miércoles, 13 de septiembre de 2006

Las prisas no son buenas

Sorprendí a mis padres a traición. Ellos paseaban por la playa y les abordé por detrás con un sonoro "Hola" que les hizo voltear las cabezas asombrados. Pensaban que llegaría el 15 y les sorprendí tras 4 meses sin vernos, una semana antes. Sus caras de sorpresa no tienen precio. Es verdad, no hay dinero que las pague. Salí un viernes por la noche y retorné en el avión de las 7 de la mañana en dos pasos, haciendo escala en Madrid. Tras algunas esperas a media tarde estaba de regreso en casa. Hay algo curioso, a estas alturas uno no sabe si cuando va regresa o regresa al volver. Supongo que ahora tengo dos casas.


Vuelvo hacia Valencia este viernes. De nuevo a cenar allí. Pero esta vez para más tiempo. Para pasar unas vacaciones que llevo ansiando toda la semana. Quiero unos días en el Perelló. Tumbarme en la arena a tomar el sol e ir al pueblo a tomar el café del mediodía. Acompañar a mis padres a comprar jamón serrano. A echar una quiniela, una primitiva... La vida allí no es más que unas cuantas cosas sin demasiada importancia. Tomar el sol en la "estrella" o en la piscina. Pero me muero por repetirlas una a una.

El martes vuelo a Florencia y sé desde ya que será un viaje único. Esto sí es un paréntesis. Vivir algo nuevo. ¡Qué ilusión tengo!

Nota mental: Comprar una tarjeta de memoria para la cámara de fotos. Bueno voy a apuntarlo en la agenda, no nos fíemos demasiado de mi memoria (sin tarjetas).

Leo que Edonkey ha caído en las redes legales de esas discograficas y demás. No quieren que intercambiemos música gratis. Las cosas gratis no les gustan. Por eso pagamos un canon en cada CD virgen, por derechos de autor. Aunque yo guarde en los cd's algunas fotos mías ¿les pido que me devuelvan el canon en este caso?

Nos lo quieren poner tan difícil que al final lograrán que tenga remordimientos por descargar de mucho en mucho. Que barra libre más desaprovechada.


Mi hermana Ichi quiere comprar un coche aunque le da miedo conducir. Pero cree que con coche nuevo los miedos se evaporan. Supongo que porque se extreman las precauciones cuando se corre el riesgo de arañar algo de estreno. No permitiremos ni siquiera una mota de polvo.

Yo necesito también un cochecito. Para moverme de aquí a allá que hay mucho por ver y me lo estoy perdiendo. Lo que pasa es que yo soy un comprador feroz. A mi no me embaucan tan fácil como a ella, que ya le está llamando esta mañana el comercial acerca del Hyundai Getz (micro-coche) para decirle que le regala el Blootooth y la niña ya le está casi dando el sí. No soy yo nadie llamando a los concesionarios. Diciendo a tirios y troyanos que unos me lo dejan en tanto y los otros en ¿cuánto?

13.300 euros pagó Sestea por su flamante Polo. Ni menciono que ahora tengo tarifa plana de teléfono fijo. Puede ser que no deje un concesionario sin llamar.

Acabé ayer noche "La fiesta del Chivo". Y hoy estoy algo triste. Acabar un buen libro es quedar un poco huérfano. Porque quiero volver a esa historia y la historia se ha acabado.

lunes, 11 de septiembre de 2006

F(r)icción V

"La maldita mano pendeja no le obedeció. No hacía falta, Antonio. Veía las estrellas brillantes de la noche que empezaba, veía la risueña cara de Tavito y se sentía joven otra vez."

La fiesta del Chivo - Mario Vargas Llosa


Último Septiembre


Leovigildo vigila la calle desde la silla de ruedas. Tiene 92 años, es enjuto y calvo, usa gafas y como observaría cualquiera al primer vistazo, está cojo. Perdió la pierna por encima de la rodilla hace muchos años, al menos 35, ha perdido la cuenta. Recuerda sin embargo que fue manipulando maquinaria pesada, colocando aquella pierna donde no debía, o no fue culpa de que su pierna estuviera en mal sitio, tal vez fue del amigo que pulsó el botón aquel en el momento más inoportuno. La verdad es que eso ya no le importa nada de nada.

Los niños pasean de la mano de sus madres por alrededor y se le quedan mirando a la pierna. En realidad al espacio que debiera ocupar la pierna que no está. Se le quedan mirando el pantalón que lleva doblado hacia arriba y sujeto con un imperdible. No sabe por qué le ponen un imperdible las enfermeras de la residencia. Piensa que podrían guardarle la pernera en el bolsillo, pero cree que lo dejan así porque no se doble demasiado el pantalón, porque así sin arrugas tiene mejor presencia. Bastante importará a estas alturas.

Cualquiera que lo viera diría que vive en una residencia pero no es del todo cierto. La verdad es que duerme y come en una residencia, pero vive en la calle. En la acera donde le ponen cada mañana, a la sombra los días de sol y en cualquier sitio los días con nubes. Allí le dejan a primera hora, luego lo recogen a la hora de comer y lo regresan al mismo sitio a primera hora de la tarde. Desde aquel lugar Leovigildo no ve más que coches de esta carretera, transitada a todas horas y personas que van de un sitio a otro y que no saludan, los más acostumbrados a verlo ya ni siquiera le miran la pierna que no tiene. De forma que su vida hoy es algo así como observar lo cotidiano, todo lo larga que es la calle y nunca más allá.

En realidad no se dedica solamente a observar aunque pudiera parecerlo, las más de las ocasiones, algunos días, se queda mirando fijo un punto de la calle pero tiene la vista perdida. Atenta a rememorar imagenes del pasado. Mirando hacia dentro en vez de hacia fuera. Como el que abriera los compartimentos secretos de la memoria para extraer unas cuantas fotos, entonces el recuerdo se hace tan vivo que pareciera acabado de vivir, como si fuera parte del pasado, sí, pero de un pasado reciente, como la fragancia aquella que quedó en el aire suspendida tras un paso fugaz.

Entonces le acompaña una forma de melancolía, y la melancolía se instala con él en la silla para no abandonarlo hasta coger la cama. Se lo llevan hacia dentro de la residencia, le hablan y ni siquiera escucha.


Todas las veces en que le sobreviene esa tristeza ha pensado en Gloria, su esposa que murió, lo sabe bien, un 12 de septiembre de hace 14 años. No es cierto que aquel día él muriera un poco, porque la vida que había tenido murió del todo. Arrancó a una nueva vida de la que nada o casi nada mereció la pena entonces, ni por supuesto la merece ahora.

Claro que tenía unos hijos que lo visitaban de cuando en cuando, por supuesto que sus nietos le abrazaban y le decían que le querían, pero en realidad aunque no lo fuera a reconocer nunca, nada de eso había consolado la soledad tremenda, el desconsuelo de hallarse de repente solo y sin esperanza. Aún alzaba la cabeza de cuando en cuando buscándola para comentarle alguna cosa. La gracia del niño, el vuelo de una paloma, preguntar por el nombre de aquel ¿cómo se llamaba? Vivía a dos manzanas del Parque Viejo.

Gloria es su pensamiento recurrente. El oasis al que vuelve. Como el que se asomara todos los días a un paisaje hermoso, porque es hermoso aunque no pueda tocarlo.


Sabía bien que lo mejor de su vida se había llamado Gloria. Eres lo mejor de mi vida. Se lo dijo a ella muchas veces porque esas cosas hay que decirlas. Y ella le sonreía y al devolverle esa sonrisa le estaba diciendo que él era lo mejor de la suya. Desde jóvenes le cogía la mano, se la quedaba mirando y le decía: No me abandones nunca. Ella lo miraba sin decir nada y con la mirada se lo estaba diciendo todo.

Alguna gente, la más afortunada conocía el amor. Algunos lo conocían a través de varias personas, otros a través de una sola, sabiendo en cada instante que nunca podrían sentir aquello, intensidad tan grande, por nadie más.

Leovigildo fue de estos últimos y se sintió feliz tantos años pensó que lo podría ser siempre. Aprendió que su amor por ella era invencible. Que no acabaría nunca, no desde luego desaparecida ella, pues a veces pensaba que ahora la quería aún más porque se le mostraba en toda su magnitud la falta que le hacía.

Sabía que el amor por ella no tendría fin. Que desaparecería tan solo con su propia muerte. Porque amar así era lo mismo que vivir. Amar era más grande aún. Su amor solamente se acabaría cuando él ya no pudiera sentir nada. Cuando ya no fuera nada.

Empieza septiembre. Los críos acuden a la escuela con sus mochilas llenas de libros y libretas. Los dían tienden a decrecer. Acaba el verano pero todo sigue más o menos igual. Leovigildo está en la acera, hoy sonríe más que otras veces. Se acordó de algo, sin duda.

domingo, 10 de septiembre de 2006

martes, 5 de septiembre de 2006

Enseñando a ganar

Juro que llevo días pensando en llegar hasta aquí para hablar un rato. Quería hablar sobre la selección de baloncesto y su colosal éxito. Quería hacerlo como a mi me gusta, esto es, criticando con saña a la selección de fútbol. Hablar de una poniendo a caldo la otra.

La verdad es que poner a los pies de los caballos a esa selección mediocre de notables del fútbol, al menos en cuanto a salarios se refiere, es bastante sencillo a poco que uno conserve en su memoria algún recuerdo del ridículo espantoso vivido, por algunos más que otros, en el último mundial.

Desde luego vivimos un país de locos. Estábamos en la víspera de la final del Mundial de baloncesto y aún le dedicaban más tiempo en el telediario a la información futbolística de esa selección de nulidades en conjunto, que a esos otros héroes sin partidos perdidos. Era más importante la intrahistoria de un sábado contra Lienstenstein que no sirve para nada que el anticipo de un día irrepetible contra el campeón de Europa.

Claro que la noticia tenía miga. El autocar de la selección incapaz no lograba salir marcha atrás del estadio. Aquello estaba colapsado. Ocurren tan pocas cosas en Badajoz que la gente sale de las trincheras para despedir la salida de los jugadores. Ellos obviamente no hacen ningún caso. Hacen como el novio de la peluquera esa, como se llame, que estaba casada con aquel ex-boxeador. Se enchufan el móvil a la oreja y simulan estar muy atentos a su interlocutor, que por lo demás es el único que hablar. Yo sospecho que al otro lado no hay nadie. Es una estratagema acorde a la educación que recibimos, si uno está atento a lo que alguien parlotea por teléfono tiene la coartada perfecta para no prestar atención a nada más. Después de todo si te diriges a alguien que no sea el que espera en línea le estás haciendo un feo a él, y como es lógico esa llamada siempre se inicia antes de contactar, siquiera visualmente, con la prensa. Uno camina con la mano en la oreja y con la mirada perdida, pero todo esto significa algo así como:

"Disculpa que no te atienda pero si lo hago dejo de atenderlo a él. Él llamó primero y espera que en algún momento, en un futuro, yo intervenga". "No soy yo el que no quiere atender, es la situación, la concurrencia de acciones, el maldito destino".

Lo curioso es que esa intervención nunca se produce. Simplemente pasean; el negrazo inmenso que se novió con la peluquera depresiva, los futbolistas de la super-selección de fútbol, con el oído fino a lo que alguien les explica, sin prisa ni necesidad de el más mínimo de retorno. El del otro lado habla y habla como contra una tapia.

Decía que la selección se las vio y se las deseó para poder abandonar el estadio. Sacar el autocar de culo es una mala idea. Sobre todo si hay un mundo de gente fuera esperando no se sabe bien qué. Por eso nada mejor que tener un seleccionador como el nuestro. El ínclito Aragonés, que baja del autocar y se dirige serio hasta donde los policías por ver si su aparición despeja la calle o al menos pone orden entre la marabunta. Se permite incluso chocar alguna mano con aire de pocos amigos, abúlico perdido, con ganas no se sabe bien si de echar un güisqui al cuerpo o una moneda a las tragaperras.

Y lo más curioso es que la medida termina resultando. A saber que acertadas palabras le dirigió al guardia. Probablemente sea el talento oculto de Aragonés. Le dio las claves para regular el tráfico, para lograr que la masa enardecida se hiciera atrás dejando el paso libre a los Raúles y compañía. Ya sabemos que si por fin resulta que como seleccionador no vale, quizá porque no ganemos más que amistosos durante los próximos 100 años, que estará si le dejan estar; entonces quizá Aragonés cambié el pito de dirigir desde la banda por el de dirigir desde la acera para que los coches no atropellen a los que cruzan amigablemente los pasos de peatones.

