que estaremos juntos toda la vida, pero la verdad es que no sabe cuánto será eso. Podría ser muy poco.
Sin embargo durante esta semana de reencuentro, unido a los 13 que llegaron vine a darme cuenta de que apenas recibo abrazos. Y no hay nada en mi semblante que permita intuir que quizá los necesito. Creo que todos ellos, incluidos mis padres son un poco como yo, que soy de tocar poco, tan distinto al carácter de aquella canaria que conocí un día, que iba por la vida de abrazo en abrazo, como entre lianas sin tocar el suelo, y poniendo besos desde cerquita.
Pero yo sigo persiguiendo a mi madre como antaño, para agarrarle por detrás lo que sustituyó la delgadez de otro tiempo, para palmearle el culete y para abrazarme como Cruise en Minority Report. Me he hecho físicamente mayor que ella, pero un día me tuvo dentro, aunque no por mucho que nací con 7 meses mal contados y con el peso de una pluma.
Soñaba el otro día y reparé no sé bien, en la amanecida, en el hecho de que recibiera cariño con cuentagotas, sin necesitar más, y me vi de repente, no sé porque, como una figura de sal inmóvil.
Me había convertido en una estatua.
domingo, 12 de agosto de 2007
Remendando
A veces no basta con cumplir lo que se pide. Capello lo sabe.
Sin embargo hay que acordarse de lo lejos que parecía en la temporada 2005/06 que el Real Madrid ganara algún título, siquiera la Copa del Rey. Y ocurrió igual durante casi toda la temporada pasada, un poco porque el equipo no jugaba ni castaña, un poco porque los títulos se ganan consiguiendo puntos de 3 en 3 y no perdiendo tantos por el camino.
Pero el Barcelona ya no era el Barcelona que había sido. Los jugadores hacían la guerra por su cuenta, con los egos hinchados algunos, de excesiva parranda otros tantos. Y tanta relajación trajo consigo dar vida a un muerto. Un muerto que hacía un fútbol feo pero efectivo. Con algunos de sus jugadores, que habían estado casi siempre de vuelta de todo, exprimiéndose al máximo en su ocaso. Y con David Beckham que se había comportado como un profesional dispuesto a sudar la camiseta siempre renacido al fútbol de su derecha mágica, que pone la bola tan certero como debía entrarle a las chicas antes de Victoria, y quizá después. Llenando de músculo el centro del campo para ver si a Guti se le encendía la chispa el breve instante que da un gol servido en profundidad. Con ese celebrado con alborozo y a ser posible todos juntos debía bastar.
Ese era el manual de Capello cuando lo trajeron. Sabían cómo eran sus equipos, un cerrojo oxidado y dependiente de un delantero rematador, disciplinado y oportunista. No engañaba a nadie, su fútbol era tan aparente como su rostro.
Pero Calderón quería otra cosa. Quería fútbol en mayúsculas, quería el fútbol que era capaz de describir con su verbo florido y fácil (para él) Jorge Valdano. Pero ese fútbol depende del estado de ánimo, y depende de la confianza, y por fin también depende de los futbolistas.
Por eso no es fácil que Bernard Schuster consiga ramos de flores de los pañuelos del socio y abonado. Porque existe un equipo a imagen y semejanza de Capello, y eso es más de lo que fue el Real Madrid en el último lustro.
Capello contará por tanto sus millones de euros de un contrato extinguido pero pagado hasta el último céntimo en su Italia querida, echando de menos tal vez el jamón de bellota de Madrid que es una ciudad con venas palpitantes bajo la superficie. Y tendrá seguramente el placer de ver el despeño de Bernard Schuster que será el mismo de Calderón, y el mismo de Mijatovic que prefirió agarrar el sillón en que se sienta antes que defender a capa y espada un proyecto que era una apuesta personal y que salió todo lo bien que podía haber salido.
Si Mijatovic hubiera unido su destino al de Capello habría callado algunas bocas, y habría dado una lección a tantos que van por la vida haciendo las cosas regular.
Gracias que en el fútbol solamente cuenta la ilusión. Y la ilusión es solo cosa del futuro.
Sin embargo hay que acordarse de lo lejos que parecía en la temporada 2005/06 que el Real Madrid ganara algún título, siquiera la Copa del Rey. Y ocurrió igual durante casi toda la temporada pasada, un poco porque el equipo no jugaba ni castaña, un poco porque los títulos se ganan consiguiendo puntos de 3 en 3 y no perdiendo tantos por el camino.
Pero el Barcelona ya no era el Barcelona que había sido. Los jugadores hacían la guerra por su cuenta, con los egos hinchados algunos, de excesiva parranda otros tantos. Y tanta relajación trajo consigo dar vida a un muerto. Un muerto que hacía un fútbol feo pero efectivo. Con algunos de sus jugadores, que habían estado casi siempre de vuelta de todo, exprimiéndose al máximo en su ocaso. Y con David Beckham que se había comportado como un profesional dispuesto a sudar la camiseta siempre renacido al fútbol de su derecha mágica, que pone la bola tan certero como debía entrarle a las chicas antes de Victoria, y quizá después. Llenando de músculo el centro del campo para ver si a Guti se le encendía la chispa el breve instante que da un gol servido en profundidad. Con ese celebrado con alborozo y a ser posible todos juntos debía bastar.
Ese era el manual de Capello cuando lo trajeron. Sabían cómo eran sus equipos, un cerrojo oxidado y dependiente de un delantero rematador, disciplinado y oportunista. No engañaba a nadie, su fútbol era tan aparente como su rostro.
Pero Calderón quería otra cosa. Quería fútbol en mayúsculas, quería el fútbol que era capaz de describir con su verbo florido y fácil (para él) Jorge Valdano. Pero ese fútbol depende del estado de ánimo, y depende de la confianza, y por fin también depende de los futbolistas.
Por eso no es fácil que Bernard Schuster consiga ramos de flores de los pañuelos del socio y abonado. Porque existe un equipo a imagen y semejanza de Capello, y eso es más de lo que fue el Real Madrid en el último lustro.
Capello contará por tanto sus millones de euros de un contrato extinguido pero pagado hasta el último céntimo en su Italia querida, echando de menos tal vez el jamón de bellota de Madrid que es una ciudad con venas palpitantes bajo la superficie. Y tendrá seguramente el placer de ver el despeño de Bernard Schuster que será el mismo de Calderón, y el mismo de Mijatovic que prefirió agarrar el sillón en que se sienta antes que defender a capa y espada un proyecto que era una apuesta personal y que salió todo lo bien que podía haber salido.
Si Mijatovic hubiera unido su destino al de Capello habría callado algunas bocas, y habría dado una lección a tantos que van por la vida haciendo las cosas regular.
Gracias que en el fútbol solamente cuenta la ilusión. Y la ilusión es solo cosa del futuro.
sábado, 11 de agosto de 2007
La familia
No vengo más que para escribir unas líneas que no alcanzan casi para nada. Para advertir que desde el lunes pasado tengo a mi familia conmigo. Alojados en Parres distante apenas dos kilómetros de mi casa. Han venido con los nanos y entre todos suman 13 personas, lo que supone toda una odisea a la hora de comer.
Tienen al lado de casa un caballo al que los críos llamaron Rayo por escoger un nombre aunque luego descubrieron que su nombre real era Nevado, por las motas blancas sobre el lomo. Y mudaron al nombre nuevo sin problema. El pequeño dice que el caballo ya lo conoce.
Se quedan juntos hasta el domingo. Mañana vamos a Santander y cenamos en Casa Poli, en las Puertas de Vidiago. Es un sitio en el que no admiten reserva pero nos van a reservar.
Antes que a ellos tuve aquí a Fer y Teresa, amigos de Valencia. Y después de ellos llegará conmigo Sestea para enseñarme que en realidad no pasa el tiempo. Parece que sí, pero es un efecto óptico, como la imagen del espejo. Todo permanece.
Tienen al lado de casa un caballo al que los críos llamaron Rayo por escoger un nombre aunque luego descubrieron que su nombre real era Nevado, por las motas blancas sobre el lomo. Y mudaron al nombre nuevo sin problema. El pequeño dice que el caballo ya lo conoce.
Se quedan juntos hasta el domingo. Mañana vamos a Santander y cenamos en Casa Poli, en las Puertas de Vidiago. Es un sitio en el que no admiten reserva pero nos van a reservar.
Antes que a ellos tuve aquí a Fer y Teresa, amigos de Valencia. Y después de ellos llegará conmigo Sestea para enseñarme que en realidad no pasa el tiempo. Parece que sí, pero es un efecto óptico, como la imagen del espejo. Todo permanece.
martes, 7 de agosto de 2007
Si tú no vuelves
Dime amor, amor, amor, estoy aquí ¿no ves?
Si no vuelves no habrá vida,
no sé lo que haré.
No sé lo que haré.
Si tú no vuelves - Miguel Bosé (y Shakira)
Si no vuelves no habrá vida,
no sé lo que haré.
No sé lo que haré.
Si tú no vuelves - Miguel Bosé (y Shakira)
sábado, 4 de agosto de 2007
El agua
¿He contado que llevo tres días duchándome con agua fría?
Pero no es agua del mar Cantábrico, que es de todos conocido lo bastante fresca que es, a juzgar por la temperatura estoy casi convencido de que me brota directamente de algún manantial en la cima de los Picos de Europa. Justo por encima de ese puñado de valerosos que se resguardan de avalanchas de nieve. Sospecho que se encuentra justo en el estadio anterior a formar una fina película de hielo, claro que como cae con meridiana fuerza por el teléfono del grifo no llega a congelarse, aunque hiele lo mismo.
Por supuesto ponerse debajo es tarea de valientes o de seres inanimados que no sientan. Yo dejo que me congele las falanges hasta los tobillos antes de asomar la cabeza y el resto del cuerpo. Lo cierto es que te terminas acostumbrando, a costa eso sí de perder gran parte de la sensibilidad innata de la piel, claro que luego la recuperas, obviamente ya fuera del agua.
Ahora bien, es casi seguro que estas duchas polares han de resultar beneficiosas para el organismo, ¿y cómo dejan la piel? Entre tierna y abotargada, casi, casi como la de un bebé.
Vamos que se sale de la ducha hecho un chaval y con unas ganas de repetir que por no sudar voy a hacerme llevar a todos lados en un carrito en que quepa, me vale de supermercado.
No me digas que se estropeó esta vez. Sólo sé que esto funcionaba por el milagro de la electricidad y dejó de hacerlo. Por lo que se ve el calentador estaba anclado en el agujero que hay en el techo de uno de los armarios empotrados. Así como suena, allí estaba cuando llegué. Pero no parece que tenga ninguna luz advirtiendo que funciona o que no lo hace. Es un gran barril de metal muerto.
Menos mal que tengo el portátil; y la playa.
Pero no es agua del mar Cantábrico, que es de todos conocido lo bastante fresca que es, a juzgar por la temperatura estoy casi convencido de que me brota directamente de algún manantial en la cima de los Picos de Europa. Justo por encima de ese puñado de valerosos que se resguardan de avalanchas de nieve. Sospecho que se encuentra justo en el estadio anterior a formar una fina película de hielo, claro que como cae con meridiana fuerza por el teléfono del grifo no llega a congelarse, aunque hiele lo mismo.
Por supuesto ponerse debajo es tarea de valientes o de seres inanimados que no sientan. Yo dejo que me congele las falanges hasta los tobillos antes de asomar la cabeza y el resto del cuerpo. Lo cierto es que te terminas acostumbrando, a costa eso sí de perder gran parte de la sensibilidad innata de la piel, claro que luego la recuperas, obviamente ya fuera del agua.
Ahora bien, es casi seguro que estas duchas polares han de resultar beneficiosas para el organismo, ¿y cómo dejan la piel? Entre tierna y abotargada, casi, casi como la de un bebé.
