sábado, 19 de abril de 2008

Desidia

La justicia está arrestada por orden de la avaricia.

Abrazado a la tristeza - Fito y los fitipaldis



Haz lo que quieras. Está todo en venta.

Leo que Roca, el fulano que tenía un cuadro de Picasso en el baño para entretener la sentada y un oso polar en el salón, ya está libre de nuevo. Libre para aflojar los grifos bañados en oro y para ir por la vida pensando que no hay nada que no compre el dinero.

Hay dos tipos de personas que reciben más sonrisas. Tienen por tanto, más posibilidades de ser felices. Los guapos y los ricos.


El juzgado le ha pedido un millón de euros que es una cantidad bastante asequible para el que ha estado haciendo chanchullos a cientos con un beneficio millonario. Lo ha puesto sobre la mesa y ha salido montado en su Mercedes.

En estos tiempos se reproducen los fallos judiciales, que arrancan en la desidia más absoluta. Que un militar está obsesionado con una mujer, que la maltrata, que la tiene amenazada e incluso intenta suicidarse delante de los agentes que lo detienen. No pasa nada. En el juzgado determinan que hacer por hacer no tiene sentido. Que es mejor pensar bien los pasos a dar, no vayamos a precipitarnos. Que es cierto que quizá lo prudente sea quitarle el arma privada que compró, por no tener derecho a una por trabajo, pero ve tú a saber si no se estará cometiendo una injusticia. ¿Por qué cuantas posibilidades hay de que este hombre la necesite para algo legítimo? Imagina que quiera sacarla a relucir en algún campo de tiro, o en el campo abierto, quizá allí con suerte le de para detener a un pirómano. ¿O no no está entre las atribuciones de un militar detener a nadie? Entonces le dará la posibilidad única de abatir un jabalí, o simplemente estar alerta por si nos invaden los soldados americanos desde el aire, o los marcianos que son casi lo mismo.

El resultado final es conocido. El militar mata a la mujer y a su actual compañero sentimental, otro militar, que a juzgar por las declaraciones de los políticos debía ir todo el día con el arma desenfundada por si acaso. Pues él era toda la protección que tenían.

Luego el hombre se descerraja un tiro, el último y echa el cierre a la historia sin dejar feliz a nadie pero sí unas cuantas preguntas flotando en el ambiente enrarecido de la justicia minúscula de este país.

¿Son así de incompetentes por naturaleza o se van haciendo?


Y una sospecha. Estos casos se dan a cientos. Vivimos en medio de un abandono total. Solamente ocurre que contamos con la suerte de que en la mayoría de los casos la situación creada fatalmente no estalla. Después de todo algunas personas no se convertirían en asesinos nunca por muy mal que les vaya la vida. Y esas páginas se cierran sin ruido, como el naufragio de un barco.


La verdad es que no importa la justicia, ni importa la causa, lo único importante es hacer lo menos posible. Dejarse ir suavemente. Salir 20 minutos antes si tercia para llegar pronto a encender la tele ¡cómo está el mundo! y ganar cuanto más mejor.

Quizá sintonices a Luis Aragonés en uno de sus medidos discursos del tal y tal. Viviendo a cuerpo de rey sin rendir cuentas pero en plan voceras si le tocan la moral roja. No importan los resultados, ni los errores. Uno está para dejarse llevar y otros para observar sin actuar. Una sola palabra podría quebrar esta magia, este minuto perpetuo de calma.


En estos días se ha conocido el caso de un sacerdote dueño de una fundación que fue sisando a un matrimonio enfermo todos sus ahorros y propiedades. Pero que nadie piense que es que les pedía por la cuota del asilo más de lo mandado, es que se apropió de alrededor de 600.000 euros y de 60 propiedades.

Sería que con lo propio no tenía suficiente. Así que le han condenado a 5 años que dan para pedir perdón muchas veces, aunque no sé si suficientes.

Y al notario que estaba inmerso en todo el tinglado lo multan por falsificación por imprudencia grave y santas pascuas. Va a poder seguir dando fe pública poniendo una firma sin apenas constatar nada.

Al final se trata de cobrar para seguir en medio de este transcurso plácido.

Este río de agua templada nos lleva, despacito por favor. No te muevas apenas. Susurra al oído palabras bonitas tan bajo, dulcemente,

cierra los ojos, el amor te quiere. Te mece el amor.

Te duermes.

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