sábado, 31 de diciembre de 2005
Un 31 para acabar
Gracias por visitarme Amparete.
Feliz 2006.
domingo, 25 de diciembre de 2005
Se va el año
Gunnar Ekelof
Es curioso lo rápido que pasa el tiempo contemplado a años vista y lo lento que se hicieron y se harán algunos días. Este año que termina fue el escogido para volver a contar lo que vivo y digo, este siglo XXI que tanto miedo daba a los ordenadores de todo el mundo, temerosos de que el año 2000 los hiciera volver a 1900 en una involución sin más revoluciones que la de ver correr la sangre.
El 2005 ha sido un año de guerra y de muerte entre otras muchas cosas. Y nos afecta tan poco como a las manadas o rebaños la muerte de los semejantes que sobreviven en la periferia, aquellos que por no estar rodeados y protegidos como un núcleo, ofrecen sus cuerpos para el arañazo asesino de los depredadores.
Se nos va el año y apenas sí viví el espíritu navideño. Me lo arrebataron para reflejarlo en los cuentos y colgarlo de los escaparates. Como si el fin de año no fuera sino una noche más entre tantos días. Tan inconsciente soy pues en realidad mis 31 de diciembre están como todos los días, contados. Puedo saber con certeza cuántos viví hasta hoy pero no cuantos quedan en el horizonte del porvenir.
Brindaré por que sean muchos y felices. Y en mi felicidad tienen tanto que ver mis amigos y familiares que les ruego que se queden contentos y risueños bien cerca. Me va la alegría en ello. Dispuestos a escuchar mis desatinos, alguno colgaré de esta página y otros los contaré a los oídos para que pueda olvidarlos antes, que las palabras arrojadas al aire se las lleva el viento.
Feliz año 2006, que sea mejor que el sueño que esperamos.
sábado, 24 de diciembre de 2005
Valentías
En realidad no hay un ápice de valentía en la decisión de lanzarme a la conquista de mis objetivos personales en Asturias, que es además una tierra de gente noble y paisajes de belleza incomparable.
No puede existir valentía en aquel que sigue un camino cuando este es solamente un pasillo. ¿Qué es un pasillo sino una trámite temporal entre dos espacios? Los pasillos no son sino meros conductos entre destinos. Detenerse en él no llevará a ninguna parte, las metas del que cruza un corredor son el resto de las estancias, aquello que persigue cuando se pone en camino.
La verdad de las cosas es que yo no he tenido más opciones, me muevo porque es manía de los vivos y avanzo porque conozco bien que detenerse es solamente una forma de perder el tiempo. No he sido valiente pues he seguido hacia adelante el único camino ante mis ojos. Confiado a que no habré de equivocarme, resuelto a solucionar los problemas que se me irán planteando.
Y en ese quehacer exento de heroicidades me he sentido tremendamente afortunado y en algunos minutos solo. Pero he descubierto que soy capaz de ilusionarme aunque algunas de mis ilusiones marchitaran con el tiempo y las personas. Y digo que sin embargo en estos días me sentí arropado. Y sentí la cercanía de algunos esforzados en facilitar las cosas. Ya nada parece tan difícil.
Aposté por ese futuro y los indicios no han podido ser mejores. Ya tengo un destino para mis pasos. Llanes que debe ser el paraíso que perdió Adán y Eva (ni ellos ni yo lo merecemos). Las playas más bonitas del Cantábrico de frente y los bosques de los Picos de Europa a la espalda. Un paraje sin igual para demostrar lo poco o mucho que valgo y para ser feliz. Consumiré todas mis energías en ambas tareas.
¡Qué bueno haber apostado por este camino y poseer tan buenas sensaciones! Tras tanto rodeo del camino parece que se vislumbra luz...
martes, 20 de diciembre de 2005
Mundos nuevos
Alejo Carpentier
Las cosas me van bastante bien, sonrían por favor amigos míos. Me tienen ahora un poquito más lejos, pero estoy a una llamada telefónica de distancia, con la mayor predisposición a contestar todos los correos que me quieran enviar nada más tenga conocimiento de su existencia. Estoy dispuesto incluso a recluirme en un chat con alguno de ustedes para explicar tantas novedades como estoy viviendo y poder oir además las suyas.
