miércoles, 27 de diciembre de 2006

La mosca

La cara que habrá puesto la pobre. Digo yo que se debió subir a la vez que yo, digo a la vez que no conmigo. Fue abrir la escotilla y nos aúpamos los dos por la escalerilla, saludando en mi caso a la azafata, apuesto que la mosca entró sin cortesía alguna. Es lo que tiene ser mosca. Que puede colarse sin decir ni pío, eso sí quizá tiene más posibilidades que nosotros, humanos de exquisitos modales, de morir aplastada. Aunque en eso ambos, ella y yo, nos parecemos. Conviene recordar que durante el mes de agosto del 2006 fui atropellado por un coche que circulaba mirando hacia la carnicería "La moderna", la cara del conductor era la misma que dan las monedas, de perfecto perfil, y si uno se conduce así puede muy fácilmente hacer de humanos o moscas la misma cosa.

Digo que su cara habría sido de no perdersela. Subir sin quererlo, quizá porque a la corriente de aire le dio por ahí, o el azar distraído del movimiento de las alas en aquel avión en ruta hacia Santander. Una hora a 8000 metros de altura para dejar Valencia en el recuerdo. Claro que en la vida de una mosca una hora no es el mismo tiempo que en la vida de un humano, aunque ese humano sea yo, tan arrollable como ella.

Voló en una hora más de 650 kilómetros sin ser la mosca supersónica. Sin ser la mosca atómica ni supermosca.

Lo malo para ella es que lo va a tener crudo para volver a ver al novio, o a la novia que igual en vez de mosca era mosco. De que pueda llegar volando por si misma nos olvidamos. No hay alas que resistan tanto. Y con el desbarajuste que hay en los aeropuertos con todo ese jaleo de Air Madrid cualquiera coge vuelo a estas alturas, y luego que sea el bueno. Tengo la impresión de que la pobre se hará un lío en los trasbordos...

lunes, 25 de diciembre de 2006

De vuelta

Regreso en parte tras encontrarme entero.

martes, 12 de diciembre de 2006

lunes, 11 de diciembre de 2006

Hacen conmigo lo que quieren

El miércoles estaré cenando en un sitio que se llama "La mafia se sienta a la mesa". Y lo notorio no es el nombre tan original, sino que está en las inmediaciones de la Plaza Cánovas. Habré abrazado a mis padres, habré dejado el maletón tirado en mi cuarto y estaré planeando una sesión de cine para ver la última de Woody Allen. Siempre es el mismo personaje y siempre es genial.

El próximo sábado mis padres me quieren llevar a comer un arroz a Casa Chiva's. No es casualidad que lo cocinen tan bien. Y yo, tan buen hijo, me dejaré llevar...

domingo, 10 de diciembre de 2006

Soledad

La soledad es una habitación desnuda. Tiene nada más 4 rincones.

Los conozco todos.

sábado, 9 de diciembre de 2006

De grifos

Habito la casa de la peli aquella, aquella de Tom Hanks, sí hombre, "Esta casa es una ruina". Ya sé que nadie lo diría por lo imponente de la fachada. Pero no te fíes, por lo general, de la fachada, muchas veces es nada más apariencia. Por dentro, y ya no hablo de ladrillo o yeso sino de piel y hueso, es todo inseguridad y falta de confianza en uno mismo. Claro que otros somos todo eso a ratos, y nunca deslumbrará nuestra fachada, ni vestidos por Armani.

¿No conté aún que uno de mis grifos pierde agua? Aclaro que me refiero al grifo de mi casa, al de la ducha por ser más preciso. Parece que hay que cambiarle no sé qué goma que lleva internamente, o que debería llevar, ya que el mío inventa riachuelos hasta el desagüe. La verdad es que parece una tarea sencilla, el problema es que sospecho que pierde agua por la zona del teléfono, lo llamaremos así al extremo que te pasas por encima de la cabeza al ducharte, y pierde también aunque en menor medida, por el grifo que está ensamblado contra la pared. De manera que la cuestión ya me va pareciendo digna de llamar a un fontanero.

Por supuesto que la factura por tal reparación ha de correr sin duda a cargo de mi casera. ¿Pero conté alguna vez que me hace llamadas perdidas para que sea yo quien le llame para notificarme alguna factura? Con eso está dicho todo.


Así que he empezado a bajar en pijama hasta el portal (vivo en un primero), para cerrar el agua general cuando no la uso. Lo de bajar en pijama no es capricho mío, simplemente la mayor parte de las veces ha sido para pasar la noche sin que nada me gotee. Vuelvo a referirme, es evidente a lso grifos.


