domingo, 25 de febrero de 2007
LLuvia
El día amanecía deprimido, añorando a quien se fue o desconsolado por la tristeza de los hombres. La lluvia me trajo, los recuerdos de días lluviosos en otro lugar. En el monte verde donde la lluvia no es un milagro, ni tampoco la vegetación boscosa donde miran los ojos. La ciudad lluviosa es gris, y hace gris la vida de los hombres que viven en ella. Visten de gris preferentemente, ríen discretamente, como si hicieran mal, y se guarecen en cuanto pueden en cafés o cines, como para olvidar que llueve y que la ciudad está gris. Cuando sale el sol, ellos sonríen más, son más vitales y alzan las caras al sol, festejando los rayos sobre su pálida piel. En el agua viene el frío, y las puertas se cierran, ojalá pudieran por dentro y por fuera. Resguardados de la calle que con la lluvia se ha vuelto más peligrosa. Ellos desconfían de la sombra que calle abajo se aproxima, y se encogen en el portal, o tras la esquina, para que la sombra pase, como habrán de pasar las lluvias. Pero estas se repiten.
El granizo es una lluvia con afán de protagonismo. Una lluvia que quiere ser nieve, y que desprecia a las gotas débiles de otros días. La niebla es una nube baja, es la lluvia en el aire, que cala bajo las chaquetas, que empapa el alma de los hombres y sus bufandas. Son las nubes valientes, que hartas de ver de lejos, bajan a comprobar cómo vivimos, y nosotros estamos vivos cuando echamos vapor al respirar y por la boca. La lluvia es en la ciudad sin mar, una manera de recordar la solidaridad del cielo, que es mayor que la de la tierra. Y en la costa, es bonito ver la lluvia sobre el mar, los rayos enterrados y perdidos sobre la inmensidad acuosa de las olas, y las olas como las lluvias se repiten y son más visibles en la orilla.
La lluvia torrencial es un castigo y una bendición. El mundo necesita agua en determinadas zonas. En Africa, donde los niños son huesudos esqueletos, donde mueren de hambre, que es una forma terrible de morir. El aire se llena de moscas, y el sol se hace por horas, abrasador. Y la madre huesuda busca agua para ella y su niño mirón, y le espanta las moscas, y la que encuentra no es propia para el consumo humano. Y supongo que la beben. El mundo de las armas, de las bombas, de los saludos entre jefes de estado, de las felaciones y el vodka, de los abrazos y de las estrellas, en las banderas y en la pantalla, no logran ni lo intentan que el niño mirón pueda beber agua. Y, comer algo.
El cielo llueve, inunda países enteros los devasta con inundaciones impredecibles. Y las gentes pierden sus casas. Escalan árboles y esperan sin tiempo a que los rescaten. Algunos mueren, ahogados o esperando.
A mí la lluvia me entristece, me sume a veces en repentinos estado de abatimiento, en naufragios de tanta agua. Y busco el sol.
20 Junio 2000
sábado, 24 de febrero de 2007
Todos contra el canon
La SGAE, y compañeros, van a hacer rentable convertirse en creador de
canciones en España. Y a los datos nos remitimos. El nuevo canon que se nos
prepara es abusivo e injusto, y aquí van unos ejemplos:
1 ordenador con 160gb de disco duro (22 EUR de canon)
1 regrabadora de dvd's de ordenador (16,67 EUR de canon)
1 impresora multifunción (10 EUR de canon)
1 cámara de fotos con memoria para 200 fotos (9 EUR canon)
1 reproductor de dvd de salón (6,61 EUR de canon)
1 Equipo de música de salón (0,60 EUR canon)
1 línea adsl 1 MB (35 EUR canon anuales) 200 cd's vírgenes para grabar
diversos datos (50 EUR de canon) 100 dvd's vírgenes para grabar diversos
datos (140 EUR de canon)
En definitiva, que cualquier familia española con un ordenador pagará unos
303 EUR de canon al año.
Antes no se sabía que era lo del canon, pero ahora nos vamos a enterar de
sobra.
Señores esto no es para paliar los datos de la piratería. Que expliquen
que van a hacer con este dinero.
Firma si no quieres pagar esta burrada. La ley esta debatiéndose en el
congreso y pronto vera la luz si no hacemos nada al respecto.
TU FIRMA SI ES IMPORTANTE
http://www.todoscontraelcanon.es
Pasa este correo si no quieres pagar a estos usureros.
Necesitamos 500.000 firmas y ya llevamos mas de 200.000 Copia y pega este
mensaje en uno nuevo, no reenvíes que da más la lata leerlo y debemos
facilitar el fin de este mensaje. Gracias
<---
miércoles, 21 de febrero de 2007
Con intención de poemas
SOBREVIVIR | POEMA DE ACERA | A MJ |
En las tierras clandestinas Poseía mi pensamiento su trono, Y vagaba por el aire, por el cielo En viaje constante y mantenido, Y quedaba como inerte la conciencia, El cuerpo abandonado. Transcurría el tiempo, mi enemigo, Y yo más viejo y más ausente, Y volvió la Señora donde estuve, Y halló mis manos y mi aliento, Y fueron suyos, me mató.
Pero mi pensamiento,... ¿Dónde estuvo sino conmigo? Mi pensamiento volaba libre, desde tierras innombrables a su trono, Definitivamente a salvo, definitivamente vivo. | Lo mío es una lenta agonía los pasos cortos del que va lejos, se acercan, y hay ruido en la ciudad ruidosa, de coches y obras, de actividad silenciosa y de ruido.
Mi agonía es un naufragio de propósitos, de palabras que no salen, que me vuelven mudo, convertido en mudo sin cabeza. La ciudad es sucia como mi conciencia, pero la suciedad sucia de mi ciudad, se muestra se exhibe, en mi cabeza la suciedad se agolpa, se acumula, bajo alfombras invisibles que son el olvido, la inconsciencia.
Soy esclavo del gorjeo y del tiempo, buscador de talentos viene el sol, sin pedir permiso convierte mi hoja a la sombra, y esconde mis ojos que miran hacia fuera y no hacia dentro, porque hay alfombras invisibles.
El abuelo pierde el tiempo, en la prórroga que es en si la vejez y mira la sombra de mi mano y su mirada tiene razón, él gana cuanto yo pierdo, y sus cortos pasos son difíciles como los míos, que queriendo ser arrancada de velocista; son lentos.
La belleza es gratitud de un mundo cíclico y la felicidad es el reconocimiento propio, impopular de limitaciones, y la aceptación oscura de lo malo que hay en cada uno.
Tantas buenas intenciones inútiles, como querer tener impoluta la suciedad. | Tanto amor me volcaste que me llenó entero, y no pudiendo abarcarlo, que no hubo río que contuviera mar, no pudiendo guardarlo en secreto, me afloró en la cara, en la forma de mirarte y hasta de sonreírte. Y en la lluvia interior que se externaliza, perdías la calma cuando yo la mantenía, y de los nubarrones de mi cabeza me aquietaste, cuando mi desesperación más lo demandaba, y tuve la certeza más profunda, la convicción no sujeta al tiempo ni variación, que pese a todo, tú estarías allí. Allí que es cerca mío, a mi alrededor, expectante al futuro, no tan incierto, a los días que están por venir, en un recuento innumerable de horas compartidas. Conociéndome casi más que yo mismo, observando callada mis carencias, cuántas, tantas; y alegrándote de mis aciertos en la recreación que supone que estemos cerca. O lejos. Próximos. |
martes, 20 de febrero de 2007
El Árbol
Conste que yo en estas cosas no soy de los que me suelo rendir, muy al contrario, cuántos días, quitado el traje, he tenido que volver a vestirme cerca de las 4 para bajar a reclamar una diferencia, que tras tenerme un rato esperando y con gran sorpresa por su parte terminan devolviéndome, claro que no se explican la falta de coherencia. Cómo que las personas que ponen las etiquetas y el que programa el lector de código de barras deben andar jugando a ver quién puede más. Tú no entras en mi feudo y yo respeto el tuyo. Lo extraño es que exista alguna correspondencia entre los propios productos...
A mí llegaron a cobrarme en la carnicería un filete de 6 euros que no me llevé ni pedí. Claro, debió quedar en la memoria del la máquina del carnicero, supongo que por la compra de algún cliente anterior. O eso o es que ese día todos los compradores debíamos pagar el filete lo quisiéramos o no. Aunque a mí nadie me ofreció llevarlo a la fuerza... lo habría hecho.
Hoy digo, llego de nadar, cansado de todo el día para constatar según llego a casa que los zumos que tienen en promoción lo están solamente dentro del super. En cuanto cruzas la frontera que es pasar por caja aquel precio excelente se ha disipado. No existe. Yo he cogido dos zumos porque los suelo beber cada día. Pero hoy no me apetece pelear esa minúscula diferencia. Me doy por vencido aunque tenga razón.
lunes, 19 de febrero de 2007
Properio, Manía y Sestea
PROPERIO, MANÍA Y SESTEA
Instrúyelas Properio, tú que todo lo sabes, tú viajaste a otros continentes, conociste gentes y aprendiste idiomas, tú que tuviste consejo para todos los que a ti recurrieron. Tú que acertaste siempre, sensato y cauto. Gran pensador en la historia de la historia. Supiste siempre discernir hasta encontrar la verdad misma de las cosas. Enséñalas a decidir cuál es la mejor opción, cuál es el camino correcto, tú que eres lees voraz tantos libros como hay.
