Regreso hoy y reconozco que me odio por hacerlo tan poco. Regresar digo. Es curioso como varía la importancia de algunas cosas. Un día parecen lo más importante del mundo y con el tiempo se hacen algo accesorio, algo que puede ser aparcado, digo apartado tranquilamente.
Lee Anado, lee. Escribe que ya no escribes nada.
El sábado a las 7:50 de la mañana iré a Santander que vienen a verme, a recordarme que detrás del hilo telefónico hay personas y no sólo voces.
Por lo demás en los últimos días he comprado los billetes para los próximos tres viajes en avión a Valencia, y lo he hecho como solamente yo sé hacerlo. Por usuario frecuente me hacían un descuento en todos los viajes que comprara durante tres días. Los primeros dos viajes por ser muy seguidos en el tiempo los compré de una tacada y con el segundo aproveché ese descuento que tampoco es ninguna bicoca, dos euros que no dan ya casi ni para un café.
El caso es que el tercer viaje tendrá que esperar a Diciembre así que decidí no comprarlo entonces y he terminado haciéndolo no sé si al cuarto día o quinto. Un lince soy. Claro que para qué esperar, ¿para que me salga más caro? ¿Dije ya que dos euros no dan para casi nada?
Así que en este último no me premiaron la fidelidad con dos eurazos, y eso que ahora hay que ser muy valiente para embarcarse en un avión. Primero porque uno sabe que va a pagar (nos pasamos la vida pagando), pero no está seguro ni lo estará que vaya a haber un avión al que subir. Y no te cuento si se tiene la suerte de despegar, ¿qué ocurrirá después? Puede ser que un grupetto (¿qué coño es un grupetto? y ¿por qué cacarean eso los Manolos Lamas y compañía, artistas del medio radiofónico al asalto de las cámaras para ser reconocidos por la calle?) decía que puede que un grupo de mozos exaltados decidan invadir las pistas de aterrizaje que por lo que sé son las mismas o muy similares a las de despegue. Claro, temen por sus puestos de trabajo y dejan paradójicamente colgados a los aviones sobrevolando las pistas sin saber bien si tomar tierra arrasando lo que encuentren a su paso como Farruquito o permanecer allí moviéndose torpemente de un lado a otro al tran tran, lo justo para no caer en picado como una jabalina vencida por la gravedad.
Por eso la apuesta tiene un riesgo, aunque calculado. Estaré allí para viajar en avión que es el medio más rápido de llegar a cenar con los míos. Si luego quedo en tierra encontraré a buen seguro algo que llevarme a la boca.
Últimamente hago las cosas por mí. Sin mirar mucho más allá. Decía Sabina que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, lo bueno es que uno puede ser feliz en muchos sitios. La felicidad es como una caja de música. Basta con saber tocar el mecanismo que da cuerda para que suene. Y la música está en todas partes. Se crea en el día a día, co-ti-dia-na-men-te, en el proyecto (estoy vivo) y sobretodo en la ilusión.
jueves, 3 de agosto de 2006
martes, 25 de julio de 2006
Mister concurso
Yo a estas horas llego ya con la reserva. Pero hoy tengo que escribir porque hoy me han dicho que recuerdo a un mister España de hace unos años. Me lo ha dicho una señora de cuarenta-y-tantos y se ha quedado tan tranquila, ya le he dicho yo: "No me ha dicho nada" y he sonreído como lo haría Mister España al recibir la corona, el tanga o lo que sea que le den por lucir tan bien ante las cámaras. Gracias que los compañeros lo han oído, que sino luego nadie me cree.
Es evidente que no soy Mr. España, por cierto de dónde sale ese mister anglófono si nosotros tenemos nuestro Sr de "señor". Pues si resulta bastante raro llamarle a alguien Señor España si no es su apellido, más odioso ha de ser llamarle con ese Mister que los cerebros pensantes de la prensa deportiva nos han traído para sentirse innovadores. El Mister da órdenes desde la banda pero nadie lo escucha.
No soy Mister España aunque podría serlo pues si escarbamos un poco en la afortunada frase de mi clienta, predilecta a partir de ahora por razones obvias, tengo hechuras de modelo y hasta en el carácter, pues según me dijo me vio pasar el otro día con la calle y quiso saludarme pero yo andaba absorto con los cascos entretenido a buen seguro con alguna de las canciones de Joaquín Sabina o con la banda sonora de Amélie que quizá como caso particular, pero con carácter general, me eleva el ánimo con tanto subir, subir y subir de instrumentos al unísono.
Pero no bastó con que la mujer insinuara que tengo la belleza serena de un modelo, sino que la tengo del mejor de ellos. Ahí es nada. Del premiado a la postre, del figurín que espera el resultado de los votos por SMS ciñéndose un poco más el bañador y guiñando nerviosamente los ojos a los compañeros mientras piensa "yo soy más guapo que todos estos".
Lo curioso es que hace unas semanas, quizá ya unos meses una cría me dijo que me parecía a Aymé o yo que sé que sale en una serie de un hospital. El caso es que me acordé el otro día e indagué en Internet y me encontré a un tipo bastante entrado en años con lo que quizá estoy ya acabando la época en que aún pueden llamarme mozo o chico.
Es curioso, supongo que todo el mundo encuentra de algún modo alguna respuesta en los otros. Y no siempre es la que uno espera. Yo tengo un par de fans jóvenes, hermanitas por más señas, que vienen de otro pueblo y son más bien poco discretas, además de raras de ganar, ellas sí, un certámen de raros o tarados. Y sin embargo, cuántas ocasiones con otras personas, uno se llegó a sentir absolutamente invisible. Como si miraran a través de uno, como si no estuviera.
Marcos y yo lo contábamos con gracia, hay que remontarse muchos años, abríamos la boca para decir algún comentario ingenioso, como todos los nuestros, y de repente PASAN DOS CARROS.
Supongo que decíamos aquello de los carros porque se hacía un silencio como ante un desfile, la gente mira la procesión en silencio: y pasa un carro, y otro...
Hoy volví a la piscina. Al regresar me detuve un instante ante una máquina de refrescos aparcada junto a los vestuarios del campo de fútbol artificial. Y digo aparcada por no decir abandonada. Las luces naranjas de los compartimentos vacíos me advirtieron al menos de que estaba encendida . Yo llegué sediento. Los botes a Euro/unidad, bastante razonable. Miré mi cartera y encontré que tenía 4 euros en dos moneditas: 2+2. Me dije: No podía ser de otro modo.
Leí: "Esta máquina admite todo tipo de monedas y da cambio".
Esta frase tal cual no hay por donde cogerla, porque no creo que admita todo tipo de monedas, admitirá solamente euros. Pero en fin, tras leer aquello, de tan claro cristalino, introduje una de ellas y se oyó un clock y Schweppes Limón y cambio cayeron en sus huecos respectivos. Claro que el cambio no fue correcto, fallo mío. Te dicen que da cambio pero no hay porque esperar que sea el bueno. Algo te da, lo que sea, como una máquina de premio, como una tragaperras que siempre lleva más que arroja. Cayeron 60 céntimos. Una moneda de 50 céntimos y su hijita pequeña de 10. Da cambio, lo juro, con el incentivo de no saber bien cuánto. Tú echas y queda a su criterio. Es una máquina mágica, ya solamente queda pedirle que enfríe un poco más las bebidas.
Lógicamente por allí no había un alma a quien referirle la anécdota. Bastante suerte había tenido ya de no perder los dos euros como quien los arroja al estanque de los deseos. Que cambia las monedas por nada. Ya me pasó alguna vez, sobre todo con las monedas perdidas en una robusta cabina Timofónica, y se le queda a uno una cara tan de atontado que no encontrará quien le diga que si no parece Mister España merecería parecerlo.
No seas iluso, lo que puedes cambiar está al alcance de la mano. A veces con la voluntad sobra.
Es evidente que no soy Mr. España, por cierto de dónde sale ese mister anglófono si nosotros tenemos nuestro Sr de "señor". Pues si resulta bastante raro llamarle a alguien Señor España si no es su apellido, más odioso ha de ser llamarle con ese Mister que los cerebros pensantes de la prensa deportiva nos han traído para sentirse innovadores. El Mister da órdenes desde la banda pero nadie lo escucha.
No soy Mister España aunque podría serlo pues si escarbamos un poco en la afortunada frase de mi clienta, predilecta a partir de ahora por razones obvias, tengo hechuras de modelo y hasta en el carácter, pues según me dijo me vio pasar el otro día con la calle y quiso saludarme pero yo andaba absorto con los cascos entretenido a buen seguro con alguna de las canciones de Joaquín Sabina o con la banda sonora de Amélie que quizá como caso particular, pero con carácter general, me eleva el ánimo con tanto subir, subir y subir de instrumentos al unísono.
Pero no bastó con que la mujer insinuara que tengo la belleza serena de un modelo, sino que la tengo del mejor de ellos. Ahí es nada. Del premiado a la postre, del figurín que espera el resultado de los votos por SMS ciñéndose un poco más el bañador y guiñando nerviosamente los ojos a los compañeros mientras piensa "yo soy más guapo que todos estos".
Lo curioso es que hace unas semanas, quizá ya unos meses una cría me dijo que me parecía a Aymé o yo que sé que sale en una serie de un hospital. El caso es que me acordé el otro día e indagué en Internet y me encontré a un tipo bastante entrado en años con lo que quizá estoy ya acabando la época en que aún pueden llamarme mozo o chico.
Es curioso, supongo que todo el mundo encuentra de algún modo alguna respuesta en los otros. Y no siempre es la que uno espera. Yo tengo un par de fans jóvenes, hermanitas por más señas, que vienen de otro pueblo y son más bien poco discretas, además de raras de ganar, ellas sí, un certámen de raros o tarados. Y sin embargo, cuántas ocasiones con otras personas, uno se llegó a sentir absolutamente invisible. Como si miraran a través de uno, como si no estuviera.
Marcos y yo lo contábamos con gracia, hay que remontarse muchos años, abríamos la boca para decir algún comentario ingenioso, como todos los nuestros, y de repente PASAN DOS CARROS.
Supongo que decíamos aquello de los carros porque se hacía un silencio como ante un desfile, la gente mira la procesión en silencio: y pasa un carro, y otro...
Hoy volví a la piscina. Al regresar me detuve un instante ante una máquina de refrescos aparcada junto a los vestuarios del campo de fútbol artificial. Y digo aparcada por no decir abandonada. Las luces naranjas de los compartimentos vacíos me advirtieron al menos de que estaba encendida . Yo llegué sediento. Los botes a Euro/unidad, bastante razonable. Miré mi cartera y encontré que tenía 4 euros en dos moneditas: 2+2. Me dije: No podía ser de otro modo.
Leí: "Esta máquina admite todo tipo de monedas y da cambio".
Esta frase tal cual no hay por donde cogerla, porque no creo que admita todo tipo de monedas, admitirá solamente euros. Pero en fin, tras leer aquello, de tan claro cristalino, introduje una de ellas y se oyó un clock y Schweppes Limón y cambio cayeron en sus huecos respectivos. Claro que el cambio no fue correcto, fallo mío. Te dicen que da cambio pero no hay porque esperar que sea el bueno. Algo te da, lo que sea, como una máquina de premio, como una tragaperras que siempre lleva más que arroja. Cayeron 60 céntimos. Una moneda de 50 céntimos y su hijita pequeña de 10. Da cambio, lo juro, con el incentivo de no saber bien cuánto. Tú echas y queda a su criterio. Es una máquina mágica, ya solamente queda pedirle que enfríe un poco más las bebidas.
Lógicamente por allí no había un alma a quien referirle la anécdota. Bastante suerte había tenido ya de no perder los dos euros como quien los arroja al estanque de los deseos. Que cambia las monedas por nada. Ya me pasó alguna vez, sobre todo con las monedas perdidas en una robusta cabina Timofónica, y se le queda a uno una cara tan de atontado que no encontrará quien le diga que si no parece Mister España merecería parecerlo.
No seas iluso, lo que puedes cambiar está al alcance de la mano. A veces con la voluntad sobra.
viernes, 21 de julio de 2006
La paloma
Vengo nada más para un minuto. La cama me dice como le decía a mi amigo Borja en las noches lejanas en que queríamos llevarlo de fiesta, VEN, VEN, VEN.
Pero tengo que contar mi encuentro de hoy con una paloma. Yo volvía de la piscina y en mi misma acera me encuentro de sopetón con ella. Esto no tiene nada de extraordinario sino fuera porque el animalito pareció sorprenderse al darse de bruces conmigo pues puedo jurar que me pareció que daba un paso atrás, como cuando te encuentras con alguien que no esperaras (o alguien se aproximó demasiado). Y es un gesto muy llamativo, lo es en una paloma porque tiene las patitas tan cortas... por no hablar de algo en lo que seguro que la gente no había reparado, todo el mundo piensa que las palomas solamente avanzan hacia delante, avanzan picando el suelo pero siempre como el burro tras la zanahoria que cuelga desde su cabeza. Pues no, esta paloma, super-paloma si queréis dio un pasito p'alante, María, y otro pasito p'atrás.
Igual es la misma que me encontré hace unos días cruzando una calzada muy transitada, la muy deportiva viendo que se le echaba literalmente encima un coche en vez de despegar un vuelo se puso a mover las patitas más rápido para acabar de cruzar hasta la acera. Saltito y seguir paseando entre transeúntes demasiado absortos para mirar palomas. Para qué volar si se puede llegar andando.
Pero tengo que contar mi encuentro de hoy con una paloma. Yo volvía de la piscina y en mi misma acera me encuentro de sopetón con ella. Esto no tiene nada de extraordinario sino fuera porque el animalito pareció sorprenderse al darse de bruces conmigo pues puedo jurar que me pareció que daba un paso atrás, como cuando te encuentras con alguien que no esperaras (o alguien se aproximó demasiado). Y es un gesto muy llamativo, lo es en una paloma porque tiene las patitas tan cortas... por no hablar de algo en lo que seguro que la gente no había reparado, todo el mundo piensa que las palomas solamente avanzan hacia delante, avanzan picando el suelo pero siempre como el burro tras la zanahoria que cuelga desde su cabeza. Pues no, esta paloma, super-paloma si queréis dio un pasito p'alante, María, y otro pasito p'atrás.
Igual es la misma que me encontré hace unos días cruzando una calzada muy transitada, la muy deportiva viendo que se le echaba literalmente encima un coche en vez de despegar un vuelo se puso a mover las patitas más rápido para acabar de cruzar hasta la acera. Saltito y seguir paseando entre transeúntes demasiado absortos para mirar palomas. Para qué volar si se puede llegar andando.
martes, 18 de julio de 2006
El adiós de Gaddira
Gaddira deja su blog. Dice que se abandona. Yo visito muy pocos blogs. A decir verdad solamente el suyo, el de Luis Tamargo y el de Comella. Y lo hago solamente de cuando en cuando.
Se me escapan las razones del adiós de Gaddira. Tendrán su peso, tanto como para echar el cierre. Ella sabrá.
De algo estoy seguro, Gaddira regresará porque tarde o temprano comprobará que escribir se convirtió en una necesidad. No podrá quedar muda.
Se me escapan las razones del adiós de Gaddira. Tendrán su peso, tanto como para echar el cierre. Ella sabrá.
De algo estoy seguro, Gaddira regresará porque tarde o temprano comprobará que escribir se convirtió en una necesidad. No podrá quedar muda.
domingo, 16 de julio de 2006
Propósitos irrealizables
No se necesita vivir 100 años para darse cuenta de que en la vida acumulamos un montón de propósitos que quedan, sencillamente irrealizados. No sé bien si eran de naturaleza irrealizable o simplemente no supimos dar con la tecla adecuada, desistimos demasiado pronto o no nos importaron lo suficiente. Luego, al volver la vista atrás nos invade una suerte de melancolía, porque sucedió la vida y tenemos la sensación de haber perdido muchas oportunidades. Lo perdido parece ajeno a nuestra voluntad, fue el destino, ¿quién sabe? Simplemente no pudo ser.
Por otro lado llevamos a cabo tareas y proyectos, pero ¿cuando cumplen su objetivo? ¿Quién puede saber si sirvieron para algo?
La vida es algo tremendamente complejo. Tan extraordinaria que causa estupefacción.
Hoy he leído que Bosco pensó en emigrar al país donde no hay letras. Con lo sabio que es y no sabe que necesita escribir. Claro que encontraría muchísimos sitios donde colgar sus relatos, matarían por tenerlos en verdad, pero sabe bien que en el barco que se hunde el capitán es el último en saltar al bote. Y sabe, sin que tengamos que hayamos tenido que decírselo, que es el capitán. Tiene tanto que contar...
Confío en que se quede. Porque aprendió ya hace mucho que hibernamos largos periodos pero que de su mano volvemos a nuevos despertares. Y si alguien mantiene aún la convicción de escribir nada se extingue.
Por otro lado llevamos a cabo tareas y proyectos, pero ¿cuando cumplen su objetivo? ¿Quién puede saber si sirvieron para algo?
La vida es algo tremendamente complejo. Tan extraordinaria que causa estupefacción.
Hoy he leído que Bosco pensó en emigrar al país donde no hay letras. Con lo sabio que es y no sabe que necesita escribir. Claro que encontraría muchísimos sitios donde colgar sus relatos, matarían por tenerlos en verdad, pero sabe bien que en el barco que se hunde el capitán es el último en saltar al bote. Y sabe, sin que tengamos que hayamos tenido que decírselo, que es el capitán. Tiene tanto que contar...
Confío en que se quede. Porque aprendió ya hace mucho que hibernamos largos periodos pero que de su mano volvemos a nuevos despertares. Y si alguien mantiene aún la convicción de escribir nada se extingue.
domingo, 2 de julio de 2006
Mejor seguimos
Hay muchas maneras de ver la actuación de nuestra selección de millonarios en el Mundial de fútbol, algunos como el presentador del canal 4, que es un tío tan pesado que no lo moverían dos bueyes ¡con lo pequeño que es! entienden que hemos sido la gloria del torneo, y que quizá sólo un destino adverso escrito en las estrellas ha logrado lo que el fútbol no podría, que los nuestros se vuelvan sin el trofeo.
Este hombrecillo, el presentador de la 4, Carlos-como-se-llame merece capítulo aparte. La verdad es que se me hace difícil imaginar a alguien más paliza. Ya lo era cuando radiaba los partidos de liga, y mucho; pero con la bufanda de la selección puesta ha llevado su metralladora de palabras a frecuencias nunca vistas, con todo lo empalagoso de hacerlo con una mano en el corazón o en la entrepierna, sólo así se explicaría tanta palabrería por minuto. El tío se hinchaba como un globo y nos hacía parecer tan grandes como la marabunta que se congregaba en Colón, pero era un embuste, como esa marabunta que solamente agitaba banderas y brazos cuando se veía en la pequeña pantalla, mientras tanto comprobaba el querer y no poder de esos chicos de anuncio con la sensación de que aquel voceras nos estaba estafando.
Porque en verdad ganamos a Ucrania que se comportó como una banda, como un grupo de amigos, solteros contra casados después de una comida copiosa. Aunque luego, para resarcirse llegaran más lejos en el torneo que nuestros chicos, que no saludan a la gente, que no pierden un instante de concentración, del autocar al hotel sin despegar la vista de la puerta, de la alfombra, con los cascos puestos, con la mente en la PlayStation o en la guía de la tele.
Ganamos a Turquía y ganamos con apuros a Arabia Saudí, grandes potencias del fútbol sin duda, selecciones con gran pedigree. En verdad era un duelo entre iguales.
Al día siguiente de que Francia nos dijera que sí la experiencia es un grado y la inexperiencia es un lastre, alguien me dijo: ¡Alegra esa cara que no se acaba el mundo! Y yo ya no cojo una frustración o media por esa selección de incapaces. Me borré cuando le rompieron la nariz a Luis Enrique, entonces yo tomaba partido como en una batalla, y hubiera jurado que no hay injusticia mayor que ver a los nuestros de regreso por culpa de un arbitro sospechoso. Entonces sí sentía las derrotas como algo mío, lo que no dejaba de ser idiota, porque bastantes derrotas conlleva uno en la vida como para adjudicarse las de otros. Pero se siente con el corazón y no con la cabeza.
Ahora ya no me ocurre, al contrario. Observo el fútbol y a los futbolistas desde una distancia que me pone a salvo del orgullo hinchado de charlatanes siempre dispuestos a subir más en el elogio, a gritar más fuerte un GOL, a estirarlo para que dure más. ¿No sabe que es algo efímero?
Ahora me indigna ver a Luis Aragonés enfrentarse a Vieira desde la banda, maldecir a sus chicos porque seguro que no están haciendo el fútbol de ensueño que él les recomendó hacer en el vestuario. Pero es que los chicos son humanos, aunque los titulares de prensa los quieren subir a los altares, y los más listos de entre ellos saben que tan pronto los disfrazan de héroes como son capaces de arrojarlos al fango.
En lo futbolístico solamente decir que Raúl que ha sido la persona con más suerte que yo encontré en la vida. Sin destacar en nada de nada, ni en regate, ni en desborde por velocidad, ya sin olfato (y nunca tuvo mucho), no tiene pase, no es creativo, ya no presiona a los defensas ¿para qué? Parece un viejo, se ha convertido en el brazo del entrenador de turno en el campo, supongo que está nada más para recordar a los compañeros las consignas que dio el que se desgañita en la banda. Y sin embargo sigue teniendo una legión de admiradores que se dieron palmadas en el pecho porque se encontró un gol por jugar tan arriba. Desde hace dos años es un escollo insuperable, jugar con un hombre menos es dar demasiada ventaja. Pero no encontró quien le dijera que ya no vale porque ha perdido el puesto. Ni siquiera pasar gran parte de la temporada en el dique seco por una lesión hizo peligrar su sitio en el Mundial. Aunque aún deben retumbar las risotadas de los periodistas extranjeros ante la posibilidad de darle el balón de oro, en aquella lista de estrellas. ¿Cómo hacerlo figurar por delante de Shevchenko sin que entre la risa?