No diré que todo es perfecto porque la perfección es solamente una idea, irrealizable por más detalle. De vez en cuando siento el aguijón de la tristeza que es un dolor de corazón. Pero ocurre pocas veces, las más me muevo ilusionado, consciente de mi suerte. Tantos proyectos en la cartera que solamente pido más salud para ustedes y para mí. Sentirles cerca y esa pequeña dosis de suerte para facilitar las cosas. Que trabajo pondré hasta llegar al justo límite de caer rendido.
Y puestos a pedir, si es que pedir puedo, menos muerte, menos dolor, menos guerra.
Seguiremos en contacto.
miércoles, 7 de diciembre de 2005
La vida que queda
Hace algunos meses me contaba mi padre una conversación que tuvo con un ex-compañero de trabajo más mayor que él. Ambos están jubilados y hablaban de volver al País Vasco. Aquel amigo de mi padre por ser nacido allí y por tanto tiempo vivido en esas tierras no podía desear nada con más intensidad. Sin embargo, en el discurrir de la conversación llegó a la conclusión que con su edad, sus achaques y con los de su esposa no podrían volver. Que ya nunca más regresaría donde fue feliz (aunque aquí también lo hubiera sido). A mí aquello me pareció alguna de las cosas más tristes que oí nunca. Porque he creído siempre que a aquellas conclusiones sin remedio se llega en el silencio de unos pasos cautelosos. Que alcanzar esa resolución queda para el abrazo de la almohada. Que nadie reconocerá renuncias a viva voz. Que a todos nos ha de quedar la posibilidad remota de lograr lo que se quiere. Que exponer públicamente la imposibilidad es aniquilar la esperanza, y la esperanza es la liana que nos mantiene. Si alguien abre la boca para exponer que ya no será posible, y si a ese alguien lo conozco, moveré cielo y tierra por cambiar su opinión. Le mostraré un camino nuevo que estaba aunque oculto. Porque cuando uno empieza a andar está más cerca la meta. Cada paso un poco más cerca. Tras la cuesta vendrá el dulce descenso, el aire fresco de frente.
En apenas dos días inauguro la vida que me queda. Y lo hago con una mezcla de sentimientos. Expectante ante lo que me voy a encontrar y con la mochila de mi vida llena. El pasado no existe, vivimos en el presente y cada recuerdo está vivo al ser recordado y forma parte de ese presente. Por eso el hombre es un ser tan complejo, porque guarda dentro un archivador de compartimentos infinitos. Y en los momentos de soledad echa mano de lo necesario, en el trance de una evocación tan real como la vida.
Salgo el día 9 hacia Asturias con la esperanza intacta para un renacimiento. Para inaugurar la vida que me queda, dispuesto a tocar la felicidad con mis propias manos como hice tantas veces. Durante algún tiempo permaneceré mudo de letras para este espacio, un tiempo indispensable para fijar mi sitio, para hallar los medios de volver a contar.
A todos, amigos, visitantes, un millón de abrazos.
jueves, 1 de diciembre de 2005
Sillones
Me senté en uno de ellos y quizá perdí la conciencia durante 15 minutos (puede que más). En verdad decir que perdí la conciencia es exagerar, pues fui muy consciente de que cada botón de aquel mando mágico me llevaba a cotas aún más altas de relajación y placer. Por no hablar de aquellos momentos en que se le daba al sillón la instrucción de trabajar a la máxima potencia. Entonces yo mismo me convertía en un espantajo arrebatado a temblores bien evidentes incluso desde lejos.
Aquel sillón de bendito respaldo tenía tras sus costuras manos para amasar la espalda como hace el alfarero con vasijas de barro. Desde la nuca hasta los riñones. Le podías ordenar que subiera por la espalda o que se entretuviera más abajo. Es obvio que al respaldo se le podía dar además la inclinación que se deseara de manera que los tobillos quedaran a la altura del cuello. Además existían diversos programas y uno en particular que los mezclaba todos... hasta las pantorrillas podían estremecerse del temblor.
Cuando me levanté era un hombre nuevo. Perfectamente engrasado, capaz con toda seguridad de batir alguna plusmarca deportiva. Se podría decir que hasta dopado. Yo diría que al levantarme parecía más alto.
