domingo, 22 de enero de 2006

F(r)icción III

Relato para Annlea a propósito del tema: "Lloverá para siempre".



A las oportunidades por presentarse.

Anado



Lloverá para siempre

Alonso acudió tras leer la convocatoria de aquella reunión en el periódico de un anodino miércoles, paso obligado hacia un viernes igual de anodino y es que se sentía desde hace tiempo un perdedor, por eso estaba allí.

Se podía leer en un cartel de la puerta "SOLO PERDEDORES". Era la última bala en la recámara para Natalia, psicóloga desde hace dos años cuando pensaba que podría ayudar a las personas más de lo que la habían ayudado a ella. Ahora nada más andaba desconcertada comprobando mes a mes que las facturas no se pagan solas, que agua pasada no moverá molino, y tuvo la ocurrencia de convocar para una sesión a perdedores, por ver si ella era capaz de cambiarles la suerte además de alimentar algo a su costa la escurrida cuenta corriente. Aquella gente tenía ya poco que perder y mucho que ganar, se dijo. Quizá mis años de estudio y todos estos libros vayan a servir al fin para algo.

Alonso se sentó y esperó turno para contar su caso. Lo hizo tras Nicolás y Bartolomé que anticipaba en su olor y apariencia que de dinero andaba escaso. Era lo que hoy se denomina un indigente, calificativo que había de acompañarlo hasta después de muerto apenas dos años después. Así en la puerta del supermercado las señoras acostumbradas a su rostro de templada desesperanza se habían de preguntar por su destino al echarlo en falta. Y una aclararía que había muerto unas noches atrás, caído en un callejón, liberado del frío de esta ciudad helada y con una mano en el calor del gastado bolsillo mientras la otra moría en un gélido charco a la vez que a Bartolomé se le paraba el latir de su encogido corazón de mendigo. Fue una noche sin noticias ni desayuno, la nocturna intrascendencia de un jueves cualquiera, pero es nada más el futuro a la vuelta de la esquina, lo que está por llegar y que hoy se ignora.

- El éxito se me escapó como lo hace el agua del río. Me quedé con lo puesto y entonces entendí que el fracaso no había sido aquel, la pérdida material de lo poseído, sino creer que aquello, el prestigio de los billetes, era lo más valioso. Mi fracaso fue equivocar la jerarquía de lo que importa.


Natalia escuchó todo aquello de la fortuna perdida en el juego y en mujeres de otro tiempo con un punto de impaciencia que fue creciendo hasta acabar en miradas suplicantes a Nicolás que fue el siguiente perdedor en tomar la palabra en aquel circulo de sueños rotos.

Tenía unos 60 años, era grueso y alto. Tenía la voz grave y hablaba mirándose las manos. Dijo que había perdido todo aquello en lo que había creído el día que su esposa Marga lo abandonó por alguien dispuesto a quererla menos. Toda su fe, todo el amor de tantos años se había esfumado con la llegada del individuo aquel, aparecido de la nada como un fantasma. Marga cayó rendida nada más conocerlo y se pasó las semanas en un estado de ensimismamiento, quedaba absorta primero para luego volverse esquiva, como un gato capaz de recordar las botas que lo patearon. Pero no recibía el daño de Nicolás aunque fuera él precisamente el olvidado, sino de aquel, Fidel vanidoso perfil del espejo, una mirada andante con un gran poder de seducción en medio de su declive. Toda la fe que tuvo, todo por lo que había luchado toda la vida, lo más seguro de este mundo de tantas cosas inseguras había desaparecido tras aclarar someramente que valía más el mal trato ocasional de aquel dandi envejecido que el cuidadoso esmero de un amor labrado en tantos años de grata compañía.
- Yo lo perdí todo. Nada me queda ya. Mi vida es un espejo roto donde me reflejo solo y sin esperanza.

Natalia tomó notas impaciente durante aquel discurso. Aquello era realmente sugerente, había logrado enlazar algunos de los casos escuchados hasta ese momento y eso haría sin duda mucho más interesante su intervención posterior. Además se le había ocurrido traer a colación los argumentos de aquel filósofo alemán, pero no recordaba el nombre. Miró hacia Alonso bajando la cabeza con los ojillos por encima de sus gafas de diseño. Suficiente para hacerle saber que podía empezar.