Claro que para consolarse por correr tan mal tiene 6 millones de euros al año, limpios de polvo y paja. Estoy seguro de que en el fondo de su corazón no puede creer la vida que tiene, y seguro que se la merece por ser una bellísima persona, aunque no por su calidad como futbolista.
¿Qué decir de Fernando Torres? Otro NIÑO que se ha inventado la prensa. Hace poco me preguntaban ¿sabes por qué le llaman el niño? Y yo decía: porque es jovencico. Pues no me decían, es porque no sabe meterla. Esa es la mayor verdad que he oído o leído de fútbol en los últimos 6 meses al menos. Pero el chaval da bien ante las cámaras y la prensa lo ha escogido para crear una figura más, doméstica y de andar por casa, no convenceremos de sus virtudes futbolísticas a los de fuera. Pero nos da para vivir entretenidos ojeando el periódico a la hora del café. Ahora, el chaval parece un poco subidito, tal vez alguien con más canas, más vivido debiera avisarle, fallar tanto tantas veces al final pesa más que el pelo peinado de cualquier manera.
Y podría seguir con todos ellos. Jugadores honestos sin duda pero incapaces. ¿Alguien se acuerda de la cantada de Casillas contra Ucrania? Salió a por un balón e hizo una cantada de sonrojo, pero como ganamos al día siguiente nadie la mencionó. Ningún periódico. Yo tuve la impresión de haber vivido un sueño. ¿Realmente hizo esa cantada? ¿Acaso la vi yo sólo? ¿Existió aunque fuera intrascendente? Y podría seguir con todos ellos, pero no tengo mucha gana.
Quizá son buenos futbolistas pero no saben jugar juntos. Siguen dejando pasar oportunidades. Y la prensa sigue haciendo castillos en el aire para que algo le duela al aficionado que siente que estamos ante la gran oportunidad. Ese aficionado se merece un resultado mejor, pero no llega.
¿Habría que pedir cuentas a alguien?
Probablemente habría que pedirselas al seleccionador, a la Federación o a ambos. Pero todo en el fútbol está fabricado del tejido de los sueños. No hay responsabilidades porque nada dura. Si alguien hubiera tenido un mínimo de vergüenza habrían destituido a Aragonés tras el lamentable suceso con Reyes y Henry ¡ese negro de mierda! dijo. Pero en la Federación como en la política se confía en la falta de memoria de la gente. Estamos dispuestos a olvidarlo todo si a cambio nos ilusionan con algo más.
Ahora resulta, lo oí el otro día, que Aragonés dijo antes del Mundial que si nos metía en semi-finales se volvería por donde vino. A las claras está que no llegamos hasta ahí. Caímos un trecho antes (o dos). Pero si ahora se le cuestiona sobre eso dice que "igual me convenía decir eso en ese momento". Y así vamos. La palabra se retuerce para ponerla al servicio de los intereses que sean. La palabra no vale.
No vale en el fútbol.
Fuera y entre algunos la palabra lo es todo. Cueste lo que cueste se es leal a la palabra dada. Y entonces se forjan alianzas que no están sujetas a la coyuntura.
Quizá es lo que se dio entre el presidente de la Federación y entre Luis Aragonés. No importa cómo lo hagas. No importa donde lleguemos. Tú seguirás pase lo que pase. Y el otro dijo que sí, aunque luego le faltara inteligencia para quedarse callado.
Tenemos Aragonés hasta la Eurocopa, es pronto. Pero no tardarán en decirnos que somos favoritos, porque entre ese ramillete de elegidos tenemos que estar siempre.
Este hombrecillo, el presentador de la 4, Carlos-como-se-llame merece capítulo aparte. La verdad es que se me hace difícil imaginar a alguien más paliza. Ya lo era cuando radiaba los partidos de liga, y mucho; pero con la bufanda de la selección puesta ha llevado su metralladora de palabras a frecuencias nunca vistas, con todo lo empalagoso de hacerlo con una mano en el corazón o en la entrepierna, sólo así se explicaría tanta palabrería por minuto. El tío se hinchaba como un globo y nos hacía parecer tan grandes como la marabunta que se congregaba en Colón, pero era un embuste, como esa marabunta que solamente agitaba banderas y brazos cuando se veía en la pequeña pantalla, mientras tanto comprobaba el querer y no poder de esos chicos de anuncio con la sensación de que aquel voceras nos estaba estafando.
Porque en verdad ganamos a Ucrania que se comportó como una banda, como un grupo de amigos, solteros contra casados después de una comida copiosa. Aunque luego, para resarcirse llegaran más lejos en el torneo que nuestros chicos, que no saludan a la gente, que no pierden un instante de concentración, del autocar al hotel sin despegar la vista de la puerta, de la alfombra, con los cascos puestos, con la mente en la PlayStation o en la guía de la tele.
Ganamos a Turquía y ganamos con apuros a Arabia Saudí, grandes potencias del fútbol sin duda, selecciones con gran pedigree. En verdad era un duelo entre iguales.
Al día siguiente de que Francia nos dijera que sí la experiencia es un grado y la inexperiencia es un lastre, alguien me dijo: ¡Alegra esa cara que no se acaba el mundo! Y yo ya no cojo una frustración o media por esa selección de incapaces. Me borré cuando le rompieron la nariz a Luis Enrique, entonces yo tomaba partido como en una batalla, y hubiera jurado que no hay injusticia mayor que ver a los nuestros de regreso por culpa de un arbitro sospechoso. Entonces sí sentía las derrotas como algo mío, lo que no dejaba de ser idiota, porque bastantes derrotas conlleva uno en la vida como para adjudicarse las de otros. Pero se siente con el corazón y no con la cabeza.
Ahora ya no me ocurre, al contrario. Observo el fútbol y a los futbolistas desde una distancia que me pone a salvo del orgullo hinchado de charlatanes siempre dispuestos a subir más en el elogio, a gritar más fuerte un GOL, a estirarlo para que dure más. ¿No sabe que es algo efímero?
Ahora me indigna ver a Luis Aragonés enfrentarse a Vieira desde la banda, maldecir a sus chicos porque seguro que no están haciendo el fútbol de ensueño que él les recomendó hacer en el vestuario. Pero es que los chicos son humanos, aunque los titulares de prensa los quieren subir a los altares, y los más listos de entre ellos saben que tan pronto los disfrazan de héroes como son capaces de arrojarlos al fango.
En lo futbolístico solamente decir que Raúl que ha sido la persona con más suerte que yo encontré en la vida. Sin destacar en nada de nada, ni en regate, ni en desborde por velocidad, ya sin olfato (y nunca tuvo mucho), no tiene pase, no es creativo, ya no presiona a los defensas ¿para qué? Parece un viejo, se ha convertido en el brazo del entrenador de turno en el campo, supongo que está nada más para recordar a los compañeros las consignas que dio el que se desgañita en la banda. Y sin embargo sigue teniendo una legión de admiradores que se dieron palmadas en el pecho porque se encontró un gol por jugar tan arriba. Desde hace dos años es un escollo insuperable, jugar con un hombre menos es dar demasiada ventaja. Pero no encontró quien le dijera que ya no vale porque ha perdido el puesto. Ni siquiera pasar gran parte de la temporada en el dique seco por una lesión hizo peligrar su sitio en el Mundial. Aunque aún deben retumbar las risotadas de los periodistas extranjeros ante la posibilidad de darle el balón de oro, en aquella lista de estrellas. ¿Cómo hacerlo figurar por delante de Shevchenko sin que entre la risa?
Claro que para consolarse por correr tan mal tiene 6 millones de euros al año, limpios de polvo y paja. Estoy seguro de que en el fondo de su corazón no puede creer la vida que tiene, y seguro que se la merece por ser una bellísima persona, aunque no por su calidad como futbolista.
¿Qué decir de Fernando Torres? Otro NIÑO que se ha inventado la prensa. Hace poco me preguntaban ¿sabes por qué le llaman el niño? Y yo decía: porque es jovencico. Pues no me decían, es porque no sabe meterla. Esa es la mayor verdad que he oído o leído de fútbol en los últimos 6 meses al menos. Pero el chaval da bien ante las cámaras y la prensa lo ha escogido para crear una figura más, doméstica y de andar por casa, no convenceremos de sus virtudes futbolísticas a los de fuera. Pero nos da para vivir entretenidos ojeando el periódico a la hora del café. Ahora, el chaval parece un poco subidito, tal vez alguien con más canas, más vivido debiera avisarle, fallar tanto tantas veces al final pesa más que el pelo peinado de cualquier manera.
Y podría seguir con todos ellos. Jugadores honestos sin duda pero incapaces. ¿Alguien se acuerda de la cantada de Casillas contra Ucrania? Salió a por un balón e hizo una cantada de sonrojo, pero como ganamos al día siguiente nadie la mencionó. Ningún periódico. Yo tuve la impresión de haber vivido un sueño. ¿Realmente hizo esa cantada? ¿Acaso la vi yo sólo? ¿Existió aunque fuera intrascendente? Y podría seguir con todos ellos, pero no tengo mucha gana.
Quizá son buenos futbolistas pero no saben jugar juntos. Siguen dejando pasar oportunidades. Y la prensa sigue haciendo castillos en el aire para que algo le duela al aficionado que siente que estamos ante la gran oportunidad. Ese aficionado se merece un resultado mejor, pero no llega.
¿Habría que pedir cuentas a alguien?
Probablemente habría que pedirselas al seleccionador, a la Federación o a ambos. Pero todo en el fútbol está fabricado del tejido de los sueños. No hay responsabilidades porque nada dura. Si alguien hubiera tenido un mínimo de vergüenza habrían destituido a Aragonés tras el lamentable suceso con Reyes y Henry ¡ese negro de mierda! dijo. Pero en la Federación como en la política se confía en la falta de memoria de la gente. Estamos dispuestos a olvidarlo todo si a cambio nos ilusionan con algo más.
Ahora resulta, lo oí el otro día, que Aragonés dijo antes del Mundial que si nos metía en semi-finales se volvería por donde vino. A las claras está que no llegamos hasta ahí. Caímos un trecho antes (o dos). Pero si ahora se le cuestiona sobre eso dice que "igual me convenía decir eso en ese momento". Y así vamos. La palabra se retuerce para ponerla al servicio de los intereses que sean. La palabra no vale.
No vale en el fútbol.
Fuera y entre algunos la palabra lo es todo. Cueste lo que cueste se es leal a la palabra dada. Y entonces se forjan alianzas que no están sujetas a la coyuntura.
Quizá es lo que se dio entre el presidente de la Federación y entre Luis Aragonés. No importa cómo lo hagas. No importa donde lleguemos. Tú seguirás pase lo que pase. Y el otro dijo que sí, aunque luego le faltara inteligencia para quedarse callado.
Tenemos Aragonés hasta la Eurocopa, es pronto. Pero no tardarán en decirnos que somos favoritos, porque entre ese ramillete de elegidos tenemos que estar siempre.
sábado, 1 de julio de 2006
Superman
Leo que se prepara el retorno de Superman, y no sé si la mayoría de sus seguidores quieren un "remake" con efectos especiales mejorados, yo personalmente preferiría el retorno de Cristopher Reeve; creyó que volvería a andar pero se equivocó.
¿Cómo podría ver la película sin recordarlo?
Superman ya no existe.
¿Cómo podría ver la película sin recordarlo?
Superman ya no existe.
Contigo
Lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí
y morirme contigo si te matas,
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.
Contigo - J. Sabina
es que mueras por mí
y morirme contigo si te matas,
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata,
porque amores que matan nunca mueren.
Contigo - J. Sabina
jueves, 29 de junio de 2006
Subvenciona mi espacio
He iniciado todos los trámites para que una entidad sin ojos pero que mira a través de otros, con mil ojos, subvencione mi espacio. Me abone un porcentaje nada desdeñable de la renta que vengo pagando con puntualidad los 5 de cada mes (entrante ;)).
La cosa parece que marcha. Estoy tras la búsqueda del arca perdida.
La cosa parece que marcha. Estoy tras la búsqueda del arca perdida.
lunes, 19 de junio de 2006
Firmas perdidas
Descubro hoy que se han perdido las firmas más recientes del libro de visitas. Por lo que se ve el servicio de MelodySoft funciona perfectísimamente :P
no seré malo, a caballo regalado no le mires... aunque cuando uno recoge las firmitas de los amigos lo hace con intención de conservarlas.
Invitas a firmar al menos una vez y para siempre (que será lo que tarden en perderse).
no seré malo, a caballo regalado no le mires... aunque cuando uno recoge las firmitas de los amigos lo hace con intención de conservarlas.
Invitas a firmar al menos una vez y para siempre (que será lo que tarden en perderse).
domingo, 18 de junio de 2006
El pasillo
Estamos en pleno Mundial de fútbol aunque a mí me esté pasando casi inadvertido. Simplemente mi antena (si es que mi edificio cuenta con una) está orientada hacia Oriente, hacia el punto exacto de donde vienen sus Majestades los Reyes Magos. Supongo que si girara el cuello hacia el lado contrario yo alcanzaría a ver a todos los ases del balón jugándose el honor del país en un juego, banderas al viento frente al otro sin dar tiros, no hay guerras que merezcan la pena.
Pero yo no sé que canal es ese que retransmite todos los partidos, la Sexta. Una noche intenté localizarlo y dejé mi pantalla gris con un chisporroteo de fundirse ella o a mí, con un ruido de fondo aterrador. Ahora bien, cojo sin problemas al menos tres canales de amena programación, las echadoras de cartas que predicen el futuro: ninguna llamada entrante durante menos de 20 minutos. Siempre saben lo que va hacer la mujer al aparato (suele ser una mujer la mayoría de las veces) en la próxima media hora con una precisión milímetrica. Jo aún terminaré echando de menos a aquella Rosa Espiritual que es una señorona inglesa que arrastra su OK en el canal más triste de Valencia, daba gusto escuchar sus consejos sensatos, con aquella pinta de pirada, poniendo su libro en el vértice inferior de la pantalla, porque tenía un libro escrito y supongo que dos más en preparación. Y su música de fondo... era como llamar al sueño en medio de lo sórdido de tantos anhelos sin espera.
Pero no tengo a Rosa Espiritual, me quedan algo lejos sus uñas de gavilana, tengo a esas otras a las que no dediqué un segundo, un visto y no visto, y en los laterales publicidad chunga, de esa que gasta ahora hasta hasta el programa de más señorío: Envía LOQUESEA al NÚMEROQUESEA, tienen razón, ya hay más teléfonos móviles que personas. Yo entre aquí y allá tengo dos.
En el canal 4 han decidido que el Mundial merece una cobertura mundial, lo que yo agradezco, aunque agradecería más el que mandaran al tipo ese como se llame, el que tras el sonar el silbato es capaz de hablar los 95 minutos seguidos sin respirar, fuera del mundo. No hace falta que muy lejos, a la luna por ejemplo, para que taladrará allí un campamento que puedan visitar los millonarios, o a Marte para que de tanto hablar extinguiese la vida si la hay, no hay que fiarse, hoy son microscópicos elementos y dentro de unos siglos engendros del tamaño de una excavadora con malas intenciones.
Hoy dieron la imagen de la llegada de nuestros seleccionados, lo mejor de cada casa, a Stuttgart. Por supuesto, han pasado en una semana de ser una banda a ser los máximos favoritos para adjudicarse el torneo. Vencieron en buena lid a una banda de ucranios. Son los medios que tenemos, necesitan vender periódicos y harán lo que haga falta. Importa poco que en realidad no jueguen ni castaña. El fútbol tiene estas cosas, convierte héroes y villanos en millonarios (que enviar a la luna). Yo cogería unos cuántos de estos que no caben en sus camisas y los echaba directamente a los pies de los caballos, y lo haría hoy particularmente. Porque hoy vi esa llegada al hotel, saliendo directamente del autocar de todos estos grandes deportistas, que dan tanta risa por norma general, pero es que hoy van crecidos, como si fueran los héroes del Olimpo. Por eso recorren los escasos metros del autobús al hotel sin siquiera saludar a la hinchada. Viendo sus prisas más que un pasillo parece un mal trago. Toda esa gente que ha recorrido tantos kilómetros por dar un apoyo que no merecen. Casos como el de Fernando Torres que es habitualmente un tuerce botas, incapaz de meter un gol al arco iris y que cruza serio y con los cascos puestos en la oreja sin un solo gesto. Y así uno tras otro, sin gastar un segundo en un solo detalle.
Apenas un gesto hacia la gente allí congregada, con qué poco hubiera bastado... los chavales entienden que es lo normal. Siguen en el penoso rol que tienen en sus clubes, la gente les da una extraordinaria desconfianza. Prefieren no tenerla cerca, creen que verles pasar rápido de un sitio a otro, sin siquiera mirarlos, da suficiente sentido al largo viaje hasta ellos. Son las estrellas. Las estrellas que se estrellan pero que hoy se creen mejor que ayer, y cada día un poco mejores.
En fin, gracias que yo no soy nada mitómano y toda esa gentuza me importa más bien poco. Sí lo siento por los aficionados que pintan sus caras porque creen en algo, porque ni reciben el trato que merecen ni su fe moverá montañas.
Veremos mañana. La tarea parece sencilla, y para ganar no hace falta hacerlo bonito. Sus egos pueden subir más alto aún.
Pero yo no sé que canal es ese que retransmite todos los partidos, la Sexta. Una noche intenté localizarlo y dejé mi pantalla gris con un chisporroteo de fundirse ella o a mí, con un ruido de fondo aterrador. Ahora bien, cojo sin problemas al menos tres canales de amena programación, las echadoras de cartas que predicen el futuro: ninguna llamada entrante durante menos de 20 minutos. Siempre saben lo que va hacer la mujer al aparato (suele ser una mujer la mayoría de las veces) en la próxima media hora con una precisión milímetrica. Jo aún terminaré echando de menos a aquella Rosa Espiritual que es una señorona inglesa que arrastra su OK en el canal más triste de Valencia, daba gusto escuchar sus consejos sensatos, con aquella pinta de pirada, poniendo su libro en el vértice inferior de la pantalla, porque tenía un libro escrito y supongo que dos más en preparación. Y su música de fondo... era como llamar al sueño en medio de lo sórdido de tantos anhelos sin espera.
Pero no tengo a Rosa Espiritual, me quedan algo lejos sus uñas de gavilana, tengo a esas otras a las que no dediqué un segundo, un visto y no visto, y en los laterales publicidad chunga, de esa que gasta ahora hasta hasta el programa de más señorío: Envía LOQUESEA al NÚMEROQUESEA, tienen razón, ya hay más teléfonos móviles que personas. Yo entre aquí y allá tengo dos.
En el canal 4 han decidido que el Mundial merece una cobertura mundial, lo que yo agradezco, aunque agradecería más el que mandaran al tipo ese como se llame, el que tras el sonar el silbato es capaz de hablar los 95 minutos seguidos sin respirar, fuera del mundo. No hace falta que muy lejos, a la luna por ejemplo, para que taladrará allí un campamento que puedan visitar los millonarios, o a Marte para que de tanto hablar extinguiese la vida si la hay, no hay que fiarse, hoy son microscópicos elementos y dentro de unos siglos engendros del tamaño de una excavadora con malas intenciones.
Hoy dieron la imagen de la llegada de nuestros seleccionados, lo mejor de cada casa, a Stuttgart. Por supuesto, han pasado en una semana de ser una banda a ser los máximos favoritos para adjudicarse el torneo. Vencieron en buena lid a una banda de ucranios. Son los medios que tenemos, necesitan vender periódicos y harán lo que haga falta. Importa poco que en realidad no jueguen ni castaña. El fútbol tiene estas cosas, convierte héroes y villanos en millonarios (que enviar a la luna). Yo cogería unos cuántos de estos que no caben en sus camisas y los echaba directamente a los pies de los caballos, y lo haría hoy particularmente. Porque hoy vi esa llegada al hotel, saliendo directamente del autocar de todos estos grandes deportistas, que dan tanta risa por norma general, pero es que hoy van crecidos, como si fueran los héroes del Olimpo. Por eso recorren los escasos metros del autobús al hotel sin siquiera saludar a la hinchada. Viendo sus prisas más que un pasillo parece un mal trago. Toda esa gente que ha recorrido tantos kilómetros por dar un apoyo que no merecen. Casos como el de Fernando Torres que es habitualmente un tuerce botas, incapaz de meter un gol al arco iris y que cruza serio y con los cascos puestos en la oreja sin un solo gesto. Y así uno tras otro, sin gastar un segundo en un solo detalle.
Apenas un gesto hacia la gente allí congregada, con qué poco hubiera bastado... los chavales entienden que es lo normal. Siguen en el penoso rol que tienen en sus clubes, la gente les da una extraordinaria desconfianza. Prefieren no tenerla cerca, creen que verles pasar rápido de un sitio a otro, sin siquiera mirarlos, da suficiente sentido al largo viaje hasta ellos. Son las estrellas. Las estrellas que se estrellan pero que hoy se creen mejor que ayer, y cada día un poco mejores.
En fin, gracias que yo no soy nada mitómano y toda esa gentuza me importa más bien poco. Sí lo siento por los aficionados que pintan sus caras porque creen en algo, porque ni reciben el trato que merecen ni su fe moverá montañas.
Veremos mañana. La tarea parece sencilla, y para ganar no hace falta hacerlo bonito. Sus egos pueden subir más alto aún.
Será que no son tan malos
Algo voy a tener que hacer con la banda sonora de esta web. Juro que me encanta, pero no sé que me ocurre, me asomo con el mejor humor y en cuanto oigo la música caigo en un océano de melancolía, o en el Cantábrico que golpea los acantilados de Llanes, lo mismo da.
