miércoles, 24 de octubre de 2007

El volante

Tanto correr para nada. Y me refiero a mí y no a Hamilton o a Alonso. Aunque a este pobre le dieron un coche el otro domingo que iba con diez caballos menos que el del compañero predestinado al triunfo en el mundial, y por lo que se vio, además debían estar aún cansados de quedar cuartos la víspera, porque el coche iba tan aprisa como yo cuando me pongo al trote unos minutos. Claro que yo siempre pienso que podría acelerar, pero nunca lo hago. Porque no tengo tanta prisa y porque en el fondo de mi alma sé que de haberme ejercitado tan poco se me ha terminado olvidando esprintar. Soy como un pura sangre con las cuatro patas de palo.

Alonso le metió todo el gas que pudo, pero para mí que los de McClaren debieron aflojarle alguna tuerca, o le pusieron los polvos blancos de Ferrari en el depósito para que aquello se gripara. Y debieron hacerlo tan a conciencia que por asegurar el éxito de la empresa decidieron hacerlo en los dos coches bajo el pretexto de que alguno tomará. y acertaron. Condujo uno de ellos. Veremos si repite el año que viene.

Claro que también puede ser que a Hamilton no le sabotearán el coche a conciencia, porque es el hijo negro que nunca tuvo Ron Dennis, y que todo se debiera a un sensor misterioso que decidió frenar el vehículo hasta casi hacer caravana. Que así tenía que conducir el chaval detrás del coche de seguridad, con esa parsimonia y no dando esos tirones y frenazos que hacen que los rivales inmediatos choquen entre ellos por temor a ser sancionados, descalificados o desprovistos de la super licencia por la FIA, que es una caseta de feria donde las sorpresas están colgando sobre las cabezas dentro de unos sobres con tanta publicidad que no entraría un sello. Ni falta que hace. Correos tiene bastante con intentar combatir por sus medios al universo de comunicación en tiempo real que ha supuesto Internet, como para meterse a pagar esas cifras mareantes que rentabiliza tan felizmente vestido de cowboy Emilio Botín.

Puede que el sensor fallará antes, y que hiciera que el chaval se saliera al perseguir a Alonso para rebasarle. Un sensor de esos lo mismo te deja el coche al ralentí que te atrofia la dirección. Son muy caprichosos porque son de alta tecnología. Ve tú a saber si no hizo que el coche de Hamilton se parara en la gravilla de China. Que las cosas que tienen que ver con dossieres tan grandes son muy dadas a ser sorpresivas a la vez que dadas a repetirse para ser de nuevo y con más razón sorprendentes. Parecía que lo teníamos pero no. El sensor ha vuelto a fallar. Por eso tienen los ordenadores intercomunicados para conocer los fallos al momento, por si hay que avisar a la grúa.

Dicen por otro lado que se le debieron llenar los pontones de basura, de césped o de ramas por salirse hacia la escapatoria. El metacrilato es un imán para la inmundicia que puebla a sus anchas los aledaños de los circuitos. Aquello allí dentro hizo de paño sobre estufa y se les fue calentando con aquello embozado que es raro que no se cocinara alguna cosa. Así que los refrigeradores naturales de aire o los tecnológicos no dieron abasto y cesaron en represalia quitándole toda la potencia al bólido.

Aunque también puede ser, como apuntan algunos, que no se trate de ningún sensor misterioso que falló una vez nada más secando el coche, que luego se recuperó al ciento por ciento. Y desde ahí hasta el final buscando el quinto puesto. Sino que puede ser que las manazas de Hamilton dejarán el carro exactamente igual que cuando enfila la calle de boxes. Es decir a 80 Km/h que es una velocidad excesiva para rodar en ciudad pero precaria para intentar ganar una carrera o un título mundial, por más fácil que se tenga.

Todo puede ser. Yo creo que la clave está en el volante. Si yo lo condujera aún sería peor. Probablemente tocaría los botones, hay tantos, en la única combinación capaz de destruir el coche. Me saldría un mensaje por la radio advirtiendo aquello de que en 10 segundos aquel cacharro tan caro se autodestruirá. Y luego me preguntarían en la rueda de prensa, y yo diría que salí del coche como un Fórmula Uno, y los ingenieros dirían a los medios que nunca me advirtieron nada por la radio, que no fue una voz humana. Que fue el ordenador haciendo algo que no sabían que hacía. Bueno, todos no, Ron Dennis sí.

Él lo sabe todo (menos predecir el futuro).

Llegar a las manos

Primavera ven y curame el invierno.

Las nubes de tu pelo - Fito y los Fitipaldis



Vengo a la hora del fútbol que puedo ver, así que no me voy a quedar mucho. Aunque es fijo que algo me voy a perder. Repasar la actualidad aunque sea solamente un detalle me va a llevar más tiempo del que falta para el comienzo del partido. Sobre todo si sigo acumulando líneas sin contenido (como si las otras tuvieran mucho más).

No quiero dejar de mencionar al valiente que se lío a golpes con la chiquilla del tren de Barcelona. Valiente porque antes de emprender nada contra ella tomó buena nota de que pudiera hacerlo sin tener que salir corriendo. El vagón iba casi vacío, apenas había otra persona que se sentía tan poca cosa que hubiera podido precipitarse el vagón hacia un terraplén difícilmente se le adivinarían fuerzas para llegar hasta la puerta. Vamos que de tan enjuto los brazos le salían directamente del cuello, bastante esfuerzo habría sido llegar hasta sentarse, como para meterse donde no le llaman. Y el caso aquel, él lo tenía claro, le venía completamente grande. Esos skin-head tienen muy malas pulgas y aunque el cerebro les da para poco más que para un par de eslóganes son muy capaces de juntar sus bíceps para patear a quien les cuestione ideologías o se ponga por en medio. Todo lo que hizo fue mirar de un lado a otro como quien ve pasar los San Fermines, y por temor a una cogida le prestaba más atención al camino despejado, donde el peligro se intuye nada más. Es obvio que debió ponerse tenso como una cuerda de laúd, y el héroe que todos llevamos dentro debió gritarle que todo aquello era intolerable y que debía hacer algo. Pero le faltaron reflejos para mediar, le faltaron para levantarse al menos y acudir a otro vagón donde avisar a más viajeros o a la policía. Estaba paralizado como ella. Ella una ecuatoriana de 16 años. Él tan extranjero como ella, tan inmigrante y quizá por eso igualmente petrificado por el miedo.

Lo más curioso es que si yo me pongo en el pellejo de aquel me doy cuenta de que soy poco más o menos de la misma pasta, con tanta cobardía como para no hacer míos los problemas de los otros. O tal vez yo fuera capaz de interponerme aterrado. Quizá de ser yo el que estuviera allí sentado el fulano no habría osado agredir a la muchacha de aquel modo. Se sintió liberado por el desprecio a los que se sienten fuera de casa. No terminaron de entender que son ciudadanos de primera porque no se lo hicimos entender todavía. Gente que las raras veces que tiene voz se les ignora. Pero esta vez había un testigo más. Y su versión es irrefutable. Una cámara de vídeo grabando la escena entera.

Yo habría cambiado esa cámara por la humanidad de un conocido mío. Cubano por más señas. Mide más de dos metros de alto y tiene la corpulencia que para sí querría un buen poste bajo de la NBA. Es un fenómeno de la naturaleza, un prodigio que hace pequeño al gigante de "La milla verde". Imposible verlo por la calle sin quedárselo mirando. Si Leonel hubiera sido testigo, seguro que el chaval no se habría atrevido, se habría sentado como un alma de cántaro, acomplejado por ser tan poca cosa a la par que tonto, y no se le habría oído decir ni pío. Y si por entrar en el vagón en aquel momento coge la escena a medias yo estoy casi seguro que el fulano sale volando por la ventana o atravesando las puertas cerradas. Y que luego le busquen en grupito rapado, él los disolverá a guantazos. Casi seguro que al verlo comienzan a minimizar la afrenta diciendo que esas cosas le pasan por capullo. Y mientras los pies en polvorosa, no vayamos a despertar un huracán.