Te ganaste nuestro respeto y en el camino también progresivamente nuestra admiración, tus conocimientos que aún vastos, ordenados, serían buena ayuda para la formación de mis hijas: Sestea y Manía.
Ruego tu ayuda en tan noble causa pues es una tarea ardua, ya te lo anticipo. Yo gasté mi fortuna en procurarles una educación coherente a mis principios, yo trabajé para alimentar su cuerpo y su intelecto. Viví despreocupado en la certeza de que su asistencia rigurosa a la escuela les estaba enseñando a comportarse como era de esperar. Sin embargo, a la triste pérdida de su madre sobrevino con la claridad de una confesión, que su instrucción diaria no era tal, pues no abandonaban la casa, y allí permanecían cada una por todo el tiempo, como si viviéramos en los tiempos antiguos en los que las personas se guarecían de guerras, aterradas, cuando la razón se dirimía entre proyectiles y muertos. Donde los muertos no tenían razón.
Y así, pasaban los días ocupando el tiempo en perderlo.
Yo era ajeno a esta situación, mi trabajo me llevaba atareado todo el día, sin descanso. Intente siempre tener la conciencia tranquila e hice toda mi labor, sin dejar nada de lado. Fui uno más, no recibí méritos que no me correspondieran y asumiré mi jubilación como una obligación no deseada pero ineludible.
Mi esposa de nombre Medrosa y alma virgen, que dios tenga en su gloria, era de naturaleza poco combativa, nacida para contemplar la vida sin añorar ni esperar nada a cambio, consintió por no enfrentarse a ellas y calló ante mi para no contrariarme. Pero su fallecimiento tan injusto como inoportuno me mostró unos días negros donde descubrí la verdadera realidad de mis hijas. Apenas reparé unos segundos en ellas, las distinguí tan distintas como eran. Y es que según crecieron dejé de observarlas.
Sestea, pasó aquellos días de dolor de forma independiente, como si fuera lo suficientemente fuerte como para no necesitar de nadie. Y yo pensé, con un punto de orgullo, cuán valerosa hija había arrojado al mundo. Valiente y poderosa, con una entereza tan grande que no parecía nada afectada. Sólo tenía un único deseo, volver a casa, pues el suceso la había llevado a un estado de total agotamiento.
Algún tiempo después, descubrí espantado que su apariencia de desapego hacia la muerte, la fuente de su fuerza era en realidad una total indiferencia hacia su madre o su hermana y hacia mi mismo. Y más tarde entendí que no era consecuencia traumática de algún agravio, sino fruto de esa vida enfermiza en la que se hallaba instalada. Una vida de pereza extrema, una vida de ensoñación, en un estado de permanente somnolencia cuando no de sueño profundo. Mi hija Sestea no se fija en nada, nada llama su atención y no parece tener ningún interés por aprender.
Manía, es por el contrario todo nervio, de maneras inquietas, es incapaz de detenerse en nada, sus ojos vuelan enloquecidos entre los objetos como si los descubriera nuevos. Detesta que le toquen sus cosas y lo tiene todo en el más estricto orden, cuando algo escapa a su control, se pone frenética. No obtiene paz más que en su habitación, y es que se conoce el lugar exacto de cada objeto, la orientación de cada figura, el ángulo de un libro en la biblioteca. Capaz de describir su alrededor con los ojos cerrados, sin errar un detalle, así le gusta estar, conociéndolo todo. Y yo siento que ojalá tuviera esa obsesión en saber, en estudiar, tal vez así serías como Don Properio, le digo a veces. Se haría una mujer de provecho, luz para los demás. Como es usted para nosotros.
Si dedicara toda su energía en aprender sería como usted, llegaría más allá de donde a mi me faltaron fuerzas. Yo quisiera que mis hijas supieran más que yo, que fueran mejores, porque entre iguales surge la competencia, yo la sentí con mis compañeros y les quise mal, pero para mis hijas ambicioné desde su nacimiento, las capacidades que la naturaleza me negó a mi.
La muerte de su madre le supuso un golpe tremendo, aunque terrible no por el amor perdido sino porque el acontecimiento, el trashumar de gente a su alrededor le arrebató a un estado de histeria que sólo el tiempo ha podido mitigar.
Mis hijas, tan distintas la una a la otra como el sol y la luna.
Albergué otros anhelos en mi vida, y he de reconocer que prolongadamente le envidié, mientras creció su fama en la ciudad, mientras estaba en uno de esos paises, adopté una postura de intolerancia, le descalifique fácilmente creyendo que estando en su contra ganaba en carisma ante el resto, me empeñe en juzgarle y le medí en un baremo equivocado, mi criterio. Y es que yo, también quise viajar, convertirme en un punto de referencia para mis contemporáneos, y qué demonios, para el futuro. Quería pensar que quizá alguna vez, los maestros, catedráticos, doctores y sabios estudiarían mis palabras, dotándolas de un significado válido universalmente. Mi filosofía sobreviviría al paso del tiempo, convirtiendo mis pensamientos en nuevas ediciones. Como sucedió con Platón, Aristóteles, o como sucederá, no me cabe duda, con Properio.
Hoy, vencidos esos deseos y satisfecho de otros apetitos, si quiere más humildes, recurro para que salve a mis hijas.
Como ve, eran tan desconocidas para mi como es el sol para la luna, que siempre se alternan sin coincidir, ahora sabe como son, carne de mi carne, y ahora las conoce tanto como yo. Ayúdeme.
Anado Uni - 1998
La velocidad de la belleza
LA VELOCIDAD DE LA BELLEZA
Nací con un cuello, que no era particularmente feo, pero que a mí me lo parecía. Por la nuez, supongo, parecía que me hubiera tragado una pelota de golf. En cualquier caso, no sentí vergüenza nunca y no lo tapé, llevaba camisas abiertas para que estas hicieran de envoltorio ocasional, ¿gallardo? Y a pesar de su exhibición, tampoco logré, oír alabanzas hacia él. Y que conste que las quise oír.
Así, que me puse manos a la obra para lograr tener un cuello, digamos que sino mejor, que la función de tragar la hacía convenientemente, sí al menos más bello. Cómo lograrlo era labor fácil. Me puse bajo el bisturí de un cirujano de fama internacional, y que se cobraba la fama a precio de oro, pues la operación me iba a costar una millonada. Pero que hacer si quieres tener el mejor cuello, tendrás que acudir a aquel que mejor puede moldearlo. Era suizo, y desconfié en cuanto lo vi, no sabía porqué al principio, ¿por qué era suizo?, pero luego reparé en el detalle que me inquietaba, era su estrabismo extremo. Una de sus pupilas se obcecaba por pasarse al otro ojo. Yo inmediatamente pensé que bien podría operarse ese ojo, antes de meterme mano, en el buen sentido, pero claro, cómo iba a operarse a si mismo, si era especialista en cuellos y no en ojos.
El suizo, se empeñó las primeras sesiones, en magrearme el torso en búsqueda de algo que su ojo, explorador, no hallaba en el cuello. Yo dije que si me debía preocupar, con aire despreocupado, y él dijo que no, que lo habíamos cogido a tiempo. Aunque no me dijo si había encontrado lo que buscara.
Me dijo que me iban a dejar un cuello ideal, en perfecta sintonía con el resto del cuerp... y calló, pues tampoco es que yo tuviera un cuerpo demasiado bien hecho. Las manos me colgaban y cuelgan cerca de las rodillas. Pero que le pueden importar las dichosas manos a un individuo, aún cuando su longitud le impide desempeñar un trabajo de alta responsabilidad correctamente, y hasta comer, si a cambio tiene un cuello de campeonato. De relumbrón que diría alguno.
Así que soporté mis dudas, estoico, sobre mis hombros caídos y me apresté a ser intervenido por ese doctor, que había de ser muy bueno, el mejor, si la demanda económica es proporcional a la calidad médica recibida. Él lo reconocía tímidamente: soy caro.
Sólo me dio un consejo a modo de advertencia, muy válido. Probablemente, me dijo, debamos intervenirle más veces, transportando esa carne que tiene usted en las piernas, pues es la que mejor tono tiene, y el problema del pelo, el del trozo de las piernas, que vaya sin son velludas, se soluciona con frecuentes afeitados. Yo asentí, dejando la mirada en el horizonte como perdida, ¿seductor? todo tiene un precio, y el suizo es el experto.
De esta manera, fui intervenido una docena de veces, ¿quién las cuenta? Y como muy acertadamente había pronosticado cíclope, por lo del ojo, dejé de caminar. Es lógico, si se lleva la carne de las piernas al cuello. Bendito anexo, que necesita la cabeza. El arrebatarle a la pierna la piel que lo recubre, había dejado en muy mal lugar a los músculos que tras esta se escondían, y cíclope decidió que para dejar la pierna así, con el músculo tan violento, mejor lo extraíamos también. Yo no tenía muchos músculos, o mejor decir, no lo tenía muy desarrollados, y me dio igual. Cíclope me terminó de convencer. "Puestos a tener una pierna inútil, es mucho más curiosa mostrando el hueso, llama más la atención". Pregúntese ¿cuántas piernas que son un hueso ha visto? Me recomendó el uso de pantalones cortos.