Leía hace unos días esa noticia que es refuerzo de la extendida convicción entre mis convecinos de todo el país, todo marcha, la justicia imparte justicia y que mis ojos lo vean. Atrapan a 7 individuos en los tubos de ventilación de una entidad bancaria dispuestos a perpetrar el atraco perfecto (es aquel en el que solo se entera el dinero). Pero ¡oh sorpresa! al ir a descender, supongo que a través de un cable como el bueno de Tom Cruise en alguna de sus misiones imposibles, los 7 o el primero en la suerte de bajar se encuentra con que allí esperan los GEO vestidos para la ocasión con sus mejores y más sofisticadas armas. Resultó que llegar al dinero iba a convertirse, de verdad de la buena, en una misión imposible. No quiero ni pensar en la decepción del primero que probablemente dijo un "-Se jodió" grabado convenientemente por la cámara de la policía, que ahora la poli graba cada una de sus acciones para motivar nuevas tramas en la cabeza de atrevidos guionistas siempre dispuestos a dar una vuelta de tuerca más. Y los de arriba, si ¡maldita sea!, ser cogidos allí metidos como sardinas en lata tenía un punto bastante humillante, ya no te digo cuando es la policía la que te ayuda a bajar desde el tubo, como si fueras un niño en un columpio, sin poder quedar suspendido a apenas unos centímetros del suelo, con la gotita de sudor frío que es la misma que busca los grifos Roca, amenazando con activar todas las alarmas y con despertar a los vecinos, que duermen con un oído pendiente de los ruidos de su propia casa.
El caso es que tras ser esposados e introducidos en medio de ululantes sirenas son conducidos ante el juez de guardia que se sabe el manual al dedillo, un poco porque se dejó los mejores años de su vida colgando de aquellos folios, y otro poco porque la ley, como dice Rajoy con la boca llena, hay que cumplirla. Pero la cosa curiosa viene cuando el juez y el fiscal no hablan, son dos entidades distintas, como dos planetas ajenos del todo en el universo de un juzgado. El fiscal no pide prisión preventiva porque dice que no hay pruebas. Supongo que aquello del tubo de ventilación bien mirado resulta entrañable para cualquiera, algo así como aquel juego de niños en que todos ellos se esconden repitiendo los mismos sitios en medio de la mayor oscuridad (cuando ya la oscuridad no les da miedo). Siempre hay alguno encima de la litera. Y como los niños entre ellos, al escondido siempre lo terminas encontrando.
El fiscal tiene razón, ocultarse allí sin estropear nada, como intrépidos marines de Estados Unidos es algo así como hacer cola para el primer día de Rebajas. Algo emocionante. Lo malo es que si en vez de encontrarse a
MUCHA, MUCHA, POLICIA
se hubieran encontrado a un empleadillo de oficina, que no se mete con nadie, que no hace mal a nadie, que no aspira a más que tener un buen día, entonces el susto sería tremendo y entonces, como perfectos marines de Estados Unidos quizá emplearan sugeridores métodos para convencer que vale más cantar lo que se sepa, sea una combinación ganadora que ¡ábrete Sésamo! descubra el contenido de la caja fuerte, o tu nombre real y tu ubicación exacta un martes 11 de Septiembre de hace casi 5 años.
Los jueces y fiscales son como los políticos, es decir son como niños. El juez le dice al fiscal que pida por esa boquita, pero si el niño no está de buenas nada más echara la papilla y no dirá esta boca es mía. Si el fiscal no pide prisión porque hoy se siente magnánimo y decide que Barrabás no lo merece, los liberamos y en paz. Total, no tienen que ir muy lejos, y si la desesperación de sentirse perdidos o la confianza en que nada de lo que hagan les traerá consecuencias los hace aún más intrépidos, y deciden cambiar sus circenses métodos por entrar a pecho descubierto con la pistola por delante, que lo hagan. Otras vidas están en juego.
Lo malo es que alguno de estos para demostrar lo en serio que van ya le disparó en el pasado un tiro en la pierna a una directora de sucursal. Eso es no reparar en medios que convenzan. Dar el todo por el todo. Y mi hermana Raquelita es desde hace unos días dire (¡enhorabuena niña!). No digo más.
En verdad el dinero no vale para llegar a tanto.
Leía hace unos días esa noticia que es refuerzo de la extendida convicción entre mis convecinos de todo el país, todo marcha, la justicia imparte justicia y que mis ojos lo vean. Atrapan a 7 individuos en los tubos de ventilación de una entidad bancaria dispuestos a perpetrar el atraco perfecto (es aquel en el que solo se entera el dinero). Pero ¡oh sorpresa! al ir a descender, supongo que a través de un cable como el bueno de Tom Cruise en alguna de sus misiones imposibles, los 7 o el primero en la suerte de bajar se encuentra con que allí esperan los GEO vestidos para la ocasión con sus mejores y más sofisticadas armas. Resultó que llegar al dinero iba a convertirse, de verdad de la buena, en una misión imposible. No quiero ni pensar en la decepción del primero que probablemente dijo un "-Se jodió" grabado convenientemente por la cámara de la policía, que ahora la poli graba cada una de sus acciones para motivar nuevas tramas en la cabeza de atrevidos guionistas siempre dispuestos a dar una vuelta de tuerca más. Y los de arriba, si ¡maldita sea!, ser cogidos allí metidos como sardinas en lata tenía un punto bastante humillante, ya no te digo cuando es la policía la que te ayuda a bajar desde el tubo, como si fueras un niño en un columpio, sin poder quedar suspendido a apenas unos centímetros del suelo, con la gotita de sudor frío que es la misma que busca los grifos Roca, amenazando con activar todas las alarmas y con despertar a los vecinos, que duermen con un oído pendiente de los ruidos de su propia casa.
El caso es que tras ser esposados e introducidos en medio de ululantes sirenas son conducidos ante el juez de guardia que se sabe el manual al dedillo, un poco porque se dejó los mejores años de su vida colgando de aquellos folios, y otro poco porque la ley, como dice Rajoy con la boca llena, hay que cumplirla. Pero la cosa curiosa viene cuando el juez y el fiscal no hablan, son dos entidades distintas, como dos planetas ajenos del todo en el universo de un juzgado. El fiscal no pide prisión preventiva porque dice que no hay pruebas. Supongo que aquello del tubo de ventilación bien mirado resulta entrañable para cualquiera, algo así como aquel juego de niños en que todos ellos se esconden repitiendo los mismos sitios en medio de la mayor oscuridad (cuando ya la oscuridad no les da miedo). Siempre hay alguno encima de la litera. Y como los niños entre ellos, al escondido siempre lo terminas encontrando.
El fiscal tiene razón, ocultarse allí sin estropear nada, como intrépidos marines de Estados Unidos es algo así como hacer cola para el primer día de Rebajas. Algo emocionante. Lo malo es que si en vez de encontrarse a
MUCHA, MUCHA, POLICIA
se hubieran encontrado a un empleadillo de oficina, que no se mete con nadie, que no hace mal a nadie, que no aspira a más que tener un buen día, entonces el susto sería tremendo y entonces, como perfectos marines de Estados Unidos quizá emplearan sugeridores métodos para convencer que vale más cantar lo que se sepa, sea una combinación ganadora que ¡ábrete Sésamo! descubra el contenido de la caja fuerte, o tu nombre real y tu ubicación exacta un martes 11 de Septiembre de hace casi 5 años.
Los jueces y fiscales son como los políticos, es decir son como niños. El juez le dice al fiscal que pida por esa boquita, pero si el niño no está de buenas nada más echara la papilla y no dirá esta boca es mía. Si el fiscal no pide prisión porque hoy se siente magnánimo y decide que Barrabás no lo merece, los liberamos y en paz. Total, no tienen que ir muy lejos, y si la desesperación de sentirse perdidos o la confianza en que nada de lo que hagan les traerá consecuencias los hace aún más intrépidos, y deciden cambiar sus circenses métodos por entrar a pecho descubierto con la pistola por delante, que lo hagan. Otras vidas están en juego.
Lo malo es que alguno de estos para demostrar lo en serio que van ya le disparó en el pasado un tiro en la pierna a una directora de sucursal. Eso es no reparar en medios que convenzan. Dar el todo por el todo. Y mi hermana Raquelita es desde hace unos días dire (¡enhorabuena niña!). No digo más.
En verdad el dinero no vale para llegar a tanto.
sábado, 17 de junio de 2006
domingo, 11 de junio de 2006
Gracias maestro
Imagino que la buena de Comella Firmet rabiará viendo lo que va a ver. Porque tiene pinta de admirar a Sabina tanto como yo, pero yo tuve esta vez la suerte de mi lado.
Ocurrió subiendo Tirso de Molina en Madrid un 2 de Junio. Yo caminaba charlando con un amigo actor, Jordi, al que traje a colación en este weblog inacabado algunas veces, porque es un fenomenal amigo, de gran talento. Quiere hacerme guionista con él cuando le llegue la gran oportunidad, no sabe que yo solamente suelo escribir cosas tristes y cuando no es triste tiro a veces de sarcasmo que es recurso con un fondo de tristeza.
Charlábamos y de repente al mirar la cara del que se cruza conmigo de frente, descubro: JOAQUÍN SABINA. Lógicamente una vez que nos vimos rebasados nos giramos y lo vimos alejarse por la calle, y entonces me dije, "esto lo tiene que ver Sestea" que caminaba unos 15 metros por detrás. Pensé en llamarla al móvil para advertirla. "Fíjate bien donde pisás", bueno en serio: "Fíjate bien con quien te vas a cruzar, abre los ojitos", pero no hizo falta. Siempre recordaré su careto, prácticamente parada delante de Sabina, obstruyéndole el paso casi.
Sabina siguió hacia abajo y cruzó por el paso de peatones, iba a acompañado por una chiquita, no sé bien quien, ni me importó lo más mínimo. Una vez reunidos los 4. Sestea, Jordi, su novia Diana ¡cuida a esa chiquita! y un servidor había que reaccionar. Yo me dije que no me podía quedar sin un autógrafo, lo que era un pensamiento bastante idiota y por consiguiente muy mío, no tenía papel, no tenía bolígrafo. Entonces recordé que como buen turista llevaba en el bolso de mi amigo (sí bolso, sí, jajaja) mi cámara de fotos digital. Y me dije que no podía dejar pasar una oportunidad así. Que había que apostar.
Sestea me vio las intenciones y me quiso detener. ¡Espera, tiene muy mal carácter! ¡Déjalo! ¡Nos hará pasar un mal rato! Pero la suerte estaba echada, corrí unos metros y lo llamé, de acera a acera. ¡Joaquín!¡Joaquín!
Ya a su lado le dije si podíamos hacernos una foto. Que lo admirábamos mucho. Él puso muy mala cara y la chiquita que iba con él se alejó unos metros, como temiendo que un volcán entrara en erupción.
Pero no ocurrió nada. Al momento Sabina dijo "venga" quizá porque vio que nuestra determinación era más fuerte. Quizá porque era un sábado de sol precioso, quizá porque mi camiseta con 15 aniversarios me hacía parecer un hombre peligroso ante negativas.
Nos pusimos a un lado cada uno y Jordi hizo un par de fotos para la posteridad. Yo le decía:
-Jordi, como no salgan te mato. Haz dos, ¡o cien!
Le pase la mano por la espalda y él que es listo hizo lo propio con Sestea, quizá porque sin conocerla le había escrito una canción: "Rebajas de Enero". Y a ella le decía con voz Sabiniana y queda, de carajillero de repente orgulloso de como suena: "¿Qué hay?
Nos despedimos y seguimos nuestro camino. Él cargado de periódicos y harto de salir a la calle camuflado para que, pese a todo, le descubran. Es el precio de la fama por ser tan bueno.
Y para que no se diga que esto es un cuento chino ahí van las pruebas. Ya lo decía yo, siempre me sentí muy orgulloso: amigos que tiene uno :).

Y dos segundos después:

Fíjate que yo tengo el mismo careto ¡qué nervios! Conmigo se puede jugar a lo de las 7 diferencias. Parece la misma foto. Si es que soy un maldito mimo. Toy petrificau. Y eso que no soy nada mitómano, me puedo cruzar con cualquier famoso sin siquiera mirarlo. Pero ¡ay si es Sabina! Ahora, no creas que el tipo me va a la zaga. Qué expresión sin expresión tan permanente. Solo la niña cambia algo :D Taba flipadina la pobre ;)
Ocurrió subiendo Tirso de Molina en Madrid un 2 de Junio. Yo caminaba charlando con un amigo actor, Jordi, al que traje a colación en este weblog inacabado algunas veces, porque es un fenomenal amigo, de gran talento. Quiere hacerme guionista con él cuando le llegue la gran oportunidad, no sabe que yo solamente suelo escribir cosas tristes y cuando no es triste tiro a veces de sarcasmo que es recurso con un fondo de tristeza.
Charlábamos y de repente al mirar la cara del que se cruza conmigo de frente, descubro: JOAQUÍN SABINA. Lógicamente una vez que nos vimos rebasados nos giramos y lo vimos alejarse por la calle, y entonces me dije, "esto lo tiene que ver Sestea" que caminaba unos 15 metros por detrás. Pensé en llamarla al móvil para advertirla. "Fíjate bien donde pisás", bueno en serio: "Fíjate bien con quien te vas a cruzar, abre los ojitos", pero no hizo falta. Siempre recordaré su careto, prácticamente parada delante de Sabina, obstruyéndole el paso casi.
Sabina siguió hacia abajo y cruzó por el paso de peatones, iba a acompañado por una chiquita, no sé bien quien, ni me importó lo más mínimo. Una vez reunidos los 4. Sestea, Jordi, su novia Diana ¡cuida a esa chiquita! y un servidor había que reaccionar. Yo me dije que no me podía quedar sin un autógrafo, lo que era un pensamiento bastante idiota y por consiguiente muy mío, no tenía papel, no tenía bolígrafo. Entonces recordé que como buen turista llevaba en el bolso de mi amigo (sí bolso, sí, jajaja) mi cámara de fotos digital. Y me dije que no podía dejar pasar una oportunidad así. Que había que apostar.
Sestea me vio las intenciones y me quiso detener. ¡Espera, tiene muy mal carácter! ¡Déjalo! ¡Nos hará pasar un mal rato! Pero la suerte estaba echada, corrí unos metros y lo llamé, de acera a acera. ¡Joaquín!¡Joaquín!
Ya a su lado le dije si podíamos hacernos una foto. Que lo admirábamos mucho. Él puso muy mala cara y la chiquita que iba con él se alejó unos metros, como temiendo que un volcán entrara en erupción.
Pero no ocurrió nada. Al momento Sabina dijo "venga" quizá porque vio que nuestra determinación era más fuerte. Quizá porque era un sábado de sol precioso, quizá porque mi camiseta con 15 aniversarios me hacía parecer un hombre peligroso ante negativas.
Nos pusimos a un lado cada uno y Jordi hizo un par de fotos para la posteridad. Yo le decía:
-Jordi, como no salgan te mato. Haz dos, ¡o cien!
Le pase la mano por la espalda y él que es listo hizo lo propio con Sestea, quizá porque sin conocerla le había escrito una canción: "Rebajas de Enero". Y a ella le decía con voz Sabiniana y queda, de carajillero de repente orgulloso de como suena: "¿Qué hay?
Nos despedimos y seguimos nuestro camino. Él cargado de periódicos y harto de salir a la calle camuflado para que, pese a todo, le descubran. Es el precio de la fama por ser tan bueno.
Y para que no se diga que esto es un cuento chino ahí van las pruebas. Ya lo decía yo, siempre me sentí muy orgulloso: amigos que tiene uno :).

Y dos segundos después:

Fíjate que yo tengo el mismo careto ¡qué nervios! Conmigo se puede jugar a lo de las 7 diferencias. Parece la misma foto. Si es que soy un maldito mimo. Toy petrificau. Y eso que no soy nada mitómano, me puedo cruzar con cualquier famoso sin siquiera mirarlo. Pero ¡ay si es Sabina! Ahora, no creas que el tipo me va a la zaga. Qué expresión sin expresión tan permanente. Solo la niña cambia algo :D Taba flipadina la pobre ;)
viernes, 9 de junio de 2006
jueves, 1 de junio de 2006
Madrid
Mañana salgo corriendo a las 3 de la tarde y no paro de correr hasta llegar a Madrid cerca de las 10:45 si no hay contratiempos. Quiero ir a cenar al Subway que es un sitio de bocatas al que cogí afición hace unos años. Tenía una tarjeta de 2x1 y me llevaba todas las semanas un par de bocatas de 30cm. Al llegar a casa nada más una bandeja, una coca-cola e iba directo al sillón a ver el partido de fútbol que echaran, preferentemente de Champions League.
Igual vuelvo a pasear por el retiro, donde canta aquel imitador de Sabina que tan poco se le parece, nada más en las letras. Me quieren llevar a cenar a un sitio curioso de la capital, veremos. Tendré que aprovechar el tiempo, regreso a la carrera el domingo a mediodía.
Dice el anuncio que si vas a Madrid eres de Madrid. Con Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, no sé, no sé ;)
Igual vuelvo a pasear por el retiro, donde canta aquel imitador de Sabina que tan poco se le parece, nada más en las letras. Me quieren llevar a cenar a un sitio curioso de la capital, veremos. Tendré que aprovechar el tiempo, regreso a la carrera el domingo a mediodía.
Dice el anuncio que si vas a Madrid eres de Madrid. Con Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, no sé, no sé ;)
domingo, 28 de mayo de 2006
¿Te has enterado?
Apenas me han llegado unas trazas de una noticia marujil, parece que Sabina y Ramoncín (¿Ramonqué?) se han peleado.
No sé bien el origen de la controversia y la verdad es que ni siquiera me importa. Yo como todos mis vecinos, como tú que también te arriesgas a veces, estoy más que dispuesto a hablar sin conocer del tema apenas nada. Quiero anticipar mi opinión y eso que solamente sé que parece que el Sabina en su versión más regular dijo que Ramoncín no vende ni en el top manta. Y al otro esto le ha sentado fatal, porque es verdad y porque lo dice Sabina que como artista tiene la consideración de todo el mundo (o debiera tenerla).
Yo como ni siquiera sé quién es Ramoncín, creo que un contertulio sabiondo siempre dispuesto a dar su opinión sobre cualquier tema (aunque no conozca más que trazas), exactamente como yo los días en que me levanto con la lengua suelta, me pongo de parte de Joaquín Sabina porque lo escucho todos los días sin excepción. Pero no largando sobre cosas que me interesan más bien poco, sino detrás de algunas de las mejores canciones que se han hecho en castellano.
Es probablemente mi cantautor favorito, y eso que dice que a Piscis nos toca el vinagre. Veremos si soy capaz de superarlo.
No sé bien el origen de la controversia y la verdad es que ni siquiera me importa. Yo como todos mis vecinos, como tú que también te arriesgas a veces, estoy más que dispuesto a hablar sin conocer del tema apenas nada. Quiero anticipar mi opinión y eso que solamente sé que parece que el Sabina en su versión más regular dijo que Ramoncín no vende ni en el top manta. Y al otro esto le ha sentado fatal, porque es verdad y porque lo dice Sabina que como artista tiene la consideración de todo el mundo (o debiera tenerla).
Yo como ni siquiera sé quién es Ramoncín, creo que un contertulio sabiondo siempre dispuesto a dar su opinión sobre cualquier tema (aunque no conozca más que trazas), exactamente como yo los días en que me levanto con la lengua suelta, me pongo de parte de Joaquín Sabina porque lo escucho todos los días sin excepción. Pero no largando sobre cosas que me interesan más bien poco, sino detrás de algunas de las mejores canciones que se han hecho en castellano.
Es probablemente mi cantautor favorito, y eso que dice que a Piscis nos toca el vinagre. Veremos si soy capaz de superarlo.
jueves, 25 de mayo de 2006
Cambiando de vida
Escucho en la radio una cuña de la ONCE muy concluyente. Cuenta que con 6 millones de euros, "olvídate de los problemas" de manera que emerge del agua clara y en síntesis una conclusión diáfana como mi salita de estar:
"El dinero resuelve todos los problemas" o al menos permite que los olvides, supongo que será porque con pasta se puede beber güisqui del bueno, beber hasta olvidar. Aunque si de lo que se trata es de ponerse moñas perdido, lo mismo sirve un tetra brik (¿un qué?), una caja de cartón de vino Don Simón, que lo dan casi por ná en el supermercado. Así que para olvidar no hace falta jugar a la ONCE.
Y voy más allá y digo yo que hay problemas que no resuelve el dinero. Los problemas de salud, física o mental, la nostalgia de otros tiempos, la añoranza de una ausencia, la tristeza en el fondo de los ojos. Y alguno dirá que eso no son problemas, Puede ser que no lo sean. Pero para quienes los vivió alguna vez son como una roca enorme en mitad de un pasillo.
La cuña pese a ser cortita continúa con otra perla. Finaliza con un "si quieres cambiar de vida, claro". Y lo dice en plan bravucón, como dando por hecho que todo el mundo quiere cambiar de vida (menos ellos, supongo, que hacen los boletos).
Es decir, da por entendido que la mayoría de la gente no está conforme con su vida, que la cambiarían sin duda (con un buen pellizco de euros). Y en esto yo no puedo estar más conforme aunque sólo en parte, y lo estoy porque los hombres (y las mujeres) de todas las edades y condición cambiarían lo que tienen por lo que no tienen. Por puro inconformismo, por pura envidia, por ser diferentes, por vivir otras cosas (por tener otra vida).
Pero para cambiar esas cosas tampoco se necesita la suerte de un boleto premiado. Basta con voluntad para actuar de un modo distinto.
Hoy me decía un paisano que "la cosa estaba mala" y yo asentí porque es una conclusión a la que llegué por mi mismo hace ya muchos años. La cosa está mal sí, lo ha estado siempre y lo estará. Nunca llueve a gusto de todos y la vida pese a ser un lapso tan corto, termina acumulando alegrías y desgracias como en una balanza. Para comprobar al final que pesa más.
