Sentiste alguna vez, lo que es
tener el corazón roto.
Crímenes perfectos - Andrés Calamaro
Estamos gobernados por el error. Por una razón principal, todo alrededor tiende al fallo, tan lejos estamos de ser perfectos que casi nada de lo emprendido quedará bien, a lo más razonablemente bien que es un bien a medias, un bien pese a todo, pese a las circunstancias, al destino, al discurrir normal de las cosas. ¡Qué lejos de la la ingenuidad de cuando éramos niños! Entonces pensábamos que todo podía estar bajo control, y que intentar hacer las cosas bien iba a significar que saldrían efectivamente bien. Y que habría justicia porque la justicia era posible. También que dos y dos son cuatro y quizá esta sea, la matemática elemental, una de las pocas razones ciertas de la existencia, precisamente porque para el cálculo no hace falta razón, ni lógica, ni que yo me lo crea. Los demás designios se dan solamente algunos días más y otros menos, para algunos, fruto del azar y la providencia, o de un dios que nos dejó desvalidos hace demasiado. O por mejor decir solos en nuestra condición humana, tan mediana en su medianía y próxima al cataclismo.
Diría que el avión de Spanair fue reparado una hora antes de la catástrofe, pero no lo digo porque en realidad no hubo tal reparación, simplemente se desactivó la alerta en el panel de instrumentos para que no inquietara al piloto por más tiempo. Le quitaron la corriente eléctrica que lo alimentaba y le dieron vía libre para volar. Es lo que ponía en el manual. Con ese defecto se puede volar hasta diez días sin exponerse a sanción. No me digas que si esa alerta que informa de la temperatura exterior no tendrá su importancia ahí arriba, cuando a 900 metros de altitud el avión cruza el cielo a 50 grados bajo cero. Pero dicen que en verano aquello no es tan importante. Que el manual permite volar con eso estropeado.
Ahora también se descubre que tres días antes el sistema de reversa del motor derecho fue desactivado. Es decir, los aviones utilizan en su aterrizaje tres elementos que detendrán el vehículo tras una desaceleración desde 300 km/hora. Uno, la reversa, que significa poner las turbinas del motor a expulsar el aire por delante en vez de por detrás, o sea contra el sentido de la marcha. Dos, los alerones que se levantan para dar mayor resistencia al viento, y tres el freno en las ruedas. Es decir, uno de los tres componentes estaba descompensado porque funcionaba el de un lado y el del otro no. Dicen ahora que eso da igual, que se puede volar con ello estropeado como también se podría haber volado con uno de los dos motores averiado o incendiado, que los aviones están preparados de sobra para todo ello. Aunque me cueste creer que lanzarían a la pista un avión que echara llamas por el motor ya desde antes de despegar. Sin embargo lo pone en sus manuales y lo ejercitan en simuladores cada dos por tres para practicar. Esas cosa pasan y no han de suponer el derribo del avión, por si solas no. Si acaso como una suma de fatalidades. Además añaden que, si acaso ese elemento afectaría al aterrizaje, siempre y cuando la pista de destino no sea suficientemente larga, siéndolo supongo que el fallo se compensa con recorrer más metros para lograr detener el aparato. Sin embargo resulta que el motor del avión lo han encontrado con la reversa que tenía averiada funcionando a pleno rendimiento, lo que no deja de ser llamativo pues es en teoría solamente funciona en tierra y no despegando. Así que hay dos opciones plausibles, o bien aquello saltó porque sí y arruinó el despegue, pues su puesta en marcha explicaría que el avión se fuera hacia su derecha o bien la pulsó el piloto intentando abortar un despegue que en ese instante era forzoso. También pudiera ser que se hubiera activado del golpe contra el suelo, aunque esto sea muy poco probable, no tanto que se hubiera desprendido, pero sí que se hubiera activado. En conclusión, de nuevo el avión se ponía en el aire con otro componente averiado, pero no como para que se vieran en la obligación de repararlo o cambiar el avión. El manual manda.
Hemos conocido también que hace unas semanas el mismo avión "Sunbreeze" tuvo otro problema despegando en el extranjero, que el piloto decidió abortar también en primer término el despegue. Y al final será verdad que volver al aparcamiento desde la pista es lo más normal del mundo.
Pero tras lo vivido uno saca la conclusión de que no se hizo nada, se dio aire al asunto y el avión fue lanzado a la pista siguiendo el manual que dice que un avión se puede enviar con su carga de personas y maletas al aire aunque le fallen unos cuantos dispositivos. Luego el avión se cayó y 154 personas murieron. Algunas personas denuncian que hay aviones volando en muy malas condiciones, con compartimentos cerrados con cinta adhesiva y silicona, mientras los que deben darse cuenta no se enteran o hacen como que no pasa nada. Casi nunca pasa.
Ese es quizá el mayor consuelo y a la vez el mayor temor. Ya se dio antes, cuando aquel asesino mató a aquella niña, que los tribunales aparecían atestados de papeles e incapaces de dar salida a tantos casos, con una justicia retratada como un proceso lento y sin control. Entonces una magistrada miraba a la cámara y decía que lo raro es que estos casos no se den más a menudo. Que para quien conoce en profundidad el estado de las cosas no es de extrañar que estemos siempre al borde del desastre. No será raro que lo que hoy nos hace llevarnos las manos a la cabeza se repita.
Ahora, tras los arduos trabajos para identificar a las victimas se ha dado el caso equivocar los féretros en el momento de la entrega, así que dos familias han incinerado los restos de una persona que nunca conocieron. Cada familia incineró los restos del pasajero de la otra familia.
Una equivocación más en la suma. La de los errores evitables e inevitables que componen nuestras vidas.
jueves, 28 de agosto de 2008
lunes, 25 de agosto de 2008
El temor
Ya puede caernos encima un diluvio de estrellas.
Slowly - Luis Eduardo Aute
Aquí estoy a punto de comprar el billete de avión, ida y vuelta a Madrid para el fin de semana del 5 de septiembre, aprovechando que el 8 es el día de Asturias. Y ya sé que no es un buen momento para comprar billetes de avión, por lo que todos sabéis. El precio del carburante se ha disparado y todo eso. Y también porque se cayó a medio despegar el vuelo de Spanair, y después han cancelado 6 vuelos más como si fuera lo más natural del mundo. Se dirigen desde Barcelona hacia Lanzarote y paran en Málaga como si tal cosa, para reparar algunos detalles del avión, que impiden, al parecer, que prosiga camino normalmente hacia su destino. La compañía lo presenta como el pan nuestro de cada día, lo más normal del mundo. Debe ser que antes no nos enterábamos y ahora sí. De forma que a los inquietos pasajeros les da un abanico de soluciones, devolverles el importe del billete, alojarlos en un hotel hasta arreglar de estas niñerías el avión defectuoso o traer de algún hangar otro de la misma marca y sin taras, o en su defecto intentar colocarlos en los aviones de la competencia (que se estropean menos o lo hacen más discretamente), y también para aquellos que se rinden al pavor de intentar volar de nuevo la posibilidad de proseguir trayecto en cómodos autocares al mando de prudentes conductores, que nunca chocarían con nada a exceptuar si acaso, el tubo hueco que conforma el andén en la estación de destino.
Aunque por lo que se lee en la prensa no parece un problema de Spanair en exclusiva. Las cancelaciones por motivos técnicos se están dando a pares, y crece la sospecha de que en realidad estén aterrados ante la posibilidad de que lo que antes daban por bueno no sea suficiente para mantener los aviones en el aire. Y que tras la muerte de tantos hay un aviso para los que quedan, para que la catástrofe nunca más se repita.
Yo siempre he sido contrario a echar culpas hacia todas partes por ver a quien alcanzo, que mis enemigos siempre han estado muy localizados, mis fobias son un mapa con las fronteras bien delimitadas, sin embargo ahora va y resulta que echar la culpa de todo al gobierno no va a ser tan descabellado. Así se colige de la noticia que dan sobre un inspector de vuelo expedientado muchas veces y vuelto a readmitir en su puesto de trabajo forzosamente y debido a las sentencias de los tribunales, muy a su favor, así que alguna razón tendrá. El hombre llegó a denunciar a la ministra de Fomento porque no sancionaba a las poderosas compañías aéreas y ponía trabas a las inspecciones.
De manera que al final el gobierno tiene la culpa de que los aviones ahora no parezcan seguros. Que parezca que uno se pone en riesgo cierto al coger uno. Tiene culpa de que se haya rebajado el nivel de rigor y exigencia en la puesta a punto de los aviones. Y esto no sería malo si no tuviera consecuencias nunca. ¿Tiene la culpa acaso de que 154 personas hayan muerto a estas horas? Entre ellos varios niños.
Los intereses económicos y los chapuzas gobiernan el mundo.
Slowly - Luis Eduardo Aute
Aquí estoy a punto de comprar el billete de avión, ida y vuelta a Madrid para el fin de semana del 5 de septiembre, aprovechando que el 8 es el día de Asturias. Y ya sé que no es un buen momento para comprar billetes de avión, por lo que todos sabéis. El precio del carburante se ha disparado y todo eso. Y también porque se cayó a medio despegar el vuelo de Spanair, y después han cancelado 6 vuelos más como si fuera lo más natural del mundo. Se dirigen desde Barcelona hacia Lanzarote y paran en Málaga como si tal cosa, para reparar algunos detalles del avión, que impiden, al parecer, que prosiga camino normalmente hacia su destino. La compañía lo presenta como el pan nuestro de cada día, lo más normal del mundo. Debe ser que antes no nos enterábamos y ahora sí. De forma que a los inquietos pasajeros les da un abanico de soluciones, devolverles el importe del billete, alojarlos en un hotel hasta arreglar de estas niñerías el avión defectuoso o traer de algún hangar otro de la misma marca y sin taras, o en su defecto intentar colocarlos en los aviones de la competencia (que se estropean menos o lo hacen más discretamente), y también para aquellos que se rinden al pavor de intentar volar de nuevo la posibilidad de proseguir trayecto en cómodos autocares al mando de prudentes conductores, que nunca chocarían con nada a exceptuar si acaso, el tubo hueco que conforma el andén en la estación de destino.