Vamos que se sale de la ducha hecho un chaval y con unas ganas de repetir que por no sudar voy a hacerme llevar a todos lados en un carrito en que quepa, me vale de supermercado.
No me digas que se estropeó esta vez. Sólo sé que esto funcionaba por el milagro de la electricidad y dejó de hacerlo. Por lo que se ve el calentador estaba anclado en el agujero que hay en el techo de uno de los armarios empotrados. Así como suena, allí estaba cuando llegué. Pero no parece que tenga ninguna luz advirtiendo que funciona o que no lo hace. Es un gran barril de metal muerto.
Menos mal que tengo el portátil; y la playa.
Portátil
El lunes pasado me compré un portátil. Un ASUS con procesador Intel Centrino Core 2 Duo Plataforma Santa Rosa a 1.80 Ghz, con 2G de memoria, 160 G de disco duro, tarjeta gráfica de hasta 896 Mb Nvidia Geforce 8400. Tiene cámara de 1,3Mpx y Bluetooth. Viene con el sistema operativo Windows Vista.
Lo estoy echando a andar.
Lo estoy echando a andar.
domingo, 29 de julio de 2007
La pareja perfecta
"Le dijo que el amor era un sentimiento contra natura, que condenaba a dos desconocidos a una dependencia mezquina e insalubre, tanto más efímera cuanto más intensa."
Del amor y otros demonios - Gabriel García Márquez
Leí ayer una noticia de hace tiempo. Llegué a ella a través de una más reciente. En estos días un periodista o dos han estado chantajeando a Tom Cruise con unas fotos privadas. Y de esa a una entrevista de los tiempos en que Tom y Penélope eran pareja había nada más un enlace.
En ella Tom hablaba cómo no, de boda. ¿Quién no hablaría de boda si la otra parte es Penélope Cruz? Era poco tiempo después del rodaje de aquella película que los reunió y que era una versión de "Abre los ojos" de Amenabar. La película se llama "Vanilla Sky" y junta realidad y sueño, cubriendo el sueño un cielo de color vainilla.
Pero la vida raramente copia al cine. Tiene otro guión y muchas veces no responde a lo que uno espera. A mí la ruptura me sorprendió tanto como leer que Tom Cruise "no descartaba" la boda. La descartó ella supongo, y él fue el primer sorprendido, quizá porque Rey Midas que convierte lo que toca en oro encontró a alguien que convierte en amor o desamor lo que toca según su capricho. Una mujer de las de vivir la vida tan intensamente que los días no parecen tiempo bastante.
Sin embargo, aquellos que vieron esta película estarán de acuerdo conmigo, ellos dos aparecían como una pareja simplemente perfecta. Tan lejos de Kate Winslet y Leonardo Di Caprio por ejemplo, que tenían la misma química en "Titanic" que mezclar en la boca natillas con gazpacho. Pero Tom y Penélope eran y se comportaban ya en pantalla como una pareja de hecho, como si en el largo trayecto de la vida se hubieran encontrado al fin y no necesitarán hablarse para decírselo todo. Por eso no tenía que sorprender a nadie que terminaran siendo la pareja que anticipaban en la fábula del cine.
Yo personalmente no me he encontrado un caso igual. Ocurre generalmente que las parejas parecen fruto del azar, y que si prosperan es más por la aceptación del otro que porque sean el uno para el otro del forma indiscutible. Es por ello que quizá todo aquello del destino sea un camelo, y sea mucho más notorio el azar que nos da conocer unas personas en vez de otras, y que las posibilidades, sean cuales sean se darán solo con esas y no con otras. Lo que significa que probablemente entre las desconocidas existe alguien que, podría ocurrir, nos vaya como anillo al dedo. Nos haga parecer parte de una pareja perfecta. Correspondencia uno a uno como horma de zapato. Francamente no encontré nunca una pareja que me lo pareciera hasta ese extremo, hasta que conocí a Tom Cruise abandonando a Nicole Kidman por Penélope.
Pero aquella correspondencia debió ser nada más aparente. Por lo bien que daban ellos juntos ante cualquiera. Como si estuvieran unidos por un lazo invisible que se intuye incluso cuando mira cada uno hacia otro lado. Pero luego, cuando se avanza en el detalle, cuando nos acercamos a la Cienciología y a tantas otras cosas que son fronteras que diferencian encontramos que la pareja es perfecta solamente como un par de muñecos, incapaces de sobrevivir si no es juntos en la misma estantería. Como Ken y Barbie. Como dos dibujos recortados a los que vestir para hacer pulular por una casa de muñecas.
Tom Cruise se casó después con Katie Holmes que es un remiendo regular para mi gusto. Con ella tuvo a Suri una niña con mucho por heredar. Sin embargo sospecho que él hubiera preferido tener a una niña morena que se llamara Penélope Cruise Cruz. Pero en la vida el cielo vainilla dura lo que dura un atardecer.
Quizá entonces habrían formado la familia perfecta. (Aparentemente.)
Del amor y otros demonios - Gabriel García Márquez
Leí ayer una noticia de hace tiempo. Llegué a ella a través de una más reciente. En estos días un periodista o dos han estado chantajeando a Tom Cruise con unas fotos privadas. Y de esa a una entrevista de los tiempos en que Tom y Penélope eran pareja había nada más un enlace.
En ella Tom hablaba cómo no, de boda. ¿Quién no hablaría de boda si la otra parte es Penélope Cruz? Era poco tiempo después del rodaje de aquella película que los reunió y que era una versión de "Abre los ojos" de Amenabar. La película se llama "Vanilla Sky" y junta realidad y sueño, cubriendo el sueño un cielo de color vainilla.
Pero la vida raramente copia al cine. Tiene otro guión y muchas veces no responde a lo que uno espera. A mí la ruptura me sorprendió tanto como leer que Tom Cruise "no descartaba" la boda. La descartó ella supongo, y él fue el primer sorprendido, quizá porque Rey Midas que convierte lo que toca en oro encontró a alguien que convierte en amor o desamor lo que toca según su capricho. Una mujer de las de vivir la vida tan intensamente que los días no parecen tiempo bastante.
Sin embargo, aquellos que vieron esta película estarán de acuerdo conmigo, ellos dos aparecían como una pareja simplemente perfecta. Tan lejos de Kate Winslet y Leonardo Di Caprio por ejemplo, que tenían la misma química en "Titanic" que mezclar en la boca natillas con gazpacho. Pero Tom y Penélope eran y se comportaban ya en pantalla como una pareja de hecho, como si en el largo trayecto de la vida se hubieran encontrado al fin y no necesitarán hablarse para decírselo todo. Por eso no tenía que sorprender a nadie que terminaran siendo la pareja que anticipaban en la fábula del cine.
Yo personalmente no me he encontrado un caso igual. Ocurre generalmente que las parejas parecen fruto del azar, y que si prosperan es más por la aceptación del otro que porque sean el uno para el otro del forma indiscutible. Es por ello que quizá todo aquello del destino sea un camelo, y sea mucho más notorio el azar que nos da conocer unas personas en vez de otras, y que las posibilidades, sean cuales sean se darán solo con esas y no con otras. Lo que significa que probablemente entre las desconocidas existe alguien que, podría ocurrir, nos vaya como anillo al dedo. Nos haga parecer parte de una pareja perfecta. Correspondencia uno a uno como horma de zapato. Francamente no encontré nunca una pareja que me lo pareciera hasta ese extremo, hasta que conocí a Tom Cruise abandonando a Nicole Kidman por Penélope.
Pero aquella correspondencia debió ser nada más aparente. Por lo bien que daban ellos juntos ante cualquiera. Como si estuvieran unidos por un lazo invisible que se intuye incluso cuando mira cada uno hacia otro lado. Pero luego, cuando se avanza en el detalle, cuando nos acercamos a la Cienciología y a tantas otras cosas que son fronteras que diferencian encontramos que la pareja es perfecta solamente como un par de muñecos, incapaces de sobrevivir si no es juntos en la misma estantería. Como Ken y Barbie. Como dos dibujos recortados a los que vestir para hacer pulular por una casa de muñecas.
Tom Cruise se casó después con Katie Holmes que es un remiendo regular para mi gusto. Con ella tuvo a Suri una niña con mucho por heredar. Sin embargo sospecho que él hubiera preferido tener a una niña morena que se llamara Penélope Cruise Cruz. Pero en la vida el cielo vainilla dura lo que dura un atardecer.
Quizá entonces habrían formado la familia perfecta. (Aparentemente.)
jueves, 26 de julio de 2007
El payaso
Vaya showman que se ha perdido. Hay que ver que difícil es acertar en la vida. Uno cree que ha de ser algo por los pasos dados y de repente un día se da cuenta de que la vida por otros derroteros habría ido mejor.
Hablo como no podía ser de otra manera, creo que nunca más podré hablar de otra cosa, de nuestro conciudadano Jaime, el solitario atracador de bancos que pudo ser un showman de los de marcar época. Lo malo es que ni él ni nosotros lo sabíamos. Tuvo que tener enfrente las cámaras para que nos diéramos cuenta. Lástima lo vivido ¿verdad?
Si no fuera por los asesinatos y por los robos hay que reconocer que su salida de la comparecencia frente al juez, por cierto 6 horas en las que según parece no abrió la boca, que uno se pregunta que hicieron tanto tiempo ahí dentro. No me digas que estos jueces portugueses son tan locuaces como para hablar ellos tanto tiempo, los nuestros en su mayoría son un poco como el tal Ferri, al que no le gustan las lesbianas ni los divorcios. Son más bien de pocas palabras y de montar cirios contra los dibujantes del humor, así se caiga a pedazos el país por la corrupción que ellos enarbolan las leyes que aprueban los otros entre pataleos, cada vez más lejos del ciudadano medio que cruza la calle. El que piensa que esto es lo que hay y no podemos aspirar a nada mejor.
Decía que El solitario estuvo la mar de cómico con ese "Hola a todos, soy el solitario" y para rematar lo de "Salud españoles". Vamos que de ahí a presentar "El precio justo" nada de nada.
Pero sus ocurrencias de hombre talentoso no acaban ahí, leo que esta noche ha decidido protestar porque le han enviado a una prisión de alta seguridad, y eso le ha roto los planes fijo, que seguro que ya tenía medio mirado cómo salir de aquella de Coimbra, quizá disfrazado de camilla o de lámpara. La verdad es que no creo que sea para preocuparse, de hecho probablemente le irá bien ponerse a dieta, que estaban las costuras del chaleco antibalas tensas a reventar. Aunque conociéndolo un poco, es de no perderse la foto que se hizo junto al metro para la ficha policial, con el pulgar hacia arriba y el rostro sino de Fofito sí de Jaimito o Arbito (o Fofote) superstar, digo que conociéndole un poco no sería raro imaginar que se refirió a los policías de la nueva prisión con un "Tate, que de protesta dejo de comer. Que me pongo en huelga de hambre". Y ellos: ¿Ahora? Él: "No, después de cenar".
Y es que este hombre tiene estas cosas. Es un showman. Lo malo es que a mí me va dando en la nariz, y me sobra nariz que éste termina escribiendo un libro, o consiguiendo un negro, así les llaman, que se lo escriba.
Y será a no tardar mucho, sobre todo si prospera todo esto de la euro-orden y toda esa mandanga administrativa. He leído que quieren pedir algo así como un traspaso de jurisdicción para que lo juzguemos pronto aquí, sin esperar demasiado. Eso en la práctica es que los tres o cuatro delitos que ha cometido en Portugal serán juzgados por nuestros jueces, además claro está de los asesinatos, atracos y lesiones que causó. Sin embargo, yo que soy ciudadano de a pie como cualquiera, quisiera ser consultado, al menos para esto, ya que con el euro no lo hicieron, y aquello fue meterse literalmente en mi bolsillo. Porque yo que hoy estoy bullero, tengo la misma sensación con nuestra justicia que Joaquín en la selección de Aragonés, que es un cachondeo y un despelote.