Porque Leonel tiene la fuerza que aquel chavalillo inmóvil oyendo música quería tener. Perdió la oportunidad de ser un héroe quizá por salvar la vida. Nos habría valido saber artes marciales. Sentirnos seguros de algo más que de hacer lo correcto defendiendo al débil.

lunes, 22 de octubre de 2007

El bostezo

Infinita tristeza la de mi corazón.

Tristeza Maleza - Manu Chao



Pues resulta que me fui a ver la peli del orfanato porque soy muy fan del cuerpo de Belén Rueda. Por eso y porque está rodada en mi pueblo y quería ver cómo les había quedado todo aquel asunto, después de todo nos cerraron la calle principal para rodar, con toda aquella gente mirando y ese caos circulatorio, quería saber si las molestias causadas habían merecido la pena.

Y el resultado final es que no. Claro que yo habia visto rodar en parte la escena más llamativa de la película que no detallaré aquí por respeto a cualquiera que llegue con ganas de verla. Así que yo ya sabía lo que iba a pasar, porque aunque mi cerebro no sea precisamente el Ferrari de Raikkonen, que se parece más al cerebro de Ron Dennis desgraciadamente, habría que haber estado más ciego de lo que estoy para no hilar parte de la escena.

Yo tengo un método infalible para medir las películas. Se miden ellas solas por el número de bostezos que me provocan. Así puedo afirmar que esta fue bastante mala, aunque no bostezara nunca con el cuerpo de Belén Rueda en pantalla. Claro que bostecé mucho más con "Los Otros", con la fama que tiene. Recuerdo aquel rato como una sucesión de bostezos, yo creo que de pocas no me quedé dormido. Es lo que tienen los tostones. Nos cuentan una historia nueva tirando de recursos ya vistos. No hacen películas, hacen collages. Parece que ya está todo inventado. Con lo terroríficas que resultan algunas carcajadas.

A mí me da más miedo, por ejemplo, el Carod Rovira. Que luego se anda preguntando porque los catalanes tienen tan mala prensa fuera de Catalonia. Y es que uno no puede ponerse a discutir por las nimiedades de un nombre pronunciado de tal o cual forma, aunque se tenga toda la razón, que eso no se lo voy a discutir. Y menos aún si uno se dedica a la política, que es uno de esos trabajos que no querría nadie con mucho aprecio por la honestidad, pues tarde o temprano el poder corrompe. Quita la careta, apuntó uno, muestra a la persona tal como es. Que se lo digan al pobre Plá, que era una persona más bien simple, y que quizá por su simpleza se ha visto inmerso en un embolado tremendo a cuenta de unas facturas de 78000 eurillos, calderilla si la casa quedó de figurar en un catálogo. Porque en el fondo esas facturas se pagan solo si es necesario y de poder cuanto más tarde.

Carod prefiere discutir sobre el nombre de pila que le puso su madre y su padre antes que en ahondar en cuestiones más espinosas y en las que recibiría menos respaldo. Su reunión con ETA, por ejemplo, para crear un estado excepcional en el inmenso mapa donde los asesinos pueden matar.

Carod da un poco de miedo, habla el castellano como si hablara el catalán, y busca enfrentamiento porque en el enfrentamiento están más juntos. Es Asterix con una poción de reproches.


Hoy regresé a casa. Mañana vuelvo a trabajar tras unas vacaciones, cortas como lo son todas. Pero me sirvieron para desconectar, para estar a gusto con los míos. Para salir a comer y a cenar casi todos los días, incluso salí una noche hasta la madrugada, y coincidí con una amiga que no veía desde hace 7 años y que trabajó conmigo cerca de un año, en el mismo sitio, aunque con tareas distintas.

Volví desde Santander en autobús y a la altura de San Vicente de la Barquera me pareció ver abajo, apurando un cigarrillo, a Carod Rovira. Yo sospecho que era él, porque tiene cara de fumador. La verdad es que puede ser que me equivoque. Porque el conductor esperó a recogerlo y cuando pasó por mi lado todo él olía a tabaco como si lo hubiera subido el cigarro y se hubiera quedado el hombre en tierra, y mantengo que de ser él, Josep Lluís Carod Rovira, cualquiera habría salido atropelladamente por dejarlo humeante y sorprendido, y esto es general a todos los políticos. Menudo disfrute verlos braceando por perder nuestro autocar. Aunque debo estar loco. Esa gente no viaja en bus. Les llevan en limusina, con las banderitas cortando el viento.

viernes, 19 de octubre de 2007

Los planes

Es el momento de volver a empezar.

Ahora - Ismael Serrano


Se marchó la semana entera. Queda un fin de semana, con lo corto que resultará. Ya he admitido algunas veces que los días se miden muy distintos en función de cómo los ocupemos. Yo sigo por aquí, viviendo esta semana que ha sido como encontrarse un estanque donde entornar los ojos. Quizá haya servido para desconectar de lo cotidiano, quizá también para reparar en la importancia de las cosas realmente importantes.

Sigo por aquí y sin embargo tengo la impresión de haber empezado a recoger mis bártulos para ponerme de nuevo en camino. Soy como un fantasma, no estoy del todo en ninguna parte. Será porque parece que me voy, pero me quedo en el aire.

La conexión

Pues resulta que tengo la madre de las conexiones aquí en mi casa de Valencia. Sospecho que pueda ser de los de Sanidad de abajo, que son muy generosos y desprendidos en todo lo referente a conexiones inalámbricas. Porque no solamente tienen la conexión más veloz sino que la tienen protegida lo mismo que Bush la mesa de caoba, cualquier mindundi le pone los pies encima. Yo nada más he necesitado un portátil de bella factura, y alta, aunque pagado a plazos con lo del plan Avanza, que de verdad ha hecho un favor a esta economía doméstica, ya no tan sumergida; da para un ordenador a pagar cómodamente, con buen tiempo por delante, lo hemos convertido en un recibo periódico, algo así como un esbozo de hipoteca, a la que tendremos tiempo de acostumbrarnos en el futuro.Que quien tiene un ordenador tiene bastante. El mío además va a las mil maravillas. No tengo queja yo, que soy de quejarme tanto.


Cuando voy a mirar el estado de la conexión que es sitio óptimo para saber la velocidad a la que me conecto no puedo evitar admirarme de esas 54 Mb/s. Me siento al volante de un Ferrari de los de fórmula 1. Como Fernando Alonso acordándome del padre de Louis Hamilton.

Vamos que ayer me descargué un programa de 180 Mb y lo obtuve en alrededor de 3 o 4 minutos. Iba a más de media mega por segundo, aún tengo vértigo. Nada que ver con mi conexión habitual, que sin ser tan lenta como una tortuga pierde con esta por comparación. Así que mejor para ella si no las comparamos. La mía va paso a paso y me cuesta dinero. Será que es de las que mira para atrás. Lo mismo que una persona que caminara girada hacia el camino recorrido en vez de mirando donde dará el próximo paso. Que distinta a esta otra, la obtengo gratis y va a toda mecha.

Leo a estas horas que un juez que es alguien como tú o como yo entiende que no hay delito en poner a funcionar la mula de las descargas. Que no hay que cerrar una web porque recoja unos cuantos enlaces, que son ruta hacia las descargas en otra parte.

Los de la SGAE tienen que estar que trinan. Para mí que Ramoncín debe estar mordiéndose las uñas. Será una mala semana para él, seguro. Como todas sin que nadie compre sus discos, sin poderse mear sobre nadie desde ningún escenario, sin tertulia a la que acudir de experto charlatán y para más inri con un juez aliado en la confabulación diabólica de los piratas de banda ancha.

jueves, 18 de octubre de 2007

Josep Lluís y el lehendakari

Junto a mi perro, espiando horizontes.