Aunque por lo que se lee en la prensa no parece un problema de Spanair en exclusiva. Las cancelaciones por motivos técnicos se están dando a pares, y crece la sospecha de que en realidad estén aterrados ante la posibilidad de que lo que antes daban por bueno no sea suficiente para mantener los aviones en el aire. Y que tras la muerte de tantos hay un aviso para los que quedan, para que la catástrofe nunca más se repita.
Yo siempre he sido contrario a echar culpas hacia todas partes por ver a quien alcanzo, que mis enemigos siempre han estado muy localizados, mis fobias son un mapa con las fronteras bien delimitadas, sin embargo ahora va y resulta que echar la culpa de todo al gobierno no va a ser tan descabellado. Así se colige de la noticia que dan sobre un inspector de vuelo expedientado muchas veces y vuelto a readmitir en su puesto de trabajo forzosamente y debido a las sentencias de los tribunales, muy a su favor, así que alguna razón tendrá. El hombre llegó a denunciar a la ministra de Fomento porque no sancionaba a las poderosas compañías aéreas y ponía trabas a las inspecciones.
De manera que al final el gobierno tiene la culpa de que los aviones ahora no parezcan seguros. Que parezca que uno se pone en riesgo cierto al coger uno. Tiene culpa de que se haya rebajado el nivel de rigor y exigencia en la puesta a punto de los aviones. Y esto no sería malo si no tuviera consecuencias nunca. ¿Tiene la culpa acaso de que 154 personas hayan muerto a estas horas? Entre ellos varios niños.
Los intereses económicos y los chapuzas gobiernan el mundo.
sábado, 23 de agosto de 2008
jueves, 21 de agosto de 2008
El avión
Mentira comanda.
Mentira - Manu Chao
Llevo dos días repitiendo interiormente una letanía corta e insistente: Vaya putada.
Se me llena la boca y me siento vacío. Hace un mes era yo el que hacía escala en Madrid camino de Valencia para cenar en el McDonalds de la T4. Normalmente cojo los vuelos sin prestar atención al resto del pasaje, sin embargo me acuerdo del chaval que nos tocó al lado en la vuelta desde Estambul, que comió el menú sin dejarse una pizca. Y el horrible accidente de Barajas me ha dejado el poso de lo fugaz de la vida, y del sin sentido de vivir para morir tan caprichosamente.
¿Acaso no pude ser yo? ¿Por qué no ibas a ser tú?
Entonces reparo en esa colombiana que salvó la vida milagrosamente porque salió disparada del asiento 9b hacia el lecho de un río, y pienso que suelo ocupar esas filas yo también, aunque suelo preferir ventana para ver la velocidad hasta el despegue y el paisaje desde arriba. Pero no tengo noticias de supervivientes que escogieran ventana, ha habido tan pocos. Si sé que el despegue siempre lo di por hecho, como si no tuviera ninguna dificultad, siempre pensé que alcanzada determinada velocidad aquello ascendería sin esfuerzo. Todo lo contrario que con los aterrizajes, ¿cómo detener una máquina tan grande sobre unas ruedas tan pequeñas cuando unos minutos antes cruzaba el aire a 900 kilómetros por hora? ¿como hacerlo sin que ruede por la pista destrozando las alas desnivelada?
Ahora sé que la mayor parte de los accidentes se dan en el despegue, y que como presentía el chaleco salvavidas y las instrucciones de seguridad al abordaje no servirán para nada.
Tengo el miedo íntimo de sentir que a aquella gente a la que se les anunció la posibilidad de un cambio de avión no se les concedió por no hacer demasiado tarde cuando se está yendo ya con retraso. Y no digo que nadie presintiera que los ponía en riesgo al lanzarlos al aire en aquel vehículo, solo pensando que ya se había perdido demasiado tiempo valioso. Como lo es siempre cuando hablamos de horarios de vuelo y de carburantes. Y tengo el temor de que la gente encargada de la seguridad haya descuidado la forma de hacer su trabajo. De que miren hacia el avión charlando de otras cosas, sin la atención suficiente. De esa manera despreocupada en lo fundamental y en lo accesorio con lo que caminan tantos por la vida.
Hoy en la oficina comentábamos la posibilidad de vernos en otra igual. Que cuando vamos a salir a pista, esperando turno por la torre de control, nos desvíen al hangar para una reparación de emergencia. Nos imaginábamos dentro mientras reparan y luego cuando dan el visto bueno y nos vuelven a sacar hacia la pista de despegue. ¿Alguien se atreverá a decir que no se fía y que quiere bajarse? ¿Te imaginas quitándote el cinturón de seguridad y remontando el pasillo para decir que traigan la camioneta de la escalera porque tu te bajas? ¿Verás las caras de incredulidad del resto del pasaje? Un hombre ayer puso un mensaje a su familia diciendo que no le habían dejado abandonar el avión. Que le dijeron que se sentara. ¿Era un loco? ¿Cómo actuar la próxima vez? ¿Bajando aún riesgo de saber que tu vuelo llego sin novedad 90 minutos más tarde y que tu te quedaste buscando a cuanto comprar un billete nuevo? O creerás como creemos siempre que no hay problema. Que si había un problema desapareció. Lo resolvieron porque son profesionales perfectamente preparados.
¿O es que nadie está realmente preparado para nada?
Dicen que se tardará un año en saber las causas. Es demasiado difícil para ellos llegar a una conclusión. Las cajas negras, el papeleo, los peritos. Son así, no pudieron ser mejor de lo que son, es todo lo que hay.
Recuerdo mirar hacia atrás en el avión y verlo atestado de gente. Nadie lo piensa. Pero podríamos morir todos.
Estamos vivos y nos miramos. Yo hacia atrás por encima del asiento, tu mis ojos delante a muchas filas de distancia. Dos desconocidos...
... dos muertos iguales.
Mentira - Manu Chao
Llevo dos días repitiendo interiormente una letanía corta e insistente: Vaya putada.
Se me llena la boca y me siento vacío. Hace un mes era yo el que hacía escala en Madrid camino de Valencia para cenar en el McDonalds de la T4. Normalmente cojo los vuelos sin prestar atención al resto del pasaje, sin embargo me acuerdo del chaval que nos tocó al lado en la vuelta desde Estambul, que comió el menú sin dejarse una pizca. Y el horrible accidente de Barajas me ha dejado el poso de lo fugaz de la vida, y del sin sentido de vivir para morir tan caprichosamente.
¿Acaso no pude ser yo? ¿Por qué no ibas a ser tú?
Entonces reparo en esa colombiana que salvó la vida milagrosamente porque salió disparada del asiento 9b hacia el lecho de un río, y pienso que suelo ocupar esas filas yo también, aunque suelo preferir ventana para ver la velocidad hasta el despegue y el paisaje desde arriba. Pero no tengo noticias de supervivientes que escogieran ventana, ha habido tan pocos. Si sé que el despegue siempre lo di por hecho, como si no tuviera ninguna dificultad, siempre pensé que alcanzada determinada velocidad aquello ascendería sin esfuerzo. Todo lo contrario que con los aterrizajes, ¿cómo detener una máquina tan grande sobre unas ruedas tan pequeñas cuando unos minutos antes cruzaba el aire a 900 kilómetros por hora? ¿como hacerlo sin que ruede por la pista destrozando las alas desnivelada?
Ahora sé que la mayor parte de los accidentes se dan en el despegue, y que como presentía el chaleco salvavidas y las instrucciones de seguridad al abordaje no servirán para nada.
Tengo el miedo íntimo de sentir que a aquella gente a la que se les anunció la posibilidad de un cambio de avión no se les concedió por no hacer demasiado tarde cuando se está yendo ya con retraso. Y no digo que nadie presintiera que los ponía en riesgo al lanzarlos al aire en aquel vehículo, solo pensando que ya se había perdido demasiado tiempo valioso. Como lo es siempre cuando hablamos de horarios de vuelo y de carburantes. Y tengo el temor de que la gente encargada de la seguridad haya descuidado la forma de hacer su trabajo. De que miren hacia el avión charlando de otras cosas, sin la atención suficiente. De esa manera despreocupada en lo fundamental y en lo accesorio con lo que caminan tantos por la vida.
Hoy en la oficina comentábamos la posibilidad de vernos en otra igual. Que cuando vamos a salir a pista, esperando turno por la torre de control, nos desvíen al hangar para una reparación de emergencia. Nos imaginábamos dentro mientras reparan y luego cuando dan el visto bueno y nos vuelven a sacar hacia la pista de despegue. ¿Alguien se atreverá a decir que no se fía y que quiere bajarse? ¿Te imaginas quitándote el cinturón de seguridad y remontando el pasillo para decir que traigan la camioneta de la escalera porque tu te bajas? ¿Verás las caras de incredulidad del resto del pasaje? Un hombre ayer puso un mensaje a su familia diciendo que no le habían dejado abandonar el avión. Que le dijeron que se sentara. ¿Era un loco? ¿Cómo actuar la próxima vez? ¿Bajando aún riesgo de saber que tu vuelo llego sin novedad 90 minutos más tarde y que tu te quedaste buscando a cuanto comprar un billete nuevo? O creerás como creemos siempre que no hay problema. Que si había un problema desapareció. Lo resolvieron porque son profesionales perfectamente preparados.
¿O es que nadie está realmente preparado para nada?
Dicen que se tardará un año en saber las causas. Es demasiado difícil para ellos llegar a una conclusión. Las cajas negras, el papeleo, los peritos. Son así, no pudieron ser mejor de lo que son, es todo lo que hay.