Lástima que no tenga ese sillón, ni un jacuzzi que completaría el tratamiento. Pero tengo otras cosas.
lunes, 28 de noviembre de 2005
F(r)icción II
- Pues que querías, estás vivo. Lo que ves es lo que hay. Espabila que todo cambia demasiado rápido.
- Nadie me dijo que no hay más que un único resultado.
- No, no lo hicieron, pero el trayecto hasta hoy es terreno conocido. Lo aprendiste con cada paso.
- Pero fueron nada más huellas en la arena, las borrará el viento; la onda circular de un canto arrojado a un estanque. Condenada a desaparecer.
- Como todo, abre los ojos. Te has ido construyendo hasta hoy mismo. La cuestión es que en el acierto o en el error no podrás parar quieto. Las dificultades son el escalón que te sostendrá entretanto las vences. Y vendrán otras...
lunes, 21 de noviembre de 2005
Partir es salir
abrazos.
miércoles, 16 de noviembre de 2005
Detectores
Lo primero que recoge el folleto al respecto es que antes no estaba regulado. Y que ahora queda regulado con una prohibición. Transcribo textualmente:
"Prohibida la instalación en los vehículos de mecanismos, sistemas o cualquier instrumento encaminado a eludir la vigilancia de los agentes de tráfico (detección de radares). También hacer señales con dicha finalidad".
Sobre esto podría escribir largo y tendido. Yo empiezo por preguntarme, ¿quién tiene instalado un artilugio de estos elude la vigilancia de los agentes de tráfico? A mí me parece que no, precisamente al contrario lo que hace es detectar la vigilancia de los agentes. La detecta pero no la elude, la vigilancia se hace efectiva unos metros después, solamente ocurre que en este caso el conductor cumplirá a rajatabla con las señales de la vía. ¿Qué se persigue con esta norma? Que el conductor modere su velocidad, hecho que ocurrirá, como digo, con toda seguridad si este va tan equipado, o simplemente multar. En mi opinión debían llenar las carreteras de detectores y permitir que los conductores pudieran llevar los más sofisticados detectores. El aparatejo estaría constantemente dando pitidos o como quiera que alarme. Luces rojas parpadeantes, una campana naranja e intermitente de luz de ambulancia en el salpicadero... el conductor al final lo apagaría molesto al igual que resolvería con una ventana mal cerrada.
En cualquier caso, quiero aclarar al respecto que yo no tengo un dispositivo de esos, desgraciadamente ni siquiera tengo coche. Y soy un firme partidario de cumplir las normas de tráfico, que son y están por algo. Sin necesidad de una espada de Damócles sobre el bolsillo. Si respetar esas normas nos hará conducir más seguros, si salvará vidas. Tendrá que ser razón suficiente.
Aún querría apuntar un último detalle. En relación a la última parte de la norma. También está prohibido señalizar a otros conductores la presencia de la policía o de los radares...
Quieren acabar con esa fraternidad que no se paga con dinero, esa solidaridad entre los extraños que se sienten de pronto hermanados, tan lejos el ánimo de las discusiones de tráfico, cuando algún otro te envía una ráfaga de luz que advierte:
-Anda con ojo amigo, más adelante te esperan por si pueden hincarte el diente. Pero hoy no lo harán. Yo te he salvado, y otro día lo harás tú, y si no es conmigo lo harás con otro, y quizá en este mundo sin casualidades ese otro un día me salve a mí.
Y tú un poco más tarde, tras rebasar el coche, generalmente de la guardia civil, tras comprobar que los guardias están a la derecha, cruzados de brazos por ahora, darías la vuelta para volver a buscar al amigo que circuló en sentido opuesto para abrazarlo. Para decirle que cuente contigo para lo que sea. Que llegado el caso, podrías vivir con un solo riñón.
martes, 15 de noviembre de 2005
Sin acuerdo
- El PP cuando se equivoca, lo admite.
Ellas venían de frente de forma que no pude, ni quise en realidad oír más. Sonreí y seguí avanzando. Me di cuenta instantáneamente que será imposible que estemos de acuerdo en todo. Yo en ese instante y en todos, habría sostenido justo lo contrario. De hecho aquellas dos mujeres me sorprendieron porque no era fácil, a priori, que encontraran una sola cuestión en que yo pudiera quedar tan disconforme. Nada en su apariencia antes de oírlas hacia presagiar que yo pudiera, hallar un solo motivo de amistosa discusión con ellas. La una explicando a la otra, haciendo campaña, la otra quien sabe si asintiendo o a punto de protestar con exhibición de una rosa con espinas y sonrisa ZP.