Si tú no vuelves - Miguel Bosé y Shakira



Uno que no es político piensa que los nacionalismos se curan viajando. Y no tengo nada en contra de que uno sienta la tierra que pisa como propia, y que defienda tradiciones y la propia cultura, después de todo son la sustancia que nos ha formado tal como somos.

Sin embargo no entiendo el ansia de levantar fronteras y muros para distinguir lo que está dentro y fuera. La motivación última del político que actúa en el territorio como un león o perro doméstico, orinando, entre otras cosas, para marcar hasta donde llegan sus dominios y por donde se le puede ver paseando encantado de la vida. Se comportan igual que el vecino que anexionó al cortijo un pedazo de zona común tras duras negociaciones y que lo rodeará de muro si hace falta para que se haga intransitable para cualquiera, aunque lo sea también para él. Lo querrá tan solo para mirarlo desde la altura pensando que le pertenece, pues con suerte no será capaz de verlo nadie más, aunque luego quizá inseguro, se dedique el resto del tiempo a otear si hay un resquicio por el que alguien pueda asomarse. Dejará de mirar aquel espacio muerto por la inquietud de encontrar dos ojos invasores.

Pero nuestros políticos se pasan la vida viajando. Pueden ir a Madrid para sentirse de Madrid delante de un cocido de garbanzos, o pueden viajar a Asturias para tomar unes fabes. Podrían sentirse tan de un sitio como de otro, es bien fácil. Vivimos en un mundo que descubrió Internet para fulminar cualquier distancia. Componemos un mundo global en que no hay más marcas que las que figuran en los mapas, y esas tan inútiles son las que quieren actualizar. Quieren dibujar de nuevo los atlas para que los críos descubran con el tiempo que esas fronteras no sirven para nada. Para separar colores en el dibujo de la geografía; en la práctica no existen. Son una señal de tráfico por rebasar, nada más.

Y mientras esto ocurre llegan las pateras repletas de gente que ambiciona una vida mejor porque quieren oportunidades que antes nunca se dieron. Les da igual llegar a un sitio que a otro, lo importante es llegar porque el destino siempre será mejor. Ellos no entenderían las discusiones de este primer mundo, que tiene sus propios problemas ciertos y cotidianos pero se enreda en discusiones eternas sobre lo nuestro y lo tuyo. Mayor injusticia han sentido por nacer donde mueren cada día a cientos, pues ellos sí saben lo que es ser de un sitio y no poder ser de otro lado, ellos conocen el alcance exacto de las fronteras porque tienen forma de continente y agua.


Nuestros políticos están hartos de mirarse el ombligo en realidad, y dejaron de mirar dentro por mirar hacia fuera para preservar lo de dentro. El problema les aparecerá el día en que conseguidos sus objetivos sin cortapisas los de dentro quieran preservar su identidad propia por encima de la de la nación nueva, recién creada. Cuando los ciudadanos de una de las ciudades digan que ellos no son lo que dicen que son los políticos de la capital. Que son otra cosa y que quieren ser tratados como distintos, en sus propios límites donde sentirse a salvo y satisfechos. Y más tarde será un pueblo el que vendrá a decir que por condimentar un plato con especias distintas merecen ser un país nuevo, pues así lo sienten cuando se cruzan en el mercado o en los aledaños de la iglesia. Que estar dentro de aquella masa uniforme estuve bien pero sólo durante un tiempo.

Hasta que en la carrera de reivindicarnos haya bloques de vecinos pidiendo ser distintos, o quizá pisos enteros exigiendo ser tratados de otra manera simplemente por ser los más relucientes siempre, o porque siempre huelen a guiso recién hecho al pasar por las escaleras.

En verdad la raíz de nuestros problemas es otra. Queremos reivindicarnos como personas únicas, y llegaremos donde sea necesario para poderlo proclamar. Necesitamos oídos que nos escuchen porque el origen del nacionalismo es la defensa del yo frente a los otros. Estamos vivos y somos distintos a todos los otros, aunque sean tantos. Nadie es como yo y deben saberlo. Merezco ser tratado como único.

Importa el yo mientras siga vivo. Podría ser solamente un rato.

martes, 16 de octubre de 2007

El capricho

Me compré ayer utilizando este medio un Ipod Nano de los nuevos.

Me lo compré de 8Gb porque el Zen Nano Plus de 1Gb se me ha quedado pequeño. Ya no me deja meter ni una canción nueva sin borrar antes alguna otra. Ha llegado a su tope. Nada parecido a las discotecas o los conciertos que dicen ser de aforo limitado y sin embargo siempre hay espacio para alguien más si nos apretujamos un poco. O los autobuses de línea regular, que vas con el pelo enganchado a las puertas mientras un codo se clava en el esternón. Mejor el tuyo que el de otro. Cada parada te dices que aquí no baja nadie, y que no puede ser muy conforme al código de circulación transitar de esa manera, pero al conductor se la trae al pairo, grita que pasemos "p´atrás" porque hay un rincón donde nadie pisa a nadie. A él le da igual, va ancho en su asiento mullido, el muelle lo mueve de aquí a allá como un reloj basculante. No repara en que de chocar aquello se convertirá en una explosión de naranjas rotas.

Por supuesto que el capricho pudo ser el de 4Gb, pero sería cuestión de tiempo que lo llenara porque ya dije alguna vez que la música es una de mis debilidades. La horchata es la otra.

Así que mejor cogerlo con capacidad suficiente para que a la larga algunas canciones se me puedan hacer prescindibles. Pude comprar el Ipod en el FNAC, pero a través de la tienda de Apple logro que me graben el nombre en el reverso. Yo hubiera preferido una frase elocuente, pero no di con ninguna.

Compré el (RED) y por el mismo precio participo en una campaña de envío de medicamentos para combatir el SIDA en África.

Lo malo será si el chisme me sale malo. No sé como me defenderé en lo relativo a la garantía. Cuando uno no tiene a quien reclamar se termina reclamando la torpeza frente al espejo. Algo leí de 90 días, pero me parece poco tiempo. Será que les tienen programado el fallo. En cualquier caso yo soy de los que, al que hace 91, se encuentra con que aquello lanza guiños pero no enciende. Que por fallarme me fallan hasta las pastillas de jabón.

Se admiten apuestas.

domingo, 14 de octubre de 2007

El señor Judía

Dice Sestea que parezco el Mr. Bean español.

Y puede que no le falte razón. La verdad es que no tengo mucha gana a estas horas, pero tendría que contar mi llegada a Valencia que fue propia de Mr.Bean o como mínimo de alguien discutido con la suerte.

Llegué al aeropuerto de Santander gracias a un cliente que me dejó en la misma puerta de entrada. Yo le agradecí en el alma que me llevara tan raudamente, si bien es cierto que faltaban casi alrededor de tres horas para la salida del vuelo, demasiado tiempo para tomar café solo, demasiado para hojear el periódico. Claro que si hubiera llegado en autobús la cosa no habría sido muy distinta, pues cargado con maletas y demás desaparece cualquier ansía de hacer turismo, y eso sin contar con que Santander es una ciudad que conozco de sobra, al menos toda la parte a la que puede acceder alguien caminando sin querer cansarse en exceso.

Así que me tomé un café y encendí el portátil para ver si lograba conectarme. Claro que no pude, esas cosas son posibles solamente en aeropuertos grandes, como Barajas por ejemplo. Tienen unas cafeterías tan grandes como el aeropuerto de Santander, y te dan la conexión a cambio de un café. Santander no, tiene un aeropuerto que es una caja de cerillas, pequeño como la sala de espera de un dentista.

Así que me puse una peli de Woody Allen un rato y luego me fui a comprar un diario. Que leí del derecho y del revés esperando, así que tiré de teléfono móvil. Pero no tuve suerte.