Recuerdo mirar hacia atrás en el avión y verlo atestado de gente. Nadie lo piensa. Pero podríamos morir todos.
Estamos vivos y nos miramos. Yo hacia atrás por encima del asiento, tu mis ojos delante a muchas filas de distancia. Dos desconocidos...
... dos muertos iguales.
martes, 19 de agosto de 2008
Soledad
Yo te encuentro solita por la calle.
Djobi Djoba - The Gipsy Kings
Una tarde en el mercadillo callejero de Pobla de Farnals me alejé tres metros de Sestea, que se había quedado mirando hacia un escenario que era apenas un tablón de madera a ras de suelo. La observé como si yo no estuviera. Como si ya no existiera allí. Como si ya hubiera regresado. Cambiando ese día por uno cualquiera de tantísimos por llegar. La vi de espaldas, con un vestidito amarillo y me pareció tan sola y desamparada. Anticipé un viaje cualquiera en que repitiera ese mercadillo ya sin que yo la acompañara y su soledad me rompió el corazón.
Le dije que por un momento la vi como si yo ya no estuviera y nos abrazamos emocionados. Ambos, disimulando entre la gente con la tristeza reptando por el alma.
Y yo no sé si la tristeza nace de saberla sola, si es por ella o por presentir mi propia soledad. Que se ha hecho a mi vida como un guante a una mano.
No sé si esas lágrimas fueron por ella, ternura sin tener donde asirse, por mí, uno tan solo, o por los dos.
Condenados a esperarnos.
Djobi Djoba - The Gipsy Kings
Una tarde en el mercadillo callejero de Pobla de Farnals me alejé tres metros de Sestea, que se había quedado mirando hacia un escenario que era apenas un tablón de madera a ras de suelo. La observé como si yo no estuviera. Como si ya no existiera allí. Como si ya hubiera regresado. Cambiando ese día por uno cualquiera de tantísimos por llegar. La vi de espaldas, con un vestidito amarillo y me pareció tan sola y desamparada. Anticipé un viaje cualquiera en que repitiera ese mercadillo ya sin que yo la acompañara y su soledad me rompió el corazón.
Le dije que por un momento la vi como si yo ya no estuviera y nos abrazamos emocionados. Ambos, disimulando entre la gente con la tristeza reptando por el alma.
Y yo no sé si la tristeza nace de saberla sola, si es por ella o por presentir mi propia soledad. Que se ha hecho a mi vida como un guante a una mano.
No sé si esas lágrimas fueron por ella, ternura sin tener donde asirse, por mí, uno tan solo, o por los dos.
Condenados a esperarnos.
lunes, 18 de agosto de 2008
El frigo y el jamón
Como lo pienso voy.
Soy - The Gipsy Kings
El tetra brik de zumo de mandarina natural se ha quedado congelado. Tenía un frigorífico lleno de hielo y ha sido descongelarlo y parece que lo hubiera comprado nuevo. Conste que el congelador estuviera lleno de escarcha era toda una ventaja, pues Sestea me rompió la puerta del congelador una Nochevieja que tuvimos visita y nos quedamos sin hielo pa los cubatas. Así que como es mu mañosa, estuvo golpeando con un cuchillo hacia todas partes y se cargó un alambre de sujeción y la puerta del congelador, se cae por su propio peso. Hasta que se hace hielo y es el propio hielo el que actúa de refuerzo pa la puerta. Aunque eso era antes, desde que lo he descongelado parece un frigo del último modelo, de tanto frío que da, y eso que es del año de mari-castaña. Que pa mirar dentro hay que encender la luz de la cocina, no tiene ninguna bombilla, aunque pa lo que hay que mirar. Ahora la puerta tampoco es problema, porque he logrado encajarla de tal modo que ya no se cae al abrir la del frigorífico. He conseguido anular la fuerza de atracción del movimiento repentino, la de vidas que se podrían salvar si lo trasladamos a los aledaños del metro y el tren, que no son pocos los absorbidos contra su voluntad por la fuerza de paso de la máquina que actúa del mismo modo que una puerta de frigorífico abierta de golpe.
Estoy pensando en comprarme un jamón, no sé si lo he mencionado ya. Le pregunté a mi madre si había algún truco pa elegir la pata, que no sé si los jamones son como los melones, pero sí vislumbro que un melón te puede salir malo y no sé pierde nada, además un melón si está frío puede tener un pase, pero si lo malo es el jamón me dirás que menudo negocio. Aunque, todo sea dicho de paso, el jamón que yo compraría no es ibérico de bellota precisamente.
Mi madre en vez de decirme trucos me ha dicho que no lo compre directamente, le parece que haría mejor si me lo compro ya cortado como vengo haciendo. ¡Si lo que yo quiero es cortarlo! ¡Que siendo así hasta parece que lo hubiera cazado! Dice que se me va a poner duro, que es tirar el dinero, no sabe que ya me han contado trucos para conservarlo, a saber: ponerle el trozo de jamón que se le quita al abrirlo como si fuera un gorrete, o se le puede poner un paño, es lo que se ha hecho en mi casa toda la vida, o como dice un compañero se le puede untar manteca de cerdo y conserva en tan buen estado como si siguiera pegado al cerdo y aún se dedicara a patear los montes el muy afortunado, o a dar pequeños pasos en la porqueriza el menos, como aquellos que hacen vida de reclusión en los distintos guantánamos donde los crían para matanza. ¡Cuánto hay que no conocemos! Mejor no preguntes.
A veces me pregunto acerca del sino de mi vida. Llegué ya a la conclusión de que me ocurren cosas que no me parecen del todo normales, y espero que esto no se entienda como que me doy importancia. Al contrario.
Salí el otro día de casa para ir a tomar un café temprano por la mañana. Este fin de semana largo fue. Vestía camiseta corta, pantalón corto y chanclas, de estas que metes el hilo entre el dedo gordo y su vecino en el pie. Hay que ver, como me molestaban y como me he acostumbrado de bien. Tan solo he necesitado unos cuantos días y ya no son ninguna molestia. Los dedos se han adaptado perfectamente. Según estoy bajando las escaleras, vivo en un primero no soy ningún héroe, reparo en que no he cogido un paquete de kleenex, que suelo llevar. Entonces pienso que no estoy constipado, que cuento con que seré capaz de beberme el café sin arrojármelo encima y termino de bajar sin volver atrás.
En esas que según salgo por el portal piso un charquito minúsculo y la chancla hace de catapulta con el agua y me va directa a la mano que acompaña elegantemente mi paso. Al notar la salpicadura y mirarla veo unos puntos de agua negros como el carbón. Y entonces me vuelvo a acordar del kleenex. Y me digo que soy así. Siempre a punto del arrepentimiento.
Y me vuelvo para arriba.
Total, no hay prisa para nada.
Soy - The Gipsy Kings
El tetra brik de zumo de mandarina natural se ha quedado congelado. Tenía un frigorífico lleno de hielo y ha sido descongelarlo y parece que lo hubiera comprado nuevo. Conste que el congelador estuviera lleno de escarcha era toda una ventaja, pues Sestea me rompió la puerta del congelador una Nochevieja que tuvimos visita y nos quedamos sin hielo pa los cubatas. Así que como es mu mañosa, estuvo golpeando con un cuchillo hacia todas partes y se cargó un alambre de sujeción y la puerta del congelador, se cae por su propio peso. Hasta que se hace hielo y es el propio hielo el que actúa de refuerzo pa la puerta. Aunque eso era antes, desde que lo he descongelado parece un frigo del último modelo, de tanto frío que da, y eso que es del año de mari-castaña. Que pa mirar dentro hay que encender la luz de la cocina, no tiene ninguna bombilla, aunque pa lo que hay que mirar. Ahora la puerta tampoco es problema, porque he logrado encajarla de tal modo que ya no se cae al abrir la del frigorífico. He conseguido anular la fuerza de atracción del movimiento repentino, la de vidas que se podrían salvar si lo trasladamos a los aledaños del metro y el tren, que no son pocos los absorbidos contra su voluntad por la fuerza de paso de la máquina que actúa del mismo modo que una puerta de frigorífico abierta de golpe.
Estoy pensando en comprarme un jamón, no sé si lo he mencionado ya. Le pregunté a mi madre si había algún truco pa elegir la pata, que no sé si los jamones son como los melones, pero sí vislumbro que un melón te puede salir malo y no sé pierde nada, además un melón si está frío puede tener un pase, pero si lo malo es el jamón me dirás que menudo negocio. Aunque, todo sea dicho de paso, el jamón que yo compraría no es ibérico de bellota precisamente.
Mi madre en vez de decirme trucos me ha dicho que no lo compre directamente, le parece que haría mejor si me lo compro ya cortado como vengo haciendo. ¡Si lo que yo quiero es cortarlo! ¡Que siendo así hasta parece que lo hubiera cazado! Dice que se me va a poner duro, que es tirar el dinero, no sabe que ya me han contado trucos para conservarlo, a saber: ponerle el trozo de jamón que se le quita al abrirlo como si fuera un gorrete, o se le puede poner un paño, es lo que se ha hecho en mi casa toda la vida, o como dice un compañero se le puede untar manteca de cerdo y conserva en tan buen estado como si siguiera pegado al cerdo y aún se dedicara a patear los montes el muy afortunado, o a dar pequeños pasos en la porqueriza el menos, como aquellos que hacen vida de reclusión en los distintos guantánamos donde los crían para matanza. ¡Cuánto hay que no conocemos! Mejor no preguntes.
A veces me pregunto acerca del sino de mi vida. Llegué ya a la conclusión de que me ocurren cosas que no me parecen del todo normales, y espero que esto no se entienda como que me doy importancia. Al contrario.