El pobre agente no sabía donde meterse. Claro te baja a ver el seleccionador del equipo con su camiseta roja de selección nacional y el hombre no sabía si cuadrarse, pies juntos y a la orden. Porque que te encuentres a Aragonés en ropa de faena (esto es de servicio) es casi lo mismo que te bajara a ver la bandera con mástil y todo. A poco que aquel hombre sintiera los colores de este país que es España se le tenían que estar poniendo unas ganas locas de besarle el pecho o entonar el himno. Como no iba a lograr entonces que saliera aquel autobús y su preciada carga. Sobran autopistas aunque solamente sea para llegar al aeropuerto.

Al final los países son nada más un grupo de gente que cree en las mismas cosas. Por eso era tan emocionante ver a Pepu Hernández retratado para siempre por una cámara de fotos. Los ojos lagrimosos, la copa arrullada como un bebé en sus brazos. Absolutamente emocionado por el recuerdo de su padre muerto. Con el alma rota por la tristeza de haber perdido irremediablemente horas antes de ganar lo más grande que podrá ganar nunca.

Y esos jugadores que eran una piña. Unos amigos conjurados para demostrarle a un país que podemos ser los mejores si jugamos juntos, sabiendo a qué jugamos.

viernes, 1 de septiembre de 2006

Concluyendo

Que lo imposible no te quite el sueño.

sábado, 26 de agosto de 2006

Sábado hueco

¿Usted no ha tenido un día de esos que se podrían arrojar al retrete sin echarlo de menos?

No lo haremos porque el total es lo que cuenta, pero hoy fue uno de esos.

El tiempo

Hablo a veces con la gente de sus cosas y de las mías. Incluso confrontamos opiniones en el breve encuentro diario. Lógicamente no bajamos al terreno de la política, que sería descender demasiado. Yo cuento mis pequeñas cosas, las que me ocurren y que no darían desde luego para una película de acción, aunque probablemente sí para una comedia, y ellos me hablan de las suyas, y del tiempo convencidos todos ya de que el verano acabó. Esparcimos nuestras opiniones de una forma amable como se vuelven de cara las tarjetas de un juego para ejercitar la memoria. Se trata de poner nuestras cartas boca arriba para demostrar que nos acordamos de algunas cosas.

Ocurrió que a veces no estamos de acuerdo en algo, entonces a mi se me pone un tono de padrazo que quiere reconvenir al hijo aún a sabiendas de que no habría forma de convencerlo. En realidad tampoco hace falta. Quizá así nos sonreímos aún más.


Sin embargo todavía no encontré a nadie que discutiera que el tiempo pasa muy rápido. Nadie entre toda la gente que piense que la vida transcurre lentamente. Puede ser que a los niños. Yo de niño no tenía esta sensación constante. A todos se nos va de las manos, como si persiguiéramos la maleta de nuestra vida por la ladera de una montaña, no la podremos alcanzar nunca, nada más logrará que corramos más rápido. Tras ella llevamos muchos años, casi 9 meses de 2006 que se han consumido como si nada.

El ayer existe, pero las semanas anteriores han desaparecido.

viernes, 25 de agosto de 2006

F(r)icción IV

Relato para Annlea a propósito del tema: "Tiempo para recordar".



No olvidemos lo importante

Anado



A Pancracio Vila le ha salido una nueva sombra y no consigue espantarla. Le persigue desde el mismo momento en que le cercó la policia en el baño de un primero C de una pensión barata. Le cogieron con el pantalón por los tobillos y no pudo alzarlos hasta llegar a la acristalada habitación de comisaría donde le quitaron las esposas. Al bajarlo a la calle se le oía decir: "Por amor de Dios, dejen que me suba el pantalón" sin obtener respuesta.


Apenas 4 días antes Rogelio de los Santos no era una sombra. Era un empleado de banca recién llegado. Estaba en su semana de estreno. Un nuevo destino en un pueblo perdido entre dos ciuidades del oeste americano. Una oficina tan pequeña que él debía bastarse para todo.

Cuando le franqueó el paso a Pancracio Vila no sabía que sería la última persona que vería en su vida. No podía saberlo. Pancracio vestía con unos vaqueros algo gastados y un jersey de punto, venía recién afeitado y traía entre las manos un periódico de hace varios días, aunque a él ese detalle le pasara inadvertido. Llegaba como un forastero más que parara a tomar un café en el camino hacia algún lado. Por eso se sorprendió cuando Pancracio le encañonó con una pistola exigiendo todo el dinero.

Rogelio siempre tuvo agallas para todo aunque nunca madera de héroe. No perdió la calma, metió la mano en el cajón y pulsó varias veces un pequeño mando de un solo botón para que en alguna parte alguien viniera a rescatarlo. Al tiempo decía: "Esto ya es tuyo, te lo voy a dar ya mismo, pero tú tranquilo, no hagas ninguna tontería".

La cuestión es que aquel artefacto no estaba sonando en parte alguna simplemente porque no tenía batería que lo alimentase. El anterior empleado, felizmente instalado puede que en Seattle, llevó la pila un mediodía por haber agotado la de su despertador. Y sin despertador era casi seguro que quedaría durmiendo.

De forma que Rogelio quizá impaciente levantó un poco más aquel chisme ineficaz por si fuera un problema de pulsar con más fuerza o tal vez de cobertura, con tan mala suerte que fue a verlo con aquello entre las manos un Pancracio que había entrado a cara descubierta por no advertir el día anterior aquella cámara en lo alto de un rincón. Apreciar ambas cosas al tiempo lo pusieron tan nervioso que sin decir una sola palabra más ya le estaba descerrajando un tiro que le entró al otro por la frente como por un cristal para quedar alojada en algún sitio del interior del cráneo. Es posible que la bala tuviera fuerza solamente para una sola perforación o tal vez Rogelio tenía el hueso en aquella zona tan reforzado que de provenir la bala directamente desde aquella dirección tal vez hubiera simplemente rebotado. La cosa es que visto de espaldas más que muerto violentamente nada más parecía ensimismado en su pantalón o echando un pestañeo de sobremesa.

El hecho cierto es que Rogelio cayó como un muñeco de la silla y hacia delante. Sin duda impulsado por el repentino apoyo de su espalda contra el respaldo al recibir la bala. A Pancracio mientras tanto le habían entrado todos los males. Miraba hacia la cámara como un enano mirando las estrellas, con la frente perlada. Con el ruido del disparo en los oídos, con aquel jersey de punto, con el periódico deslabazado sin armas que ocultar. "Actúa rápido, actúa rápido" se decía.

Saltó torpemente el mostrador con la soltura de un jinete primerizo, pasando una pierna por encima, quedando tumbado un segundo para rodar cayendo al otro lado como un costal de arena.

Al alzarse fue él quien metió mano en aquel cajón.

¡Ná más esto! - dijo al comprobar que en aquel lugar había exactamente 221 dolares. Demasiado poco para tanto desperdicio.

La cuestión primordial era no entretenerse. Agarró aquella minucia y esperando que aparecieran al instante poco menos que el ejército o aquellos otros tan bien entrenados de los cuerpos especiales, puso tierra de por medio saliendo a la carrera. Dejó la puerta del banco abierta pese a que dentro aún funcionaba el aire acondicionado. Y siguió corriendo hasta llegar al final de la calle. Hasta la pensión donde lo arrestarían 4 días más tarde. Sentado en la taza del váter con el jersey arremangado por los codos, observando las venas de sus brazos, sin un solo pensamiento.

No entró nadie más hasta 74 minutos después. Un forastero que se hizo con un fajo de una cajón inferior, un dinero que luego no le fue reclamado por tenerse como probado que fue sustraído por Pancracio en el atraco. Fue él, este visitante inesperado el que alzó el teléfono para decir friamente a las autoridades que había un buen pastel en aquel banco. Con aquel pelele desmadejado, como intentando subir de la silla a la mesa sin tomar impulso. Le dieron las gracias y llegaron hasta allí, apenas 2 minutos les llevó cubrir la distancia. Tenían el coche aparcado un poco más allá, estaban tomando un café y unos dulces a la par que diciendo galanterías a una moza que reía sin parar diciendo: "No digas eso, no puede ser cierto". Y entre los compañeros por lo bajini: "Mira que está buena la jodida". Ganas de tanto para nada.

Pancracio fue arrestado y llevado hasta el vehículo policial con las dificultades de tener cinturón dejando rastro sobre la tierra. Con los calzones de primavera y sorbiendo los mocos del resfríado que venía incubando. Él creía que allí, en aquella fonda, estaría seguro. Estaba seguro de que habrían cerrado las carreteras y no habría tenido tiempo de escapar hasta perderse en la ciudad, pero sin duda era eso lo que las autoridades esperarían, como creer que se quedaría a apenas un puñado de metros de la sucursal bancaria. Por una vez él actuaba más sagazmente que toda aquella gente tan bien preparada.

El problema para él es que aquella cinta grababa de veras. Quedó su rostro retratado como una foto de carné, con los ojos insulsos de un niño al otro lado de un escaparate. Y en la misma oficina se fijó un cartel con aquellos ojos que miran la cámara preguntándose aún como no se fijó antes en aquel artilugio que podía delatarle. Como pasar por delante el día anterior y no haber observado aquel detalle. Ese detalle le habría quitado las ganas. Nunca habría entrado.


Fue aquello un juicio rápido. Una noche de jueves quedó visto para sentencia. Se puede condenar y condena, dijo con aire grandilocuente el presidente del jurado, a Pancracio Vila a la pena capital. Por homicidio, robo y asesinato dijo esbozando una sonrisa. El juez tuvo que intervenir para corregirle los cargos, aunque dio por bueno el veredicto pues en el fondo era lo justo, y todo juez debe aspirar a impartir justicia. Pancracio Vila se le quedó mirando con la misma mirada que quedara fija en aquella cámara. Parecía que mirara con las manos en los bolsillos pero no, tenía las manos esposadas y cogidas por un grillete a la cintura.

4 años tardó en hacerse efectiva la condena. Estuvo recluido todo aquel tiempo en una prisión de aquel Estado. Fue un tiempo no vivido, como el tiempo de un ratón que corriera cada día en la rueda metálica de su jaula. La noche anterior a que lo llevaran a la camilla donde administrarle narcóticos y veneno la pasó llorando. Empapó las sábanas y la almohada. Hasta el punto que un carcelero le preguntó acerca de qué ocurría. No podía su vida haber sido tan buena como para que perderla doliera tanto. Y era verdad que no había sido buena en absoluto, en realidad Pancracio Vila murió en el preciso instante en que la bala se alojó dentro de Rogelio de los Santos. Ambos murieron al tiempo. Rogelio porque nunca más volvió a abrazar a sus hijos, lo tuvieron que bajar de la silla, se quedó nada más como una lápida sin visitas. A Pancracio se le murió la vida que había tenido. Una vida de necesidades insatisfechas, con muchas carencias pero a su modo, y por pequeñas cosas sin importancia, bella. Al menos para él.

Pancracio ya no quería ni un día más de vida en aquella prisión. No quería ese tiempo prestado de la muerte. No quería aquella rutina que no servía para nada. Cuánto había lamentado aquel sol de aquel día. Aquellos pensamientos persistentes del "seré capaz de hacerlo". Aquellos sueños vagos de como sería su vida si fuera rico. Cuánto lamentó haber matado a Rogelio porque aquella muerte se convirtió en una sombra sobre su vida. Una sombra de la que no iba a poder escapar nunca. Ya no quería la vida que tenía, que le había quedado, y sin embargo era incapaz de dejar de llorar. Con desesperación, con desesperanza, estridente rabia de lágrima de uña contra pizarra.

¿Por qué lloras? ¿Tan bueno es lo vivido? - inquiría el carcelero.

- No ha sido bueno en absoluto, pero quiero más tiempo, necesito más tiempo aunque solamente sea para recordar. Para recordar que hubo otro tiempo, que todo fue de otra manera. Que fui otro... - cesan las lágrimas, mira fijo con la mueca de la mandíbula arrasada y continua:

-... que existió un pasado.

lunes, 21 de agosto de 2006

El carro

Vengo de comprar el zumo de naranja que me bebo cada noche y a puntito ha estado de atropellarme un carrito de la compra. En este caso la culpa es toda mía que circulo por los pasillos del supermercado hasta el frigorífico de los zumos y gazpachos con la ligereza de un gamo o un ciervo (sin cornamenta).
He ido a salir a la calle transversal para meterme justo delante de un carro bien surtido empujado con cierta desgana por una señora. Yo he hecho el gesto con la mano que lo mismo sirve para decirle a alguien que baje la música como para hacer descender un helicóptero y la cosa no ha pasado a mayores. En esta ocasión hemos podido evitar el encontronazo que además me suele tener a mí como elemento más débil (y perjudicado).