La verdad es que ninguno de ellos, esa clase política tan falta de clase, no importa el árbol al que arrimen, reconocerá sus fallos. Ni los propios ni los de sus mandos. Ni los de un tono ni los de otro. Tras el rojo de unas siglas o tras la estrenada corbata naranja se esconde lo mismo. Para qué hacerlo si entre sus acólitos no existe un mínimo espíritu crítico, si la política logró lealtades incondicionales que para si quisiera el amante abandonado en las noches de más inquieta desconfianza.
domingo, 13 de noviembre de 2005
20 años sin Omaira
Por eso, porque en este espacio mi opinión es la que cuenta se ha hecho hasta hoy una sola excepción. Fue en el aniversario del atentado de un funesto 11 de marzo en Madrid. Haré hoy una nueva. Cuando se cumplen 20 años de la desaparición de una chiquita de 13 años que tenía planes. La incompetencia de este mundo nunca quedó tan patente como en las horas de esperanza de Omaira. A los que vivimos aquello desde el televisor se nos partió el alma. Nada fue igual a partir de entonces. Yo escribí un relato en homenaje, hoy le cambiaría tantas cosas, pero el nuevo nacería del mismo sitio, del dolor, de la impotencia y de la rabia.
No hubo una mano salvadora.
miércoles, 9 de noviembre de 2005
Hablar para hablar
Entonces el tiempo se detiene, los segundos se enzarzan unos con otros, se hacen la zancadilla y los minutos parecen un lapso demasiado largo. La vida entonces deja su frenesí de autopista sin límites de velocidad para dejarte a un lado, como al autoestopista que no rescató nadie. Como al mojón de carretera que nadie ve, que pudiera no estar. Fíjate; parece que todo se mueve excesivamente rápido, pero en realidad todo está detenido, tú eres quien se mueve.
Sin número que marcar hacia la voz, sin pasillos que recorrer, sin puntos de partida en el tiempo de descuento, ¿y ese hilo al que aferrarse?
En esos casos, cuando la comunicación se volvió imposible, cuando la tecnología no vendrá en tu ayuda, esta noche no, queda poco más que tener paciencia. Saber que habrá nuevas oportunidades, y que aunque uno quería hablar para hablar, podrá en cambio hablar por hablar porque es muy sencillo. Ni siquiera se necesitan dos personas, basta una sola y un espacio en blanco.
F(r)icción I
- De mi físico cambiaría esto, esto y esto. Y esto otro también. De mi carácter cambiaría eso que me ocurre cuando estoy rodeado de gente, eso que soy capaz de decir cuando pierdo los nervios, eso otro que tanto te molestó. Cambiaría muchas cosas, muchas, pero me gusto, puedo jurártelo. Soy todo eso y mucho más. Lo importante para mí es saber que piensas tú.
lunes, 7 de noviembre de 2005
Estación: Esperanza
Hoy sé y me invade un alborozo que quisiera contagioso, que mi vida continuará, esencialmente igual, seguiré siendo protagonista insustituible ;), en Asturias desde el próximo día 12 de diciembre. Algo antes en verdad, pues tendré que indagar pensiones y hostales que me tengan la maleta mientras acudo a la formación básica imprescindible. Y fuera de ese horario, me van a sobrar las horas...
Que mis amigos conozcan que la noticia recibida hoy me hace muy feliz, que sientan esta alegría desbordante del que da los pasos en la dirección correcta.
Decía el otro día el sacerdote en la boda de mi amigo que ambos acababan una vida para comenzar otra juntos. Yo no estoy de acuerdo, simplemente le dan continuidad, sus vidas siguen siendo las mismas aunque determinados detalles hayan cambiado. Cada paso de los dados te lleva justamente a donde estás. Somos nada más que unos chicos remontando un río de piedra en piedra. De vez en cuando nos detenemos para mirar lo recorrido, el sendero que dejamos atrás, el último escalón que no quedó oculto por el follaje. Pero la remontada no es un ascenso, ni se sube ni se baja en realidad, solamente se avanza. La siguiente estación espera ahí, a un saltito de distancia.