Alonso repasó los rostros que componían el círculo de anónimos rev(b)elados del que formaba parte y explicó que él era perdedor por haber perdido nada más que tres mil días, demasiado tiempo para cualquier vida. Eran días arrancados del papel de un calendario de propósitos insatisfechos. Los propósitos son a veces nada más que oportunidades que volaron al limbo. Sabía que estaba a tiempo de reconsiderar las cosas. A tiempo de hacer un borrón de aquellos errores que lo sumieron en un estado de perversa indiferencia. Sabía que podía empezar desde cero tomando cada traspié como un escalón desde el que escalar pero le faltaban ganas. Se había habituado a ver la vida como el espectador de una película en la que no quedan ya papeles de protagonista. Se acostumbró a llegar tarde a todos lados sin asomo de rabia o frustración. Acumuló con paciencia de coleccionista días perdidos en una rutina exenta de ilusión. Usurero de horas perdidas, días nacidos para ser arrojados directamente desde el amanecer a la noche a la convicción de que no servirán para nada, de que no había otro forma de vivirlos, de que la vida entera es un suceder de vacío contenido.
- Acostarse en la certidumbre de que el día vivido es solamente un pasatiempo sin valor ni importancia. Que ese día, como ayer, como será mañana, prescindibles todos, me hizo un hombre entregado. Incapaz de vencer miedos, incapaz de tomar el control, capitán de un barco a la deriva sin timón. Rendido al transcurso del tiempo como el condenado vive el día a día en una cadena perpetua.





Cae la tarde sobre la ciudad. Alonso camina despacio sin la prisa que asedia a otra gente, el sol se está poniendo sobre el parque. El cielo tomó el color anaranjado del ocaso y las nubes tienen la densidad del algodón atrapando los últimos rayos de luz. Hay un viejo sentado en un banco, podría llevar allí la tarde entera pero aún le quedan migajas de pan que arroja a las palomas que saltan acechantes de un lado a otro. Alonso se acerca y ambos se miran un segundo. Luego el viejo vuelve a las palomas y deja caer los últimos pedazos de un pan mustio y manoseado. Alonso alcanzado el banco, se sienta a su lado. Entonces lanza la pregunta al aire con la mirada perdida en alguna parte enfrente ¿Lloverá para siempre?

El viejo ni siquiera lo mira, hace un gesto con la boca y los ojos que podría significar, "es lo que hay" o quizá quien sabe bien, "vaya hermoso día es hoy".

Gijón

Hoy tocó Gijón (vaya playa tienen). Cuando digo hoy me refiero al sábado que acabó hace poco más de 20 minutos. Me levanté tempranito y me fui en uno de los autobuses de Alsa en ameno trayecto de dos horas escuchando música y mirando por la ventana, que paisajes verdes tan bonitos (desde allí pude ver que a veces las nubes se quedan atrapadas en la copa de los árboles, y parece que los árboles desprendieran un humo blanco que nada tiene que ver con el de Sabina, si acaso con el que debían fumar los indios cuando firmaban la paz con la tribu vecina, o se conjuraban para defenderse con arcos y flechas de las balas del enemigo armado).

Quedé con dos compañeros del curso de formación de este diciembre. Natalia y Joaquín, más conocido por "tragafalsos" de tantos billetes de Monopoly como se va a comer sentado frente a frente con los más torpones estafadores de la provincia. Su fama traspasará fronteras, sin lugar a duda aunque en realidad es un fenómeno (como Ronaldo).

Una lástima que no los tenga más cerquita. Tendré que mirarme un cochecito para no depender de horarios y trayectos de autobuses que multiplican por dos el tiempo de acceso.

Ahora tras mucho "va y ven" he logrado una conexión desde mi propia casita y medianamente aceptable, a través de un módem interno de 56K que me costó 14,50 €. ¡Hace apenas unos años uno de estos no costaba más de mil pelillas! ¡Qué demonios pasó con el dinero! ¡Dónde fue! ¡Cómo permitimos que pasara esto!
En cualquier caso ya queda menos para ese ADSL que siempre está a punto de salir y que me llevará de viaje donde quiera a 1Mb de velocidad. Tendría que ir comprando los esquíes ;). Algo más al respecto, en cuanto reciba el ansiado KIT (se llama como el coche fanático por hacer el bien), tendré también un número fijo al que llamar y lo que es mejor desde el que llamar sin que me cueste un céntimo de esos pequeños. ¡Se acabó el monopolio, que viva la libre competencia!