Esta visto que mi sino esta semana es ser atropellado por todo artefacto con ruedas que circule por las proximidades. Me voy a comprar una gorra y le voy a añadir unos espejos retrovisores para caminar más alerta, está visto que mi testigo luminoso de peligro debe andar averiado, similar al sentido arácnido de Spiderman pero sin redes de trapecista para cuando caiga. O quizá es mejor hacerme con unas gafas de tela de esas que se pone cierta gente para dormir sin luces, o unas de esas que les ponen a los percherones que bailan con la más fea, un toro enrabietado por recibir más daño cuánto más empuja.

Soy como un torito bravo en medio de la plaza, no sé lo que me espera.

domingo, 20 de agosto de 2006

Atropellado

Alrededor de las 3 de la tarde me han atropellado. Yo cruzaba el paso de peatones bajo mi casa y un Peugeot grande me ha levantado del suelo, me ha llevado en el capó 2 o tres metros y al frenar me ha dejado caer al suelo.

Mis padres, con los que hablé por teléfono al llegar a casa, han insistido en que fuera al Centro de Salud y he ido. Apenas tengo un hematoma y dos erosiones en la pierna. El dolor de cabeza inicial ya pasó. Supongo que surgió fruto de la tensión del momento.

Dicen en Urgencias que igual más tarde me duele el cuerpo. Me han recetado Ibuprofeno por si acaso. Y la de la farmacia dice que debiera denunciar para que la gente que conduce sin mirar deje de hacerlo.

Obtuve el número de matrícula del coche aunque le dije al chaval que se marchara, que yo estaba bien. La verdad es que nunca me vi en nada igual. No sabía qué hacer. Tengo el número de teléfono de tres viandantes como yo que vieron como me sacó en volandas del paso de cebra.

Una de ellas, una señora mayor me decía que hoy he vuelto a nacer. Yo solamente sé que pudo ser mucho más grave pese a mi determinación de viajar a Florencia durante tres días de Septiembre.

sábado, 19 de agosto de 2006

Día, sueños y nubes

Vengo del Día. Me acabo de sacar la tarjeta para tener los productos más en precio. ;)

El caso es que según salgo por la puerta me doy cuenta de que la primera línea: Pizza Campestre está repetida y yo solamente he comprado una. Apenas he mirado más abajo en la nota, me he vuelto y le he dicho a la chiquilla que creía que el lector contó el producto dos veces (más que creer estaba seguro, rayando la certeza). Me lo ha confirmado y me ha abonado el precio de una. A continuación me ha dicho que debía quedarse con mi ticket y yo le he dicho que me parecía muy bien, aunque la verdad es que después no me ha parecido tan buena idea, pues vete tú a saber si más abajo no habría algun producto duplicado o triplicado, que esos lectores electrónicos por incomprensibles (entienden de códigos de barras indescifrables) parece que son más dados a la multiplicación que a dividir. En cualquier caso éste será un interrogante sin solución, pues no volveré a revisar nada y daré por buena mi sagacidad para encontrar el error, aunque sea solamente el primero de ellos.


Hablaba el otro día con Sestea y me contaba un sueño. Se imaginaba en una montaña muy alta y por alguna razón debía descender por un hueco entre las rocas. Una obertura en la piedra por la que debía arrojarse, teniendo el suelo firme a infinitos metros. Ella como es muy lista decía que así, lanzarse por el hueco sin paracaídas no le hacía demasiado, y alguno de sus acompañantes, me aseguró que yo no estaba entre ellos, ofreció para la caída unos arneses. Entonces ella dijo que sí, que así con aquello, sí. La cosa es que parece que fue otro el primero en intentar el descenso y por lo que sea, el viento o lo que fuera, esto no quedó claro, aquel se golpeó la cabeza contra la pared y quedó semi-inconsciente (yo suelo estar semi-consciente la mayor parte del tiempo, pero eso es harina de otro costal). La cosa es que cuando le hablaban desde lo alto aquel había mutado, quizá del mismo golpe. Ya no era el tipo que inició el descenso, ahora era y tenía la cara del portero de "Aquí no hay quien viva" y como estaba atontado del encontronazo hacía ese "ay, ay, ay" que le es tan característico y gracioso.

Conclusión, no soy el único que alguna vez ha soñado tonterías.


Parece que hoy sale el sol por fin tras unos días de nubes. Porque apenas llueve. Solamente se llena el cielo y el sol queda como tras una cortina de algodones. Tengo la certidumbre de que alguien en Madrid, alguien poderoso al mando del medio televisivo tiene un gran afán de desprestigio para todo el norte. Hace bien poco escuchaba el final del noticiario de la emisora de radio Kiss FM. Apenas llegué a las últimas palabras que fueron:

"Y en el Cantábrico, algunas lluvias".

Nos ha jodido. Ahí es nada. Como la cornisa Cantábrica es poca cosa se descuelgan con esa frase que es como oírle decir a dos extranjeros que en España hace sol. Lo hace unos días en unos sitios y no lo hace en los mismos sitios otros días. Lógicamente en algún sitio del Cantábrico lloverá. Dicen esa obviedad y nos quedamos la mar de frescos. Para eso no necesitamos conocer para nada el Meteosat ni saber, a ciencia cierta, qué es una borrasca. Bastaría con asomarse al micrófono sin salir de la cama, sin mirar por la ventana...

Tengo comprobado que alguien al frente de los servicios metereológicos de la capital quiere mal a las tierras del norte. Quizá por lo bonitas que son con tanto verde. Si uno atiende a los fulanos que nos dan el tiempo podría parecer que aquí en el norte estamos siempre con el paraguas sobre la cabeza. Y aunque es cierto que el tiempo resulta de lo más imprevisible, ocurre y ha ocurrido que el sol y la lluvia se den simultáneamente, también es cierto que transcurren semanas sin una gota de lluvia. Y entonces el camino de San Pedro cambia el verde del césped por un tono pajizo. Hasta yo en esos casos miro al cielo deseando lluvia.

La cuestión es que cargar con esa bien tramada campaña de desprestigio metereológico, orquestada por todas las instituciones metereológicas o por todas las cadenas de televisión para sus espacios del tiempo es algo que por aquí se lleva divinamente. Será que los nórdicos de la península no quieren que sus pueblos y ciudades se llenen más aún de gente de fuera. Dan por buena ese tópico de la lluvia constante si a cambio pueden seguir encontrando al menos un hueco para tender la toalla bajo un sol abrasador.

Vuelve el sol hoy tras unos días de nubes sin lluvia. El sol está siempre, todo el tiempo, pero aquí echamos la cortina antes que nadie.

miércoles, 16 de agosto de 2006

Subvención Inminente

No es el título de la peli más comercial del momento, aunque todo sea dicho de paso la palabra "inminente" da mucho juego en cualquier cartelera. No he dicho nada aún, pero el otro día recogí en correos una carta certificada convencido de que sería un nuevo requerimiento de papeleo o la negativa a la subvención que pedí. Pero no, han decidido ayudarme en el pago del alquiler lo que es una estupenda noticia. Y la ayuda será por dos años a contar desde el pasado 5 de enero. Yo siempre pensé que estas cosas le ocurrían a otra gente. Como que te toque la lotería. Pero no, esta vez el agraciado soy yo.

Me marcho a comprarme unos pimientos rellenos de bonito, tienen que estar riquísimos.

Luego regreso.

martes, 15 de agosto de 2006

La calle suena

Pasan por debajo de mi balcón los de la banda del Llacin. Tocan tambores y gaitas vestidos con trajes típicos.

¡Qué tierra tan hermosa!

domingo, 13 de agosto de 2006

La Pili

Por cierto no quiero que se me olvide. El día que recogí a Sestea en Santander nos quedamos sin autobús para volver. Así que tuvimos que ingeniarnoslas. Tras encontrar que las 4 o 5 pensiones más próximas a la estación estaban completas terminamos durmiendo en la casa de la Pili que es una particular que compra teles de pantalla plana con sus ingresos por alquilar habitaciones de su propia casa. Nos cobró 40 euros y yo habría pagado el doble por evitar ese perro pequeño y feo que no paraba de ladrar.

No era pa fiarse la mujer. Casi mejor echar el pestillo. Que a veces los locos no vienen de fuera, están en la propia casa, pulsando los botones de la televisión terrestre.

No me entretengo

Vengo como un rayo.

Comentar nada más que me visitó Brullis y que en San Vicente de la Barquera no dejamos títere sin cabeza si consideramos títeres a gambas y langostinos, desmembramos un centollo con esos alicates tan extraños y probamos las almejas del Cantábrico que si no son las mejores del mundo les debe faltar poco. Lo pasamos bien todos los días, visitamos las playas que tuvimos más a mano y saltamos las olas en la tarde en que me subí a la cresta de una altura de dos metros. Era yo asomándome a un balcón para decirle a Brullis que nadando llegaremos más lejos que todos los surfistas. Se ofendía la mar de Puerto Chicu al oírme decir que ya no había olas como las de antes, ni programas en la tele como los de antes, y él decía que no me girara porque la que se avecinaba, brava y blanca, era tremenda. Te cogía y te lanzaba a las profundidades como a un muñeco. Pero te levantabas riendo, con la cara empapada y lejos.


Me visitó Sestea que vino a llenar mis ratos de soledad, que me llevó con su entusiasmo a escuchar a Sabina en un concierto único en Santander. Y sacrifiqué las horas de sueño que nunca sacrifico para volver de nuevo a casa. Y puedo decir que mereció la pena. Tengo fotos y la voz de Sabina mezclada con las nuestras a voz en grito cantando Pájaros de Portugal. Estaba contento Sabina, le pegaba al suelo con su bastón, hacía como que corría, con lo mayor que está, y sonreía para que le cambiara la cara del todo.


Renové mi vestuario en estas rebajas de Agosto, nunca tanta ropa costó tan poco para sentar tan bien. Lástima no obstante por mi tarjeta que ha quedado con la banda magnética quemada. A la niña se le ponía envidia consumista y me obligaba a acompañarla al Zara, al Blanco... Yo hacía cola sin nada en las manos mientras ella miraba buscando entre las tallas de muñeca una prenda que no se pareciera a alguna de las de su armario inmenso.

Hoy marchó Sestea y me quedé con lo puesto. Con mis fotos del concierto, con las fotos de Santander, con las de la playa de Gijón que es una playa que desaparece tragada por el mar cualquier tarde. Con las del camino de San Pedro...

Ayer volví a probar los polos de horchata en Helados Alacant que debiera ser si acaso Gelats Alacant aquí y en todas partes.

Parece que el Xuac mientras tanto ha logrado ganar un torneo de Golf. Yo pienso que es que el nivel está muy bajo, pero él dice que se ha reencontrado en el camino de la victoria, será que es un ganador y ni él ni yo lo sabíamos.

Marcho, que dije que venía como un rayo y me voy pareciendo a un trueno de eco infinito.

jueves, 3 de agosto de 2006

Yo en 100

Visité a Gaddira y leí que logró resumirse en 100 frases. A mi me bastarían muchas menos, pero haré un esfuerzo.

1. Me llamo Anado Uni un sobrenombre como pudo ser otro, antes fue Properio y durante un tiempo YampqmaY. Proviene de la frase "a anado uní ambas orillas".

2. Me encanta escuchar música. Especialmente de cantautor, Ismael Serrano, Silvio Rodriguez, Luis Eduardo Aute, Joaquín Sabina... con lo que eso duele.

3. Michael Joseph Jackson fue el espejo en que me miré durante muchos años hasta que se me acabaron las ganas de parecerme a él, que fue cuando él dejó de parecerse a quién había sido.

4. Aún así lo admiro.

5. Enya me relaja.

6. La banda sonora de Amélie me anima.

7. No podría vivir sin música.

8. Mi mejor compra reciente, un MP3 del tamaño de un mechero.

9. Nado de cuando en cuando y esquiaría todos los días si pudiera.

10. Vivo solo y me siento solo algunas veces.

11. En la amistad no entiendo de escepticismos.

12. Me han demostrado el valor de la palabra dada.

13. Soy vasco y tengo la suerte de vivir en un país estupendo.

14. Las fronteras son líneas sin sentido, solamente separan.

15. Las banderas me parecen peligrosas, pueden generar fanatismos, ¿una buena? La blanca que cierra la confrontación.

16. Intento cambiar lo que no me gusta.

17. He actuado con dos grupos de teatro, el peor momento era el momento de entrar, esperar la frase que te da paso ¡qué nervios entonces! Luego, coser y cantar.