Sólo hubo algo de todo el proceso, que duró varios años, que me hizo plantearme si repetiría la experiencia de volver a nacer, de volverme a encontrar en idéntica posición, con un cuello que sin ser feo, no era perfecto:
Clope, le dije con familiaridad de varias anestesias, de tantas faenas anteriores. A eso él me pregunto porqué le llamaba así. Puso mala cara y añadió: habrá que extraerle también el hígado. No quiero pensar que como represalia. Clope, repetí asintiendo con profesionalidad y aparentando no sólo que esa nueva intervención no suponía un quebranto para mi ánimo, sino un desafío deseable. Miré su ojo sano: y la vejez que me ponga este cuello tan bello, lo era, y tan afeitado, lo estaba, como descolgado, cómo podré evitarla.
El estrábico cerró los ojos y cuando los alzó una sonrisa flotaba en su boca. Tu crees que dentro de cien años mi cráneo tendrá un ojo pallá. NO, será un par de agujeros, como de bola de bolera. Rió estruendoso.
Conclusión, moraleja, o como le quieran llamar los teóricos de las palabras, la belleza se quema con la respiración, es un bien indudable, pero pasajero. Y que a la postre, pasa casi sin tomar cuenta. Hasta que el espejo muestra lo que no se era. Mi cuello fue el mejor del mundo justo antes de envejecer.
Si todavía no te convencí de que la belleza pasa rápido mira esto (Enlace a tres fotos de Marion Jones).
Hábrase visto belleza mayor y que pasé más rápida. 10.75 en Sidney. Marion, enhorabuena.
23 de Septiembre del 2000
domingo, 18 de febrero de 2007
El semáforo y el plan
De hecho esto ya lo he comentado con gente que tiene más rodaje que yo en las rebajas, verdaderos veteranos y parece común la artimaña de llenar el carro para luego ir devolviendo, siempre dentro de plazo, las prendas para volver a llevarlas a un precio menor. Hay quien incluso enfebrecido por el consumismo echa al carro lo que sea, quizá advirtiendo nada más que la talla, sin cribar con gusto.
Paseaba por Santander y cerca del muelle quise cruzar hacia el centro. Tenía ante mí una gran avenida con dos sentidos circulatorios. Allí estaba yo parado en un extremo, allá en el otro lado, ya digo que lejos, una moza. Pero esta no es la historia de unr reencuentro, no nos fundimos en un abrazo, con gran riesgo para la fluidez de la circulación y, puedo jurarlo, para nosotros mismos. Simplemente estábamos cada uno en un extremo, esperando.
Al poco llega un fulano que nos debió ver muy parados y absortos porque fue él quien pulsó el botón que nos da turno. Aunque en realidad no nos da turno, nos pide turno en algún lado, en la central semaforil o quizá pone a discutir a nuestro semáforo con los dos o tres de los alrededores como diciéndoles: dejémosles pasar, los pobres...
Yo admito que no había visto aquel botón, simplemente me dispuse a esperar como un peatón formal, pero al ver que aquel botón se encendía diciendo: ESPERO TURNO o quizá ESPERE POR FAVOR, me decidí al menos mentalmente a no hacer caso.
En algún rincón de mi cerebro la ira desplegaba pancartas, bramaba por megáfonos. ¿Quién quiere que siga esperando si llevo aquí ya un rato? ¿No ha sido suficiente espera? ¿Cree el ayuntamiento de Santander que tengo minutos para perderlos? ¡Qué tan poco vale mi tiempo que esperaré pacientemente en esta espera que es volver a empezar? Y terminaba con un muy iracundo: ¡Mis coj... espere!
Y me imaginé resuelto a cruzar la calle, los coches pitando, el tráfico congestionado de frenazos, y alguien desde el monte más cercano, haciendo uso de un anteojo se quedaría prendado en el detalle. Ahí va un hombre que esperó demasiado. Que se revela a someterse fácilmente. Que prefiere dar un paso hacia delante antes que quedarse parado.
Pero no lo hice. Ya dije que la rebelación fue a nivel mental. Espere lo que hubo que esperar, que no fue mucho, y cuando nos dio paso crucé por el centrito mismo del paso de cebra. Y en verdad os digo que al cruzar me sentí como Abraham al abrirse las aguas.
Por la noche estuve viendo la tele. Reconozco con pesar que el programa Dolce Vita que es un programa de marujeo. En mi descargo diré que estas cosas no las hago nunca, aunque ya sé que cualquier plan, por malo que fuese habría sido mejor.
Invitaron al tal Anipke que es el nigeriano con el que vino a desposarse la Mosquera, ex forzosa por fallecimiento del boxeador Carrasco; él descubrió que se puede vivir muy bien de la curiosidad ajena y ella que blancos y negros nos diferenciamos por algo más que por el color, y lo digo sin acritud que ella siempre estuvo muy enamorada aunque él no tenga la pinta de ser un hombre de grandes discursos.
El formato del programa da risa. El tipo centrado en una silla y los periodistas en semicírculo alrededor. Como no podía ser de otra manera estos se dedicaron a meterse con él, buscando el favor del público que ya estaba muy a favor sin que lo buscaran. No es este negro alguien que caiga bien a la gente. En realidad pese a sus ropas horteras y su cara de estar enfadado todo el tiempo a mí me resultó de algún modo entrañable. Como si estuviera viendo a alguien que viviera una vida que no termina de convencerle, y que le corresponde a otro. Probablemente hubiera sido más feliz, eso sí con menos, reparando las tuercas de los coches de segunda mano que ahora busca aquí en España para llevar a Nigeria.
Este programa pone a sus avisados concursantes frente a un polígrafo. Lo que no deja de ser llamativo, pues por norma general todos tenemos algo que esconder, algo que no queremos que se sepa y generalmente estos famosos de tres al cuarto, famosos por nada en realidad, y que un día se llaman a si mismos artistas sin que se les caiga la cara de vergüenza (ex-esposa de Jesulín dixit) suelen tener toneladas de mierda bajo la alfombra.
Este en particular debía tener para exportar, pero nadie vive del aire y estos famosos por haber sido parejas a su vez de otros famosos necesitan nuevos billetes que soporten el tren de vida al que acostumbraron al cuerpo. Se da con esta gente un fenómeno curioso, a mí me recuerda al juego aquel de niños, el "tú la llevas". Estos elegidos se dan la fama como los niños convierten a un perseguido en perseguidor. Les llega como algo fortuito pero que funciona. Así aquella mujer, Raquel Mosquera se hizo famosa por haber sido la esposa de un ex-boxeador, y al morir él le quedó como un legado, que él le dejaba involuntariamente, la capacidad de hacer famoso a cualquiera que la rodeara, como con una varita mágica. Y esta, quizá por probar así de pronto a ver como funciona, lo hizo con el Tony Anipke de marras, o tal vez se enamoró perdidamente, que el amor no entiende de conveniencias ni de convenciones, y el truco funcionó. El chaval se hizo famoso y lo esperaban a la salida de casa para verlo subir a su todoterreno de gran cilindrada. Y un día le invitaron a un programa, a él famoso por la fama de alguien ya muerto a que pasará la prueba ante la máquina que como no, lo dejó por mentiroso y para que quedara mejor retratado, también por narcotraficante.
No parece un hombre de muchas luces Tony Anipke. Probablemente tiene más sombras que luces. No sé cómo acabó el programa, yo me quedé dormido en el tresillo, demasiado marujeo para una sola vida, pero el hombre amparado en que no recordaba o en que no entendía parecía salir de cada trampa que le ponían esos periodistas carroñeros hasta el punto de que se agarraron a que dijo que no era su estilo la trata de blancas, y aquel periodistillo tan maquillado y peinadiete ¿qué no es tu estilo? ¿no es un delito? Cuando era evidente que este hombrón de Nigeria se sigo haciendo un lío con el idioma aunque lleve más de 15 años en el país.
Sospecho que el Anipke venció a las hienas. Que salió comprobadamente embustero ¿no mentimos todos? Dejando el convencimiento de que no será él quien descubra el remedio que cure el SIDA ¿alguno de nosotros será? Que probablemente no es más que un tonto al que la suerte esquiva a veces, y al que le espera una mujer desequilibradamente enferma de amor. Pero salió de la casa de la tele con el bolsillo lleno. Con la cara de pocos amigos que tiene y convencido de que si perdió con el polígrafo fue por poco.
sábado, 17 de febrero de 2007
Saliendo
Ocurre que no se ha hecho de día, o que el día de hoy duró menos que cualquier otro día. Amaneció y a estas horas ya se hizo de noche.
Quiero rematar las rebajas. Me sucede algo curioso, cuando llegué a la determinación, a la que debía llegar forzosamente, por mi desequilibrada dieta de que nunca engordaría resulta que me he puesto a engordar. Y al tiempo o casi al tiempo, no lo puedo precisar bien, mis brazos han tendido a enflaquecer. Como si mi organismo se reorganizara de nuevo, llevando mi masa corporal hacia la tripa y el trasero.
Y ocurre al tiempo que nunca compré tanta ropa como en estos tiempos. A decir verdad nunca me compré ropa, lo hizo mi madre por mí quizá hasta que cumplí los doce años, luego la seguí usando, aquella ropa hasta casi la actualidad. Y aquí este casi es fundamental, significa por una parte que he engordado y por otra que he renovado mi vestuario.
Así que en estos tiempos se da la paradoja que haya logrado estar estupendamente adornado por fuera, como si fuera el primo de Beckham, para ir perdiendo apostura paulatinamente de puertas para dentro.
Se me va notando en la cara, cuánto más guapo, más feo.
viernes, 16 de febrero de 2007
20
Sin embargo son las 21 horas del 16 de Febrero y no he ido hasta la piscina, casi podría decirse que ni siquiera me he movido apenas del sillón. He abierto el libro de Neruda que compré y he estado leyendo sus 20 poemas de amor que terminan, cómo no, en una canción desesperada.