Así que propongo un referéndum acerca de si traerlo o esperar a que cumpla la pena que le impongan en Portugal. Allí parece que estas cosas se las toman en serio, y por tener un puñado de matrículas falsas, ir armado ilegalmente e intentar atracar un banco (esto último no se dio, será más bien intentar cruzar un paso peatones con 6 tíos encima, frente al banco) le pueden caer la friolera de 28 añazos. Y es que estos portugueses saben meter mano al maleante, para que otros como él se piensen cruzar la frontera con el espíritu delictivo.
Yo particularmente prefiero que se quede allí que ya habrá tiempo para que nos lo traigamos, le pongamos 25 años para ver en cuanto queda si hay rebajas. Antes de que el fulano publique un libro que se llame "Soy el solitario" o un menos acertado "Salud españoles" al que le falta un "va por ustedes" torero. Siendo de un modo u otro me veo haciendo cola para comprarlo.
La mente enferma vende más que la sana.
Hablo como no podía ser de otra manera, creo que nunca más podré hablar de otra cosa, de nuestro conciudadano Jaime, el solitario atracador de bancos que pudo ser un showman de los de marcar época. Lo malo es que ni él ni nosotros lo sabíamos. Tuvo que tener enfrente las cámaras para que nos diéramos cuenta. Lástima lo vivido ¿verdad?
Si no fuera por los asesinatos y por los robos hay que reconocer que su salida de la comparecencia frente al juez, por cierto 6 horas en las que según parece no abrió la boca, que uno se pregunta que hicieron tanto tiempo ahí dentro. No me digas que estos jueces portugueses son tan locuaces como para hablar ellos tanto tiempo, los nuestros en su mayoría son un poco como el tal Ferri, al que no le gustan las lesbianas ni los divorcios. Son más bien de pocas palabras y de montar cirios contra los dibujantes del humor, así se caiga a pedazos el país por la corrupción que ellos enarbolan las leyes que aprueban los otros entre pataleos, cada vez más lejos del ciudadano medio que cruza la calle. El que piensa que esto es lo que hay y no podemos aspirar a nada mejor.
Decía que El solitario estuvo la mar de cómico con ese "Hola a todos, soy el solitario" y para rematar lo de "Salud españoles". Vamos que de ahí a presentar "El precio justo" nada de nada.
Pero sus ocurrencias de hombre talentoso no acaban ahí, leo que esta noche ha decidido protestar porque le han enviado a una prisión de alta seguridad, y eso le ha roto los planes fijo, que seguro que ya tenía medio mirado cómo salir de aquella de Coimbra, quizá disfrazado de camilla o de lámpara. La verdad es que no creo que sea para preocuparse, de hecho probablemente le irá bien ponerse a dieta, que estaban las costuras del chaleco antibalas tensas a reventar. Aunque conociéndolo un poco, es de no perderse la foto que se hizo junto al metro para la ficha policial, con el pulgar hacia arriba y el rostro sino de Fofito sí de Jaimito o Arbito (o Fofote) superstar, digo que conociéndole un poco no sería raro imaginar que se refirió a los policías de la nueva prisión con un "Tate, que de protesta dejo de comer. Que me pongo en huelga de hambre". Y ellos: ¿Ahora? Él: "No, después de cenar".
Y es que este hombre tiene estas cosas. Es un showman. Lo malo es que a mí me va dando en la nariz, y me sobra nariz que éste termina escribiendo un libro, o consiguiendo un negro, así les llaman, que se lo escriba.
Y será a no tardar mucho, sobre todo si prospera todo esto de la euro-orden y toda esa mandanga administrativa. He leído que quieren pedir algo así como un traspaso de jurisdicción para que lo juzguemos pronto aquí, sin esperar demasiado. Eso en la práctica es que los tres o cuatro delitos que ha cometido en Portugal serán juzgados por nuestros jueces, además claro está de los asesinatos, atracos y lesiones que causó. Sin embargo, yo que soy ciudadano de a pie como cualquiera, quisiera ser consultado, al menos para esto, ya que con el euro no lo hicieron, y aquello fue meterse literalmente en mi bolsillo. Porque yo que hoy estoy bullero, tengo la misma sensación con nuestra justicia que Joaquín en la selección de Aragonés, que es un cachondeo y un despelote.
Así que propongo un referéndum acerca de si traerlo o esperar a que cumpla la pena que le impongan en Portugal. Allí parece que estas cosas se las toman en serio, y por tener un puñado de matrículas falsas, ir armado ilegalmente e intentar atracar un banco (esto último no se dio, será más bien intentar cruzar un paso peatones con 6 tíos encima, frente al banco) le pueden caer la friolera de 28 añazos. Y es que estos portugueses saben meter mano al maleante, para que otros como él se piensen cruzar la frontera con el espíritu delictivo.
Yo particularmente prefiero que se quede allí que ya habrá tiempo para que nos lo traigamos, le pongamos 25 años para ver en cuanto queda si hay rebajas. Antes de que el fulano publique un libro que se llame "Soy el solitario" o un menos acertado "Salud españoles" al que le falta un "va por ustedes" torero. Siendo de un modo u otro me veo haciendo cola para comprarlo.
La mente enferma vende más que la sana.
martes, 24 de julio de 2007
Macedonia
Llego con ganas de contar un puñado de cosas, y las unas no tienen nada que ver con las otras.
Por fin se le ha visto la cara a "el solitario", y no es de extrañar que el hombre haya hecho gran parte de su vida tras una peluca y una barba de pega. De algún modo tenía que intentar disimular su mala cara. Y es que siendo tan feo no es raro que su paranoia le hiciera creer que no hay mayor belleza que la que proporciona el dinero, cambia los ojos de quien nos mira. Vivía con su madre y sus dos hijos, que supongo que ignoraban que su padre era un asesino feo. Aunque sabrían de sobra que tenía malas pulgas y que quizá por ello, y por la suma de todo, aquellas bellezas exuberantes que alguna vez lo acompañaron lo hacían única y exclusivamente por dinero.
Leo que lo han detenido entre 6 policías de los de gimnasio diario, que lo esperaban junto a la sucursal para saltarle encima desde el coche en cuanto lo vieron aparecer vestido de fantoche. Y el hombre a pesar de que le ve más bien rollizo, como una croqueta de antes de anteayer, parece que hizo ademán de echarse la mano a la sobaquera requetesudada para desenfundar una de sus pistolas. Pero no debía ser Lucky Luke precisamente, o los policías no eran mancos desde luego, gente preparada en derribar muros y antes de que pudiera sentir la rigidez del antibalas en las manos coronadas por un trozo de celo para cada yema, ya debía estar rodando por el suelo casi inmovilizado de pies y manos, con la lengua babosa maldiciendo el trece supersticioso que pone fin a su larga carrera criminal.
Cuentan que por lo acaecido en Portugal podrían caerle en nuestro país vecino alrededor de 28 años, y yo me maravillo de que tan poco de para tanto. Y es que debe estar muy mal visto allí que acuda como turista lo peor de nuestro país, con el agravante además de no ir para nada bueno. Vamos que este hombre no ha tenido que cometer graves delitos para llevar consigo una larga condena. Le ha bastado ir vestido de adefesio con malas intenciones.
Y yo me digo que no tenemos que precipitarnos en pedir la extradición, ya habrá tiempo. Paraliza la euro-orden, dejemos que conozca en profundidad las paredes de las prisiones de nuestros vecinos, que sepa de su grosor y de sus horarios de recreo. Que nos lo devuelvan siendo un experto de las prisiones portuguesas, será entonces cuando podremos juzgarlo y ofrecerle alojamiento en estas nuestras, para que ofrezca conferencias a los internos más aburridos.
Hoy tiene 51 años, quizá con suerte llegue nos lo regresen a los 79. Entonces le podremos meter mano con 25 años más. Para que se haga centenario y estudioso del error de creer que podría estar siempre a salvo.
Este tío la verdad es que me saca de quicio. Cada vez que lo imagino invadido por la sensación de impunidad y prepotencia al disparar a un cajero simplemente porque le parece que en el cajón no hay bastante me pongo malo. Solamente se llevaba la caja, lo que hubiera en el cajón al alcance de la mano. En ese instante, cuando no le queda en la oficina ni un minuto para salir huyendo está aún dispuesto a dar un escarmiento. Por si acaso regresa alguna otra vez, o por si no regresa, deja cicatriz además de un recuerdo imborrable. Dos cajeros recibieron sendos disparos en las piernas.
Esa revancha porque puede hacerlo me está enfermando. Se me han quitado las ganas de contar nada más. No habrá macedonia.
Por fin se le ha visto la cara a "el solitario", y no es de extrañar que el hombre haya hecho gran parte de su vida tras una peluca y una barba de pega. De algún modo tenía que intentar disimular su mala cara. Y es que siendo tan feo no es raro que su paranoia le hiciera creer que no hay mayor belleza que la que proporciona el dinero, cambia los ojos de quien nos mira. Vivía con su madre y sus dos hijos, que supongo que ignoraban que su padre era un asesino feo. Aunque sabrían de sobra que tenía malas pulgas y que quizá por ello, y por la suma de todo, aquellas bellezas exuberantes que alguna vez lo acompañaron lo hacían única y exclusivamente por dinero.
Leo que lo han detenido entre 6 policías de los de gimnasio diario, que lo esperaban junto a la sucursal para saltarle encima desde el coche en cuanto lo vieron aparecer vestido de fantoche. Y el hombre a pesar de que le ve más bien rollizo, como una croqueta de antes de anteayer, parece que hizo ademán de echarse la mano a la sobaquera requetesudada para desenfundar una de sus pistolas. Pero no debía ser Lucky Luke precisamente, o los policías no eran mancos desde luego, gente preparada en derribar muros y antes de que pudiera sentir la rigidez del antibalas en las manos coronadas por un trozo de celo para cada yema, ya debía estar rodando por el suelo casi inmovilizado de pies y manos, con la lengua babosa maldiciendo el trece supersticioso que pone fin a su larga carrera criminal.
Cuentan que por lo acaecido en Portugal podrían caerle en nuestro país vecino alrededor de 28 años, y yo me maravillo de que tan poco de para tanto. Y es que debe estar muy mal visto allí que acuda como turista lo peor de nuestro país, con el agravante además de no ir para nada bueno. Vamos que este hombre no ha tenido que cometer graves delitos para llevar consigo una larga condena. Le ha bastado ir vestido de adefesio con malas intenciones.
Y yo me digo que no tenemos que precipitarnos en pedir la extradición, ya habrá tiempo. Paraliza la euro-orden, dejemos que conozca en profundidad las paredes de las prisiones de nuestros vecinos, que sepa de su grosor y de sus horarios de recreo. Que nos lo devuelvan siendo un experto de las prisiones portuguesas, será entonces cuando podremos juzgarlo y ofrecerle alojamiento en estas nuestras, para que ofrezca conferencias a los internos más aburridos.
Hoy tiene 51 años, quizá con suerte llegue nos lo regresen a los 79. Entonces le podremos meter mano con 25 años más. Para que se haga centenario y estudioso del error de creer que podría estar siempre a salvo.
Este tío la verdad es que me saca de quicio. Cada vez que lo imagino invadido por la sensación de impunidad y prepotencia al disparar a un cajero simplemente porque le parece que en el cajón no hay bastante me pongo malo. Solamente se llevaba la caja, lo que hubiera en el cajón al alcance de la mano. En ese instante, cuando no le queda en la oficina ni un minuto para salir huyendo está aún dispuesto a dar un escarmiento. Por si acaso regresa alguna otra vez, o por si no regresa, deja cicatriz además de un recuerdo imborrable. Dos cajeros recibieron sendos disparos en las piernas.