Ya lo decíamos moviendo la cabeza de un lado a otro, "la cosa está mal" y el otro corroboraba que está fatal. Pero bien mirado cuánto daríamos por seguir como estamos, superando el gris cuando se nos prende en la piel, nada más con una tos que tenía que ser pasajera y se volvió residente, con dos o tres ilusiones a flor de piel. Que son el motor que nos mantiene. La sensación íntima de que se es afortunado, quizá por una suma de cosas o quizá porque después de todo pensamos que la ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar y lo hará, no se cebó con nosotros
(aún).
"El dinero resuelve todos los problemas" o al menos permite que los olvides, supongo que será porque con pasta se puede beber güisqui del bueno, beber hasta olvidar. Aunque si de lo que se trata es de ponerse moñas perdido, lo mismo sirve un tetra brik (¿un qué?), una caja de cartón de vino Don Simón, que lo dan casi por ná en el supermercado. Así que para olvidar no hace falta jugar a la ONCE.
Y voy más allá y digo yo que hay problemas que no resuelve el dinero. Los problemas de salud, física o mental, la nostalgia de otros tiempos, la añoranza de una ausencia, la tristeza en el fondo de los ojos. Y alguno dirá que eso no son problemas, Puede ser que no lo sean. Pero para quienes los vivió alguna vez son como una roca enorme en mitad de un pasillo.
La cuña pese a ser cortita continúa con otra perla. Finaliza con un "si quieres cambiar de vida, claro". Y lo dice en plan bravucón, como dando por hecho que todo el mundo quiere cambiar de vida (menos ellos, supongo, que hacen los boletos).
Es decir, da por entendido que la mayoría de la gente no está conforme con su vida, que la cambiarían sin duda (con un buen pellizco de euros). Y en esto yo no puedo estar más conforme aunque sólo en parte, y lo estoy porque los hombres (y las mujeres) de todas las edades y condición cambiarían lo que tienen por lo que no tienen. Por puro inconformismo, por pura envidia, por ser diferentes, por vivir otras cosas (por tener otra vida).
Pero para cambiar esas cosas tampoco se necesita la suerte de un boleto premiado. Basta con voluntad para actuar de un modo distinto.
Hoy me decía un paisano que "la cosa estaba mala" y yo asentí porque es una conclusión a la que llegué por mi mismo hace ya muchos años. La cosa está mal sí, lo ha estado siempre y lo estará. Nunca llueve a gusto de todos y la vida pese a ser un lapso tan corto, termina acumulando alegrías y desgracias como en una balanza. Para comprobar al final que pesa más.
Ya lo decíamos moviendo la cabeza de un lado a otro, "la cosa está mal" y el otro corroboraba que está fatal. Pero bien mirado cuánto daríamos por seguir como estamos, superando el gris cuando se nos prende en la piel, nada más con una tos que tenía que ser pasajera y se volvió residente, con dos o tres ilusiones a flor de piel. Que son el motor que nos mantiene. La sensación íntima de que se es afortunado, quizá por una suma de cosas o quizá porque después de todo pensamos que la ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar y lo hará, no se cebó con nosotros
(aún).
lunes, 22 de mayo de 2006
Cementerios
Decía un tio mío el otro día que ya hay más población en el cementerio viejo de Valladolid que en la ciudad.
Los cementerios son un lugar hermoso. Un lugar que hay que visitar, y no me refiero a la visita de rigor en última instancia. Hay que visitarlos vivos y bien vivos, para reparar en lo fugaz de la vida, en el leve peso del pasado y en las cosas que son de verdad importantes. Pues paseando por un cementerio lleno de cruces uno se da perfecta cuenta de lo lejos que queda el bullicio de los centros comerciales, las discusiones por lo que ya ni se recuerda, los apuros en lo económico, ... recorrerlo es aceptar tácitamente la muerte para cuando venga. Todo aquel que pasea por un cementerio, aunque sea desconocido, merece al menos un abrazo.
Un cementerio es hermoso por silencioso, por la altura de los cipreses, por la quietud de los arbustos, por las flores en las tumbas, las nuevas y las viejas, las que nadie retiró y quedaron esparcidas por el suelo. Tan lleno de fechas que tan poco importan. Con ángeles cuidando que haya calma. Con tantos muertos desde antiguo, que llevan más tiempo allí del que vivieron. Y el drama de encontrar de repente la tumba de un infante. Un niño que apenas vivió casi de nada.
Yo encontré casualmente la tumba de una mujer de 27 años y pensé que aquella vivió menos tiempo que yo. Y me sirvió para darme cuenta de que la vida se nos está escapando de las manos. Que todo transcurre demasiado rápido. Que los años, llegado un momento, ya no sirven para medir nada. Que ya no se hacen sintesís de un año, se hacen de una vida (si se hacen).
Los cementerios son un lugar de amor. Están llenos de letras, como los libros. En algunas tumbas hay incluso algunas citas, compuestas en medio del dolor como una oración de recuerdo. Y esas líneas son el reclamo que mirarán los ojos año tras año en cada visita. Y en su lectura la herida volverá a abrirse. Pero no hay mayor sinceridad en la vida que la que se da en las despedidas, sobre todo cuando se creen definitivas (aún más en las póstumas), pues entonces se vierten las palabras ya sin miedo, como una zanja al sol. No hay mayor verdad que aquella que ya no espera respuesta.
Y se lee la palabra sueño, los padres se quieren cambiar por el hijo, porque en la vida se despierta a veces de repente. Y el pasado ya tan distinto parece un sueño.
Yo no sé bien aún que es lo que quiero. Este sería un buen sitio para dejar mi deseo como un legado, por si acaso. Pero no sé bien. Creo que no debo someter a nadie a la servidumbre de una visita ritual en fecha señalada. Y menos aún quiero la tristeza constante, con fuerza de huracán al penetrar en el recinto, de alguien empeñado en visitas reiteradas, solamente porque el dolor es cosa de los vivos y de determinadas penas uno puede creer que es mejor no levantar cabeza. Sin embargo me seduce la idea de ser guardado en medio de aquella paz. Pero no solo, como alguien sin amigos, sino acompañando a quien me hubiera querido, aunque fuera nada más un poco, con alguien a quien yo hubiera querido mucho (que de querer nunca necesité lecciones), para que de alguna forma juntos volvamos a hacernos compañía. Mi abuelito, mis abuelitas, Anuca...
Pero por otro lado, uno quiere liberar a los que quedan de la culpa íntima en el futuro, cuando ya no quede tiempo para recorrer un cementerio porque hay otras prioridades. Que sería lo único que yo pediría. Un rato para comprender que lo verdaderamente importante no atiende al reloj ni a las prisas. Que dejar a izquierda y derecha aquellas cruces puede enseñar más sobre la vida que cualquier libro.
Uno quisiera que lo arrojaran al mar, o que lo hicieran cenizas para plantar un árbol que se alimentara en algo de aquella tierra.
Lo malo de estas opciones es que anticipa lo que es una realidad para más tarde o temprano, y es que salvo caso extraordinario, con el tiempo parecerá que ni siquiera vivimos. Será como si nunca hubiéramos existido. No quedará de nosotros ni el recuerdo. Se lo habrá llevado el tiempo que no respeta nada.
Los cementerios son un lugar hermoso. Un lugar que hay que visitar, y no me refiero a la visita de rigor en última instancia. Hay que visitarlos vivos y bien vivos, para reparar en lo fugaz de la vida, en el leve peso del pasado y en las cosas que son de verdad importantes. Pues paseando por un cementerio lleno de cruces uno se da perfecta cuenta de lo lejos que queda el bullicio de los centros comerciales, las discusiones por lo que ya ni se recuerda, los apuros en lo económico, ... recorrerlo es aceptar tácitamente la muerte para cuando venga. Todo aquel que pasea por un cementerio, aunque sea desconocido, merece al menos un abrazo.
Un cementerio es hermoso por silencioso, por la altura de los cipreses, por la quietud de los arbustos, por las flores en las tumbas, las nuevas y las viejas, las que nadie retiró y quedaron esparcidas por el suelo. Tan lleno de fechas que tan poco importan. Con ángeles cuidando que haya calma. Con tantos muertos desde antiguo, que llevan más tiempo allí del que vivieron. Y el drama de encontrar de repente la tumba de un infante. Un niño que apenas vivió casi de nada.
Yo encontré casualmente la tumba de una mujer de 27 años y pensé que aquella vivió menos tiempo que yo. Y me sirvió para darme cuenta de que la vida se nos está escapando de las manos. Que todo transcurre demasiado rápido. Que los años, llegado un momento, ya no sirven para medir nada. Que ya no se hacen sintesís de un año, se hacen de una vida (si se hacen).
Los cementerios son un lugar de amor. Están llenos de letras, como los libros. En algunas tumbas hay incluso algunas citas, compuestas en medio del dolor como una oración de recuerdo. Y esas líneas son el reclamo que mirarán los ojos año tras año en cada visita. Y en su lectura la herida volverá a abrirse. Pero no hay mayor sinceridad en la vida que la que se da en las despedidas, sobre todo cuando se creen definitivas (aún más en las póstumas), pues entonces se vierten las palabras ya sin miedo, como una zanja al sol. No hay mayor verdad que aquella que ya no espera respuesta.
Y se lee la palabra sueño, los padres se quieren cambiar por el hijo, porque en la vida se despierta a veces de repente. Y el pasado ya tan distinto parece un sueño.
Yo no sé bien aún que es lo que quiero. Este sería un buen sitio para dejar mi deseo como un legado, por si acaso. Pero no sé bien. Creo que no debo someter a nadie a la servidumbre de una visita ritual en fecha señalada. Y menos aún quiero la tristeza constante, con fuerza de huracán al penetrar en el recinto, de alguien empeñado en visitas reiteradas, solamente porque el dolor es cosa de los vivos y de determinadas penas uno puede creer que es mejor no levantar cabeza. Sin embargo me seduce la idea de ser guardado en medio de aquella paz. Pero no solo, como alguien sin amigos, sino acompañando a quien me hubiera querido, aunque fuera nada más un poco, con alguien a quien yo hubiera querido mucho (que de querer nunca necesité lecciones), para que de alguna forma juntos volvamos a hacernos compañía. Mi abuelito, mis abuelitas, Anuca...
Pero por otro lado, uno quiere liberar a los que quedan de la culpa íntima en el futuro, cuando ya no quede tiempo para recorrer un cementerio porque hay otras prioridades. Que sería lo único que yo pediría. Un rato para comprender que lo verdaderamente importante no atiende al reloj ni a las prisas. Que dejar a izquierda y derecha aquellas cruces puede enseñar más sobre la vida que cualquier libro.
Uno quisiera que lo arrojaran al mar, o que lo hicieran cenizas para plantar un árbol que se alimentara en algo de aquella tierra.
Lo malo de estas opciones es que anticipa lo que es una realidad para más tarde o temprano, y es que salvo caso extraordinario, con el tiempo parecerá que ni siquiera vivimos. Será como si nunca hubiéramos existido. No quedará de nosotros ni el recuerdo. Se lo habrá llevado el tiempo que no respeta nada.
viernes, 19 de mayo de 2006
Jesús
Me voy a Valladolid. Ha faltado mi tio Jesús. Leía mucho y sabía mucho. Tenía mucha gracia. Mucho ingenio. Yo creo que nunca le dio la razón a nadie. Ni siquiera a los médicos hasta el final.
Regreso el domingo.
Regreso el domingo.
jueves, 18 de mayo de 2006
Inmensidades
Regreso de actualizar Annlea y el ánimo me cambió. Me vino la tristeza que suele aparecer sin previo aviso, como una nube negra. Como si a uno de repente lo cubrieran. La tristeza en verdad es corta de miras. Apenas alcanza, pero inmoviliza como una trampa puesta ahí para que no la veas. Y nace de mirar hacia dentro, al interior de uno mismo.
Mi tristeza hoy surge de la inmensidad del folio en blanco, del segundero que no cesa. Del tiempo para nada. Leo al amigo que hizo tanto, escribiendo siempre desde su fe prodigiosa en las personas y nos dedica hoy a todos un relato. Dice que funcionamos como un corazón y yo siento la culpa de no latir allí con fuerza. La culpa de no encontrar un momento para lo que importa.
Vierto mis palabras, las pocas que he tenido siempre y sin embargo no me alcanza el tiempo, la voluntad, o la inspiración para escribir, entera y desde cero, una historia nueva. Algo que recuerde que un día yo fui de esos que en mitad de la noche han de levantarse para escribir. Porque la idea, la necesidad de escribir puede más que el sueño, en la cabeza fluyendo mil ideas. Mil palabras, todas las que una vez leímos, y la necesidad imperiosa de plasmarlas en papel porque no hay espera posible, en el mismo transcurso hasta la hoja se van desparramando. Porque en la mañana las palabras habrán mutado, ya no serán las que tenían que haber sido, ya no dirán lo que aspiraban a decir.
Regreso a mi rincón con la pena del picador al que se le murió el caballo. Y me digo que tengo que encontrar un rato de paz para volver a escribir. Hoy observé en un documental el paso de unas hojas otoñales flotando lentamente en un río. Apenas avanzaban, reinventando una nueva forma de medir el tiempo. Yo lo estoy necesitando. Ese lapso detenido en que no hay nada más importante que volver a contar.
Mi tristeza hoy surge de la inmensidad del folio en blanco, del segundero que no cesa. Del tiempo para nada. Leo al amigo que hizo tanto, escribiendo siempre desde su fe prodigiosa en las personas y nos dedica hoy a todos un relato. Dice que funcionamos como un corazón y yo siento la culpa de no latir allí con fuerza. La culpa de no encontrar un momento para lo que importa.
Vierto mis palabras, las pocas que he tenido siempre y sin embargo no me alcanza el tiempo, la voluntad, o la inspiración para escribir, entera y desde cero, una historia nueva. Algo que recuerde que un día yo fui de esos que en mitad de la noche han de levantarse para escribir. Porque la idea, la necesidad de escribir puede más que el sueño, en la cabeza fluyendo mil ideas. Mil palabras, todas las que una vez leímos, y la necesidad imperiosa de plasmarlas en papel porque no hay espera posible, en el mismo transcurso hasta la hoja se van desparramando. Porque en la mañana las palabras habrán mutado, ya no serán las que tenían que haber sido, ya no dirán lo que aspiraban a decir.
Regreso a mi rincón con la pena del picador al que se le murió el caballo. Y me digo que tengo que encontrar un rato de paz para volver a escribir. Hoy observé en un documental el paso de unas hojas otoñales flotando lentamente en un río. Apenas avanzaban, reinventando una nueva forma de medir el tiempo. Yo lo estoy necesitando. Ese lapso detenido en que no hay nada más importante que volver a contar.
Mejor tú
Las personas somos imprevisibles. Maldita sea, estoy poseído por la publicidad de poco nivel. Abro la boca y me sale una sentencia de anuncio de Aquarius. Me quedan las frases de anuncios de poco fuste con una facilidad de pasmo. Siempre me pasó igual, retuve lo que no importaba lo que tendría que haber pasado desapercibido, y olvidé lo que realmente importaba. Lo que había que saber. Siendo así no fue raro que me ocurriera lo que vino a ocurrirme, terminé por confundir lo sustancial y accesorio, sin saber distinguir bien, concediendo valor desmesurado a cosas que por su naturaleza son leves y pasajeras. Aunque bien es cierto que nunca supe guardar una pizca de rencor contra nadie y si no tuve memoria aquello no jugó más que en mi contra...
Decía... (anda que no soy rollero ni ná). Las personas tenemos un comportamiento curioso. Si alguien está entre los tres únicos candidatos para algo y no es elegido, si entre esos no es el ganador, se sentirá de repente apesadumbrado, y porque no decirlo, según el caso, realmente jodido.
No importa que la elección de esos finalistas entre las que se encuentra haya sido azarosa. Que no tenga más mérito que ninguno para ganar, ni siquiera para figurar entre los que optan al premio, al progreso o a la mejora. Al conocerse el resultado le recorre de arriba a abajo la frustración y se le dibuja en la misma cara la impotencia.
Y aquí mismo está el quid del asunto pues esta persona habría podido jurar que su vida era estupenda. Que bebía felicidad a pequeños sorbos cada día, (que la felicidad al contrario que la euforia es un estadio de calma, sostenido, sin altibajos, como una tarde mirando chocar las olas contra la piedra, todas tan parecidas y sin embargo distintas). Conviene, desde luego reparar en esa felicidad que convierte los días en un suceder bonito. Pero si en medio de ese estado, en la competencia caprichosa, llegamos a perder frente a otros o frente al destino, juraremos por la sensación inevitable de derrota que algo en nuestra vida se degradó. Y en realidad nuestra vida será la misma que teníamos antes de sabernos candidatos, nada habrá cambiado. Idóneos o no, en el descarte que nos dejó sin cartas, inventaremos un antes y un después. Y encontraremos motivos nuevos para la queja.
Decía... (anda que no soy rollero ni ná). Las personas tenemos un comportamiento curioso. Si alguien está entre los tres únicos candidatos para algo y no es elegido, si entre esos no es el ganador, se sentirá de repente apesadumbrado, y porque no decirlo, según el caso, realmente jodido.
No importa que la elección de esos finalistas entre las que se encuentra haya sido azarosa. Que no tenga más mérito que ninguno para ganar, ni siquiera para figurar entre los que optan al premio, al progreso o a la mejora. Al conocerse el resultado le recorre de arriba a abajo la frustración y se le dibuja en la misma cara la impotencia.
Y aquí mismo está el quid del asunto pues esta persona habría podido jurar que su vida era estupenda. Que bebía felicidad a pequeños sorbos cada día, (que la felicidad al contrario que la euforia es un estadio de calma, sostenido, sin altibajos, como una tarde mirando chocar las olas contra la piedra, todas tan parecidas y sin embargo distintas). Conviene, desde luego reparar en esa felicidad que convierte los días en un suceder bonito. Pero si en medio de ese estado, en la competencia caprichosa, llegamos a perder frente a otros o frente al destino, juraremos por la sensación inevitable de derrota que algo en nuestra vida se degradó. Y en realidad nuestra vida será la misma que teníamos antes de sabernos candidatos, nada habrá cambiado. Idóneos o no, en el descarte que nos dejó sin cartas, inventaremos un antes y un después. Y encontraremos motivos nuevos para la queja.
martes, 16 de mayo de 2006
Agua de la Victoria
Ayer comí, por razones que no vienen al caso, opíparamente y en buena compañía. El caso es que no pude evitar el reparar en el nombre de la botella del agua mineral que sirvieron para acompañar el banquete. Se trataba ni más ni menos que de "Agua de Borines" y yo le dije a un amigo que era un nombre más bien poco afortunado, dicho así rápido, en la cola del super la madre le grita al niño ¡se nos olvidó el agua! ¡Coge el agua de Borines! La mujer prefiere gritarle eso al crío antes de perder el turno en la cola de la caja. Y el crío pregunta nervioso al reponedor donde están las de Borines. Éste sonríe y señala dos estanterías más allá, más o menos a la altura de la entrepierna.
Y es que si uno lo lee y equivoca un poco no será nada raro que diga algo así como: agua deb orines y la verdad es que es dicho e imaginado así durante un segundo a uno se le quita la sed de forma instantánea.
Vamos que en la comida de ayer los que le dieron al Albariño con entusiasmo tenían razones de sobra. Yo tuve que beber de la botella dichosa y haciendo de tripas corazón. Su lema, "que no tiene igual como agua de mesa". Algo es algo.
El caso es que este agua nace en el Manantial de la Victoria, y esto sí que es ya proponerse el mayor de los despropósitos, porque es un sitio para nacer magnífico. ¿Quién no quiere beber del manantial de la Victoria? Uno siempre querrá beber lo que sea de un sitio así. Como querrá hacerlo del Manantial de la Eterna Juventud si lo hay.
Quizá esto sea lo más sorprendente. Que ese agua que nace en un sitio con un nombre tan bonito lleve a cuestas aquello de (B)orines. Habrían estado mucho más listos si hubieran recurrido a algo tan sencillo como denominarla "Agua de la Victoria". Todos los consumidores nos habríamos lanzado sobre ella porque nadie quiere pasar la vida sin beber de este agua, así sea del grifo y embotellada.
Es que ese nombre nos seduce. Yo, particularmente, si encuentro un agua que se llame tan atinadamente, si en la inspiración de un día espléndido alguien decide que el agua del Manantial de la Victoria se llamará agua de la Victoria, entonces yo renunciaré a beber nada más por los siglos de los siglos. Se acabará la Per-si Cola y hasta la Kas que ahora regala 25 centilitros por botellaja de dos litros. Y de probar bocado sólido ni hablemos.
Y es que si uno lo lee y equivoca un poco no será nada raro que diga algo así como: agua deb orines y la verdad es que es dicho e imaginado así durante un segundo a uno se le quita la sed de forma instantánea.
Vamos que en la comida de ayer los que le dieron al Albariño con entusiasmo tenían razones de sobra. Yo tuve que beber de la botella dichosa y haciendo de tripas corazón. Su lema, "que no tiene igual como agua de mesa". Algo es algo.
El caso es que este agua nace en el Manantial de la Victoria, y esto sí que es ya proponerse el mayor de los despropósitos, porque es un sitio para nacer magnífico. ¿Quién no quiere beber del manantial de la Victoria? Uno siempre querrá beber lo que sea de un sitio así. Como querrá hacerlo del Manantial de la Eterna Juventud si lo hay.
Quizá esto sea lo más sorprendente. Que ese agua que nace en un sitio con un nombre tan bonito lleve a cuestas aquello de (B)orines. Habrían estado mucho más listos si hubieran recurrido a algo tan sencillo como denominarla "Agua de la Victoria". Todos los consumidores nos habríamos lanzado sobre ella porque nadie quiere pasar la vida sin beber de este agua, así sea del grifo y embotellada.