Está muy visto, pero no es por ello menos hermoso:
Puedo escribir los versos más tristes está noche.
Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
20 - Pablo Neruda
martes, 13 de febrero de 2007
lunes, 12 de febrero de 2007
miércoles, 7 de febrero de 2007
El cinturón
Por supuesto que acepté. Cogí el abrigo y marché con él hasta un Hyundai Matrix, que es algo así como un monovolumen.
Una vez dentro me pongo el cinturón de seguridad como manda la más elemental sensatez y estando en esas se me arranca con que él no se lo suele poner. Yo, por descontado lo reconvengo entre sus risas. Le digo que hay que ponérselo porque lo pueden multar, suelen de hecho, esperar agazapados; por no hablar de lo muy probado a estas alturas; es un medio idóneo para prevenir tener que atravesar los parabrisas del coche en caso de frenazo brusco, con el destrozo natural de los limpiaparabrisas que eso supone. Esto del limpia lo digo ahora, no atiné con razón tan convincente entonces.
La conversación siguió muy divertida pues el paisano me contaba que es que se pasa la vida haciendo recados de aquí a allá, y que claro... en parte hay que entenderlo. Además me decía que conoce a todos los policias del pueblin, y hasta los de los alrededores.
Pero lo mejor de todo fue cuando me cuenta que una de las veces lo paró la guardia civil. Le dicen que no lleva abrochado el cinturón y él dice que es verdad. Todo aquello de los recados que comenté antes. Entonces le pide el carné de conducir y lo entrega tan caducado como estaba. Yo me caía de la risa del asiento, gracias que me sujetaba el cinto.
El guardia se va hasta el coche, no sé si aguantando la risa él también o frotando las manos por lo que se avecina. Al llegar allí le presenta a su superior, no sé si en persona o a través del comunicador los datos del paisanete, y llegando en ese momento o saliendo del coche, o vete a saber si a través del comunicador aquel, magia entre seres tan distantes, el superior que era sargento de la guardia civil le dice a nuestro amigo que cómo se le ocurre circular en aquellas condiciones. Que cualquier día de estos le pilla un rapaz de estos jóvenes y lo despluma.
Lo despidieron sin multa y recomendándole encarecidamente que se pusiera el dichoso cinto. Mi compi debió tomar buena nota, porque cuando me dejó en la puerta de correos no lo llevaba puesto. Aunque no me cabe duda de que aquel día se lo pusieron, yo creo que casi de corbata. Nos reímos un buen rato. Los recados, ya se sabe...
Para mí que sigue sin ponérselo regularmente. Yo hice lo que pude. Ya lo decía aquel eslogan tan pegadizo:
Póntelo, pónselo.
lunes, 5 de febrero de 2007
domingo, 4 de febrero de 2007
Unicornio
pastando lo deje y desapareció.
Cualquier información bien la voy a pagar.
Las flores que dejó
no me han querido hablar.
Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
no sé si se me fue,
no sé si extravió,
y yo no tengo más
que un unicornio azul.
Si alguien sabe de él,
le ruego información,
cien mil o un millón
yo pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue.
Mi unicornio y yo
hicimos amistad,
un poco con amor,
un poco con verdad.
Con su cuerno de añil
pescaba una canción,
saberla compartir
era su vocación.
Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
y puede parecer
acaso una obsesión,
pero no tengo más
que un unicornio azul
y aunque tuviera dos
yo solo quiero aquel.
Cualquier información
la pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue.
Unicornio - Silvio Rodríguez (1980)
Euromillones
Esta mañana pensaba la posibilidad de que me tocara a mí ese premio, bueno la parte mayor del premio, pongamos que 80 millones. Y cavilando sobre ello llegué a una conclusión que no deja de ser sorprendente. Imagina la conversación por teléfono tras saber cierto que soy yo el ganador del fortunón. En esas que los del bote llaman para aclarar ciertos flecos del traspaso (del dinero).
-Oiga, le llamo solamente para decirle que igual no son 80 millones como le ponía a usted en la máquina digital del lotero. Con unos ajustes que le detallaría si son de su interés, aunque ya le digo que son algo enrevesados de entender, la cosa se le quedaría en 79 millonazos.
Y yo pensando que qué pereza escuchar esos ajustes, y más si son tan complejos. Vamos que abro la boca para decir:
-Bueno, déjese de milongas. 79 me van bien. ¿Y eso pa cuando?
Alguien al leer mi respuesta quizá piense que resulto un punto ansioso por hacerme con el botín. Pues no. De ansioso nada. Conviene no obstante darse cuenta de la facilidad con que renuncio a un millón de euros. Vamos, que le dedico al tema apenas unos segundos mal contados. Que perder el millón me aburre soberanamente, que me importa muy, muy poco.
Así que en conclusión soy muy capaz de dejar perder un millón de euros sin tirarme del bigote (que no tengo). No me llevan los diablos por estos temas pueriles del dinero. Vete tú a saber si no se lo andará quedando el fulano del teléfono, que esperaba al menos tenerlo que sudar un poco más, largándome logaritmos y raíces cuadradas de un número de 7 cifras.
Es mucho más fácil. Regalo ese millón a quien lo quiera reclamar. No lo necesito para nada.
miércoles, 31 de enero de 2007
Don gato
Voy a la casa de Jordi que marcha a su vez, coincidencias de agenda, a Milán o a Suiza, no sé bien. Es una cuestión que no quedó del todo clara pese a nuestras continuas charlas por teléfono. Puede que primero a un sitio y luego al otro.
He quedado allí con Sestea que dará esquinazo a sus libros por un par de días. Tenemos planeada la salida y la vuelta desde hace un tiempo, semana y media a lo más. Yo tengo ya comprado el billete en avión que me devuelva a Santander para volver desde allí a casa, todo el domingo por la tarde.
La vuelta en autobús se me suele hacer cuesta arriba, son demasiadas horas incluso para un espíritu tan abotargado como el mío. De esta manera habré llegado antes incluso de haber cogido la postura en el asiento.
No existe más que un problemilla. No demasiado grande. Negro, eso sí, negro como el carbón. Tiene 4 patas y malas pulgas sin tener una sola. Se llama Morfeo y es un gato del tamaño de un perro mediano. Es decir, es un gato grande.
A mí la verdad es que ese gato me tiene algo asustado. Aún recuerdo como atacaba con las uñas como navajas mis zapatucos al pasarle cerca. Claro que en esos días Jordi o Diana, su novia, tomaban parte por nosotros y le reñían. Aunque sospecho que el animal no les hacía mucho caso.
A mí me parece una pantera negra más que un gato. Hasta el punto de que he llegado cavilar la opción de rechazar la oferta del techo que nos ofrecen por no convivir con el gato a solas, o casi a solas. Ya lo tengo pensado, cuando haya que ponerle la comida, que supongo que será una forma de ganárnoslo, me haré acompañar de Sestea para que si al bicho le dieran las ganas de atacar haya al menos dos objetivos. Es decir, un 50% de posibilidades menos de ser yo el objeto de sus ataques felinos. Bueno, quizá aún menos. Los animales son suficientemente listos, incluso los más furiosos, como para saber medir a sus oponentes por el tamaño. Y quieras que no quieras Sestea es poquita cosa. No más de metrito y medio desde el suelo hasta el pelo, linda sin par, eso es cierto; como una Dulcinea de bolsillo.
Por otro lado ambos tenemos pensado no pasar por la casa más que para dormir, y por suerte la habitación da puerta con puerta con la de la calle. Así que puedo lanzarme desde una a la otra de un salto, yo primero para cogerlo de improviso. Igual por hacer la gracia nada más entrar la cierro. Sestea quedaría entre dos aguas. Y yo como la ficha de parchís en el centro del tablero.
De algún modo sé que esos días nos sentiremos como los ñus que cruzan el río por la periferia. Los expuestos. Algunos caerán y otros no.
Espero que salvo las inevitables tensiones por salvar nuestro pellejo, todo lo demás, finde en Madrid completo, lo compense. ¿Viviremos para contarlo?
lunes, 29 de enero de 2007
Voces
Aquella voz decía además que si quiero recibir un mensaje cuando el móvil esté activo debo marcar "uno". Es decir, dejas un espía escondido en la línea para que te sople cuando el teléfono vuelve a dar cobertura. Yo por supuesto no puse un espía a nadie, pero me quedé con el final del mensajete de aquella voz, tan turbadora. Decía que el coste del mensaje es de 15 céntimos y, para que no haya equívocos, aclara que esto es un coste por minuto.
Y he aquí que le encontré el fallo al operador. Tan acostumbrados a exponer sus tarifas "por minuto" que se les coló en el texto a recitar por la robot cuando no tocaba. ¿O es que para enviar un mensaje de texto se llevan más de un minuto? Igual es que los mensajes de móvil de Orange son como un trailer saliendo de un garaje. Van despacio, despacio, pa facturar.
Pero lo mejor ocurrió, creo que anteayer. Me llama un número de aquí, asturiano por el prefijo. Descuelgo el teléfono fijo y oigo una voz, robótica perdida.
Venía a decir que si me interesa Internet tienen el producto que andaba esperando, o algo de ese tenor. Además no satisfechos por darme un producto tan bueno me ofrecían, parece que regalado, un ordenador. Ni más ni menos.
La oferta era tentadora, que a nadie le quepa duda. Y estuve tan cerca... solamente tenía que pulsar el "uno" que es el número mágico para aceptar lo que sea (que suele ser algo bueno). Quizá un día en las bodas se pregunte:
¿Quieres casarte con Fulanita? - responde "uno" si estás de acuerdo-aclara el sacerdote.