18. Mi pasado cabe en un puñado de canciones.

19. La tristeza es una de las peores enfermedades.

20. Una buena acompañante para una sola tarde.

21. Se trasluce en los ojos, por la forma de mirar.

22. La nostalgia, una parálisis del alma.

23. Creo que el amor correspondido es la cosa más hermosa del mundo.

24. Creo en las personas que creen que el amor lo puede todo.

25. Me han querido por encima de todas las cosas.

26. Mi pareja ha sido lo más seguro del mundo. Mi única garantía. Algo irrefutable en un mundo en que todo cambia a cada instante.

27. Soy del Athletic de Bilbao y jugando a baloncesto era sobre todo un tirador.

28. Antes nadaba tres veces a la semana. 50 largos en dos tandas. Ir a crol, vuelta a braza.

29. Nada valoro más que la sinceridad. He pasado muchos años sin decir ni una sola mentira.

30. Ahora las digo.

31. La lealtad no entiende de días en el calendario.

32. Podría perdonarlo casi todo a casi todos.

33. No entiendo el amor si no es para darlo todo.

34. Puedo ser muy exigente.

35. Y caprichoso.

36. Tengo a ratos muy mal carácter.

37. Pero algunos me cogieron cariño.

38. Y eso si que no lo entiendo.

39. Otros se olvidaron de mí.

40. Mi madre me regaló siendo un niño un Pitufo gruñón, de los gordos, no una imitación, porque me pasaba el día protestando.

41. Todavía protesto.

42. Leer un buen libro es el mejor pasatiempo.

43. Hay muy malos libros y muy malas películas, pero el peor libro es mejor que la peor película.

44. “La conjura de los necios” es mi libro favorito. A veces lo cojo y lo abro por cualquier página, tardo apenas unos minutos en comenzar a reírme.

45. La muerte de su autor podría ser síntesis de cómo funcionan las cosas.

46. “El amor en los tiempos del Cólera”, “La fiesta del Chivo” también me gustaron.

47. Me encantan los cines de re-estreno. Dos películas seguidas para una tarde entera.

48. Me gusta Woody Allen. Decía que con su complexión física en caso de guerra solamente podría ser prisionero y no soldado. Para mondarse.

49. Me regalaron "Atrapado en el tiempo" porque me reí mucho con el protagonista.

50. Me gustan los bocadillos del Subway. En pan blanco, por favor.

51. Hubo un tiempo en que los recogía al volver de la facultad para pasar las noches de Champions viendo fútbol.

52. Los Kebab.

53. Me encantan las tapas andaluzas y el mosto.

54. Me pirra la horchata. Es lo que más echo de menos de Valencia.

55. En Florencia me sentí como si estuviera en casa.

56. Últimamente tomo un litro de zumo de naranja al día.

57. Pero no bebo nada de agua.

58. Quiero un portátil.

59. Los “manager” de fútbol siempre me han entretenido mucho. El mejor, la serie Football Manager.

60. Adoro a mis padres.

61. A mis hermanos.

62. Me di cuenta de la falta de mis abuelos y de otras personas mucho después de que ocurriera. Como una revelación.

63. A veces me imagino que están, que solamente tendría que buscarlos con aínco, pero en el fondo sé que ya nos los encontraré.

64. La muerte me desconcierta pero puedo hablar sobre ella.

65. Tenerla presente ayuda a no desquiciarme por lo que no lo merece.

66. Hubo un tiempo en que pensé que no podría echar más de menos.

67. La maldición del hombre es que lo daría todo por volver a un punto determinado de su vida para vivirlo de nuevo.

68. Que no hay dios que cambie el pasado.

69. Acebes me da mucha tirria.

70. Me fío muy poco de los políticos.

71. Por mí los embarcamos a todos y los enviamos bien lejos.

72. Internet es uno de los mejores inventos que existen.

73. Aquí he encontrado algunos amigos de verdad.

74. Durante un tiempo soñé con escribir un libro.

75. Estoy a tiempo.

76. Necesito que me den mucho cariño.

77. No soporto los imposibles.

78. Si algo no se puede, me revelo.

79. Salgo poco de marcha.

80. No bebo.

81. No fumo.

82. Soy Piscis, como Sestea.

83. Mis primeros días los pasé en una incubadora. Era muy pequeñito en el útero de mi madre compartía espacio con mi melliza. Salimos dos pesando como uno.

84. Soy poco mitómano. Es difícil que admire profundamente a nadie.

85. He andado siempre despistándolo todo.

86. En una ocasión volví a casa con los zapatos de la bolera y me tocó regresar. A saber que andaba mirando mientras el resto se descalzaba.

87. Soy un caso, la verdad.

88. Demasiadas cosas para tan poco espacio.

89. Cuando pierdo elijo perder :P

90. He temido la vejez y los achaques.

91. el paso del tiempo, es todo demasiado rápido.

92. Hay dolores peores que los que afectan a la salud física.

93. En verdad soy una medianía absoluta.

94. Mi mejor versión escribe.

95. No soy más tonto de lo que parezco.

96. No es lo que parece, es lo que es.

97. Que lo imposible no te quite el sueño.

98. Lo importante es soñar.

99. Lo malo pasa.

100. Casi todo es casi nada.


(Escrito los días 03/08/2006 y 11/11/2006)

Lo haré por mí

Regreso hoy y reconozco que me odio por hacerlo tan poco. Regresar digo. Es curioso como varía la importancia de algunas cosas. Un día parecen lo más importante del mundo y con el tiempo se hacen algo accesorio, algo que puede ser aparcado, digo apartado tranquilamente.

Lee Anado, lee. Escribe que ya no escribes nada.


El sábado a las 7:50 de la mañana iré a Santander que vienen a verme, a recordarme que detrás del hilo telefónico hay personas y no sólo voces.

Por lo demás en los últimos días he comprado los billetes para los próximos tres viajes en avión a Valencia, y lo he hecho como solamente yo sé hacerlo. Por usuario frecuente me hacían un descuento en todos los viajes que comprara durante tres días. Los primeros dos viajes por ser muy seguidos en el tiempo los compré de una tacada y con el segundo aproveché ese descuento que tampoco es ninguna bicoca, dos euros que no dan ya casi ni para un café.

El caso es que el tercer viaje tendrá que esperar a Diciembre así que decidí no comprarlo entonces y he terminado haciéndolo no sé si al cuarto día o quinto. Un lince soy. Claro que para qué esperar, ¿para que me salga más caro? ¿Dije ya que dos euros no dan para casi nada?

Así que en este último no me premiaron la fidelidad con dos eurazos, y eso que ahora hay que ser muy valiente para embarcarse en un avión. Primero porque uno sabe que va a pagar (nos pasamos la vida pagando), pero no está seguro ni lo estará que vaya a haber un avión al que subir. Y no te cuento si se tiene la suerte de despegar, ¿qué ocurrirá después? Puede ser que un grupetto (¿qué coño es un grupetto? y ¿por qué cacarean eso los Manolos Lamas y compañía, artistas del medio radiofónico al asalto de las cámaras para ser reconocidos por la calle?) decía que puede que un grupo de mozos exaltados decidan invadir las pistas de aterrizaje que por lo que sé son las mismas o muy similares a las de despegue. Claro, temen por sus puestos de trabajo y dejan paradójicamente colgados a los aviones sobrevolando las pistas sin saber bien si tomar tierra arrasando lo que encuentren a su paso como Farruquito o permanecer allí moviéndose torpemente de un lado a otro al tran tran, lo justo para no caer en picado como una jabalina vencida por la gravedad.

Por eso la apuesta tiene un riesgo, aunque calculado. Estaré allí para viajar en avión que es el medio más rápido de llegar a cenar con los míos. Si luego quedo en tierra encontraré a buen seguro algo que llevarme a la boca.

Últimamente hago las cosas por mí. Sin mirar mucho más allá. Decía Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, lo bueno es que uno puede ser feliz en muchos sitios. La felicidad es como una caja de música. Basta con saber tocar el mecanismo que da cuerda para que suene. Y la música está en todas partes. Se crea en el día a día, co-ti-dia-na-men-te, en el proyecto (estoy vivo) y sobretodo en la ilusión.

martes, 25 de julio de 2006

Mister concurso

Yo a estas horas llego ya con la reserva. Pero hoy tengo que escribir porque hoy me han dicho que recuerdo a un mister España de hace unos años. Me lo ha dicho una señora de cuarenta-y-tantos y se ha quedado tan tranquila, ya le he dicho yo: "No me ha dicho nada" y he sonreído como lo haría Mister España al recibir la corona, el tanga o lo que sea que le den por lucir tan bien ante las cámaras. Gracias que los compañeros lo han oído, que sino luego nadie me cree.

Es evidente que no soy Mr. España, por cierto de dónde sale ese mister anglófono si nosotros tenemos nuestro Sr de "señor". Pues si resulta bastante raro llamarle a alguien Señor España si no es su apellido, más odioso ha de ser llamarle con ese Mister que los cerebros pensantes de la prensa deportiva nos han traído para sentirse innovadores. El Mister da órdenes desde la banda pero nadie lo escucha.

No soy Mister España aunque podría serlo pues si escarbamos un poco en la afortunada frase de mi clienta, predilecta a partir de ahora por razones obvias, tengo hechuras de modelo y hasta en el carácter, pues según me dijo me vio pasar el otro día con la calle y quiso saludarme pero yo andaba absorto con los cascos entretenido a buen seguro con alguna de las canciones de Joaquín Sabina o con la banda sonora de Amélie que quizá como caso particular, pero con carácter general, me eleva el ánimo con tanto subir, subir y subir de instrumentos al unísono.

Pero no bastó con que la mujer insinuara que tengo la belleza serena de un modelo, sino que la tengo del mejor de ellos. Ahí es nada. Del premiado a la postre, del figurín que espera el resultado de los votos por SMS ciñéndose un poco más el bañador y guiñando nerviosamente los ojos a los compañeros mientras piensa "yo soy más guapo que todos estos".

Lo curioso es que hace unas semanas, quizá ya unos meses una cría me dijo que me parecía a Aymé o yo que sé que sale en una serie de un hospital. El caso es que me acordé el otro día e indagué en Internet y me encontré a un tipo bastante entrado en años con lo que quizá estoy ya acabando la época en que aún pueden llamarme mozo o chico.

Es curioso, supongo que todo el mundo encuentra de algún modo alguna respuesta en los otros. Y no siempre es la que uno espera. Yo tengo un par de fans jóvenes, hermanitas por más señas, que vienen de otro pueblo y son más bien poco discretas, además de raras de ganar, ellas sí, un certámen de raros o tarados. Y sin embargo, cuántas ocasiones con otras personas, uno se llegó a sentir absolutamente invisible. Como si miraran a través de uno, como si no estuviera.

Marcos y yo lo contábamos con gracia, hay que remontarse muchos años, abríamos la boca para decir algún comentario ingenioso, como todos los nuestros, y de repente PASAN DOS CARROS.

Supongo que decíamos aquello de los carros porque se hacía un silencio como ante un desfile, la gente mira la procesión en silencio: y pasa un carro, y otro...


Hoy volví a la piscina. Al regresar me detuve un instante ante una máquina de refrescos aparcada junto a los vestuarios del campo de fútbol artificial. Y digo aparcada por no decir abandonada. Las luces naranjas de los compartimentos vacíos me advirtieron al menos de que estaba encendida . Yo llegué sediento. Los botes a Euro/unidad, bastante razonable. Miré mi cartera y encontré que tenía 4 euros en dos moneditas: 2+2. Me dije: No podía ser de otro modo.

Leí: "Esta máquina admite todo tipo de monedas y da cambio".

Esta frase tal cual no hay por donde cogerla, porque no creo que admita todo tipo de monedas, admitirá solamente euros. Pero en fin, tras leer aquello, de tan claro cristalino, introduje una de ellas y se oyó un clock y Schweppes Limón y cambio cayeron en sus huecos respectivos. Claro que el cambio no fue correcto, fallo mío. Te dicen que da cambio pero no hay porque esperar que sea el bueno. Algo te da, lo que sea, como una máquina de premio, como una tragaperras que siempre lleva más que arroja. Cayeron 60 céntimos. Una moneda de 50 céntimos y su hijita pequeña de 10. Da cambio, lo juro, con el incentivo de no saber bien cuánto. Tú echas y queda a su criterio. Es una máquina mágica, ya solamente queda pedirle que enfríe un poco más las bebidas.