Una última cosa a modo de advertencia, aunque en las galletas "Digestive" de Fontaneda ponga "Digestive" no se debe entender que tiene algún efecto beneficioso para la digestión o similar. Es nada más una marca inglesa. Conviene saberlo, lo pone en la letra pequeña y ya se sabe que en la letra pequeña está el meollo del asunto, eso que es más difícil de leer (y entender). Nos conviene estar alerta.

domingo, 8 de enero de 2006

Piso rápido

¡Me voy, me voy!

Nada más contar que los Reyes Magos me han traido un piso con suelo de parqué y habitación de invitados (respirad tranquilos).

Cruzaban las cabalgatas la calle principal de Llanes todo lo larga que es y yo la cruzaba perpendicularmente cargado como un mulo con todos mis bártulos (que son más de los que creí).

Os dejo, marcho a toda prisa que llevo 45 minutos conectado en este cyber, probablemente todas mis contraseñas y cuentas han debido quedar debidamente registradas en algún programa espía y camuflado...

Abrazos.

sábado, 31 de diciembre de 2005

Un 31 para acabar

Creí que despediría el año en este espacio un 25 de diciembre, el que menos sabor a Navidad tuvo, pero vuelvo un punto desválido en esta mañana de lluvia fina mientras hago tiempo para recoger a Angel (amigo desde la infancia de la infancia, hace tantos años). Es curioso, no recuerdo apenas nada de entonces, vivimos sin duda muchas vidas, todo aquello que vivió el niño que fui quedó suspendido donde flota lo olvidado.

Gracias por visitarme Amparete.


Feliz 2006.

domingo, 25 de diciembre de 2005

Se va el año

"Dame veneno para morir o sueños para vivir".

Gunnar Ekelof



Es curioso lo rápido que pasa el tiempo contemplado a años vista y lo lento que se hicieron y se harán algunos días. Este año que termina fue el escogido para volver a contar lo que vivo y digo, este siglo XXI que tanto miedo daba a los ordenadores de todo el mundo, temerosos de que el año 2000 los hiciera volver a 1900 en una involución sin más revoluciones que la de ver correr la sangre.

El 2005 ha sido un año de guerra y de muerte entre otras muchas cosas. Y nos afecta tan poco como a las manadas o rebaños la muerte de los semejantes que sobreviven en la periferia, aquellos que por no estar rodeados y protegidos como un núcleo, ofrecen sus cuerpos para el arañazo asesino de los depredadores.

Se nos va el año y apenas sí viví el espíritu navideño. Me lo arrebataron para reflejarlo en los cuentos y colgarlo de los escaparates. Como si el fin de año no fuera sino una noche más entre tantos días. Tan inconsciente soy pues en realidad mis 31 de diciembre están como todos los días, contados. Puedo saber con certeza cuántos viví hasta hoy pero no cuantos quedan en el horizonte del porvenir.

Brindaré por que sean muchos y felices. Y en mi felicidad tienen tanto que ver mis amigos y familiares que les ruego que se queden contentos y risueños bien cerca. Me va la alegría en ello. Dispuestos a escuchar mis desatinos, alguno colgaré de esta página y otros los contaré a los oídos para que pueda olvidarlos antes, que las palabras arrojadas al aire se las lleva el viento.

Feliz año 2006, que sea mejor que el sueño que esperamos.

sábado, 24 de diciembre de 2005

Valentías

Me decía el otro día un amigo que había sido muy valiente. Que lo había sido por apostar fuerte por la opción de dejar tanto atrás para embarcarme en una aventura nueva, no exenta de riesgos, lejos de lo que ha sido y es hoy mi casa.

En realidad no hay un ápice de valentía en la decisión de lanzarme a la conquista de mis objetivos personales en Asturias, que es además una tierra de gente noble y paisajes de belleza incomparable.

No puede existir valentía en aquel que sigue un camino cuando este es solamente un pasillo. ¿Qué es un pasillo sino una trámite temporal entre dos espacios? Los pasillos no son sino meros conductos entre destinos. Detenerse en él no llevará a ninguna parte, las metas del que cruza un corredor son el resto de las estancias, aquello que persigue cuando se pone en camino.

La verdad de las cosas es que yo no he tenido más opciones, me muevo porque es manía de los vivos y avanzo porque conozco bien que detenerse es solamente una forma de perder el tiempo. No he sido valiente pues he seguido hacia adelante el único camino ante mis ojos. Confiado a que no habré de equivocarme, resuelto a solucionar los problemas que se me irán planteando.