Ayer estuve fregando los platos y vasos que dejé de lavar anteayer y vine a darme cuenta de que por razones inexplicables el agua del grifo de la cocina cae apenas con presión. Diría incluso que el otro grifo da más, más fuerte. Bueno, exagero, es cierto. Pero el otro hace "ssshhhhhhhhhhhh" como un aspersor de jardín y parece que se ahoga.

viernes, 8 de diciembre de 2006

Memoria

Has tenido tanta vida, tantas oportunidades.

Si me fallas otra vez no te necesitaré más.

jueves, 7 de diciembre de 2006

Lágrimas de plástico azul

Acostumbrado a escuchar esta canción y resulta que la que viene en el disco, que es la del video, es algo distinta... La pregunta entonces es ¿de dónde salió la que tengo? ¿Y por qué la traigo aquí si no es la mejor de Sabina?

Porque me gusta, ni más ni menos. Anda, ve quitando ese fondo, qué fúnebre resultas, si la vas a escuchar...

El abuelete está de oscar pegando los ojos. Ahora bien, no sé como hacen con ese lenguaje de cámaras para que parezca que mira la tele. Sería casi milagroso. La tiene a la izquierda, casi a la espalda. Y Joaquín cruzando la calle pa volverse en el último momento, igual era yo que le llamaba pa hacernos una foto con Sestea, o igual se creía ya fuera de plano. Pero lo mejor de todo: ojo a la miradita de ella cuando marcha... :P





Por los jardines de la madrugada
baila con los jazmines su milonga el sol,
con las ojeras que le sobran a tus ojos, corazón,
un día después de lo que el viento se llevó.


Las secretarias de las oficinas
desayunan en la esquina pan de ayer
y cuando vuelven del laburo a la cocina de su piel,
con un sueño del revés y un futuro sin mañana, lloran


lágrimas de plástico azul con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal.


Los escribanos de las decepciones
cortan por lo sano la alegría,
las venas del amanecer almacenan sangre fría
y cada lunes nace muerto el nuevo día.


El lápiz de los labios de tu boca
retoca los agravios del carmín,
los remiseros se colocan con esmero el peluquín
y los abrazos se demoran y las casadas se desenamoran.


Lágrimas de plástico con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...


Lágrimas de plástico azul con sabor a despedida.
¿Cuándo pasará el autobús por mi callejón sin salida?
Labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...

acostumbradas a hacer noche en el cristal.



Lágrimas de plástico azul - Joaquín Sabina

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Ya oigo

A Yoigo le tenemos que agradecer que hable claro. Aparte de que sus anuncios sean originales. Aunque uno no sabe bien de qué estamos hablando. Ves el anuncio y dices: "pues bien". Pero no sabemos. No intuimos qué nos quieren vender. La palabra te lo está diciendo. Menudo lumbreras.

Cierto que uno de ellos en especial es realmente bueno. Aquel en que dicen aquello de que no es que salgas mal en las fotos, es que eres así. ¡Cuántas veces no me he excusado con eso! Pero juro que cuando me veo en el espejo me veo mejor que en foto. Digamos que la cámara no me hace justicia. Verdad verdadera.

Yoigo es, hablando claro, una compañía telefónica que habla claro. Exponen sus tarifas claramente, como un post it en la pantalla, aunque sean tarifas que están fuera de mercado. Vamos que uno las mira y se pregunta quién en su sano juicio abandonaría la compañía con la que factura llamadas y mensajes por ingresar en una que te cobra a 12 céntimos por minuto. ¡Señor, si con según que números y durante algunas horas yo estoy pagando 4 veces menos!

Pero por lo que parece, estos no llevan pinta de irte a mentir demasiado. Que si Orange fuera un muñeco de madera sería Pinocho atravesando el pecho de Gepetto por su lealtad, con una nariz afilada como un estoque.

Orange retrata la fugacidad del tiempo. No sé me ocurre un ejemplo mejor. Saben retratar mejor que nadie lo que es presente. Y el presente cambia tan rápido que ya se hizo pasado. Si estás negociando algo con ellos y te satisface en parte, cierra el trato. Pues a la operadora que habita el cuerpo y la mente de sus telefonistas durante la jornada laboral le puede dar una embolia cerebral para romper la baraja. Para desandar lo andado que es volverse atrás. Quebrar los puntos de encuentro, hacer nuevas normas. Es probable que quieran darte la impresión de que lo vivido no es más que un espejismo. Y puede que tengan razón.


Fue mi caso un caso particular, no obstante. Cuando les llamaba no tenía intención ninguna de abandonarles, pero su gestión, tan penosa como su propio logotipo, me empujó a la deserción más rápido que a un iraquí rodeado por tanques "yankees" abriendo fuego desde que aparecen por el horizonte.

La diferencia es que él no saldrá vivo. Yo sí.

domingo, 3 de diciembre de 2006

Este soy yo

Vuelvo por aquí de nuevo. ¡Qué tío tan pesado!

Lo mío es de premio. Soy la antítesis de Homer Simpson. Llevo toda la tarde en casa, a ratos asomándome al ordenador, a ratos leyendo a Vargas Llosa en un librito inacabable, pero no he prendido para nada la televisión. Vamos como si no la tuviera, pero con mérito por tenerla.

Vuelvo y cómo no me ha ocurrido nada no tengo nada que contar. Tampoco se me ocurre nada. Así que llego nada más con la intención de perder el tiempo (y lograr que tú, que soy la mayoría de las veces yo mismo, lo pierdas). A ratos le doy tragos a un tetra brik de zumo de naranja. Menudo invento lo de este envase. Este además tiene pitorro como de botijo así que se puede beber directamente sin derramar nada.

Bueno. Este soy yo.


y qué si toy haciendo un poco el tonto...

De santos

Hoy es San Javier. Esto es que es mi santo, porque no se puede ir muy lejos llamándose uno Anado Uni. Menudas caras más raras me pondría la gente. Claro que igual soy el primer Anado de la historia, vete tú a saber si estoy a tiempo de ser santo siendo solamente medio bueno, nada más por cubrir el hueco que existe. Para que alguien que venga tras de mí tenga de día de santo San Anado, que fue un poco santo y un poco tonto.

Lo que ocurre es que esto de los santos ya no se lleva nada. Si recogiéramos el criterio de unos críos en una libreta, abordándolos en los columpios o en la escuela probablemente nos encontraríamos con que la mayoría de ellos quieren ser Fernando Alonso en Mclaren, y ellas Raquel del Rosario. Y nos lo dirían mirándose los unos a las otras, las otras a los unos para dejarnos poco menos que de aguanta velas. Ni uno de ellos querría a estas alturas ser santo de nada.

Está muy desprestigiado ser santo. En realidad ya nadie aspira a ser bueno. Se aspira a tener éxito, y se aspira a dar con el éxito en las narices de un puñado de caras asombradas. Porque ni siquiera les bastará con el éxito cotidiano que hace que uno se sienta bien consigo mismo, ocurrencia que no se da todos los días. Quieren el éxito que nos muestra la televisión, así sea convertido en el más hortera del programa más zafio. Nuestros críos entienden por triunfar llegar a las rondas finales de un programa de pretenciosos cantarines.

Así es que andamos algo cortos de santos en estos tiempos. Tampoco es tan raro habida cuenta del papa que nos trajo la fumata blanca. Ya no es que no vayamos a encontrar un santo bajo las piedras, es que de sacerdotes andamos escasillos. Y me da el pálpito de que los que tengamos ahora van a ser muchos para los que vamos a tener.

A mí la verdad no es que me hagan mucha falta. Pero constato que hemos pasado de aquellos tiempos en que a uno eran muy capaces de marcarle la vida con un nombre para no olvidar, Cleofás por poner un ejemplo, solamente por nacer un día determinado del calendario, 25 de Septiembre, a estos otros en que para leer el nombre del santo hay que ponerse una lupa ante los ojos.

Lo cierto es que a mí me trae al pairo. Yo he sido siempre de celebrar sin demasiada celebración mi cumpleaños antes que prestarle atención a esta casualidad de los santos. Claro que por norma general en mi casa se me felicitaba...

Curiosas felicitaciones. Supongo que el único mérito es haber sobrevivido un santo más.

Karlos

No iba a escribir. No tenía la intención hasta que he leído los ingredientes del bote de lentejas. Resulta que a parte de lentejas, obviamente, el bote de vidrio transparente nos trae una buena dosis de algo que han dado en llamar "antisecuestrante". Y la cosa es que visto así a través del cristal no lo parece. He mirado el bote desde un lado y hasta desde abajo, y no encuentro que pueda ser la cosa. Igual se refieren al bote mismo que impide que alguien secuestre un puñado de lentejas, sin llevarlas todas, sin pagarlas todas, en el antisecuestrante.