Y tú: uno.
¿en la pobreza?
y tú, callao. Porque en la pobreza uno se casa solamente si el amor es tan fuerte que pobreza o riqueza dan lo mismo.
¿en la riqueza?
Uno.
Estuve cerca de aceptar. Pero era una voz de varón. Y eso era un chasco imperdonable. Será porque ellas nos gustan más.
La cosa es que sin comerlo ni beberlo le encontré un fallo a un gran operador y uno, subjetivo y cierto a otra empresa que no se sabe muy bien si no estará cometiendo algún tipo de fraude en su marketing timofónico. No lo pude saber porque la voz quedó atrapada en que pulsara el uno, si es que necesitaba el servicio. No llegué a saber quién se escondía tras esa voz. Pero sus cantos de sireno me sedujeron más bien poco. Puesto a poner un robot a tus órdenes debieras saber escogerle el género, o al menos cribar las llamadas. Que a malas te encuentras con alguien tan caprichoso como yo.
Tengo una vista excepcional para encontrar el defecto menor y sin embargo en estos días he perdido el cordón del pantalón del pijama. Debe estar por aquí, en algún lado. No pudo ir muy lejos.
sábado, 27 de enero de 2007
Quizá
pero amar es cruzar las nubes en avioneta con el viento columpiando tu bufanda.
viernes, 26 de enero de 2007
miércoles, 24 de enero de 2007
Un sitio para nadie
si envías este texto a 12 personas se te cumplirán todos los deseos y la persona que quieres te vendrá a besar la boca (o algo por el estilo, aunque ahora que lo pienso un poco, creo que la condición de distribuirlo te lo contaban al final, cuando te han dorado la píldora con las mil recompensas de hacer correr el texto-bazofia por Internet).
Por supuesto, por si no te convencen las mil bondades para enviarlo, que van desde la dicha del amor hasta llenarte el bolsillo, terminan asegurando que de no hacerlo se te vendrán encima aún más calamidades. Vamos que no darás abasto a recoger tostadas que cayeron por el lado de la mantequilla. Garantizarte tanto infortunio tendría que terminar de convencerte. Vamos que si te quedaste en el "consí, consá" terminarás lanzando el dichoso mensaje hasta a la gente con la que llevas años sin hablarte.
No sé bien qué se gana con todo ese juego. No sé si es un modo de llegar a más gente y quizá hacer más amigos (o más enemigos si estos mensajes gustan tan poco como me gustan a mí). Yo particularmente por no leer no leo ni los reenviados si no están personalizados al menos en sus comienzos, con un Anado por aquí o por allá, con el nombre de pila que me pusieron mis padres, o algún otro detalle que valga al menos para fijar la vista sin que uno se sienta parte de una cadena de montaje, en la que no se es más que un eslabón, por lo que se ve, anodino pero imprescindible.
Pero estos ingenios que te auguran tanto éxito si sigues la corriente son especialmente enojosos. Con menos sentido incluso que leer el zodíaco. Porque al menos en estas otras predicciones siempre podrás agarrarte a una frase en particular, que harás tuya, en la que te verás retratado.
Lógicamente a este amigo mío le puse una respuesta que no pudo ver en ese momento porque ya estaba desconectado, pero esa respuesta le esperará pacientemente hasta su nueva conexión, está en el frigorifico congelada; ya digo que no se me advirtió de su entrada ni de su arrebatada intervención, venía a decirle que en el futuro se ahorre enviarme esas invitaciones, esa cama redonda de mensajes hacia todos lados como una metralleta. Cedo mi sitio en la cadena afortunada a cualquiera que quiere ir en mi lugar. Que son niñerías incluso para alguien tan inmaduro como yo.
Digo que ahora me vendrán encima los mil desastres del mensaje ignorado voluntariamente. Para empezar he oído en la radio que mañana y el viernes va a hacer más frío que el que llevamos sentido en esta semana invernal. Con lo bien que nos sentaba el traje de la primavera temprana y he venido a romperlo por no hacer caso.
Quizá aún esté a tiempo.
martes, 23 de enero de 2007
Un martes marrón
Por supuesto aquello sabía a rayos y no pude acabarmelo. Lo eché por el desagüe del grifo de la cocina, el mismo que abierto arroja con tan poca presión el agua.
Al llegar al trabajo narré mi despiste, incidiendo sobre todo en la coartada de los cascos en los oídos, la música sonando y lo intempestivo de la hora. Pero lo curioso es que según lo cuento ya me lanzaba con el paragüas hacia el perchero donde colgamos los abrigos... vamos que soy un caso. En mi caso los despistes se dan la mano, los enlazo como Tarzán con las lianas, uno tras otro.
Por eso quizá yo deba plantearme para este año ser mucho mejor de lo que soy. Es algo común entre los humanos proponer nuevos propósitos para el año que empieza. Podría dejar de fumar, por ejemplo, eso es muy común. Lo malo es que yo no fumo, quizá podría empezar...
Hay quien apunta esos propósitos en una hojita, y vuelve a ella, si es capaz de encontrarla transcurrido el año. Entonces se da cuenta de que no cumplió casi nada de lo recogido, o no cumplió nada. Al principio porque tenía todo el año para hacerlo, luego porque se le olvidó que debía hacerlo, o porque después ya no quiso. De manera que esas hojas, como las olas de San Juan se quedan nada más como deseos más o menos sentidos e insatisfechos para siempre.
Yo debería proponerme ser un poquito mejor. No mejor persona de lo que soy, de eso no creo que nadie tenga queja, y si alguien la tiene, sabrá que todo aquello se debió a un gran, fabuloso malentendido. Bueno, en verdad sospecho que soy bueno, no es que nadie me lo haya dicho, por norma general nadie me suele decir nada bueno sobre mí, y quiero creer que es por timidez o rabia, no porque no lo haya. Tal vez mi propósito tendría que ser lograr reducir las veces en que parezco Mr. Bean.
Procurar no buscar nunca algo que tenga en las manos.
lunes, 22 de enero de 2007
Lluvias
Si me detengo a analizar esa tristeza repentina, de día nublado, me doy cuenta de que no ha sido una tristeza desesperada, sino una suave, soñolienta, como leer un periódico repleto de calamidades recién levantado. Abrir los ojos al día con la mente en blanco para llenarla a seis columnas de actos violentos, enfermos y muertos. Amaneces para darte cuenta de que casi todo alrededor vale tan poco que sería mejor seguir dormido. Y no hay ni siquiera desesperanza porque los sueños tengan tan poco que ver con lo real.
Tiene que ver en mi tristeza de hoy la soledad de mi rostro asomado a un teléfono móvil de tercera generación para dar las buenas noches. Es mi rostro y sonríe al rostro asomado a la diminuta pantalla. La tecnología pone las sonrisas con mil kilómetros de distancia para que las veas.
Sonreía ayer, pero con el frío de la mañana aquella sonrisa se vuelve motivo de tristeza. Como es triste la risa de un payaso que se sentara siempre sin que hubiera silla. Y el día olvida el efecto climático para devolvernos al invierno más duro. Gracias que en el granizo de esta tarde algo dentro, el alma quizá, refulge, remonta mirando en la ventana, asimilando que llegó el frío y lo hizo para quedarse.
domingo, 21 de enero de 2007
Vestidos
Yo por aquí he descubierto como parecerme más y más a David Beckham. Y cuando digo que ya sé parecerme un poco a él, quiero decir que ya sé como hacer para irme pareciendo a uno de esos módelos de pasarela que van vistiendo a la última, y que aspiran en realidad a parecerse todos ellos a los propios maniquíes de escaparate, de proporciones perfectas, hombros, brazos, piernas y esa mirada de concentración inquebrantable.
Alguien dirá si seré tan intrépido como para compartir ese descubrimiento en este rinconcito mío. Si no tendré más vista y terminaré vendiéndolo a algún guaperas que aspire a ocupar el corazón de Jennifer Aniston o más de andar por casa de Mar Flores. Pues sí.
Si uno quiere parecer uno de esos, no tiene más que llevar encima cuánta más ropa mejor. Es así de sencillo. Por supuesto si esa ropa es de marca mucho mejor, la impresión se fija mucho más rápido. Vamos que si caminas por la calle con una americana blanca, con un jersey de pico debajo, por el que asoma una camisa con el cuello, al menos de diseño, y aún por debajo pero a la vista una camiseta interior de marca, entonces eres un clon de la elegancia de David Beckham aunque no tengas ni puñetera idea de como lanzar las faltas. No te ha de preocupar ese detalle, eso con entrenamiento se aprende, y después de todo tampoco parece que el chaval en la actualidad sepa bien donde está siquiera la portería, ni como pegarle. Luego mezclas todo eso con unos vaqueros gastados, pero no rotos, eso solamente queda reservado a Beckham y sólo a él en exclusiva, andarás hecho un dandi. Vamos que te mirarán más que si vistieras un sombrero de la reina de Inglaterra.