Lógicamente por allí no había un alma a quien referirle la anécdota. Bastante suerte había tenido ya de no perder los dos euros como quien los arroja al estanque de los deseos. Que cambia las monedas por nada. Ya me pasó alguna vez, sobre todo con las monedas perdidas en una robusta cabina Timofónica, y se le queda a uno una cara tan de atontado que no encontrará quien le diga que si no parece Mister España merecería parecerlo.

No seas iluso, lo que puedes cambiar está al alcance de la mano. A veces con la voluntad sobra.

viernes, 21 de julio de 2006

La paloma

Vengo nada más para un minuto. La cama me dice como le decía a mi amigo Borja en las noches lejanas en que queríamos llevarlo de fiesta, VEN, VEN, VEN.

Pero tengo que contar mi encuentro de hoy con una paloma. Yo volvía de la piscina y en mi misma acera me encuentro de sopetón con ella. Esto no tiene nada de extraordinario sino fuera porque el animalito pareció sorprenderse al darse de bruces conmigo pues puedo jurar que me pareció que daba un paso atrás, como cuando te encuentras con alguien que no esperaras (o alguien se aproximó demasiado). Y es un gesto muy llamativo, lo es en una paloma porque tiene las patitas tan cortas... por no hablar de algo en lo que seguro que la gente no había reparado, todo el mundo piensa que las palomas solamente avanzan hacia delante, avanzan picando el suelo pero siempre como el burro tras la zanahoria que cuelga desde su cabeza. Pues no, esta paloma, super-paloma si queréis dio un pasito p'alante, María, y otro pasito p'atrás.

Igual es la misma que me encontré hace unos días cruzando una calzada muy transitada, la muy deportiva viendo que se le echaba literalmente encima un coche en vez de despegar un vuelo se puso a mover las patitas más rápido para acabar de cruzar hasta la acera. Saltito y seguir paseando entre transeúntes demasiado absortos para mirar palomas. Para qué volar si se puede llegar andando.

martes, 18 de julio de 2006

El adiós de Gaddira

Gaddira deja su blog. Dice que se abandona. Yo visito muy pocos blogs. A decir verdad solamente el suyo, el de Luis Tamargo y el de Comella. Y lo hago solamente de cuando en cuando.

Se me escapan las razones del adiós de Gaddira. Tendrán su peso, tanto como para echar el cierre. Ella sabrá.

De algo estoy seguro, Gaddira regresará porque tarde o temprano comprobará que escribir se convirtió en una necesidad. No podrá quedar muda.

domingo, 16 de julio de 2006

Propósitos irrealizables

No se necesita vivir 100 años para darse cuenta de que en la vida acumulamos un montón de propósitos que quedan, sencillamente irrealizados. No sé bien si eran de naturaleza irrealizable o simplemente no supimos dar con la tecla adecuada, desistimos demasiado pronto o no nos importaron lo suficiente. Luego, al volver la vista atrás nos invade una suerte de melancolía, porque sucedió la vida y tenemos la sensación de haber perdido muchas oportunidades. Lo perdido parece ajeno a nuestra voluntad, fue el destino, ¿quién sabe? Simplemente no pudo ser.

Por otro lado llevamos a cabo tareas y proyectos, pero ¿cuando cumplen su objetivo? ¿Quién puede saber si sirvieron para algo?

La vida es algo tremendamente complejo. Tan extraordinaria que causa estupefacción.




Hoy he leído que Bosco pensó en emigrar al país donde no hay letras. Con lo sabio que es y no sabe que necesita escribir. Claro que encontraría muchísimos sitios donde colgar sus relatos, matarían por tenerlos en verdad, pero sabe bien que en el barco que se hunde el capitán es el último en saltar al bote. Y sabe, sin que tengamos que hayamos tenido que decírselo, que es el capitán. Tiene tanto que contar...

Confío en que se quede. Porque aprendió ya hace mucho que hibernamos largos periodos pero que de su mano volvemos a nuevos despertares. Y si alguien mantiene aún la convicción de escribir nada se extingue.

domingo, 2 de julio de 2006

Una conclusión

A veces se gana perdiendo.

Mejor seguimos

Hay muchas maneras de ver la actuación de nuestra selección de millonarios en el Mundial de fútbol, algunos como el presentador del canal 4, que es un tío tan pesado que no lo moverían dos bueyes ¡con lo pequeño que es! entienden que hemos sido la gloria del torneo, y que quizá sólo un destino adverso escrito en las estrellas ha logrado lo que el fútbol no podría, que los nuestros se vuelvan sin el trofeo.

Este hombrecillo, el presentador de la 4, Carlos-como-se-llame merece capítulo aparte. La verdad es que se me hace difícil imaginar a alguien más paliza. Ya lo era cuando radiaba los partidos de liga, y mucho; pero con la bufanda de la selección puesta ha llevado su metralladora de palabras a frecuencias nunca vistas, con todo lo empalagoso de hacerlo con una mano en el corazón o en la entrepierna, sólo así se explicaría tanta palabrería por minuto. El tío se hinchaba como un globo y nos hacía parecer tan grandes como la marabunta que se congregaba en Colón, pero era un embuste, como esa marabunta que solamente agitaba banderas y brazos cuando se veía en la pequeña pantalla, mientras tanto comprobaba el querer y no poder de esos chicos de anuncio con la sensación de que aquel voceras nos estaba estafando.

Porque en verdad ganamos a Ucrania que se comportó como una banda, como un grupo de amigos, solteros contra casados después de una comida copiosa. Aunque luego, para resarcirse llegaran más lejos en el torneo que nuestros chicos, que no saludan a la gente, que no pierden un instante de concentración, del autocar al hotel sin despegar la vista de la puerta, de la alfombra, con los cascos puestos, con la mente en la PlayStation o en la guía de la tele.

Ganamos a Turquía y ganamos con apuros a Arabia Saudí, grandes potencias del fútbol sin duda, selecciones con gran pedigree. En verdad era un duelo entre iguales.

Al día siguiente de que Francia nos dijera que sí la experiencia es un grado y la inexperiencia es un lastre, alguien me dijo: ¡Alegra esa cara que no se acaba el mundo! Y yo ya no cojo una frustración o media por esa selección de incapaces. Me borré cuando le rompieron la nariz a Luis Enrique, entonces yo tomaba partido como en una batalla, y hubiera jurado que no hay injusticia mayor que ver a los nuestros de regreso por culpa de un arbitro sospechoso. Entonces sí sentía las derrotas como algo mío, lo que no dejaba de ser idiota, porque bastantes derrotas conlleva uno en la vida como para adjudicarse las de otros. Pero se siente con el corazón y no con la cabeza.

Ahora ya no me ocurre, al contrario. Observo el fútbol y a los futbolistas desde una distancia que me pone a salvo del orgullo hinchado de charlatanes siempre dispuestos a subir más en el elogio, a gritar más fuerte un GOL, a estirarlo para que dure más. ¿No sabe que es algo efímero?

Ahora me indigna ver a Luis Aragonés enfrentarse a Vieira desde la banda, maldecir a sus chicos porque seguro que no están haciendo el fútbol de ensueño que él les recomendó hacer en el vestuario. Pero es que los chicos son humanos, aunque los titulares de prensa los quieren subir a los altares, y los más listos de entre ellos saben que tan pronto los disfrazan de héroes como son capaces de arrojarlos al fango.

En lo futbolístico solamente decir que Raúl que ha sido la persona con más suerte que yo encontré en la vida. Sin destacar en nada de nada, ni en regate, ni en desborde por velocidad, ya sin olfato (y nunca tuvo mucho), no tiene pase, no es creativo, ya no presiona a los defensas ¿para qué? Parece un viejo, se ha convertido en el brazo del entrenador de turno en el campo, supongo que está nada más para recordar a los compañeros las consignas que dio el que se desgañita en la banda. Y sin embargo sigue teniendo una legión de admiradores que se dieron palmadas en el pecho porque se encontró un gol por jugar tan arriba. Desde hace dos años es un escollo insuperable, jugar con un hombre menos es dar demasiada ventaja. Pero no encontró quien le dijera que ya no vale porque ha perdido el puesto. Ni siquiera pasar gran parte de la temporada en el dique seco por una lesión hizo peligrar su sitio en el Mundial. Aunque aún deben retumbar las risotadas de los periodistas extranjeros ante la posibilidad de darle el balón de oro, en aquella lista de estrellas. ¿Cómo hacerlo figurar por delante de Shevchenko sin que entre la risa?
Claro que para consolarse por correr tan mal tiene 6 millones de euros al año, limpios de polvo y paja. Estoy seguro de que en el fondo de su corazón no puede creer la vida que tiene, y seguro que se la merece por ser una bellísima persona, aunque no por su calidad como futbolista.

¿Qué decir de Fernando Torres? Otro NIÑO que se ha inventado la prensa. Hace poco me preguntaban ¿sabes por qué le llaman el niño? Y yo decía: porque es jovencico. Pues no me decían, es porque no sabe meterla. Esa es la mayor verdad que he oído o leído de fútbol en los últimos 6 meses al menos. Pero el chaval da bien ante las cámaras y la prensa lo ha escogido para crear una figura más, doméstica y de andar por casa, no convenceremos de sus virtudes futbolísticas a los de fuera. Pero nos da para vivir entretenidos ojeando el periódico a la hora del café. Ahora, el chaval parece un poco subidito, tal vez alguien con más canas, más vivido debiera avisarle, fallar tanto tantas veces al final pesa más que el pelo peinado de cualquier manera.

Y podría seguir con todos ellos. Jugadores honestos sin duda pero incapaces. ¿Alguien se acuerda de la cantada de Casillas contra Ucrania? Salió a por un balón e hizo una cantada de sonrojo, pero como ganamos al día siguiente nadie la mencionó. Ningún periódico. Yo tuve la impresión de haber vivido un sueño. ¿Realmente hizo esa cantada? ¿Acaso la vi yo sólo? ¿Existió aunque fuera intrascendente? Y podría seguir con todos ellos, pero no tengo mucha gana.

Quizá son buenos futbolistas pero no saben jugar juntos. Siguen dejando pasar oportunidades. Y la prensa sigue haciendo castillos en el aire para que algo le duela al aficionado que siente que estamos ante la gran oportunidad. Ese aficionado se merece un resultado mejor, pero no llega.

¿Habría que pedir cuentas a alguien?

Probablemente habría que pedirselas al seleccionador, a la Federación o a ambos. Pero todo en el fútbol está fabricado del tejido de los sueños. No hay responsabilidades porque nada dura. Si alguien hubiera tenido un mínimo de vergüenza habrían destituido a Aragonés tras el lamentable suceso con Reyes y Henry ¡ese negro de mierda! dijo. Pero en la Federación como en la política se confía en la falta de memoria de la gente. Estamos dispuestos a olvidarlo todo si a cambio nos ilusionan con algo más.

Ahora resulta, lo oí el otro día, que Aragonés dijo antes del Mundial que si nos metía en semi-finales se volvería por donde vino. A las claras está que no llegamos hasta ahí. Caímos un trecho antes (o dos). Pero si ahora se le cuestiona sobre eso dice que "igual me convenía decir eso en ese momento". Y así vamos. La palabra se retuerce para ponerla al servicio de los intereses que sean. La palabra no vale.

No vale en el fútbol.

Fuera y entre algunos la palabra lo es todo. Cueste lo que cueste se es leal a la palabra dada. Y entonces se forjan alianzas que no están sujetas a la coyuntura.

Quizá es lo que se dio entre el presidente de la Federación y entre Luis Aragonés. No importa cómo lo hagas. No importa donde lleguemos. Tú seguirás pase lo que pase. Y el otro dijo que sí, aunque luego le faltara inteligencia para quedarse callado.

Tenemos Aragonés hasta la Eurocopa, es pronto. Pero no tardarán en decirnos que somos favoritos, porque entre ese ramillete de elegidos tenemos que estar siempre.

sábado, 1 de julio de 2006

Superman

Leo que se prepara el retorno de Superman, y no sé si la mayoría de sus seguidores quieren un "remake" con efectos especiales mejorados, yo personalmente preferiría el retorno de Cristopher Reeve; creyó que volvería a andar pero se equivocó.

¿Cómo podría ver la película sin recordarlo?

Superman ya no existe.

Contigo

Lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí

y morirme contigo si te matas,
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.


Contigo - J. Sabina

jueves, 29 de junio de 2006

Subvenciona mi espacio

He iniciado todos los trámites para que una entidad sin ojos pero que mira a través de otros, con mil ojos, subvencione mi espacio. Me abone un porcentaje nada desdeñable de la renta que vengo pagando con puntualidad los 5 de cada mes (entrante ;)).