Luego la cosa ha quedado medio resuelta, al abrir el bote. En la cúspide de las lentejas que casi se salen de repleto que está, me he encontrado con lo que creo que es el famoso antisecuestrante, y si no lo es, hace su función perfectamente. Una gelatina algo diluida y con un color verdoso repugnante. Un medio de defensa similar al que utilizan determinados animales, que acentúan sus colores para parecer peligrosos, porque hay otros que, de los mismos colores, lo son sin necesidad de acentuarse nada. O al estilo de la mofeta o de aquellas ranas que segregan un líquido blanco tan amargo para su depredador que se le quitan, al instante, las ganas de ancas de rana. No saben, desdichados que es solamente el primer regusto. Algo así como el primer cigarro del que será fumador empedernido. Se empieza tosiendo y diciendo que no, y se termina revolviendo los cajones para encontrar el paquete de tabaco.

En fin, decía que allí mismo, pegadito por un lado a la tapa y por el otro a las lentejas, ese fluido tan natural como el propio vidrio. Vamos que ha sido verlo y se me han quitado las ganas de hacer lentejas, o de cambiar el menú por una pizza que me las hace el microondas en un periquete sin necesitar de mis cuidados.

La cuestión es que como no soy de los que se doblegan al primer obstáculo, algo hay en mi carácter que me hace resistente a los tompazos, me decidí a introducir un tenedor por ver lo que ocurría. Pensé que quizá el metal nunca llegara a tocar las lentejas y que se iría desintegrando conforme hundía sus puntas en la viscosidad. Pero no, cualquier deterioro que en su morfología se produjera es invisible al ojo humano, aún experto. Dejé caer un poco de aquello, en realidad todo lo que pude por el desagüe de la pila y esperaba que hiciera un ¡Boom! y echara humo aquel desagüe, pero tampoco ocurrió nada. Sospecho que sus propiedades antisecuestrantes solamente funcionan en contacto directo con las lentejas.

Ahora tengo las lentejas al fuego, acompañadas en perfecta combinación por unas tiras de bacon, unos ajos, cebollas, pimiento verde italiano cortado en rodajitas, pimiento rojo y una pizca de antisecuestrante.

Seguro que a Karlos Arguiñano le salen más ricas, pero hoy no se me cayó ninguna cebolla en el zapato pa ir rebotada bajo el mueble. Poco a poco, siempre a mejor...

sábado, 2 de diciembre de 2006

De Larra

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos. ¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro, ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!

¡Silencio, silencio!


Mariano José de Larra.



Pensando así no es extraño que se pegara un tiro. Se hace evidente que se llega a ese extremo por razones del amor o por ser más precisos de desamor. Quizá es el impulso del momento, se llama desesperación y es un precipicio, o quizá es que estar muerto, en algunos casos, no puede ser peor que seguir vivo.

Llamo a Sestea y le pongo la grabación sonora de alguna de los artículos del autor según descuelga el teléfono. Repito a menudo esa jugada, a veces con voces y a veces con canciones. De mí no se oye ni un suspiro. La dejo esperando en el aparato mientras suena la voz del lector. Se la oye preguntar mientras de Larra se descuelga con su "vuelva usted mañana". La verdad es que es la monda. Yo me harto de reír sordamente. A veces incluso, le pongo canciones enteras y cuelgo antes de haber dicho una palabra siquiera. Son las mayores maldades de las que soy capaz. Y lo mejor de todo es que ella prefiere que le hable yo. Mejor yo que Mariano José de Larra.

Una vida para una conclusión. La vida no era un pasatiempo que mereciera la pena. Ante esto la solución es evidente. ¿Y quién si no uno mismo podría decidir si una vida merece ser vivida?

En la vida somos juez y somos parte. Somos parte interesada desde luego. En decisiones sobre vivir o sobre morir tenemos la mayoría de los mortales la última palabra. Y los que no la tienen porque ya no dominan su cuerpo para que los aniquile, piden a los jueces que sean ellos la mano que los desconecte de la vida, o que deje sin castigo a quien los envenene cumpliendo su voluntad inequívoca.

En los tiempos que corren, en que algunos hombres se creen con todos los derechos, con el derecho de someter a sus mujeres que de repente ya no son absolutamente dependientes, no nos iría mal que estos hicieran la de Larra. Que rechazado por el amor se va de este mundo sin molestar a nadie. Y a su amada la deja bien entera y con un pensamiento sobre todos, "¿no me habré equivocado?".

Si todos estos asesinos domésticos hicieran igual nos iría mejor sin duda. Diríamos como aquel tras la visita de un ciclón con forma de mujer que lo cambió todo; a modo de despedida la mujer se convierte en un perfume:

lleva tanta paz, como paz dejas.

Recordando

Me ha escrito Darane. Muy breve para preguntarme algo y al responderle de pronto me he visto de nuevo en otros tiempos. He aquella época feliz de Dooyoo, cuando opinar era tan fácil. Cuando nos leíamos unos a otros y dejábamos constancia con unas palabras de aliento al final, con un "como casi siempre estoy de acuerdo". En aquellos primeros tiempos nos pagaban cada opinión a 150 pesetas. Fue rebajar el premio y empezar a escribir más.