Esa revancha porque puede hacerlo me está enfermando. Se me han quitado las ganas de contar nada más. No habrá macedonia.
lunes, 23 de julio de 2007
Ahora sí, solitario
Me congratulo de que el atracador que era tan asesino como atracador y al que la policía llamaba "El solitario" haya sido apresado. Andaba el hombre a punto de atracar la caja Agrícola de Portugal que a mí me suena parecido a la Caja Rural de aquí de España. Llevaba un chaleco antibalas bajo la ropa y tres armas en un maletín, llevaba perilla para disimularse y supongo que como siempre peluca.
Tenía 51 años de libertad plena.
Dicen que se llama Jaime Giménez Arbe y deben estar muy seguros de que es él, porque ya han dado el nombre completo. Los vecinos cuentan que era algo conflictivo y que había llegado a proferir contra alguno amenazas de muerte. Que es menos grave que a uno lo terminen matando. Yo entre las amenazas y las balas prefiero las amenazas, después de todo las amenazas hieren pero no matan.
La policía le llamaba el solitario porque actuaba solo. Había atracado alrededor de 36 bancos o cajas, había obtenido unos 600 mil euros y había matado a dos guardias civiles porque lo vieron sin peluca y hubieran podido reconocerlo, así como a un policía Municipal de la Vall d´Uxó en Castellón. En su último atraco disparó a la pierna de uno de los cajeros porque le pareció que no había suficiente dinero en caja.
Pero no era un solitario en realidad. Supongo que aquel dinero lo gastaba con alguien. La soledad la va a conocer ahora de sobra. Cuando medite con los años cuánto mereció la pena. Si mucho o poco. Puede que atracando a otros internos con una funda de almohada sobre la cabeza, o puede que con la funda entre los dientes mientras alguien más joven y vigoroso se imagina en el Caribe y rodeado de mulatas sin peluca.
A un bien nacido no le habría salido a cuenta ni siquiera en la certeza de no ser nunca capturado. Por suerte a este lo han cogido. Hay gente absolutamente ajena al remordimiento.
Podemos abrir puertas y ventanas, amanece un día precioso, fresco temprano hasta que sale el sol. Deja la incertidumbre de si aguantará. Si vendrán las nubes para estropearlo, pero creo que no, mañana va a ser uno un día tan bonito que lo sentirás en el ambiente como un perfume. Abre el balcón y sal a la noche que está llegando. ¿Lo notas ya?
Con Jaime entre rejas, hay al menos un hijo puta menos.
Tenía 51 años de libertad plena.
Dicen que se llama Jaime Giménez Arbe y deben estar muy seguros de que es él, porque ya han dado el nombre completo. Los vecinos cuentan que era algo conflictivo y que había llegado a proferir contra alguno amenazas de muerte. Que es menos grave que a uno lo terminen matando. Yo entre las amenazas y las balas prefiero las amenazas, después de todo las amenazas hieren pero no matan.
La policía le llamaba el solitario porque actuaba solo. Había atracado alrededor de 36 bancos o cajas, había obtenido unos 600 mil euros y había matado a dos guardias civiles porque lo vieron sin peluca y hubieran podido reconocerlo, así como a un policía Municipal de la Vall d´Uxó en Castellón. En su último atraco disparó a la pierna de uno de los cajeros porque le pareció que no había suficiente dinero en caja.
Pero no era un solitario en realidad. Supongo que aquel dinero lo gastaba con alguien. La soledad la va a conocer ahora de sobra. Cuando medite con los años cuánto mereció la pena. Si mucho o poco. Puede que atracando a otros internos con una funda de almohada sobre la cabeza, o puede que con la funda entre los dientes mientras alguien más joven y vigoroso se imagina en el Caribe y rodeado de mulatas sin peluca.
A un bien nacido no le habría salido a cuenta ni siquiera en la certeza de no ser nunca capturado. Por suerte a este lo han cogido. Hay gente absolutamente ajena al remordimiento.
Podemos abrir puertas y ventanas, amanece un día precioso, fresco temprano hasta que sale el sol. Deja la incertidumbre de si aguantará. Si vendrán las nubes para estropearlo, pero creo que no, mañana va a ser uno un día tan bonito que lo sentirás en el ambiente como un perfume. Abre el balcón y sal a la noche que está llegando. ¿Lo notas ya?
Con Jaime entre rejas, hay al menos un hijo puta menos.
domingo, 22 de julio de 2007
Vino
El nano del anuncio, pequeño y con la voz de pito tiene gracia porque termina las preguntas a su madre con un ¿verdad?
¿Tú tomas mucha fruta?
Las personas nos pasamos la vida entera preguntándonos por lo que hay de verdad en las cosas, ocurre sin embargo que cuando somos niños aún lo hacemos en voz alta, seguros de que la respuesta será verdad por la confianza que tenemos en las personas a las que preguntamos. Si tú lo dices será entonces y siempre.
Luego dejamos de preguntar, en parte porque terminamos constatando por la experiencia que la verdad es casi siempre algo relativo, que depende de muchos factores, de todo tipo. Y también porque nos hacemos más desconfiados con los años. Porque puede ocurrir que ellos no quieran que yo conozca la verdad. O terminamos pensando que preguntar demuestra a las claras cuanto no sabemos. Y es mejor pasar por alguien reservado que por alguien ignorante.
Ayer estuve viendo el Tour de Francia. Vinokourov arrasó en la contrarreloj como hacía en otros tiempos Miguel Indurain. El mismo corredor que cayó contra el suelo y le llenaron las rodillas de puntos y de grapas cerrando la carne, el mismo que bajaba las escaleras casi de espaldas para sobrellevar el dolor. El mismo que acabó una de las etapas descolgado, tan herido como el primer día y llorando sobre la bicicleta.
Ayer rodó a 48 km por hora y aventajó a todos sus rivales. Dice que tiene una motivación inmensa, que atacará en las tres jornadas pirenaicas. Yo no sé si es verdad, pero dicen que ya está asustando a sus rivales. A mí me parece el Ave Fénix, renacido de sus cenizas porque no se rindió; hubiera sido lo más fácil.
¿Tú tomas mucha fruta?
Las personas nos pasamos la vida entera preguntándonos por lo que hay de verdad en las cosas, ocurre sin embargo que cuando somos niños aún lo hacemos en voz alta, seguros de que la respuesta será verdad por la confianza que tenemos en las personas a las que preguntamos. Si tú lo dices será entonces y siempre.
Luego dejamos de preguntar, en parte porque terminamos constatando por la experiencia que la verdad es casi siempre algo relativo, que depende de muchos factores, de todo tipo. Y también porque nos hacemos más desconfiados con los años. Porque puede ocurrir que ellos no quieran que yo conozca la verdad. O terminamos pensando que preguntar demuestra a las claras cuanto no sabemos. Y es mejor pasar por alguien reservado que por alguien ignorante.
Ayer estuve viendo el Tour de Francia. Vinokourov arrasó en la contrarreloj como hacía en otros tiempos Miguel Indurain. El mismo corredor que cayó contra el suelo y le llenaron las rodillas de puntos y de grapas cerrando la carne, el mismo que bajaba las escaleras casi de espaldas para sobrellevar el dolor. El mismo que acabó una de las etapas descolgado, tan herido como el primer día y llorando sobre la bicicleta.
Ayer rodó a 48 km por hora y aventajó a todos sus rivales. Dice que tiene una motivación inmensa, que atacará en las tres jornadas pirenaicas. Yo no sé si es verdad, pero dicen que ya está asustando a sus rivales. A mí me parece el Ave Fénix, renacido de sus cenizas porque no se rindió; hubiera sido lo más fácil.
sábado, 21 de julio de 2007
La caricatura
Me desayuno hoy la cara del juez del Olmo y es una cara de tener un humor pésimo. Ha retirado el hombre la revista satírica "El Jueves" de los kioskos y ha secuestrado la publicación invadiendo la redacción de policía. Por supuesto al erigirse en protector de la corona a cualquier precio le ha salido mal, la viñeta es ya compartida no sólo por la mayoría de la prensa nacional sino que también se ha hecho eco, a estas horas, la de otros países, que probablemente no da crédito al siglo XXI de esta Europa al sur de los Pirineos. Será que no estamos tan lejos de aquellos musulmanes exaltados que estaban dispuestos a todo por castigar las viñetas ofensivas. A aquellos yo los disculpaba diciendo que son así, y no los podemos cambiar. Nada más aceptarlos como son. A estos otros la toga les queda como un traje de novia.
La viñeta muestra a alguien que podría ser Felipe y a alguien que podría ser Letizia en una escena de cama, para mí gusto excesivamente explícita, en los titulares:
"¡Se nota que vienen las elecciones, ZP!
2500€ por niño"
mientras él dice sonriente: "¿Te das cuenta? Si te quedas preñada... Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida".
Y ese mensaje en mi opinión tiene mucha gracia, y es raro que alguien no se sonría al leerlo.
Sin embargo es el límite justo que quieren poner los jueces a la libertad de expresión. Ahora quieren cerrar la edición digital de la revista. Desde allí cuentan que llevan muchos años haciendo el mismo humor con la corona, el presidente o los ministros. Volviendo de arcilla lo que parecía intocable. Considero que uno de los mayores ejemplos de salud democrática es la capacidad de poderse reír de todo, incluso de la gran cantidad de tropelías que amenizan nuestra vida cotidiana y que llevan a cabo sin rubor todos estos políticos de patio de colegio. Más aún, admiro de veras a todo aquel que sea capaz de reírse de si mismo, demuestra que no hay porque tomárselo todo tan en serio. Ni siquiera cómo somos o hemos sido.
Leo que la casa real venía observando con preocupación el tratamiento que recibían en ese medio. Supongo que tendrían que estar a salvo de todo por lo de la sangre azul. Afortunadamente nada que no se les pase yendo de regata o a esquiar por el invierno. Hoy cierran una revista porque mostró un dibujo tan difamante que Del Olmo no podía dejar sin castigo. Habría pasado sin pena ni gloria como tantos otros sin que él decidiese actuar de oficio. Hay quien habla de una vuelta a otros tiempos, yo no he conocido más que los actuales, por suerte, sin embargo ese dibujo figura en la edición de papel de "El País", yo lo tengo ahí mismo. ¿Qué harán ahora, cerrar "El País", "El Mundo" y todos los demás? Oigo pasos fuera. ¿Vendrán a quitarme el periódico?
La viñeta muestra a alguien que podría ser Felipe y a alguien que podría ser Letizia en una escena de cama, para mí gusto excesivamente explícita, en los titulares:
"¡Se nota que vienen las elecciones, ZP!
2500€ por niño"
mientras él dice sonriente: "¿Te das cuenta? Si te quedas preñada... Esto va a ser lo más parecido a trabajar que he hecho en mi vida".
Y ese mensaje en mi opinión tiene mucha gracia, y es raro que alguien no se sonría al leerlo.
Sin embargo es el límite justo que quieren poner los jueces a la libertad de expresión. Ahora quieren cerrar la edición digital de la revista. Desde allí cuentan que llevan muchos años haciendo el mismo humor con la corona, el presidente o los ministros. Volviendo de arcilla lo que parecía intocable. Considero que uno de los mayores ejemplos de salud democrática es la capacidad de poderse reír de todo, incluso de la gran cantidad de tropelías que amenizan nuestra vida cotidiana y que llevan a cabo sin rubor todos estos políticos de patio de colegio. Más aún, admiro de veras a todo aquel que sea capaz de reírse de si mismo, demuestra que no hay porque tomárselo todo tan en serio. Ni siquiera cómo somos o hemos sido.