Y en ese quehacer exento de heroicidades me he sentido tremendamente afortunado y en algunos minutos solo. Pero he descubierto que soy capaz de ilusionarme aunque algunas de mis ilusiones marchitaran con el tiempo y las personas. Y digo que sin embargo en estos días me sentí arropado. Y sentí la cercanía de algunos esforzados en facilitar las cosas. Ya nada parece tan difícil.


Aposté por ese futuro y los indicios no han podido ser mejores. Ya tengo un destino para mis pasos. Llanes que debe ser el paraíso que perdió Adán y Eva (ni ellos ni yo lo merecemos). Las playas más bonitas del Cantábrico de frente y los bosques de los Picos de Europa a la espalda. Un paraje sin igual para demostrar lo poco o mucho que valgo y para ser feliz. Consumiré todas mis energías en ambas tareas.

¡Qué bueno haber apostado por este camino y poseer tan buenas sensaciones! Tras tanto rodeo del camino parece que se vislumbra luz...

martes, 20 de diciembre de 2005

Mundos nuevos

"Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados".

Alejo Carpentier



Las cosas me van bastante bien, sonrían por favor amigos míos. Me tienen ahora un poquito más lejos, pero estoy a una llamada telefónica de distancia, con la mayor predisposición a contestar todos los correos que me quieran enviar nada más tenga conocimiento de su existencia. Estoy dispuesto incluso a recluirme en un chat con alguno de ustedes para explicar tantas novedades como estoy viviendo y poder oir además las suyas.

No diré que todo es perfecto porque la perfección es solamente una idea, irrealizable por más detalle. De vez en cuando siento el aguijón de la tristeza que es un dolor de corazón. Pero ocurre pocas veces, las más me muevo ilusionado, consciente de mi suerte. Tantos proyectos en la cartera que solamente pido más salud para ustedes y para mí. Sentirles cerca y esa pequeña dosis de suerte para facilitar las cosas. Que trabajo pondré hasta llegar al justo límite de caer rendido.

Y puestos a pedir, si es que pedir puedo, menos muerte, menos dolor, menos guerra.

Seguiremos en contacto.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

La vida que queda

Hace poco me dispuse a la confección de un relato temático. Tenía la idea y un comienzo, pero se quedó ahí. Y yo en el mismo estado que el marido que llevó a la mujer al hospital por tan seguidas contracciones para descubrir desde la sala de espera que fue una falsa alarma. Cuando uno escribe se está retratando, incluso en los relatos que inventaron otros protagonistas, incluso desde otros nombres algo queda de cada uno en su propio texto. Yo sé que siempre he tenido diversas y recurrentes obsesiones a las que he vuelto como se vuelve a todo en esta vida, que no es más que repetición incesante. Pero si uno se deja trocitos de si mismo en cada texto surgido desde la imaginación mucho más en estos textos que son como un diario de lo que acontece en la cabeza. Por supuesto uno no puede abrirla para mostrar su interior impúdicamente, necesita guardarse cosas. Cosas que quedan bajo la llave del secreto, ocultas o invisibles.

Hace algunos meses me contaba mi padre una conversación que tuvo con un ex-compañero de trabajo más mayor que él. Ambos están jubilados y hablaban de volver al País Vasco. Aquel amigo de mi padre por ser nacido allí y por tanto tiempo vivido en esas tierras no podía desear nada con más intensidad. Sin embargo, en el discurrir de la conversación llegó a la conclusión que con su edad, sus achaques y con los de su esposa no podrían volver. Que ya nunca más regresaría donde fue feliz (aunque aquí también lo hubiera sido). A mí aquello me pareció alguna de las cosas más tristes que oí nunca. Porque he creído siempre que a aquellas conclusiones sin remedio se llega en el silencio de unos pasos cautelosos. Que alcanzar esa resolución queda para el abrazo de la almohada. Que nadie reconocerá renuncias a viva voz. Que a todos nos ha de quedar la posibilidad remota de lograr lo que se quiere. Que exponer públicamente la imposibilidad es aniquilar la esperanza, y la esperanza es la liana que nos mantiene. Si alguien abre la boca para exponer que ya no será posible, y si a ese alguien lo conozco, moveré cielo y tierra por cambiar su opinión. Le mostraré un camino nuevo que estaba aunque oculto. Porque cuando uno empieza a andar está más cerca la meta. Cada paso un poco más cerca. Tras la cuesta vendrá el dulce descenso, el aire fresco de frente.