He recordado los tiempos en que Annlea bullía, pero no como un desmadre literario, no lo fue nunca, más bien como un primer hervor mantenido en el tiempo.

Todas aquellas palabras siguen ahí. Están expuestas. Con forma de relato y con forma de intervención en el grupo de noticias. A veces me digo que tengo que volver a leer aquellos fragmentos, algunos de ellos al menos. Pero nunca lo hago.

Tengo todo el tiempo del mundo y la impresión de que no me alcanza.

viernes, 1 de diciembre de 2006

Si todo es presente

... estoy doblando la esquina.

domingo, 26 de noviembre de 2006

La gorrita

Fito y los Fitipaldis dieron un concierto en Valencia el viernes. Y hasta allí fue Sestea con unas amigas recién ganadas, que a los amigos hay que ganárselos, es el "quid pro cuo" de Hannibal Lecter pero solamente con buenas intenciones, un toma y daca, un proceso de ida y vuelta, de manera que das, te dan y de repente tan amigos.

Fue y por lo que me cuenta se puso una gorrita al estilo Fito que se compró en un bazar chino. A la mocita le quedan realmente bien los sombreros y demás sobre la cabeza. Yo lo recuerdo bien de nuestros viajes a la nieve. Es algo curioso, supongo que es por la forma de la cara. Me comentó el sábado que estuvieron todo el concierto los de alrededor cantando las canciones a la par que llamándola Fita; "mira que gorrita". Yo supongo que estaban tan pasados como el propio Fito, que por lo que me cuenta no podía ni hablar de borracho, aunque sí podía cantar. Es curioso, no podía ni formar una frase completa, tan ciego iba, y las canciones las recitaba con memoria de opositor. Al fin y al cabo a quien le importa, se pagó la entrada para oírlo cantar y no para escucharle discursos con la lengua enredada.

A mí las gorras y demás me quedan mortales. Yo creo que es porque que se me vea el pelo en la cima de la cabeza disimula de un modo raro las dimensiones reales de mi nariz. Si tapamos el pelo desaparece el artificio y la nariz me asemeja a un pájaro carpintero.

Hace unos días un compañero de trabajo me hacía una foto con su teléfono móvil nuevo, por aquello de que aparezca mi careto si alguna vez le llamo. Lo mismito que haré yo si algún día consigo renovar este pobrecito mío (lo miro, ahí sigue el celo). La cosa es que luego cuando me enseñó la instantánea me costó reconocer esa cara. Era la mía pero no lo parecía. No por las arrugas de los ojos, no por el color mismo de la piel, era por algo en el fondo de los ojos, quizá los años nos cambian la forma de mirar.

sábado, 25 de noviembre de 2006

De poca importancia

He pasado mala noche. Despertando a cada rato, pensando en todo este trajín del móvil. Las ofertas que se hacen y se deshacen. La vigencia tan fugaz que tiene a veces la palabra dada.

Por la mañana salí a comprar al Día. Antes tuve que pasar por el cajero y al acabar, improvisadamente, me subí hasta el camino de San Pedro. Está precioso. Verde brillante, con un mar sin final y el rumor apagado de unas olas con pocas ganas de bulla.

Allí he tirado de móvil. Es decir he hecho unas cuántas llamadas, que nadie piense que arrojé nada al mar, no soy de esos. Me senté de través en un banco de piedra y estuve sintiendo el calor del sol en la cara.

¡Qué día tan bueno ha hecho!

¡Cuántas veces damos importancia a cosas que no la tienen!



En los últimos tiempos me he acostumbrado a utilizar los tiempos perfectos, de manera que cualquier cosa que me sucede pudiera parecer ocurrida hace mucho. Si alguien llega y marcha, al narrarlo a un tercero le digo de inmediato que Fulano o Mengano vino. No le digo que "ha venido". Aunque ambos casi se hayan cruzado en el umbral.