Evidentemente llegar a esta conclusión era muy fácil. Todos estos modelos llevan toda esa ropa porque de lo que se trata en el fondo es de dar impresión de opulencia, por eso si las cosas son de marca mucho mejor, y que se pueda descubrir a poco que se investigue, por eso si eres capaz de volcarte el armario encima, toda tu ropa al tiempo, entonces pensarán que eres rico y que serás, con poco que te sonría la suerte, hasta famoso.
viernes, 19 de enero de 2007
Sin noticias
Para que no se me confundan los días unos con otros, para que no parezcan el mismo, sin ser malos, marcho mañana a Santander. Alguno dirá que las vidas tienen un tanto de reiteración, aunque sea la natural que da un sol nuevo cada mañana, tiene razón. Por eso hemos de hacer de algunos, días extraordinarios. O quizá basta con tapar un ojo cada día para que las cosas nos parezcan distintas. Pues si en la vida no somos meros espectadores de lo que nos rodea, al menos si debemos exigirnos observar lo cotidiano desde otros ojos, como recorrer infinitas veces un mismo paisaje centrando la atención en los pequeños detalles que hacen distinta cada vuelta, precisamente por renunciar a una visión panorámica. Pues lo vasto, detalle a detalle, puede ser eterno.
Allí me pasearé con la sombra pegada a los zapatos nadie fue nunca tan leal a cambio de tan poco, dicen que el efecto climático nos dejará sin invierno, los flamencos andan desorientados poniendo huevos a destiempo, vivimos sin noticias de las nubes, yo creo que llegarán todas al tiempo y nos ahogaremos en agua. O tal vez ya no llueva nunca más y tengamos que bebernos los océanos. Yo empezaré por el cubo de agua que pierde el teléfono de mi ducha. Sospecho que emerge por allí agua desde el núcleo del planeta.
Y si después de comer en esa gran ciudad, Santander a tiempo completo, se tercia un cine, habrá que elegir película...
martes, 16 de enero de 2007
Olvidos
Lituma en los Andes. Mario Vargas Llosa.
Estuve este sábado en Oviedo, y otro rato en Gijón. Quedé con el Xuac que amenaza con iniciar el también, con más de 6 años de retraso, un weblog similar a este. Dice que parezco un tipo de asociación de consumidores, enloquecido por las reclamaciones supongo. Y es verdad, soy un índice al techo y la voz presta que protesta. Soy de naturaleza protestón, importa poco, en el fondo, quien tenga o no la razón. Creo que nada hice mejor en la vida que quejarme.
Me llevó el chaval a un sitio muy "pixin". De esos en los que te recogen las miguitas de pan de la mesa con una bandejita, yo diría que de plata. En esos sitios uno no sabe bien como ponerse, al menos alguien como yo, que me manejo a mis anchas entre fritangas o en el McDonalds (al que no voy nada de nada).
Creo que fue la mañana de ayer, estaba poniéndome los zapatos y se me ocurrieron al menos un par de cosas para tratar aquí. Simplemente una frase a la que poder sacar punta. En realidad eran dos ideas bastante jugosas. Yo creo que brillantes, impropias de mí. Pero luego las he olvidado. Sé que era algo con mucho meollo, mucho más que mis batallas contra las teleoperadoras. Creo que hablaba de la vida, del destino, qué se yo. Se me han olvidado del todo.
Intento hacer memoria, las tengo en la punta de una lengua que no es mi lengua. Creo que la cabeza que las pensó ya no es mi cabeza.
jueves, 11 de enero de 2007
Escuetamente
martes, 9 de enero de 2007
La corriente
lunes, 8 de enero de 2007
El pescado
Esto, contado así no dice gran cosa. En verdad a todos podemos intoxicarnos, algunos más que otros, yo particularmente con bastante probabilidad. Pues si nunca fui un Arguiñano aún se comenta en Dooyoo la maestría de mi receta de Spaghetti a la carbonara, claro que yo soy maestro de un solo plato, a lo más de dos, no quiero resultar, a estas alturas, innecesariamente modesto. Lo que ocurre, es que no me pongo. Estoy lo mismo en la cocina que Goya peleado con las pinturas, negándose a entrar en un cuarto si hay un lienzo. Por eso he hecho del microondas mi mejor amigo, desde el café de la mañana, si es que no me falta nada para hacerlo, hasta la tarde en que me calienta las partículas de agua de cualquier producto que introduzca. Y lo calienta todo, que conste, sin dejar el centro frío. Aunque ahora, y esto es novedad, también me arriesgo a encender el horno. Es más lento, pero uno se ahorra tener que quitarle el envoltorio de plata a los canelones o a la lasaña :D.
Decía que no me complico demasiado en la cocina, ya sé, ya sé que tendría que hacerlo. Que obrando así estoy desaprovechando un don, pero es que cocinar para mí solo... ;)
Pero no quisiera desviarme un ápice de lo que venía contando (esto es que no quiero desviarme más). Este amigo mío es un paisanón mayor que viene todas las mañanas. El caso es que siempre me cuenta cosas, pero yo solamente le entiendo algunas. Habla demasiado seguido y yo me cansé de pedirle que me repitiera lo que no entendía. Habla muy bajo y muy mezclado. Él parece un entrañable caso perdido y yo no quiero parecer más tonto de lo que ya soy, vengo siendo. Pero lo mejor de todo es que toda aquella historia del pescado, poco menos que envenenado, se la entendí entera, y eso que no paró de reírse en ningún momento.
Supongo que todo depende de la forma de afrontar las cosas. Por poco se muere y se tronchaba.
F(r)icción VI
¿Qué le ocurre maestro? Lleva unos días que no sale de si mismo.
¿Qué le aflige que se ha quedado mudo? ¿Qué hay que no conociera ya por sus libros?
¿Por qué esa cara de muerto en vida?
No me diga que a su edad se ha ido a enamorar. Nunca es tarde ¿verdad? Y después maestro, ¿qué ocurrirá?
¿Dónde se va el amor? Unas veces al cariño y la ternura. O quizá el cariño y la ternura son el amor mismo. Otras al resentimiento y al rencor. Pregunta por la calle, mira a la gente directamente a los ojos, escucha atento lo que quieran contar, fíjate en los que callan, hay formas de entenderlos, quizá por como miran. Hay un mundo más allá de los libros, sal y busca; o sal y espera, vendrá a tu encuentro ¿o vino ya?
Creí que aquello era una historia de amor, lo creí los primeros 300 días, que debe ser el tiempo mínimo que se debe dar a toda oportunidad de amar. Convencido de que el amor sobrevive a la distancia y al tiempo. Era lo nuestro algo de película. Vivido como si fuéramos el centro mismo del universo.
Hoy creo que todo fue una historia de desamor. La agonía lenta de toda esperanza. La caída libre desde la altura.
Tal vez sea ahora más sabio, tal vez solamente esté más triste. Ningún fracaso es peor que los del corazón. Para todo lo demás encontrará a qué aferrarse. El desamor solamente se cura amando.
El maestro lo mira, parece que reparara en él en ese instante. Como si recién lo descubriera. Entonces abre la boca:
- No sé que me dices. De ayer a hoy me he quedado sordo.
jueves, 4 de enero de 2007
Portabilidades
Por la tarde recibí un mensaje de esta operadora para advertirme de que se habían iniciado los trámites y que la portabilidad se haría efectiva el 15 de Enero. Unos minutos más tarde recibo un nuevo mensaje, esta vez de Orange, ofreciendo el oro y el moro, como se suele decir.
En cuánto le vieron las orejas al lobo supieron que esto es un asunto serio, que este cliente que dijo que se iría se va de verdad, que estoy sobre el felpudo de los de rojo, que mi firma dice que no me cobrarán más lo poco que me cobran, que no soy de esos otros que se quejan por quejarse y que aguantan carros y carretas, como se suele decir.
Me han ofrecido 4 móviles, entre ellos el Samsung Z230 que quisieron regalarme para luego querer cobrarme. Ya escribí sobre esto y no me repetiré de nuevo, que bastante lo hago ya sobre otras cosas. También me dan un 40% de descuento en las facturas de los próximos 6 meses, un 50% de descuento en los 5 números frecuentes de otras operadoras que quiera escoger y me activan gratuitamente la promoción de "Una y no más" que creo que vienen cobrando a 6 o a 9 euros por alta, no sé bien, y me la mantienen hasta Septiembre, es decir solamente pagaré la primera llamada del día a móviles Orange, y del resto nada más la conexión. Y eso que apenas abrí la boca.
La cosa es si sabrán cumplir con lo prometido, si lo harán esta vez. Yo creo en las personas y confiaré una vez más. He cancelado la portabilidad y me he dicho, "tan contento estabas con ellos y solamente querías renovar el móvil". Quizá ahora sepan mantener lo que te han ofrecido por teléfono. Tendré que darles una oportunidad.
Todos hemos necesitado de segundas oportunidades en la vida.
Parece que terminaré renovándolo y que por poco no me terminan ingresando dinero. ¡Madre mía con el poco gasto que hago! Sospecho que sienten pánico a perder clientes. Tanta competencia nos ha dado valor. Hoy me acostaré sintiéndome importante. Único en un mundo de números de teléfono.
miércoles, 3 de enero de 2007
Lu
La cuestión es que aquella chavalita que tenía unos hermosísimos ojos verdes no nos hizo ningún caso nunca. Y este nunca es un nunca definitivo. Pero a mí me regaló dos momentos tan definitivamente inolvidables que hoy tras un montón de años, aún recuerdo. Aunque ahora ya no importen, supusieron en su momento un gran motivo de alegría, y un recodo de esperanza en el camino, al que volver simplemente con el recuerdo. El primero fue con ocasión de haberle dejado un relato mío, triste como pocos, desesperado por falta de esperanza, pero no en el amor, que yo no sabía lo que era, sino por la enfermedad, que tampoco conocía pero que podía llegar a imaginar. Al devolverme aquellas hojas en un descanso entre dos clases comprobé que había algo escrito en la parte inferior a lápiz. Solamente dos palabras. "Es sublime".