La cosa parece que marcha. Estoy tras la búsqueda del arca perdida.

lunes, 19 de junio de 2006

Firmas perdidas

Descubro hoy que se han perdido las firmas más recientes del libro de visitas. Por lo que se ve el servicio de MelodySoft funciona perfectísimamente :P
no seré malo, a caballo regalado no le mires... aunque cuando uno recoge las firmitas de los amigos lo hace con intención de conservarlas.

Invitas a firmar al menos una vez y para siempre (que será lo que tarden en perderse).

domingo, 18 de junio de 2006

El pasillo

Estamos en pleno Mundial de fútbol aunque a mí me esté pasando casi inadvertido. Simplemente mi antena (si es que mi edificio cuenta con una) está orientada hacia Oriente, hacia el punto exacto de donde vienen sus Majestades los Reyes Magos. Supongo que si girara el cuello hacia el lado contrario yo alcanzaría a ver a todos los ases del balón jugándose el honor del país en un juego, banderas al viento frente al otro sin dar tiros, no hay guerras que merezcan la pena.

Pero yo no sé que canal es ese que retransmite todos los partidos, la Sexta. Una noche intenté localizarlo y dejé mi pantalla gris con un chisporroteo de fundirse ella o a mí, con un ruido de fondo aterrador. Ahora bien, cojo sin problemas al menos tres canales de amena programación, las echadoras de cartas que predicen el futuro: ninguna llamada entrante durante menos de 20 minutos. Siempre saben lo que va hacer la mujer al aparato (suele ser una mujer la mayoría de las veces) en la próxima media hora con una precisión milímetrica. Jo aún terminaré echando de menos a aquella Rosa Espiritual que es una señorona inglesa que arrastra su OK en el canal más triste de Valencia, daba gusto escuchar sus consejos sensatos, con aquella pinta de pirada, poniendo su libro en el vértice inferior de la pantalla, porque tenía un libro escrito y supongo que dos más en preparación. Y su música de fondo... era como llamar al sueño en medio de lo sórdido de tantos anhelos sin espera.

Pero no tengo a Rosa Espiritual, me quedan algo lejos sus uñas de gavilana, tengo a esas otras a las que no dediqué un segundo, un visto y no visto, y en los laterales publicidad chunga, de esa que gasta ahora hasta hasta el programa de más señorío: Envía LOQUESEA al NÚMEROQUESEA, tienen razón, ya hay más teléfonos móviles que personas. Yo entre aquí y allá tengo dos.

En el canal 4 han decidido que el Mundial merece una cobertura mundial, lo que yo agradezco, aunque agradecería más el que mandaran al tipo ese como se llame, el que tras el sonar el silbato es capaz de hablar los 95 minutos seguidos sin respirar, fuera del mundo. No hace falta que muy lejos, a la luna por ejemplo, para que taladrará allí un campamento que puedan visitar los millonarios, o a Marte para que de tanto hablar extinguiese la vida si la hay, no hay que fiarse, hoy son microscópicos elementos y dentro de unos siglos engendros del tamaño de una excavadora con malas intenciones.

Hoy dieron la imagen de la llegada de nuestros seleccionados, lo mejor de cada casa, a Stuttgart. Por supuesto, han pasado en una semana de ser una banda a ser los máximos favoritos para adjudicarse el torneo. Vencieron en buena lid a una banda de ucranios. Son los medios que tenemos, necesitan vender periódicos y harán lo que haga falta. Importa poco que en realidad no jueguen ni castaña. El fútbol tiene estas cosas, convierte héroes y villanos en millonarios (que enviar a la luna). Yo cogería unos cuántos de estos que no caben en sus camisas y los echaba directamente a los pies de los caballos, y lo haría hoy particularmente. Porque hoy vi esa llegada al hotel, saliendo directamente del autocar de todos estos grandes deportistas, que dan tanta risa por norma general, pero es que hoy van crecidos, como si fueran los héroes del Olimpo. Por eso recorren los escasos metros del autobús al hotel sin siquiera saludar a la hinchada. Viendo sus prisas más que un pasillo parece un mal trago. Toda esa gente que ha recorrido tantos kilómetros por dar un apoyo que no merecen. Casos como el de Fernando Torres que es habitualmente un tuerce botas, incapaz de meter un gol al arco iris y que cruza serio y con los cascos puestos en la oreja sin un solo gesto. Y así uno tras otro, sin gastar un segundo en un solo detalle.

Apenas un gesto hacia la gente allí congregada, con qué poco hubiera bastado... los chavales entienden que es lo normal. Siguen en el penoso rol que tienen en sus clubes, la gente les da una extraordinaria desconfianza. Prefieren no tenerla cerca, creen que verles pasar rápido de un sitio a otro, sin siquiera mirarlos, da suficiente sentido al largo viaje hasta ellos. Son las estrellas. Las estrellas que se estrellan pero que hoy se creen mejor que ayer, y cada día un poco mejores.

En fin, gracias que yo no soy nada mitómano y toda esa gentuza me importa más bien poco. Sí lo siento por los aficionados que pintan sus caras porque creen en algo, porque ni reciben el trato que merecen ni su fe moverá montañas.

Veremos mañana. La tarea parece sencilla, y para ganar no hace falta hacerlo bonito. Sus egos pueden subir más alto aún.

Será que no son tan malos

Algo voy a tener que hacer con la banda sonora de esta web. Juro que me encanta, pero no sé que me ocurre, me asomo con el mejor humor y en cuanto oigo la música caigo en un océano de melancolía, o en el Cantábrico que golpea los acantilados de Llanes, lo mismo da.

Leía hace unos días esa noticia que es refuerzo de la extendida convicción entre mis convecinos de todo el país, todo marcha, la justicia imparte justicia y que mis ojos lo vean. Atrapan a 7 individuos en los tubos de ventilación de una entidad bancaria dispuestos a perpetrar el atraco perfecto (es aquel en el que solo se entera el dinero). Pero ¡oh sorpresa! al ir a descender, supongo que a través de un cable como el bueno de Tom Cruise en alguna de sus misiones imposibles, los 7 o el primero en la suerte de bajar se encuentra con que allí esperan los GEO vestidos para la ocasión con sus mejores y más sofisticadas armas. Resultó que llegar al dinero iba a convertirse, de verdad de la buena, en una misión imposible. No quiero ni pensar en la decepción del primero que probablemente dijo un "-Se jodió" grabado convenientemente por la cámara de la policía, que ahora la poli graba cada una de sus acciones para motivar nuevas tramas en la cabeza de atrevidos guionistas siempre dispuestos a dar una vuelta de tuerca más. Y los de arriba, si ¡maldita sea!, ser cogidos allí metidos como sardinas en lata tenía un punto bastante humillante, ya no te digo cuando es la policía la que te ayuda a bajar desde el tubo, como si fueras un niño en un columpio, sin poder quedar suspendido a apenas unos centímetros del suelo, con la gotita de sudor frío que es la misma que busca los grifos Roca, amenazando con activar todas las alarmas y con despertar a los vecinos, que duermen con un oído pendiente de los ruidos de su propia casa.

El caso es que tras ser esposados e introducidos en medio de ululantes sirenas son conducidos ante el juez de guardia que se sabe el manual al dedillo, un poco porque se dejó los mejores años de su vida colgando de aquellos folios, y otro poco porque la ley, como dice Rajoy con la boca llena, hay que cumplirla. Pero la cosa curiosa viene cuando el juez y el fiscal no hablan, son dos entidades distintas, como dos planetas ajenos del todo en el universo de un juzgado. El fiscal no pide prisión preventiva porque dice que no hay pruebas. Supongo que aquello del tubo de ventilación bien mirado resulta entrañable para cualquiera, algo así como aquel juego de niños en que todos ellos se esconden repitiendo los mismos sitios en medio de la mayor oscuridad (cuando ya la oscuridad no les da miedo). Siempre hay alguno encima de la litera. Y como los niños entre ellos, al escondido siempre lo terminas encontrando.

El fiscal tiene razón, ocultarse allí sin estropear nada, como intrépidos marines de Estados Unidos es algo así como hacer cola para el primer día de Rebajas. Algo emocionante. Lo malo es que si en vez de encontrarse a

MUCHA, MUCHA, POLICIA

se hubieran encontrado a un empleadillo de oficina, que no se mete con nadie, que no hace mal a nadie, que no aspira a más que tener un buen día, entonces el susto sería tremendo y entonces, como perfectos marines de Estados Unidos quizá emplearan sugeridores métodos para convencer que vale más cantar lo que se sepa, sea una combinación ganadora que ¡ábrete Sésamo! descubra el contenido de la caja fuerte, o tu nombre real y tu ubicación exacta un martes 11 de Septiembre de hace casi 5 años.

Los jueces y fiscales son como los políticos, es decir son como niños. El juez le dice al fiscal que pida por esa boquita, pero si el niño no está de buenas nada más echara la papilla y no dirá esta boca es mía. Si el fiscal no pide prisión porque hoy se siente magnánimo y decide que Barrabás no lo merece, los liberamos y en paz. Total, no tienen que ir muy lejos, y si la desesperación de sentirse perdidos o la confianza en que nada de lo que hagan les traerá consecuencias los hace aún más intrépidos, y deciden cambiar sus circenses métodos por entrar a pecho descubierto con la pistola por delante, que lo hagan. Otras vidas están en juego.

Lo malo es que alguno de estos para demostrar lo en serio que van ya le disparó en el pasado un tiro en la pierna a una directora de sucursal. Eso es no reparar en medios que convenzan. Dar el todo por el todo. Y mi hermana Raquelita es desde hace unos días dire (¡enhorabuena niña!). No digo más.



En verdad el dinero no vale para llegar a tanto.

sábado, 17 de junio de 2006

domingo, 11 de junio de 2006

11 de Junio

Hoy es un gran día.

Gracias maestro

Imagino que la buena de Comella Firmet rabiará viendo lo que va a ver. Porque tiene pinta de admirar a Sabina tanto como yo, pero yo tuve esta vez la suerte de mi lado.

Ocurrió subiendo Tirso de Molina en Madrid un 2 de Junio. Yo caminaba charlando con un amigo actor, Jordi, al que traje a colación en este weblog inacabado algunas veces, porque es un fenomenal amigo, de gran talento. Quiere hacerme guionista con él cuando le llegue la gran oportunidad, no sabe que yo solamente suelo escribir cosas tristes y cuando no es triste tiro a veces de sarcasmo que es recurso con un fondo de tristeza.

Charlábamos y de repente al mirar la cara del que se cruza conmigo de frente, descubro: JOAQUÍN SABINA. Lógicamente una vez que nos vimos rebasados nos giramos y lo vimos alejarse por la calle, y entonces me dije, "esto lo tiene que ver Sestea" que caminaba unos 15 metros por detrás. Pensé en llamarla al móvil para advertirla. "Fíjate bien donde pisás", bueno en serio: "Fíjate bien con quien te vas a cruzar, abre los ojitos", pero no hizo falta. Siempre recordaré su careto, prácticamente parada delante de Sabina, obstruyéndole el paso casi.

Sabina siguió hacia abajo y cruzó por el paso de peatones, iba a acompañado por una chiquita, no sé bien quien, ni me importó lo más mínimo. Una vez reunidos los 4. Sestea, Jordi, su novia Diana ¡cuida a esa chiquita! y un servidor había que reaccionar. Yo me dije que no me podía quedar sin un autógrafo, lo que era un pensamiento bastante idiota y por consiguiente muy mío, no tenía papel, no tenía bolígrafo. Entonces recordé que como buen turista llevaba en el bolso de mi amigo (sí bolso, sí, jajaja) mi cámara de fotos digital. Y me dije que no podía dejar pasar una oportunidad así. Que había que apostar.

Sestea me vio las intenciones y me quiso detener. ¡Espera, tiene muy mal carácter! ¡Déjalo! ¡Nos hará pasar un mal rato! Pero la suerte estaba echada, corrí unos metros y lo llamé, de acera a acera. ¡Joaquín!¡Joaquín!

Ya a su lado le dije si podíamos hacernos una foto. Que lo admirábamos mucho. Él puso muy mala cara y la chiquita que iba con él se alejó unos metros, como temiendo que un volcán entrara en erupción.

Pero no ocurrió nada. Al momento Sabina dijo "venga" quizá porque vio que nuestra determinación era más fuerte. Quizá porque era un sábado de sol precioso, quizá porque mi camiseta con 15 aniversarios me hacía parecer un hombre peligroso ante negativas.