Mi vuelo salió con una hora de retraso por la congestión aérea. Que se da cuando muchos aviones quieren aterrizar al tiempo sobre Madrid, y los controladores aéreos no terminan de hacerse cargo de la situación. Les dan los turnos como en la carnicería, y dejan el que más me interesa para los últimos lugares. Supongo que porque es más importante salir hacia Nueva York que hacia Santander.

Así que si llevaba poco rato esperando tuve que esperar una hora más.

Pero por fin a bordo nos dieron un bocadillo vegetal muy bueno. Y me debieron ver careto de persona informada de sobra en las calamidades del día porque no nos repartieron periódico. También puede ser que por la hora les pareciera poco apropiado las noticias impresas, por antiguas. El vuelo fue más o menos normal salvo por las zonas de turbulencias que atravesamos sin dejar una sola y que hizo que todos nos comportáramos con una discreción digna de admiración. Estoy casi convencido de que éramos uno en congoja por si el aparato se nos cae, con todo lo malo que tiene que ser, pero allí no dijo ni pío nadie. Salvo una señora que decía que si las luces de fuera eran los relámpagos a la que aclaramos, tragando saliva, que no, que eran las luces de las alas. Para que nos vean los otros aviones y los pájaros, cuentan que sobre Madrid los buitres se lanzan contra los motores como agua por el desagüe. Aunque nadie le dijo que no había de que preocuparse, aquello se movía lo bastante arriba y abajo como para no olvidar que flotábamos en el aire. Además en mi caso tenía el agravante de llevar mucho tiempo sin atender las explicaciones del chaleco salvavidas, el pitorro y demás nociones que cuenta la azafata sin creérselas del todo. Siempre encuentro algo que me distrae. Supongo que ocurre que en el fondo estoy convencido de no contarlo si aquello, en las de Villadiego, coge descenso precipitado, y de alguna manera llegué a la convicción de morir mucho más dignamente sentado tal cual con los ojos en las luces de las alas antes que con todos aquellos cachivaches de plástico y soplando pitorros infames por ver si se hincha antes de estallar. Bastante me ha de interesar todo aquel baile frenético en los asientos, enfermos con camisa de fuerza, si se nos incendian los motores y caemos sobre el mar.

Pero las advertencias del comandante, que no se disculpó por el retraso de la salida porque no le va en el cargo anticipaban que íbamos a tener problemas para posarlo en condiciones, esto es con las ruedas de aterrizaje por debajo. Y es que tenemos 100 años de aviación a las espaldas, casi somos capaces de aterrizar los vuelos desde la tierra, lanzamos cohetes al espacio y sin embargo si llueve el artilugio se hace ingobernable, un ala pesa más que la otra e igual terminamos apoyando y rompiendo, o nos salimos de la pista y nos vamos directos contra una nave industrial, como Martin en Regreso al futuro o aquel avión brasileño al que la pista se le hizo demasiado corta.

Así que tras tenernos sobrevolando nocturnamente la bahía de Valencia durante un buen rato, esperando a que las condiciones mejoraran, sin poder ver nada y quizá derramando combustible para que en caso de aterrizaje forzoso aquello no volara por los aires nos dijeron que había dos opciones, ninguna buena. O marchamos para Madrid o para Alicante.

Dado que la primera no era posible por no tener combustible suficiente, o bien porque el aparato no cobijaba como para tanto sin repostajes o bien porque era cierto lo de haber estado vaciando por si acaso, el comandante decidió poner destino a Alicante que es una ciudad de mucho encanto aunque distante 200 kilómetros de donde Sestea me esperaba resguardada en su coche.

Y gracias que el temporal vuela más lento que nosotros, y más seguro. Porque lo dejamos atrás y llegamos a Alicante que había tenido lluvias, pero lluvia fina, de la que llaman en Asturias orbayu, porque con apenas una mojadura en la pista pudimos tomar tierra.

Fue muy bueno escuchar a la azafata despedirse como si nos hubieran dejado donde tocaba, como zanjando el vuelo perfectísimamente. Yo creo que todas esas indicaciones las tienen escritas y las leen caiga quien caiga, así sea el propio avión sobre una autopista. Claro que entonces lo de que el personal de tierra podía atender cualquier duda, cobraba mayor importancia que de ordinario.

Al tomar tierra la gente se puso en pie y procedimos a llamar a familiares y amigos. Después de todo debíamos haber llegado a Valencia a las 22:30 y habíamos aterrizado sin poder avisar a las 0:21 del día siguiente. Llevábamos como veinte minutos esperando que abrieran las puertas y sonó la campana de la azafata para informarnos que podíamos hacer uso del teléfono móvil. Una azafata de enmarcar desde luego. Probablemente era un robot que funciona ajustada a unos parámetros estrictos, unos horarios que no atienden a circunstancias.

Un rato después pudimos desembarcar y tras no pocas dudas se dio por cancelado el vuelo y se procedió a entregarnos a Valencia dentro de un puñado de taxis. Que es un medio muy seguro para llegar hasta el temporal tremendo de la ciudad. Tanto que estando a mitad de viaje nuestro taxista escuchó por la radio que un tal Olegario había pinchado y al instante ya estábamos frenando para auxiliar a Olegario, por mucho que mi deseo íntimo era que a Olegario le partiera un rayo si nosotros podíamos llegar sanos y salvos. Pero no fue tan malo. Olegario no había pinchado, nada más cogió un bache de agua y todos pudimos seguir marcha, Olegario incluido.

Alrededor de dos horas más tarde y tras echar un pestañeo que quería ponerme en paz con mi creador llegamos al aeropuerto donde dejamos a uno de los miembros de la expedición y entró en juego toda la lucidez de mi mente aliada con las ansías económicas de nuestro taxista, para convencerle de que me dejara en mi casa y no en el aeropuerto donde a las 3 de la mañana no iba a haber alma tan caritativa que me recogiese. Y tras un tira y afloja dialéctico en el que le exhorte a que comprobara con otros compañeros si estaban incorporando a cada mochuelo a su olivo, cosa que no hizo falta, pero sí mella. El hombre estaba ahora tan lejos de Alicante que la idea de volver sin hinchar algo más la factura seguro que se le hacía intolerable. Así que me llevo hasta mi portal y creo que incluso esperó algo en el coche, a que abriera la puerta al menos para saberme a resguardo, cosa que no ocurrió, porque lo que yo no sabía a esas horas es que la comunidad había cambiado la puerta del portal por dos con dos cerraduras distintas para una sola llave que no estaba, no podía estar, en mi llavero. ¿Qué hacer llamar a algún vecino y despertarlo o buscar acomodo en otro sitio para pasar la noche?

Así que el taxista terminó marchando junto al último de los agraviados de vuelo confuso sin llegar a verme dentro, me vieron eso sí sacar el móvil como si la situación estuviera bajo control y marcharon hacia Catarroja gracias a la elocuencia de mi despertar lluvioso.

Y en el móvil estuvo la solución. Llamé a RadioTaxi al menos 7 veces y siempre dio ocupado. Así que cargado con mis cosas y con lluvia débil marché hacia el clínico donde suele haber taxis apostados casi todas las noches. Menos esa.

Llamé a Sestea y le dije si podía ir a su casa. Me dijo que sí y marché caminando los 20 o 25 minutos que separan la una de la otra. Con el temor de cruzarme con un grupo de jóvenes que me vieran el portátil y decidieran quedárselo para ellos.

Pero eso no ocurrió. Pude llegar y pude acostarme al fin. Entraba en el portal a las 4 en punto de la mañana.

Yo presumía de poder cenar esa noche en Valencia y de pocas no llego para el desayuno. Me pasa por hablar.

Lo malo es que al día siguiente tuve que oír que me pasan cosas muy raras. Que soy el Mr. Bean español.

Y definitivamente no es cierto, yo soy más joven, y más guapo.

miércoles, 10 de octubre de 2007

De la luz





Lléname de besos,
lléname de abrazos.


Ismael Serrano






Me voy de vacaciones. Volveré porque llevo el portátil y estoy casi seguro de conseguir la señal que me permita asomarme por aquí estos días.