Es que ese nombre nos seduce. Yo, particularmente, si encuentro un agua que se llame tan atinadamente, si en la inspiración de un día espléndido alguien decide que el agua del Manantial de la Victoria se llamará agua de la Victoria, entonces yo renunciaré a beber nada más por los siglos de los siglos. Se acabará la Per-si Cola y hasta la Kas que ahora regala 25 centilitros por botellaja de dos litros. Y de probar bocado sólido ni hablemos.
lunes, 15 de mayo de 2006
El Fujitsu
Valga por las veces que pongo a parir los anuncios de televisión. Ahí va uno que me gusta. Todos aquellos pidiendo Fujitsu si hay ruido (con tecnología Inverter).
domingo, 14 de mayo de 2006
Tigrin y el supercaddy en Castiello
Vuelvo a estas latitudes y como decía el otro día tendría mucho que contar. Pero me enfrasco en otras tareas pendientes y termino siempre sacrificando las mismas cosas. Además a veces he sentido la necesidad irrefrenable de volcarme por aquí, pero en los últimos días anda mi cabeza como un hervidero y mis dedos con una parálisis.
Ayer estuve acompañando como perfecto caddy al Xuac en el Club de Golf de Castiello. Madre mía para ser socio hay que entregar por delante 3 kilos de los de antes. No sé le da mal al chaval darle a la bola. Hizo par sobre el campo, claro que la primera parte (los 9 primeros hoyos) estuvo más bien flojete, a rastras con la resaca del bodorrio que tuvo en la víspera. Pero luego, con el transcurso del día fue afinando hasta sorprender a propios y extraños. Claro que yo taba a su lado, ejerciendo de caddy infiltrado por los adversarios, hasta el punto de boicot como cuando grité: ¡mira una ardilla! mientras él hacía el SWING dichoso previo al golpeo de la bola. Sus rivales se frotaban las manos ante mi apostura y buenas artes silvestres. ¿Pero quién querría perderse una ardilla a la carrera?
Eso del SWING es curioso. Hacen el golpe sin dar a la bola. Apenas rozan el césped. Como diciendo, "lo sé hacer, luego no sé donde la enviaré ¿quién puede saberlo?" . Es una demostración meramente teórica que antecede a la práctica. Yo estoy seguro de que si fuera yo el golfista sería un maestro del SWING. Las gentes seguirían a pie mis hoyos por verme hacer con toda ceremonia ese golpeo sin golpeo. Luego me quedaría posturero con el palo por encima de la cabeza y con la cadera ligeramente girada, mirando hacia el horizonte, donde nunca llegará mi bola. Los ojos entornados. La gente maravillada diría que mi SWING no tiene parangón. Y es que mi golf sería como yo, un proyecto a punto de ser hermoso. Y si luego sale mordida ¿qué coño importa?
No ganaría nunca ningún torneo pero no habría artificio previo más logrado.
El Xuac quedó 4 golpes de ganar el torneo. Muy por delante de sus 2 adversarios, que hicieron todo el recorrido con nosotros y que no pudieron con él ni con mi ayuda inestimable (llevó el pobre más tiempo el carrito con ruedecillas que yo). ¡Menudo caddy más apañau fue a encontrar! Ahora más bien acorde al sueldo...
A mi me gustaría poder jugar al golf, y me gustaría poderlo hacer aquí en Asturias porque mires donde mires hay un verde hermoso. Pero ingresar en estos clubes es carísimo, conste que se echa a perder una posible estrella de este deporte, ya no por mi swing, sino porque luego estuve practicando un poco y al Xuac se le ponían de corbata, unas veces por si le alcanzaba con el palo y otras porque mi putt, a poco que entrene no lo supera ni Jack Niclaus.
Estuve a punto de ser un actor de los de póster en las calles, podría ser un jugador Lacoste para cerrar tratos millonarios en unos hoyos. Pero no, dejemos esas cosas para el Xuac que vive por encima de sus posibilidades. Toy feliz y lo estaré más.
Xuac en otro rato describo tu careto cuando marrabas los golpes. Toy palmando la carrera de coches.
Ayer estuve acompañando como perfecto caddy al Xuac en el Club de Golf de Castiello. Madre mía para ser socio hay que entregar por delante 3 kilos de los de antes. No sé le da mal al chaval darle a la bola. Hizo par sobre el campo, claro que la primera parte (los 9 primeros hoyos) estuvo más bien flojete, a rastras con la resaca del bodorrio que tuvo en la víspera. Pero luego, con el transcurso del día fue afinando hasta sorprender a propios y extraños. Claro que yo taba a su lado, ejerciendo de caddy infiltrado por los adversarios, hasta el punto de boicot como cuando grité: ¡mira una ardilla! mientras él hacía el SWING dichoso previo al golpeo de la bola. Sus rivales se frotaban las manos ante mi apostura y buenas artes silvestres. ¿Pero quién querría perderse una ardilla a la carrera?
Eso del SWING es curioso. Hacen el golpe sin dar a la bola. Apenas rozan el césped. Como diciendo, "lo sé hacer, luego no sé donde la enviaré ¿quién puede saberlo?" . Es una demostración meramente teórica que antecede a la práctica. Yo estoy seguro de que si fuera yo el golfista sería un maestro del SWING. Las gentes seguirían a pie mis hoyos por verme hacer con toda ceremonia ese golpeo sin golpeo. Luego me quedaría posturero con el palo por encima de la cabeza y con la cadera ligeramente girada, mirando hacia el horizonte, donde nunca llegará mi bola. Los ojos entornados. La gente maravillada diría que mi SWING no tiene parangón. Y es que mi golf sería como yo, un proyecto a punto de ser hermoso. Y si luego sale mordida ¿qué coño importa?
No ganaría nunca ningún torneo pero no habría artificio previo más logrado.
El Xuac quedó 4 golpes de ganar el torneo. Muy por delante de sus 2 adversarios, que hicieron todo el recorrido con nosotros y que no pudieron con él ni con mi ayuda inestimable (llevó el pobre más tiempo el carrito con ruedecillas que yo). ¡Menudo caddy más apañau fue a encontrar! Ahora más bien acorde al sueldo...
A mi me gustaría poder jugar al golf, y me gustaría poderlo hacer aquí en Asturias porque mires donde mires hay un verde hermoso. Pero ingresar en estos clubes es carísimo, conste que se echa a perder una posible estrella de este deporte, ya no por mi swing, sino porque luego estuve practicando un poco y al Xuac se le ponían de corbata, unas veces por si le alcanzaba con el palo y otras porque mi putt, a poco que entrene no lo supera ni Jack Niclaus.
Estuve a punto de ser un actor de los de póster en las calles, podría ser un jugador Lacoste para cerrar tratos millonarios en unos hoyos. Pero no, dejemos esas cosas para el Xuac que vive por encima de sus posibilidades. Toy feliz y lo estaré más.
Xuac en otro rato describo tu careto cuando marrabas los golpes. Toy palmando la carrera de coches.
jueves, 11 de mayo de 2006
jueves, 4 de mayo de 2006
Los 40
Hablaba el otro día con mi cuñado para felicitar que ya cumplió los 43 y ya se sabe, una cosa lleva a otra para terminar filosofando acerca de lo rápido que se va la vida, como dice la canción "Pasa la vida", pasa sin que uno se de cuenta. Al principio los años parecen demasiado largos, casi cansinos, más tarde transcurren tan aprisa que parecen un plazo no vivido.
Yo le conté que se me hizo duro cumplir los 30, y para mantener que fuera así le daba razones sin fuste, como aquella de que adentrarse en esa década es cumplir una edad sin retorno. Y siendo verdad es la mayor de las tonterías porque todas los años cumplidos lo son. Se me hizo notorio llegar a los 30 simplemente porque sí, sin más. El pasadizo de los 20 a los 30 está salpicado de murales muy hermosos. Y no tendré memoria para recordarlo todo. No hay razones que expliquen lo que nos resulta fácil, ni las hay para lo que es subjetivamente dificultoso. Simplemente depende de cada uno.
El me contaba con cierta gracia que es mucho peor alcanzar los 40 (alcanzarlos no es malo, al contrario, sería peor no alcanzarlos :D), porque pasas de ser un treintañero a un cuarentón. Y es verdad el treintañero mantiene ese cariz adolescente, quizá porque la ñ es letra adolescente, tan poco preparada para asaltar otras lenguas, es treintañero aún quien se imagina haciendo las tonterías que yo hago cada día, mientras que llegar a cuarentón tiene, en el propio término, el gesto adusto del marido que espera impaciente, debajo de las escaleras, el tiempo que la esposa tardará en maquillarse para ir al teatro.
Tiene razón que entrar en los 40 es peor que entrar en los 30. Pero es peaje por el que pasan los más afortunados.
Yo le conté que se me hizo duro cumplir los 30, y para mantener que fuera así le daba razones sin fuste, como aquella de que adentrarse en esa década es cumplir una edad sin retorno. Y siendo verdad es la mayor de las tonterías porque todas los años cumplidos lo son. Se me hizo notorio llegar a los 30 simplemente porque sí, sin más. El pasadizo de los 20 a los 30 está salpicado de murales muy hermosos. Y no tendré memoria para recordarlo todo. No hay razones que expliquen lo que nos resulta fácil, ni las hay para lo que es subjetivamente dificultoso. Simplemente depende de cada uno.
El me contaba con cierta gracia que es mucho peor alcanzar los 40 (alcanzarlos no es malo, al contrario, sería peor no alcanzarlos :D), porque pasas de ser un treintañero a un cuarentón. Y es verdad el treintañero mantiene ese cariz adolescente, quizá porque la ñ es letra adolescente, tan poco preparada para asaltar otras lenguas, es treintañero aún quien se imagina haciendo las tonterías que yo hago cada día, mientras que llegar a cuarentón tiene, en el propio término, el gesto adusto del marido que espera impaciente, debajo de las escaleras, el tiempo que la esposa tardará en maquillarse para ir al teatro.
Tiene razón que entrar en los 40 es peor que entrar en los 30. Pero es peaje por el que pasan los más afortunados.
lunes, 1 de mayo de 2006
¿Y si?
Mi coartada es que hoy estoy enfermo. Por eso hoy apenas me voy a entretener. Me levanté a las 5:20 de la mañana para coger un avión a las 7 que me dejó en Santander a las 8 AM.
Ayer estuve destemplado todo el día y casi seguro que con fiebre por la noche. Hoy estoy nada más que regular. Con una sopa a las 12 verduras como pone en el sobrecito y un Eferalgan que cura males menores. Y hace años que yo no me ponía malito. Lo que demuestra que no soy el superhéroe que desde niño pretendí ser.
Desde mi modestia y en este espacio he abordado algunos de los mayores dramas de los hombres. Sin pasar por el ¿de dónde venimos? ni el ¿a dónde vamos? Y los he tratado por encima, sin ir más allá pq hasta la letra más imprevista nace de un pensamiento que existe.
Hoy llegué al aeropuerto de Santander, que es como una cajita de zapatos, y pregunté por el horario de buses hasta la ciudad (10 minutos mal contados). Me dijeron que el próximo autocar llegaba a las 8:30. Ahí es nada. Según mi desplegable de horarios a esa misma hora partía de aquella estación el que me podría dejar en casa tras casi dos horas de viaje. ¿Cómo hacer?
Parecía condenado a coger el urbano hasta la estación a y media y resignarme allí a pasar casi 4 horas para coger el que me llevara a casa. Esos dos horarios por ser el mismo se hacían casi imposibles de compaginar. En ese instante llegó un todoterreno con un padre y una hija. Ambos se despidieron y estuve tentado de pedirle al buen señor que me llevara hasta Santander, pero no me atreví. A los pocos minutos llega un autocar que hacía la línea Barcelona - Santander y le pregunto al conductor si es el que lleva hasta la ciudad. Él me dice que tendré que esperar al urbano. Cuando va a regresar de sacar una maleta le pregunto si habrá algún modo de que me pueda llevar. Que si espero mi horario no alcanzaré el otro. Le digo que le abono el billete allí mismo pero me dice que no me puede cobrar al tiempo que abre el compartimento para que meta mi maleta. Subo al autocar a las 8:20. Y nos ponemos en camino. ¿Hay razones para la esperanza?
A las 8:26 (+-) llegamos a la estación. Subí a zancadas la escalera mecánica para comprar el billete y pude coger el autobús a y media. A las 10:30 pasadas llegaba a casa.
¿Y si no hubiera preguntado?
Ayer estuve destemplado todo el día y casi seguro que con fiebre por la noche. Hoy estoy nada más que regular. Con una sopa a las 12 verduras como pone en el sobrecito y un Eferalgan que cura males menores. Y hace años que yo no me ponía malito. Lo que demuestra que no soy el superhéroe que desde niño pretendí ser.
Desde mi modestia y en este espacio he abordado algunos de los mayores dramas de los hombres. Sin pasar por el ¿de dónde venimos? ni el ¿a dónde vamos? Y los he tratado por encima, sin ir más allá pq hasta la letra más imprevista nace de un pensamiento que existe.
Hoy llegué al aeropuerto de Santander, que es como una cajita de zapatos, y pregunté por el horario de buses hasta la ciudad (10 minutos mal contados). Me dijeron que el próximo autocar llegaba a las 8:30. Ahí es nada. Según mi desplegable de horarios a esa misma hora partía de aquella estación el que me podría dejar en casa tras casi dos horas de viaje. ¿Cómo hacer?
Parecía condenado a coger el urbano hasta la estación a y media y resignarme allí a pasar casi 4 horas para coger el que me llevara a casa. Esos dos horarios por ser el mismo se hacían casi imposibles de compaginar. En ese instante llegó un todoterreno con un padre y una hija. Ambos se despidieron y estuve tentado de pedirle al buen señor que me llevara hasta Santander, pero no me atreví. A los pocos minutos llega un autocar que hacía la línea Barcelona - Santander y le pregunto al conductor si es el que lleva hasta la ciudad. Él me dice que tendré que esperar al urbano. Cuando va a regresar de sacar una maleta le pregunto si habrá algún modo de que me pueda llevar. Que si espero mi horario no alcanzaré el otro. Le digo que le abono el billete allí mismo pero me dice que no me puede cobrar al tiempo que abre el compartimento para que meta mi maleta. Subo al autocar a las 8:20. Y nos ponemos en camino. ¿Hay razones para la esperanza?
A las 8:26 (+-) llegamos a la estación. Subí a zancadas la escalera mecánica para comprar el billete y pude coger el autobús a y media. A las 10:30 pasadas llegaba a casa.
¿Y si no hubiera preguntado?
martes, 25 de abril de 2006
Inés
Puede que haciendo zapping hoy o en el intermedio del documental de grandes felinos, 8 años siguiendo sus pasos por el Masai Mara, encontré a Inés Sastre en uno de esos anuncios de Trêson de Lancomê; dichoso acento raro, circunflejo que no sé bien si va delante, atrás o al centro y dentro. Son unos anuncios de una extraordinaria sencillez. Una cámara enfocando a Inés Sastre en primer plano, mientras por detrás transcurre no sé qué, un fondo plano, de nubes, un edificio en llamas, ... el fin del mundo, ¿a quién le importa? ¿Quién mira allí?
Lo malo es que el anuncio lo cogí a medias y apenas pude mirar su sonrisa, enseguida desapareció como una visión ¿de futuro? ¿de pasado? Una ilusión que se esfuma. Demasiada Coca-Cola para vivir muchos años.
Inés Sastre me emociona, en uno de aquellos anuncios, de este quizá haga un tiempo, se la ve precipitando un sentimiento, en el proceso de llorar felizmente, como en el caso de un encuentro, de un casamiento, de una supervivencia. Ese anuncio me conmueve porque me contagio, quizá porque me imagino efectivamente ante ella y que soy yo el que le provoca aquel estado. Lástima que el anuncio acabe tan pronto, antes incluso de que su felicidad nos funda en un abrazo.
Inés era entonces irresistible. Alcanzó la combinación perfecta de la que hablábamos hace años, astros conjurados para un único destino ¿verdad Marcos? Lo tiene todo a favor pero mi debilidad es Elena Anaya.
Lo malo es que el anuncio lo cogí a medias y apenas pude mirar su sonrisa, enseguida desapareció como una visión ¿de futuro? ¿de pasado? Una ilusión que se esfuma. Demasiada Coca-Cola para vivir muchos años.
Inés Sastre me emociona, en uno de aquellos anuncios, de este quizá haga un tiempo, se la ve precipitando un sentimiento, en el proceso de llorar felizmente, como en el caso de un encuentro, de un casamiento, de una supervivencia. Ese anuncio me conmueve porque me contagio, quizá porque me imagino efectivamente ante ella y que soy yo el que le provoca aquel estado. Lástima que el anuncio acabe tan pronto, antes incluso de que su felicidad nos funda en un abrazo.
Inés era entonces irresistible. Alcanzó la combinación perfecta de la que hablábamos hace años, astros conjurados para un único destino ¿verdad Marcos? Lo tiene todo a favor pero mi debilidad es Elena Anaya.
lunes, 24 de abril de 2006
Fragmento
"Todo forma parte de un "todo", pero es solamente parte. Un fragmento".
Anado
"Supongo que como dicen los clérigos "los caminos del Señor son inescrutables". Nos reconstruimos a cada paso. Somos supervivientes. Venimos alzándonos contra la adversidad y hay que reconocer no nos faltan méritos. Vivimos la vida como si protagonizáramos una película. Dos que se detienen entre un mundo de gente mientras todo lo demás vibra. Todos esos, los de alrededor viajan a saltos hacia su destino. No se han detenido a otear el camino. Solamente avanzan con la vista en sus zapatos.
Decían en Matrix, "es el mundo real". Yo no sé si es el mundo real o si la vida es sueño."
Anado
"Supongo que como dicen los clérigos "los caminos del Señor son inescrutables". Nos reconstruimos a cada paso. Somos supervivientes. Venimos alzándonos contra la adversidad y hay que reconocer no nos faltan méritos. Vivimos la vida como si protagonizáramos una película. Dos que se detienen entre un mundo de gente mientras todo lo demás vibra. Todos esos, los de alrededor viajan a saltos hacia su destino. No se han detenido a otear el camino. Solamente avanzan con la vista en sus zapatos.
Decían en Matrix, "es el mundo real". Yo no sé si es el mundo real o si la vida es sueño."
domingo, 23 de abril de 2006
Toy malo
Alguien se acuerda de aquel monigote de hace muchos años que salía en las pegatinas. Se hizo muy famoso. Creo que era un círculo amarillo que decía eso de "toy lo que sea". Pero no conviene fiarse de mi memoria que yo como el prota de "Memento" voy dejando notitas por aquí y allá para que sean ellas las que me recuerden las cosas.
El caso es que "toy malo", pero no enfermo ni nada de eso, la mala hierba es resistente y yo también. Y el caso es que para caer malillo no debieran faltar razones porque mi menú diario, salvo excepciones está compuesto de mucho microhondas y un poco de sartén para un vuelta y vuelta.
"Toy malo" pero no de salud. Toy con ganas de molestar, de ofender, de avasallar. Aún me pregunto quién inventa los anuncios de mi compañía de teléfono móvil. Toda aquella gente dándose un abrazo bajo ese himno corpora-festivo de esa voz insistente: "Ná, ná, ná"; aquel fulano corriendo con una bandera hasta un lugar, seguro sin cobertura. Aquel idiota pegando saltitos por la calle con aquella chaqueta verde por si los saltos no fueran suficiente reclamo, por si darlos no lo hicieran parecer suficientemente idiota. Aquel Santa Claus verde que lograría que todos los abonados aborreciéramos la Navidad (y a la compañía por supuesto). Aquella mengana sentada a la mesa con un paisanin como una intrusa en casa ajena, como una vendedora de enciclopedias a la fuerza, y encima con aquel careto, como haciendo pasar por imbécil al otro, ¡quién de los dos lleva aquella chaqueta! Y el peor de todos ¡aquellos enanos cayendo del cielo para aterrizar en una furgoneta!
Francamente, así de pronto no recuerdo ninguno más, lo que es sin duda una buena noticia, pues supongo que retener alguno más de esos engendros televisivos podría provocarme un serio deterioro cerebral. Más grave aún que recordar este puñado.
Yo, la verdad, es que cada vez que veo uno de estos anuncios me lanzo sobre el móvil más que dispuesto a darme de baja gracias a su publicidad. Y espetárselo así a la valiente moza que ha de dar la cara por ellos. Pero me retengo, miro pa otro lado y cambio de cadena pa encontrar los de la competencia, Movistar principalmente que le van a la zaga. Sobre todo cuando usan a aquellos dos muchachos sin talento alguno para recitar unos textos sin gracia ni miga. De la publicidad de estos podría hablar largo y tendido pero la verdad es que no tengo demasiada gana. Toy malo, pero lo toy contra Amena.
Le he cogido mucha manía. Sus anuncios son de pésimos algo insoportable, y para más inri el móvil que me compré hace no menos de 3 años tiene una teclita algo floja y sujeta con celo. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Con lo pijín que era yo antes para estas cosas. Pero todos cambiamos, supongo. Además ahora cuando corro a llamar para decir que no me volverán a ver el pelo, en el segundo tono, recuerdo el "una y no más", atractiva oferta a la que me acogí y que ¡vive dios! estoy aprovechando. Y me digo que la venganza por semejante publicidad es un plato que se ha de servir frío. Allá por junio, cuando las tarifas vuelvan al cauce de lo corriente. Entonces seré yo quien ría el último.
El caso es que "toy malo", pero no enfermo ni nada de eso, la mala hierba es resistente y yo también. Y el caso es que para caer malillo no debieran faltar razones porque mi menú diario, salvo excepciones está compuesto de mucho microhondas y un poco de sartén para un vuelta y vuelta.
"Toy malo" pero no de salud. Toy con ganas de molestar, de ofender, de avasallar. Aún me pregunto quién inventa los anuncios de mi compañía de teléfono móvil. Toda aquella gente dándose un abrazo bajo ese himno corpora-festivo de esa voz insistente: "Ná, ná, ná"; aquel fulano corriendo con una bandera hasta un lugar, seguro sin cobertura. Aquel idiota pegando saltitos por la calle con aquella chaqueta verde por si los saltos no fueran suficiente reclamo, por si darlos no lo hicieran parecer suficientemente idiota. Aquel Santa Claus verde que lograría que todos los abonados aborreciéramos la Navidad (y a la compañía por supuesto). Aquella mengana sentada a la mesa con un paisanin como una intrusa en casa ajena, como una vendedora de enciclopedias a la fuerza, y encima con aquel careto, como haciendo pasar por imbécil al otro, ¡quién de los dos lleva aquella chaqueta! Y el peor de todos ¡aquellos enanos cayendo del cielo para aterrizar en una furgoneta!