En apenas dos días inauguro la vida que me queda. Y lo hago con una mezcla de sentimientos. Expectante ante lo que me voy a encontrar y con la mochila de mi vida llena. El pasado no existe, vivimos en el presente y cada recuerdo está vivo al ser recordado y forma parte de ese presente. Por eso el hombre es un ser tan complejo, porque guarda dentro un archivador de compartimentos infinitos. Y en los momentos de soledad echa mano de lo necesario, en el trance de una evocación tan real como la vida.

Salgo el día 9 hacia Asturias con la esperanza intacta para un renacimiento. Para inaugurar la vida que me queda, dispuesto a tocar la felicidad con mis propias manos como hice tantas veces. Durante algún tiempo permaneceré mudo de letras para este espacio, un tiempo indispensable para fijar mi sitio, para hallar los medios de volver a contar.

A todos, amigos, visitantes, un millón de abrazos.

jueves, 1 de diciembre de 2005

Sillones

Ayer estuve con un amigo en una feria. Echando un vistacillo y probando todo aquello a nuestro alcance. Así llegamos hasta unos butacones en piel a la par que preciosos beneficiosos para el cuerpo. Capaces de darte un masaje de nombre oriental en cuestión de segundos. En oferta promocional costaban 3400 euros, que no es nada para el que atesora mucho.

Me senté en uno de ellos y quizá perdí la conciencia durante 15 minutos (puede que más). En verdad decir que perdí la conciencia es exagerar, pues fui muy consciente de que cada botón de aquel mando mágico me llevaba a cotas aún más altas de relajación y placer. Por no hablar de aquellos momentos en que se le daba al sillón la instrucción de trabajar a la máxima potencia. Entonces yo mismo me convertía en un espantajo arrebatado a temblores bien evidentes incluso desde lejos.

Aquel sillón de bendito respaldo tenía tras sus costuras manos para amasar la espalda como hace el alfarero con vasijas de barro. Desde la nuca hasta los riñones. Le podías ordenar que subiera por la espalda o que se entretuviera más abajo. Es obvio que al respaldo se le podía dar además la inclinación que se deseara de manera que los tobillos quedaran a la altura del cuello. Además existían diversos programas y uno en particular que los mezclaba todos... hasta las pantorrillas podían estremecerse del temblor.

Cuando me levanté era un hombre nuevo. Perfectamente engrasado, capaz con toda seguridad de batir alguna plusmarca deportiva. Se podría decir que hasta dopado. Yo diría que al levantarme parecía más alto.

Lástima que no tenga ese sillón, ni un jacuzzi que completaría el tratamiento. Pero tengo otras cosas.

lunes, 28 de noviembre de 2005

F(r)icción II

- A mí nadie me dijo que el camino estuviera jalonado de tantas dificultades.
- Pues que querías, estás vivo. Lo que ves es lo que hay. Espabila que todo cambia demasiado rápido.
- Nadie me dijo que no hay más que un único resultado.
- No, no lo hicieron, pero el trayecto hasta hoy es terreno conocido. Lo aprendiste con cada paso.
- Pero fueron nada más huellas en la arena, las borrará el viento; la onda circular de un canto arrojado a un estanque. Condenada a desaparecer.
- Como todo, abre los ojos. Te has ido construyendo hasta hoy mismo. La cuestión es que en el acierto o en el error no podrás parar quieto. Las dificultades son el escalón que te sostendrá entretanto las vences. Y vendrán otras...

lunes, 21 de noviembre de 2005

Partir es salir

Parto mañana hacia Almería en el Eurobus de Alsa, que es viajar en primera clase. Como los ricos ;) La verdad es que mis últimos viajes fueron todos un desastre, reventones, retrasos, crucemos dedos, toquemos madera (ahora es cuando me toco el tarro... suena hueco). Imagino que estaré alrededor de una semana. Luego regreso para contar y despotricar tanto como pueda. Hasta entonces (la cuenta atrás empezó ya) ...

abrazos.

miércoles, 16 de noviembre de 2005

Detectores

Leo las nuevas normas de tráfico y quisiera comentar una. Aquella que tiene que ver con el uso de dispositivos que pudieran servir para detectar los radares con los que se sancionan los excesos de velocidad (que es distinta a la velocidad excesiva).

Lo primero que recoge el folleto al respecto es que antes no estaba regulado. Y que ahora queda regulado con una prohibición. Transcribo textualmente:

"Prohibida la instalación en los vehículos de mecanismos, sistemas o cualquier instrumento encaminado a eludir la vigilancia de los agentes de tráfico (detección de radares). También hacer señales con dicha finalidad".