Salí el otro día de casa para ir a tomar un café temprano por la mañana. Este fin de semana largo fue. Vestía camiseta corta, pantalón corto y chanclas, de estas que metes el hilo entre el dedo gordo y su vecino en el pie. Hay que ver, como me molestaban y como me he acostumbrado de bien. Tan solo he necesitado unos cuantos días y ya no son ninguna molestia. Los dedos se han adaptado perfectamente. Según estoy bajando las escaleras, vivo en un primero no soy ningún héroe, reparo en que no he cogido un paquete de kleenex, que suelo llevar. Entonces pienso que no estoy constipado, que cuento con que seré capaz de beberme el café sin arrojármelo encima y termino de bajar sin volver atrás.
En esas que según salgo por el portal piso un charquito minúsculo y la chancla hace de catapulta con el agua y me va directa a la mano que acompaña elegantemente mi paso. Al notar la salpicadura y mirarla veo unos puntos de agua negros como el carbón. Y entonces me vuelvo a acordar del kleenex. Y me digo que soy así. Siempre a punto del arrepentimiento.
Y me vuelvo para arriba.
Total, no hay prisa para nada.
sábado, 16 de agosto de 2008
El repaso
¿Y qué pasa si son ellos?
¿Dónde están los ladrones? - Shakira
Nuestro equipo de baloncesto ha perdido con Estados Unidos por 37 puntos. A nadie le han metido un repaso de semejante importancia. Cualquiera que siguiera el nivel de nuestro basket en las Olimpiadas se lo podía imaginar. Aquel equipo perfectamente engrasado en el Mundial, que siempre tenía claro lo que debía hacer, se ha convertido en un puñado de albañiles, mientras uno trabaja los otros miran. Y sobre ellos el capataz, Aíto García Reneses que a falta de soluciones hace rotaciones, supongo que para que el espectador no odie a uno solo en exclusiva y tenga razones para odiarlos uno a uno por turnos, pues siempre parece que el que sale de nuevas es aún más patán que el que abandona el campo.
Hay dos jugadores sin embargo que son mis preferidos, a saber: Juan Carlos Navarro, que es un paquete al que alguien convenció de ser un fuera de serie con sus "bombas" y que es de los de esforzarse muy poco en defensa por estar fresco para lanzar a canasta todo lo que le llegue a las manos. Que no es hombre de gran fondo físico y debe esforzarse solo para aquello que valga la pena. Su juego es más de estrella que el de todos los NBA juntos. Dámela y resuelvo y tú te ocupas de los pormenores. Conservando además tiene la virtud de aquellos yugoslavos que metían todo lo que tiraban, es decir él sigue tirando, aunque las falle todas. Tiene razón, lo importante no es si subirá o no al marcador, sino su bella estampa elevándose en el aire, no importa si de tres o entrando a canasta. Con cada tiro una nueva ocasión de foto para el albúm de cromos.
El muchacho llega ahora de su aventura americana y tiene la cara de perdedor, como el que se despierta de un sueño para darse cuenta de que no es tan bueno como le decía su madre, aunque ella le vaya a querer igual si entran que si no. Sin embargo contra Estados Unidos se quiere reivindicar, porque no cabe en mente humana que regrese de la liga americana y quede alguien pensando que no era suficientemente bueno para jugar allí, quizá la liga fue lo que falló y no él. O acaso sus compañeros que no le pasaban el balón, se quejaba. Será porque prefieren meterla.
El otro es el hermanísimo Gasol, que juega a cámara lenta porque es un fondón discreto. Sin embargo es otro que nos quieren vender como un estupendo jugador. Será que los técnicos y entendidos de baloncesto no cuentan con que sigamos ningún partido. Como en los países en que los medios de comunicación viven secuestrados, y no es lo que pasa sino lo que se cuenta de lo que pasa. O tal vez tienen razón y es mala suerte de que al hermanísimo no le coja un partido bueno, aunque en todos parezca lento y marrullero.
Aunque puede ser que la culpa no sea de ninguno de estos dos, y el problema sea mío, que no tolero bien ver a los jugadores con calzado de color negro. Quizá porque en mis tiempos de Navarro yo lo llevaba del mismo color y el subconsciente me lanza advertencias en forma de recordatorio, una por cada canasta que fallé en mi vida, que fueron más que las que entraron.
Por otro lado no sé qué moda es esta que ha querido instaurar Pau Gasol de ir por la vida con pinta de mendigo. Con esa pinta enfermo y esa barba descuidada que paradójicamente seguro que cuida mucho. Supongo que es para dar una impresión de poderío y dureza mayor bajo los aros, ya que es abiertamente criticado por blando. En el centro de la zona y de espirítu.
Lo que ocurre es que Pau Gasol en verdad no es un líder, es simplemente el más alto del equipo. Y no le ha seguido en la moda más que su hermano, por razones sentimentales y quizá porque es el ejemplo en el que se mira.
Pero no deja de dar mala impresión verlos jugar juntos, con esa pinta de trogloditas escapados de la caverna. Que no seremos los mejores, pero tampoco parecemos los más limpios, y no me refiero en el juego, sino en la más básica higiene personal.
Dice Romay que nuestro seleccionador se guarda un as en la manga, quizá es que vamos convocar a Superman, porque sin él pensar en el oro es una quimera. Aunque visto lo visto puede que no lleguemos ni siquiera a disputarlo.
Hoy Estados Unidos nos ha pasado por encima, y no digo yo que estos americanos de músculos hinchados no vayan a dar todos positivo en los controles, si es que los pasan, que puede que estén exentos, pero es que nos espera Croacia, que es un país tradicionalmente talentoso y de mano caliente, y jugando al nivel que rayamos en el campeonato ganaremos si acaso por los pelos.
Vivimos un mundo de ciclos me temo, unos más afortunados van hacia arriba y otros van hacia abajo. Decíamos que la selección de fútbol debía aprender de la de baloncesto, y ahora... éstos deben intentar parecerse a lo que fueron.
Con eso nos contentaríamos.
¿Dónde están los ladrones? - Shakira
Nuestro equipo de baloncesto ha perdido con Estados Unidos por 37 puntos. A nadie le han metido un repaso de semejante importancia. Cualquiera que siguiera el nivel de nuestro basket en las Olimpiadas se lo podía imaginar. Aquel equipo perfectamente engrasado en el Mundial, que siempre tenía claro lo que debía hacer, se ha convertido en un puñado de albañiles, mientras uno trabaja los otros miran. Y sobre ellos el capataz, Aíto García Reneses que a falta de soluciones hace rotaciones, supongo que para que el espectador no odie a uno solo en exclusiva y tenga razones para odiarlos uno a uno por turnos, pues siempre parece que el que sale de nuevas es aún más patán que el que abandona el campo.
Hay dos jugadores sin embargo que son mis preferidos, a saber: Juan Carlos Navarro, que es un paquete al que alguien convenció de ser un fuera de serie con sus "bombas" y que es de los de esforzarse muy poco en defensa por estar fresco para lanzar a canasta todo lo que le llegue a las manos. Que no es hombre de gran fondo físico y debe esforzarse solo para aquello que valga la pena. Su juego es más de estrella que el de todos los NBA juntos. Dámela y resuelvo y tú te ocupas de los pormenores. Conservando además tiene la virtud de aquellos yugoslavos que metían todo lo que tiraban, es decir él sigue tirando, aunque las falle todas. Tiene razón, lo importante no es si subirá o no al marcador, sino su bella estampa elevándose en el aire, no importa si de tres o entrando a canasta. Con cada tiro una nueva ocasión de foto para el albúm de cromos.
El muchacho llega ahora de su aventura americana y tiene la cara de perdedor, como el que se despierta de un sueño para darse cuenta de que no es tan bueno como le decía su madre, aunque ella le vaya a querer igual si entran que si no. Sin embargo contra Estados Unidos se quiere reivindicar, porque no cabe en mente humana que regrese de la liga americana y quede alguien pensando que no era suficientemente bueno para jugar allí, quizá la liga fue lo que falló y no él. O acaso sus compañeros que no le pasaban el balón, se quejaba. Será porque prefieren meterla.
El otro es el hermanísimo Gasol, que juega a cámara lenta porque es un fondón discreto. Sin embargo es otro que nos quieren vender como un estupendo jugador. Será que los técnicos y entendidos de baloncesto no cuentan con que sigamos ningún partido. Como en los países en que los medios de comunicación viven secuestrados, y no es lo que pasa sino lo que se cuenta de lo que pasa. O tal vez tienen razón y es mala suerte de que al hermanísimo no le coja un partido bueno, aunque en todos parezca lento y marrullero.
Aunque puede ser que la culpa no sea de ninguno de estos dos, y el problema sea mío, que no tolero bien ver a los jugadores con calzado de color negro. Quizá porque en mis tiempos de Navarro yo lo llevaba del mismo color y el subconsciente me lanza advertencias en forma de recordatorio, una por cada canasta que fallé en mi vida, que fueron más que las que entraron.
Por otro lado no sé qué moda es esta que ha querido instaurar Pau Gasol de ir por la vida con pinta de mendigo. Con esa pinta enfermo y esa barba descuidada que paradójicamente seguro que cuida mucho. Supongo que es para dar una impresión de poderío y dureza mayor bajo los aros, ya que es abiertamente criticado por blando. En el centro de la zona y de espirítu.
Lo que ocurre es que Pau Gasol en verdad no es un líder, es simplemente el más alto del equipo. Y no le ha seguido en la moda más que su hermano, por razones sentimentales y quizá porque es el ejemplo en el que se mira.
Pero no deja de dar mala impresión verlos jugar juntos, con esa pinta de trogloditas escapados de la caverna. Que no seremos los mejores, pero tampoco parecemos los más limpios, y no me refiero en el juego, sino en la más básica higiene personal.
Dice Romay que nuestro seleccionador se guarda un as en la manga, quizá es que vamos convocar a Superman, porque sin él pensar en el oro es una quimera. Aunque visto lo visto puede que no lleguemos ni siquiera a disputarlo.
Hoy Estados Unidos nos ha pasado por encima, y no digo yo que estos americanos de músculos hinchados no vayan a dar todos positivo en los controles, si es que los pasan, que puede que estén exentos, pero es que nos espera Croacia, que es un país tradicionalmente talentoso y de mano caliente, y jugando al nivel que rayamos en el campeonato ganaremos si acaso por los pelos.
Vivimos un mundo de ciclos me temo, unos más afortunados van hacia arriba y otros van hacia abajo. Decíamos que la selección de fútbol debía aprender de la de baloncesto, y ahora... éstos deben intentar parecerse a lo que fueron.
Con eso nos contentaríamos.
El jamón y el libro
Conocer el delirio y el polvo.
Oleo de una mujer con sombrero - Silvio Rodríguez
Ahí está otra vez el tipo del acordeón. Va a estar mientras duren las fiestas.
Me he tomado el café y he estado leyendo el periódico. Me he asomado a la puerta del supermercado "El Árbol" pues estoy resuelto a comprar un jamón, se acabó comprarlo envasado si lo puedo cortar por mi mismo. Lo malo es que por mis indagaciones de estos días no lo venden con jamonero, ni con cuchillo adecuado por filo y tamaño. Esto último no es problema porque en una ferretería cercana ya tengo confirmado que los tienen, pero necesito el jamonero en defecto de alguien que me lo sujete, pues si ya es bastante difícil cortarlo sin rebanarse un dedo, más aún mantenerlo de pie al tiempo, y lo de colocarlo entre las piernas tiene un mayor riesgo, no vaya a herirme y ocurra que luego nadie me quiera.
Ayer me dormí pasadas las 2:30 de la madrugada, y la culpa fue de Ruíz Zafón y su libro "La sombra del Ángel". Un libro que es, a todas luces, peor que su novela "La sombra del viento". De hecho solamente hacia el final coge un poco de fuelle y engancha. Lo malo es que para mi gusto resulta algo artificioso, que es el defecto que encuentro a no haberlo entendido demasiado. Es decir traslado la carencia de mi intelecto a la falta de claridad del libro, que es remedio habitual entre las personas para los avatares de la vida. Hacer culpable de nuestros fallos a lo otro o a los otros. Se vive así tan bien...
No pretendo desmenuzar el libro ni dar información clave que descubra su trama restando interés a cualquiera con intención de leerlo y que ha llegado aquí por puro azar. De hecho si digo que alguien muere entre sus páginas no estoy diciendo nada grave. En casi todos los libros se da la muerte porque es razón que despierta la zona de las emociones y logra encender las alarmas del lector para que no olvide que esté en el medio de una vida con un punto final, como la de los personajes del libro con los que nos identificamos y que al morir sentimos como una herida.
Quizá por ello el escritor no debiera apelar a trucos tan sencillos. Y si la lectura es uno de los placeres de la vida debiera dejar de lado la muerte, respetando este tabú de los vivos que es no pensar en la muerte más que en los entierros y mientras bajan el cadáver a la tierra.
Si la lectura es entretenimiento y una historia es perpetuidad convertida en libro tendrían que intentar no citar a la muerte ni siquiera de pasada. Con personajes que viven eternos y ajenos a la idea de morir. Como la narrativa de un minuto de acordeón a la puerta de mi casa.
Oleo de una mujer con sombrero - Silvio Rodríguez
Ahí está otra vez el tipo del acordeón. Va a estar mientras duren las fiestas.
Me he tomado el café y he estado leyendo el periódico. Me he asomado a la puerta del supermercado "El Árbol" pues estoy resuelto a comprar un jamón, se acabó comprarlo envasado si lo puedo cortar por mi mismo. Lo malo es que por mis indagaciones de estos días no lo venden con jamonero, ni con cuchillo adecuado por filo y tamaño. Esto último no es problema porque en una ferretería cercana ya tengo confirmado que los tienen, pero necesito el jamonero en defecto de alguien que me lo sujete, pues si ya es bastante difícil cortarlo sin rebanarse un dedo, más aún mantenerlo de pie al tiempo, y lo de colocarlo entre las piernas tiene un mayor riesgo, no vaya a herirme y ocurra que luego nadie me quiera.
Ayer me dormí pasadas las 2:30 de la madrugada, y la culpa fue de Ruíz Zafón y su libro "La sombra del Ángel". Un libro que es, a todas luces, peor que su novela "La sombra del viento". De hecho solamente hacia el final coge un poco de fuelle y engancha. Lo malo es que para mi gusto resulta algo artificioso, que es el defecto que encuentro a no haberlo entendido demasiado. Es decir traslado la carencia de mi intelecto a la falta de claridad del libro, que es remedio habitual entre las personas para los avatares de la vida. Hacer culpable de nuestros fallos a lo otro o a los otros. Se vive así tan bien...
No pretendo desmenuzar el libro ni dar información clave que descubra su trama restando interés a cualquiera con intención de leerlo y que ha llegado aquí por puro azar. De hecho si digo que alguien muere entre sus páginas no estoy diciendo nada grave. En casi todos los libros se da la muerte porque es razón que despierta la zona de las emociones y logra encender las alarmas del lector para que no olvide que esté en el medio de una vida con un punto final, como la de los personajes del libro con los que nos identificamos y que al morir sentimos como una herida.
Quizá por ello el escritor no debiera apelar a trucos tan sencillos. Y si la lectura es uno de los placeres de la vida debiera dejar de lado la muerte, respetando este tabú de los vivos que es no pensar en la muerte más que en los entierros y mientras bajan el cadáver a la tierra.
Si la lectura es entretenimiento y una historia es perpetuidad convertida en libro tendrían que intentar no citar a la muerte ni siquiera de pasada. Con personajes que viven eternos y ajenos a la idea de morir. Como la narrativa de un minuto de acordeón a la puerta de mi casa.
viernes, 15 de agosto de 2008
Mundo loco
Tan lejos y tan cerca.
Otro mundo - Manu Chao
Estamos de semana grande. Lo sé sobretodo porque ha vuelto el músico con el acordeón para volverse a poner justo enfrente de mi casa. El mismo que contaba hace más o menos un año, en este mismo blog. Como entonces parece que tocara siempre la misma melodía, sin descanso durante horas. Lo sé porque llevo escuchándolo desde que remonté la calle al regresar del café donde estuve leyendo el Marca.
Alain Bernard ganó el oro y dijo que se había quitado una espinita por haberse sentido responsable de que en los 4 por 100 Francia perdiera la medalla. Según parece su entrenador hizo una gran labor psicológica para hacerle entender que cuando se pierde una medalla de oro en la que participan cuatro deportistas, éxito y fracaso, corresponden a todos ellos, que no es justo que cargue sobre sus espaldas con un fracaso tan rotundo.
Claro que no sé si sus compañeros estarán muy de acuerdo, si le dan el testigo con más de medio segundo de ventaja sobre el primer perseguidor, y confíados a su relevo por ser el plusmarquista mundial, para darse cuenta de que el chaval es muy capaz de echarlo todo a perder nadando como una tortuga mientras el americano le remonta una ventaja nunca vista entre atletas olímpicos, sin lesión sobrevenida.
Seguro que su oro actual en la especialidad les ha sentado a todos ellos muy bien, y que todos como él sienten que se han sacado una espinita, viéndolo ganar al fin.
Vivimos un mundo de locos. Con el tipo aquel casi matando al otro que le dice que pegar a una mujer está muy feo, y aquel que mata sin remedio porque le arañaron el coche nuevo al pasar. Dos locos menos en un mundo en que por lo que se ve los locos abundan, sin diagnosticar. El problema es que no estaban locos hasta que hicieron la locura.
Estamos en un riesgo cierto de cruzarnos con uno de estos. La mujer del primero dice que el maltratador es una bellísima persona, se le cruzaron los cables nada más. Y en verdad os digo que yo lo creo. El segundo debía tener en gran aprecio su flamante carrocería, así que cogió en las escaleras al dueño del otro coche y le estuvo golpeando la cabeza contra la piedra hasta matarlo. Otro al que se le cruzaron los cables, que seguro que sus amigos no salen de su asombro, porque era todo menos un asesino, con esa familia que le quiere y le comprende, tan bueno como era, hasta que se le cruzaron los cables.
Yo pido para mí que no me ocurra nunca. Que me sepa mantener siempre en esta calma hasta aburrida. Que no tenga días de furia como el protagonista de aquella película, harto de que su hamburguesa se pareciera tan poco a la que viene fotografiada en el póster.
Dos vendedores de kleenex en los semáforos de Sevilla han devuelto una cartera que contenía 2700 euros. Esperaron a que pasara un coche de la policía y la entregaron.
El dueño de la cartera les ha deseado mucha suerte y les ha dado un billete de 50 euros.
¡Cuánto dice lo uno y lo otro sobre ellos!
Solamente lamento que la prensa que se hace eco de la noticia no especifique el semáforo donde esta pareja hace su día a día. Porque estos jornaleros pobres pero honrados bien merecen que Sevilla entera los visite admirada.
Veía hace un tiempo una película de Woody Allen en que un hombre le contaba a su esposa que si el servicio les hurta es porque les toca ¿a quién sino a ellos lo hará? Después de todo se trataba de una persona menos afortunada que ellos.
Cuesta pensar en este mundo loco que alguien lo esté tanto como para viviendo en la necesidad más evidente sea capaz de vencer la tentación de quedarse algo ajeno pero gratis. Su acción casi es contraria a la sensatez. Y los que pensamos mal nos tememos que quizá ni siquiera miraron su interior. Así de mezquinos podemos llegar a ser. O prefirieron devolver el dinero y seguir trabajando por 10 euros diarios.
Nos dieron una lección a todos, el uno por encontrarlo y decidir devolverlo y el otro por no impedirlo.
Son nuestra esperanza de que hacer lo correcto valga más que el dinero.
Dos locos más. Sin diagnóstico y para nuestra suerte, libres.
Otro mundo - Manu Chao
Estamos de semana grande. Lo sé sobretodo porque ha vuelto el músico con el acordeón para volverse a poner justo enfrente de mi casa. El mismo que contaba hace más o menos un año, en este mismo blog. Como entonces parece que tocara siempre la misma melodía, sin descanso durante horas. Lo sé porque llevo escuchándolo desde que remonté la calle al regresar del café donde estuve leyendo el Marca.
Alain Bernard ganó el oro y dijo que se había quitado una espinita por haberse sentido responsable de que en los 4 por 100 Francia perdiera la medalla. Según parece su entrenador hizo una gran labor psicológica para hacerle entender que cuando se pierde una medalla de oro en la que participan cuatro deportistas, éxito y fracaso, corresponden a todos ellos, que no es justo que cargue sobre sus espaldas con un fracaso tan rotundo.
Claro que no sé si sus compañeros estarán muy de acuerdo, si le dan el testigo con más de medio segundo de ventaja sobre el primer perseguidor, y confíados a su relevo por ser el plusmarquista mundial, para darse cuenta de que el chaval es muy capaz de echarlo todo a perder nadando como una tortuga mientras el americano le remonta una ventaja nunca vista entre atletas olímpicos, sin lesión sobrevenida.
Seguro que su oro actual en la especialidad les ha sentado a todos ellos muy bien, y que todos como él sienten que se han sacado una espinita, viéndolo ganar al fin.
Vivimos un mundo de locos. Con el tipo aquel casi matando al otro que le dice que pegar a una mujer está muy feo, y aquel que mata sin remedio porque le arañaron el coche nuevo al pasar. Dos locos menos en un mundo en que por lo que se ve los locos abundan, sin diagnosticar. El problema es que no estaban locos hasta que hicieron la locura.
Estamos en un riesgo cierto de cruzarnos con uno de estos. La mujer del primero dice que el maltratador es una bellísima persona, se le cruzaron los cables nada más. Y en verdad os digo que yo lo creo. El segundo debía tener en gran aprecio su flamante carrocería, así que cogió en las escaleras al dueño del otro coche y le estuvo golpeando la cabeza contra la piedra hasta matarlo. Otro al que se le cruzaron los cables, que seguro que sus amigos no salen de su asombro, porque era todo menos un asesino, con esa familia que le quiere y le comprende, tan bueno como era, hasta que se le cruzaron los cables.
Yo pido para mí que no me ocurra nunca. Que me sepa mantener siempre en esta calma hasta aburrida. Que no tenga días de furia como el protagonista de aquella película, harto de que su hamburguesa se pareciera tan poco a la que viene fotografiada en el póster.
Dos vendedores de kleenex en los semáforos de Sevilla han devuelto una cartera que contenía 2700 euros. Esperaron a que pasara un coche de la policía y la entregaron.
El dueño de la cartera les ha deseado mucha suerte y les ha dado un billete de 50 euros.
¡Cuánto dice lo uno y lo otro sobre ellos!
Solamente lamento que la prensa que se hace eco de la noticia no especifique el semáforo donde esta pareja hace su día a día. Porque estos jornaleros pobres pero honrados bien merecen que Sevilla entera los visite admirada.
Veía hace un tiempo una película de Woody Allen en que un hombre le contaba a su esposa que si el servicio les hurta es porque les toca ¿a quién sino a ellos lo hará? Después de todo se trataba de una persona menos afortunada que ellos.
Cuesta pensar en este mundo loco que alguien lo esté tanto como para viviendo en la necesidad más evidente sea capaz de vencer la tentación de quedarse algo ajeno pero gratis. Su acción casi es contraria a la sensatez. Y los que pensamos mal nos tememos que quizá ni siquiera miraron su interior. Así de mezquinos podemos llegar a ser. O prefirieron devolver el dinero y seguir trabajando por 10 euros diarios.
Nos dieron una lección a todos, el uno por encontrarlo y decidir devolverlo y el otro por no impedirlo.
Son nuestra esperanza de que hacer lo correcto valga más que el dinero.
Dos locos más. Sin diagnóstico y para nuestra suerte, libres.
martes, 12 de agosto de 2008
Las estrellas
Media persona en el mundo.
Completo incompleto - Jarabe de Palo
Acabo de hablar por teléfono con Sestea para decirle que igual me pongo un tatuaje con forma de estrella por cada medalla que gane Michael Phelps en los Juegos. Ella me dice que haría mejor en ganarlas por mí mismo, pero desde aquí lo tengo realmente difícil.
Y conste que si yo fuera ese muchacho ganaría tantas o más de las que gana. Porque yo no soy de los se echa al agua para nada, que raramente me he visto doblado por nadie a mitad de largo, a no ser que me estén haciendo la vida imposible los calambres en los pies, que son como pinzas dando una vuelta de tuerca a cada brazada.
En verdad que a mí no se me puede exigir que corra el atletismo como toda esa gente tan bien dotada, con aquellas piernas como jamones, pues si bien es cierto que nunca me he llevado hasta el máximo de mis posibilidades, que en aquellas carreras contra el crono en la gimnasia de joven no me exprimía al máximo, por razones obvias, no había ningún orgullo en ser el más rápido entre los cuarenta y tantos, y si lo había ya me diréis de que le sirvió a aquel chaval, cómo se llame, que tengo su perfil afilado vivo en el recuerdo, como si fuera hoy, y no lo he visto entre los deportistas desplazados a Beijing. Que seguro que fue perdiendo esa velocidad a la vez que el pelo en el drama que es la vida, de perder cada día un poco, hasta que uno se vuelve incapaz de hacer lo que antes hacía.
Lo bueno de no destacar radica en que la pérdida de aptitudes se da imperceptiblemente. De una forma sorda y sin conocimiento.
Yo no puedo correr muy rápido porque ya confesé que tengo las piernas dobladas como haciendo un paréntesis, no me duele reconocerlo. ¿Acaso Raúl es rápido? Pues no, tiene olfato para el gol, como yo si me hubiera dado por el fútbol. ¿Acaso Rivaldo era raudo en carrera antes de hacerse viejo? Pues tampoco, pero se ponía con las patas dobladas y los brazos en jarra dispuesto a meter el gol por la misma escuadra. Como yo, si hubiera aprendido a golpear el balón.
Yo tengo las piernas dobladas y un poco escuchimizadas, aunque esté feo que yo lo diga. Es un secreto a voces que alguien tenía que sacar a colación. Mejor así que dar rodeos, como queriendo evitar mencionarlo. Ya hay bastantes tabúes y ellas bastante tienen con desplazarme a todas partes a un ritmo razonable. No las calumniemos si no es estrictamente necesario.
Después de todo me han aceptado como soy a cambio de que yo las aceptara a regañadientes.
Sin embargo me queda la lástima de sospechar que si mis piernas no fueran así, tal vez estaría batiéndole los récords a Michael Phelps, pues si bien es seguro que mi entrenamiento no dispone de los medios ni de la convicción del de él, hay que razonar que está todo muy relacionado. Vaya, que no es lo mismo meterse en la piscina con un bañador de playa que con el neopreno Speedo que resbala en contacto con el agua.
Sospecho que con él puesto hasta las piernas se habrían decidido a crecer (rectas). Y yo iría por la vida haciéndome los dichosos tatuajes en vez de contando mis intenciones.
Aunque con mi edad habría que ser valiente...
Que del dicho al hecho...
Completo incompleto - Jarabe de Palo
Acabo de hablar por teléfono con Sestea para decirle que igual me pongo un tatuaje con forma de estrella por cada medalla que gane Michael Phelps en los Juegos. Ella me dice que haría mejor en ganarlas por mí mismo, pero desde aquí lo tengo realmente difícil.
Y conste que si yo fuera ese muchacho ganaría tantas o más de las que gana. Porque yo no soy de los se echa al agua para nada, que raramente me he visto doblado por nadie a mitad de largo, a no ser que me estén haciendo la vida imposible los calambres en los pies, que son como pinzas dando una vuelta de tuerca a cada brazada.
En verdad que a mí no se me puede exigir que corra el atletismo como toda esa gente tan bien dotada, con aquellas piernas como jamones, pues si bien es cierto que nunca me he llevado hasta el máximo de mis posibilidades, que en aquellas carreras contra el crono en la gimnasia de joven no me exprimía al máximo, por razones obvias, no había ningún orgullo en ser el más rápido entre los cuarenta y tantos, y si lo había ya me diréis de que le sirvió a aquel chaval, cómo se llame, que tengo su perfil afilado vivo en el recuerdo, como si fuera hoy, y no lo he visto entre los deportistas desplazados a Beijing. Que seguro que fue perdiendo esa velocidad a la vez que el pelo en el drama que es la vida, de perder cada día un poco, hasta que uno se vuelve incapaz de hacer lo que antes hacía.
Lo bueno de no destacar radica en que la pérdida de aptitudes se da imperceptiblemente. De una forma sorda y sin conocimiento.
Yo no puedo correr muy rápido porque ya confesé que tengo las piernas dobladas como haciendo un paréntesis, no me duele reconocerlo. ¿Acaso Raúl es rápido? Pues no, tiene olfato para el gol, como yo si me hubiera dado por el fútbol. ¿Acaso Rivaldo era raudo en carrera antes de hacerse viejo? Pues tampoco, pero se ponía con las patas dobladas y los brazos en jarra dispuesto a meter el gol por la misma escuadra. Como yo, si hubiera aprendido a golpear el balón.