Nos pusimos a un lado cada uno y Jordi hizo un par de fotos para la posteridad. Yo le decía:

-Jordi, como no salgan te mato. Haz dos, ¡o cien!

Le pase la mano por la espalda y él que es listo hizo lo propio con Sestea, quizá porque sin conocerla le había escrito una canción: "Rebajas de Enero". Y a ella le decía con voz Sabiniana y queda, de carajillero de repente orgulloso de como suena: "¿Qué hay?

Nos despedimos y seguimos nuestro camino. Él cargado de periódicos y harto de salir a la calle camuflado para que, pese a todo, le descubran. Es el precio de la fama por ser tan bueno.


Y para que no se diga que esto es un cuento chino ahí van las pruebas. Ya lo decía yo, siempre me sentí muy orgulloso: amigos que tiene uno :).




Y dos segundos después:



Fíjate que yo tengo el mismo careto ¡qué nervios! Conmigo se puede jugar a lo de las 7 diferencias. Parece la misma foto. Si es que soy un maldito mimo. Toy petrificau. Y eso que no soy nada mitómano, me puedo cruzar con cualquier famoso sin siquiera mirarlo. Pero ¡ay si es Sabina! Ahora, no creas que el tipo me va a la zaga. Qué expresión sin expresión tan permanente. Solo la niña cambia algo :D Taba flipadina la pobre ;)

viernes, 9 de junio de 2006

jueves, 1 de junio de 2006

Madrid

Mañana salgo corriendo a las 3 de la tarde y no paro de correr hasta llegar a Madrid cerca de las 10:45 si no hay contratiempos. Quiero ir a cenar al Subway que es un sitio de bocatas al que cogí afición hace unos años. Tenía una tarjeta de 2x1 y me llevaba todas las semanas un par de bocatas de 30cm. Al llegar a casa nada más una bandeja, una coca-cola e iba directo al sillón a ver el partido de fútbol que echaran, preferentemente de Champions League.

Igual vuelvo a pasear por el retiro, donde canta aquel imitador de Sabina que tan poco se le parece, nada más en las letras. Me quieren llevar a cenar a un sitio curioso de la capital, veremos. Tendré que aprovechar el tiempo, regreso a la carrera el domingo a mediodía.

Dice el anuncio que si vas a Madrid eres de Madrid. Con Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, no sé, no sé ;)

domingo, 28 de mayo de 2006

¿Te has enterado?

Apenas me han llegado unas trazas de una noticia marujil, parece que Sabina y Ramoncín (¿Ramonqué?) se han peleado.

No sé bien el origen de la controversia y la verdad es que ni siquiera me importa. Yo como todos mis vecinos, como tú que también te arriesgas a veces, estoy más que dispuesto a hablar sin conocer del tema apenas nada. Quiero anticipar mi opinión y eso que solamente sé que parece que el Sabina en su versión más regular dijo que Ramoncín no vende ni en el top manta. Y al otro esto le ha sentado fatal, porque es verdad y porque lo dice Sabina que como artista tiene la consideración de todo el mundo (o debiera tenerla).

Yo como ni siquiera sé quién es Ramoncín, creo que un contertulio sabiondo siempre dispuesto a dar su opinión sobre cualquier tema (aunque no conozca más que trazas), exactamente como yo los días en que me levanto con la lengua suelta, me pongo de parte de Joaquín Sabina porque lo escucho todos los días sin excepción. Pero no largando sobre cosas que me interesan más bien poco, sino detrás de algunas de las mejores canciones que se han hecho en castellano.

Es probablemente mi cantautor favorito, y eso que dice que a Piscis nos toca el vinagre. Veremos si soy capaz de superarlo.

jueves, 25 de mayo de 2006

Cambiando de vida

Escucho en la radio una cuña de la ONCE muy concluyente. Cuenta que con 6 millones de euros, "olvídate de los problemas" de manera que emerge del agua clara y en síntesis una conclusión diáfana como mi salita de estar:

"El dinero resuelve todos los problemas" o al menos permite que los olvides, supongo que será porque con pasta se puede beber güisqui del bueno, beber hasta olvidar. Aunque si de lo que se trata es de ponerse moñas perdido, lo mismo sirve un tetra brik (¿un qué?), una caja de cartón de vino Don Simón, que lo dan casi por ná en el supermercado. Así que para olvidar no hace falta jugar a la ONCE.

Y voy más allá y digo yo que hay problemas que no resuelve el dinero. Los problemas de salud, física o mental, la nostalgia de otros tiempos, la añoranza de una ausencia, la tristeza en el fondo de los ojos. Y alguno dirá que eso no son problemas, Puede ser que no lo sean. Pero para quienes los vivió alguna vez son como una roca enorme en mitad de un pasillo.

La cuña pese a ser cortita continúa con otra perla. Finaliza con un "si quieres cambiar de vida, claro". Y lo dice en plan bravucón, como dando por hecho que todo el mundo quiere cambiar de vida (menos ellos, supongo, que hacen los boletos).

Es decir, da por entendido que la mayoría de la gente no está conforme con su vida, que la cambiarían sin duda (con un buen pellizco de euros). Y en esto yo no puedo estar más conforme aunque sólo en parte, y lo estoy porque los hombres (y las mujeres) de todas las edades y condición cambiarían lo que tienen por lo que no tienen. Por puro inconformismo, por pura envidia, por ser diferentes, por vivir otras cosas (por tener otra vida).

Pero para cambiar esas cosas tampoco se necesita la suerte de un boleto premiado. Basta con voluntad para actuar de un modo distinto.

Hoy me decía un paisano que "la cosa estaba mala" y yo asentí porque es una conclusión a la que llegué por mi mismo hace ya muchos años. La cosa está mal sí, lo ha estado siempre y lo estará. Nunca llueve a gusto de todos y la vida pese a ser un lapso tan corto, termina acumulando alegrías y desgracias como en una balanza. Para comprobar al final que pesa más.


Ya lo decíamos moviendo la cabeza de un lado a otro, "la cosa está mal" y el otro corroboraba que está fatal. Pero bien mirado cuánto daríamos por seguir como estamos, superando el gris cuando se nos prende en la piel, nada más con una tos que tenía que ser pasajera y se volvió residente, con dos o tres ilusiones a flor de piel. Que son el motor que nos mantiene. La sensación íntima de que se es afortunado, quizá por una suma de cosas o quizá porque después de todo pensamos que la ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar y lo hará, no se cebó con nosotros



(aún).

lunes, 22 de mayo de 2006

Cementerios

Decía un tio mío el otro día que ya hay más población en el cementerio viejo de Valladolid que en la ciudad.

Los cementerios son un lugar hermoso. Un lugar que hay que visitar, y no me refiero a la visita de rigor en última instancia. Hay que visitarlos vivos y bien vivos, para reparar en lo fugaz de la vida, en el leve peso del pasado y en las cosas que son de verdad importantes. Pues paseando por un cementerio lleno de cruces uno se da perfecta cuenta de lo lejos que queda el bullicio de los centros comerciales, las discusiones por lo que ya ni se recuerda, los apuros en lo económico, ... recorrerlo es aceptar tácitamente la muerte para cuando venga. Todo aquel que pasea por un cementerio, aunque sea desconocido, merece al menos un abrazo.


Un cementerio es hermoso por silencioso, por la altura de los cipreses, por la quietud de los arbustos, por las flores en las tumbas, las nuevas y las viejas, las que nadie retiró y quedaron esparcidas por el suelo. Tan lleno de fechas que tan poco importan. Con ángeles cuidando que haya calma. Con tantos muertos desde antiguo, que llevan más tiempo allí del que vivieron. Y el drama de encontrar de repente la tumba de un infante. Un niño que apenas vivió casi de nada.

Yo encontré casualmente la tumba de una mujer de 27 años y pensé que aquella vivió menos tiempo que yo. Y me sirvió para darme cuenta de que la vida se nos está escapando de las manos. Que todo transcurre demasiado rápido. Que los años, llegado un momento, ya no sirven para medir nada. Que ya no se hacen sintesís de un año, se hacen de una vida (si se hacen).

Los cementerios son un lugar de amor. Están llenos de letras, como los libros. En algunas tumbas hay incluso algunas citas, compuestas en medio del dolor como una oración de recuerdo. Y esas líneas son el reclamo que mirarán los ojos año tras año en cada visita. Y en su lectura la herida volverá a abrirse. Pero no hay mayor sinceridad en la vida que la que se da en las despedidas, sobre todo cuando se creen definitivas (aún más en las póstumas), pues entonces se vierten las palabras ya sin miedo, como una zanja al sol. No hay mayor verdad que aquella que ya no espera respuesta.

Y se lee la palabra sueño, los padres se quieren cambiar por el hijo, porque en la vida se despierta a veces de repente. Y el pasado ya tan distinto parece un sueño.




Yo no sé bien aún que es lo que quiero. Este sería un buen sitio para dejar mi deseo como un legado, por si acaso. Pero no sé bien. Creo que no debo someter a nadie a la servidumbre de una visita ritual en fecha señalada. Y menos aún quiero la tristeza constante, con fuerza de huracán al penetrar en el recinto, de alguien empeñado en visitas reiteradas, solamente porque el dolor es cosa de los vivos y de determinadas penas uno puede creer que es mejor no levantar cabeza. Sin embargo me seduce la idea de ser guardado en medio de aquella paz. Pero no solo, como alguien sin amigos, sino acompañando a quien me hubiera querido, aunque fuera nada más un poco, con alguien a quien yo hubiera querido mucho (que de querer nunca necesité lecciones), para que de alguna forma juntos volvamos a hacernos compañía. Mi abuelito, mis abuelitas, Anuca...

Pero por otro lado, uno quiere liberar a los que quedan de la culpa íntima en el futuro, cuando ya no quede tiempo para recorrer un cementerio porque hay otras prioridades. Que sería lo único que yo pediría. Un rato para comprender que lo verdaderamente importante no atiende al reloj ni a las prisas. Que dejar a izquierda y derecha aquellas cruces puede enseñar más sobre la vida que cualquier libro.

Uno quisiera que lo arrojaran al mar, o que lo hicieran cenizas para plantar un árbol que se alimentara en algo de aquella tierra.

Lo malo de estas opciones es que anticipa lo que es una realidad para más tarde o temprano, y es que salvo caso extraordinario, con el tiempo parecerá que ni siquiera vivimos. Será como si nunca hubiéramos existido. No quedará de nosotros ni el recuerdo. Se lo habrá llevado el tiempo que no respeta nada.

viernes, 19 de mayo de 2006

Jesús

Me voy a Valladolid. Ha faltado mi tio Jesús. Leía mucho y sabía mucho. Tenía mucha gracia. Mucho ingenio. Yo creo que nunca le dio la razón a nadie. Ni siquiera a los médicos hasta el final.

Regreso el domingo.

jueves, 18 de mayo de 2006

Inmensidades

Regreso de actualizar Annlea y el ánimo me cambió. Me vino la tristeza que suele aparecer sin previo aviso, como una nube negra. Como si a uno de repente lo cubrieran. La tristeza en verdad es corta de miras. Apenas alcanza, pero inmoviliza como una trampa puesta ahí para que no la veas. Y nace de mirar hacia dentro, al interior de uno mismo.

Mi tristeza hoy surge de la inmensidad del folio en blanco, del segundero que no cesa. Del tiempo para nada. Leo al amigo que hizo tanto, escribiendo siempre desde su fe prodigiosa en las personas y nos dedica hoy a todos un relato. Dice que funcionamos como un corazón y yo siento la culpa de no latir allí con fuerza. La culpa de no encontrar un momento para lo que importa.

Vierto mis palabras, las pocas que he tenido siempre y sin embargo no me alcanza el tiempo, la voluntad, o la inspiración para escribir, entera y desde cero, una historia nueva. Algo que recuerde que un día yo fui de esos que en mitad de la noche han de levantarse para escribir. Porque la idea, la necesidad de escribir puede más que el sueño, en la cabeza fluyendo mil ideas. Mil palabras, todas las que una vez leímos, y la necesidad imperiosa de plasmarlas en papel porque no hay espera posible, en el mismo transcurso hasta la hoja se van desparramando. Porque en la mañana las palabras habrán mutado, ya no serán las que tenían que haber sido, ya no dirán lo que aspiraban a decir.

Regreso a mi rincón con la pena del picador al que se le murió el caballo. Y me digo que tengo que encontrar un rato de paz para volver a escribir. Hoy observé en un documental el paso de unas hojas otoñales flotando lentamente en un río. Apenas avanzaban, reinventando una nueva forma de medir el tiempo. Yo lo estoy necesitando. Ese lapso detenido en que no hay nada más importante que volver a contar.