Sobre esto podría escribir largo y tendido. Yo empiezo por preguntarme, ¿quién tiene instalado un artilugio de estos elude la vigilancia de los agentes de tráfico? A mí me parece que no, precisamente al contrario lo que hace es detectar la vigilancia de los agentes. La detecta pero no la elude, la vigilancia se hace efectiva unos metros después, solamente ocurre que en este caso el conductor cumplirá a rajatabla con las señales de la vía. ¿Qué se persigue con esta norma? Que el conductor modere su velocidad, hecho que ocurrirá, como digo, con toda seguridad si este va tan equipado, o simplemente multar. En mi opinión debían llenar las carreteras de detectores y permitir que los conductores pudieran llevar los más sofisticados detectores. El aparatejo estaría constantemente dando pitidos o como quiera que alarme. Luces rojas parpadeantes, una campana naranja e intermitente de luz de ambulancia en el salpicadero... el conductor al final lo apagaría molesto al igual que resolvería con una ventana mal cerrada.

En cualquier caso, quiero aclarar al respecto que yo no tengo un dispositivo de esos, desgraciadamente ni siquiera tengo coche. Y soy un firme partidario de cumplir las normas de tráfico, que son y están por algo. Sin necesidad de una espada de Damócles sobre el bolsillo. Si respetar esas normas nos hará conducir más seguros, si salvará vidas. Tendrá que ser razón suficiente.


Aún querría apuntar un último detalle. En relación a la última parte de la norma. También está prohibido señalizar a otros conductores la presencia de la policía o de los radares...
Quieren acabar con esa fraternidad que no se paga con dinero, esa solidaridad entre los extraños que se sienten de pronto hermanados, tan lejos el ánimo de las discusiones de tráfico, cuando algún otro te envía una ráfaga de luz que advierte:

-Anda con ojo amigo, más adelante te esperan por si pueden hincarte el diente. Pero hoy no lo harán. Yo te he salvado, y otro día lo harás tú, y si no es conmigo lo harás con otro, y quizá en este mundo sin casualidades ese otro un día me salve a mí.

Y tú un poco más tarde, tras rebasar el coche, generalmente de la guardia civil, tras comprobar que los guardias están a la derecha, cruzados de brazos por ahora, darías la vuelta para volver a buscar al amigo que circuló en sentido opuesto para abrazarlo. Para decirle que cuente contigo para lo que sea. Que llegado el caso, podrías vivir con un solo riñón.

martes, 15 de noviembre de 2005

Sin acuerdo

Caminaba el otro día por la calle y sin quererlo escucho a una anciana diciéndole a otra:

- El PP cuando se equivoca, lo admite.

Ellas venían de frente de forma que no pude, ni quise en realidad oír más. Sonreí y seguí avanzando. Me di cuenta instantáneamente que será imposible que estemos de acuerdo en todo. Yo en ese instante y en todos, habría sostenido justo lo contrario. De hecho aquellas dos mujeres me sorprendieron porque no era fácil, a priori, que encontraran una sola cuestión en que yo pudiera quedar tan disconforme. Nada en su apariencia antes de oírlas hacia presagiar que yo pudiera, hallar un solo motivo de amistosa discusión con ellas. La una explicando a la otra, haciendo campaña, la otra quien sabe si asintiendo o a punto de protestar con exhibición de una rosa con espinas y sonrisa ZP.

La verdad es que ninguno de ellos, esa clase política tan falta de clase, no importa el árbol al que arrimen, reconocerá sus fallos. Ni los propios ni los de sus mandos. Ni los de un tono ni los de otro. Tras el rojo de unas siglas o tras la estrenada corbata naranja se esconde lo mismo. Para qué hacerlo si entre sus acólitos no existe un mínimo espíritu crítico, si la política logró lealtades incondicionales que para si quisiera el amante abandonado en las noches de más inquieta desconfianza.

domingo, 13 de noviembre de 2005

20 años sin Omaira

En este weblog no tienen espacio las fotografías. Quizá porque es cierto que una imagen vale más que mil palabras y siendo así, entonces por qué escribir. Para qué llenar este espacio de pensamientos improvisos, bastaría con retratar este siglo XXI desde una cámara fotográfica. Se dirían más verdades.