Y yo vi el cielo ante mis ojos.
El segundo momento llegó inopinadamente, cuando se me acercó en otro momento para decirme que iba siempre muy desaliñado, y se puso a ordenarme el cuello de la camisa. Yo solamente pude reír un poco, sin saber qué decir.
Dos momentos únicos en un desierto de dos o tres años. ¿Fue acaso amor? ¿O fue mero entretenimiento?
¿Dónde quedó todo aquello?
Estamos hechos de pasado, nada más.
martes, 2 de enero de 2007
La peluca y los ojos rojos
Lo que es seguro es que he salido con los ojos rojos, y es evidente que no los tengo rojos de natural, a la vista está por la foto superior que son verdes, y mi piel de un rosa intenso :D
así que si tengo los ojos rojos en las instantáneas es por culpa de la cámara, o quizá ocurre que la cámara además de poder percibir las vibraciones de la pantalla, del televisor o del monitor, igual da, es capaz de obtener un retrato del fondo de ojo de cada uno. Como el mejor oculista.
Claro que se trata de eso. Del reflejo del flash en el fondo irrigado de los ojos. Por eso nos salen los ojos rojos y por eso hay editores de fotos para remediarlo. Por la curiosidad de alguno apuntaré que es más común este defecto, ¿por qué es un defecto de la foto mostrar lo que no hay? ¿o es un defecto del ojo no encontrar lo que existe aunque no se vea? Es más común decía en las fotos con poca iluminación, porque las pupilas entonces están más dilatadas y la radiografía es, por tanto, mayor. Precisamente por esa razón los fabricantes de cámaras ofrecieron la reducción de ojos rojos como una opción al hacer la foto, es muy sencillo, varios flashes seguidos para disminuir en el momento de la captura, el tamaño de la pupila. No es, desde luego, un remedio infalible.
Digo que me han visitado y he pasado la Nochevieja riéndome mucho y bailando (si es que a lo que hago se le puede llamar así, soy generosísimo). Yo no soy un gran fan de los fines de año. Antes quizá sí, ahora les doy poca importancia. Pero eso no es óbice para que me eche unas risas y pose peluca en ristre, en blanco y negro por favor, para evitar que se me vea el fondo de los ojos. Pudoroso que es uno.
Por cierto, foto con cámara nueva. Una Exilim Z7, estupenda. Con tantos megapixeles que haciendo zoom puedo llegar al fondo de mi alma.
miércoles, 27 de diciembre de 2006
La mosca
Digo que su cara habría sido de no perdersela. Subir sin quererlo, quizá porque a la corriente de aire le dio por ahí, o el azar distraído del movimiento de las alas en aquel avión en ruta hacia Santander. Una hora a 8000 metros de altura para dejar Valencia en el recuerdo. Claro que en la vida de una mosca una hora no es el mismo tiempo que en la vida de un humano, aunque ese humano sea yo, tan arrollable como ella.
Voló en una hora más de 650 kilómetros sin ser la mosca supersónica. Sin ser la mosca atómica ni supermosca.
Lo malo para ella es que lo va a tener crudo para volver a ver al novio, o a la novia que igual en vez de mosca era mosco. De que pueda llegar volando por si misma nos olvidamos. No hay alas que resistan tanto. Y con el desbarajuste que hay en los aeropuertos con todo ese jaleo de Air Madrid cualquiera coge vuelo a estas alturas, y luego que sea el bueno. Tengo la impresión de que la pobre se hará un lío en los trasbordos...
lunes, 25 de diciembre de 2006
martes, 12 de diciembre de 2006
lunes, 11 de diciembre de 2006
Hacen conmigo lo que quieren
El próximo sábado mis padres me quieren llevar a comer un arroz a Casa Chiva's. No es casualidad que lo cocinen tan bien. Y yo, tan buen hijo, me dejaré llevar...
domingo, 10 de diciembre de 2006
sábado, 9 de diciembre de 2006
De grifos
¿No conté aún que uno de mis grifos pierde agua? Aclaro que me refiero al grifo de mi casa, al de la ducha por ser más preciso. Parece que hay que cambiarle no sé qué goma que lleva internamente, o que debería llevar, ya que el mío inventa riachuelos hasta el desagüe. La verdad es que parece una tarea sencilla, el problema es que sospecho que pierde agua por la zona del teléfono, lo llamaremos así al extremo que te pasas por encima de la cabeza al ducharte, y pierde también aunque en menor medida, por el grifo que está ensamblado contra la pared. De manera que la cuestión ya me va pareciendo digna de llamar a un fontanero.
Por supuesto que la factura por tal reparación ha de correr sin duda a cargo de mi casera. ¿Pero conté alguna vez que me hace llamadas perdidas para que sea yo quien le llame para notificarme alguna factura? Con eso está dicho todo.
Así que he empezado a bajar en pijama hasta el portal (vivo en un primero), para cerrar el agua general cuando no la uso. Lo de bajar en pijama no es capricho mío, simplemente la mayor parte de las veces ha sido para pasar la noche sin que nada me gotee. Vuelvo a referirme, es evidente a lso grifos.
Ayer estuve fregando los platos y vasos que dejé de lavar anteayer y vine a darme cuenta de que por razones inexplicables el agua del grifo de la cocina cae apenas con presión. Diría incluso que el otro grifo da más, más fuerte. Bueno, exagero, es cierto. Pero el otro hace "ssshhhhhhhhhhhh" como un aspersor de jardín y parece que se ahoga.
viernes, 8 de diciembre de 2006
jueves, 7 de diciembre de 2006
Lágrimas de plástico azul
Porque me gusta, ni más ni menos. Anda, ve quitando ese fondo, qué fúnebre resultas, si la vas a escuchar...
El abuelete está de oscar pegando los ojos. Ahora bien, no sé como hacen con ese lenguaje de cámaras para que parezca que mira la tele. Sería casi milagroso. La tiene a la izquierda, casi a la espalda. Y Joaquín cruzando la calle pa volverse en el último momento, igual era yo que le llamaba pa hacernos una foto con Sestea, o igual se creía ya fuera de plano. Pero lo mejor de todo: ojo a la miradita de ella cuando marcha... :P
Por los jardines de la madrugada
baila con los jazmines su milonga el sol,
con las ojeras que le sobran a tus ojos, corazón,
un día después de lo que el viento se llevó.
Las secretarias de las oficinas
desayunan en la esquina pan de ayer
y cuando vuelven del laburo a la cocina de su piel,
con un sueño del revés y un futuro sin mañana, lloran
lágrimas de plástico azul con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal.
Los escribanos de las decepciones
cortan por lo sano la alegría,
las venas del amanecer almacenan sangre fría
y cada lunes nace muerto el nuevo día.
El lápiz de los labios de tu boca
retoca los agravios del carmín,
los remiseros se colocan con esmero el peluquín
y los abrazos se demoran y las casadas se desenamoran.
Lágrimas de plástico con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...
Lágrimas de plástico azul con sabor a despedida.
¿Cuándo pasará el autobús por mi callejón sin salida?
Labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...
acostumbradas a hacer noche en el cristal.
Lágrimas de plástico azul - Joaquín Sabina
miércoles, 6 de diciembre de 2006
Ya oigo
Cierto que uno de ellos en especial es realmente bueno. Aquel en que dicen aquello de que no es que salgas mal en las fotos, es que eres así. ¡Cuántas veces no me he excusado con eso! Pero juro que cuando me veo en el espejo me veo mejor que en foto. Digamos que la cámara no me hace justicia. Verdad verdadera.
Yoigo es, hablando claro, una compañía telefónica que habla claro. Exponen sus tarifas claramente, como un post it en la pantalla, aunque sean tarifas que están fuera de mercado. Vamos que uno las mira y se pregunta quién en su sano juicio abandonaría la compañía con la que factura llamadas y mensajes por ingresar en una que te cobra a 12 céntimos por minuto. ¡Señor, si con según que números y durante algunas horas yo estoy pagando 4 veces menos!
Pero por lo que parece, estos no llevan pinta de irte a mentir demasiado. Que si Orange fuera un muñeco de madera sería Pinocho atravesando el pecho de Gepetto por su lealtad, con una nariz afilada como un estoque.
Orange retrata la fugacidad del tiempo. No sé me ocurre un ejemplo mejor. Saben retratar mejor que nadie lo que es presente. Y el presente cambia tan rápido que ya se hizo pasado. Si estás negociando algo con ellos y te satisface en parte, cierra el trato. Pues a la operadora que habita el cuerpo y la mente de sus telefonistas durante la jornada laboral le puede dar una embolia cerebral para romper la baraja. Para desandar lo andado que es volverse atrás. Quebrar los puntos de encuentro, hacer nuevas normas. Es probable que quieran darte la impresión de que lo vivido no es más que un espejismo. Y puede que tengan razón.
Fue mi caso un caso particular, no obstante. Cuando les llamaba no tenía intención ninguna de abandonarles, pero su gestión, tan penosa como su propio logotipo, me empujó a la deserción más rápido que a un iraquí rodeado por tanques "yankees" abriendo fuego desde que aparecen por el horizonte.
La diferencia es que él no saldrá vivo. Yo sí.
domingo, 3 de diciembre de 2006
Este soy yo
Lo mío es de premio. Soy la antítesis de Homer Simpson. Llevo toda la tarde en casa, a ratos asomándome al ordenador, a ratos leyendo a Vargas Llosa en un librito inacabable, pero no he prendido para nada la televisión. Vamos como si no la tuviera, pero con mérito por tenerla.