Francamente, así de pronto no recuerdo ninguno más, lo que es sin duda una buena noticia, pues supongo que retener alguno más de esos engendros televisivos podría provocarme un serio deterioro cerebral. Más grave aún que recordar este puñado.
Yo, la verdad, es que cada vez que veo uno de estos anuncios me lanzo sobre el móvil más que dispuesto a darme de baja gracias a su publicidad. Y espetárselo así a la valiente moza que ha de dar la cara por ellos. Pero me retengo, miro pa otro lado y cambio de cadena pa encontrar los de la competencia, Movistar principalmente que le van a la zaga. Sobre todo cuando usan a aquellos dos muchachos sin talento alguno para recitar unos textos sin gracia ni miga. De la publicidad de estos podría hablar largo y tendido pero la verdad es que no tengo demasiada gana. Toy malo, pero lo toy contra Amena.
Le he cogido mucha manía. Sus anuncios son de pésimos algo insoportable, y para más inri el móvil que me compré hace no menos de 3 años tiene una teclita algo floja y sujeta con celo. ¡Quién me ha visto y quién me ve! Con lo pijín que era yo antes para estas cosas. Pero todos cambiamos, supongo. Además ahora cuando corro a llamar para decir que no me volverán a ver el pelo, en el segundo tono, recuerdo el "una y no más", atractiva oferta a la que me acogí y que ¡vive dios! estoy aprovechando. Y me digo que la venganza por semejante publicidad es un plato que se ha de servir frío. Allá por junio, cuando las tarifas vuelvan al cauce de lo corriente. Entonces seré yo quien ría el último.
sábado, 22 de abril de 2006
Me pido prime
De niños teníamos una forma de funcionar curiosa, práctica y justa. No había quien se quejara porque el método era incontestable. Si corríamos hacia algún lado, a coger silla para el cine de verano, si queríamos escoger muñeco para tardes entretenidos en un balcón que da, allí abajo a los columpios, no teníamos más que decir aquello de: "me pido prime".
Eso te habría todos los horizontes porque habías sido quizá el más listo pero seguro el más rápido, el prime sin discusión y sin necesidad de más méritos que haber sabido abrir la boca para las precisas palabras que te ponen por delante de todos. Tras de ti se precipitaba otro, "ségun" y los siguientes ya decían la palabra completa con un punto desdichado porque ser tercero era como ganar el bronce en las Olimpiadas, la sensación de victoria queda para los de más arriba. Ser tercero era escoger tarde. Y nadie osaba discutir aquel orden recién creado. Era aceptado por todos porque lo entendíamos universalmente justo, no había imposición alguna. Todos quedaban conformes, conjurados para ser los prime en otra ocasión.
Con los años las cosas se vuelven más difíciles. Ocurre incluso que uno ya no quiere ser prime en casi nada, no vaya a ser que por serlo te lleves tu las bofetadas. Digamos que uno está enseñado y se volvió más prudente. Aunque hay excepciones, cuando te va la vida en ello, cuando has de operarte de algo para estar mejor o para curarte, cuando llegas al super y hay una cola inmensa en la carnicería. En ese momento ves que el dispensador de turnos queda demasiado lejos y que hay mucha gente antes que tú. Entonces querrías abrir la bocaza y gritar haciendo altavoz con la mano hacia el carnicero, ¡Me pido prime! Y comprobar como el hombre deja lo que está haciendo para acercarse asintiendo ¿qué va a ser? Las señoras tuercen el gesto, te miran con cierta admiración pues estuviste tan raudo que no les diste opción. Aquellos papelines con un número anotado, al fin no sirvieron para nada.
Luego al ir a pagar aprietas el paso para llegar a la caja antes que esa señora que parece flotar con aquellos zapatos planos de bailarina para avanzar más rápido por el suelo llano y brillante. Pero ella te lleva dos cuerpos de ventaja y no afloja. A ti te sabe mal empezar a correr, llamarías demasiado la atención y eso no se lleva. Entonces recuerdas tu as bajo la manga, te paras, alzas los brazos al falso techo blanco y la voz te sale desde el estómago, recorre todo tu cuerpo como una sacudida, como si la voz volviera de las profundidades de un océano para coger aire, gritas y abrirán una nueva caja para ti: "¡Me pido prime!"
Ser guapo no es suficiente. Aquí ocurre igual, no basta con ser listo, hay que parecerlo. ;)
Eso te habría todos los horizontes porque habías sido quizá el más listo pero seguro el más rápido, el prime sin discusión y sin necesidad de más méritos que haber sabido abrir la boca para las precisas palabras que te ponen por delante de todos. Tras de ti se precipitaba otro, "ségun" y los siguientes ya decían la palabra completa con un punto desdichado porque ser tercero era como ganar el bronce en las Olimpiadas, la sensación de victoria queda para los de más arriba. Ser tercero era escoger tarde. Y nadie osaba discutir aquel orden recién creado. Era aceptado por todos porque lo entendíamos universalmente justo, no había imposición alguna. Todos quedaban conformes, conjurados para ser los prime en otra ocasión.
Con los años las cosas se vuelven más difíciles. Ocurre incluso que uno ya no quiere ser prime en casi nada, no vaya a ser que por serlo te lleves tu las bofetadas. Digamos que uno está enseñado y se volvió más prudente. Aunque hay excepciones, cuando te va la vida en ello, cuando has de operarte de algo para estar mejor o para curarte, cuando llegas al super y hay una cola inmensa en la carnicería. En ese momento ves que el dispensador de turnos queda demasiado lejos y que hay mucha gente antes que tú. Entonces querrías abrir la bocaza y gritar haciendo altavoz con la mano hacia el carnicero, ¡Me pido prime! Y comprobar como el hombre deja lo que está haciendo para acercarse asintiendo ¿qué va a ser? Las señoras tuercen el gesto, te miran con cierta admiración pues estuviste tan raudo que no les diste opción. Aquellos papelines con un número anotado, al fin no sirvieron para nada.
Luego al ir a pagar aprietas el paso para llegar a la caja antes que esa señora que parece flotar con aquellos zapatos planos de bailarina para avanzar más rápido por el suelo llano y brillante. Pero ella te lleva dos cuerpos de ventaja y no afloja. A ti te sabe mal empezar a correr, llamarías demasiado la atención y eso no se lleva. Entonces recuerdas tu as bajo la manga, te paras, alzas los brazos al falso techo blanco y la voz te sale desde el estómago, recorre todo tu cuerpo como una sacudida, como si la voz volviera de las profundidades de un océano para coger aire, gritas y abrirán una nueva caja para ti: "¡Me pido prime!"
Ser guapo no es suficiente. Aquí ocurre igual, no basta con ser listo, hay que parecerlo. ;)
viernes, 21 de abril de 2006
Bolsillo vacío
Más de una mañana al despertar se me ocurren mil ocurrencias que contar. Cosas de las que hablaría en este rincón. Cosas mías o de la actualidad televisiva, que para algunos es todo lo que ocurre. Pero me ha pasado que conforme pasan las horas se me van quitando las ganas, como si las ideas fueran abducidas o se evaporaran por encima de mi cabeza, como si las palabras se me cayeran al suelo al caminar por tenerlas guardadas en un bolsillo roto.
Y ahora precisamente debiera esforzarme más, porque el otro día me enteré de que un amigo desde chaval y su hermana Gabriela-"Bibi", "Ramperos" a ultranza pese a quien pese como soy yo, se dejan caer alguna vez por aquí para leer algo. Demasiado tiempo libre que tienen algunos :P
A Coke le decía, "firma el libro de visitas anda. Pero insultos, los justos". Joer, si es amigo mío.
Y ahora precisamente debiera esforzarme más, porque el otro día me enteré de que un amigo desde chaval y su hermana Gabriela-"Bibi", "Ramperos" a ultranza pese a quien pese como soy yo, se dejan caer alguna vez por aquí para leer algo. Demasiado tiempo libre que tienen algunos :P
A Coke le decía, "firma el libro de visitas anda. Pero insultos, los justos". Joer, si es amigo mío.
domingo, 16 de abril de 2006
Platos
Hoy estuve hablando con varias personas por teléfono, bien cómodo, tirado en la cama. Estaba cansado porque madrugué para volver a casa y no sé bien con quién pero en medio de una de aquellas conversaciones escuché el estruendo de un montón de platos rotos. Enseguida pensé que somos muchos los torpes dispuestos a "caer" vasos y botellas (sobre todo con una copa de más). Pero no le di mayor importancia. Seguí a lo mío y luego me quedé dormido.
Más tarde decidí que era hora de comprobar si la lavadora había terminado ciclo galáctico para ponerme a tender. Entonces, al acercarme a la cocina pude comprobar que todos esos platos o vasos o lo que fuera no habían caído en Marte sino mucho más cerca. Y es que si algo se rompe, algo mío se rompe. El suelo estaba llenito de cristalitos pequeños y grandes. Lo más gracioso de todo es que soy plenamente consciente de mi cara al dar la luz, ni siquiera se me movió un músculo. Mi rostro impertérrito comprobando que cómo no van a ser mis propios enseres los rotos si es que algo rompe. Lo malo es que no sé precisar con exactitud el alcance de los destrozos ¡son tan distintos cuando forman parte de algo compacto! Y es que soy tan torpe como para exponer el friegue pendiente del otro día encima del baile de la lavadora que empuja a caderazos a los platitos hasta el precipicio. Nada me sorprende, toy curado de espanto y eso me ha convertido en alguien auténticamente profesional, sobretodo si la solución pasa por una escoba y un recogedor. Tendré que reemplazarlos para el día en que le tenga que devolver el piso a mi casera. No vaya a ser que por dos platos se me quede con la fianza, ¡está todo igual, igualico que yo que sigo siendo el mismo!
Ayer desperté en el Perelló y desde la cama oía a mis padres hablar y reírse en el comedor que está pared con pared a mi cuarto. No pude evitar un pensamiento. Lo bien que están juntos, lo fenomenales compañeros de viaje que son. Ahora van de cuando en cuando al cine y tienen en cartera un par de pelis, recomendadas en un semanal por un puñado de críticos. Tantos años juntos y no pueden estar el uno sin el otro. No logré saber de qué hablaban pero les oí la risa. Habrán tenido alguna suerte y a ratos mucha paciencia estoy seguro... ¡pero qué bien lo han hecho!, ¡qué bien lo siguen haciendo!
Son la pareja perfecta.
Más tarde decidí que era hora de comprobar si la lavadora había terminado ciclo galáctico para ponerme a tender. Entonces, al acercarme a la cocina pude comprobar que todos esos platos o vasos o lo que fuera no habían caído en Marte sino mucho más cerca. Y es que si algo se rompe, algo mío se rompe. El suelo estaba llenito de cristalitos pequeños y grandes. Lo más gracioso de todo es que soy plenamente consciente de mi cara al dar la luz, ni siquiera se me movió un músculo. Mi rostro impertérrito comprobando que cómo no van a ser mis propios enseres los rotos si es que algo rompe. Lo malo es que no sé precisar con exactitud el alcance de los destrozos ¡son tan distintos cuando forman parte de algo compacto! Y es que soy tan torpe como para exponer el friegue pendiente del otro día encima del baile de la lavadora que empuja a caderazos a los platitos hasta el precipicio. Nada me sorprende, toy curado de espanto y eso me ha convertido en alguien auténticamente profesional, sobretodo si la solución pasa por una escoba y un recogedor. Tendré que reemplazarlos para el día en que le tenga que devolver el piso a mi casera. No vaya a ser que por dos platos se me quede con la fianza, ¡está todo igual, igualico que yo que sigo siendo el mismo!
Ayer desperté en el Perelló y desde la cama oía a mis padres hablar y reírse en el comedor que está pared con pared a mi cuarto. No pude evitar un pensamiento. Lo bien que están juntos, lo fenomenales compañeros de viaje que son. Ahora van de cuando en cuando al cine y tienen en cartera un par de pelis, recomendadas en un semanal por un puñado de críticos. Tantos años juntos y no pueden estar el uno sin el otro. No logré saber de qué hablaban pero les oí la risa. Habrán tenido alguna suerte y a ratos mucha paciencia estoy seguro... ¡pero qué bien lo han hecho!, ¡qué bien lo siguen haciendo!
Son la pareja perfecta.
jueves, 13 de abril de 2006
Vuelo
Vuelo mañana para viajar una vez más hacia Valencia porque tengo cuatro días despejados como el levante sin borrascas. Y en verdad hay que reconocer que esos cuatro días, que son tan fugaces que pasan casi sin sentir, son lo de menos. Lo más importante son los días previos, esta semana que acaba un miércoles, la semana anterior que tenía la vista fija en la tarde agotada, en el día de mañana que será día de viajes de encuentros. En esta ocasión además como un suspiro, en vuelo directo sin escalas, 70 minutos para enjugar todas las distancias, para recorrer por encima de las nubes un país entero. Esos días que buscan fecha en el calendario fueron vividos con una ilusión desmedida. Porque aunque una vida vista desde mucha altura pueda parecer diminuta, porque vista a toda prisa no es más que un movimiento repetitivo de cortos trayectos, si te acercas un poco hasta el detalle, hasta comprobar más allá de la corteza misma, comprobarás que algo se conmueve. Está ahí todos los días, amagada pero volviendo único cada día. Es la ilusión por las pequeñas cosas. A mí se me ponía la sonrisa sin yo quererlo, y una especie de asombro por todo lo que me rodea.
martes, 11 de abril de 2006
Tropiezos
"El querer es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas".
Alfred Victor de Vigny
Soy una auténtico caso. Ayer al salir del cuarto empujé con una pierna un periódico antiguo que estaba en la mesita de noche (junto al cartón que acompañó unas sábanas que adquirí hace unas fechas). Este tropiezo hizo que se cayera el altavoz izquierdo de mi microcadena lo que provocó un tirón de cable que hizo caer a su vez la unidad central al suelo, y por simpatía o porque una cosa conlleva la otra, hay lazos irrompibles, cayó también el altavoz derecho en perfecto estéreo. Toda la cadena contra el suelo desde el rascacielos de mis dos mesillas de noche. Uno dirá que no es mucha altura, que lo más seguro es que la unidad central absorbiera el impacto en sus aristas como el vehículo de pruebas chocando contra el muro, pero no, el resultado fue el esperado, la unidad lectora dejó de leer y esta vez la culpa fue mía y de nadie más, que soy a veces como Urkel, el chavalillo que desmontaba un garaje entero solamente con asomar sus gafas por el quicio de la puerta.
Ahora bien, ese aparato es ya un caso perdido. No importa demasiado pues la mayoría de las veces lo utilizaba para oír la radio, y eso lo podré seguir haciendo. Ningún golpe por fuerte que sea acabó con las ondas invisibles de la música gratis por publicidad. Viajan por encima de tu cabeza, por debajo, aunque no las veas. Solamente si me encerrara en un burbuja y no es el caso. Además me da la oportunidad de ir a los grandes almacenes del mejor precio con la ilusión del comprador. Estoy dispuesto a llevarme el aparato más grande, el que tenga la caja más ancha para que la gente me mire por la calle, para que el conductor del autobús me llame la atención insistiendo en que aquello debe, como yo, pagar billete. A lo que yo opondré, negando con la cabeza, que una de dos o esto o yo, pero nunca los dos al tiempo en el mismo viaje. Que viajamos juntos porque es frágil y que haga espacio para dos en el maletero si cuenta con alojarlo allí. Bien sujetos, contando las paradas por una leve rendija de sol. Nada más una condición, suba el aire acondicionado.
Quiero desembalarlo en casa y quedármelo mirando. Sintonizar una a una sus emisoras y abrir el cargador de cd's diciendo que ahí van tres discografías al menos, que son la vida entera de sus autores con apenas una pausa de dos segundos entre canción y canción (o una parte importante de sus vidas), saber que tengo una doble pletina para grabar cintas de cassete si es que quiero convertirme en el último romántico de una forma de llevar música felizmente superada, poner 90 minutos en cuenta atrás como cada noche; es el plazo máximo que me doy para alcanzar el sueño.
Alfred Victor de Vigny
Soy una auténtico caso. Ayer al salir del cuarto empujé con una pierna un periódico antiguo que estaba en la mesita de noche (junto al cartón que acompañó unas sábanas que adquirí hace unas fechas). Este tropiezo hizo que se cayera el altavoz izquierdo de mi microcadena lo que provocó un tirón de cable que hizo caer a su vez la unidad central al suelo, y por simpatía o porque una cosa conlleva la otra, hay lazos irrompibles, cayó también el altavoz derecho en perfecto estéreo. Toda la cadena contra el suelo desde el rascacielos de mis dos mesillas de noche. Uno dirá que no es mucha altura, que lo más seguro es que la unidad central absorbiera el impacto en sus aristas como el vehículo de pruebas chocando contra el muro, pero no, el resultado fue el esperado, la unidad lectora dejó de leer y esta vez la culpa fue mía y de nadie más, que soy a veces como Urkel, el chavalillo que desmontaba un garaje entero solamente con asomar sus gafas por el quicio de la puerta.
Ahora bien, ese aparato es ya un caso perdido. No importa demasiado pues la mayoría de las veces lo utilizaba para oír la radio, y eso lo podré seguir haciendo. Ningún golpe por fuerte que sea acabó con las ondas invisibles de la música gratis por publicidad. Viajan por encima de tu cabeza, por debajo, aunque no las veas. Solamente si me encerrara en un burbuja y no es el caso. Además me da la oportunidad de ir a los grandes almacenes del mejor precio con la ilusión del comprador. Estoy dispuesto a llevarme el aparato más grande, el que tenga la caja más ancha para que la gente me mire por la calle, para que el conductor del autobús me llame la atención insistiendo en que aquello debe, como yo, pagar billete. A lo que yo opondré, negando con la cabeza, que una de dos o esto o yo, pero nunca los dos al tiempo en el mismo viaje. Que viajamos juntos porque es frágil y que haga espacio para dos en el maletero si cuenta con alojarlo allí. Bien sujetos, contando las paradas por una leve rendija de sol. Nada más una condición, suba el aire acondicionado.
Quiero desembalarlo en casa y quedármelo mirando. Sintonizar una a una sus emisoras y abrir el cargador de cd's diciendo que ahí van tres discografías al menos, que son la vida entera de sus autores con apenas una pausa de dos segundos entre canción y canción (o una parte importante de sus vidas), saber que tengo una doble pletina para grabar cintas de cassete si es que quiero convertirme en el último romántico de una forma de llevar música felizmente superada, poner 90 minutos en cuenta atrás como cada noche; es el plazo máximo que me doy para alcanzar el sueño.
domingo, 9 de abril de 2006
Paseo de San Pedro

Estuve esta tarde en el paseo de San Pedro. Es un lugar precioso. Me gusta ir con música y pasear por allí arriba. Está todo cubierto de césped verde y da a los acantilados, donde rompen las olas con una fuerza que varía según la marejada. Uno mira desde arriba y no sabe si es que son las olas las que sangran al golpearse contra la pared de piedra o es la piedra la que vierte su sangre blanca y salada al mar. Si yo fuera un fugitivo que huye de algo, no podría haber encontrado mejor destino. Pero a mí me trajo una casualidad de hace muchos años. Hoy se hizo de noche deprisa. A pesar de todo, incluso en la anochecida es tan bello que parece mentira.

En la muro bajo de piedra leí dos inscripciones. "Rebollete te queremos", "Diana te queremos" y en ambas una fecha del pasado. No sé si porque aquel amor tuvo una fecha de inicio, de final, o porque ambos juntos o por separado decidieron saltar la distancia hasta las olas.
sábado, 8 de abril de 2006
Bichos
Miro todo este tema de los vuelos y resulta que es mucho más caro volar a Valencia que a Frankfurt, Liverpool o Roma. ¡A Roma llegas por poco más de 60 euros en ida y vuelta!
Mis próximas quedadas en el extranjero, ya lo tengo claro. La cosa es que como voy justito de tiempo lo único que haré será pasearme por los aeropuertos como un ejecutivo inquieto, comprobando que aún no se me paró el segundero. De un lado a otro en cada pasillo. Subiendo y bajando escaleras. Dejando a derecha e izquierda los cubiles infumables del fumador. Ni siquiera saldré de aquel espacio, solamente por el aire de regreso a casa.
Este sábado se propuso, el Xuac lo hizo, una cenita de promo pero la gente anda ocupadilla y con tantas bajas la cosa se terminó cancelando o esa otra palabra más suave, como una caricia en la cara, posponiendo sin fecha. Claro si es que dejar que haga la propuesta el Xuac que no es capaz de convencer a nadie de que el cielo es azul era apostar directamente al caballo perdedor. Así nos hemos quedado los dos, bastante tostados y con unas ganas inmensas de fijar una nueva fecha, allá en el futuro incierto, si es que entonces nos surge como un arrebato que hay que verse las caras para no olvidar.
Esta semana seguí con interés todo el negocio del Consistorio de Marbella. Y lo que más me ha llamado la atención es el pésimo gusto del tal Roca, ese cerebro de intereses partidistas y comisiones bajo manga. Tiene el tipo un montón de casas (¿y castillos?) pero lo curioso es que en alguna de ellas el hombre montó un auténtico belén de animales disecados. ¡Que el engendro tenía una jirafa entera en un rincón! ¡Y un manada de leones tan perfectamente dispuestos que ni Rodríguez de la Fuente!