Chao.

martes, 9 de octubre de 2007

Los días son números

Remember, days are numbers.

Days are numbers (The Traveller) - The Alan Parsons Project



El disco data de 1985 aunque mi recuerdo viene de algo después. Seguro que sí. La memoria no ha sido nunca mi fuerte. Me veo como un chaval, puede ser que de 13 años mal llevados, con acné y tan delgado como era, estoy delante del tocadiscos del salón y en mis manos está el álbum de vinilo que lleva por título "Vulture Culture". Era todo rojo por fuera y en el centro tenía fotografiado un medallón que parecía de bronce.

Apenas recuerdo nada de mi juventud, lo he olvidado todo. Pero aún me acuerdo de este disco y de mis manos sosteniéndolo mientras sonaba.

Hoy lo he vuelto a poner. Me he metido en la bañera y casi me quedo dormido. Si me relajo más yo creo que habría muerto. Los del CSI habrían jurado y perjurado que ahogado por culpa del agua, pero no sería cierto. Sería por Alan Parsons y por su Days are Numbers.

Es la canción que recuerdo más. La que ha guardado mejor ese pasado remoto. Ya no me pertenece, pertenece a la canción. Y solamente escuchándola soy capaz de recrearlo. Como si al sonar fuera ella la que viene a mi encuentro.

Estaba oyendo el disco completo con los ojos cerrados e interiormente deseaba que volviera a sonar. Era una posibilidad entre ocho. Ocho canciones componen el albúm, y se reproducían aleatoriamente en el portátil.

En esas cavilaciones estaba cuando me dije. Si no es la próxima me levantaré y saldré del baño. ¡Es tan poco probable que ocurra!

Pero fue, se dio como un milagro. Volvió a sonar.

Los días son números.

Y la providencia existe, se da en las pequeñas cosas.

Que toy

Cartas que nunca se envían.

Amores imposibles - Ismael Serrano



Hoy quería empezar con un: señores, los pintores.

No hay ninguna razón, es una forma de empezar bastante poco usual, alguien dirá que bastante chorra, tiene razón. Pero esto lo escribo yo, y no él.

Señores, los pintores:

Me he quedado solo de nuevo. La visita ha cogido de nuevo el autocar aunque ellos lo llaman guagua que es un nombre mucho más divertido y que a mí me recuerda más a una canoa con la que cruzar un río.

Y yo me quedo aquí pero va a ser por poco. Pasado mañana cogeré el petate, todavía por hacer, para volar con destino a Valencia, ciudad "pepera" por antonomasia, a la zaga de Madrid o quizá es al revés, es Madrid la que va a la zaga...

Dicen de la alcaldesa que es bollera en el argot de la calle, que todo el mundo entiende, pero que aclaro, le gustan las mujeres más que los hombres por norma general y para algunas cosas en exclusiva, y dicen también que está la mayor parte del tiempo borracha. Que resulta cercana en las Fallas porque no deja un culete en las botellas de los casales que visita campechana con el jolgorio propio de quien está dispuesta a descorchar otra por si esta noche resulta ser la última, vaya putada, con perdón. Y es que esa euforia es contagiosa, invade vena a vena cuando no acongoja la tristeza que está ahí al lado esperando soledad, si la montaña rusa toca ascenso entonces uno se fotografía orgulloso haciendo el pino sobre un charco de whisky.

Yo no cometo esos excesos. Muy rara vez. Lo que tiene mérito considerable, sobretodo si en los últimos tiempos se me ha reconocido una rara habilidad congénita para poner la sidra desde lo alto de mi brazo. Que apenas tiro fuera para rociar la mano.

Me falta pulir lo de hacerlo mirando al tendido, como los buenos toreros que no miran al toro porque la faena si es buena merece el riesgo cierto de una cogida en cada pase, como José Tomás, que quiere ser leyenda que no cumpla muchos años. Me falta ponerla como Laudrup, que no sabemos si sabe entrenar apenas, pero daba los pases mirando a la grada, la colocaba donde quería con la vista en el aficionado mientras su marcador por no saber dónde mirar no le quitaba ojo a la pelota.

Yo aún sigo el vaso. Está ahí abajo;

sonriendo al recibir la sidra.

jueves, 4 de octubre de 2007

El feretro y los anuncios

Ha llegado Marian, el rumano que se quemó a lo bonzo a Rumanía. Lo ha hecho dentro de un ataúd, pagado por la autoridad local. Les ha costado 4200 euros llevar sus restos hasta su casa. Algo así como 10 veces lo que necesitaba el hombre para llegar en autobús con su familia.

Cuenta el periódico que los familiares han querido linchar a la viuda porque creen que no hizo suficiente para evitar su desesperación o su muerte.


Por otro lado leo aquí en Blogger que ahora se pueden poner anuncios en las entradas de texto. Supongo que con algún beneficio económico, del que sacarán provecho sobretodo aquellos que reciben más visitas. La anciana de 94 años que ha tenido un hueco en la prensa nacional por veterana de la vida, y que reconoce abiertamente que morir ahora sería una faena imperdonable, porque ha descubierto Internet y el mundo en cierta forma, y el mundo la ha descubierto a ella, y ha surgido un idilio del que no quiere despertar muriendo. Yo no necesito la publicidad a no ser que pueda escogerla.

Pondría por ejemplo una foto aleatoria de alguien que es o ha sido importante en mi vida. Y eso no se puede.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Vengo y voy

Contigo, la noche más bella.

Amores imposibles - Ismael Serrano



Estoy ejerciendo de perfecto anfitrión o de casi perfecto. De hecho es esto lo que me ha impedido volver por aquí como suelo, para contar esas chorradas con las que me explayo hasta quedar exhausto de ideas, que son siempre la misma, siete años después de empezar. Casi nada.

Por eso, por cuidar a los que recorrieron tanta distancia para encontrarme vivo descuido algo a los que visitan esta web donde me logré resumir en un puñado de palabras como quien posa para un retrato; el visor me chiva que llegan incluso de Sudamérica. Será que hay alguien que me entiende.

Y como no, también los amigos. Tienen nombres y apellidos. Fallan rara vez.

domingo, 30 de septiembre de 2007

El incondicional

Quizás entenderías, que nos queda la esperanza.

Si se callase el ruido - Ismael Serrano



De veras que no entiendo a esa gente, alguno conocido mío, que dedica una parte, minúscula faltaría más, a pagar cuotas de militante de un partido político. No importa el signo, cada uno tiene el suyo. Pero todos los meses reciben un cargo en forma de recibo. Para que vuele alto la gaviota o no se marchite la flor.

Son gente de fe, de eso no hay duda. Yo estoy englobado entre esa multitud de gente joven descreída de los políticos y como consecuencia de la política. De esos que lo último que harían en esta vida sería dar un céntimo a esos políticos que son quizá una de las peores cosas que nos podían pasar y que llegaron para quedarse. Porque un político es político toda la vida, como un torero lo es siempre. Es raro que un político abandone, simplemente se resguarda de los focos, pero sigue haciendo política en la penumbra y cobrando por ello.

Especial mención merecen los respectivos encargados de las nuevas generaciones y juventudes. Gente joven que no viene para traer aire fresco, todo lo contrario. En sus entrevistas no hacen sino ensalzar a sus respectivos jefes, y lo hacen por una razón principal, es lo que han hecho toda la vida y a la vista está que les ha ido bien. ¿Por qué habrían de cambiar ahora? Así que en realidad el partido político no premia inquietudes que puedan mejorar lo que hay, pese a lo muy necesario que es, premian ascendiendo en el escalafón a aquellos que aplauden más alto y durante más tiempo.

Hoy leía al encargado de las nuevas generaciones del PP que se comparaba con Ángel Acebes sin rubor vergonzoso; según él, un político a descubrir. Pero en realidad hace unos días leí comentarios del mismo tenor al líder, evitemos esta palabra en adelante por inapropiada, de los socialistas. Están hechos a la medida del partido, y son incapaces de la menor autocrítica. Creo que los fabrica el propio partido y los hacen en serie. Solamente se diferencian por fuera.

