domingo, 11 de mayo de 2008

Primer día

Te hubiera dado más de lo que me robas.

Vamonos p´al sur - Joaquín Sabina



Mi alter ego Niko Bellic ha llegado a Liberty City.

Es sin duda un héroe en potencia, solamente tiene una pega de la que es del todo inocente, al otro lado del mando estoy yo.

Su primer día en la gran ciudad, la tierra de las oportunidades ha sido un fiasco. Al menos para cualquiera que se asomara como espectador a sus desventuras.

Al poco de llegar atravesó el parabrisas de un coche con la cabeza, a la que le siguió en buena lógica el resto del cuerpo. Millones de pequeños cristales en suspensión y su vuelo 5 metros por delante del parachoques del coche. Estaba volando y pensaba para mis adentros que aquella escena sería una baza casi fundamental de ser usada con buen juicio por la Dirección General de Tráfico.

Si bebes no conduzcas, ya sabes; si conduces ponte el cinturón.

Incluso yendo más allá, ricemos el rizo, mira por él y por ti,

póntelo, pónselo.


Aunque mi Niko Bellic no bebe, pero conduce. Yo lo quiero llevar por el buen camino, después de todo soy un hombre civilizado, pero la historia del juego se escribe a golpe de delito y muerte. Aún así lo educo en las cosas pequeñas, y si tengo que darle una dirección al GPS me aparto a un lado para no entorpecer el tráfico. Y hago que las miserias de Niko Bellic buscando la felicidad sean menos. Para que el idealista que es no se pierda del todo en la selva de la gran ciudad.

Lo malo de ser pobre es que uno no tiene prácticamente nada. Por eso mi protagonista tiene que irse agenciando coches por el quirúrgico método de dar codazos a las ventanillas de los vehículos aparcados para proceder después a hacerles un puente que concede su uso y disfrute al menos hasta que de tanto humo como salga del motor no se vea nada. Será entonces cuando habrá que mirar a derecha y a izquierda para que, sin moros en la costa, conseguir un nuevo vehículo de tantas ruedas como el azar disponga. Se trata de vivir a salto de mata.

Claro que Niko es muy capaz de conseguir vehículos bajando literalmente a sus dueños, que más de una bofetada se ha llevado cuando encontró algún propietario poco dado a salir corriendo despavorido. Y las que le daban las sentía como propias, y me dolían más a mí que a él.

Y ahí reside el problema, en que en mis manos Niko Bellic es un pobre destinado al fracaso. Por esta falta de habilidad congénita, que persiguiendo un coche en una de las primeras misiones arrojé nuestro vehículo, con primo incluido a las profundas aguas del puerto. Y los dos murieron preguntándose como llegó el volante a las manos de alguien tan poco preparado. Pero no fue culpa de Niko, ni siquiera mía, fue la miopía y la noche, que como a Romario, me confunde.

Así que voy a seguir en el juego por ver si logro alguna destreza. Nadie nace aprendido.

Lo malo será saber diferenciar juego de realidad. Hace un día precioso, con un sol espléndido. Bajé a la calle a tomar el café en el Latino y al volver miraba hacia los coches con ganas de quebrar cristales. Los escogía casi.

Pero me contuve, yo no hago puentes ni de fin de semana.

No hay comentarios: