domingo, 18 de febrero de 2007

El semáforo y el plan

Ya expuse aquí que estuve en Santander. Hice algunas compras en el enésimo remate final de las tiendas que sirve para que la gente como yo compruebe que lo que compré la semana pasada está ahora aún más barato (como 10 euros más barato). Aunque yo las mías no las haya ni siquiera estrenado (las mías ya no suben ni bajan de precio).

De hecho esto ya lo he comentado con gente que tiene más rodaje que yo en las rebajas, verdaderos veteranos y parece común la artimaña de llenar el carro para luego ir devolviendo, siempre dentro de plazo, las prendas para volver a llevarlas a un precio menor. Hay quien incluso enfebrecido por el consumismo echa al carro lo que sea, quizá advirtiendo nada más que la talla, sin cribar con gusto.


Paseaba por Santander y cerca del muelle quise cruzar hacia el centro. Tenía ante mí una gran avenida con dos sentidos circulatorios. Allí estaba yo parado en un extremo, allá en el otro lado, ya digo que lejos, una moza. Pero esta no es la historia de unr reencuentro, no nos fundimos en un abrazo, con gran riesgo para la fluidez de la circulación y, puedo jurarlo, para nosotros mismos. Simplemente estábamos cada uno en un extremo, esperando.

Al poco llega un fulano que nos debió ver muy parados y absortos porque fue él quien pulsó el botón que nos da turno. Aunque en realidad no nos da turno, nos pide turno en algún lado, en la central semaforil o quizá pone a discutir a nuestro semáforo con los dos o tres de los alrededores como diciéndoles: dejémosles pasar, los pobres...

Yo admito que no había visto aquel botón, simplemente me dispuse a esperar como un peatón formal, pero al ver que aquel botón se encendía diciendo: ESPERO TURNO o quizá ESPERE POR FAVOR, me decidí al menos mentalmente a no hacer caso.

En algún rincón de mi cerebro la ira desplegaba pancartas, bramaba por megáfonos. ¿Quién quiere que siga esperando si llevo aquí ya un rato? ¿No ha sido suficiente espera? ¿Cree el ayuntamiento de Santander que tengo minutos para perderlos? ¡Qué tan poco vale mi tiempo que esperaré pacientemente en esta espera que es volver a empezar? Y terminaba con un muy iracundo: ¡Mis coj... espere!

Y me imaginé resuelto a cruzar la calle, los coches pitando, el tráfico congestionado de frenazos, y alguien desde el monte más cercano, haciendo uso de un anteojo se quedaría prendado en el detalle. Ahí va un hombre que esperó demasiado. Que se revela a someterse fácilmente. Que prefiere dar un paso hacia delante antes que quedarse parado.

Pero no lo hice. Ya dije que la rebelación fue a nivel mental. Espere lo que hubo que esperar, que no fue mucho, y cuando nos dio paso crucé por el centrito mismo del paso de cebra. Y en verdad os digo que al cruzar me sentí como Abraham al abrirse las aguas.


Por la noche estuve viendo la tele. Reconozco con pesar que el programa Dolce Vita que es un programa de marujeo. En mi descargo diré que estas cosas no las hago nunca, aunque ya sé que cualquier plan, por malo que fuese habría sido mejor.

Invitaron al tal Anipke que es el nigeriano con el que vino a desposarse la Mosquera, ex forzosa por fallecimiento del boxeador Carrasco; él descubrió que se puede vivir muy bien de la curiosidad ajena y ella que blancos y negros nos diferenciamos por algo más que por el color, y lo digo sin acritud que ella siempre estuvo muy enamorada aunque él no tenga la pinta de ser un hombre de grandes discursos.

El formato del programa da risa. El tipo centrado en una silla y los periodistas en semicírculo alrededor. Como no podía ser de otra manera estos se dedicaron a meterse con él, buscando el favor del público que ya estaba muy a favor sin que lo buscaran. No es este negro alguien que caiga bien a la gente. En realidad pese a sus ropas horteras y su cara de estar enfadado todo el tiempo a mí me resultó de algún modo entrañable. Como si estuviera viendo a alguien que viviera una vida que no termina de convencerle, y que le corresponde a otro. Probablemente hubiera sido más feliz, eso sí con menos, reparando las tuercas de los coches de segunda mano que ahora busca aquí en España para llevar a Nigeria.

Este programa pone a sus avisados concursantes frente a un polígrafo. Lo que no deja de ser llamativo, pues por norma general todos tenemos algo que esconder, algo que no queremos que se sepa y generalmente estos famosos de tres al cuarto, famosos por nada en realidad, y que un día se llaman a si mismos artistas sin que se les caiga la cara de vergüenza (ex-esposa de Jesulín dixit) suelen tener toneladas de mierda bajo la alfombra.

Este en particular debía tener para exportar, pero nadie vive del aire y estos famosos por haber sido parejas a su vez de otros famosos necesitan nuevos billetes que soporten el tren de vida al que acostumbraron al cuerpo. Se da con esta gente un fenómeno curioso, a mí me recuerda al juego aquel de niños, el "tú la llevas". Estos elegidos se dan la fama como los niños convierten a un perseguido en perseguidor. Les llega como algo fortuito pero que funciona. Así aquella mujer, Raquel Mosquera se hizo famosa por haber sido la esposa de un ex-boxeador, y al morir él le quedó como un legado, que él le dejaba involuntariamente, la capacidad de hacer famoso a cualquiera que la rodeara, como con una varita mágica. Y esta, quizá por probar así de pronto a ver como funciona, lo hizo con el Tony Anipke de marras, o tal vez se enamoró perdidamente, que el amor no entiende de conveniencias ni de convenciones, y el truco funcionó. El chaval se hizo famoso y lo esperaban a la salida de casa para verlo subir a su todoterreno de gran cilindrada. Y un día le invitaron a un programa, a él famoso por la fama de alguien ya muerto a que pasará la prueba ante la máquina que como no, lo dejó por mentiroso y para que quedara mejor retratado, también por narcotraficante.

No parece un hombre de muchas luces Tony Anipke. Probablemente tiene más sombras que luces. No sé cómo acabó el programa, yo me quedé dormido en el tresillo, demasiado marujeo para una sola vida, pero el hombre amparado en que no recordaba o en que no entendía parecía salir de cada trampa que le ponían esos periodistas carroñeros hasta el punto de que se agarraron a que dijo que no era su estilo la trata de blancas, y aquel periodistillo tan maquillado y peinadiete ¿qué no es tu estilo? ¿no es un delito? Cuando era evidente que este hombrón de Nigeria se sigo haciendo un lío con el idioma aunque lleve más de 15 años en el país.

Sospecho que el Anipke venció a las hienas. Que salió comprobadamente embustero ¿no mentimos todos? Dejando el convencimiento de que no será él quien descubra el remedio que cure el SIDA ¿alguno de nosotros será? Que probablemente no es más que un tonto al que la suerte esquiva a veces, y al que le espera una mujer desequilibradamente enferma de amor. Pero salió de la casa de la tele con el bolsillo lleno. Con la cara de pocos amigos que tiene y convencido de que si perdió con el polígrafo fue por poco.

sábado, 17 de febrero de 2007

Saliendo

Salgo hacia Santander dentro de unos minutos. Compré esta semana el billete.

Ocurre que no se ha hecho de día, o que el día de hoy duró menos que cualquier otro día. Amaneció y a estas horas ya se hizo de noche.

Quiero rematar las rebajas. Me sucede algo curioso, cuando llegué a la determinación, a la que debía llegar forzosamente, por mi desequilibrada dieta de que nunca engordaría resulta que me he puesto a engordar. Y al tiempo o casi al tiempo, no lo puedo precisar bien, mis brazos han tendido a enflaquecer. Como si mi organismo se reorganizara de nuevo, llevando mi masa corporal hacia la tripa y el trasero.

Y ocurre al tiempo que nunca compré tanta ropa como en estos tiempos. A decir verdad nunca me compré ropa, lo hizo mi madre por mí quizá hasta que cumplí los doce años, luego la seguí usando, aquella ropa hasta casi la actualidad. Y aquí este casi es fundamental, significa por una parte que he engordado y por otra que he renovado mi vestuario.

Así que en estos tiempos se da la paradoja que haya logrado estar estupendamente adornado por fuera, como si fuera el primo de Beckham, para ir perdiendo apostura paulatinamente de puertas para dentro.

Se me va notando en la cara, cuánto más guapo, más feo.

viernes, 16 de febrero de 2007

20

Estuve toda la tarde pensando que a última hora me iría a nadar. Por acabar el bono de 10 baños. Llevo gastados 7 (que es el máximo gasto que suelo hacer a los bonos desde que estoy aquí), contaba de hecho con ir hoy, gastando el octavo, ir de nuevo el lunes para el noveno baño y en feliz coincidencia acudir también el martes para gastar el último, el décimo justo el día en que el bono caduca, por un plazo de tres meses improrrogable y por haberlo consumido por completo.

Sin embargo son las 21 horas del 16 de Febrero y no he ido hasta la piscina, casi podría decirse que ni siquiera me he movido apenas del sillón. He abierto el libro de Neruda que compré y he estado leyendo sus 20 poemas de amor que terminan, cómo no, en una canción desesperada.

Está muy visto, pero no es por ello menos hermoso:


Puedo escribir los versos más tristes está noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche esta estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.


20 - Pablo Neruda

martes, 13 de febrero de 2007

lunes, 12 de febrero de 2007

Pregunta:

¿Querer(te) me da derecho a exigir(te)?

miércoles, 7 de febrero de 2007

El cinturón

Bajo a correos cada dos días para llevar el correo de la oficina. Suelo llegar caminando, no está muy lejos, a menos de 10 minutos. Así fue todas las veces menos una. Resultó que ya tenía el correo contado y sujeto con gomitas, a punto de salir y atiendo a un paisano muy simpático que me dijo que bajaba hasta allí, que si yo quería podía acercarme en coche.

Por supuesto que acepté. Cogí el abrigo y marché con él hasta un Hyundai Matrix, que es algo así como un monovolumen.

Una vez dentro me pongo el cinturón de seguridad como manda la más elemental sensatez y estando en esas se me arranca con que él no se lo suele poner. Yo, por descontado lo reconvengo entre sus risas. Le digo que hay que ponérselo porque lo pueden multar, suelen de hecho, esperar agazapados; por no hablar de lo muy probado a estas alturas; es un medio idóneo para prevenir tener que atravesar los parabrisas del coche en caso de frenazo brusco, con el destrozo natural de los limpiaparabrisas que eso supone. Esto del limpia lo digo ahora, no atiné con razón tan convincente entonces.

La conversación siguió muy divertida pues el paisano me contaba que es que se pasa la vida haciendo recados de aquí a allá, y que claro... en parte hay que entenderlo. Además me decía que conoce a todos los policias del pueblin, y hasta los de los alrededores.

Pero lo mejor de todo fue cuando me cuenta que una de las veces lo paró la guardia civil. Le dicen que no lleva abrochado el cinturón y él dice que es verdad. Todo aquello de los recados que comenté antes. Entonces le pide el carné de conducir y lo entrega tan caducado como estaba. Yo me caía de la risa del asiento, gracias que me sujetaba el cinto.

El guardia se va hasta el coche, no sé si aguantando la risa él también o frotando las manos por lo que se avecina. Al llegar allí le presenta a su superior, no sé si en persona o a través del comunicador los datos del paisanete, y llegando en ese momento o saliendo del coche, o vete a saber si a través del comunicador aquel, magia entre seres tan distantes, el superior que era sargento de la guardia civil le dice a nuestro amigo que cómo se le ocurre circular en aquellas condiciones. Que cualquier día de estos le pilla un rapaz de estos jóvenes y lo despluma.

Lo despidieron sin multa y recomendándole encarecidamente que se pusiera el dichoso cinto. Mi compi debió tomar buena nota, porque cuando me dejó en la puerta de correos no lo llevaba puesto. Aunque no me cabe duda de que aquel día se lo pusieron, yo creo que casi de corbata. Nos reímos un buen rato. Los recados, ya se sabe...

Para mí que sigue sin ponérselo regularmente. Yo hice lo que pude. Ya lo decía aquel eslogan tan pegadizo:

Póntelo, pónselo.

lunes, 5 de febrero de 2007

domingo, 4 de febrero de 2007

Unicornio

Mi unicornio azul ayer se me perdió,
pastando lo deje y desapareció.
Cualquier información bien la voy a pagar.
Las flores que dejó
no me han querido hablar.

Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
no sé si se me fue,
no sé si extravió,
y yo no tengo más
que un unicornio azul.
Si alguien sabe de él,
le ruego información,
cien mil o un millón
yo pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue.

Mi unicornio y yo
hicimos amistad,
un poco con amor,
un poco con verdad.
Con su cuerno de añil
pescaba una canción,
saberla compartir
era su vocación.

Mi unicornio azul
ayer se me perdió,
y puede parecer
acaso una obsesión,
pero no tengo más
que un unicornio azul
y aunque tuviera dos
yo solo quiero aquel.
Cualquier información
la pagaré.
Mi unicornio azul
se me ha perdido ayer,
se fue.


Unicornio - Silvio Rodríguez (1980)

Euromillones

Hay un sorteo del Euromillón o un eurobote en los próximos días. Parece que se repartirán 100 millones de euros entre los premiados, que no sé si serán muchos o pocos. Estos premios son como una pirámide invertida, cuánto más arriba se pueden satisfacer más necesidades. Vamos que en la cúspide no hay Maslow que se quejara. La perfección personal está al caer si hay un piso, que digo un piso, un castillo en Andorra, a pie de pistas (nevadas).

Esta mañana pensaba la posibilidad de que me tocara a mí ese premio, bueno la parte mayor del premio, pongamos que 80 millones. Y cavilando sobre ello llegué a una conclusión que no deja de ser sorprendente. Imagina la conversación por teléfono tras saber cierto que soy yo el ganador del fortunón. En esas que los del bote llaman para aclarar ciertos flecos del traspaso (del dinero).

-Oiga, le llamo solamente para decirle que igual no son 80 millones como le ponía a usted en la máquina digital del lotero. Con unos ajustes que le detallaría si son de su interés, aunque ya le digo que son algo enrevesados de entender, la cosa se le quedaría en 79 millonazos.

Y yo pensando que qué pereza escuchar esos ajustes, y más si son tan complejos. Vamos que abro la boca para decir:

-Bueno, déjese de milongas. 79 me van bien. ¿Y eso pa cuando?

Alguien al leer mi respuesta quizá piense que resulto un punto ansioso por hacerme con el botín. Pues no. De ansioso nada. Conviene no obstante darse cuenta de la facilidad con que renuncio a un millón de euros. Vamos, que le dedico al tema apenas unos segundos mal contados. Que perder el millón me aburre soberanamente, que me importa muy, muy poco.

Así que en conclusión soy muy capaz de dejar perder un millón de euros sin tirarme del bigote (que no tengo). No me llevan los diablos por estos temas pueriles del dinero. Vete tú a saber si no se lo andará quedando el fulano del teléfono, que esperaba al menos tenerlo que sudar un poco más, largándome logaritmos y raíces cuadradas de un número de 7 cifras.

Es mucho más fácil. Regalo ese millón a quien lo quiera reclamar. No lo necesito para nada.

miércoles, 31 de enero de 2007

Don gato

El día 9 de Febrero me cojo una autocar con destino a la ciudad. No voy a una ciudad cualquiera, voy a la ciudad por antonomasia, al centro mismo del país. Llego a Madrid como un chico de provincias. Para empaparme del ambiente madrileño, de su "gran cantidad de todo" y dispuesto a subir allí al metro como si lo hiciera por primera vez.

Voy a la casa de Jordi que marcha a su vez, coincidencias de agenda, a Milán o a Suiza, no sé bien. Es una cuestión que no quedó del todo clara pese a nuestras continuas charlas por teléfono. Puede que primero a un sitio y luego al otro.

He quedado allí con Sestea que dará esquinazo a sus libros por un par de días. Tenemos planeada la salida y la vuelta desde hace un tiempo, semana y media a lo más. Yo tengo ya comprado el billete en avión que me devuelva a Santander para volver desde allí a casa, todo el domingo por la tarde.

La vuelta en autobús se me suele hacer cuesta arriba, son demasiadas horas incluso para un espíritu tan abotargado como el mío. De esta manera habré llegado antes incluso de haber cogido la postura en el asiento.


No existe más que un problemilla. No demasiado grande. Negro, eso sí, negro como el carbón. Tiene 4 patas y malas pulgas sin tener una sola. Se llama Morfeo y es un gato del tamaño de un perro mediano. Es decir, es un gato grande.

A mí la verdad es que ese gato me tiene algo asustado. Aún recuerdo como atacaba con las uñas como navajas mis zapatucos al pasarle cerca. Claro que en esos días Jordi o Diana, su novia, tomaban parte por nosotros y le reñían. Aunque sospecho que el animal no les hacía mucho caso.

A mí me parece una pantera negra más que un gato. Hasta el punto de que he llegado cavilar la opción de rechazar la oferta del techo que nos ofrecen por no convivir con el gato a solas, o casi a solas. Ya lo tengo pensado, cuando haya que ponerle la comida, que supongo que será una forma de ganárnoslo, me haré acompañar de Sestea para que si al bicho le dieran las ganas de atacar haya al menos dos objetivos. Es decir, un 50% de posibilidades menos de ser yo el objeto de sus ataques felinos. Bueno, quizá aún menos. Los animales son suficientemente listos, incluso los más furiosos, como para saber medir a sus oponentes por el tamaño. Y quieras que no quieras Sestea es poquita cosa. No más de metrito y medio desde el suelo hasta el pelo, linda sin par, eso es cierto; como una Dulcinea de bolsillo.

Por otro lado ambos tenemos pensado no pasar por la casa más que para dormir, y por suerte la habitación da puerta con puerta con la de la calle. Así que puedo lanzarme desde una a la otra de un salto, yo primero para cogerlo de improviso. Igual por hacer la gracia nada más entrar la cierro. Sestea quedaría entre dos aguas. Y yo como la ficha de parchís en el centro del tablero.


De algún modo sé que esos días nos sentiremos como los ñus que cruzan el río por la periferia. Los expuestos. Algunos caerán y otros no.

Espero que salvo las inevitables tensiones por salvar nuestro pellejo, todo lo demás, finde en Madrid completo, lo compense. ¿Viviremos para contarlo?

lunes, 29 de enero de 2007

Desde este punto

... todo es horizonte.

Voces

Llamo el otro día a un móvil Orange y me salta una voz femenina, lo que es cojonudo, así para empezar. Es verdad de la buena que uno quisiera oír una voz femenina cada vez que marque un número de teléfono. Los hombres tendríamos que tener el teléfono solamente para marcar los númeritos en el teclado. Algunos lo hacemos. A lo que me refiero es que tendríamos que dejar que fueran ellas las que contestaran siempre. En verdad los hombres preferimos que nos contesten ellas. Pero resulta que la voz es una voz de lata, no que de la lata, es una voz enlatada, una voz de robot femenina. La misma voz para todas las llamadas. Una voz que advierte que el teléfono marcado se halla apagado o fuera de cobertura. Es un contestador gratuito y con la voz femenina pero de lata. Que sea gratuito no es cosa de poca importancia, muchos usuarios de telefonía se ponen el dichoso contestador activo y creen que así son más fashion, con ellos las compañías se frotan las manos. Porque hizo gasto el que llamaba y porque el dueño del contestador tendrá que devolverla.

Aquella voz decía además que si quiero recibir un mensaje cuando el móvil esté activo debo marcar "uno". Es decir, dejas un espía escondido en la línea para que te sople cuando el teléfono vuelve a dar cobertura. Yo por supuesto no puse un espía a nadie, pero me quedé con el final del mensajete de aquella voz, tan turbadora. Decía que el coste del mensaje es de 15 céntimos y, para que no haya equívocos, aclara que esto es un coste por minuto.

Y he aquí que le encontré el fallo al operador. Tan acostumbrados a exponer sus tarifas "por minuto" que se les coló en el texto a recitar por la robot cuando no tocaba. ¿O es que para enviar un mensaje de texto se llevan más de un minuto? Igual es que los mensajes de móvil de Orange son como un trailer saliendo de un garaje. Van despacio, despacio, pa facturar.


Pero lo mejor ocurrió, creo que anteayer. Me llama un número de aquí, asturiano por el prefijo. Descuelgo el teléfono fijo y oigo una voz, robótica perdida.

Venía a decir que si me interesa Internet tienen el producto que andaba esperando, o algo de ese tenor. Además no satisfechos por darme un producto tan bueno me ofrecían, parece que regalado, un ordenador. Ni más ni menos.

La oferta era tentadora, que a nadie le quepa duda. Y estuve tan cerca... solamente tenía que pulsar el "uno" que es el número mágico para aceptar lo que sea (que suele ser algo bueno). Quizá un día en las bodas se pregunte:

¿Quieres casarte con Fulanita? - responde "uno" si estás de acuerdo-aclara el sacerdote.
Y tú: uno.
¿en la pobreza?
y tú, callao. Porque en la pobreza uno se casa solamente si el amor es tan fuerte que pobreza o riqueza dan lo mismo.
¿en la riqueza?
Uno.

Estuve cerca de aceptar. Pero era una voz de varón. Y eso era un chasco imperdonable. Será porque ellas nos gustan más.

La cosa es que sin comerlo ni beberlo le encontré un fallo a un gran operador y uno, subjetivo y cierto a otra empresa que no se sabe muy bien si no estará cometiendo algún tipo de fraude en su marketing timofónico. No lo pude saber porque la voz quedó atrapada en que pulsara el uno, si es que necesitaba el servicio. No llegué a saber quién se escondía tras esa voz. Pero sus cantos de sireno me sedujeron más bien poco. Puesto a poner un robot a tus órdenes debieras saber escogerle el género, o al menos cribar las llamadas. Que a malas te encuentras con alguien tan caprichoso como yo.

Tengo una vista excepcional para encontrar el defecto menor y sin embargo en estos días he perdido el cordón del pantalón del pijama. Debe estar por aquí, en algún lado. No pudo ir muy lejos.

sábado, 27 de enero de 2007

Quizá

la muerte no sea más que un rincón silencioso y polvoriento;
pero amar es cruzar las nubes en avioneta con el viento columpiando tu bufanda.

viernes, 26 de enero de 2007

Visto lo visto

... no hay mejor modo de acabar una línea que con punto y aparte.

miércoles, 24 de enero de 2007

Un sitio para nadie

Coincidí el otro día con mi amigo Iván en el Messenger. Ocurrió que no le vi lllegar porque el programa no te avisa cuando escoges el estado de no disponible. La cuestión es que éste me interpeló para decirme, sin previo aviso, sin saludo de entrada siquiera, un parrafazo de esos que se estilan tanto en esos mails odiosos que hay quien hace habituales ; algo del estilo:

si envías este texto a 12 personas se te cumplirán todos los deseos y la persona que quieres te vendrá a besar la boca (o algo por el estilo, aunque ahora que lo pienso un poco, creo que la condición de distribuirlo te lo contaban al final, cuando te han dorado la píldora con las mil recompensas de hacer correr el texto-bazofia por Internet).

Por supuesto, por si no te convencen las mil bondades para enviarlo, que van desde la dicha del amor hasta llenarte el bolsillo, terminan asegurando que de no hacerlo se te vendrán encima aún más calamidades. Vamos que no darás abasto a recoger tostadas que cayeron por el lado de la mantequilla. Garantizarte tanto infortunio tendría que terminar de convencerte. Vamos que si te quedaste en el "consí, consá" terminarás lanzando el dichoso mensaje hasta a la gente con la que llevas años sin hablarte.

No sé bien qué se gana con todo ese juego. No sé si es un modo de llegar a más gente y quizá hacer más amigos (o más enemigos si estos mensajes gustan tan poco como me gustan a mí). Yo particularmente por no leer no leo ni los reenviados si no están personalizados al menos en sus comienzos, con un Anado por aquí o por allá, con el nombre de pila que me pusieron mis padres, o algún otro detalle que valga al menos para fijar la vista sin que uno se sienta parte de una cadena de montaje, en la que no se es más que un eslabón, por lo que se ve, anodino pero imprescindible.

Pero estos ingenios que te auguran tanto éxito si sigues la corriente son especialmente enojosos. Con menos sentido incluso que leer el zodíaco. Porque al menos en estas otras predicciones siempre podrás agarrarte a una frase en particular, que harás tuya, en la que te verás retratado.

Lógicamente a este amigo mío le puse una respuesta que no pudo ver en ese momento porque ya estaba desconectado, pero esa respuesta le esperará pacientemente hasta su nueva conexión, está en el frigorifico congelada; ya digo que no se me advirtió de su entrada ni de su arrebatada intervención, venía a decirle que en el futuro se ahorre enviarme esas invitaciones, esa cama redonda de mensajes hacia todos lados como una metralleta. Cedo mi sitio en la cadena afortunada a cualquiera que quiere ir en mi lugar. Que son niñerías incluso para alguien tan inmaduro como yo.

Digo que ahora me vendrán encima los mil desastres del mensaje ignorado voluntariamente. Para empezar he oído en la radio que mañana y el viernes va a hacer más frío que el que llevamos sentido en esta semana invernal. Con lo bien que nos sentaba el traje de la primavera temprana y he venido a romperlo por no hacer caso.

Quizá aún esté a tiempo.

martes, 23 de enero de 2007

Un martes marrón

A veces hago cosas y no son demasiado normales. En mi descargo diré que esta mañana estaba escuchando mi pequeño MP3, y eso es algo disperso, con la cabeza llena de música que es lo mismo que decir de cuerpo despierto y con la mente sonámbula. El caso es que me puse un poco del café que hice ayer o anteayer, uso una cafetera eléctrica y suelo hacer mucho café para recurrir a él entre semana, y un poco de leche que guardo en el frigorífico, como todo hijo de vecino. La cosa es que cuando pitó el microondas saqué la taza y me fui hasta el armario del azucar. La cogí y eché un par de cucharadas, acto seguido y sin darme cuenta, eso es obvio, cogí el Nescafé que no se llama Nescafé porque es marca la pava, ¿hay que contarlo todo? El café soluble del Día que es más barato y del mismo color, y eché dos cucharadas más. Quién conozca mi bis cómica comprenderá el careto que se me puso al instante, que es el mismo que suelo ofrecer siempre, sin distinguir al interlocutor, un poco confundido y otro poco anonadado. Ahí estaba, mezclandose el café de cafetera, la mayor parte de la taza, el poquito de leche y el café soluble que se disuelve tan rápido...

Por supuesto aquello sabía a rayos y no pude acabarmelo. Lo eché por el desagüe del grifo de la cocina, el mismo que abierto arroja con tan poca presión el agua.

Al llegar al trabajo narré mi despiste, incidiendo sobre todo en la coartada de los cascos en los oídos, la música sonando y lo intempestivo de la hora. Pero lo curioso es que según lo cuento ya me lanzaba con el paragüas hacia el perchero donde colgamos los abrigos... vamos que soy un caso. En mi caso los despistes se dan la mano, los enlazo como Tarzán con las lianas, uno tras otro.

Por eso quizá yo deba plantearme para este año ser mucho mejor de lo que soy. Es algo común entre los humanos proponer nuevos propósitos para el año que empieza. Podría dejar de fumar, por ejemplo, eso es muy común. Lo malo es que yo no fumo, quizá podría empezar...

Hay quien apunta esos propósitos en una hojita, y vuelve a ella, si es capaz de encontrarla transcurrido el año. Entonces se da cuenta de que no cumplió casi nada de lo recogido, o no cumplió nada. Al principio porque tenía todo el año para hacerlo, luego porque se le olvidó que debía hacerlo, o porque después ya no quiso. De manera que esas hojas, como las olas de San Juan se quedan nada más como deseos más o menos sentidos e insatisfechos para siempre.

Yo debería proponerme ser un poquito mejor. No mejor persona de lo que soy, de eso no creo que nadie tenga queja, y si alguien la tiene, sabrá que todo aquello se debió a un gran, fabuloso malentendido. Bueno, en verdad sospecho que soy bueno, no es que nadie me lo haya dicho, por norma general nadie me suele decir nada bueno sobre mí, y quiero creer que es por timidez o rabia, no porque no lo haya. Tal vez mi propósito tendría que ser lograr reducir las veces en que parezco Mr. Bean.

Procurar no buscar nunca algo que tenga en las manos.

lunes, 22 de enero de 2007

Lluvias

Han regresado las lluvias. Y quizá por eso o quizá por otras cosas mi ánimo cayó en picado esta mañana. Estaba mi alegría plomiza y pesada, de no levantar cabeza.

Si me detengo a analizar esa tristeza repentina, de día nublado, me doy cuenta de que no ha sido una tristeza desesperada, sino una suave, soñolienta, como leer un periódico repleto de calamidades recién levantado. Abrir los ojos al día con la mente en blanco para llenarla a seis columnas de actos violentos, enfermos y muertos. Amaneces para darte cuenta de que casi todo alrededor vale tan poco que sería mejor seguir dormido. Y no hay ni siquiera desesperanza porque los sueños tengan tan poco que ver con lo real.

Tiene que ver en mi tristeza de hoy la soledad de mi rostro asomado a un teléfono móvil de tercera generación para dar las buenas noches. Es mi rostro y sonríe al rostro asomado a la diminuta pantalla. La tecnología pone las sonrisas con mil kilómetros de distancia para que las veas.

Sonreía ayer, pero con el frío de la mañana aquella sonrisa se vuelve motivo de tristeza. Como es triste la risa de un payaso que se sentara siempre sin que hubiera silla. Y el día olvida el efecto climático para devolvernos al invierno más duro. Gracias que en el granizo de esta tarde algo dentro, el alma quizá, refulge, remonta mirando en la ventana, asimilando que llegó el frío y lo hizo para quedarse.

domingo, 21 de enero de 2007

Vestidos

Leo que una turba allá en México le hizo pagar un robo a un fulano con su propia muerte. Que es una medida drástica y exaltada. Tras propinarle una fenomenal paliza, participaron alrededor de 100 personas distintas, digo yo que propinando golpes por turnos, todo el mundo sabe que nadie puede arremolinar alrededor 100 personas ni midiendo estirado el cuerpo 4 largos metros, además es lógico suponer que el sujeto de tantos golpes había de tardar poco en tomar la postura de defensa que toman los bebés durmiendo de costado, el caso es que terminaron colgándole por si aún le habitaba un aliento de vida, para rematarlo.

Yo por aquí he descubierto como parecerme más y más a David Beckham. Y cuando digo que ya sé parecerme un poco a él, quiero decir que ya sé como hacer para irme pareciendo a uno de esos módelos de pasarela que van vistiendo a la última, y que aspiran en realidad a parecerse todos ellos a los propios maniquíes de escaparate, de proporciones perfectas, hombros, brazos, piernas y esa mirada de concentración inquebrantable.

Alguien dirá si seré tan intrépido como para compartir ese descubrimiento en este rinconcito mío. Si no tendré más vista y terminaré vendiéndolo a algún guaperas que aspire a ocupar el corazón de Jennifer Aniston o más de andar por casa de Mar Flores. Pues sí.

Si uno quiere parecer uno de esos, no tiene más que llevar encima cuánta más ropa mejor. Es así de sencillo. Por supuesto si esa ropa es de marca mucho mejor, la impresión se fija mucho más rápido. Vamos que si caminas por la calle con una americana blanca, con un jersey de pico debajo, por el que asoma una camisa con el cuello, al menos de diseño, y aún por debajo pero a la vista una camiseta interior de marca, entonces eres un clon de la elegancia de David Beckham aunque no tengas ni puñetera idea de como lanzar las faltas. No te ha de preocupar ese detalle, eso con entrenamiento se aprende, y después de todo tampoco parece que el chaval en la actualidad sepa bien donde está siquiera la portería, ni como pegarle. Luego mezclas todo eso con unos vaqueros gastados, pero no rotos, eso solamente queda reservado a Beckham y sólo a él en exclusiva, andarás hecho un dandi. Vamos que te mirarán más que si vistieras un sombrero de la reina de Inglaterra.


Evidentemente llegar a esta conclusión era muy fácil. Todos estos modelos llevan toda esa ropa porque de lo que se trata en el fondo es de dar impresión de opulencia, por eso si las cosas son de marca mucho mejor, y que se pueda descubrir a poco que se investigue, por eso si eres capaz de volcarte el armario encima, toda tu ropa al tiempo, entonces pensarán que eres rico y que serás, con poco que te sonría la suerte, hasta famoso.

viernes, 19 de enero de 2007

Sin noticias

Espacio mis intervenciones y lo hago porque a estas horas, en que puedo, me he quedado hueco.

Para que no se me confundan los días unos con otros, para que no parezcan el mismo, sin ser malos, marcho mañana a Santander. Alguno dirá que las vidas tienen un tanto de reiteración, aunque sea la natural que da un sol nuevo cada mañana, tiene razón. Por eso hemos de hacer de algunos, días extraordinarios. O quizá basta con tapar un ojo cada día para que las cosas nos parezcan distintas. Pues si en la vida no somos meros espectadores de lo que nos rodea, al menos si debemos exigirnos observar lo cotidiano desde otros ojos, como recorrer infinitas veces un mismo paisaje centrando la atención en los pequeños detalles que hacen distinta cada vuelta, precisamente por renunciar a una visión panorámica. Pues lo vasto, detalle a detalle, puede ser eterno.

Allí me pasearé con la sombra pegada a los zapatos nadie fue nunca tan leal a cambio de tan poco, dicen que el efecto climático nos dejará sin invierno, los flamencos andan desorientados poniendo huevos a destiempo, vivimos sin noticias de las nubes, yo creo que llegarán todas al tiempo y nos ahogaremos en agua. O tal vez ya no llueva nunca más y tengamos que bebernos los océanos. Yo empezaré por el cubo de agua que pierde el teléfono de mi ducha. Sospecho que emerge por allí agua desde el núcleo del planeta.

Y si después de comer en esa gran ciudad, Santander a tiempo completo, se tercia un cine, habrá que elegir película...

martes, 16 de enero de 2007

Olvidos

Se tocarían, se abrazarían, se enredarían y se olvidarían ellas y él del mundo, jugando y festejando el estar juntos.

Lituma en los Andes. Mario Vargas Llosa.



Estuve este sábado en Oviedo, y otro rato en Gijón. Quedé con el Xuac que amenaza con iniciar el también, con más de 6 años de retraso, un weblog similar a este. Dice que parezco un tipo de asociación de consumidores, enloquecido por las reclamaciones supongo. Y es verdad, soy un índice al techo y la voz presta que protesta. Soy de naturaleza protestón, importa poco, en el fondo, quien tenga o no la razón. Creo que nada hice mejor en la vida que quejarme.

Me llevó el chaval a un sitio muy "pixin". De esos en los que te recogen las miguitas de pan de la mesa con una bandejita, yo diría que de plata. En esos sitios uno no sabe bien como ponerse, al menos alguien como yo, que me manejo a mis anchas entre fritangas o en el McDonalds (al que no voy nada de nada).



Creo que fue la mañana de ayer, estaba poniéndome los zapatos y se me ocurrieron al menos un par de cosas para tratar aquí. Simplemente una frase a la que poder sacar punta. En realidad eran dos ideas bastante jugosas. Yo creo que brillantes, impropias de mí. Pero luego las he olvidado. Sé que era algo con mucho meollo, mucho más que mis batallas contra las teleoperadoras. Creo que hablaba de la vida, del destino, qué se yo. Se me han olvidado del todo.

Intento hacer memoria, las tengo en la punta de una lengua que no es mi lengua. Creo que la cabeza que las pensó ya no es mi cabeza.

jueves, 11 de enero de 2007

Escuetamente

El día 9 me entregaron mi móvil nuevo. El Samsung que quisieron cobrarme. Así que he renovado con Orange, me dan un terminal 3G y un montón de promociones. Seguiría, pero toy molío...

martes, 9 de enero de 2007

La corriente

Si un pie ciego bajo la mesa aterriza sobre el botón naranja de la regleta, si el botón al ser desactivado apaga el ordenador, el monitor, los altavoces... entonces el pie es mi pie, el ordenador, mi ordenador, y yo el sorprendido que mira hacia todos lados diciendo ¡pero qué ha ocurrido! Si todo se apaga sin que lo quiera nadie, es señal inequívoca de que ando cerca, puede que al acecho. Tienen mis pies todo el espacio libre bajo la mesa para ir de aquí a allá sin peligro, pero tienen un radar y siempre dan en el clavo. Sin un ¿he sido yo? de Steve Urkel, sin un "yo no he sido" de Bart Simpson. Sucede a veces...

lunes, 8 de enero de 2007

El pescado

Hace poco me contaba un paisano que es amigo mío que había estado pachucho. Algo tomó de pescado que le sentó como un rayo. Hasta el punto de que se fue renqueante hasta Urgencias y de pocas no tienen que salir a recogerlo en la calle. Dice que no veía la hora de llegar, que le flaqueaban las piernas y tuvo que apoyarse en la pared junto a la puerta.

Esto, contado así no dice gran cosa. En verdad a todos podemos intoxicarnos, algunos más que otros, yo particularmente con bastante probabilidad. Pues si nunca fui un Arguiñano aún se comenta en Dooyoo la maestría de mi receta de Spaghetti a la carbonara, claro que yo soy maestro de un solo plato, a lo más de dos, no quiero resultar, a estas alturas, innecesariamente modesto. Lo que ocurre, es que no me pongo. Estoy lo mismo en la cocina que Goya peleado con las pinturas, negándose a entrar en un cuarto si hay un lienzo. Por eso he hecho del microondas mi mejor amigo, desde el café de la mañana, si es que no me falta nada para hacerlo, hasta la tarde en que me calienta las partículas de agua de cualquier producto que introduzca. Y lo calienta todo, que conste, sin dejar el centro frío. Aunque ahora, y esto es novedad, también me arriesgo a encender el horno. Es más lento, pero uno se ahorra tener que quitarle el envoltorio de plata a los canelones o a la lasaña :D.

Decía que no me complico demasiado en la cocina, ya sé, ya sé que tendría que hacerlo. Que obrando así estoy desaprovechando un don, pero es que cocinar para mí solo... ;)

Pero no quisiera desviarme un ápice de lo que venía contando (esto es que no quiero desviarme más). Este amigo mío es un paisanón mayor que viene todas las mañanas. El caso es que siempre me cuenta cosas, pero yo solamente le entiendo algunas. Habla demasiado seguido y yo me cansé de pedirle que me repitiera lo que no entendía. Habla muy bajo y muy mezclado. Él parece un entrañable caso perdido y yo no quiero parecer más tonto de lo que ya soy, vengo siendo. Pero lo mejor de todo es que toda aquella historia del pescado, poco menos que envenenado, se la entendí entera, y eso que no paró de reírse en ningún momento.

Supongo que todo depende de la forma de afrontar las cosas. Por poco se muere y se tronchaba.

F(r)icción VI


¿Qué le ocurre maestro? Lleva unos días que no sale de si mismo.
¿Qué le aflige que se ha quedado mudo? ¿Qué hay que no conociera ya por sus libros?
¿Por qué esa cara de muerto en vida?

No me diga que a su edad se ha ido a enamorar. Nunca es tarde ¿verdad? Y después maestro, ¿qué ocurrirá?

¿Dónde se va el amor? Unas veces al cariño y la ternura. O quizá el cariño y la ternura son el amor mismo. Otras al resentimiento y al rencor. Pregunta por la calle, mira a la gente directamente a los ojos, escucha atento lo que quieran contar, fíjate en los que callan, hay formas de entenderlos, quizá por como miran. Hay un mundo más allá de los libros, sal y busca; o sal y espera, vendrá a tu encuentro ¿o vino ya?

Creí que aquello era una historia de amor, lo creí los primeros 300 días, que debe ser el tiempo mínimo que se debe dar a toda oportunidad de amar. Convencido de que el amor sobrevive a la distancia y al tiempo. Era lo nuestro algo de película. Vivido como si fuéramos el centro mismo del universo.

Hoy creo que todo fue una historia de desamor. La agonía lenta de toda esperanza. La caída libre desde la altura.

Tal vez sea ahora más sabio, tal vez solamente esté más triste. Ningún fracaso es peor que los del corazón. Para todo lo demás encontrará a qué aferrarse. El desamor solamente se cura amando.

El maestro lo mira, parece que reparara en él en ese instante. Como si recién lo descubriera. Entonces abre la boca:

- No sé que me dices. De ayer a hoy me he quedado sordo.

jueves, 4 de enero de 2007

Portabilidades

Esta mañana en el descanso del café hice la portabilidad a Vodafone y escogí un móvil cualquiera el Motorola L7, extremadamente fino y grande.

Por la tarde recibí un mensaje de esta operadora para advertirme de que se habían iniciado los trámites y que la portabilidad se haría efectiva el 15 de Enero. Unos minutos más tarde recibo un nuevo mensaje, esta vez de Orange, ofreciendo el oro y el moro, como se suele decir.

En cuánto le vieron las orejas al lobo supieron que esto es un asunto serio, que este cliente que dijo que se iría se va de verdad, que estoy sobre el felpudo de los de rojo, que mi firma dice que no me cobrarán más lo poco que me cobran, que no soy de esos otros que se quejan por quejarse y que aguantan carros y carretas, como se suele decir.

Me han ofrecido 4 móviles, entre ellos el Samsung Z230 que quisieron regalarme para luego querer cobrarme. Ya escribí sobre esto y no me repetiré de nuevo, que bastante lo hago ya sobre otras cosas. También me dan un 40% de descuento en las facturas de los próximos 6 meses, un 50% de descuento en los 5 números frecuentes de otras operadoras que quiera escoger y me activan gratuitamente la promoción de "Una y no más" que creo que vienen cobrando a 6 o a 9 euros por alta, no sé bien, y me la mantienen hasta Septiembre, es decir solamente pagaré la primera llamada del día a móviles Orange, y del resto nada más la conexión. Y eso que apenas abrí la boca.

La cosa es si sabrán cumplir con lo prometido, si lo harán esta vez. Yo creo en las personas y confiaré una vez más. He cancelado la portabilidad y me he dicho, "tan contento estabas con ellos y solamente querías renovar el móvil". Quizá ahora sepan mantener lo que te han ofrecido por teléfono. Tendré que darles una oportunidad.

Todos hemos necesitado de segundas oportunidades en la vida.



Parece que terminaré renovándolo y que por poco no me terminan ingresando dinero. ¡Madre mía con el poco gasto que hago! Sospecho que sienten pánico a perder clientes. Tanta competencia nos ha dado valor. Hoy me acostaré sintiéndome importante. Único en un mundo de números de teléfono.

miércoles, 3 de enero de 2007

Lu

Vengo de visitar a Bosco, nada más por ver lo bien que lo cuenta. Leía un fragmento sobre un beso robado y me vino a la memoria una situación del pasado. Cuando apenas era un chavalín. Cuando compartía clase con una chavalita a la que mi amigo Pablo, que entonces era amigo mío de los de uña y carne, y yo mismo decidimos llamar en un momento dado LU. Como las galletas, no me digas por qué. Solamente sé que aquello nos permitía hablar de ella teniéndola a dos pasos, sin que ella sospechara.

La cuestión es que aquella chavalita que tenía unos hermosísimos ojos verdes no nos hizo ningún caso nunca. Y este nunca es un nunca definitivo. Pero a mí me regaló dos momentos tan definitivamente inolvidables que hoy tras un montón de años, aún recuerdo. Aunque ahora ya no importen, supusieron en su momento un gran motivo de alegría, y un recodo de esperanza en el camino, al que volver simplemente con el recuerdo. El primero fue con ocasión de haberle dejado un relato mío, triste como pocos, desesperado por falta de esperanza, pero no en el amor, que yo no sabía lo que era, sino por la enfermedad, que tampoco conocía pero que podía llegar a imaginar. Al devolverme aquellas hojas en un descanso entre dos clases comprobé que había algo escrito en la parte inferior a lápiz. Solamente dos palabras. "Es sublime".

Y yo vi el cielo ante mis ojos.



El segundo momento llegó inopinadamente, cuando se me acercó en otro momento para decirme que iba siempre muy desaliñado, y se puso a ordenarme el cuello de la camisa. Yo solamente pude reír un poco, sin saber qué decir.

Dos momentos únicos en un desierto de dos o tres años. ¿Fue acaso amor? ¿O fue mero entretenimiento?

¿Dónde quedó todo aquello?


Estamos hechos de pasado, nada más.

martes, 2 de enero de 2007

La peluca y los ojos rojos

He recibido visita y me han hecho fotos. No sé si he salido en alguna realmente bien, lo que es seguro es que he salido muy gracioso. Tengo una gran facilidad para poner caretos y eso da mucho juego delante de cualquier cámara, si es que estoy por la labor...

Lo que es seguro es que he salido con los ojos rojos, y es evidente que no los tengo rojos de natural, a la vista está por la foto superior que son verdes, y mi piel de un rosa intenso :D
así que si tengo los ojos rojos en las instantáneas es por culpa de la cámara, o quizá ocurre que la cámara además de poder percibir las vibraciones de la pantalla, del televisor o del monitor, igual da, es capaz de obtener un retrato del fondo de ojo de cada uno. Como el mejor oculista.

Claro que se trata de eso. Del reflejo del flash en el fondo irrigado de los ojos. Por eso nos salen los ojos rojos y por eso hay editores de fotos para remediarlo. Por la curiosidad de alguno apuntaré que es más común este defecto, ¿por qué es un defecto de la foto mostrar lo que no hay? ¿o es un defecto del ojo no encontrar lo que existe aunque no se vea? Es más común decía en las fotos con poca iluminación, porque las pupilas entonces están más dilatadas y la radiografía es, por tanto, mayor. Precisamente por esa razón los fabricantes de cámaras ofrecieron la reducción de ojos rojos como una opción al hacer la foto, es muy sencillo, varios flashes seguidos para disminuir en el momento de la captura, el tamaño de la pupila. No es, desde luego, un remedio infalible.

Digo que me han visitado y he pasado la Nochevieja riéndome mucho y bailando (si es que a lo que hago se le puede llamar así, soy generosísimo). Yo no soy un gran fan de los fines de año. Antes quizá sí, ahora les doy poca importancia. Pero eso no es óbice para que me eche unas risas y pose peluca en ristre, en blanco y negro por favor, para evitar que se me vea el fondo de los ojos. Pudoroso que es uno.

Por cierto, foto con cámara nueva. Una Exilim Z7, estupenda. Con tantos megapixeles que haciendo zoom puedo llegar al fondo de mi alma.

Conste que los 4 nos pusimos la peluca, faltaría más

Feliz 2007

de corazón te lo digo.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

La mosca

La cara que habrá puesto la pobre. Digo yo que se debió subir a la vez que yo, digo a la vez que no conmigo. Fue abrir la escotilla y nos aúpamos los dos por la escalerilla, saludando en mi caso a la azafata, apuesto que la mosca entró sin cortesía alguna. Es lo que tiene ser mosca. Que puede colarse sin decir ni pío, eso sí quizá tiene más posibilidades que nosotros, humanos de exquisitos modales, de morir aplastada. Aunque en eso ambos, ella y yo, nos parecemos. Conviene recordar que durante el mes de agosto del 2006 fui atropellado por un coche que circulaba mirando hacia la carnicería "La moderna", la cara del conductor era la misma que dan las monedas, de perfecto perfil, y si uno se conduce así puede muy fácilmente hacer de humanos o moscas la misma cosa.

Digo que su cara habría sido de no perdersela. Subir sin quererlo, quizá porque a la corriente de aire le dio por ahí, o el azar distraído del movimiento de las alas en aquel avión en ruta hacia Santander. Una hora a 8000 metros de altura para dejar Valencia en el recuerdo. Claro que en la vida de una mosca una hora no es el mismo tiempo que en la vida de un humano, aunque ese humano sea yo, tan arrollable como ella.

Voló en una hora más de 650 kilómetros sin ser la mosca supersónica. Sin ser la mosca atómica ni supermosca.

Lo malo para ella es que lo va a tener crudo para volver a ver al novio, o a la novia que igual en vez de mosca era mosco. De que pueda llegar volando por si misma nos olvidamos. No hay alas que resistan tanto. Y con el desbarajuste que hay en los aeropuertos con todo ese jaleo de Air Madrid cualquiera coge vuelo a estas alturas, y luego que sea el bueno. Tengo la impresión de que la pobre se hará un lío en los trasbordos...

lunes, 25 de diciembre de 2006

De vuelta

Regreso en parte tras encontrarme entero.

martes, 12 de diciembre de 2006

lunes, 11 de diciembre de 2006

Hacen conmigo lo que quieren

El miércoles estaré cenando en un sitio que se llama "La mafia se sienta a la mesa". Y lo notorio no es el nombre tan original, sino que está en las inmediaciones de la Plaza Cánovas. Habré abrazado a mis padres, habré dejado el maletón tirado en mi cuarto y estaré planeando una sesión de cine para ver la última de Woody Allen. Siempre es el mismo personaje y siempre es genial.

El próximo sábado mis padres me quieren llevar a comer un arroz a Casa Chiva's. No es casualidad que lo cocinen tan bien. Y yo, tan buen hijo, me dejaré llevar...

domingo, 10 de diciembre de 2006

Soledad

La soledad es una habitación desnuda. Tiene nada más 4 rincones.

Los conozco todos.

sábado, 9 de diciembre de 2006

De grifos

Habito la casa de la peli aquella, aquella de Tom Hanks, sí hombre, "Esta casa es una ruina". Ya sé que nadie lo diría por lo imponente de la fachada. Pero no te fíes, por lo general, de la fachada, muchas veces es nada más apariencia. Por dentro, y ya no hablo de ladrillo o yeso sino de piel y hueso, es todo inseguridad y falta de confianza en uno mismo. Claro que otros somos todo eso a ratos, y nunca deslumbrará nuestra fachada, ni vestidos por Armani.

¿No conté aún que uno de mis grifos pierde agua? Aclaro que me refiero al grifo de mi casa, al de la ducha por ser más preciso. Parece que hay que cambiarle no sé qué goma que lleva internamente, o que debería llevar, ya que el mío inventa riachuelos hasta el desagüe. La verdad es que parece una tarea sencilla, el problema es que sospecho que pierde agua por la zona del teléfono, lo llamaremos así al extremo que te pasas por encima de la cabeza al ducharte, y pierde también aunque en menor medida, por el grifo que está ensamblado contra la pared. De manera que la cuestión ya me va pareciendo digna de llamar a un fontanero.

Por supuesto que la factura por tal reparación ha de correr sin duda a cargo de mi casera. ¿Pero conté alguna vez que me hace llamadas perdidas para que sea yo quien le llame para notificarme alguna factura? Con eso está dicho todo.


Así que he empezado a bajar en pijama hasta el portal (vivo en un primero), para cerrar el agua general cuando no la uso. Lo de bajar en pijama no es capricho mío, simplemente la mayor parte de las veces ha sido para pasar la noche sin que nada me gotee. Vuelvo a referirme, es evidente a lso grifos.


Ayer estuve fregando los platos y vasos que dejé de lavar anteayer y vine a darme cuenta de que por razones inexplicables el agua del grifo de la cocina cae apenas con presión. Diría incluso que el otro grifo da más, más fuerte. Bueno, exagero, es cierto. Pero el otro hace "ssshhhhhhhhhhhh" como un aspersor de jardín y parece que se ahoga.

viernes, 8 de diciembre de 2006

Memoria

Has tenido tanta vida, tantas oportunidades.

Si me fallas otra vez no te necesitaré más.

jueves, 7 de diciembre de 2006

Lágrimas de plástico azul

Acostumbrado a escuchar esta canción y resulta que la que viene en el disco, que es la del video, es algo distinta... La pregunta entonces es ¿de dónde salió la que tengo? ¿Y por qué la traigo aquí si no es la mejor de Sabina?

Porque me gusta, ni más ni menos. Anda, ve quitando ese fondo, qué fúnebre resultas, si la vas a escuchar...

El abuelete está de oscar pegando los ojos. Ahora bien, no sé como hacen con ese lenguaje de cámaras para que parezca que mira la tele. Sería casi milagroso. La tiene a la izquierda, casi a la espalda. Y Joaquín cruzando la calle pa volverse en el último momento, igual era yo que le llamaba pa hacernos una foto con Sestea, o igual se creía ya fuera de plano. Pero lo mejor de todo: ojo a la miradita de ella cuando marcha... :P





Por los jardines de la madrugada
baila con los jazmines su milonga el sol,
con las ojeras que le sobran a tus ojos, corazón,
un día después de lo que el viento se llevó.


Las secretarias de las oficinas
desayunan en la esquina pan de ayer
y cuando vuelven del laburo a la cocina de su piel,
con un sueño del revés y un futuro sin mañana, lloran


lágrimas de plástico azul con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas
a hacer noche en el cristal.


Los escribanos de las decepciones
cortan por lo sano la alegría,
las venas del amanecer almacenan sangre fría
y cada lunes nace muerto el nuevo día.


El lápiz de los labios de tu boca
retoca los agravios del carmín,
los remiseros se colocan con esmero el peluquín
y los abrazos se demoran y las casadas se desenamoran.


Lágrimas de plástico con sabor a despedida,
cuando pasará el autobús por mi callejón sin salida,
labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...


Lágrimas de plástico azul con sabor a despedida.
¿Cuándo pasará el autobús por mi callejón sin salida?
Labios de papel de fumar, sabios que no saben nada,
ángeles en el hospital, telarañas acostumbradas...

acostumbradas a hacer noche en el cristal.



Lágrimas de plástico azul - Joaquín Sabina

miércoles, 6 de diciembre de 2006

Ya oigo

A Yoigo le tenemos que agradecer que hable claro. Aparte de que sus anuncios sean originales. Aunque uno no sabe bien de qué estamos hablando. Ves el anuncio y dices: "pues bien". Pero no sabemos. No intuimos qué nos quieren vender. La palabra te lo está diciendo. Menudo lumbreras.

Cierto que uno de ellos en especial es realmente bueno. Aquel en que dicen aquello de que no es que salgas mal en las fotos, es que eres así. ¡Cuántas veces no me he excusado con eso! Pero juro que cuando me veo en el espejo me veo mejor que en foto. Digamos que la cámara no me hace justicia. Verdad verdadera.

Yoigo es, hablando claro, una compañía telefónica que habla claro. Exponen sus tarifas claramente, como un post it en la pantalla, aunque sean tarifas que están fuera de mercado. Vamos que uno las mira y se pregunta quién en su sano juicio abandonaría la compañía con la que factura llamadas y mensajes por ingresar en una que te cobra a 12 céntimos por minuto. ¡Señor, si con según que números y durante algunas horas yo estoy pagando 4 veces menos!

Pero por lo que parece, estos no llevan pinta de irte a mentir demasiado. Que si Orange fuera un muñeco de madera sería Pinocho atravesando el pecho de Gepetto por su lealtad, con una nariz afilada como un estoque.

Orange retrata la fugacidad del tiempo. No sé me ocurre un ejemplo mejor. Saben retratar mejor que nadie lo que es presente. Y el presente cambia tan rápido que ya se hizo pasado. Si estás negociando algo con ellos y te satisface en parte, cierra el trato. Pues a la operadora que habita el cuerpo y la mente de sus telefonistas durante la jornada laboral le puede dar una embolia cerebral para romper la baraja. Para desandar lo andado que es volverse atrás. Quebrar los puntos de encuentro, hacer nuevas normas. Es probable que quieran darte la impresión de que lo vivido no es más que un espejismo. Y puede que tengan razón.


Fue mi caso un caso particular, no obstante. Cuando les llamaba no tenía intención ninguna de abandonarles, pero su gestión, tan penosa como su propio logotipo, me empujó a la deserción más rápido que a un iraquí rodeado por tanques "yankees" abriendo fuego desde que aparecen por el horizonte.

La diferencia es que él no saldrá vivo. Yo sí.

domingo, 3 de diciembre de 2006

Este soy yo

Vuelvo por aquí de nuevo. ¡Qué tío tan pesado!

Lo mío es de premio. Soy la antítesis de Homer Simpson. Llevo toda la tarde en casa, a ratos asomándome al ordenador, a ratos leyendo a Vargas Llosa en un librito inacabable, pero no he prendido para nada la televisión. Vamos como si no la tuviera, pero con mérito por tenerla.

Vuelvo y cómo no me ha ocurrido nada no tengo nada que contar. Tampoco se me ocurre nada. Así que llego nada más con la intención de perder el tiempo (y lograr que tú, que soy la mayoría de las veces yo mismo, lo pierdas). A ratos le doy tragos a un tetra brik de zumo de naranja. Menudo invento lo de este envase. Este además tiene pitorro como de botijo así que se puede beber directamente sin derramar nada.

Bueno. Este soy yo.


y qué si toy haciendo un poco el tonto...

De santos

Hoy es San Javier. Esto es que es mi santo, porque no se puede ir muy lejos llamándose uno Anado Uni. Menudas caras más raras me pondría la gente. Claro que igual soy el primer Anado de la historia, vete tú a saber si estoy a tiempo de ser santo siendo solamente medio bueno, nada más por cubrir el hueco que existe. Para que alguien que venga tras de mí tenga de día de santo San Anado, que fue un poco santo y un poco tonto.

Lo que ocurre es que esto de los santos ya no se lleva nada. Si recogiéramos el criterio de unos críos en una libreta, abordándolos en los columpios o en la escuela probablemente nos encontraríamos con que la mayoría de ellos quieren ser Fernando Alonso en Mclaren, y ellas Raquel del Rosario. Y nos lo dirían mirándose los unos a las otras, las otras a los unos para dejarnos poco menos que de aguanta velas. Ni uno de ellos querría a estas alturas ser santo de nada.

Está muy desprestigiado ser santo. En realidad ya nadie aspira a ser bueno. Se aspira a tener éxito, y se aspira a dar con el éxito en las narices de un puñado de caras asombradas. Porque ni siquiera les bastará con el éxito cotidiano que hace que uno se sienta bien consigo mismo, ocurrencia que no se da todos los días. Quieren el éxito que nos muestra la televisión, así sea convertido en el más hortera del programa más zafio. Nuestros críos entienden por triunfar llegar a las rondas finales de un programa de pretenciosos cantarines.

Así es que andamos algo cortos de santos en estos tiempos. Tampoco es tan raro habida cuenta del papa que nos trajo la fumata blanca. Ya no es que no vayamos a encontrar un santo bajo las piedras, es que de sacerdotes andamos escasillos. Y me da el pálpito de que los que tengamos ahora van a ser muchos para los que vamos a tener.

A mí la verdad no es que me hagan mucha falta. Pero constato que hemos pasado de aquellos tiempos en que a uno eran muy capaces de marcarle la vida con un nombre para no olvidar, Cleofás por poner un ejemplo, solamente por nacer un día determinado del calendario, 25 de Septiembre, a estos otros en que para leer el nombre del santo hay que ponerse una lupa ante los ojos.

Lo cierto es que a mí me trae al pairo. Yo he sido siempre de celebrar sin demasiada celebración mi cumpleaños antes que prestarle atención a esta casualidad de los santos. Claro que por norma general en mi casa se me felicitaba...

Curiosas felicitaciones. Supongo que el único mérito es haber sobrevivido un santo más.

Karlos

No iba a escribir. No tenía la intención hasta que he leído los ingredientes del bote de lentejas. Resulta que a parte de lentejas, obviamente, el bote de vidrio transparente nos trae una buena dosis de algo que han dado en llamar "antisecuestrante". Y la cosa es que visto así a través del cristal no lo parece. He mirado el bote desde un lado y hasta desde abajo, y no encuentro que pueda ser la cosa. Igual se refieren al bote mismo que impide que alguien secuestre un puñado de lentejas, sin llevarlas todas, sin pagarlas todas, en el antisecuestrante.

Luego la cosa ha quedado medio resuelta, al abrir el bote. En la cúspide de las lentejas que casi se salen de repleto que está, me he encontrado con lo que creo que es el famoso antisecuestrante, y si no lo es, hace su función perfectamente. Una gelatina algo diluida y con un color verdoso repugnante. Un medio de defensa similar al que utilizan determinados animales, que acentúan sus colores para parecer peligrosos, porque hay otros que, de los mismos colores, lo son sin necesidad de acentuarse nada. O al estilo de la mofeta o de aquellas ranas que segregan un líquido blanco tan amargo para su depredador que se le quitan, al instante, las ganas de ancas de rana. No saben, desdichados que es solamente el primer regusto. Algo así como el primer cigarro del que será fumador empedernido. Se empieza tosiendo y diciendo que no, y se termina revolviendo los cajones para encontrar el paquete de tabaco.

En fin, decía que allí mismo, pegadito por un lado a la tapa y por el otro a las lentejas, ese fluido tan natural como el propio vidrio. Vamos que ha sido verlo y se me han quitado las ganas de hacer lentejas, o de cambiar el menú por una pizza que me las hace el microondas en un periquete sin necesitar de mis cuidados.

La cuestión es que como no soy de los que se doblegan al primer obstáculo, algo hay en mi carácter que me hace resistente a los tompazos, me decidí a introducir un tenedor por ver lo que ocurría. Pensé que quizá el metal nunca llegara a tocar las lentejas y que se iría desintegrando conforme hundía sus puntas en la viscosidad. Pero no, cualquier deterioro que en su morfología se produjera es invisible al ojo humano, aún experto. Dejé caer un poco de aquello, en realidad todo lo que pude por el desagüe de la pila y esperaba que hiciera un ¡Boom! y echara humo aquel desagüe, pero tampoco ocurrió nada. Sospecho que sus propiedades antisecuestrantes solamente funcionan en contacto directo con las lentejas.

Ahora tengo las lentejas al fuego, acompañadas en perfecta combinación por unas tiras de bacon, unos ajos, cebollas, pimiento verde italiano cortado en rodajitas, pimiento rojo y una pizca de antisecuestrante.

Seguro que a Karlos Arguiñano le salen más ricas, pero hoy no se me cayó ninguna cebolla en el zapato pa ir rebotada bajo el mueble. Poco a poco, siempre a mejor...

sábado, 2 de diciembre de 2006

De Larra

Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos. ¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro, ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero! ¡Aquí yace la esperanza!

¡Silencio, silencio!


Mariano José de Larra.



Pensando así no es extraño que se pegara un tiro. Se hace evidente que se llega a ese extremo por razones del amor o por ser más precisos de desamor. Quizá es el impulso del momento, se llama desesperación y es un precipicio, o quizá es que estar muerto, en algunos casos, no puede ser peor que seguir vivo.

Llamo a Sestea y le pongo la grabación sonora de alguna de los artículos del autor según descuelga el teléfono. Repito a menudo esa jugada, a veces con voces y a veces con canciones. De mí no se oye ni un suspiro. La dejo esperando en el aparato mientras suena la voz del lector. Se la oye preguntar mientras de Larra se descuelga con su "vuelva usted mañana". La verdad es que es la monda. Yo me harto de reír sordamente. A veces incluso, le pongo canciones enteras y cuelgo antes de haber dicho una palabra siquiera. Son las mayores maldades de las que soy capaz. Y lo mejor de todo es que ella prefiere que le hable yo. Mejor yo que Mariano José de Larra.

Una vida para una conclusión. La vida no era un pasatiempo que mereciera la pena. Ante esto la solución es evidente. ¿Y quién si no uno mismo podría decidir si una vida merece ser vivida?

En la vida somos juez y somos parte. Somos parte interesada desde luego. En decisiones sobre vivir o sobre morir tenemos la mayoría de los mortales la última palabra. Y los que no la tienen porque ya no dominan su cuerpo para que los aniquile, piden a los jueces que sean ellos la mano que los desconecte de la vida, o que deje sin castigo a quien los envenene cumpliendo su voluntad inequívoca.

En los tiempos que corren, en que algunos hombres se creen con todos los derechos, con el derecho de someter a sus mujeres que de repente ya no son absolutamente dependientes, no nos iría mal que estos hicieran la de Larra. Que rechazado por el amor se va de este mundo sin molestar a nadie. Y a su amada la deja bien entera y con un pensamiento sobre todos, "¿no me habré equivocado?".

Si todos estos asesinos domésticos hicieran igual nos iría mejor sin duda. Diríamos como aquel tras la visita de un ciclón con forma de mujer que lo cambió todo; a modo de despedida la mujer se convierte en un perfume:

lleva tanta paz, como paz dejas.

Recordando

Me ha escrito Darane. Muy breve para preguntarme algo y al responderle de pronto me he visto de nuevo en otros tiempos. He aquella época feliz de Dooyoo, cuando opinar era tan fácil. Cuando nos leíamos unos a otros y dejábamos constancia con unas palabras de aliento al final, con un "como casi siempre estoy de acuerdo". En aquellos primeros tiempos nos pagaban cada opinión a 150 pesetas. Fue rebajar el premio y empezar a escribir más.

He recordado los tiempos en que Annlea bullía, pero no como un desmadre literario, no lo fue nunca, más bien como un primer hervor mantenido en el tiempo.

Todas aquellas palabras siguen ahí. Están expuestas. Con forma de relato y con forma de intervención en el grupo de noticias. A veces me digo que tengo que volver a leer aquellos fragmentos, algunos de ellos al menos. Pero nunca lo hago.

Tengo todo el tiempo del mundo y la impresión de que no me alcanza.

viernes, 1 de diciembre de 2006

Si todo es presente

... estoy doblando la esquina.

domingo, 26 de noviembre de 2006

La gorrita

Fito y los Fitipaldis dieron un concierto en Valencia el viernes. Y hasta allí fue Sestea con unas amigas recién ganadas, que a los amigos hay que ganárselos, es el "quid pro cuo" de Hannibal Lecter pero solamente con buenas intenciones, un toma y daca, un proceso de ida y vuelta, de manera que das, te dan y de repente tan amigos.

Fue y por lo que me cuenta se puso una gorrita al estilo Fito que se compró en un bazar chino. A la mocita le quedan realmente bien los sombreros y demás sobre la cabeza. Yo lo recuerdo bien de nuestros viajes a la nieve. Es algo curioso, supongo que es por la forma de la cara. Me comentó el sábado que estuvieron todo el concierto los de alrededor cantando las canciones a la par que llamándola Fita; "mira que gorrita". Yo supongo que estaban tan pasados como el propio Fito, que por lo que me cuenta no podía ni hablar de borracho, aunque sí podía cantar. Es curioso, no podía ni formar una frase completa, tan ciego iba, y las canciones las recitaba con memoria de opositor. Al fin y al cabo a quien le importa, se pagó la entrada para oírlo cantar y no para escucharle discursos con la lengua enredada.

A mí las gorras y demás me quedan mortales. Yo creo que es porque que se me vea el pelo en la cima de la cabeza disimula de un modo raro las dimensiones reales de mi nariz. Si tapamos el pelo desaparece el artificio y la nariz me asemeja a un pájaro carpintero.

Hace unos días un compañero de trabajo me hacía una foto con su teléfono móvil nuevo, por aquello de que aparezca mi careto si alguna vez le llamo. Lo mismito que haré yo si algún día consigo renovar este pobrecito mío (lo miro, ahí sigue el celo). La cosa es que luego cuando me enseñó la instantánea me costó reconocer esa cara. Era la mía pero no lo parecía. No por las arrugas de los ojos, no por el color mismo de la piel, era por algo en el fondo de los ojos, quizá los años nos cambian la forma de mirar.

sábado, 25 de noviembre de 2006

De poca importancia

He pasado mala noche. Despertando a cada rato, pensando en todo este trajín del móvil. Las ofertas que se hacen y se deshacen. La vigencia tan fugaz que tiene a veces la palabra dada.

Por la mañana salí a comprar al Día. Antes tuve que pasar por el cajero y al acabar, improvisadamente, me subí hasta el camino de San Pedro. Está precioso. Verde brillante, con un mar sin final y el rumor apagado de unas olas con pocas ganas de bulla.

Allí he tirado de móvil. Es decir he hecho unas cuántas llamadas, que nadie piense que arrojé nada al mar, no soy de esos. Me senté de través en un banco de piedra y estuve sintiendo el calor del sol en la cara.

¡Qué día tan bueno ha hecho!

¡Cuántas veces damos importancia a cosas que no la tienen!



En los últimos tiempos me he acostumbrado a utilizar los tiempos perfectos, de manera que cualquier cosa que me sucede pudiera parecer ocurrida hace mucho. Si alguien llega y marcha, al narrarlo a un tercero le digo de inmediato que Fulano o Mengano vino. No le digo que "ha venido". Aunque ambos casi se hayan cruzado en el umbral.

Hoy he comido (no diré que comí aunque haga un buen rato) espinacas a la crema. Tb estuve picando alguna cosa y confirmé algo que sospechaba. Parece que soy alérgico al maíz seco, es decir al de los Doritos. Es tomarlo y se me hincha al menos uno de los ojos, vengo observando que las más de las veces el derecho. Gracias que tan espontánemente como me deforma disminuye. Lo curioso es que tras esa metamorfosis temporal me deja tal cuál era, sin cambiar en nada. Podía tras la inflamación quedar hecho un Tom Cruise o un George Clooney. Que he leído que es el tipo más atractivo del mundo. Y ni con esas le dejan entrar las chavalas a la fiesta del Martini...

viernes, 24 de noviembre de 2006

De cruzada

Está visto que mi sino es emprender cruzadas, perdidas de antemano, contra las empresas de telecomunicaciones de este país. Estaba yo tan contento, dándome con un canto en los dientes porque me iban a enviar un Sony Ericsson Z520i, un móvil de gama media pero con interesantes prestaciones, uno entre los 4 que me ofrecieron para jubilar mi achacoso Siemens S55. La cosa fue, no podía salirme de otra manera, que al abrirlo encuentro un rayote en el centro de la pantalla interior, era la V del visto bueno, como si lo hubieran hecho adrede. A los pocos minutos ya estoy llamando, ningún problema me dicen, en unos días me pasan a recoger el móvil y me dan uno, con menos defectos, o menos visibles al menos, si es que esto es posible. La cosa es que en aquel momento no me podían tramitar la petición porque con mi premura en llamar ni siquiera habían recibido noticias de la empresa de mensajería, no les constaba siquiera que me hubiera sido entregado. Llama mañana me dicen.

Y al día siguiente llamo. Hablo con una chica muy amable sobre la tecnología, la tercera generación de teléfonos, las video conferencias... y me termina ofreciendo un móvil de estos completamente gratis. El Samsung Z230. Yo le digo que así sin verlo no me decido del todo, pero que si me da un rato para buscarlo por Internet, estoy seguro de poderle dar una respuesta en breve. Me dice que "de acuerdo" y que deja anotado que me ofreció ese móvil.

Hoy, un día después de esa conversación, en mi ratito del café llamo y cumplo con los pasos requeridos para que me envíen el móvil deseado. Hasta me graban una conversación en la que mi parte es decir que sí a todo y la de la comercial es decir que el móvil me saldrá gratuito del todo, terminal y mensajero. Luego me dice que vamos a tramitar la recogida del que me enviaron defectuoso y me pide el número IMEI que no tengo, así que todo lo tramitado se nos cae como un castillo de naipes. Yo soy claro, resulta que la caja dichosa la tengo en casa, "si le parece le llamo en cuanto regrese". Sin duda, cualquier persona entenderá que puede resultar muy apetecible hacerse acompañar por aquella caja durante todo el día, como un amigo imaginario con forma de caja. Pero soy de los que prefiero no dar que hablar. Ella se me despide con un enigmático:

"A ver si entonces no está".

A eso yo digo que no la entiendo.

¿Qué no está?

Me repite que a lo mejor no está y le pido que me explique exactamente qué significa eso de que no está. Me dice entonces que el "stock" de Orange es limitado. Ahí nos ha jodido, igual pensaba que yo creía que tenían móviles hasta el infinito. La cosa es que a mí ese comentario me tocó bastante la moral y le comenté que ya habrá tiempo para afrontar los problemas cuando surjan, nada ganamos con ponernos en ese caso antes.

Al llegar a casa, antes de comer, cumplo con lo acordado y les llamo. Todo parece ir sobre ruedas hasta que otra comercial del mismo departamento me dice "igual mis compañeros no se lo han comentado pero este otro móvil cuesta 79 euros". Yo me quedo estupefacto.

¿Cómo es posible que usted me diga que este móvil me costará dinero y dos de sus compañeras me dijeran que me saldría gratis? No es que omitieran ese tema, que se trató naturalmente. NO ERA UN DETALLE SIN ABORDAR, no se entró en profundidades porque la cosa no parecía merecerlo. Nadie parecía por la labor de discutirlo.


Aunque ahora sí. Digamos que si esto fuera un partido de fútbol en este momento iríamos dos a uno.

Le digo que si esto de que cueste o no dinero es cosa que depende del comercial que te atiende. Que pecan de cierta incoherencia y que uno de los tres es un embustero. O bien usted que me dice que esto ahora cuesta, o bien sus compañeras que me engañaron diciendo que podía acceder a este móvil gratuitamente, que me saldría GRATIS (una de las veces en una conversación grabada), o tal vez el mentiroso sea yo. Quizá sea yo. ¿Me está diciendo que no me cree si yo le digo que este móvil me fue ofrecido por su compañera? Que yo ni siquiera lo conocía. ¿Me cree si le digo que esta mañana me han grabado y su compañera dijo claramente que este móvil tendría coste CERO?

Dice que sí. Que a mí me cree. Vamos que al final pretendemos estar en misa y repicando campanas. Así que le digo que voy a volver a llamar a ver que cuenta la siguiente persona que me atienda. Giremos la ruleta para comprobar el color. Probablemente ofrecer determinados móviles o cobrarlos depende del estado de ánimo con que uno se levanta por la mañana. Probemos de nuevo, hagan juego señores, veamos... para doble o nada.

Di con hueso. Dos a dos y sin penaltis. Ahora el móvil lo cobran, y se me vuelven aquellas palabras reveladoras. "A ve si luego no está". Pero no se refería a la cantidad que amontonan, rayados los cristales en algún almacén de mala muerte, probablemente infestado de ratas, se refería al estado de ánimo. Igual más tarde ya no nos apetece mandártelo, o quizá te lo queramos cobrar, que es siempre más productivo que dar un NO a secas.

Y la cosa es que yo dudé en cambiar el que me enviaron por ese otro que es indudablemente mejor. Me hubiera quedado con el que me enviaron (sin arañazos por favor) de buen grado si las cosas se hubieran dado de otra forma. Es posible que hasta hubiera tragado con el recurso de que ya no les quedan (dos horas después de mi primera llamada y se agotaron). Después de todo tampoco debemos que esperar que un compañía de teléfonos, no una franquicia, no una tiendita de barrio, una compañía de anuncio en la tele, la empresa madre, tenga demasiados terminales. Probablemente cualquier otra razón espiritual o material me hubiera convencido, pero ¿cómo hacerlo así? Con esta sensación que dejan...

Ya le dije a la última de ellas. Lástima por ustedes y lástima por mí que estaba tan contento con ustedes. Pero cómo seguir con después de esto. Es como encontrarse de golpe ante la infidelidad en la persona amada. Ya no se trata de este o de otro móvil. No se trata de ti. Se trata de mí. Ya no puedo ser el mismo.

Anote usted el IMEI para recoger el móvil que me enviaron. Sepa asimismo que en próximo mes procederé a llevar mi número de teléfono, haciendo uso de la portabilidad, a la competencia. (A Vodafone por supuesto). Pues ustedes y yo sabemos que allí me concederán un teléfono sin tener que abonar un euro. Sepa que voy a darme de baja también en el servicio que tengo de teléfono fijo. Y por descontado también del ADSL que contraté en su momento con Wanadoo, que son ustedes ahora. Vamos que abandono el barco. Les dejo, pero no cómo quién dice que fue por tabaco y no volvió. Yo me voy poniendo las cosas claras.

Y no lo haré ilusionado, al contrario. Es complicar una vida que no necesita de complicaciones. Pero estoy obligado, uno de nosotros tenía que actuar coherentemente...

martes, 21 de noviembre de 2006

Buenos y malos

En la vida como en las películas los hay buenos, y los hay malos.

En la televisión abunda lo malo, porque no decirlo. Todos esos programas experimentos pseudo científicos de Gran Hermano y demás del mismo estilo, que de estos otros no puedo hablar pues para mi suerte no vi uno solo en mi vida, y del archi-conocido programa que encierra unos cuántos engendros dentro de una casa nada más seguí superficialmente el del primer año, todo aquello de ¿quién me pone la pierna encima?, que es poesía a la altura de los participantes, ahora bien es un lema pegadizo como pocos, retrataba esta España nuestra, siempre con una pierna encima. Salvo para jugar a baloncesto, entonces no nos queda arriba ni siquiera la canasta (gracias a Gasol).

La programación televisiva de este país es, como dicen por aquí, para arrojar y no dejarlo. Habría que hacer, verdaderamente, pocas salvedades.

Pero hoy no quería hablar de los programas, quería citar nada más dos anuncios. Uno bueno y uno feo y malo. Por supuesto no pretendo transcribirlos palabra por palabra, hablo de memoria, y ya quedó claro que no es precisamente mi punto fuerte (si hay alguno).


Empecemos por lo malo que así parece que pasa antes, como entrar en la consulta del dentista, una vez en aquel asiento reclinado solamente queda la esperanza de acabar (ir a cenar tal vez, si se puede).

Malo, malo, malo de verdad, peor que pegarle a un padre es el de Peugeot. Aquel tipo que dice que está tan nervioso que igual no pega ojo esta noche. Y la moza, que si no recuerdo mal está agachada, no sé bien si cogiendo algo de alguna parte o colocando los clavos de la tienda de campaña, le sonríe como diciendo: "ya sé por donde vas, majete".

Y la cosa es que ambos deben ir juntos a los mismos lugares, pues a la mañana siguiente el tipo aparece en bolas, recién salido de la tiendita. Vamos que si no había sueño, se le llama, y si no viene nos dedicamos a encontrar otros quehaceres. Yo por supuesto no tengo nada en contra de esa idea que se nos cuela sibilinamente, afortunado que es el tipo pese a ser tan tonto; pero lo que me llama más la atención de todo aquel embrollo es que el notas aparece estirándose como si abriera los ojos en ese instante, desnudo, estirando los nudillos y la espalda a dos puñeteros metros de la tienda de campaña. Vamos que hasta allí llegó con los ojos cerrados, por eso luego se sorprende. Claro, está rodeado de mirones, que no han ido allí a comprar un coche, no hay dinero para eso, han ido a verle salir en cueros, para ver el trayecto ciego que hace hasta el punto exacto en que descubre que, manos para que os quiero, ya no están solos.

Y se supone que este aborto televisivo es gracioso. Tanto como que te lleve el coche la grúa.


Por suerte tenemos otros, también de coches, de calidad incuestionable. Y la mar de sencillos, apenas un coche todoterreno recorriendo un camino de tierra. Eso y un par de frases certeras. No se requiere nada más.

Dicen que hay un camino para la felicidad y otro para la verdad. Que un camino trazado lleva hasta donde ya fueron otros. Dicen que el verdadero camino está dentro de cada uno.

Y lo mejor para el final, no se dice, solamente se lee:

Tú eliges el camino.

lunes, 20 de noviembre de 2006

El Rasas

"Déjate llevar, si el alma te lleva".

Fito y los Fitipaldis.



La semana pasada murió el Rasas. Murió de verdad. Porque ya antes decían que había muerto sin ser cierto. Corrió como la pólvora, pero al día siguiente ya había alguien que aclaraba, no murió aún, de veras que no, nada más está muy enfermo. Enfermo pero vivo. El caso es que a los pocos días moría del todo. Sin vuelta de hoja.

Yo me he entretenido a veces con la idea de la muerte. Esa anormalidad, cuando la vida ya no es vida, la existencia es solamente un recuerdo. Esa foto que te retrata, esos ojos que te miran desde ella te sobrevivirán casi con toda seguridad. Nos pasamos la vida distraídos en los juegos del cada día, concediendo a todo demasiada importancia, lo primero a nosotros mismos; dando la espalda a la que es acaso la única certeza que tenemos, estamos vivos por algún tiempo, pero la muerte espera, tarde o temprano.

Ya hace unos años ocurrió algo parecido con aquel hombrecito al que apodaban el Pulga, que hacía dúo con el Linterna en el Un, Dos, Tres. Decían al unísono ¿cuántos había en la plaza? Y el aforo del programa se desgañitaba entre risas, todos a una: "veintidós". Ahora los políticos ponen a un público mucho más formal para que parezcan como de cartón piedra mientras dan sus discursos. Es una costumbre que nos hemos traído tras observarla en las apariciones de Bush. Tiene su lógica, si una nulidad como es ese tipo, un rematado idiota, gana las elecciones jugando de aquel modo, por qué no copiar lo que tiene de inofensivo (no hay mucho más que eso).

Decía que al Pulga le adelantaron la muerte, y el país entero lo evocaba vestido de torero, no de los de dar dos capotazos al toro, sino de los que salen en el espectáculo del bombero torero. Tenían gracia juntos, y eso que el peso cómico lo llevaba probablemente el más alto, el Linterna que hacía aquellas voces agudas y se pasaba el rato pegando al pequeño para completar los "sketches". Tuvo que volver del anonimato que da estar pasado de moda para mostrarse vivo a los cuatro vientos; estaba vivo y bien vivo. Y quien diga lo contrario después de verlo es, para empezar un embustero, y con toda seguridad un tonto de los que ya no quedan.

Al Rasas yo no lo traté apenas. Venía a cambiar billetes de 20 por billetes de menos valor ¡faltaría más! Por lo que oí se pasó la vida cambiando cosas. Él entregaba unas a cambio de otras. Así desde antiguo. Era curioso porque podía hacer una cola larga por cambiar uno de sus billetes. Luego marchaba a la acera de enfrente y se quedaba allí apostado, con sus billetes cambiados.

Supongo que dentro de algún tiempo lo habré olvidado, tampoco tenía demasiada confianza con él. De hecho yo mismo llegué a olvidarle el nombre tras perderle la pista durante un tiempo. Pero ahora lo recuerdo perfectísimamente, bajo, rechoncho y con un ojo izquierdo permanentemente entreabierto y que lagrimeaba constantemente. Sin embargo es curioso, la última vez que lo vi me pareció más serio que nunca, y no es que fuera alguien que pasara la vida riendo, no al menos delante mío, pero aquella vez parecía ir y volver de un trance. Lo miraba todo con más fijeza.

¿Cómo lo quieres Luis?

Uno de diez, dos de cinco.

viernes, 17 de noviembre de 2006

Descontando

Gracias Angel por la sorpresa que me diste el otro día (el jueves). Me hizo mucha ilusión. Maldita sea pues sí que son más pequeñas las pizzas del Pizza Hut. Habrá que comprobar si saben igual ;)

No veas lo que me costó abrir la caja. Tu trabajo con el celo, perdón, digo el fleje, impecable.

Los ositos de gominola buenísimos. Clavados a los alemanes que me compraba en el Aldi. Con que te diga que me los cené viendo tus fotos en Llanes...

Nos vemos pronto amigo.

Toy descontando días. Se me están cayendo del calendario.

¡Cumple muchos más!

Ya sé, llevo unos cuántos días sin decir ni pío. Y no porque no me hayan pasado cosas, sí de esas trascendentales, las que me ocurren todos los días. Para empezar en estos días he conseguido haciendo uso de mi mano izquierda, que no es mano sino una forma de hablar, un móvil nuevo para que me acompañe cuando estoy móvil, es decir fuera de casa. Que para cuando estoy dentro me puse hace ya bastante tiempo un fijo que es móvil inhalambrico. Y éste último también lo cambiaría por ponerme uno con manos libres, para poder contar sin gritar, sin necesidad de tener el artefacto pegado al oído, y para poder oír sin tener que hacer uso de mi fino oído para lo que me incumbe. Aunque de esas cosas, suelo estar bastante pez. De hecho poseo una rara habilidad para concentrarme, en tareas sencillas, abstraerme por completo de manera que al verme pudiera parecer que son extremadamente difíciles, claro que descrito así me va pareciendo más un defecto que virtud. O tal vez lo malo es que me entero de todo, pero lo olvido. Sospecho que mi cabeza es como El Corte Inglés el primero de los días fantásticos, los enésimos de la historia, cuánto cuesta entrar y que fácil es salir. En cualquier caso, y por irme por las ramas concretaré que tengo pedido un Sony Ericcson Z520i con su cámarita y su MP3 para que suenen gaitas cuando me llamen.

Parece mentira, he vuelto a ser el chaval que se ilusionaba por estas cosillas. Y he ido de arriba a abajo comparando las opciones... todo sea que haya acertado. Claro que un sexto sentido me advierte que muy probablemente mi terminal vaya a salir de esos que fueron la primera remesa, aquellos que quedaban con la pantalla a color en blanco, de esos que se apagaban sin previo aviso. Porque estas cosas son muy mías. Me suelen ocurrir a menudo. Otras cosas que me pasan es ir a cerrar una caja previamente repleta hasta los topes con documentos de archivo y lanzarme fleje en mano (así le llamábamos a la cinta adhesiva en K-tuin) hacia una aún vacía. Vamos que a puntito estuve de cerrar la hueca y dejar la otra abierta.

Supongo que en el fondo esas cosas tienen un lado enternecedor, pues por otro lado mantengo una relación inmejorable con la mayoría de las señoras que nos visitan. El otro día sin ir más lejos una me dijo que si era el que anunciaba los trajes de Emidio Tucci (vuelve El Corte Inglés a escena) y no contenta con echarme flores de esa naturaleza, a continuación me dice que era muy chulín, lo que yo traduje al instante como algo favorable, aunque luego ha habido quien me ha asegurado que no es así. Claro que aquella señora y yo nos reíamos amigablemente, ¿cómo sospechar de la sonrisa?


Hoy es un gran día. Hoy cumple años mi madre. Ayer di orden con una tarjeta mágica y por Internet para que alguien le llevara hoy un ramo de rosas con una dedicatoria muy cierta. Hace un momento me ha dicho que mis flores han sido la primera felicitación que recibió, y que mis palabritas la han emocionado mucho, a ella y a Sabina que va a limpiar a mi casa desde hace años.

Ahora le deseo muchos años más. Me alegro de que haya pasado un buen día y de sus planes inmediatos, visitar una arrocería donde saben cocinar el arroz de más de 100 formas. ¡Mira qué lista! ¡Y qué bella mi madre siempre!

Hay palabras que deben decirse cuanto antes. Son palabras urgentes, que tendrían que enseñarse las primeras, simplemente porque significan más. ¡Qué importantes son y qué poco se nombran! Ayer mandé escribir, sin faltas de ortografía, que la había querido toda mi vida y que ahora además la echaba de menos.

((Un besito mamá.))

domingo, 12 de noviembre de 2006

Fotografías

No voy a decir que he estado viendo fotos de antes porque todas las fotos son de antes. Ninguna foto retrata el presente porque la comprobación es siempre a posteriori. Dejémoslo entonces en que he estado viendo fotos. En ellas aparezco más o menos como soy ahora, diga lo que diga el Xuac, aunque haya pasado un año desde algunas, o más aún desde otras. Me ocurre con las fotos como con la voz grabada, me cuesta reconocerla, me cuesta reconocerme. Quizá porque estoy hecho a observarlo todo pero no a observarme. La misma sensación que tendría alguien que viviera permanentemente alerta desde la almena de un castillo, sin haberse movido nunca. Se aprenderá cada detalle de camino y del monte circundante pero no sabrá decir de que color es la piedra que lo protege. Lo miro todo sin encontrarme.

Lo que sí sé es que aquel retratado en las fotos no soy exactamente yo, al menos el yo que soy ahora. Como si las cosas me hubieran cambiado. Lo cierto es que las personas cambiamos, por fuera, imperceptiblemente de un día para otro, mucho tras un plazo considerable de tiempo, y también interiormente.

En el primer caso, atendiendo nada más a la presencia, llegamos incluso a convertirnos en personas distintas, ¿dónde está el niño que yo fui? Lo he visto en fotos y no se me parece a nadie que conozca, pero tampoco soy yo ya. Quizá el niño soy yo aún disfrazado de otra cosa. Como si la vida fuese un juego para hacerse irreconocible. O tal vez se murió al crecer, físicamente se perdió para siempre, como morirá la apariencia que tengo ahora cuando me vaya convirtiendo en el viejito, que ya apunto en manías. Quizá mis manías sean lo único que conservo desde la infancia, y estas sean en verdad las que acompañan a la persona toda la vida, su auténtica seña de identidad, válida como una huella dactilar. Perennes más allá de la metamorfosis que es la vida. Manías y gestos para distinguir a las personas, para reconocerlas únicas entre todas.

Pero las personas también cambiamos en otros órdenes. A nivel emocional, en la forma de sentir. De manera que uno puede darse cuenta de la distancia que hay entre una foto determinada y su sentir actual. Porque uno conserva la memoria para recordar cómo eran las cosas y como las vida las ha ido cambiando.

Una foto es nada más un momento preciso en el tiempo, pero con todas sus limitaciones. Incapaz de captar más allá. Como contemplar un cuadro sin manos, como comprar un piso por la fachada.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Poniéndose al día

Esta mañana he completado el único mensaje de esta web que tenía en borrador. Se trata de una idea surgida tras leer allá por Agosto a Gaddira. La niña se resumía en 100 frases, y me dije ¿por qué no hacer lo mismo?

Me ha costado algún esfuerzo porque mi vida se resumiría en algunas menos, pero lo he conseguido. En cualquier caso he decidido guardar aquel resumen en esas fechas. Pues aquel día lo escribí en gran parte.

En fin, poco más. Agradecer a Esther que se pasa por aquí de cuando en cuando desde su oficina en México, resulta que no está tan lejos después de todo ;)

Sigo aquí, estos días me dolía un poco el cuello, nada de importancia; me despido

pero me quedo.

viernes, 10 de noviembre de 2006

Intro

Este adiós no maquilla
un hasta luego.
Este nunca
no esconde un ojalá.
Estas cenizas
no juegan con fuego.
Este ciego no mira
para atrás.
Este notario,
firma lo que escribo.
Esta letra,
no la protestaré.
Ahorrate el acuse de recibo,
estas vísperas son las de después.
A este ruido,
tan huérfano de padre,
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca.
Este loco se va con otra loca.
Estos ojos no lloran más por ti.


Joaquín Sabina

De Capello a Paquito

Comenzábamos la semana sorprendidos por la sinceridad de Capello que puso en su boca lo que piensa más o menos todo el mundo. Él dijo lo que los demás callan y piensan, o aquello que incluso se niegan a pensar, como si fuera algo prohibido, como mirarle el escote a una prima tan lejana y que está tan buena que a uno se le van los ojos, y así no hay quien preste atención a los semáforos. ¡Qué es tú prima, chaval!

Capello dijo que quizá ahora Ronaldo se va pareciendo a un futbolista, y para rematar, que tenía problemas de movilidad. Lo que él dice en la rueda de prensa, con esa cara de bruto, como un ladrillo con gafas de diseño, es una obviedad tan grande que lo sorprendente es el revuelo que causó.

Yo ya he cargado alguna vez contra Ronaldo desde este espacio, supongo que porque no puedo celebrar mis cumpleaños en algún castillo de la Francia, aunque la verdad es que yo ya no celebro mis cumpleaños ni falta que me hace. He perdido cualquier romanticismo hacia la mayoría de mis fechas señaladas, francamente me transmiten poco. Lo mismito que las Nocheviejas desde hace ya algunos años. Son noches como cualquier otra, y su valor es pura convención social, nada más una forma de separar los años como los capítulos de un libro, tal vez para hacer balance, que es siempre una forma de colgar del pasado.

A mí Ronaldo me parecía el típico jugón del grupo de amigos, el tipo que más brilla en los partidos de solteros contra casados. A lo más un ex-futbolista que regatea mejor al contrario, con barriga y todo, que al postre, tarta de queso con nata y luego café con sacarina. Por eso no me sorprendió que Capello admita lo que salta a la vista, Ronaldo estaba gordo como un trullo, fuera de forma y lento. Ahora bien, simpático y caprichoso como siempre, eso lo digo yo, no Capello.

La prensa se asombra con estas declaraciones, porque para ellos Ronaldo sigue siendo "el fenómeno", y un calificativo así no se pierde así por así, como Raúl es el primero de la clase, o incluso "el niño", la cosa tiene guasa, así tenga más años que Matusalén, son apelativos como el nombre de pila, lo acompañan a uno durante toda la vida y aún más, sobreviven a la muerte, para que los otros, los que quedan, te recuerden. Ya decía yo el otro día que en la vida se te juzga constantemente por tu pasado, en función de lo que has sido se te va a medir, en función de eso se esperará de ti una respuesta, en consonancia a las expectativas que creas. Así un jugador de baloncesto que promedie 20 puntos por partido en la NBA firmará un contrato multimillonario no por lo que va a ofrecer, ¿quién sabrá? ¿quíen podrá predecir el futuro? Sino por lo demostrado hasta ese día. Luego el tipo se levanta un día, asomado al espejo del lavabo para encontrar que uno de sus ojos se ha dormido junto a la nariz, que no hay modo de sacarlo de allí; puñetero en el lagrimal, para no ver con él ni torta.


Murió Paquito Fernández Ochoa que fue un deportista con un gran día. Ganó los JJOO de invierno de Sapporo allá por el 72. Ni antes ni después ganó muchos más premios. Al menos no los encontré durante las lecturas distraídas de la prensa en estos días. Decía Homer Simpson a Bart, como una enseñanza con mucha miga,

no te esfuerces demasiado en nada. Siempre habrá alguien que lo haga mejor que tú. En realidad habrá un millón de personas que lo harían mejor.

La cosa es que Paco Fernández Ochoa supo rentabilizar, al menos en cuanto a fama nacional el éxito logrado. Era nuestro mejor esquiador de todos los tiempos, y eso es mérito que pervive con mayor razón que los motes avispados a los futbolistas, porque se puede medir.

Una fecha del pasado. Casi nada.

Hace unos días le hicieron un homenaje en Cercedilla, descubrían la estatua de un esquiador con los brazos en alto. Era él, aquel día, como si no hubiera pasado el tiempo, 24 años de nada, allí estaba en bronce. Hay una foto muy significativa. Aparece esa figura recién descubierta y Paquito elevando los brazos, ambos se parecen pero existe una diferencia conmovedora. En la figura el esquiador está de pie, Paquito eleva los brazos, sus manos abiertas son las de la estatua, pero él ya no puede estar alzado, aparece sentado en una silla de ruedas, debilitado por la enfermedad. Son la misma persona en dos momentos diferentes de la vida.


Hacia el 2002 Muehlegg aquel esquiador de fondo al que aquí le llamábamos Juanito por aquello de hacerlo más cercano, ya que le habían conseguido los papeles para representarnos en los Juegos y estaba el hombre rayando a gran altura. Aunque a mí, particularmente, no me parecía esquiar aquellas palizas con los esquíes tan pequeños, que tenías mucho más de maratón que de descenso. Aún así llevaba tres oros, que no es cosa baladí. Entonces Juanito Fernández Ochoa cargaba contra el gigantón de mandíbula prominente, no le convencía aquello de traernos el talento de fuera para competir. Después de todo, aquel muchacho, atraído por nuestras partidas presupuestarias y por nuestra tortilla, apenas se defendía, con gracia eso sí, en nuestro idioma. De alguna forma sus triunfos lo disminuían a él. Lo alejaban, relativizaban su propio éxito (cada vez más lejos en el tiempo).

Pero la cosa cambió, cuando se descubrió que Muehlegg era un fraude, un deportista embustero, de esos que se dopan. Entonces dijo que "ahora más que nunca estaba con Muehlegg". Paquito Fernández Ochoa estaba de nuevo a salvo, sus logros ya sin parangón, sin comparación posible, ya sin nada que temer. Y todos sentimos una cierta solidaridad con aquel hombrón al que la baba se le congelaba caminando por las nieves. También la sintió Paquito, aunque aquel ya no era Juanito ni lo iba a volver a ser. Era otra vez Johann y no tenía ya nada que ver con nosotros. Los que lo contrataron le volvieron la espalda. Tenía ya un nombre cosido en cada paso, tramposo, y esa es una sombra de la que no se escapa fácilmente.

jueves, 9 de noviembre de 2006

Casi nunca...

... mentir merece la pena.

miércoles, 8 de noviembre de 2006

No sé sumar

Esta mañana estuve cavilando la cosa de abrirme una libreta de ahorro vivienda. Más que nada porque con la edad que tengo, y suponiendo, que no es mucho suponer, con cuatro años más, uno ha de plantearse al menos como mera hipótesis aquello de adquirir un espacio donde pueda decir, bajito, para que nadie le oiga, para uno mismo, esto, con la vista de rincón a rincón, es mío.

En esas le admito a una compañera, con mi gracejo habitual,

- Entonces tendré 25- lógicamente ella se echa a reír. Y también el cliente que tenía yo enfrente, que por lo que se ve no perdía detalle de la conversación, ya que ni corto ni perezoso tercia ufano - ... y yo 18.

Y si algo era obvio, para todos, tanto como que ya no soy ningún mocito, es qué él dejó los 18, muy, muy atrás :).



Así que no aparento 21 por ningún lado. Luego le he preguntado a mi dire si los aparentaba, y me ha respondido que en cada pierna.

En fin, la cosa es que debo aparentar ser algo mayor, en el mejor de los casos unos meses, en el peor hasta un año :P

Para mí es que me he olvidado de contar, está el mundo invadido por calculadoras y ordenadores. Por eso, por falta de entrenamiento no me salen las cuentas. No soy capaz de hacerlas hasta la edad que tengo. Claro que he tirado muchos días, ¡pero es tan difícil hacer de todos algo bueno!

No sé contar los años que tengo, quizá porque incluso sin las máquinas no me alcanzarían los dedos de pies y manos. Por eso casi mejor me quedo en los 21. Y así en 4 años, cumplidos los 25, me voy comprando una casa.

martes, 7 de noviembre de 2006

¿Y yo?

Ayer llevaba escrito más o menos un folio. Hacía tiempo que no escribía así que fue toda una novedad. ¡Qué bien me hizo sentir! Me llevó cerca de una hora y creo que la cosa me iba quedando más o menos bien. Pero ocurrió lo inesperado, la pantalla parpadeó y el mensaje nuevo que utilizaba de folio en blanco desapareció. Se llevó todo lo escrito. Aquella, mi última hora escrita, se perdió para siempre.

La verdad es que si alguien es capaz de imaginar a un energúmeno sacando a puntapiés la torre de un ordenador de su casa, lanzarlo escaleras abajo a patadas, entonces dará con lo que estuve a punto de hacer. Ese tipo, corajudo y justiciero, pude ser yo. Es lo que me pedía el cuerpo. Entonces me di cuenta de que tengo que comprar un portátil que sustituya el trasto de aquí, a mi derecha, (que bueno que no sabe leer). Hoy me ha dado la bienvenida con un pitido largo en vez de encender el monitor. Si el cielo se gana con paciencia yo debo tener sitio reservado hace tiempo, y sigo haciendo méritos cada día.

Ayer pude retomar el hilo de lo escrito, volverlo a contar confiado en que al reescribir la cosa será aún mejor, pero fue un día largo y ya no me quedaban fuerzas más que para odiar este aparato puñetero, maldecir la ley de Murphy y esperar que el torto relleno de chorizo de la comida no me afectara ningún ojo por la noche (sonará raro, pero ya me ocurrió otras veces).

Mañana cuento algunas certezas y algunas sospechas. ¿Conté ya que toda nuestra vida se basa en la sospecha de lo que va a ocurrir? ¿Qué no tenemos casi certezas?

Es por eso que creo que soy inmortal. Lo que ocurra a los demás no tiene porque ocurrirme a mí. Los agoreros dirán que tendré que pasar por los mismos aros, que mi destino es el de todos, pero no podrán darme una razón irrefutable. Solamente hablar de la historia, de otros que no soy yo.

Cuando me empeñe en darles la razón, que sospecho que ocurrirá, la cosa ya importará más bien poco. Nadie podrá decirme aquello de: ¡ves como teníamos razón!

Haría oídos sordos.

viernes, 3 de noviembre de 2006

Aún

no olvides la suerte que has tenido.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

Todos los santos

Cruzando el tiempo y el espacio.