Hoy he comido (no diré que comí aunque haga un buen rato) espinacas a la crema. Tb estuve picando alguna cosa y confirmé algo que sospechaba. Parece que soy alérgico al maíz seco, es decir al de los Doritos. Es tomarlo y se me hincha al menos uno de los ojos, vengo observando que las más de las veces el derecho. Gracias que tan espontánemente como me deforma disminuye. Lo curioso es que tras esa metamorfosis temporal me deja tal cuál era, sin cambiar en nada. Podía tras la inflamación quedar hecho un Tom Cruise o un George Clooney. Que he leído que es el tipo más atractivo del mundo. Y ni con esas le dejan entrar las chavalas a la fiesta del Martini...

viernes, 24 de noviembre de 2006

De cruzada

Está visto que mi sino es emprender cruzadas, perdidas de antemano, contra las empresas de telecomunicaciones de este país. Estaba yo tan contento, dándome con un canto en los dientes porque me iban a enviar un Sony Ericsson Z520i, un móvil de gama media pero con interesantes prestaciones, uno entre los 4 que me ofrecieron para jubilar mi achacoso Siemens S55. La cosa fue, no podía salirme de otra manera, que al abrirlo encuentro un rayote en el centro de la pantalla interior, era la V del visto bueno, como si lo hubieran hecho adrede. A los pocos minutos ya estoy llamando, ningún problema me dicen, en unos días me pasan a recoger el móvil y me dan uno, con menos defectos, o menos visibles al menos, si es que esto es posible. La cosa es que en aquel momento no me podían tramitar la petición porque con mi premura en llamar ni siquiera habían recibido noticias de la empresa de mensajería, no les constaba siquiera que me hubiera sido entregado. Llama mañana me dicen.

Y al día siguiente llamo. Hablo con una chica muy amable sobre la tecnología, la tercera generación de teléfonos, las video conferencias... y me termina ofreciendo un móvil de estos completamente gratis. El Samsung Z230. Yo le digo que así sin verlo no me decido del todo, pero que si me da un rato para buscarlo por Internet, estoy seguro de poderle dar una respuesta en breve. Me dice que "de acuerdo" y que deja anotado que me ofreció ese móvil.

Hoy, un día después de esa conversación, en mi ratito del café llamo y cumplo con los pasos requeridos para que me envíen el móvil deseado. Hasta me graban una conversación en la que mi parte es decir que sí a todo y la de la comercial es decir que el móvil me saldrá gratuito del todo, terminal y mensajero. Luego me dice que vamos a tramitar la recogida del que me enviaron defectuoso y me pide el número IMEI que no tengo, así que todo lo tramitado se nos cae como un castillo de naipes. Yo soy claro, resulta que la caja dichosa la tengo en casa, "si le parece le llamo en cuanto regrese". Sin duda, cualquier persona entenderá que puede resultar muy apetecible hacerse acompañar por aquella caja durante todo el día, como un amigo imaginario con forma de caja. Pero soy de los que prefiero no dar que hablar. Ella se me despide con un enigmático:

"A ver si entonces no está".

A eso yo digo que no la entiendo.

¿Qué no está?

Me repite que a lo mejor no está y le pido que me explique exactamente qué significa eso de que no está. Me dice entonces que el "stock" de Orange es limitado. Ahí nos ha jodido, igual pensaba que yo creía que tenían móviles hasta el infinito. La cosa es que a mí ese comentario me tocó bastante la moral y le comenté que ya habrá tiempo para afrontar los problemas cuando surjan, nada ganamos con ponernos en ese caso antes.

Al llegar a casa, antes de comer, cumplo con lo acordado y les llamo. Todo parece ir sobre ruedas hasta que otra comercial del mismo departamento me dice "igual mis compañeros no se lo han comentado pero este otro móvil cuesta 79 euros". Yo me quedo estupefacto.

¿Cómo es posible que usted me diga que este móvil me costará dinero y dos de sus compañeras me dijeran que me saldría gratis? No es que omitieran ese tema, que se trató naturalmente. NO ERA UN DETALLE SIN ABORDAR, no se entró en profundidades porque la cosa no parecía merecerlo. Nadie parecía por la labor de discutirlo.


Aunque ahora sí. Digamos que si esto fuera un partido de fútbol en este momento iríamos dos a uno.

Le digo que si esto de que cueste o no dinero es cosa que depende del comercial que te atiende. Que pecan de cierta incoherencia y que uno de los tres es un embustero. O bien usted que me dice que esto ahora cuesta, o bien sus compañeras que me engañaron diciendo que podía acceder a este móvil gratuitamente, que me saldría GRATIS (una de las veces en una conversación grabada), o tal vez el mentiroso sea yo. Quizá sea yo. ¿Me está diciendo que no me cree si yo le digo que este móvil me fue ofrecido por su compañera? Que yo ni siquiera lo conocía. ¿Me cree si le digo que esta mañana me han grabado y su compañera dijo claramente que este móvil tendría coste CERO?

Dice que sí. Que a mí me cree. Vamos que al final pretendemos estar en misa y repicando campanas. Así que le digo que voy a volver a llamar a ver que cuenta la siguiente persona que me atienda. Giremos la ruleta para comprobar el color. Probablemente ofrecer determinados móviles o cobrarlos depende del estado de ánimo con que uno se levanta por la mañana. Probemos de nuevo, hagan juego señores, veamos... para doble o nada.