Yo tengo las piernas dobladas y un poco escuchimizadas, aunque esté feo que yo lo diga. Es un secreto a voces que alguien tenía que sacar a colación. Mejor así que dar rodeos, como queriendo evitar mencionarlo. Ya hay bastantes tabúes y ellas bastante tienen con desplazarme a todas partes a un ritmo razonable. No las calumniemos si no es estrictamente necesario.
Después de todo me han aceptado como soy a cambio de que yo las aceptara a regañadientes.
Sin embargo me queda la lástima de sospechar que si mis piernas no fueran así, tal vez estaría batiéndole los récords a Michael Phelps, pues si bien es seguro que mi entrenamiento no dispone de los medios ni de la convicción del de él, hay que razonar que está todo muy relacionado. Vaya, que no es lo mismo meterse en la piscina con un bañador de playa que con el neopreno Speedo que resbala en contacto con el agua.
Sospecho que con él puesto hasta las piernas se habrían decidido a crecer (rectas). Y yo iría por la vida haciéndome los dichosos tatuajes en vez de contando mis intenciones.
Aunque con mi edad habría que ser valiente...
Que del dicho al hecho...
lunes, 11 de agosto de 2008
Olimpismo
Estas palabras son todo mi verdad, todo mi razón.
Como siento yo - The Gipsy Kings
Tengo la sospecha de que debo estar entre las personas que están siguiendo durante más tiempo la retransmisión deportiva de las Olimpiadas, que en este país es la retransmisión casi exclusiva de nuestros propios seleccionados, pues dando por hecho de que casi nadie tiene el televisor tantas horas encendido, pasan nuestros progresos en repetición a distintas horas, y yo estoy al otro lado al borde del empacho y odiando las Olimpiadas cada día más. Y esto que digo no es ninguna tontería, quizá la única cosa que digo que no lo es, pues estoy seguro de que estos directores de programación deportiva, desplazados a Pekin hacen descansos según pulsan el botón que nos volverá a pasar el partido de balonmano en que perdimos íntegro, sin dejarse un solo primer plano de nuestros jugadores en el banquillo, de manera que el torturado espectador en que me he convertido no tiene consuelo ni descanso, aunque pueda imaginarme a ese director tomando el aire fuera de uno de esos camiones repletos de televisiones pequeñas para hacer montajes. Mientras, nosotros seguimos su programación a pies puntillas. Somos ciudadanos de nuestro propio Guantánamo televisivo.
Alguien dirá que también los locutores se están tragando nuestras proezas sin dejarse una, ¡pero no se dieron cuenta de que los comentaristas son varios! ¡Se turnan para radiar los deportes sin inmiscuirse los unos en los de los otros! Seguro que cuando las cámaras se apagan no dedican un solo pensamiento a nuestros deportistas. Y con razón, pues desde que el hombre es hombre hay envidia, ¡y que mayor envidia podremos sentir que la que brota como manantial hacia aquellos que logran lo que nosotros no podríamos! El comentarista por naturaleza debe odiar al deportista, aunque secretamente. No olvidemos que el deportista es de naturaleza más poderoso. Lo mismo que nuestros deportistas deben odiar a los que son mejores que ellos, que en las Olimpiadas son casi todos, aunque no tengan más que conexiones puntuales de nuestra televisión nacional, que se comporta como una televisión autonómica.
Además, si se diera la remota posibilidad de que los comentaristas vieran tantas horas de Olimpismo como yo ¿no las están cobrando?
En este instante vuelven a dar el partido de Nadal. Lo tengo de fondo y lo estoy oyendo, así que es como si lo viera. Creo que voy a tener pesadillas en que sombras chinescas escalan la pared del cuarto vestidas de gualda y rojo.
Por otro lado, ¿qué es esto de Pekín? Me reconozco tan inculto que no sería raro que estuviera diciendo nada más que barbaridades, pero por que le llamamos Pekín si cuando enfocan a los carteles se lee bien claro "Beijing". ¿Es que no nos gusta este nombre y preferimos llamarlo a nuestra manera? Parece claro que no son dos sitios distintos, sino el mismo que tiene varias acepciones. ¿Pero si ellos le llaman Beijing por qué le llamamos nosotros de otro modo? ¿De dónde viene este empeño nuestro en llamar Florencia a Firenze? Quizá si uno va hasta allá y dice que está encantado de conocer Pekín los chinos lo miren raro. Aunque cuentan que los chinos son tan amables y hospitalarios que probablemente da igual como llamemos a su capital.
Ellos sonríen lo mismo.
Como siento yo - The Gipsy Kings
Tengo la sospecha de que debo estar entre las personas que están siguiendo durante más tiempo la retransmisión deportiva de las Olimpiadas, que en este país es la retransmisión casi exclusiva de nuestros propios seleccionados, pues dando por hecho de que casi nadie tiene el televisor tantas horas encendido, pasan nuestros progresos en repetición a distintas horas, y yo estoy al otro lado al borde del empacho y odiando las Olimpiadas cada día más. Y esto que digo no es ninguna tontería, quizá la única cosa que digo que no lo es, pues estoy seguro de que estos directores de programación deportiva, desplazados a Pekin hacen descansos según pulsan el botón que nos volverá a pasar el partido de balonmano en que perdimos íntegro, sin dejarse un solo primer plano de nuestros jugadores en el banquillo, de manera que el torturado espectador en que me he convertido no tiene consuelo ni descanso, aunque pueda imaginarme a ese director tomando el aire fuera de uno de esos camiones repletos de televisiones pequeñas para hacer montajes. Mientras, nosotros seguimos su programación a pies puntillas. Somos ciudadanos de nuestro propio Guantánamo televisivo.
Alguien dirá que también los locutores se están tragando nuestras proezas sin dejarse una, ¡pero no se dieron cuenta de que los comentaristas son varios! ¡Se turnan para radiar los deportes sin inmiscuirse los unos en los de los otros! Seguro que cuando las cámaras se apagan no dedican un solo pensamiento a nuestros deportistas. Y con razón, pues desde que el hombre es hombre hay envidia, ¡y que mayor envidia podremos sentir que la que brota como manantial hacia aquellos que logran lo que nosotros no podríamos! El comentarista por naturaleza debe odiar al deportista, aunque secretamente. No olvidemos que el deportista es de naturaleza más poderoso. Lo mismo que nuestros deportistas deben odiar a los que son mejores que ellos, que en las Olimpiadas son casi todos, aunque no tengan más que conexiones puntuales de nuestra televisión nacional, que se comporta como una televisión autonómica.
Además, si se diera la remota posibilidad de que los comentaristas vieran tantas horas de Olimpismo como yo ¿no las están cobrando?
En este instante vuelven a dar el partido de Nadal. Lo tengo de fondo y lo estoy oyendo, así que es como si lo viera. Creo que voy a tener pesadillas en que sombras chinescas escalan la pared del cuarto vestidas de gualda y rojo.
Por otro lado, ¿qué es esto de Pekín? Me reconozco tan inculto que no sería raro que estuviera diciendo nada más que barbaridades, pero por que le llamamos Pekín si cuando enfocan a los carteles se lee bien claro "Beijing". ¿Es que no nos gusta este nombre y preferimos llamarlo a nuestra manera? Parece claro que no son dos sitios distintos, sino el mismo que tiene varias acepciones. ¿Pero si ellos le llaman Beijing por qué le llamamos nosotros de otro modo? ¿De dónde viene este empeño nuestro en llamar Florencia a Firenze? Quizá si uno va hasta allá y dice que está encantado de conocer Pekín los chinos lo miren raro. Aunque cuentan que los chinos son tan amables y hospitalarios que probablemente da igual como llamemos a su capital.
Ellos sonríen lo mismo.
domingo, 10 de agosto de 2008
Windos
Si sabes que todo sabe a casi nada.
La canción de las noches perdidas - Joaquín Sabina
Pa el mu profano en la materia contaré que en los últimos Windows hay una opción que sirve para restaurar el sistema a un punto anterior si es que uno, que puedo ser yo, mete la zarpa poniendo y quitando cosas por estar del todo actualizado. Yo soy un hombre de mi tiempo, sobre esto no admito dudas.
Yo mismo cree un punto de restauración, que así le llama el sistema, hace algunos meses. Eran los tiempos felices en que todo parecía funcionar como por ensalmo, tiempos de calma y paz en que no me daba por investigar nuevos programas antivirus de numeración más avanzada al mío ¿qué importará si existe el 3.0 si el mío es 2.70 y funciona?
Aquel punto de restauración fue creado y completado con una frase recordatorio que venía a ser algo parecido a: "todo rueda estupendamente" para unir a la fecha.
Sin embargo en los últimos días me volví de los inquietos, y por tocar lo que no debía terminé por cargarme Internet con todo el equipo. Es decir, la red desapareció sin dejar rastro y ni el "wireless" funcionaba ni había modo de que del módem se obtuvieran noticias en pantalla. Así que tras odiarme mucho y consultar fugazmente con un especialista, al menos de la venta de ordenadores, y por perder su teléfono para podérselo llevar esa tarde,
yo soy así,
terminé ejecutando el temido "recovery" que es un CD de recuperación que devuelve el equipo a su estado original, es decir al estado exacto de sus principios, cuando me fue entregado sin más programas que los que le introduce la marca junto con el sistema operativo, en este caso el Vista.
Uno se preguntara entonces que para que hice en su día el punto de restauración ¿para no usarlo? Pues no, lo intenté usar, solo que aquel punto debió ser una ilusión del programa, o una promesa incumplida, o una buena intención sin más. A la hora de encontrarlo no estaba, se había esfumado, el programa decía claramente que para este equipo no hay ningún punto de restauración. Debí coger a Windos algo perezoso ese día, y dijo que lo iba a hacer pero no lo hizo, como los malos profesionales, demasiado acomodados.