Leo que la casa real venía observando con preocupación el tratamiento que recibían en ese medio. Supongo que tendrían que estar a salvo de todo por lo de la sangre azul. Afortunadamente nada que no se les pase yendo de regata o a esquiar por el invierno. Hoy cierran una revista porque mostró un dibujo tan difamante que Del Olmo no podía dejar sin castigo. Habría pasado sin pena ni gloria como tantos otros sin que él decidiese actuar de oficio. Hay quien habla de una vuelta a otros tiempos, yo no he conocido más que los actuales, por suerte, sin embargo ese dibujo figura en la edición de papel de "El País", yo lo tengo ahí mismo. ¿Qué harán ahora, cerrar "El País", "El Mundo" y todos los demás? Oigo pasos fuera. ¿Vendrán a quitarme el periódico?
viernes, 20 de julio de 2007
El blogger
Rara vez sé qué voy a escribir cuando cargo la web del blogger. Suelo improvisar como tantas veces ante la hoja en blanco, porque aunque este fondo sea negro yo escribo sobre blanco y con buena caligrafía. De hecho he llegado a olvidar casi como escribir a mano, tan hecho estoy al teclado del ordenador. Mi letra de molde es tan buena como la de cualquiera.
Nosotros no lo veremos porque somos viejitos y no viviremos tanto, pero pronostico que en el futuro los humanos tendrán muchos más dedos y mucho más cortos para llegar con cada uno de ellos a cada una de las teclas y sin mucho recorrido. Y que decir de los pies, si casi no sirven para nada, con todos esos dedos chiquitajos que son inútiles del todo. Con lo bien que iban para pillar lianas de árbol en árbol. Por no hablar del rabo de los monos que se enroscaba para que pudieran quedan como Tom Cruise en Mision Imposible, con todo el cuerpo paralelo al suelo. Nosotros de eso nada, nuestros pies son un intermedio de la evolución que devorará los dedos. Los más pequeños prácticamente los hemos perdido ya y da pena verlos, tan incapaces. Que movimiento más torpe que tienen, si apenas pueden agarrar nada. Yo creo que sólo sirven para contener las uñas, que tampoco sirven para nada, pero al menos crecen bastante rápido. Y respecto al rabo, es obvio que el que tuvimos lo perdimos, y lo más parecido que tenemos resulta tan escaso para otros menesteres que los obvios que ya veremos si no termina desapareciendo también. Aunque en este caso me alegro de no vivir para verlo. Claro que ellas hubieran preferido que se pareciera más a aquel otro de los monos. Pero esto es lo que hay.
En cualquier caso yo soy de los que creo que la evolución las trató mejor a ellas. No hay más que verlas. Son, objetivamente hablando, en su mayoría de mordisco, y nosotros, nos pongamos como nos pongamos de decir "paso" en una partida de póker.
Y lo peor no es que lo digan, es que lo hacen.
Nosotros no lo veremos porque somos viejitos y no viviremos tanto, pero pronostico que en el futuro los humanos tendrán muchos más dedos y mucho más cortos para llegar con cada uno de ellos a cada una de las teclas y sin mucho recorrido. Y que decir de los pies, si casi no sirven para nada, con todos esos dedos chiquitajos que son inútiles del todo. Con lo bien que iban para pillar lianas de árbol en árbol. Por no hablar del rabo de los monos que se enroscaba para que pudieran quedan como Tom Cruise en Mision Imposible, con todo el cuerpo paralelo al suelo. Nosotros de eso nada, nuestros pies son un intermedio de la evolución que devorará los dedos. Los más pequeños prácticamente los hemos perdido ya y da pena verlos, tan incapaces. Que movimiento más torpe que tienen, si apenas pueden agarrar nada. Yo creo que sólo sirven para contener las uñas, que tampoco sirven para nada, pero al menos crecen bastante rápido. Y respecto al rabo, es obvio que el que tuvimos lo perdimos, y lo más parecido que tenemos resulta tan escaso para otros menesteres que los obvios que ya veremos si no termina desapareciendo también. Aunque en este caso me alegro de no vivir para verlo. Claro que ellas hubieran preferido que se pareciera más a aquel otro de los monos. Pero esto es lo que hay.
En cualquier caso yo soy de los que creo que la evolución las trató mejor a ellas. No hay más que verlas. Son, objetivamente hablando, en su mayoría de mordisco, y nosotros, nos pongamos como nos pongamos de decir "paso" en una partida de póker.
Y lo peor no es que lo digan, es que lo hacen.
jueves, 19 de julio de 2007
Dioptrías
Un día me explicaba la doctora que la operación no cura los ojos. Simplemente corrige el enfoque de la luz para que tú logres enfocar correctamente. Y yo la enfocaba todo lo correcto que podía a través de los gruesos cristales de mis gafas culo botella mientras maldecía interiormente que seamos capaces de llegar a la luna, al menos eso nos cuentan, y no seamos capaces de corregir los ojos, aunque sea tan solo uno para ir guiñando el ojo por la calle. Yo era un míope convencido, uno de los que no se andan con chiquitas a la hora de tener los ojos defectuosos. Contaba media dioptría arriba, media abajo alrededor de media docena por ojo, lo que es ir servido de veras. En realidad no sé cuál es la medida que hace la unidad. Supongo que cuando uno ve bastante mal tiene una que es el baremo que mi vista multiplicó hasta no ver apenas. Recuerdo, aunque mi memoria no sea mi fuerte, que metido hasta el cuello en la piscina, a una cierta distancia, miraba a los amigos como si fueran un grupo indivisible, como si aquella masa fuera una única cosa. Por supuesto yo no podía saber dónde estaba el que me hablaba, aunque sabía quien era porque mis oídos asociados con la parte de mi cerebro que asocia voces y personas, que me funcionó siempre divinamente, me lo mostraba con la apariencia que le daban mis gafas cuando yo miraba a través de ellas.
Nunca creí del todo que el día en que le di a mi padre mis gafas de ver no volvería a necesitarlas. Sin embargo allí se las dí, a punto de entrar a que me perforarán la mirada de míope y me corrigieran los enfoques. Pero lo cierto es que pasaron los años que son ese pasado breve que olvidaremos y pude hacer vida normal sin ellas. No tropezaba más que cuando las llevaba puestas, no las requería en las mesilla de noche cada mañana. No las necesité para meterme en la ducha con ellas.
Recuerdo los primeros días, paseando por la playa del Perelló, descubriendo que las olas de mar están hechas de millones de mini olas, que cada ola no es una superficie uniforme. Entonces me di cuenta y era algo totalmente nuevo. De hecho durante un tiempo tuve una vista mejor de lo normal, era una especie de super-héroe vistoso. Tan bueno era mi enfoque que yo podía ver mejor que el común de los mortales. Y hacía alarde de ello. Después de todo podía presumir de pocas cosas y mi vista llegaba justo un paso más allá que la de todos los demás, que supongo que en su fuero interno deseaban pasar por la camilla de la cirugía ocular con idénticos resultados, incluso si no necesitaron lentes nunca.
Pero la doctora fue clara. La operación no corrige los ojos, corrige el enfoque. El motivo que provocó la degeneración ocular permanece intacto. Vamos que el láser ni lo roza. Supongo que para repararlo habría que cambiar el ojo entero, y eso no creo que sea algo que pueda hacer la medicina todavía, aunque sean capaces de ponerle una careta de piel humana a alguien sin cara. Me dijo que existía la posibilidad de que con el tiempo reprodujera en parte el problema. Que quizá no tenga ya dioptrías para regalar, pero que con paciencia atesoraré algunas y me las quedaré para cuidarlas como si fueran mis hijitas. Y así ha venido ocurriendo me temo. Tengo unos ojos algo degenerados por lo poco que ven. Sospecho que apenas podrían ver llegar a estas alturas las olas más grandes, como para preocuparme de las minúsculas. He descubierto que vuelvo a la miopía que es terreno conocido porque veo los rostros regular a cierta distancia, veo la pantalla regular y se me pone un dolor encima de las cejas que seguro tiene que ver con forzar a los ojos para que vean más allá de lo que pueden, los pobres.
Así que en este punto me toca cavilar si compraré unas gafitas de diseño y cristales de presentador de telediario, o unas lentillas para salir de noche. O quizá intente convencer a mis ojos de que no sean pesados, que no insistan en equivocarse. Por cada miopía una operación. Humeando los ojos de recibir tanto láser, pero con el enfoque correcto, con la luz incidiendo en el punto exacto del fondo de mi ojo. Allí en la pantalla del cine donde se asoma la mente y dibuja las formas precisas. A un lustro por operación, van a ser muchas operaciones...
Nunca creí del todo que el día en que le di a mi padre mis gafas de ver no volvería a necesitarlas. Sin embargo allí se las dí, a punto de entrar a que me perforarán la mirada de míope y me corrigieran los enfoques. Pero lo cierto es que pasaron los años que son ese pasado breve que olvidaremos y pude hacer vida normal sin ellas. No tropezaba más que cuando las llevaba puestas, no las requería en las mesilla de noche cada mañana. No las necesité para meterme en la ducha con ellas.
Recuerdo los primeros días, paseando por la playa del Perelló, descubriendo que las olas de mar están hechas de millones de mini olas, que cada ola no es una superficie uniforme. Entonces me di cuenta y era algo totalmente nuevo. De hecho durante un tiempo tuve una vista mejor de lo normal, era una especie de super-héroe vistoso. Tan bueno era mi enfoque que yo podía ver mejor que el común de los mortales. Y hacía alarde de ello. Después de todo podía presumir de pocas cosas y mi vista llegaba justo un paso más allá que la de todos los demás, que supongo que en su fuero interno deseaban pasar por la camilla de la cirugía ocular con idénticos resultados, incluso si no necesitaron lentes nunca.
Pero la doctora fue clara. La operación no corrige los ojos, corrige el enfoque. El motivo que provocó la degeneración ocular permanece intacto. Vamos que el láser ni lo roza. Supongo que para repararlo habría que cambiar el ojo entero, y eso no creo que sea algo que pueda hacer la medicina todavía, aunque sean capaces de ponerle una careta de piel humana a alguien sin cara. Me dijo que existía la posibilidad de que con el tiempo reprodujera en parte el problema. Que quizá no tenga ya dioptrías para regalar, pero que con paciencia atesoraré algunas y me las quedaré para cuidarlas como si fueran mis hijitas. Y así ha venido ocurriendo me temo. Tengo unos ojos algo degenerados por lo poco que ven. Sospecho que apenas podrían ver llegar a estas alturas las olas más grandes, como para preocuparme de las minúsculas. He descubierto que vuelvo a la miopía que es terreno conocido porque veo los rostros regular a cierta distancia, veo la pantalla regular y se me pone un dolor encima de las cejas que seguro tiene que ver con forzar a los ojos para que vean más allá de lo que pueden, los pobres.
Así que en este punto me toca cavilar si compraré unas gafitas de diseño y cristales de presentador de telediario, o unas lentillas para salir de noche. O quizá intente convencer a mis ojos de que no sean pesados, que no insistan en equivocarse. Por cada miopía una operación. Humeando los ojos de recibir tanto láser, pero con el enfoque correcto, con la luz incidiendo en el punto exacto del fondo de mi ojo. Allí en la pantalla del cine donde se asoma la mente y dibuja las formas precisas. A un lustro por operación, van a ser muchas operaciones...
miércoles, 18 de julio de 2007
Día sin día
El de hoy ha sido un día embustero. Porque dice la lógica del reloj que hemos tenido que tener por fuerza un buen número de horas de luz, es así siempre, asociados con el giro terrestre que da la excusa para convertir el tiempo en un montón de fragmentos, un ajedrez de blancos y negros perfectamente ordenados, pero la verdad, lo cierto es que hoy ha sido un día sin día. Unas cuántas horas sin luz.
Dice el calendario que hoy no tiene nada de extraordinario, no está resaltado por nada, y sin embargo hoy ha sido un día nocturno, un no día. Puede ser que no haya habido día nada más en Asturias, que se ha empeñado en convertir los inviernos en veranos y los veranos en días grises, en días sin luz, en no días. O tal vez ocurre que el fenómeno es mucho más local, y este Cuera que ha puesto a tender las nubes más oscuras, y secan sin escurrir un rayo de luz. Vivo en un pueblo bello y tan pequeño que es una miniatura. Una de esas que caben en el medio óvalo de vidrio que giran los críos para ver caer la nieve flotando vertical. O es el minúsculo escenario de guiñol donde me muevo. Ocurre no obstante que el mago hoy se dejó su capa olvidada sobre nuestro decorado, y ni saltando podremos despejar el cielo.
Yo estoy ansiando el sol. Protesto al cielo casi a diario porque ha convertido Julio en otra cosa. Y recuerdo el despegue desde un aeropuerto sumido en las tinieblas, las nubes de panza hinchada, grises y densas como inmensas piezas de algodón con corazón de tila para encontrar con el ascender de los metros un sol radiante a través de las ventanas. Un sol encendido, más allá de las nubes que enganchadas a la copa de los árboles deciden que un día parezca una noche. No ha habido un día 18 de julio de 2007. Ha sido nada más una noche larga.
Dice el calendario que hoy no tiene nada de extraordinario, no está resaltado por nada, y sin embargo hoy ha sido un día nocturno, un no día. Puede ser que no haya habido día nada más en Asturias, que se ha empeñado en convertir los inviernos en veranos y los veranos en días grises, en días sin luz, en no días. O tal vez ocurre que el fenómeno es mucho más local, y este Cuera que ha puesto a tender las nubes más oscuras, y secan sin escurrir un rayo de luz. Vivo en un pueblo bello y tan pequeño que es una miniatura. Una de esas que caben en el medio óvalo de vidrio que giran los críos para ver caer la nieve flotando vertical. O es el minúsculo escenario de guiñol donde me muevo. Ocurre no obstante que el mago hoy se dejó su capa olvidada sobre nuestro decorado, y ni saltando podremos despejar el cielo.
Yo estoy ansiando el sol. Protesto al cielo casi a diario porque ha convertido Julio en otra cosa. Y recuerdo el despegue desde un aeropuerto sumido en las tinieblas, las nubes de panza hinchada, grises y densas como inmensas piezas de algodón con corazón de tila para encontrar con el ascender de los metros un sol radiante a través de las ventanas. Un sol encendido, más allá de las nubes que enganchadas a la copa de los árboles deciden que un día parezca una noche. No ha habido un día 18 de julio de 2007. Ha sido nada más una noche larga.
lunes, 16 de julio de 2007
Seve
La vida da muchas vueltas. Nadie está a salvo de un percance. Recuerdo que hace algunos años me asaltó nocturnamente un gran temor a la muerte. Lo cierto es que esos pensamientos los tengo algo confusos, será porque aquel temor me duró lo que me duró el sueño, lo que duró viva aquella noche. Al día siguiente apenas reparé en aquellos pensamientos, pero hoy puedo recordar que entonces el temor se basaba en la certidumbre de que la muerte me habría de encontrar solo, y no se me ocurría más solución para escapar que correr buscando las faldas de mi madre por si ella pudiera protegerme. Era aquella carrera un camino hacia ninguna parte porque ningún pasillo me acercaba a ella. Era correr en la oscuridad todo lo rápido que pudiera sin más intención que la de no ser alcanzado.
Luego he aprendido que la vida da muchas vueltas y que hay designios a los que no podremos escapar. Sin pensar que nuestro destino está ya escrito, si sé que casi todo tiene una importancia tan relativa que probablemente podremos enfrentarlo con una sonrisa. Con el rostro de quien está de vuelta porque la amargura siempre sirvió de poco.
Severiano Ballesteros se retira del golf profesional por muchas razones, le quedan lejos los días de esplendor. Aunque su retirada viene motivada también por la falta de su novia, aunque él no lo diga. Porque el accidente de tráfico que se la quitó le dejó sin ganas de nada.
Para eso no hay solución posible. No hay risa; pero hay vida.
Luego he aprendido que la vida da muchas vueltas y que hay designios a los que no podremos escapar. Sin pensar que nuestro destino está ya escrito, si sé que casi todo tiene una importancia tan relativa que probablemente podremos enfrentarlo con una sonrisa. Con el rostro de quien está de vuelta porque la amargura siempre sirvió de poco.
Severiano Ballesteros se retira del golf profesional por muchas razones, le quedan lejos los días de esplendor. Aunque su retirada viene motivada también por la falta de su novia, aunque él no lo diga. Porque el accidente de tráfico que se la quitó le dejó sin ganas de nada.
Para eso no hay solución posible. No hay risa; pero hay vida.
domingo, 15 de julio de 2007
La mala pata
No creo que deba explicar a nadie lo que es. Quien más y quien menos la ha tenido alguna vez, pues sobran las oportunidades para que se presente sin ser llamada. Ayer mismo yo tuve mala pata. No me ocurrió nada grave, no me llevó por delante ningún vehículo despistado, fuera de la clase que fuera, tractor, autobús o carrito de la compra. O uno de esos micro coches que no necesitan carné y que son parecidos a los de juguete que algunos padres compran a sus hijos. Yo nunca tuve ninguno de esos, pero tenía un triciclo, para fortalecer las piernas. Lo malo es que a la vista está que lo debí usar poco. Sin embargo durante algún tiempo creí que de manejarme en vehículo alguna vez tendría que ser forzosamente en uno de esos pequeñuelos. Tan lejos veía lo de sacar el carné bueno, el de conducir, como de vencer la pereza de volver a examinarme. Porque a mi edad manejarme en triciclo, aún, estaría mal visto. La cosa es que esos coches que ahora te traen toda clase de comodidades, aire acondicionado incluido son tan poca cosa que cada vez que me cruzo con uno me asaltan grandes ganas de intentarlo hacer volcar asiéndolo por un lado. Como Superman en mitad de la calle. Aunque ahora que pienso uno de estos microcoches no llevará, imagino, airbag. Con su velocidad punta no será necesario. Y si es para subsanar un choque contra cualquier cosa evidentemetne ocupantes y vehículo serán siniestro total haya o no airbag. A no ser, claro está que el choque se dé contra otro vehículo de iguales características, entonces supongo que el resultado dependerá de la corpulencia de los propios ocupantes, lo mismito que si hubieran chocado en moto. O quizá de la cantidad de plásticos con la que esté forrado el chásis...
Por cierto pronto hará un año de aquel suceso, y en descargo del conductor he de decir que en Valencia hace mucho más tiempo también me llevaron por delante, aunque en aquella ocasión fue con bicicleta y todo. Claro que no me pego muy fuerte, simplemente me hizo caer, y yo siempre he sido de los de equilibrio más bien precario, será porque tengo las piernas dobladas. Juro que también entonces yo cruzaba por donde debía, pero debo ser una persona muy golosa de atropellar.
Pero me estoy desviando, ayer tuve una mala pata relativa, aunque no diré que todas las malas patas sean como esta, porque no sé si en otra igual podría contener el estómago en su sitio. Y es que resultó que ayer viajé hasta Gijón para comer con el Xuac, que me llevó como viene siendo habitual a un sitio de alta alcurnia y dinero. Lo que a mí no me supuso problema alguno pues tengo una Visa Oro muy brillante de usarla tan poco, para cumplir objetivos. Aunque no hizo falta su uso, pagamos a paxas y en efectivo. Yo con billetes auténticos y él probablemente con alguno de los falsos que le cuelan día sí, día también en Pravia, que es lugar mencionado en todos los mentideros de la delincuencia más o menos organizada, donde se dicen muchas mentiras y alguna verdad. De su gusto por las cosas caras, hablaré quizá más adelante, otro día en que me haya desviado menos veces de lo que quiero contar. Aunque no me resistiré a mencionar que se compró una tele de 1500 euros, y esa es la mayor injusticia que se le puede hacer a una televisión de tanto nivel; enfrentarle su careto, algo cerril, todos los días.
Pero andaba diciendo lo de mi mala suerte ayer. Estaba yo sentado comodamente en uno de esos Alsas que solían viajar a Madrid bien cargados de dinamita, por lo que se está viendo, con mi MP3 puesto con la músiquita y con pilas recién cargadas, de reserva por si acaso, cuando asaltó de repente un olor mis fosas nasales, poco pobladas de pelo para lo que yo hubiera deseado. No podía ocurrime sino a mi. El tipo de mi propia fila, entre las últimas del autocar, una ventana para cada uno, estaba echando la papa, vamos que no se dejaba nada dentro. Regurgitaba la primera papilla, y sospecho que el arrojo primero debió ir contra la tapicería porque descubrí como una mujer que se sentaba delante de él le daba una bolsa para que recogiera la cena o el desayuno si fue copioso. Y el tipo nada arredrado se dispuso a rebosar la bolsa de plástico. Yo no pude oír su carraspera por la música aunque me llegaron intactos los efluvios, que deben atravesar el plástico y las distancias a una velocidad pareja a la de la luz, para mi desgracia. Al menos tuve la suerte de que aquella mujer, que era un tesoro de mujer, rocio el aire con algún perfume caro que enmascaró algo aquel aroma. Yo llevaba para entonces un buen rato oliéndome sino mordiéndome los nudillos. Nada tiene un efecto llamada mayor que el olor que desprende un vómito. De hecho todos los vómitos huelen más o menos igual, lo que viene a demostrar que los jugos acidos que descomponen los alimentos en el estómago son para todos los humanos una misma cosa. Como el material del que están hechas las uñas, supongo.
Gracias que yo en el estómago no tenía más que un café con leche de estación de autobús, y ni adrede hubiera podido arrojar. Pero juro que por un momento imaginé a todos los que cerrábamos el autocar potando casi al unísono como un coro de solistas solapándose unos a otros. Entonces los de delante habrían terminado potando casi con toda seguridad. Y hasta el conductor dejaría perdido el volante y el cuadro de mandos, aunque para entonces yo ya habría lanzado un asiento contra los cristales para recuperar aire fresco, sin pota. O me habría lanzado yo mismo contra los cristales, poco más o menos ya lo hice una vez que mi autocar yendo hacia el Perelló volcó cayendo casi sobre la vía del tren. Entonces yo perdí las gafas, pero me puse a buscarle un zapato a una mujer que me dijo que se lo alcanzara. Algún día detallaré esto, fue un suceso de cambiar la vida.
En fin, mala pata. No soporté mucho, entre media hora y tres cuartos. Le seguí los pasos a la mujer que había echado el perfume y me refugié en la parte delantera del autobús. Allí no olía nada. Los malandrines ni siquiera se habrían enterado.
Por cierto pronto hará un año de aquel suceso, y en descargo del conductor he de decir que en Valencia hace mucho más tiempo también me llevaron por delante, aunque en aquella ocasión fue con bicicleta y todo. Claro que no me pego muy fuerte, simplemente me hizo caer, y yo siempre he sido de los de equilibrio más bien precario, será porque tengo las piernas dobladas. Juro que también entonces yo cruzaba por donde debía, pero debo ser una persona muy golosa de atropellar.
Pero me estoy desviando, ayer tuve una mala pata relativa, aunque no diré que todas las malas patas sean como esta, porque no sé si en otra igual podría contener el estómago en su sitio. Y es que resultó que ayer viajé hasta Gijón para comer con el Xuac, que me llevó como viene siendo habitual a un sitio de alta alcurnia y dinero. Lo que a mí no me supuso problema alguno pues tengo una Visa Oro muy brillante de usarla tan poco, para cumplir objetivos. Aunque no hizo falta su uso, pagamos a paxas y en efectivo. Yo con billetes auténticos y él probablemente con alguno de los falsos que le cuelan día sí, día también en Pravia, que es lugar mencionado en todos los mentideros de la delincuencia más o menos organizada, donde se dicen muchas mentiras y alguna verdad. De su gusto por las cosas caras, hablaré quizá más adelante, otro día en que me haya desviado menos veces de lo que quiero contar. Aunque no me resistiré a mencionar que se compró una tele de 1500 euros, y esa es la mayor injusticia que se le puede hacer a una televisión de tanto nivel; enfrentarle su careto, algo cerril, todos los días.