Me escribía hace unos días un amigo mío, muy sabio por lector contumaz, "que sea para bien". Esa es la clave de cada decisión que se toma. La llave que abre una boca para nuevas sonrisas.
viernes, 4 de noviembre de 2005
Se nos casa
Se nos casa Javi Martínez y yo no puedo dejar de pensar ¡qué mayores nos estamos haciendo!
Lo cierto es que supongo que Dios los crea y ellos se juntan, no son mis amigos lo más casamenteros que podrían ser. Aquí no se casaba nadie. Hasta que Javi le dijo a Ana que era lo más importante de su vida, que sin ella la vida no merece ser vivida. Con estas palabras u otras similares.
Escriben en la invitación:
"Nuestro destino estaba escrito,
no podíamos acabar
de otra forma... "
Es bello, aunque le niegue al hombre la libertad de escoger su propio destino. Aunque sustente que todo lo acontecido y aquello por acontecer responde a un guión previamente escrito, a una estrategia pre-diseñada que no hacemos sino representar en una fecha y hora preconcebidas. El hombre se encuentra predestinado, sin elección personal. Como un bote en medio del oleaje, como un actor sin respiro en su discurso.
Yo hubiera preferido un breve: "La ilusión nos mueve..." o aún más vivo, parece que palpita, di lo que sientes, dilo, dilo, dilo: "La ilusión nos conmueve..."
A Javi lo conozco desde hace, más o menos, 25 años. Es decir, desde que yo llevaba sandalias de goma con agujeritos, de esas que cubren todo el pie. Así que el traje de amigo mío le viene a medida. Porque yo soy de considerar amigo hasta al dependiente del supermercado que me dijo donde encontrar los lácteos. Lo otorgo indiscriminadamente, más aún que jueces y magistrados la presunción de inocencia. Hasta que me dan con la amistad en las narices. Por suerte no pasa a menudo. Y no me pasó nunca con Javi.
Es amigo excepcional, da su amistad sin fecha de caducidad, y Ana parece una chica estupenda. Este sábado les daré la enhorabuena y les intentaré convencer de que me lleven con ellos a Argentina en su viaje de novios. Por supuesto en habitaciones separadas, ella y yo en una, Javi portando las maletas en otra ;D ...
No aspiro a que Javi lea estas palabras que descuelgo por la ladera de este espacio. Sé que tiene tarifa plana, pero también que se acerca muy poquito a Internet. Quedarán aquí nada más como buenos deseos, cuando faltan apenas unas horas para el gran día. La verdad es que he ido a bodas que me importaban muy poco, que apenas me decían nada, bodas de compromiso en que apenas si traté a alguno de los contrayentes. Y esta en cambio me ilusiona, darle un buen abrazo a mi amigo por saber hacer tan bien las cosas.
Quizá en este caso ha existido algún tipo de confluencia de los astros, quizá fue el destino o darse cuenta de que jamás podrán estar mejor que mutuamente acompañados. Hechos el uno para el otro van a ser muy felices. Construyendo felicidad, día a día para llenar sus vidas.
jueves, 3 de noviembre de 2005
En respuesta
Comenta que todo eso de las pulseras le suena a despedida de soltero. Tiene razón. Pero estas cosas uno debe vivirlas por si mismo, no vale que le vengan con el cuento, no servirá de nada. A Salva se le echó de menos, necesitados como estábamos de un cara a cara, de sus chinas sin esconder la mano, como cuando compartíamos aula.
Habrá otras cenas, otras comidas y otras pulseras supongo. Espero verle entonces.
miércoles, 2 de noviembre de 2005
Días grises
Decididamente cerrado por derribo.