Di con hueso. Dos a dos y sin penaltis. Ahora el móvil lo cobran, y se me vuelven aquellas palabras reveladoras. "A ve si luego no está". Pero no se refería a la cantidad que amontonan, rayados los cristales en algún almacén de mala muerte, probablemente infestado de ratas, se refería al estado de ánimo. Igual más tarde ya no nos apetece mandártelo, o quizá te lo queramos cobrar, que es siempre más productivo que dar un NO a secas.

Y la cosa es que yo dudé en cambiar el que me enviaron por ese otro que es indudablemente mejor. Me hubiera quedado con el que me enviaron (sin arañazos por favor) de buen grado si las cosas se hubieran dado de otra forma. Es posible que hasta hubiera tragado con el recurso de que ya no les quedan (dos horas después de mi primera llamada y se agotaron). Después de todo tampoco debemos que esperar que un compañía de teléfonos, no una franquicia, no una tiendita de barrio, una compañía de anuncio en la tele, la empresa madre, tenga demasiados terminales. Probablemente cualquier otra razón espiritual o material me hubiera convencido, pero ¿cómo hacerlo así? Con esta sensación que dejan...

Ya le dije a la última de ellas. Lástima por ustedes y lástima por mí que estaba tan contento con ustedes. Pero cómo seguir con después de esto. Es como encontrarse de golpe ante la infidelidad en la persona amada. Ya no se trata de este o de otro móvil. No se trata de ti. Se trata de mí. Ya no puedo ser el mismo.

Anote usted el IMEI para recoger el móvil que me enviaron. Sepa asimismo que en próximo mes procederé a llevar mi número de teléfono, haciendo uso de la portabilidad, a la competencia. (A Vodafone por supuesto). Pues ustedes y yo sabemos que allí me concederán un teléfono sin tener que abonar un euro. Sepa que voy a darme de baja también en el servicio que tengo de teléfono fijo. Y por descontado también del ADSL que contraté en su momento con Wanadoo, que son ustedes ahora. Vamos que abandono el barco. Les dejo, pero no cómo quién dice que fue por tabaco y no volvió. Yo me voy poniendo las cosas claras.

Y no lo haré ilusionado, al contrario. Es complicar una vida que no necesita de complicaciones. Pero estoy obligado, uno de nosotros tenía que actuar coherentemente...

martes, 21 de noviembre de 2006

Buenos y malos

En la vida como en las películas los hay buenos, y los hay malos.

En la televisión abunda lo malo, porque no decirlo. Todos esos programas experimentos pseudo científicos de Gran Hermano y demás del mismo estilo, que de estos otros no puedo hablar pues para mi suerte no vi uno solo en mi vida, y del archi-conocido programa que encierra unos cuántos engendros dentro de una casa nada más seguí superficialmente el del primer año, todo aquello de ¿quién me pone la pierna encima?, que es poesía a la altura de los participantes, ahora bien es un lema pegadizo como pocos, retrataba esta España nuestra, siempre con una pierna encima. Salvo para jugar a baloncesto, entonces no nos queda arriba ni siquiera la canasta (gracias a Gasol).

La programación televisiva de este país es, como dicen por aquí, para arrojar y no dejarlo. Habría que hacer, verdaderamente, pocas salvedades.

Pero hoy no quería hablar de los programas, quería citar nada más dos anuncios. Uno bueno y uno feo y malo. Por supuesto no pretendo transcribirlos palabra por palabra, hablo de memoria, y ya quedó claro que no es precisamente mi punto fuerte (si hay alguno).


Empecemos por lo malo que así parece que pasa antes, como entrar en la consulta del dentista, una vez en aquel asiento reclinado solamente queda la esperanza de acabar (ir a cenar tal vez, si se puede).

Malo, malo, malo de verdad, peor que pegarle a un padre es el de Peugeot. Aquel tipo que dice que está tan nervioso que igual no pega ojo esta noche. Y la moza, que si no recuerdo mal está agachada, no sé bien si cogiendo algo de alguna parte o colocando los clavos de la tienda de campaña, le sonríe como diciendo: "ya sé por donde vas, majete".