Por eso, porque en este espacio mi opinión es la que cuenta se ha hecho hasta hoy una sola excepción. Fue en el aniversario del atentado de un funesto 11 de marzo en Madrid. Haré hoy una nueva. Cuando se cumplen 20 años de la desaparición de una chiquita de 13 años que tenía planes. La incompetencia de este mundo nunca quedó tan patente como en las horas de esperanza de Omaira. A los que vivimos aquello desde el televisor se nos partió el alma. Nada fue igual a partir de entonces. Yo escribí un relato en homenaje, hoy le cambiaría tantas cosas, pero el nuevo nacería del mismo sitio, del dolor, de la impotencia y de la rabia.

No hubo una mano salvadora.


Foto: El Mundo

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Hablar para hablar

Cuando uno quiere hablar lo tiene sencillo, no necesita un flexo sobre la cara. Le basta con coger el teléfono, bajar la escalera o tocar a una puerta. Alguien atenderá, alguien dirá para que digas, la conversación entonces se precipita, es un toma y daca, un hoy por ti, mañana por mí. El problema aparece cuando se quiere hablar con alguien en particular, esa persona entre un millón y no se encuentra el modo.

Entonces el tiempo se detiene, los segundos se enzarzan unos con otros, se hacen la zancadilla y los minutos parecen un lapso demasiado largo. La vida entonces deja su frenesí de autopista sin límites de velocidad para dejarte a un lado, como al autoestopista que no rescató nadie. Como al mojón de carretera que nadie ve, que pudiera no estar. Fíjate; parece que todo se mueve excesivamente rápido, pero en realidad todo está detenido, tú eres quien se mueve.

Sin número que marcar hacia la voz, sin pasillos que recorrer, sin puntos de partida en el tiempo de descuento, ¿y ese hilo al que aferrarse?

En esos casos, cuando la comunicación se volvió imposible, cuando la tecnología no vendrá en tu ayuda, esta noche no, queda poco más que tener paciencia. Saber que habrá nuevas oportunidades, y que aunque uno quería hablar para hablar, podrá en cambio hablar por hablar porque es muy sencillo. Ni siquiera se necesitan dos personas, basta una sola y un espacio en blanco.

F(r)icción I

- ¿Cómo quieres gustarme si no te gustas tú?
- De mi físico cambiaría esto, esto y esto. Y esto otro también. De mi carácter cambiaría eso que me ocurre cuando estoy rodeado de gente, eso que soy capaz de decir cuando pierdo los nervios, eso otro que tanto te molestó. Cambiaría muchas cosas, muchas, pero me gusto, puedo jurártelo. Soy todo eso y mucho más. Lo importante para mí es saber que piensas tú.

lunes, 7 de noviembre de 2005

Estación: Esperanza

La vida es una montaña rusa. Solamente alguien que viva en una burbuja o en un búnker osará contradecirme. Y tan pronto uno se siento con el ánimo de un afluente sin agua como con la ilusión arrebatada de un río frente al mar, a algunos metros de la desembocadura misma, cuando se va a dar de bruces, de besos como el encuentro de los amantes que se perdieron de vista.

Hoy sé y me invade un alborozo que quisiera contagioso, que mi vida continuará, esencialmente igual, seguiré siendo protagonista insustituible ;), en Asturias desde el próximo día 12 de diciembre. Algo antes en verdad, pues tendré que indagar pensiones y hostales que me tengan la maleta mientras acudo a la formación básica imprescindible. Y fuera de ese horario, me van a sobrar las horas...


Que mis amigos conozcan que la noticia recibida hoy me hace muy feliz, que sientan esta alegría desbordante del que da los pasos en la dirección correcta.

Decía el otro día el sacerdote en la boda de mi amigo que ambos acababan una vida para comenzar otra juntos. Yo no estoy de acuerdo, simplemente le dan continuidad, sus vidas siguen siendo las mismas aunque determinados detalles hayan cambiado. Cada paso de los dados te lleva justamente a donde estás. Somos nada más que unos chicos remontando un río de piedra en piedra. De vez en cuando nos detenemos para mirar lo recorrido, el sendero que dejamos atrás, el último escalón que no quedó oculto por el follaje. Pero la remontada no es un ascenso, ni se sube ni se baja en realidad, solamente se avanza. La siguiente estación espera ahí, a un saltito de distancia.

Me escribía hace unos días un amigo mío, muy sabio por lector contumaz, "que sea para bien". Esa es la clave de cada decisión que se toma. La llave que abre una boca para nuevas sonrisas.

viernes, 4 de noviembre de 2005

Se nos casa

Se nos casa Javi Martínez y yo no puedo dejar de pensar ¡qué mayores nos estamos haciendo!