lunes, 31 de octubre de 2005
Leonor y los okupas
Entraron formando tropel en las casas deshabitadas invocando el borrador de la ley que permitiría expropiar los pisos deshabitados. Por descontado este proyecto no verá jamás la luz, quedará como tantas cosas en la nebulosa de los errores, de los "espera que lo pienso mejor". El caso es que al entrar en aquellos edificios y por lo manido pero cierto de que la unión hace la fuerza prefirieron estar unos junto a otros, de forma que han terminado por echar a los legítimos propietarios a la calle, no contentos con ocupar solamente lo aparentemente vacío. A algunos los despertaron con golpes en la puerta, y cuando fueron a abrir se vieron de repente en la calle sin poder coger siquiera abrigo. En mitad de la noche y arrancados de sus casas. Algún vecino, invencible como Astérix, cuenta que en las escaleras se acumulan heces. Que los cables pelados se acumulan en una sola resistencia con gran riesgo de incendio, que les pusieron candados a las puertas. Porque aquí no se trata de algún raro ideal de vivir con las puertas abiertas, todo para todos, sino de un simple cambio de propiedad, nuevos días para nuevos dueños.
Yo no quiero pensar que esto hubiera podido ocurrir en la clínica Ruber, que hubieran entrado blandiendo hojas de periódico que recogen en primera plana aquel borrador, hasta la mismísima habitación de la princesa parturienta. Imaginen por un momento que bochorno para las casas reales extranjeras esta noticia inconcebible. Madre e hija sacadas a rastras de la habitación de la clínica por esa masa okupa, enfervorizada y lectora.
Es muy probable que hasta en Estados Unidos dieran semejante notición en sus tendenciosas cadenas. El mundo entero se haría eco de estas cosas que, uno no sabe muy bien cómo, ocurren.
En Jun están esperando que alguien otorgue el mandamiento judicial que devuelva las viviendas a los que las habitaban, mientras tanto se refugian en las de sus familiares. Nadie pisa ya la calle por temor a perder la casa.
Sin embargo tengo el pálpito de que lo de la clínica Ruber no hubiera podido ocurrir. Supongo que algún GEO de los de los tejados habría hecho algo, alguien entre tantos que hubiera parado los pies con un "no puede pasar", con un "vuelva usted mañana".
domingo, 30 de octubre de 2005
Pulseras
Tras la cena acudimos a un pub, uno de tantos que tan poco frecuento, y allí me sorprendí al descubrir los nuevos ingenios para ligar. Cerca de la entrada había un puestecito con pulseras de colores luminosas y cantarinas. Tres colores, verde, azulona clara y naranja.
El juego era sencillo, todo aquel que quisiera podía ir hasta el puesto y pedir una pulsera del color que le fuera más a su situación particular. Cada color respondía a circunstancias distintas. Aquellos que escogieran la verde aclaraban, sin lugar a dudas, que estaban libres para iniciar cuánto menos una conversación con algún desconocido, y algunos llegado el caso, dispuestos a sujetar, pecho contra pecho alguno de los pilares que sostienen la paredes. Los que la escogían azul no debían tener clara esa misma disposición, era algo así como "sí pero no". Supongo que es la pulsera más apropiada para aquellos que tienen pareja pero no quieren cerrar todas las puertas por si entrara por la puerta Brad Pitt o Angelina Jolie, y les señalara con el dedo. Vamos, que no estoy libre pero llegado el caso, raro, raro, raro, se podría hacer una excepción. Un convénceme de que valdrá la pena. La última de las pulseras, la naranja, de luz más apagada era para aquellos que entran a jugar al juego de las pulseras para contar que están pedidos ya, que no quieren un hallazgo nuevo ni anhelan excitantes amistades de medianoche. Que sobrios y borrachos deben ver dos cuando les miren. Porque ellos son solo la parte visible, hoy en este pub, como la cara de la luna, que tiene un reverso sin luz, que no se ve pero está.
Vivimos tiempos de alta tecnología, la gente acude a los chats pues algunos se convirtieron en verdaderas centros de citas. Allí se apalabran quedadas preguntando simplemente por gente de la misma ciudad, y se queda en sitios conocidos, y si la noche lo demanda ambos internautas acabarán acostados e improvisando desde esa posición.
La gente ya no tiene tiempo para entrar como se entraba, aquellos que sin pistas se arriesgaban a un ¿estudias o trabajas?, un ¡a ti yo te conozco de algo!
Otros vivimos todas estas cosas de otra manera, con una elaboración compleja, el ánimo distraido y el anhelo de una nueva coincidencia. Ningún día era el apropiado, ninguno descaradamente definitivo, pero los pequeños avances se festejaban con alborozo, se subían dos peldaños en escaleras hasta el cielo y se meditaba largamente desde los zancos de una ilusión cotidiana.