Por supuesto que si esta crítica se diera no contarían con un euro del que suscribe. No quiero participar en los 8000 euros mensuales que gana Rajoy ni en los 6000 de Pepiño Blanco. Antes prefiero dejarme atracar a mano armada con el trauma que eso supone. Entregarles mensualmente un sustento aún sería mayor. Por no hablar del remordimiento de saber que los mantiene mi voluntad sumada a la de muchos otros, subidos en la televisión procurando convencer a sus propios correligionarios, que ya están convencidos de antemano.

Sin embargo si alguno de estos jóvenes y ambiciosos nuevos políticos tuvieran la decencia de admitir los errores de los que son sus jefes, si lograran distinguirse. Si tuvieran la valentía de admitir por ejemplo que Aznar fue todo lo miserable que un hombre puede llegar a ser, que Acebes fue y es un embustero sin parangón, que Rajoy es la voz de su amo y que nada más le ha añadido sarcasmo a la política, que Pepiño es tonto de remate y que Zapatero es un político sin fuste, nada más un talante encadenado a un gesto. Si alguno de ellos hubiera hablado así en vez de dorar la píldora, en vez de enjabonar de modo tan empalagoso entonces yo pensaría que tal vez haya una oportunidad en el futuro.

Porque uno quiere creer también. Uno quiere dejar atrás esta marabunta de jóvenes que destruyó la idea de que exista tan solo uno bueno. Necesito creer en los políticos en el mismo grado en que creo al menos en un desconocido. En la gente en general.

Pero no lo logro. Los que vienen son más de lo mismo. Uno está deseando un cambio pero nadie llegará para jubilar a nadie. Simplemente serán más a repartirse el pastel. Se juntarán jóvenes y viejos políticos para mirarse el ombligo unos a otros. Comparando a cuantos convencieron, los que estaban cerca, los de lejos. Pero nadie dará un paso al frente. Nadie se atreverá a discrepar. Su carrera sería más corta que la de Hernández Mancha. Aunque éste si desapareció.

Yo creo que debía ser mejor que todos estos. Por borrarse ya demostró más.

Aquí quién se mueve no sale en la foto, y están locos por salir. Tienen el encefalograma plano pero sonríen,

lo importante es el color de la corbata.

El nuevo Cupido

Me dice el corazón,
que no soy de este planeta.

Prefiero amar - Luis Eduardo Aute


Leo a estas horas, con un ojo cerrado y con el otro pidiendo por favor que lo deje en paz, las cabeceras del diario Marca. Sobretodo por ver como acabaron los partidos de liga que no puedo ver, porque la antena de mi edificio, si es que existe, mira en dirección contraria a las ondas de la Sexta, y estas le pasan de largo como si no estuviera, si es que está. Capta algo, una brisa en la nuca, una imagen gris que sería más o menos lo que dicen que ven los perros si no fuera por ese chisporroteo puntillista de obra abstracta, mirarla es ver con los ojos de un perro con cataratas. Así que mi televisor se queda apagado tanto tiempo como esto otro encendido.

Leo que el presidente del Tau afirma rotundamente que si es verdad lo que se publica de Willi McDonald, éste no durará ni un minuto en el equipo. Y lo que se publica es que este norteamericano se casó con una española por amistad. Ella lo reconoce sin tapujos. Dice que ni siquiera recuerda donde se desposaron. Se llama Eva y si hacemos caso a los libros no sería la primera que se junta por conveniencia.

A mí el hecho no me sorprende gran cosa. Me sorprende que lo reconozcan nada más. Y me sorprende sobremanera que el tal Querejeta sea el nuevo Cupido y que las razones para casarse de sus jugadores le incumban de tal modo. Por supuesto que por debajo se está gestionando la posibilidad de que el americano juegue en el equipo ocupando plaza de comunitario, es decir que no cuente como extranjero. Será europeo que es nuestra nueva nacionalidad, extranjero es lo de fuera. Lo de América del norte y Oceanía. Los de América el sur, Asia y sobretodo África son inmigrantes que es una forma de ser extranjero pero carente de prestigio.

Francamente a mí me importa muy poco si su matrimonio es o no de conveniencia. Para mí quisiera amistades de ese grado si es que me fuera a quedar solo. Yo querría una Eva que me dijera sí por amistad que es una forma de amar también. Aunque solamente llegado el caso extremo en que el amor recíproco no es posible.

Pero esta forma limitada, no es de recibo para Josean Querejeta que es una máquina capaz de medir el amor de las esposas de sus jugadores, supongo por el tamaño de las pupilas con que lo miran. A él la boda por amistad no le vale, como supongo que no le vale una boda por dinero. Pero tras una boda hay muchas veces razones innombrables. Aunque a él solamente le valga la versión oficial, la idea romántica de Romeo y Julieta que tendría que inspirar todas las bodas. Cualquier otra razón se le vuelve intolerable. Sería casa de herrero con cuchillo de palo.

Claro que este a este hombre nadie le explicó que si su amante esposa se casó con él fue simplemente porque no halló nada mejor. Y de algún modo, tuvo que conformarse tras conocer sin pruebas que vive en un mundo con cinco mil millones de personas de las que trató no más de dos centenares. De ahí salió Josean. Escogido por el amor desde una baraja con pocas cartas.

En realidad yo soy de los que piensa que hay muchos caminos hacia la felicidad. Y que esa ha de ser la meta inexcusable para todas las vidas. Solamente puedo lamentar por Eva si no conoció el amor. Pues el amor es la euforia de la amistad correspondida multiplicada por un millón, y posee una emoción que no alcanza la amistad jamás. Pero su razón, trivializada por su falta de memoria me parece tan buena como cualquier otra si la hace feliz.

Después de todo una boda se ha convertido en un formalismo nada más. Un recodo del transcurso de este sendero.

sábado, 29 de septiembre de 2007

Encontrando el centro

Busco un centro de gravedad permanente.
Que no varíe lo que ahora pienso de las cosas de la gente.


Franco Battiato



Qué gusto ver a Franco Battiato en aquel vídeo de los tiempos en que los efectos especiales eran poner un separador de plástico amarillo en el ojo de la cámara. Y como se movía, con aquellos pelacos alborotados, de recién levantado, y haciendo con la pierna como que sube un escalón que no hay, porque no está subiendo escalones, está bailando, y bailar al fin es hacer movimientos que no son naturales, pues si fueran normales uno estaría haciendo cualquier otra cosa cotidiana, no bailar. El baile es pura simulación. Michael Jackson, sobre el que volveré algún día, contaba en una entrevista que él no era consciente de sus movimientos mientras bailaba, ocurría simplemente que era esclavo del ritmo.

Sin embargo los movimientos de Battiato, con la fluidez del que salta charcos, tuvieron que ser inspiración del personaje que fue Chiquito de la calzada, alguien que según va a dar un paso ya se está arrepintiendo. La diferencia es que Franco Battiato lo hace con seriedad. Como camino del crepúsculo. Pero la verdad es que se pone ante la cámara para rodar sin saber que esperan exactamente de él. Así que para matar el tiempo y por ver si se conforman, hace como que está subiendo la torre Pisa, pero no se mueve del sitio, está en el centro de un decorado vacío y doblado por los hombros que quieren tocarse bajo su barbilla. Mira a un lado y al otro mientras suena su canción aunque no pasen coches.

Pero es que Franco Battiato fue siempre fiel a si mismo, y pese a su baile que es tan entrañable que a uno le dan ganas de lanzarse de nuevo a la piscina de los 80, era el baile de alguien al que bailar debería avergonzarle algo, pero a él no le avergonzaba. Porque él era así, capaz de componer esas canciones eternas mientras bailaba torpemente su juventud desmelenada. Y en esa precariedad tecnológica, en esas canciones que han retenido parte de nuestras vidas, uno se sumerge como en algo amable. Por si estuviera ahí ese centro de gravedad permanente y nos pasó inadvertido.