En mi opinión, que importa tan poquita cosa, a este fulano había que encerrarlo con sentencia en firme en su celdilla de Alcalá Meco o donde sea, y llevarle allí a todos los bichos. Nada más para que no esté solo. Sí, sí, al oso polar también. Que para sentarse en la taza del vater tenga que empujar al animalico p'allá. ¡Jo! Que razón tendrá cuando se diga que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Mis próximas quedadas en el extranjero, ya lo tengo claro. La cosa es que como voy justito de tiempo lo único que haré será pasearme por los aeropuertos como un ejecutivo inquieto, comprobando que aún no se me paró el segundero. De un lado a otro en cada pasillo. Subiendo y bajando escaleras. Dejando a derecha e izquierda los cubiles infumables del fumador. Ni siquiera saldré de aquel espacio, solamente por el aire de regreso a casa.
Este sábado se propuso, el Xuac lo hizo, una cenita de promo pero la gente anda ocupadilla y con tantas bajas la cosa se terminó cancelando o esa otra palabra más suave, como una caricia en la cara, posponiendo sin fecha. Claro si es que dejar que haga la propuesta el Xuac que no es capaz de convencer a nadie de que el cielo es azul era apostar directamente al caballo perdedor. Así nos hemos quedado los dos, bastante tostados y con unas ganas inmensas de fijar una nueva fecha, allá en el futuro incierto, si es que entonces nos surge como un arrebato que hay que verse las caras para no olvidar.
Esta semana seguí con interés todo el negocio del Consistorio de Marbella. Y lo que más me ha llamado la atención es el pésimo gusto del tal Roca, ese cerebro de intereses partidistas y comisiones bajo manga. Tiene el tipo un montón de casas (¿y castillos?) pero lo curioso es que en alguna de ellas el hombre montó un auténtico belén de animales disecados. ¡Que el engendro tenía una jirafa entera en un rincón! ¡Y un manada de leones tan perfectamente dispuestos que ni Rodríguez de la Fuente!
En mi opinión, que importa tan poquita cosa, a este fulano había que encerrarlo con sentencia en firme en su celdilla de Alcalá Meco o donde sea, y llevarle allí a todos los bichos. Nada más para que no esté solo. Sí, sí, al oso polar también. Que para sentarse en la taza del vater tenga que empujar al animalico p'allá. ¡Jo! Que razón tendrá cuando se diga que cualquier tiempo pasado fue mejor.
jueves, 6 de abril de 2006
miércoles, 5 de abril de 2006
Mangantes
Uno ve los telediarios y se asombra de que en Marbella hubiera tanto mangante. Pero eso no es peor que la impresión (muy personal) de que se les pudo trincar antes pero no se hizo. ¡Cómo tenían todo aquello, casas, pisos, terrenos, animales, edificios... y nadie se dio cuenta!
Uno termina pensando que durante mucho tiempo se hizo la vista gorda o simplemente jueces, fiscales y demás son ineficaces.
Me decía un amigo que ese mangoneo se da en todos los ayuntamientos, aunque en menor medida porque claro, Marbella mueve más dinero.
Así estamos los ciudadanos rasos, convencidos de que nos timan como al tonto que se sabe timado sin queja (pero con cara de tonto) y que nos mangonearán unos y otros siempre que puedan y tanto como puedan. Estamos des-cre-í-di-tos. Qué más da su color. Nos preocupan otras cosas pero atenderemos murmurando entre nosotros al circo de los medios.
Uno termina pensando que durante mucho tiempo se hizo la vista gorda o simplemente jueces, fiscales y demás son ineficaces.
Me decía un amigo que ese mangoneo se da en todos los ayuntamientos, aunque en menor medida porque claro, Marbella mueve más dinero.
Así estamos los ciudadanos rasos, convencidos de que nos timan como al tonto que se sabe timado sin queja (pero con cara de tonto) y que nos mangonearán unos y otros siempre que puedan y tanto como puedan. Estamos des-cre-í-di-tos. Qué más da su color. Nos preocupan otras cosas pero atenderemos murmurando entre nosotros al circo de los medios.
domingo, 2 de abril de 2006
Senderos

Esta mañana tiré pal monte, como las cabras.
Me puse un chándal y las deportivas. Cogí el discman, los cd's, ninguno repe, la cartera y las llaves. Todo lo metí en la mochila sin orden ni concierto y me la enganché al compartimento de la espalda que es el ancho espacio que va de omoplato a omoplato ¿omoqué? Entre los hombracos, vaya.
Estoy rodeado de paisajes realmente hermosos. Los que venimos de una ciudad en que el verde es un trozo de jardín solemos quedar maravillados ante el esplendor del norte. Se nos nota porque caminamos con el rostro estupefacto, como si no termináramos de creer lo que ven los ojos. Nos decimos a cada paso ¡qué bonito es esto! y luego ¡pero qué bonito! Además vamos con la cámara en la mano echando fotos sin parar.
La cosa es que yo he tirado por un caminete y luego hacia otro. Viendo por el crujir del estómago que se me estaba haciendo algo tarde pregunté al primer paisano que me encontré. ¿Si tiro por ahí vuelvo verdad? Y el hombre muy amable me dice que no, que ese camino desemboca en Cue. Así me oriento yo (tardé dos días en encontrar el interruptor de la cocina de la casa, no digo más).
El caso es que como le dije esta era una noticia magnífica. Puesto que llevaba en la cartera mis cuartos (traseros) pensé que podría comer en Cue alguna cosa, un completito menú del día, en alguno de sus bares para regresar justo antes de que se iniciara la modorra de sobremesa. Pero no pudo ser. Los bares no esperaban mi llegada por lo que se ve y como me dijo un vecino allí no tenían de nada. Por lo que se ve los existentes estaban cerrados a cal y canto o solamente debían dispensar de beber (lo que no dejaba de tener su atractivo, todo hay que decirlo).
El caso es que tras sentarme al sol junto a una tapia y tirar de móvil decidí emprender el regreso con la certeza de que mi bote de fabada me estaría esperando con la misma paciencia que tuvo siempre, fuera cuando fuera su enlatado.
Estaba mediando el camino de regreso y de repente a menos de dos metros de mí una ardilla marrón, pequeñita y muy linda se queda parada. Su cuerpecín a la altura de mi cabolo. Demasiado para el forastero. De inmediato meto mano en la mochila y busco a tientas la cámara de fotos. El caso es que no le quito ojo. ¡No te vayas bicho, no te vayas! En esas se empieza a mover, pero hacia delante, ofreciendo su perfil. Yo cojo la cámara por fin, me la desenfundo torpemente (la cámara) y pulso en botón de encendido que extrae el objetivo para poder lanzar fotos. En ese instante, saliendo el objetivo, el animalico cambia la trayectoria y dándome la espalda desaparece tras un montículo verde.
Yo que no soy de los que me rindo fácilmente y viendo que tras ese montículo había una extensa llanura me digo que si logro subir podré cazar a la ardilla en una fotito. La empresa no es fácil. Aquello está muy escarpado y yo llevo el discman en la mano lo que sin duda dificulta las cosas. Pero la foto lo merece. Me lanzo p'arriba como las cabras y llego hasta ese espacio que resulta que está rodeado de alambrada. Pero no una alambrada cualquiera, nada más un hilo de alambre a la altura de los cataplines, y la cosa tiene su importancia porque como podría comprobar, por suerte solamente en las piernillas, aquello estaba electrificado. Tras dos o tres descargas (no sé si involuntarias o como las ratitas más torpes de laboratorio pa comprobar que aquello da corriente) termino por darme por vencido. De la ardilla no volví a saber nada. Debió largarse a toda prisa como un famoso abandonando el portal de la amante desconocida por si hubiera paparazzis. El caso es que salvado ese alambre me encontré ante lo que antes había subido ágilmente y resultó que bajar daba más miedo. Eran apenas unos metros pero escarpadísimos, una pendiente realmente pronunciada y abajo esperando como un rosal, una alambrada de esas que tiene alambre ensortijado como pequeños puños punzantes y oxidados. Había que tener, desde luego un cuidado extremo. Si uno bajara alegremente podía caer contra aquello. Tras mantener una conversación telefónica desde aquel altillo y posponerla hasta más tarde me lancé, si es que se puede decir de este modo, porque lo que hice fue bajar con un cuidado tremendo. Como un domador mordido vuelve a la jaula de los leones.
La cosa es que la coordinación de cabeza y patas resultó providencial. Una vez abajo continúe hasta casa y comí fabada según los planes. Mañana hago compra, me tengo que dar algún caprichito. Toy fino, soy algo así como la mitad de Ronaldo.
La alegría de Sestea
"Toda persona es dos personas: una está despierta en la oscuridad y la otra está dormida en la luz".
Khail Gibrán
Por Sestea, para que lo lea.

Existió, puedo jurarlo, a caballo entre el siglo XX y el XXI una personita de apenas metro y medio que fue, es y será todo corazón.
Yo soy de aquellos que tienen una fe inmensa en las personas. De esos que piensan que todo el mundo es bueno. Que todos tenemos habilidades especiales, a veces recónditas, a algunos les lleva toda la vida descubrirlas. La mayoría de las veces son los otros quienes las descubren. Se hacen ostensibles para ellos, para quienes nos aprecian. Yo me pregunté muchas veces el porqué del amor, quizá misterio irresoluble, y no hallé respuesta. ¿Por qué le parecí tan bueno siendo tan mediocre? ¿Cómo mira el corazón que no atiende al hecho objetivo? ¿Cuál realidad es la auténtica, la que percibe uno mismo o la de la persona que te amó? ¿Por qué yo entre todos? ¿Por qué tú?
Sestea existió, existe como demostración palpable de que entre tanto, hay mucho bueno. Pero no quisiera dar la impresión de que esto tiene algo de ordinario. Y es por ello que reconozco que es una injusticia que pase inadvertida para tantos que no podrían, aunque quisieran, conocerla.

Al principio la llamé Rafiki, luego fue Sestea y probablemente para el futuro será Maya. Le compré estas Fallas, en un puestecillo una muñeca de peluche de la abeja rayada en amarillo y negro; con sus alitas transparentes y todo. Un muñeco muy gracioso, como ella. Pasó toda la tarde que dedicamos a ver fallas con el peluche de la mano, en todas las calles, paso a paso las dos muñecas.
Yo la traté desde los tiempos en que era otro. Aquel que me llevó a ser quién soy ahora, que no es el mismo de entonces. Vamos cubriendo año a año estaciones transitorias de un largo viaje. Como un tren que se detuviera cada poco sin dejar viajeros. Y que sea así por muchos años, pues pisar el andén es quedar en el camino, como quedaremos tarde o temprano todos. Convertirse en un recuerdo también pasajero, condenado a no durar.
Pero estas letras no son la invención que se vuelve caprichosa para decidir la suerte de unos personajes que no tienen de verdad más que un retazo, son las letras de mi vida. De lo que he vivido, de lo que he sido todos los días.

Yo siempre bromee con la idea de que me perseguía pues siempre estuvo al otro lado de la mesa. Asida a mi mano, en el asiento contiguo en cada viaje. Donde quiera que fuera allí estaba, con sus enormes ojos aceituna, de dibujo animado. Y siempre demostró una paciencia infinita conmigo, no podía ser de otro modo, sobretodo en los últimos tiempos. Porque siempre ha estado. Siempre a mi lado sin que importara la distancia espacial que nos separa. Sin que importara siquiera las circunstancias cambiantes de nuestras vidas, en la que nada permanece constante.
Yo tuve siempre una certeza que me ponía a salvo de todo. Que era mi única verdad fiable, el único amparo contra el destino incierto. Ella con todo lo que significa, con todo lo que era capaz de dar que siempre ha sido todo lo que es, entregada sin reserva a una convicción que es hermosa, una verdad que para el que lo cree es incontestable, el amor lo puede todo.
Y día a día me asombro de su fuerza, tan capaz de mover montañas, de revertir lo adverso, de conseguirlo todo. Se halla inmersa en una eternidad de estudio. Los tonos de mi llamada la sorprenden ante sus libros para hacer valer los años de derecho, cuando me conoció, está en una lucha constante como una traberita (que es un animalito que cabe en la palma de la mano) contra Goliath. Puede que le lleve aún un par de meses, puede que un poco más.
Desde hace algún tiempo mantengo un principio que es mi propio salvavidas, ante cualquier calamidad que pueda ocurrir, ante lo malo que nos reserva la vida, ante el fracaso, ante las ausencias, ante la muerte:
Casi todo es casi nada.
Aprendí amparado en ese pensamiento a relativizarlo todo. Intentando lograr sin conseguirlo que nada afecte como un terremoto. Procurar estar por encima de la coyuntura.
Me así a ese principio como un naúfrago para darme cuenta que es cierto, pero que esos casi contienen en si mismo excepciones que lejos de ser nada pueden suponerlo todo.
Cuando vienen buenas a Sestea se le pone una sonrisa que llega. Tanto, tanto que todo gira en torno a ella. Su sonrisa es la alegría misma, se transmite por la vista. Consigue que la alegría se propague a su alrededor. Por eso la gente la quiere tanto. Son fogonazos, no ocurren todos los días. No todas sus sonrisas tienen esta cualidad. A veces sonríe tristemente y la tristeza se asoma a sus ojos como una sombra de paso.
Pero esas otras veces en que ella destaca fluorescente sobre gris, en que como siempre nada es perfecto, con el destino y el mundo dándose reveses, de repente ocurre, ella ignora la razón simplemente sonríe. Y su sonrisa es un fenómeno, un milagro, porque lo cambia todo. Todo parece mejor. Su alegría nos mejora. La vuelve refulgente, como si la luz se abriera paso entre nubes negras desde ella.
Esos momentos, puntuales y únicos son la excepción al casi. Y es que a veces la bondad es un torrente que nace en la sonrisa de Sestea.
Khail Gibrán
Por Sestea, para que lo lea.

Existió, puedo jurarlo, a caballo entre el siglo XX y el XXI una personita de apenas metro y medio que fue, es y será todo corazón.
Yo soy de aquellos que tienen una fe inmensa en las personas. De esos que piensan que todo el mundo es bueno. Que todos tenemos habilidades especiales, a veces recónditas, a algunos les lleva toda la vida descubrirlas. La mayoría de las veces son los otros quienes las descubren. Se hacen ostensibles para ellos, para quienes nos aprecian. Yo me pregunté muchas veces el porqué del amor, quizá misterio irresoluble, y no hallé respuesta. ¿Por qué le parecí tan bueno siendo tan mediocre? ¿Cómo mira el corazón que no atiende al hecho objetivo? ¿Cuál realidad es la auténtica, la que percibe uno mismo o la de la persona que te amó? ¿Por qué yo entre todos? ¿Por qué tú?
Sestea existió, existe como demostración palpable de que entre tanto, hay mucho bueno. Pero no quisiera dar la impresión de que esto tiene algo de ordinario. Y es por ello que reconozco que es una injusticia que pase inadvertida para tantos que no podrían, aunque quisieran, conocerla.

Al principio la llamé Rafiki, luego fue Sestea y probablemente para el futuro será Maya. Le compré estas Fallas, en un puestecillo una muñeca de peluche de la abeja rayada en amarillo y negro; con sus alitas transparentes y todo. Un muñeco muy gracioso, como ella. Pasó toda la tarde que dedicamos a ver fallas con el peluche de la mano, en todas las calles, paso a paso las dos muñecas.
Yo la traté desde los tiempos en que era otro. Aquel que me llevó a ser quién soy ahora, que no es el mismo de entonces. Vamos cubriendo año a año estaciones transitorias de un largo viaje. Como un tren que se detuviera cada poco sin dejar viajeros. Y que sea así por muchos años, pues pisar el andén es quedar en el camino, como quedaremos tarde o temprano todos. Convertirse en un recuerdo también pasajero, condenado a no durar.
Pero estas letras no son la invención que se vuelve caprichosa para decidir la suerte de unos personajes que no tienen de verdad más que un retazo, son las letras de mi vida. De lo que he vivido, de lo que he sido todos los días.

Yo siempre bromee con la idea de que me perseguía pues siempre estuvo al otro lado de la mesa. Asida a mi mano, en el asiento contiguo en cada viaje. Donde quiera que fuera allí estaba, con sus enormes ojos aceituna, de dibujo animado. Y siempre demostró una paciencia infinita conmigo, no podía ser de otro modo, sobretodo en los últimos tiempos. Porque siempre ha estado. Siempre a mi lado sin que importara la distancia espacial que nos separa. Sin que importara siquiera las circunstancias cambiantes de nuestras vidas, en la que nada permanece constante.
Yo tuve siempre una certeza que me ponía a salvo de todo. Que era mi única verdad fiable, el único amparo contra el destino incierto. Ella con todo lo que significa, con todo lo que era capaz de dar que siempre ha sido todo lo que es, entregada sin reserva a una convicción que es hermosa, una verdad que para el que lo cree es incontestable, el amor lo puede todo.
Y día a día me asombro de su fuerza, tan capaz de mover montañas, de revertir lo adverso, de conseguirlo todo. Se halla inmersa en una eternidad de estudio. Los tonos de mi llamada la sorprenden ante sus libros para hacer valer los años de derecho, cuando me conoció, está en una lucha constante como una traberita (que es un animalito que cabe en la palma de la mano) contra Goliath. Puede que le lleve aún un par de meses, puede que un poco más.
Desde hace algún tiempo mantengo un principio que es mi propio salvavidas, ante cualquier calamidad que pueda ocurrir, ante lo malo que nos reserva la vida, ante el fracaso, ante las ausencias, ante la muerte:
Casi todo es casi nada.
Aprendí amparado en ese pensamiento a relativizarlo todo. Intentando lograr sin conseguirlo que nada afecte como un terremoto. Procurar estar por encima de la coyuntura.
Me así a ese principio como un naúfrago para darme cuenta que es cierto, pero que esos casi contienen en si mismo excepciones que lejos de ser nada pueden suponerlo todo.
Cuando vienen buenas a Sestea se le pone una sonrisa que llega. Tanto, tanto que todo gira en torno a ella. Su sonrisa es la alegría misma, se transmite por la vista. Consigue que la alegría se propague a su alrededor. Por eso la gente la quiere tanto. Son fogonazos, no ocurren todos los días. No todas sus sonrisas tienen esta cualidad. A veces sonríe tristemente y la tristeza se asoma a sus ojos como una sombra de paso.
Pero esas otras veces en que ella destaca fluorescente sobre gris, en que como siempre nada es perfecto, con el destino y el mundo dándose reveses, de repente ocurre, ella ignora la razón simplemente sonríe. Y su sonrisa es un fenómeno, un milagro, porque lo cambia todo. Todo parece mejor. Su alegría nos mejora. La vuelve refulgente, como si la luz se abriera paso entre nubes negras desde ella.
Esos momentos, puntuales y únicos son la excepción al casi. Y es que a veces la bondad es un torrente que nace en la sonrisa de Sestea.
viernes, 31 de marzo de 2006
miércoles, 29 de marzo de 2006
El sobre de azúcar
Hoy limpiaba mi cartera de recibos antiguos y encontré un par de sobrecitos de azúcar. Los guardé en su día por la leyenda. Reseño aquí uno de ellos (quizá haga lo mismo con el otro mañana):
Ir a derecha e izquierda es fácil. Ganar o ser vencido es fácil también. Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil.
Proverbio Zen
Ir a derecha e izquierda es fácil. Ganar o ser vencido es fácil también. Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil.
Proverbio Zen
martes, 28 de marzo de 2006
domingo, 26 de marzo de 2006
Alto el fuego
Llevo muchos días con mono de diario. Y tenía en mente muchos temas, diversos, que tratar. Pero la verdad es que ahora me siento y me quedo como la hoja, en blanco.
Podría contar que ayer se me cayó una cebolla, debió de ver el cuchillo, me pego en el zapataco y se fue rodando detrás de un mueble de la cocina. Para rescatarla me tumbé como un mecánico bajo un coche (sin coche) e intenté alcanzarla moviendo la manica por allí abajo en medio de una auténtica zona residencial de telarañas. Lo primero que saqué fue una bola de papel de aluminio que debía llevar allí desde la construcción de la casa. No desvelo ningún secreto si digo que algunos albañiles o sus esposas son verdaderos maestros haciendo bocatas. Lo que puedo asegurar es que aquel envoltorio no lo envíe yo hasta allí. Es sencillo, como las especias y tantas otras cosas, el papel de aluminio en mi cocina, brilla por su ausencia.
El caso es que al tumbarme me vino un dolor fuerte en el cuello y en los hombros. Creo que me lesioné. Mi primer pensamiento, como es obvio, fue dejar la puñetera cebolla allá donde el destino la hubiera llevado (caprichoso el destino que a veces utliza zapatos o patadas para sus designios). Pero me revelé a seguir con mi vida a sabiendas de que aquella cebolla estaría ahí para siempre. Y es que yo como la princesita del cuento no podría dormir con un guisante bajo mi colchón, menos aún con una cebolla echando raíces justo debajo de mis fuegos.
Hablando de fuegos. ETA ha decretado un alto el fuego permanente y por lo que parece definitivo. En este espacio que ocupo desde hace años he hablado alguna vez de ETA y de como se me quedó el cuerpo cada vez que alguien murió tan sin sentido.
Por fin parece que recobramos sensatez. Bakea behar dugu en cada ayuntamiento, en cada casa de Euskadi. Tendríamos que haber sido más humanistas, darnos perfecta cuenta de la importancia de las personas. No hay en verdad nada más importante. Ningún propósito es bueno si su consecución requiere de sacrificios humanos. Necesitábamos paz con urgencia. Tenemos una oportunidad magnífica para demostrar que nunca se debe perder la esperanza
(esperanza es justo lo que queda).
Podría contar que ayer se me cayó una cebolla, debió de ver el cuchillo, me pego en el zapataco y se fue rodando detrás de un mueble de la cocina. Para rescatarla me tumbé como un mecánico bajo un coche (sin coche) e intenté alcanzarla moviendo la manica por allí abajo en medio de una auténtica zona residencial de telarañas. Lo primero que saqué fue una bola de papel de aluminio que debía llevar allí desde la construcción de la casa. No desvelo ningún secreto si digo que algunos albañiles o sus esposas son verdaderos maestros haciendo bocatas. Lo que puedo asegurar es que aquel envoltorio no lo envíe yo hasta allí. Es sencillo, como las especias y tantas otras cosas, el papel de aluminio en mi cocina, brilla por su ausencia.