Mi grupo de amigos terminó como un corro de pulseras centelleantes. Alguno llevaba dos verdes, estando casado, otra se ponía una naranja y una verde haciendo de esa mezcla algo verdaderamente estimulante. Llevar ambas era algo así como llevar una azul pero ingeniosamente. Alguna otra amiga se ponía las tres, un par de ellas engarzadas de collar, respondiendo cada una a un color. Otra una en cada mano...
Por eso es tan buena gente, porque con tanto, también tiene esas cosas. Salimos a tomar cafés y ahí seguían danzando las pulseritas, saltando felizmente los charcos por el casco antiguo de Valencia.
viernes, 28 de octubre de 2005
¡Nooorl!
Por eso no es raro que el que oye un no se vuelva también taciturno o quede alicaído, de repente la posibilidad que fuera se esfumó, se la llevó cogida de las mangas ese "no", como para cruzar hasta la acera de los imposibles. Por lo inhóspito del "no" los solemos adornar con palabrería, no queremos decir "no" porque sabemos que a veces duelen, sobretodo cuando nos los dan a nosotros. Los disfrazamos con trajes nuevos y demostramos nuestra mano izquierda, que es dar "no" y hacer que parezca tal vez, quizá o más tarde. Esa destreza, que no tiene todo el mundo pero a la que aspiramos todos, es demostración inequívoca de lo buenas personas que somos. Cuántos menos "no" digamos, cuánto mejor los adornemos, en mejor consideración nos tendrán.
Hallada la raíz de uno de los problemas de la comunicación humana, yo propongo una solución. Quizá no es la mejor, puede que no sea más que un remiendo temporal, pero peor sería encontrar el problema y no esforzar una solución. Allí donde debas o quieras decir "no" di simplemente "nooorl". Verás como el resultado cambia.
La persona que recibe un "nooorl" no se ha llevado una negativa solamente, se ha llevado una bromita, es la negativa más dulce que uno puede desear. En realidad casi merece la pena recibirla solamente porque ambos protagonistas sonreirán y pasarán a otra cosa sin dramas ni reproches.
Dos amigos están por su condición de amigos, dispuestos a perdonarse casi todo, pero imaginen dos amigos que se dan "noorl" en vez de "no", sin quererlo, sin saberlo, inopinadamente se habrán vuelto más amigos.
Imaginen un debate entre gobierno y oposición en el Congreso de los diputados. Uno de aquellos a cara de perro, con algarada en los bancos. Si de repente el orador alza el dedo índice hacia el techo y grita estentóreo: ¡Nooorl! Se hará el silencio, se habrá llegado a un cierto consenso, al menos en lo que respecta a la alta consideración que le tendrán todos al interviniente. Unos y otros lo descubrirán líder, por supuesto con todos sus defectos, con el derecho a equivocarse, pero espontáneo y hasta magnífico. Si este fuera de serie presidiera el gobierno no tardaría en cundir el desánimo en las filas de los opositores, se quedarían de pronto sin fecha de regreso. Convencidos de la necesidad de revisar su propio organigrama y hasta sus fines. Si el interfecto es el del primer partido de la oposición se le acabarán las palabras a los gobernantes, se sabrán perdidos, porque nada llega más a la ciudadanía que un "nooorl" en horario de máxima audiencia, con tantos noticiarios haciéndose eco cada 6 horas.
Si el criminal confiesa tres delitos distintos, y es acusado de un cuarto del que es inocente y dice a viva voz "¡nooorl! o se lo hace decir a su abogado, nadie dudará de que es cierto que no tuvo nada que ver en ese cuarto desaguisado, y recaerá sobre él todo el peso de la ley por lo cometido, como debe ser, pero el juez se retirará a su despacho pensando que en el fondo era un buen tipo.
Los "noorl" son la esperanza que nos queda, la razón que motivará sonrisas donde antes solamente quedaba resquemor y tristeza. Desearemos preguntar, pedir y rogar porque en el peor de los casos nos dirán que sí, y en el mejor un "¡noooorl!" super fragilístico y espialidoso, que es un pase de pecho y unas banderillas de mentira, de las que se pegan con velcro, de las que no duelen y hasta hacen mucha gracia.