Parece este hombre un hombre muy particular. He estado escuchando alguna de las canciones de su nuevo LP, bajado directamente por obra y gracia de una mula sin antifaz y me he dado cuenta al menos de un par detalles.

He tardado en tener el CD nuevo 22 minutos, me habría costado más tiempo cambiarme para buscar un sitio donde comprarlo, de haber querido hacerlo. Internet es una ventana a ratos, y a ratos una barra libre. Claro que por ahí anda la SGAE recargando de canones todo lo que se pueda y Ramoncín que ya no mea sobre nadie desde un escenario porque no queda nadie que quiera oírle ni cantando ni en su nuevo rol de experto contertulio. Por otro lado no creo que nadie fuera a permitírselo a estas alturas, que sospecho que son muchos los que le tienen ganas. Y una provocación como esa podría costarle a buen seguro que unos cuantos le dejaran la crisma hecha cisco. Y siendo como es no tendría que sentirse a salvo ni siquiera en el hospital, después de todo los médicos son personas antes que médicos, con las mismas legítimas apetencias de darle con el martillo de los reflejos en la nuez. Por ver si así calla.

Pero dejemos eso para centrarnos en el nuevo álbum del que he oído tres canciones, a estas horas. La primera es rompedora, como fue rompedor siempre Franco Battiato. Pues si algo no se le puede negar es que fue de aquellos dispuestos a arriesgar. Y en la primera innova hasta límites insospechados. Supongo que yo empezaré a considerarla música cuando se me acostumbre el oído.

Sin embargo otra suena a antigua, y no sería raro que la haya repescado de un cajón. Para completar las nueve, que no son muchas.

Su propia web es tan sencilla que parece del siglo pasado.


Franco Battiato ha sabido siempre lo que tenía que hacer y cómo quería hacerlo. Es evidente que supo encontrar su centro de gravedad permanente. Está claro que no tuvo que cambiar lo que piensa de las cosas de la gente, ni de sus propias cosas. Y probablemente encontró también su estación de los amores, donde los deseos no envejecen, a pesar de la edad.

En el fondo él no cree que haya malgastado su tiempo, lo gastó en aquello que quiso, ni más ni menos, aunque sea verdad universal e irrebatible que no regresará más. El tiempo pasado ya no.

Yo sí.

viernes, 28 de septiembre de 2007

A la gresca

Juntos buscarán la puerta.

Casandra - Ismael Serrano



Ahí siguen Hamilton y Alonso a la gresca. Hay que ver que dos ricos tan mal avenidos. Vamos que si Alonso echó fuera de la pista a Hamilton en Spa al grito de "...te a tomar por culo" con el micro cerrado para que Ron Dennis no se ponga de parte de su ahijado, el otro está loco por ponerle cuchillos sobresaliendo a las ruedas McClaren para hacer la de Ben Hur, o lograr que los ingenieros propios le permitan acceder al bólido con un látigo disimulado como un accesorio aerodinámico para poder darle con él en plena carrera. En el casco para arañarlo o en las manoplas de cocina con que conducen por si consigue que coja la curva en la dirección contraria, destino neumáticos, o más audazmente para destruirle el alerón que los mantiene pegados al suelo y ver como el bicampeón mundial despega contra un anuncio de ING direct de esos que pueblan los aledaños de la pista.

Y es que el británico de la sonrisa Profidén y nuestro Alonso de cara tan característica que los muñecos se le parecen sin mucho esfuerzo, se llevan a matar. Vamos que yo estoy casi convencido que un día se nos lían a tortazos al salir de los bugas. Y el moreno parece más ágil, claro que un cabezazo a traición de Alonso, aunque algo así se ve venir, con ese cuello toro, tiene que ser bastante como para derribar un dominó, tamaño natural, de empleados hóstiles de Mercedes-McClaren.

A Pedro no, Pedro es amigo. Penélope lo sabe.


También puede ocurrir que dejen la pelea para el cajón de los tres primeros. Pueden intentar ahogarse en Champagne o en sucedáneo de Champagne, que no sé si les permiten probar el alcohol. En este caso el mejor clasificado tendrá ventaja pues podrá enfocar la traquea del rival haciendo uso del beneficio estratégico que significa estar más arriba.

Con lo bonito que sería verlos abrazados festejando el triunfo del otro. Echándose piropos en las ruedas de prensa como dos cantantes con disco juntos. Saliendo de marcha accesibles y juveniles. Para compartir unos zumos y unas risas. Con un único punto de fricción, el deseo íntimo y secreto del propio Louis Hamilton, el mundial para ti querido, pero descuida que le caigo encima a la Raquel del Rosario. ¿Cómo podría preferirte a ti?

Te odio.

jueves, 27 de septiembre de 2007

A medio camino

Y si no fuera por ti,
yo no podría vivir.


Volverte a ver - Juanes



Estoy bastante recuperado. Todavía no del todo bien, pero en camino. El Ilvico está haciendo su labor estupendamente, aunque lo hace imperceptiblemente. Creo que está reforzando mis defensas frente al virus, que es algo así como hacer castillos de arena en la orilla para que llegue la ola. Aclaro que he conocido por una opinión autorizada sobre el tema que lo que yo tomaba tan orgullosamente, el Espidifen, no me provocaba ningún beneficio salvo los asociados a sentirme al amparo de la medicina y no tan dejado de la mano de dios. Después de todo con las comidas que hago es casi seguro que mi organismo no se bastaría por si solo para poner fuera de combate un constipado tan residente. Así que si mentalmente el Espidifen me hizo sentirme fuerte, aunque no hiciera nada más, hemos de considerar que hizo de sobra su trabajo.

Lo peor de todo es que yo las semanas previas a unas vacaciones suelo acostumbrar a darle algo de ejercicio a este cuerpo anquilosado, que tiene forma de silla. Y puedo jurar, aunque a quien sepa que no agoto un bono de baños desde hace años le parezca mentira que estaba absolutamente resuelto a nadar estas semanas para ponerme en forma. Pero claro, llegó la enfermedad y no me he visto capaz. No por falta de ánimo, sino por debilidad del cuerpo. Creo que sería como llamar a gritos a la fiebre, y es lo único que me falta.

Lo malo es que no sé en que momento exacto me podré dar por curado y por tanto cuando sabré si estoy a tiempo de lanzarme a la piscina como un Ian Thorpe con reúma. Supongo que esas cosas te las desvela el Ilvico mágicamente y vienen a coincidir con el momento en que tomas la última pastilla de la caja y no quedan más.


Hoy he jugado a la lotería Primitiva y al Eurobote que reparte una fortunaza. Estaba uno de estos días de enfermedad tumbado en el sillón mirando lo muy delgadas que tengo las piernas, lo muy dobladas, y me dije que sin duda están faltas de algún ejercicio distinto a moverlas sin demasiada fluidez bajo el agua. Las levanté por encima de mi cabeza e hice levemente el ejercicio imaginario de andar en bici, sin bici. Entonces pensé que si me toca una millonada, porque esas cosas tocan, y no es siempre al mismo, me iba a apuntar a un gimnasio e iba a pagar a un fulano de los que levantan 200 kilos con los gemelos para que hiciera bici con el peso muerto, bueno muerto no, liviano de mis piernas al otro lado. Es decir que sus piernas hicieran el ejercicio de mover mis pedales al estilo de un tándem pero sin formar un tándem. Ya sé que suena muy raro, pero estoy seguro que mis billetes morados iban a lograr azuzar el ingenio de alguno de esos aficionados a las hormonas del crecimiento a lo ancho, más aún que intentar sortear un control antidoping.