Lo cierto es que supongo que Dios los crea y ellos se juntan, no son mis amigos lo más casamenteros que podrían ser. Aquí no se casaba nadie. Hasta que Javi le dijo a Ana que era lo más importante de su vida, que sin ella la vida no merece ser vivida. Con estas palabras u otras similares.



Escriben en la invitación:

"Nuestro destino estaba escrito,
no podíamos acabar
de otra forma...
"

Es bello, aunque le niegue al hombre la libertad de escoger su propio destino. Aunque sustente que todo lo acontecido y aquello por acontecer responde a un guión previamente escrito, a una estrategia pre-diseñada que no hacemos sino representar en una fecha y hora preconcebidas. El hombre se encuentra predestinado, sin elección personal. Como un bote en medio del oleaje, como un actor sin respiro en su discurso.

Yo hubiera preferido un breve: "La ilusión nos mueve..." o aún más vivo, parece que palpita, di lo que sientes, dilo, dilo, dilo: "La ilusión nos conmueve..."


A Javi lo conozco desde hace, más o menos, 25 años. Es decir, desde que yo llevaba sandalias de goma con agujeritos, de esas que cubren todo el pie. Así que el traje de amigo mío le viene a medida. Porque yo soy de considerar amigo hasta al dependiente del supermercado que me dijo donde encontrar los lácteos. Lo otorgo indiscriminadamente, más aún que jueces y magistrados la presunción de inocencia. Hasta que me dan con la amistad en las narices. Por suerte no pasa a menudo. Y no me pasó nunca con Javi.

Es amigo excepcional, da su amistad sin fecha de caducidad, y Ana parece una chica estupenda. Este sábado les daré la enhorabuena y les intentaré convencer de que me lleven con ellos a Argentina en su viaje de novios. Por supuesto en habitaciones separadas, ella y yo en una, Javi portando las maletas en otra ;D ...


No aspiro a que Javi lea estas palabras que descuelgo por la ladera de este espacio. Sé que tiene tarifa plana, pero también que se acerca muy poquito a Internet. Quedarán aquí nada más como buenos deseos, cuando faltan apenas unas horas para el gran día. La verdad es que he ido a bodas que me importaban muy poco, que apenas me decían nada, bodas de compromiso en que apenas si traté a alguno de los contrayentes. Y esta en cambio me ilusiona, darle un buen abrazo a mi amigo por saber hacer tan bien las cosas.


Quizá en este caso ha existido algún tipo de confluencia de los astros, quizá fue el destino o darse cuenta de que jamás podrán estar mejor que mutuamente acompañados. Hechos el uno para el otro van a ser muy felices. Construyendo felicidad, día a día para llenar sus vidas.

jueves, 3 de noviembre de 2005

En respuesta

Lo bueno de un weblog es que uno puede hablar de lo que quiere, y de todo aquello contar solamente lo justo. Me vuelve a visitar mi amigo Salvador, conocido por el curso en este verano de SERVEF. Me firma el libro de visitas como debe hacer el mejor de los visitantes, un buen amigo. Me interroga allí por lo que callo, por lo que omito de la cena de las pulseras. Me pregunta si tendré redaños para contar algo más de lo ocurrido y sabe que no serán agallas lo que me haya de faltar. Que aunque procuro medir lo que digo, también me pasa que por abrir la bocaza luego voy de remordimiento en remordimiento. Y respecto a otras cosas, se dice más por lo que se calla. Yo tengo comprobado además que a veces las palabras no son suficiente. Que nacen con un destino, para cumplir su tarea pero se pierden, se vuelven extrañas al oído ajeno. Y si el mensaje no llega, ¿de qué sirven?

Comenta que todo eso de las pulseras le suena a despedida de soltero. Tiene razón. Pero estas cosas uno debe vivirlas por si mismo, no vale que le vengan con el cuento, no servirá de nada. A Salva se le echó de menos, necesitados como estábamos de un cara a cara, de sus chinas sin esconder la mano, como cuando compartíamos aula.

Habrá otras cenas, otras comidas y otras pulseras supongo. Espero verle entonces.

miércoles, 2 de noviembre de 2005

Días grises

Algunos días se tuercen tanto que resultan difíciles de entender. Hoy que inauguré melodía que acompañe mis propias lecturas de lo escrito, hoy que me puse en riesgo de caer preso por regalar música al visitante inesperado, me acostaré con todas las persianas echadas. Suspendido en el tono más bajo, arremetido, con el ánimo helado.

Decididamente cerrado por derribo.