Vuelvo y cómo no me ha ocurrido nada no tengo nada que contar. Tampoco se me ocurre nada. Así que llego nada más con la intención de perder el tiempo (y lograr que tú, que soy la mayoría de las veces yo mismo, lo pierdas). A ratos le doy tragos a un tetra brik de zumo de naranja. Menudo invento lo de este envase. Este además tiene pitorro como de botijo así que se puede beber directamente sin derramar nada.
Bueno. Este soy yo.
De santos
Lo que ocurre es que esto de los santos ya no se lleva nada. Si recogiéramos el criterio de unos críos en una libreta, abordándolos en los columpios o en la escuela probablemente nos encontraríamos con que la mayoría de ellos quieren ser Fernando Alonso en Mclaren, y ellas Raquel del Rosario. Y nos lo dirían mirándose los unos a las otras, las otras a los unos para dejarnos poco menos que de aguanta velas. Ni uno de ellos querría a estas alturas ser santo de nada.
Está muy desprestigiado ser santo. En realidad ya nadie aspira a ser bueno. Se aspira a tener éxito, y se aspira a dar con el éxito en las narices de un puñado de caras asombradas. Porque ni siquiera les bastará con el éxito cotidiano que hace que uno se sienta bien consigo mismo, ocurrencia que no se da todos los días. Quieren el éxito que nos muestra la televisión, así sea convertido en el más hortera del programa más zafio. Nuestros críos entienden por triunfar llegar a las rondas finales de un programa de pretenciosos cantarines.
Así es que andamos algo cortos de santos en estos tiempos. Tampoco es tan raro habida cuenta del papa que nos trajo la fumata blanca. Ya no es que no vayamos a encontrar un santo bajo las piedras, es que de sacerdotes andamos escasillos. Y me da el pálpito de que los que tengamos ahora van a ser muchos para los que vamos a tener.
A mí la verdad no es que me hagan mucha falta. Pero constato que hemos pasado de aquellos tiempos en que a uno eran muy capaces de marcarle la vida con un nombre para no olvidar, Cleofás por poner un ejemplo, solamente por nacer un día determinado del calendario, 25 de Septiembre, a estos otros en que para leer el nombre del santo hay que ponerse una lupa ante los ojos.
Lo cierto es que a mí me trae al pairo. Yo he sido siempre de celebrar sin demasiada celebración mi cumpleaños antes que prestarle atención a esta casualidad de los santos. Claro que por norma general en mi casa se me felicitaba...
Curiosas felicitaciones. Supongo que el único mérito es haber sobrevivido un santo más.
Karlos
Luego la cosa ha quedado medio resuelta, al abrir el bote. En la cúspide de las lentejas que casi se salen de repleto que está, me he encontrado con lo que creo que es el famoso antisecuestrante, y si no lo es, hace su función perfectamente. Una gelatina algo diluida y con un color verdoso repugnante. Un medio de defensa similar al que utilizan determinados animales, que acentúan sus colores para parecer peligrosos, porque hay otros que, de los mismos colores, lo son sin necesidad de acentuarse nada. O al estilo de la mofeta o de aquellas ranas que segregan un líquido blanco tan amargo para su depredador que se le quitan, al instante, las ganas de ancas de rana. No saben, desdichados que es solamente el primer regusto. Algo así como el primer cigarro del que será fumador empedernido. Se empieza tosiendo y diciendo que no, y se termina revolviendo los cajones para encontrar el paquete de tabaco.
En fin, decía que allí mismo, pegadito por un lado a la tapa y por el otro a las lentejas, ese fluido tan natural como el propio vidrio. Vamos que ha sido verlo y se me han quitado las ganas de hacer lentejas, o de cambiar el menú por una pizza que me las hace el microondas en un periquete sin necesitar de mis cuidados.
La cuestión es que como no soy de los que se doblegan al primer obstáculo, algo hay en mi carácter que me hace resistente a los tompazos, me decidí a introducir un tenedor por ver lo que ocurría. Pensé que quizá el metal nunca llegara a tocar las lentejas y que se iría desintegrando conforme hundía sus puntas en la viscosidad. Pero no, cualquier deterioro que en su morfología se produjera es invisible al ojo humano, aún experto. Dejé caer un poco de aquello, en realidad todo lo que pude por el desagüe de la pila y esperaba que hiciera un ¡Boom! y echara humo aquel desagüe, pero tampoco ocurrió nada. Sospecho que sus propiedades antisecuestrantes solamente funcionan en contacto directo con las lentejas.
Ahora tengo las lentejas al fuego, acompañadas en perfecta combinación por unas tiras de bacon, unos ajos, cebollas, pimiento verde italiano cortado en rodajitas, pimiento rojo y una pizca de antisecuestrante.
Seguro que a Karlos Arguiñano le salen más ricas, pero hoy no se me cayó ninguna cebolla en el zapato pa ir rebotada bajo el mueble. Poco a poco, siempre a mejor...
sábado, 2 de diciembre de 2006
De Larra
¡Silencio, silencio!
Mariano José de Larra.
Pensando así no es extraño que se pegara un tiro. Se hace evidente que se llega a ese extremo por razones del amor o por ser más precisos de desamor. Quizá es el impulso del momento, se llama desesperación y es un precipicio, o quizá es que estar muerto, en algunos casos, no puede ser peor que seguir vivo.
Llamo a Sestea y le pongo la grabación sonora de alguna de los artículos del autor según descuelga el teléfono. Repito a menudo esa jugada, a veces con voces y a veces con canciones. De mí no se oye ni un suspiro. La dejo esperando en el aparato mientras suena la voz del lector. Se la oye preguntar mientras de Larra se descuelga con su "vuelva usted mañana". La verdad es que es la monda. Yo me harto de reír sordamente. A veces incluso, le pongo canciones enteras y cuelgo antes de haber dicho una palabra siquiera. Son las mayores maldades de las que soy capaz. Y lo mejor de todo es que ella prefiere que le hable yo. Mejor yo que Mariano José de Larra.
Una vida para una conclusión. La vida no era un pasatiempo que mereciera la pena. Ante esto la solución es evidente. ¿Y quién si no uno mismo podría decidir si una vida merece ser vivida?
En la vida somos juez y somos parte. Somos parte interesada desde luego. En decisiones sobre vivir o sobre morir tenemos la mayoría de los mortales la última palabra. Y los que no la tienen porque ya no dominan su cuerpo para que los aniquile, piden a los jueces que sean ellos la mano que los desconecte de la vida, o que deje sin castigo a quien los envenene cumpliendo su voluntad inequívoca.
En los tiempos que corren, en que algunos hombres se creen con todos los derechos, con el derecho de someter a sus mujeres que de repente ya no son absolutamente dependientes, no nos iría mal que estos hicieran la de Larra. Que rechazado por el amor se va de este mundo sin molestar a nadie. Y a su amada la deja bien entera y con un pensamiento sobre todos, "¿no me habré equivocado?".
Si todos estos asesinos domésticos hicieran igual nos iría mejor sin duda. Diríamos como aquel tras la visita de un ciclón con forma de mujer que lo cambió todo; a modo de despedida la mujer se convierte en un perfume:
lleva tanta paz, como paz dejas.
Recordando
He recordado los tiempos en que Annlea bullía, pero no como un desmadre literario, no lo fue nunca, más bien como un primer hervor mantenido en el tiempo.
Todas aquellas palabras siguen ahí. Están expuestas. Con forma de relato y con forma de intervención en el grupo de noticias. A veces me digo que tengo que volver a leer aquellos fragmentos, algunos de ellos al menos. Pero nunca lo hago.
Tengo todo el tiempo del mundo y la impresión de que no me alcanza.
viernes, 1 de diciembre de 2006
domingo, 26 de noviembre de 2006
La gorrita
Fue y por lo que me cuenta se puso una gorrita al estilo Fito que se compró en un bazar chino. A la mocita le quedan realmente bien los sombreros y demás sobre la cabeza. Yo lo recuerdo bien de nuestros viajes a la nieve. Es algo curioso, supongo que es por la forma de la cara. Me comentó el sábado que estuvieron todo el concierto los de alrededor cantando las canciones a la par que llamándola Fita; "mira que gorrita". Yo supongo que estaban tan pasados como el propio Fito, que por lo que me cuenta no podía ni hablar de borracho, aunque sí podía cantar. Es curioso, no podía ni formar una frase completa, tan ciego iba, y las canciones las recitaba con memoria de opositor. Al fin y al cabo a quien le importa, se pagó la entrada para oírlo cantar y no para escucharle discursos con la lengua enredada.
A mí las gorras y demás me quedan mortales. Yo creo que es porque que se me vea el pelo en la cima de la cabeza disimula de un modo raro las dimensiones reales de mi nariz. Si tapamos el pelo desaparece el artificio y la nariz me asemeja a un pájaro carpintero.
Hace unos días un compañero de trabajo me hacía una foto con su teléfono móvil nuevo, por aquello de que aparezca mi careto si alguna vez le llamo. Lo mismito que haré yo si algún día consigo renovar este pobrecito mío (lo miro, ahí sigue el celo). La cosa es que luego cuando me enseñó la instantánea me costó reconocer esa cara. Era la mía pero no lo parecía. No por las arrugas de los ojos, no por el color mismo de la piel, era por algo en el fondo de los ojos, quizá los años nos cambian la forma de mirar.