Pero andaba diciendo lo de mi mala suerte ayer. Estaba yo sentado comodamente en uno de esos Alsas que solían viajar a Madrid bien cargados de dinamita, por lo que se está viendo, con mi MP3 puesto con la músiquita y con pilas recién cargadas, de reserva por si acaso, cuando asaltó de repente un olor mis fosas nasales, poco pobladas de pelo para lo que yo hubiera deseado. No podía ocurrime sino a mi. El tipo de mi propia fila, entre las últimas del autocar, una ventana para cada uno, estaba echando la papa, vamos que no se dejaba nada dentro. Regurgitaba la primera papilla, y sospecho que el arrojo primero debió ir contra la tapicería porque descubrí como una mujer que se sentaba delante de él le daba una bolsa para que recogiera la cena o el desayuno si fue copioso. Y el tipo nada arredrado se dispuso a rebosar la bolsa de plástico. Yo no pude oír su carraspera por la música aunque me llegaron intactos los efluvios, que deben atravesar el plástico y las distancias a una velocidad pareja a la de la luz, para mi desgracia. Al menos tuve la suerte de que aquella mujer, que era un tesoro de mujer, rocio el aire con algún perfume caro que enmascaró algo aquel aroma. Yo llevaba para entonces un buen rato oliéndome sino mordiéndome los nudillos. Nada tiene un efecto llamada mayor que el olor que desprende un vómito. De hecho todos los vómitos huelen más o menos igual, lo que viene a demostrar que los jugos acidos que descomponen los alimentos en el estómago son para todos los humanos una misma cosa. Como el material del que están hechas las uñas, supongo.
Gracias que yo en el estómago no tenía más que un café con leche de estación de autobús, y ni adrede hubiera podido arrojar. Pero juro que por un momento imaginé a todos los que cerrábamos el autocar potando casi al unísono como un coro de solistas solapándose unos a otros. Entonces los de delante habrían terminado potando casi con toda seguridad. Y hasta el conductor dejaría perdido el volante y el cuadro de mandos, aunque para entonces yo ya habría lanzado un asiento contra los cristales para recuperar aire fresco, sin pota. O me habría lanzado yo mismo contra los cristales, poco más o menos ya lo hice una vez que mi autocar yendo hacia el Perelló volcó cayendo casi sobre la vía del tren. Entonces yo perdí las gafas, pero me puse a buscarle un zapato a una mujer que me dijo que se lo alcanzara. Algún día detallaré esto, fue un suceso de cambiar la vida.
En fin, mala pata. No soporté mucho, entre media hora y tres cuartos. Le seguí los pasos a la mujer que había echado el perfume y me refugié en la parte delantera del autobús. Allí no olía nada. Los malandrines ni siquiera se habrían enterado.
jueves, 12 de julio de 2007
Violencias
Cuando te vi sabía que era cierto
este temor de hallarme descubierto.
Yolanda - Pablo Milanés
No necesito encender la televisión o cargar un diario digital para saber que hoy murió otra mujer a manos de su expareja, y si aún no murió morirá en las próximas horas. Pregunta Antonio Banderas en aquel anuncio sobre que es más importante tener pareja o ser una pareja. Yo creo que es más importante serlo, sentirlo. Y los que necesiten más tiempo ya han contestado.
Mueren las mujeres a manos de sus exparejas siempre porque de lo que fueron, de la pareja que formaron no quedan más que las fotos. Se comporta el hombre como un animal, territorial al grito de mía o de nadie. Y los gritos siendo bastante malos no bastarían para quitar una vida si no vinieran acompañados de la agresión para que los tomes en serio. Para que las voces no se las lleve el viento y parezca que no se dieron. Para que el terror se haga carne.
Pero entonces ya no hay amor, se esfumó. Queda rencor, queda recelo, queda odio. Y una vida podrida hasta este extremo no merece apenas. Por eso no es raro que el asesino se cuelgue después de dar muerte, porque la vida segada valía mucho más que la vida misma.
Hay un anuncio bastante inspirado que nos dice que contra los malos tratos gana la ley. Yo no creo que gane nadie en realidad. El amor está en todas partes. No puede ser tan difícil dar una nueva oportunidad. A veces bastaría con dar por bueno lo vivido. Sentirse afortunado de seguir adelante. Si la vida es una búsqueda incesante, creo que sin amor será como si no nos hubiéramos movido de la casilla de salida. Seríamos el ancla enterrada en la tierra.
este temor de hallarme descubierto.
Yolanda - Pablo Milanés
No necesito encender la televisión o cargar un diario digital para saber que hoy murió otra mujer a manos de su expareja, y si aún no murió morirá en las próximas horas. Pregunta Antonio Banderas en aquel anuncio sobre que es más importante tener pareja o ser una pareja. Yo creo que es más importante serlo, sentirlo. Y los que necesiten más tiempo ya han contestado.
Mueren las mujeres a manos de sus exparejas siempre porque de lo que fueron, de la pareja que formaron no quedan más que las fotos. Se comporta el hombre como un animal, territorial al grito de mía o de nadie. Y los gritos siendo bastante malos no bastarían para quitar una vida si no vinieran acompañados de la agresión para que los tomes en serio. Para que las voces no se las lleve el viento y parezca que no se dieron. Para que el terror se haga carne.
Pero entonces ya no hay amor, se esfumó. Queda rencor, queda recelo, queda odio. Y una vida podrida hasta este extremo no merece apenas. Por eso no es raro que el asesino se cuelgue después de dar muerte, porque la vida segada valía mucho más que la vida misma.
Hay un anuncio bastante inspirado que nos dice que contra los malos tratos gana la ley. Yo no creo que gane nadie en realidad. El amor está en todas partes. No puede ser tan difícil dar una nueva oportunidad. A veces bastaría con dar por bueno lo vivido. Sentirse afortunado de seguir adelante. Si la vida es una búsqueda incesante, creo que sin amor será como si no nos hubiéramos movido de la casilla de salida. Seríamos el ancla enterrada en la tierra.
martes, 10 de julio de 2007
Time
Ignoro si en los torneos de tenis del país se advierte a los jugadores en inglés como allende de las fronteras o se les dice la traducción literal al castellano cuando están sentados en las sillas cada vez que la suma de los juegos disputados salió impar. Puede ser que aquí se les diga simplemente: ¡Enga, dale! Y el tenista se levanta como un resorte pa darle to lleno pal otro lado.
El tenis no ha cambiado mucho con los años. Funciona todo más o menos igual. Eso sí, desde que a Mónica Seles le hicieron diana con un cortaplumas en el músculo de jugar al tenis se coloca indefectiblemente un mazas cerquita del jugador, por si alguien se atreviera a repetir poderle doblar el brazo hasta dejarle el cortaplumas al ras del ojo.
En el tenis seguimos viendo a estos esbeltos mozalbetes cada vez más musculados escoger entre las bolas de saque como si escogieran entre las cajas de Jesús Vazquez, con un escrutinio detenido, como si las bolas hablaran para decir donde irán a parar en el siguiente punto. La peor parte es que siempre entre tres una es descartada, y a esa una se la echa a rodar de cualquier modo, que ya irá el recogepelotas de turno a doblar el espinazo y a buscarla.
A mí que soy una especie de Robin Hood de causas perdidas ese detalle siempre me ha sacado de quicio. Pero además de tener que recoger una bola que no se les devuelve como debería ahora además los pobres chavales tienen que cargar con las toallas de los deportistas, que son la élite del sudor. Así que los críos tienen que pringarse las manos con las humedades de esa gente que ni siquiere los mira (que les tiran las bolas de cualquier manera).
Me temo que estas formas son ya invencibles. Lo son porque un día los más afortunados recogepelotas hasta las pelotas, seca-sudores sudorosos devolverán agravios con otros adolescentes a los que atenderán exactamente igual o peor aún.
Ignoro si se dice Time para advertir que ya pasó el tiempo y hay que volver a la pista. Sé sin embargo que uno de los mayores dramas del hombre es el no saber qué ocurrió con el tiempo transcurrido.
Yo pensaba el otro día acerca de qué pasó con todo el tiempo que he perdido en mi vida. Me preguntaba dónde fue, porque fue mucho, puedo jurarlo. La verdad es que no sé bien si todo el tiempo fue perdido o cuánto mereció la pena realmente. Ocurre a veces que me preguntó dónde está el tiempo que he perdido sin estar con quien me quiere, con mis padres por ejemplo. Ese tiempo se fue al limbo y es ya irrecuperable. La vida vivida en realidad no es más que un paisaje a vista de pájaro.
Los hombres crecemos para llenar el pasado de tiempo perdido. Cuánto más mayores, más habitaciones vacias.
El tenis no ha cambiado mucho con los años. Funciona todo más o menos igual. Eso sí, desde que a Mónica Seles le hicieron diana con un cortaplumas en el músculo de jugar al tenis se coloca indefectiblemente un mazas cerquita del jugador, por si alguien se atreviera a repetir poderle doblar el brazo hasta dejarle el cortaplumas al ras del ojo.
En el tenis seguimos viendo a estos esbeltos mozalbetes cada vez más musculados escoger entre las bolas de saque como si escogieran entre las cajas de Jesús Vazquez, con un escrutinio detenido, como si las bolas hablaran para decir donde irán a parar en el siguiente punto. La peor parte es que siempre entre tres una es descartada, y a esa una se la echa a rodar de cualquier modo, que ya irá el recogepelotas de turno a doblar el espinazo y a buscarla.
A mí que soy una especie de Robin Hood de causas perdidas ese detalle siempre me ha sacado de quicio. Pero además de tener que recoger una bola que no se les devuelve como debería ahora además los pobres chavales tienen que cargar con las toallas de los deportistas, que son la élite del sudor. Así que los críos tienen que pringarse las manos con las humedades de esa gente que ni siquiere los mira (que les tiran las bolas de cualquier manera).
Me temo que estas formas son ya invencibles. Lo son porque un día los más afortunados recogepelotas hasta las pelotas, seca-sudores sudorosos devolverán agravios con otros adolescentes a los que atenderán exactamente igual o peor aún.
Ignoro si se dice Time para advertir que ya pasó el tiempo y hay que volver a la pista. Sé sin embargo que uno de los mayores dramas del hombre es el no saber qué ocurrió con el tiempo transcurrido.
Yo pensaba el otro día acerca de qué pasó con todo el tiempo que he perdido en mi vida. Me preguntaba dónde fue, porque fue mucho, puedo jurarlo. La verdad es que no sé bien si todo el tiempo fue perdido o cuánto mereció la pena realmente. Ocurre a veces que me preguntó dónde está el tiempo que he perdido sin estar con quien me quiere, con mis padres por ejemplo. Ese tiempo se fue al limbo y es ya irrecuperable. La vida vivida en realidad no es más que un paisaje a vista de pájaro.
Los hombres crecemos para llenar el pasado de tiempo perdido. Cuánto más mayores, más habitaciones vacias.
domingo, 8 de julio de 2007
¿Serás, amor?
¿Serás, amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós.
Pedro Salinas
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el mismo encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y sólo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo:
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan,
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el lugar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales.
Es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara
y que lo más seguro es el adiós.
Pedro Salinas
sábado, 7 de julio de 2007
Causas operativas
Vaya usted a saber qué son las causas operativas, cómo se comportarán con nosotros y como harán que nos comportemos. Hoy he recibido un correo de Iberia diciéndome que mi vuelo de octubre no saldrá a las 21:20 como estaba previsto sino anticipadamente. ¿Cuánto? 5 minutos antes. Es decir, hoy me escriben para decirme que el vuelo de un día 11 de octubre, faltando 3 meses saldrá con cierto adelanto. De 5 minutos oiga, por causas operativas. Que maravilla de forma de funcionar. Esta gente sabe hoy a ciencia cierta que saldremos 5 minutos antes de lo previsto. Quizá ya saben que la noche del vuelo los cielos van a estar despejados, o quizá es que el avión pertinente ha logrado que la rueda de aterrizaje no roce con ese sobresaliente del fuselaje, nada peligroso oiga, pero hacía ese chirrido tan agudo despegando o aterrizando y nos ralentizaba un poco. La verdad es que no doy con la clave del adelanto de vuelo. Claro yo no soy piloto, soy pasajero. Ignoro del todo que se esconde detrás de esas misteriosas causas operativas que adelantan mi vuelo 5 minutos. La gran pregunta es ¿esto es que llegaré a Valencia 5 minutos antes? ¿O echaremos esos 5 minutos sobrevolando la meseta o la gran ciudad de lucecitas?