Digo yo que si mis piernas se movieran de aquel modo, con la fuerza del otro, se desarrollarían aunque no demasiado. Creo que quizá tendría que ser yo mismo el que recurriera a las sustancias estimulantes. Lo malo es que nunca me gustó ejercitar las piernas. Creo que hice la vida sin prestarles demasiada atención, sin pedirles tampoco que hicieran más lo que hacen, llevarme más o menos en hora a donde quiero ir.

Igual venden algún aparato de esos que dan pequeñas descargas en los abdominales pero para las piernas. Un día de estos me tengo que quedar hasta la madrugada viendo la tele para ver si lo hay en la teletienda. Saben anunciarlos muy bien porque te muestran a alguien que no lo necesita pero que lo usa, con más razón tú. Aparece un tipo cachas o una moza que puede contarte sus músculos y a la que los pechos no se le mueven ni saltando, mientras una voz de estudio te detalla lo bien que funciona y lo bien definidos y bronceados que los dejó a ellos. Que intervienen de vez en cuando con la sonrisa perfectamente musculada y solazados de mostrarse en bañador a todas horas. Ocurre sin embargo que uno tiene la impresión de que al acabar de rodar esa gente se va a meter en el gimnasio por lo que se haya podido perder mientras grababan.


O quizá para saber si existen bastará con que sintonice los de una echadora de cartas a cualquier hora. Podría llamar y preguntar si lo hay, y de paso si me tocará la lotería.

Siendo que no quizá me diga donde está el fallo. O a que números tengo que jugar.

martes, 25 de septiembre de 2007

De récord

La casa cansada,
la manta en el sofá.

Eres - Ismael Serrano



Hoy estoy dispuesto a batir mi propio récord. Pero si hoy me voy a acostar tan temprano que mañana voy a tener la espalda como una tabla de planchar es porque estoy un poco enfermo. Nada grave, de las cosas que yo tengo no murió nadie. Simplemente tengo una congestión tan grande que los vecinos ya tocaron al tabique para que rebaje el tono de mi respiración. Eso y la impresión de tener el entrecejo fruncido sin tenerlo en absoluto, con el leve espacio entre mis cejas lo mismo que si fuera la diana donde Guillermo Tell ejecutaba el más difícil todavía, atravesar una saeta con otra. Me posee la poderosa impresión de tener una pinza sujetando los lagrimales uno contra otro en el interior de la cabeza.

Hoy fue pese a los achaques de la enfermedad, que se recrea conmigo especialmente por saber que no tengo apenas a que recurrir, un día bastante bueno. Me tomé un Espidifen esta mañana que creo que es mano de santo para las resacas. Claro que yo lo tomo porque mi estado se asemeja al de una resaca de esas que de puro hóstil deja a uno derrumbado bajo la bandera de la calavera y los fémures. Claro que no hay calavera, es mi propia cara.

Por eso y porque mi botiquín no es precisamente y gracias a mi salud de hierro el de la clínica donde nacen las infantas de las sucesiones, para cuando vengan. Vamos que cuento con el Espidifen y el Ibuprofeno, del que perdí el prospecto pese a conservar la caja casi intacta, aunque sospecho que ambas cosas son la misma pero con distinto nombre. El mismo perro con distintos collares para que la industria farmacéutica siga viento en popa encontrando enfermedades para nuevos y variados remedios que tragar, disolver y demás formas de auto medicarse que no vienen a cuento pese a estar en la mente de todos. Vamos que mi botiquín me sería propicio si llevara la vida ajetreada que no llevo y anduviera de parranda casi todas las noches de todos los días.

Por eso soy más partidario de darle al cuerpo la alegría del Espidifen. No creo que sus variados componentes químicos me vayan a ser adversos. Al contrario, me confío del todo si con ello dejo de llorar por la nariz, que es una forma de llorar que despierta poca ternura y que conviene distraer guardando en la manga una servilleta de papel. Prefiero dejar el Ibuprofeno para cuando acabe estos de los que tengo alguna información, aunque ésta sea tan confusa como suele ser la jerga de los médicos. Que parecen invencibles con sus batas blancas y enferman igual que todos.

A estas horas, tras un día bastante intenso, del que regresé hace un rato apenas, empiezo a sentir que la vaga enfermedad que me habita está rebelándose por el poco caso que le he hecho.

Ella esperaba a buen seguro que me tumbara en la cama y recibiera todos los mimos que conllevan las enfermedades, ya se sabe. Sopita caliente y un beso en la frente en una habitación con las persianas echadas. Pero la enfermedad ha de conformarse con mi indiferencia, que no es una pose valiente en absoluto, es simplemente lo que hay. Cargar con mi tardanza hasta que llegue a la cama. Me cojo resfriados tan tremendos muy rara vez. Soy bastante resistente a las enfermedades del cuerpo. Será por algo. Si no le gusta que no hubiera venido que yo no la necesitaba para nada. Y aún queda lo mejor, veremos como reacciona a los polvos; para mí que esta noche sale disparada como cuentan que sale el alma de los cuerpos. Flotando hasta el techo para hacerse a la idea.

Luego se baja a la calle y enferma a cualquier otro


(que no tenga Espidifen).

lunes, 24 de septiembre de 2007

Deshojando el calendario

Como si llegara a buen puerto mis ansías
como si hubiera donde hacerse fuerte,

como si hubiera por fin destino para mis pasos,

como si encontrara mi verdad primera.


Como un dolor de muelas - Joaquín Sabina



Se le están cayendo las hojas al calendario y conste que no tiro de ellas. Simplemente veo pasar los días.

Pero ahora lo hace a mi favor. Porque he de entenderlo así si en su transcurso incontenible me acercan a una fecha esperada. De manera que cada día más es un día menos. Lo lejano está cada vez más cerca. Ayer estuve en la playa y me quedé mirando la estela de un avión en el cielo libre y despejado. En unos días yo dejaré una parecida cruzando este país atónito por verme hacer tantísimos kilómetros en una hora.

Y en verdad puedo decir que ya no tengo prisas de ninguna clase.


Lo malo de marcar en rojo un día determinado es que el tiempo se vuelve anhelante. Y uno deja de vivir para sobrevivir a los días. Aunque no hay en esa supervivencia nada heroico. Es una supervivencia de trazo grueso, monótona como una pared recién pintada.

Y conste que las esperanzas puestas en estas vacaciones que llevan esperando una oportunidad durante 6 meses son bien humildes. Que se han de dar conformar con una cenita en una pizzería de estreno a mi llegada, unos cuantos cines y unas pocas compras en la vuelta breve que es a la vida que un día tuve. Sin embargo no espero gran cosa, mis expectativas se basan en encontrar lo que sé cierto que está, que aún existe.

Sé sin embargo que a buen seguro me voy a hartar de pasar ratos aburridos. Y hay en esta seguridad mucho de resignación. Y por tanto aparece con un manto lúgubre porque arranca en una creencia que se hace certeza irremediable. Como es triste aceptar que ya empezamos a acortar los días y no podamos cambiarlo. En mi caso nace porque no se dio el viaje a Estambul que esperaba, ni visitaré las tierras lejanas y extrañas de Egipto. Que habrían sido menos lejanas y definitivamente menos extrañas de haberlas podido pisar. Me quedan en el cajón de las cosas pendientes. Ese que se revisa de tanto en tanto para comprobar que quedan algunas cosas por hacer entre otras que no se harán nunca.

Queda en mi recuerdo el viaje que hice hace ya más de un año a Florencia. Y apenas supusieron tres días pero fue un tiempo tan distinto que ni siquiera hoy me da la impresión de que pudiera haberse medido con un reloj convencional. Entonces me dije que la vida disfruta de momentos trascendentes para cobrar su auténtica dimensión. Y que no es más que un puñado de recuerdos, mal definidos o equivocados pero escogidos libremente por nosotros.


Tengo un puñado de días de vacaciones asomando por entre el común de los días. Cada día que pasa alzan más y más la voz. Me dicen que están llegando. Y yo les digo que no alboroten tanto, que tal como llegan habrán de pasar.

Pero les doy la razón al fin. Queda vivirlos.