Mejor tú

Las personas somos imprevisibles. Maldita sea, estoy poseído por la publicidad de poco nivel. Abro la boca y me sale una sentencia de anuncio de Aquarius. Me quedan las frases de anuncios de poco fuste con una facilidad de pasmo. Siempre me pasó igual, retuve lo que no importaba lo que tendría que haber pasado desapercibido, y olvidé lo que realmente importaba. Lo que había que saber. Siendo así no fue raro que me ocurriera lo que vino a ocurrirme, terminé por confundir lo sustancial y accesorio, sin saber distinguir bien, concediendo valor desmesurado a cosas que por su naturaleza son leves y pasajeras. Aunque bien es cierto que nunca supe guardar una pizca de rencor contra nadie y si no tuve memoria aquello no jugó más que en mi contra...

Decía... (anda que no soy rollero ni ná). Las personas tenemos un comportamiento curioso. Si alguien está entre los tres únicos candidatos para algo y no es elegido, si entre esos no es el ganador, se sentirá de repente apesadumbrado, y porque no decirlo, según el caso, realmente jodido.

No importa que la elección de esos finalistas entre las que se encuentra haya sido azarosa. Que no tenga más mérito que ninguno para ganar, ni siquiera para figurar entre los que optan al premio, al progreso o a la mejora. Al conocerse el resultado le recorre de arriba a abajo la frustración y se le dibuja en la misma cara la impotencia.

Y aquí mismo está el quid del asunto pues esta persona habría podido jurar que su vida era estupenda. Que bebía felicidad a pequeños sorbos cada día, (que la felicidad al contrario que la euforia es un estadio de calma, sostenido, sin altibajos, como una tarde mirando chocar las olas contra la piedra, todas tan parecidas y sin embargo distintas). Conviene, desde luego reparar en esa felicidad que convierte los días en un suceder bonito. Pero si en medio de ese estado, en la competencia caprichosa, llegamos a perder frente a otros o frente al destino, juraremos por la sensación inevitable de derrota que algo en nuestra vida se degradó. Y en realidad nuestra vida será la misma que teníamos antes de sabernos candidatos, nada habrá cambiado. Idóneos o no, en el descarte que nos dejó sin cartas, inventaremos un antes y un después. Y encontraremos motivos nuevos para la queja.

martes, 16 de mayo de 2006

Agua de la Victoria

Ayer comí, por razones que no vienen al caso, opíparamente y en buena compañía. El caso es que no pude evitar el reparar en el nombre de la botella del agua mineral que sirvieron para acompañar el banquete. Se trataba ni más ni menos que de "Agua de Borines" y yo le dije a un amigo que era un nombre más bien poco afortunado, dicho así rápido, en la cola del super la madre le grita al niño ¡se nos olvidó el agua! ¡Coge el agua de Borines! La mujer prefiere gritarle eso al crío antes de perder el turno en la cola de la caja. Y el crío pregunta nervioso al reponedor donde están las de Borines. Éste sonríe y señala dos estanterías más allá, más o menos a la altura de la entrepierna.

Y es que si uno lo lee y equivoca un poco no será nada raro que diga algo así como: agua deb orines y la verdad es que es dicho e imaginado así durante un segundo a uno se le quita la sed de forma instantánea.

Vamos que en la comida de ayer los que le dieron al Albariño con entusiasmo tenían razones de sobra. Yo tuve que beber de la botella dichosa y haciendo de tripas corazón. Su lema, "que no tiene igual como agua de mesa". Algo es algo.


El caso es que este agua nace en el Manantial de la Victoria, y esto sí que es ya proponerse el mayor de los despropósitos, porque es un sitio para nacer magnífico. ¿Quién no quiere beber del manantial de la Victoria? Uno siempre querrá beber lo que sea de un sitio así. Como querrá hacerlo del Manantial de la Eterna Juventud si lo hay.

Quizá esto sea lo más sorprendente. Que ese agua que nace en un sitio con un nombre tan bonito lleve a cuestas aquello de (B)orines. Habrían estado mucho más listos si hubieran recurrido a algo tan sencillo como denominarla "Agua de la Victoria". Todos los consumidores nos habríamos lanzado sobre ella porque nadie quiere pasar la vida sin beber de este agua, así sea del grifo y embotellada.

Es que ese nombre nos seduce. Yo, particularmente, si encuentro un agua que se llame tan atinadamente, si en la inspiración de un día espléndido alguien decide que el agua del Manantial de la Victoria se llamará agua de la Victoria, entonces yo renunciaré a beber nada más por los siglos de los siglos. Se acabará la Per-si Cola y hasta la Kas que ahora regala 25 centilitros por botellaja de dos litros. Y de probar bocado sólido ni hablemos.

lunes, 15 de mayo de 2006

El Fujitsu

Valga por las veces que pongo a parir los anuncios de televisión. Ahí va uno que me gusta. Todos aquellos pidiendo Fujitsu si hay ruido (con tecnología Inverter).

domingo, 14 de mayo de 2006

Tigrin y el supercaddy en Castiello

Vuelvo a estas latitudes y como decía el otro día tendría mucho que contar. Pero me enfrasco en otras tareas pendientes y termino siempre sacrificando las mismas cosas. Además a veces he sentido la necesidad irrefrenable de volcarme por aquí, pero en los últimos días anda mi cabeza como un hervidero y mis dedos con una parálisis.

Ayer estuve acompañando como perfecto caddy al Xuac en el Club de Golf de Castiello. Madre mía para ser socio hay que entregar por delante 3 kilos de los de antes. No sé le da mal al chaval darle a la bola. Hizo par sobre el campo, claro que la primera parte (los 9 primeros hoyos) estuvo más bien flojete, a rastras con la resaca del bodorrio que tuvo en la víspera. Pero luego, con el transcurso del día fue afinando hasta sorprender a propios y extraños. Claro que yo taba a su lado, ejerciendo de caddy infiltrado por los adversarios, hasta el punto de boicot como cuando grité: ¡mira una ardilla! mientras él hacía el SWING dichoso previo al golpeo de la bola. Sus rivales se frotaban las manos ante mi apostura y buenas artes silvestres. ¿Pero quién querría perderse una ardilla a la carrera?

Eso del SWING es curioso. Hacen el golpe sin dar a la bola. Apenas rozan el césped. Como diciendo, "lo sé hacer, luego no sé donde la enviaré ¿quién puede saberlo?" . Es una demostración meramente teórica que antecede a la práctica. Yo estoy seguro de que si fuera yo el golfista sería un maestro del SWING. Las gentes seguirían a pie mis hoyos por verme hacer con toda ceremonia ese golpeo sin golpeo. Luego me quedaría posturero con el palo por encima de la cabeza y con la cadera ligeramente girada, mirando hacia el horizonte, donde nunca llegará mi bola. Los ojos entornados. La gente maravillada diría que mi SWING no tiene parangón. Y es que mi golf sería como yo, un proyecto a punto de ser hermoso. Y si luego sale mordida ¿qué coño importa?

No ganaría nunca ningún torneo pero no habría artificio previo más logrado.


El Xuac quedó 4 golpes de ganar el torneo. Muy por delante de sus 2 adversarios, que hicieron todo el recorrido con nosotros y que no pudieron con él ni con mi ayuda inestimable (llevó el pobre más tiempo el carrito con ruedecillas que yo). ¡Menudo caddy más apañau fue a encontrar! Ahora más bien acorde al sueldo...

A mi me gustaría poder jugar al golf, y me gustaría poderlo hacer aquí en Asturias porque mires donde mires hay un verde hermoso. Pero ingresar en estos clubes es carísimo, conste que se echa a perder una posible estrella de este deporte, ya no por mi swing, sino porque luego estuve practicando un poco y al Xuac se le ponían de corbata, unas veces por si le alcanzaba con el palo y otras porque mi putt, a poco que entrene no lo supera ni Jack Niclaus.

Estuve a punto de ser un actor de los de póster en las calles, podría ser un jugador Lacoste para cerrar tratos millonarios en unos hoyos. Pero no, dejemos esas cosas para el Xuac que vive por encima de sus posibilidades. Toy feliz y lo estaré más.

Xuac en otro rato describo tu careto cuando marrabas los golpes. Toy palmando la carrera de coches.

jueves, 11 de mayo de 2006

Llego...

... y marcho. Tengo mucho por contar, pero no será hoy.

jueves, 4 de mayo de 2006

Los 40

Hablaba el otro día con mi cuñado para felicitar que ya cumplió los 43 y ya se sabe, una cosa lleva a otra para terminar filosofando acerca de lo rápido que se va la vida, como dice la canción "Pasa la vida", pasa sin que uno se de cuenta. Al principio los años parecen demasiado largos, casi cansinos, más tarde transcurren tan aprisa que parecen un plazo no vivido.


Yo le conté que se me hizo duro cumplir los 30, y para mantener que fuera así le daba razones sin fuste, como aquella de que adentrarse en esa década es cumplir una edad sin retorno. Y siendo verdad es la mayor de las tonterías porque todas los años cumplidos lo son. Se me hizo notorio llegar a los 30 simplemente porque sí, sin más. El pasadizo de los 20 a los 30 está salpicado de murales muy hermosos. Y no tendré memoria para recordarlo todo. No hay razones que expliquen lo que nos resulta fácil, ni las hay para lo que es subjetivamente dificultoso. Simplemente depende de cada uno.


El me contaba con cierta gracia que es mucho peor alcanzar los 40 (alcanzarlos no es malo, al contrario, sería peor no alcanzarlos :D), porque pasas de ser un treintañero a un cuarentón. Y es verdad el treintañero mantiene ese cariz adolescente, quizá porque la ñ es letra adolescente, tan poco preparada para asaltar otras lenguas, es treintañero aún quien se imagina haciendo las tonterías que yo hago cada día, mientras que llegar a cuarentón tiene, en el propio término, el gesto adusto del marido que espera impaciente, debajo de las escaleras, el tiempo que la esposa tardará en maquillarse para ir al teatro.

Tiene razón que entrar en los 40 es peor que entrar en los 30. Pero es peaje por el que pasan los más afortunados.

lunes, 1 de mayo de 2006

¿Y si?

Mi coartada es que hoy estoy enfermo. Por eso hoy apenas me voy a entretener. Me levanté a las 5:20 de la mañana para coger un avión a las 7 que me dejó en Santander a las 8 AM.

Ayer estuve destemplado todo el día y casi seguro que con fiebre por la noche. Hoy estoy nada más que regular. Con una sopa a las 12 verduras como pone en el sobrecito y un Eferalgan que cura males menores. Y hace años que yo no me ponía malito. Lo que demuestra que no soy el superhéroe que desde niño pretendí ser.


Desde mi modestia y en este espacio he abordado algunos de los mayores dramas de los hombres. Sin pasar por el ¿de dónde venimos? ni el ¿a dónde vamos? Y los he tratado por encima, sin ir más allá pq hasta la letra más imprevista nace de un pensamiento que existe.

Hoy llegué al aeropuerto de Santander, que es como una cajita de zapatos, y pregunté por el horario de buses hasta la ciudad (10 minutos mal contados). Me dijeron que el próximo autocar llegaba a las 8:30. Ahí es nada. Según mi desplegable de horarios a esa misma hora partía de aquella estación el que me podría dejar en casa tras casi dos horas de viaje. ¿Cómo hacer?

Parecía condenado a coger el urbano hasta la estación a y media y resignarme allí a pasar casi 4 horas para coger el que me llevara a casa. Esos dos horarios por ser el mismo se hacían casi imposibles de compaginar. En ese instante llegó un todoterreno con un padre y una hija. Ambos se despidieron y estuve tentado de pedirle al buen señor que me llevara hasta Santander, pero no me atreví. A los pocos minutos llega un autocar que hacía la línea Barcelona - Santander y le pregunto al conductor si es el que lleva hasta la ciudad. Él me dice que tendré que esperar al urbano. Cuando va a regresar de sacar una maleta le pregunto si habrá algún modo de que me pueda llevar. Que si espero mi horario no alcanzaré el otro. Le digo que le abono el billete allí mismo pero me dice que no me puede cobrar al tiempo que abre el compartimento para que meta mi maleta. Subo al autocar a las 8:20. Y nos ponemos en camino. ¿Hay razones para la esperanza?

A las 8:26 (+-) llegamos a la estación. Subí a zancadas la escalera mecánica para comprar el billete y pude coger el autobús a y media. A las 10:30 pasadas llegaba a casa.

¿Y si no hubiera preguntado?