Yo desde luego agradezco que esta previsión sea aparentemente tan certera. No quiero recordar las 3 horas tirado, casi literalmente en el aeropuerto de Madrid esperando a que EasyJet lograra traer el vuelo que venía de A Coruña desviado por no se qué viento, ¡qué eso es el Cantábrico oiga! ¡O hace brisa o está lloviendo! Háganlo aterrizar a plomo.
En fin, a mí me da igual. NO contaba con llegar tan puntual como para que 5 minutos de adelanto cambien mi plan de viaje. De hecho tal plan no existe. Menuda cara me pondrían los muy hegemónicos de Alsa si ando en estos días comprando un billete para octubre. Ya lo haré, por delante queda el verano en la costa, con la playa y la montaña, con la visita de mi familia al por mayor, 13 personas que se vienen a ver si es verdad que se vive tan bien aquí, aunque detrás de Yoggui no se vea nada.
En otro orden no quiero dejar de comentar lo de la justicia torticera que tenemos y que casi seguro que nos merecemos. Bueno, no sé si nosotros, supongo que la que tenemos es justo la que merecen los malhechores. No hacen las cosas bien y no se les corrigen bien. Hay cosas que son sencillamente incorregibles cuando el daño está hecho.
Una de las últimas es lo de los policías a los que se arruinó la vida con una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid por todo aquel jaleo de atentado contra el que fuera ministro de Interior José Bono. Aquel tribunal estimó que aquella mujer que era todo maquillaje iracundo y sus secuaces armados con aquel palo de bandera fueron detenidos contra derecho. Hizo el PP de esto su caballo de Troya, enarbolando los pisoteados derechos de sus rabiosos militantes en cuantas reuniones pudiera patearse el suelo. Pues bien, a uno de los implicados le costó el cargo y otros tuvieron que cogerse la baja médica incapaces de salir a la calle para que les llamaran asesinos. Ahora llega el Tribunal Supremo, que es todo lo que se puede subir, para decir que nada de lo que aquella Audiencia estimó como cierto es verdad, y que todo lo que desechó debe ser tenido en cuenta. Vamos que parece que cada uno de ellos maneja un código distinto. Unos con toga lo ven blanco muy claro, los otros negro ceniza. Pero a nadie pasa factura, a ningún juez, la vida es como el fútbol a veces, los errores no se pagan, se recurren. Hasta que alguien observe ese detalle intrincado en la ley que se interpreta a tenor del viento, ahora en una dirección mañana en otra.
Hay otro caso de estos días muy jugoso. A un joven juez de 29 años le molestó el top less de un par de mozas en una playa de Almería, que casi seguro he pisado. Así que así en chándal, como el deporte le trajo al mundo, se fue hasta ellas para decirles que su visión semidesnuda era una ofensa al buen gusto y la decencia, cómo diría el inolvidable Ignatius J. Reilly, y que como ciudadano deportista y como juez las exhortaba a que se taparan. Ellas se opusieron diciendo que de ningún modo, que la ley les permitía ponerse en aquella playa como les diera la gana a lo que el juez respondió juntando a policía local y guardia civil para que unos u otros se las llevaran detenidas y esposadas. Luego llegó, es obvio, otro juez a resolver que aquellas mujeres no habían cometido delito alguno y las dejó libres. Pero la cuestión es, ¿y los tres días que pasaron en el calabozo? ¿Y la cara del calzonazos cuando le quedó la playa justo como quería? ¿Quién le haría pagar ser tan sinvergüenza?
Supongo que podría haber cogido su sombrilla y su bañador hasta los tobillos para irse a 200 metros de aquellas dos sin montar tanta vaina, pero prefirió quedarse a limpiar la playa. Habría que verle entrar a una moza en plan seductor. Este juez se vio en esas hace más o menos 20 años. En los últimos tiempos ha hecho alguna otra. Así nos van quedando.
Por eso, yo pido que el estudio conserve la cordura intacta de Sestea, la que le quede, que bastante desbarró el día que decidió un querer por capricho. El sábado pasado se presentó al primer examen tipo test para secretario judicial. Y parece que ha obtenido, a falta de saberlo oficialmente, más o menos 75 puntos de 100. Lo que resulta ser muy buena nota, segunda mejor de todos los que preparan con ella (76 puntos la otra). Se prevee el corte en 50. Le quedan un examen oral ante tribunal en Madrid y un práctico. Ambas cosas después del verano.
Va a ser la secretaria más bajita que se vio nunca en un juzgado. Un llavero de secretaria.
Yo desde luego agradezco que esta previsión sea aparentemente tan certera. No quiero recordar las 3 horas tirado, casi literalmente en el aeropuerto de Madrid esperando a que EasyJet lograra traer el vuelo que venía de A Coruña desviado por no se qué viento, ¡qué eso es el Cantábrico oiga! ¡O hace brisa o está lloviendo! Háganlo aterrizar a plomo.
En fin, a mí me da igual. NO contaba con llegar tan puntual como para que 5 minutos de adelanto cambien mi plan de viaje. De hecho tal plan no existe. Menuda cara me pondrían los muy hegemónicos de Alsa si ando en estos días comprando un billete para octubre. Ya lo haré, por delante queda el verano en la costa, con la playa y la montaña, con la visita de mi familia al por mayor, 13 personas que se vienen a ver si es verdad que se vive tan bien aquí, aunque detrás de Yoggui no se vea nada.
En otro orden no quiero dejar de comentar lo de la justicia torticera que tenemos y que casi seguro que nos merecemos. Bueno, no sé si nosotros, supongo que la que tenemos es justo la que merecen los malhechores. No hacen las cosas bien y no se les corrigen bien. Hay cosas que son sencillamente incorregibles cuando el daño está hecho.
Una de las últimas es lo de los policías a los que se arruinó la vida con una sentencia de la Audiencia Provincial de Madrid por todo aquel jaleo de atentado contra el que fuera ministro de Interior José Bono. Aquel tribunal estimó que aquella mujer que era todo maquillaje iracundo y sus secuaces armados con aquel palo de bandera fueron detenidos contra derecho. Hizo el PP de esto su caballo de Troya, enarbolando los pisoteados derechos de sus rabiosos militantes en cuantas reuniones pudiera patearse el suelo. Pues bien, a uno de los implicados le costó el cargo y otros tuvieron que cogerse la baja médica incapaces de salir a la calle para que les llamaran asesinos. Ahora llega el Tribunal Supremo, que es todo lo que se puede subir, para decir que nada de lo que aquella Audiencia estimó como cierto es verdad, y que todo lo que desechó debe ser tenido en cuenta. Vamos que parece que cada uno de ellos maneja un código distinto. Unos con toga lo ven blanco muy claro, los otros negro ceniza. Pero a nadie pasa factura, a ningún juez, la vida es como el fútbol a veces, los errores no se pagan, se recurren. Hasta que alguien observe ese detalle intrincado en la ley que se interpreta a tenor del viento, ahora en una dirección mañana en otra.
Hay otro caso de estos días muy jugoso. A un joven juez de 29 años le molestó el top less de un par de mozas en una playa de Almería, que casi seguro he pisado. Así que así en chándal, como el deporte le trajo al mundo, se fue hasta ellas para decirles que su visión semidesnuda era una ofensa al buen gusto y la decencia, cómo diría el inolvidable Ignatius J. Reilly, y que como ciudadano deportista y como juez las exhortaba a que se taparan. Ellas se opusieron diciendo que de ningún modo, que la ley les permitía ponerse en aquella playa como les diera la gana a lo que el juez respondió juntando a policía local y guardia civil para que unos u otros se las llevaran detenidas y esposadas. Luego llegó, es obvio, otro juez a resolver que aquellas mujeres no habían cometido delito alguno y las dejó libres. Pero la cuestión es, ¿y los tres días que pasaron en el calabozo? ¿Y la cara del calzonazos cuando le quedó la playa justo como quería? ¿Quién le haría pagar ser tan sinvergüenza?
Supongo que podría haber cogido su sombrilla y su bañador hasta los tobillos para irse a 200 metros de aquellas dos sin montar tanta vaina, pero prefirió quedarse a limpiar la playa. Habría que verle entrar a una moza en plan seductor. Este juez se vio en esas hace más o menos 20 años. En los últimos tiempos ha hecho alguna otra. Así nos van quedando.
Por eso, yo pido que el estudio conserve la cordura intacta de Sestea, la que le quede, que bastante desbarró el día que decidió un querer por capricho. El sábado pasado se presentó al primer examen tipo test para secretario judicial. Y parece que ha obtenido, a falta de saberlo oficialmente, más o menos 75 puntos de 100. Lo que resulta ser muy buena nota, segunda mejor de todos los que preparan con ella (76 puntos la otra). Se prevee el corte en 50. Le quedan un examen oral ante tribunal en Madrid y un práctico. Ambas cosas después del verano.
Va a ser la secretaria más bajita que se vio nunca en un juzgado. Un llavero de secretaria.
miércoles, 4 de julio de 2007
Sin despedidas
Dice Yiyi y dice bien que García Márquez no se ha despedido con aquellas letras que le parecieron tan cursis, a Márquez. Puede ser que no sean suyas y que su lectura adjudicándoselas las hiciera parecer mejores de lo que son, no vamos a negar ahora que aquello de la maleta sonaba algo extraño, aunque también es cierto que yo lo achaqué a nuestro idioma que de tan rico hace parecer unas palabras otras depende del lugar donde se dicen o escriben. Pero resulta que son de un cómico o de un ventrilocuo o similar que no solamente dota de palabras a los muñecos de trapo sino que también a los Nobel de literatura si se están muriendo o sobreviven. Después de todo, cada día uno está muriendo un poco. Un día más, un día menos. Quizá sea mejor así, si al hombre la piel se le ha convertido en papel al raso por la enfermedad, y quiere despedirse de los que le quisieron que lo haga tan secretamente como pueda. Porque probablemente eso no lo haría mejor que cualquiera de nosotros.
Reflexiono hoy acerca de que vivo de espaldas al mundo. Enterándome de las noticias con tanto retraso que a veces pienso que estoy en el centro de una burbuja, soy una isla en medio del océano y ya ni siquiera Anado.
Hoy he vuelto por aquí para sorprenderme con las visitas de Gaddira que ha sido siempre una persona de no dejarse nada dentro. Encontrando palabras para la caricia que recorra una espalda o para la desazón de un alma que no diera abasto. Con las visitas de Bosco que es amigo leal al que le tengo una gratitud inmensa lo sepa o no. Y para leer que a Yiyi le gusta visitarme de cuando en cuando, dice que vive y dice.
Yo también.
Reflexiono hoy acerca de que vivo de espaldas al mundo. Enterándome de las noticias con tanto retraso que a veces pienso que estoy en el centro de una burbuja, soy una isla en medio del océano y ya ni siquiera Anado.
Hoy he vuelto por aquí para sorprenderme con las visitas de Gaddira que ha sido siempre una persona de no dejarse nada dentro. Encontrando palabras para la caricia que recorra una espalda o para la desazón de un alma que no diera abasto. Con las visitas de Bosco que es amigo leal al que le tengo una gratitud inmensa lo sepa o no. Y para leer que a Yiyi le gusta visitarme de cuando en cuando, dice que vive y dice.
Yo también.
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