Y la cosa es que ambos deben ir juntos a los mismos lugares, pues a la mañana siguiente el tipo aparece en bolas, recién salido de la tiendita. Vamos que si no había sueño, se le llama, y si no viene nos dedicamos a encontrar otros quehaceres. Yo por supuesto no tengo nada en contra de esa idea que se nos cuela sibilinamente, afortunado que es el tipo pese a ser tan tonto; pero lo que me llama más la atención de todo aquel embrollo es que el notas aparece estirándose como si abriera los ojos en ese instante, desnudo, estirando los nudillos y la espalda a dos puñeteros metros de la tienda de campaña. Vamos que hasta allí llegó con los ojos cerrados, por eso luego se sorprende. Claro, está rodeado de mirones, que no han ido allí a comprar un coche, no hay dinero para eso, han ido a verle salir en cueros, para ver el trayecto ciego que hace hasta el punto exacto en que descubre que, manos para que os quiero, ya no están solos.

Y se supone que este aborto televisivo es gracioso. Tanto como que te lleve el coche la grúa.


Por suerte tenemos otros, también de coches, de calidad incuestionable. Y la mar de sencillos, apenas un coche todoterreno recorriendo un camino de tierra. Eso y un par de frases certeras. No se requiere nada más.

Dicen que hay un camino para la felicidad y otro para la verdad. Que un camino trazado lleva hasta donde ya fueron otros. Dicen que el verdadero camino está dentro de cada uno.

Y lo mejor para el final, no se dice, solamente se lee:

Tú eliges el camino.

lunes, 20 de noviembre de 2006

El Rasas

"Déjate llevar, si el alma te lleva".

Fito y los Fitipaldis.



La semana pasada murió el Rasas. Murió de verdad. Porque ya antes decían que había muerto sin ser cierto. Corrió como la pólvora, pero al día siguiente ya había alguien que aclaraba, no murió aún, de veras que no, nada más está muy enfermo. Enfermo pero vivo. El caso es que a los pocos días moría del todo. Sin vuelta de hoja.

Yo me he entretenido a veces con la idea de la muerte. Esa anormalidad, cuando la vida ya no es vida, la existencia es solamente un recuerdo. Esa foto que te retrata, esos ojos que te miran desde ella te sobrevivirán casi con toda seguridad. Nos pasamos la vida distraídos en los juegos del cada día, concediendo a todo demasiada importancia, lo primero a nosotros mismos; dando la espalda a la que es acaso la única certeza que tenemos, estamos vivos por algún tiempo, pero la muerte espera, tarde o temprano.

Ya hace unos años ocurrió algo parecido con aquel hombrecito al que apodaban el Pulga, que hacía dúo con el Linterna en el Un, Dos, Tres. Decían al unísono ¿cuántos había en la plaza? Y el aforo del programa se desgañitaba entre risas, todos a una: "veintidós". Ahora los políticos ponen a un público mucho más formal para que parezcan como de cartón piedra mientras dan sus discursos. Es una costumbre que nos hemos traído tras observarla en las apariciones de Bush. Tiene su lógica, si una nulidad como es ese tipo, un rematado idiota, gana las elecciones jugando de aquel modo, por qué no copiar lo que tiene de inofensivo (no hay mucho más que eso).

Decía que al Pulga le adelantaron la muerte, y el país entero lo evocaba vestido de torero, no de los de dar dos capotazos al toro, sino de los que salen en el espectáculo del bombero torero. Tenían gracia juntos, y eso que el peso cómico lo llevaba probablemente el más alto, el Linterna que hacía aquellas voces agudas y se pasaba el rato pegando al pequeño para completar los "sketches". Tuvo que volver del anonimato que da estar pasado de moda para mostrarse vivo a los cuatro vientos; estaba vivo y bien vivo. Y quien diga lo contrario después de verlo es, para empezar un embustero, y con toda seguridad un tonto de los que ya no quedan.

Al Rasas yo no lo traté apenas. Venía a cambiar billetes de 20 por billetes de menos valor ¡faltaría más! Por lo que oí se pasó la vida cambiando cosas. Él entregaba unas a cambio de otras. Así desde antiguo. Era curioso porque podía hacer una cola larga por cambiar uno de sus billetes. Luego marchaba a la acera de enfrente y se quedaba allí apostado, con sus billetes cambiados.

Supongo que dentro de algún tiempo lo habré olvidado, tampoco tenía demasiada confianza con él. De hecho yo mismo llegué a olvidarle el nombre tras perderle la pista durante un tiempo. Pero ahora lo recuerdo perfectísimamente, bajo, rechoncho y con un ojo izquierdo permanentemente entreabierto y que lagrimeaba constantemente. Sin embargo es curioso, la última vez que lo vi me pareció más serio que nunca, y no es que fuera alguien que pasara la vida riendo, no al menos delante mío, pero aquella vez parecía ir y volver de un trance. Lo miraba todo con más fijeza.

¿Cómo lo quieres Luis?

Uno de diez, dos de cinco.