El caso es que al tumbarme me vino un dolor fuerte en el cuello y en los hombros. Creo que me lesioné. Mi primer pensamiento, como es obvio, fue dejar la puñetera cebolla allá donde el destino la hubiera llevado (caprichoso el destino que a veces utliza zapatos o patadas para sus designios). Pero me revelé a seguir con mi vida a sabiendas de que aquella cebolla estaría ahí para siempre. Y es que yo como la princesita del cuento no podría dormir con un guisante bajo mi colchón, menos aún con una cebolla echando raíces justo debajo de mis fuegos.
Hablando de fuegos. ETA ha decretado un alto el fuego permanente y por lo que parece definitivo. En este espacio que ocupo desde hace años he hablado alguna vez de ETA y de como se me quedó el cuerpo cada vez que alguien murió tan sin sentido.
Por fin parece que recobramos sensatez. Bakea behar dugu en cada ayuntamiento, en cada casa de Euskadi. Tendríamos que haber sido más humanistas, darnos perfecta cuenta de la importancia de las personas. No hay en verdad nada más importante. Ningún propósito es bueno si su consecución requiere de sacrificios humanos. Necesitábamos paz con urgencia. Tenemos una oportunidad magnífica para demostrar que nunca se debe perder la esperanza
(esperanza es justo lo que queda).
lunes, 20 de marzo de 2006
miércoles, 15 de marzo de 2006
¿Reparado?
Cuando uno lleva algo a reparar espera que le digan aquello de ¡Reparado!, ¡Listo! para preguntar ¿ya?
Conviene preguntarlo, no es ninguna tontería. Si no se pregunta y se atiende a una respuesta afirmativa se corre el grave riesgo de llevartelo tan estropeado como lo dejaste (quizá más).
A mí me llamaron ayer del Servicio Muñiz de reparación para decirme que no me lo habían reparado, la cosa era mejor aún, me habían cambiado la unidad central entera (alguien, no me concretó quién el tendero). Claro, si la micro-cadena se estropeo al mes de comprarla. Yo lo agradecí efusivamente.
Ayer por la tarde un compañero me hizo el favor de recogerla porque la tienda le queda muy próxima a su casa. Hoy compruebo con 6 cd's distintos que la unidad lectora sigue sin leer y que hay un foco de luz azul fuera de lugar en la pantalla donde se lee: NO DISC.
Probablemente este es el único servicio técnico del país donde se entregan las cosas sin siquiera probarlas. Es una cuestión de fe. "Yo creo que funciona perfectamente y ahorro tiempo. Si no lo está ya me enteraré. Me da en la nariz que alguien protestará..."
Es una moneda al aire, a veces cara, a veces cruz.
¿Estas cosas me ocurren a mí solo o soy una víctima más de tantos despropósitos?
Casi seguro que lo merezco.
Contaría que hoy es un día especial. Lo es desde hace más de 30 años, pero ahora no tengo ganas. El año que viene.
Conviene preguntarlo, no es ninguna tontería. Si no se pregunta y se atiende a una respuesta afirmativa se corre el grave riesgo de llevartelo tan estropeado como lo dejaste (quizá más).
A mí me llamaron ayer del Servicio Muñiz de reparación para decirme que no me lo habían reparado, la cosa era mejor aún, me habían cambiado la unidad central entera (alguien, no me concretó quién el tendero). Claro, si la micro-cadena se estropeo al mes de comprarla. Yo lo agradecí efusivamente.
Ayer por la tarde un compañero me hizo el favor de recogerla porque la tienda le queda muy próxima a su casa. Hoy compruebo con 6 cd's distintos que la unidad lectora sigue sin leer y que hay un foco de luz azul fuera de lugar en la pantalla donde se lee: NO DISC.
Probablemente este es el único servicio técnico del país donde se entregan las cosas sin siquiera probarlas. Es una cuestión de fe. "Yo creo que funciona perfectamente y ahorro tiempo. Si no lo está ya me enteraré. Me da en la nariz que alguien protestará..."
Es una moneda al aire, a veces cara, a veces cruz.
¿Estas cosas me ocurren a mí solo o soy una víctima más de tantos despropósitos?
Casi seguro que lo merezco.
Contaría que hoy es un día especial. Lo es desde hace más de 30 años, pero ahora no tengo ganas. El año que viene.
martes, 14 de marzo de 2006
lunes, 13 de marzo de 2006
Grapadoras
Creo que esos artilugios malditos son mi telón de aquiles. Cada vez que pongo una grapa en condiciones chocaría las manos por arriba con los compañeros, con salto (Aúpa) Athletic-o incluido. Ya se van dando cuenta de la dificultad que entraña para mí la cosa.
Alguno creerá que me refiero a las que ponen las enfermeras, las de verdad no las que ve el Xuac en las pelis que ve. Esas grapas no creo que tengan excesiva dificultad, sobre todo si como un buen profesional estás acostumbrado a verlas penetrar en la carne blanda. A mí me daría cosa, no lo voy a negar, pero es que yo tengo que mirar al tendido hasta cuando me extraen sangre. En esas cosas soy más bien blandito (como la carne).
Pero yo me refiero a las grapas normales, a esas que sirven para agrupar hojas (¿para siempre?). Existe algún complot bien organizado de todas las grapadoras del lugar contra mi maña. Es intentarlo y siempre se me quedan a mitad de camino. Asoman a lo más tímidamente por el otro lado como espina recién nacida de un erizo, pero no cierran. No cogen la forma que tendrían que coger de cruasán. Es cierto que me pasa más cuando tengo que fijar muchas hojas, pero es que la mayoría de las veces ni siquiera sale la dichosa grapa de la grapadora, que sitio tan acogedor debe ser. Con esa grapadora. la más grandota en particular, soy como el banderillero que pincha en hueso y se lleva corriendo las banderillas para saltar el burladero, que viene el toro. Se me quedan cogidas por un extremo y tengo que usar con paciencia infinita el saca-grapas para empezar a aflojar tornillos y hacer palanca.
Tuve hace algún tiempo un romance con una grapadora pequeña. Adornada con plástico rosa (si fuera azul sería un grapador). Con ella todo iba bien. Lógicamente no le podías pedir que te grapara demasiadas hojas, pero ni falta que hacía. Para esas ocasiones estaba la puñetera grapadora grande. Pero comprobar que con la pequeña la cosa iba como la seda me hacía olvidar mis continuos traspiés con todas las demás. La de buenos momentos que pasamos. Yo le añadía nuevas grapas dulcemente, y siempre la tenía a mano, esperando cualquier excusa para poner una grapa en condiciones. Aquello eran grapas con categoría, doradas, perfectamente paralelas al rectilíneo límite de la hoja.
Pero como tantas cosas buenas aquello tuvo que acabar. El día en que se acabaron las grapas en su cajita blanca y me trajeron unas en color plata (por cierto vaya tostón de clasificación para la Fórmula 1, tamos rodeados de linces). Decía que se acabaron y me trajeron unas de recambio que se llamaban igual: Número 10 (como Robinho ¡juas!)
pero el resultado ha sido nefasto. Fija las grapas de pena. Yo no sé si soy yo o es que es cierto que nada permanece constante. No sé qué diablos ha ocurrido. O estas grapas son defectuosas o la grapadora está harta de mí. Yo ya no puedo casi ni verla. La tengo en el bote (ahora que ya no la tengo en el bote) y no la saco de ahí ni para darle los buenos días.
Estoy entablando relación con otra más grande y pesadota. Abunda el metal gris y tiene un diseño innovador y vanguardista. Parece fiable del todo, al menos mientras duren estas grapas con las que le hago el rodaje. Luego ya veremos.
Alguno creerá que me refiero a las que ponen las enfermeras, las de verdad no las que ve el Xuac en las pelis que ve. Esas grapas no creo que tengan excesiva dificultad, sobre todo si como un buen profesional estás acostumbrado a verlas penetrar en la carne blanda. A mí me daría cosa, no lo voy a negar, pero es que yo tengo que mirar al tendido hasta cuando me extraen sangre. En esas cosas soy más bien blandito (como la carne).
Pero yo me refiero a las grapas normales, a esas que sirven para agrupar hojas (¿para siempre?). Existe algún complot bien organizado de todas las grapadoras del lugar contra mi maña. Es intentarlo y siempre se me quedan a mitad de camino. Asoman a lo más tímidamente por el otro lado como espina recién nacida de un erizo, pero no cierran. No cogen la forma que tendrían que coger de cruasán. Es cierto que me pasa más cuando tengo que fijar muchas hojas, pero es que la mayoría de las veces ni siquiera sale la dichosa grapa de la grapadora, que sitio tan acogedor debe ser. Con esa grapadora. la más grandota en particular, soy como el banderillero que pincha en hueso y se lleva corriendo las banderillas para saltar el burladero, que viene el toro. Se me quedan cogidas por un extremo y tengo que usar con paciencia infinita el saca-grapas para empezar a aflojar tornillos y hacer palanca.
Tuve hace algún tiempo un romance con una grapadora pequeña. Adornada con plástico rosa (si fuera azul sería un grapador). Con ella todo iba bien. Lógicamente no le podías pedir que te grapara demasiadas hojas, pero ni falta que hacía. Para esas ocasiones estaba la puñetera grapadora grande. Pero comprobar que con la pequeña la cosa iba como la seda me hacía olvidar mis continuos traspiés con todas las demás. La de buenos momentos que pasamos. Yo le añadía nuevas grapas dulcemente, y siempre la tenía a mano, esperando cualquier excusa para poner una grapa en condiciones. Aquello eran grapas con categoría, doradas, perfectamente paralelas al rectilíneo límite de la hoja.
Pero como tantas cosas buenas aquello tuvo que acabar. El día en que se acabaron las grapas en su cajita blanca y me trajeron unas en color plata (por cierto vaya tostón de clasificación para la Fórmula 1, tamos rodeados de linces). Decía que se acabaron y me trajeron unas de recambio que se llamaban igual: Número 10 (como Robinho ¡juas!)
pero el resultado ha sido nefasto. Fija las grapas de pena. Yo no sé si soy yo o es que es cierto que nada permanece constante. No sé qué diablos ha ocurrido. O estas grapas son defectuosas o la grapadora está harta de mí. Yo ya no puedo casi ni verla. La tengo en el bote (ahora que ya no la tengo en el bote) y no la saco de ahí ni para darle los buenos días.
Estoy entablando relación con otra más grande y pesadota. Abunda el metal gris y tiene un diseño innovador y vanguardista. Parece fiable del todo, al menos mientras duren estas grapas con las que le hago el rodaje. Luego ya veremos.
domingo, 12 de marzo de 2006
Algunas incapaces
Yo echo mano siempre de las mismas palabras. Son como un pequeño ejército a mis órdenes pero a veces las palabras no son suficiente. Se muestran incapaces. Las varío en orden, las expongo llenándome de interjecciones pero no consigo gran cosa. Quedan a mitad de camino, en tierra de nadie, en el centro de una playa un día de viento.
Se vuelven incapaces y por incapaces, sin sentido.
Se vuelven incapaces y por incapaces, sin sentido.
Detalles y food-gol
Me levanté esta mañana y me bajé al kiosko a comprar el periódico. El País, que hoy además trae un librito de arroces. Que no se diga que si no me aplico es porque me faltan los medios. Como me dejen solo en la cocina me vuelvo un Ferran Adriá y termino poniendo mi toque de orégano a las papas embolsadas de siempre.
Ha pasado la semana y se me han quedado muchas cosas por decir, pero es que ¡ha habido tardes con tan poca gana!
Quería hacer sangre, si puedo, de Guti que hace dos años (o más) llamaba pueblerinos a los estupendos ciudadanos de Vila-Real (allí dejé algunas amistades). Ahora después de que Henry le demostrara a Ronaldo porque no hay que acabarse siempre el plato, uno se vuelve pesadete y termina pareciendo un veterano cansinamente fondón. Después de que al Real Madrid no lo vayan a ver sobrevolar Europa hasta la gira asiática del verano nos encontramos con un hecho peculiar que merece consideración. Los "pueblerinos" del Vila-Real tienen a su equipo entre los 8 mejores de Europa, ellos siguen en el juego. Aún tienen algo por ganar.
Guti podrá pensar que el que tiene boca se equivoca, que a veces las dan con queso o que, desde luego, es rematadamente imbécil. Pero le ocurre lo que al vestuario completo del Madrid, está acomodado. Tanto lujo, todas las necesidades satisfechas (hasta las de la cima, maldita sea) ;P
consigue que uno rebaje sus exigencias. Al jugador del Real Madrid alguien le dijo que llegar es lo máximo, ya no se puede ascender más. Ese día la vida de un futbolista alcanza su cénit. Desde ahí todo es decrecer. Y claro a estos no les ocurre como a aquellos que tienen que demostrar en cada nuevo proyecto lo bueno que son. Tienen contratos multimillonarios y largos. A ellos todo se la trae al pairo. Ganar o perder al final es algo tan efímero que para qué dar una carrera de más. Que la den los muertos de hambre que aspiran ocupar mi puñetera taquilla de la ciudad deportiva.
Parece además que el vestuario es un nido de víboras. Que allí no se habla nadie con nadie. Por lo que se ve algunos desconectan el audio cuando habla el entrenador, los entrenadores en el Madrid son como los resultados, como este rato, como esta tarde, un fenómeno fugaz, algo momentáneo con lo que hay que cargar. Pero al final pasajero, como la vida. Los únicos eternos son los jugadores porque ya lograron sus mayores metas, ese Madrid capitalino del fútbol, esos sueldos de tanto cero mareantes. En el fondo son unos anárquicos, convencidos de que de sus botas saldría el mejor fútbol si quisieran, pero no quieren. Por pequeñas cosas, porque a mi me consienten menos que a él. Porque yo quiero lo de él, porque yo quiero, porque yo...
Lo que ocurre es que esa creencia ya no la comparte nadie o casi nadie (Florentino ya no). Ahora todos ellos nos parecen viejos, gordos o amnésicos del fútbol.
Yo le tengo cierta simpatía a Ronaldo. No cabe duda de que es un fuera de serie en la mesa. Vamos que no abre la boca para nada. Si nos ponemos, nos ponemos. Y yo por menos de un venado no me pongo a masticar. Es un fuera de serie porque tiene crédito ilimitado. Aún le abren las puertas en Milán para que juegue en los dos equipos (Milán AC e Internazionale). Y cuando digo que le abren puertas es que se las abren en los mejores restaurantes. Porque a Ronaldo hay que saberlo tentar, un sueldo de galáctico, unas cuantas chatis de la noche milanesa y cubiertos de plata para comer hamburguesas.
(Joder, toy haciendo sangre de Ronaldo y yo quería machacar a Guti)
Pero de verdad que es un fuera de serie. ¿Cómo podría, de no serlo, convencer al staff médico del Madrid de que está en su peso idóneo? (Es que tengo los huesos mu pesados).
Porque imagino que todos esos médicos tendrán algo que decir ¿o no son médicos?
Salta a la vista que el muchacho anda con un sobrepeso de golosón de élite. Pero no se le contrató por su habilidad con los mantecados y sin embargo año tras año se mantiene con esa barrigueta de oficinista con silla de ruedecitas, para ir rodando a todos lados. Nadie lo ha metido en cintura (nunca mejor dicho). Pasan los meses y ninguno consiguió ponerlo a dieta. Nadie lo convenció de que repetir postre está bien para una vez a la semana, otra cosa es excederse.
Pero es un fuera de serie porque se liga a las modelos para hacer fiestas de compromiso en los castillos de Francia. Luego no se casa (joer, como todo hijo de vecino, es mu joven). Pero que le quiten lo bailau (aunque no tiene pinta de bailar demasiado).
Yo querría ser jugador del Madrid. Me haría amigo de Zidane que parece tener la cabeza despejá pero amueblá (no sé si me explico). Yo también haría comandillas para malmeter. Eso sí con mucho cuidado al escoger mis enemigos, que tener a Beckham enfrente puede ser peligroso, es una fuente de ingresos tan poderosa que podría ser la excusa perfecta para ponerme de patitas en la calle. Que si los jefazos de la directiva quisieran tomar medidas ejemplarizantes no sea yo el chivo expiatorio. A ver si pago yo por todos. Si al fin yo no tengo ni puta idea de jugar a fútbol (mal y pronto) como ellos.
Pero menudas bacanales nocturnas. Y los partidos al trán trán para no cansarse, nada más de pachanguita...
Lo dejo, que empieza la Fórmula 1.
Ha pasado la semana y se me han quedado muchas cosas por decir, pero es que ¡ha habido tardes con tan poca gana!
Quería hacer sangre, si puedo, de Guti que hace dos años (o más) llamaba pueblerinos a los estupendos ciudadanos de Vila-Real (allí dejé algunas amistades). Ahora después de que Henry le demostrara a Ronaldo porque no hay que acabarse siempre el plato, uno se vuelve pesadete y termina pareciendo un veterano cansinamente fondón. Después de que al Real Madrid no lo vayan a ver sobrevolar Europa hasta la gira asiática del verano nos encontramos con un hecho peculiar que merece consideración. Los "pueblerinos" del Vila-Real tienen a su equipo entre los 8 mejores de Europa, ellos siguen en el juego. Aún tienen algo por ganar.
Guti podrá pensar que el que tiene boca se equivoca, que a veces las dan con queso o que, desde luego, es rematadamente imbécil. Pero le ocurre lo que al vestuario completo del Madrid, está acomodado. Tanto lujo, todas las necesidades satisfechas (hasta las de la cima, maldita sea) ;P
consigue que uno rebaje sus exigencias. Al jugador del Real Madrid alguien le dijo que llegar es lo máximo, ya no se puede ascender más. Ese día la vida de un futbolista alcanza su cénit. Desde ahí todo es decrecer. Y claro a estos no les ocurre como a aquellos que tienen que demostrar en cada nuevo proyecto lo bueno que son. Tienen contratos multimillonarios y largos. A ellos todo se la trae al pairo. Ganar o perder al final es algo tan efímero que para qué dar una carrera de más. Que la den los muertos de hambre que aspiran ocupar mi puñetera taquilla de la ciudad deportiva.
Parece además que el vestuario es un nido de víboras. Que allí no se habla nadie con nadie. Por lo que se ve algunos desconectan el audio cuando habla el entrenador, los entrenadores en el Madrid son como los resultados, como este rato, como esta tarde, un fenómeno fugaz, algo momentáneo con lo que hay que cargar. Pero al final pasajero, como la vida. Los únicos eternos son los jugadores porque ya lograron sus mayores metas, ese Madrid capitalino del fútbol, esos sueldos de tanto cero mareantes. En el fondo son unos anárquicos, convencidos de que de sus botas saldría el mejor fútbol si quisieran, pero no quieren. Por pequeñas cosas, porque a mi me consienten menos que a él. Porque yo quiero lo de él, porque yo quiero, porque yo...
Lo que ocurre es que esa creencia ya no la comparte nadie o casi nadie (Florentino ya no). Ahora todos ellos nos parecen viejos, gordos o amnésicos del fútbol.
Yo le tengo cierta simpatía a Ronaldo. No cabe duda de que es un fuera de serie en la mesa. Vamos que no abre la boca para nada. Si nos ponemos, nos ponemos. Y yo por menos de un venado no me pongo a masticar. Es un fuera de serie porque tiene crédito ilimitado. Aún le abren las puertas en Milán para que juegue en los dos equipos (Milán AC e Internazionale). Y cuando digo que le abren puertas es que se las abren en los mejores restaurantes. Porque a Ronaldo hay que saberlo tentar, un sueldo de galáctico, unas cuantas chatis de la noche milanesa y cubiertos de plata para comer hamburguesas.
(Joder, toy haciendo sangre de Ronaldo y yo quería machacar a Guti)
Pero de verdad que es un fuera de serie. ¿Cómo podría, de no serlo, convencer al staff médico del Madrid de que está en su peso idóneo? (Es que tengo los huesos mu pesados).
Porque imagino que todos esos médicos tendrán algo que decir ¿o no son médicos?
Salta a la vista que el muchacho anda con un sobrepeso de golosón de élite. Pero no se le contrató por su habilidad con los mantecados y sin embargo año tras año se mantiene con esa barrigueta de oficinista con silla de ruedecitas, para ir rodando a todos lados. Nadie lo ha metido en cintura (nunca mejor dicho). Pasan los meses y ninguno consiguió ponerlo a dieta. Nadie lo convenció de que repetir postre está bien para una vez a la semana, otra cosa es excederse.
Pero es un fuera de serie porque se liga a las modelos para hacer fiestas de compromiso en los castillos de Francia. Luego no se casa (joer, como todo hijo de vecino, es mu joven). Pero que le quiten lo bailau (aunque no tiene pinta de bailar demasiado).
Yo querría ser jugador del Madrid. Me haría amigo de Zidane que parece tener la cabeza despejá pero amueblá (no sé si me explico). Yo también haría comandillas para malmeter. Eso sí con mucho cuidado al escoger mis enemigos, que tener a Beckham enfrente puede ser peligroso, es una fuente de ingresos tan poderosa que podría ser la excusa perfecta para ponerme de patitas en la calle. Que si los jefazos de la directiva quisieran tomar medidas ejemplarizantes no sea yo el chivo expiatorio. A ver si pago yo por todos. Si al fin yo no tengo ni puta idea de jugar a fútbol (mal y pronto) como ellos.
Pero menudas bacanales nocturnas. Y los partidos al trán trán para no cansarse, nada más de pachanguita...
Lo dejo, que empieza la Fórmula 1.
sábado, 11 de marzo de 2006
Palabras
Muchas veces uno habla sin saber el efecto que tendrán sus palabras. A veces simplemente no hay efecto alguno. La cuestión, supongo, es hacer lo que uno cree correcto. Lo que uno quiere.
Nada más.
Nada más.
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