Navegando en mi desesperación, sin embargo, encontré otros puntos que había generado el sistema automáticamente, o eso decía. Todos muy recientes, que el más antiguo apenas era antes de que yo empezara el baile de instalaciones y desinstalaciones que dieron al traste con Internet. Probé la suerte y me di con la realidad restaurada y resplandeciente.
Se ha producido un error y no se ha modificado ni un archivo. Probé un par de veces más, por probar con otros puntos de restauración intermedios, creados en la vorágine de mis actualizaciones, qué pocos antes y cuantos precisamente entonces para encontrar el mismo mensaje conciso y claro.
Con lo que llegué a la conclusión de que los puntos de restauración son un camelo total. Una engañifa para dormir tranquilos por las noches. Que bien van las cosas cuando van bien. Pero pobre de ti si el sistema se hace añicos, si se le funden los plomos y desaparecen cosas del vital importancia. Internet lo es, al menos para mí.
Entonces quedarás desnudo y solo. Vendido por Vista y por Windos, y por Gates, y por la madre que lo hizo.
Al menos te quedara el "Recovery" y un montón de trabajo por delante.
Y todo por tocar. Con estas manitas, con estos ojos.
La canción de las noches perdidas - Joaquín Sabina
Pa el mu profano en la materia contaré que en los últimos Windows hay una opción que sirve para restaurar el sistema a un punto anterior si es que uno, que puedo ser yo, mete la zarpa poniendo y quitando cosas por estar del todo actualizado. Yo soy un hombre de mi tiempo, sobre esto no admito dudas.
Yo mismo cree un punto de restauración, que así le llama el sistema, hace algunos meses. Eran los tiempos felices en que todo parecía funcionar como por ensalmo, tiempos de calma y paz en que no me daba por investigar nuevos programas antivirus de numeración más avanzada al mío ¿qué importará si existe el 3.0 si el mío es 2.70 y funciona?
Aquel punto de restauración fue creado y completado con una frase recordatorio que venía a ser algo parecido a: "todo rueda estupendamente" para unir a la fecha.
Sin embargo en los últimos días me volví de los inquietos, y por tocar lo que no debía terminé por cargarme Internet con todo el equipo. Es decir, la red desapareció sin dejar rastro y ni el "wireless" funcionaba ni había modo de que del módem se obtuvieran noticias en pantalla. Así que tras odiarme mucho y consultar fugazmente con un especialista, al menos de la venta de ordenadores, y por perder su teléfono para podérselo llevar esa tarde,
yo soy así,
terminé ejecutando el temido "recovery" que es un CD de recuperación que devuelve el equipo a su estado original, es decir al estado exacto de sus principios, cuando me fue entregado sin más programas que los que le introduce la marca junto con el sistema operativo, en este caso el Vista.
Uno se preguntara entonces que para que hice en su día el punto de restauración ¿para no usarlo? Pues no, lo intenté usar, solo que aquel punto debió ser una ilusión del programa, o una promesa incumplida, o una buena intención sin más. A la hora de encontrarlo no estaba, se había esfumado, el programa decía claramente que para este equipo no hay ningún punto de restauración. Debí coger a Windos algo perezoso ese día, y dijo que lo iba a hacer pero no lo hizo, como los malos profesionales, demasiado acomodados.
Navegando en mi desesperación, sin embargo, encontré otros puntos que había generado el sistema automáticamente, o eso decía. Todos muy recientes, que el más antiguo apenas era antes de que yo empezara el baile de instalaciones y desinstalaciones que dieron al traste con Internet. Probé la suerte y me di con la realidad restaurada y resplandeciente.
Se ha producido un error y no se ha modificado ni un archivo. Probé un par de veces más, por probar con otros puntos de restauración intermedios, creados en la vorágine de mis actualizaciones, qué pocos antes y cuantos precisamente entonces para encontrar el mismo mensaje conciso y claro.
Con lo que llegué a la conclusión de que los puntos de restauración son un camelo total. Una engañifa para dormir tranquilos por las noches. Que bien van las cosas cuando van bien. Pero pobre de ti si el sistema se hace añicos, si se le funden los plomos y desaparecen cosas del vital importancia. Internet lo es, al menos para mí.
Entonces quedarás desnudo y solo. Vendido por Vista y por Windos, y por Gates, y por la madre que lo hizo.
Al menos te quedara el "Recovery" y un montón de trabajo por delante.
Y todo por tocar. Con estas manitas, con estos ojos.
Las reglas
Causas, azares y luchas.
Vine del norte - Ismael Serrano
A falta de nada mejor que hacer he estado viendo los partidos de baloncesto. Todos los que han puesto hoy. Dos.
El de España y el de Estados Unidos, ambos muy de agradecer, sobre todo el segundo que llega casi por sorpresa, pues en este país seguimos siendo tan provincianos como para enfocar nuestras cámaras hacia nuestro ombligo cuando surcan el cielo fuegos artificiales.
Sólo así se explica que ayer dieran los pormenores de la preparación de nuestros gimnastas, estiramientos incluidos mientras a la vez competían los de otros países, los americanos por ejemplo, que son favoritos para medalla, es decir, absolutamente mejores que nosotros. Pero parece ser que esos ejercicios tan bien ejecutados no nos interesan, preferimos quedarnos con los nuestro, sea bueno o mezquino. Y es que no hay nada peor en unos juegos que permitir que las televisiones lleven sus propias cámaras. Así podemos desconectarnos de la retransmisión oficial verle las encías a nuestro paisano mientras alrededor se baten récords del mundo.
Y luego en los resúmenes nos pondrán sus dientes hasta la saciedad, y de los récords un apunte en el periódico.
Pero yo vengo hoy para hablar de reglas, y no de televisiones. Aunque ahora que recuerdo, el otro día vi a los ingeniosos creadores del anuncio de los elefantes para Orange, aquel de la playa llena de gente cantando que un elefante se balanceaba ¿o eran mil? Pues parece que los creadores de este aborto televisivo en vez de estar tramitándose una identidad nueva en un país latinoamericano con cirugía estética incluida, se hallan complacidos de haber arrojado al mundo un engendro tal, y presumen entre ellos de lo bien que ha funcionado. Como si fuera una idea genial, desarrollada al paroxismo. Si maldita sea, ese anuncio es una de las razones por las que en los próximos días abandonaré la operadora telefónica, a no ser que sean capaces de nublarme la razón con ofertas de telefonía irresistibles, que me hagan olvidar la publicidad a la que estoy sometido.
Pero yo hoy quería hablar de reglas. De si existen o no. Ya dije alguna vez que en el mundo no hay nada seguro, o casi nada. Uno puede pensar que en el deporte sí, y puede ser, aunque no en todos. Parece que los árbitros se vuelven tímidos a la hora de pitar a Estados Unidos, porque como en la NBA no hay pasos de salida pues les cuesta pitárselos. Y resuelven pitando uno de cada cien. Es decir, las reglas se adaptan al grande para no molestarlo demasiado. ¿Y si ellos corrieran por las pista sin botar el balón como hacen los de rugby?
Yo creo que si no saben jugar según las reglas hay dos caminos, o las cambiamos o las utilizamos para todos aunque no les guste, siempre están a tiempo de considerar que no hay más baloncesto que el de casa. Que se queden en USA con nuestra cámara de televisión para mirarse el ombligo. Aunque la culpa no es de ellos, sino de los árbitros.
Son muy cobardes, y muy malos.
Vine del norte - Ismael Serrano
A falta de nada mejor que hacer he estado viendo los partidos de baloncesto. Todos los que han puesto hoy. Dos.
El de España y el de Estados Unidos, ambos muy de agradecer, sobre todo el segundo que llega casi por sorpresa, pues en este país seguimos siendo tan provincianos como para enfocar nuestras cámaras hacia nuestro ombligo cuando surcan el cielo fuegos artificiales.
Sólo así se explica que ayer dieran los pormenores de la preparación de nuestros gimnastas, estiramientos incluidos mientras a la vez competían los de otros países, los americanos por ejemplo, que son favoritos para medalla, es decir, absolutamente mejores que nosotros. Pero parece ser que esos ejercicios tan bien ejecutados no nos interesan, preferimos quedarnos con los nuestro, sea bueno o mezquino. Y es que no hay nada peor en unos juegos que permitir que las televisiones lleven sus propias cámaras. Así podemos desconectarnos de la retransmisión oficial verle las encías a nuestro paisano mientras alrededor se baten récords del mundo.
Y luego en los resúmenes nos pondrán sus dientes hasta la saciedad, y de los récords un apunte en el periódico.
Pero yo vengo hoy para hablar de reglas, y no de televisiones. Aunque ahora que recuerdo, el otro día vi a los ingeniosos creadores del anuncio de los elefantes para Orange, aquel de la playa llena de gente cantando que un elefante se balanceaba ¿o eran mil? Pues parece que los creadores de este aborto televisivo en vez de estar tramitándose una identidad nueva en un país latinoamericano con cirugía estética incluida, se hallan complacidos de haber arrojado al mundo un engendro tal, y presumen entre ellos de lo bien que ha funcionado. Como si fuera una idea genial, desarrollada al paroxismo. Si maldita sea, ese anuncio es una de las razones por las que en los próximos días abandonaré la operadora telefónica, a no ser que sean capaces de nublarme la razón con ofertas de telefonía irresistibles, que me hagan olvidar la publicidad a la que estoy sometido.
Pero yo hoy quería hablar de reglas. De si existen o no. Ya dije alguna vez que en el mundo no hay nada seguro, o casi nada. Uno puede pensar que en el deporte sí, y puede ser, aunque no en todos. Parece que los árbitros se vuelven tímidos a la hora de pitar a Estados Unidos, porque como en la NBA no hay pasos de salida pues les cuesta pitárselos. Y resuelven pitando uno de cada cien. Es decir, las reglas se adaptan al grande para no molestarlo demasiado. ¿Y si ellos corrieran por las pista sin botar el balón como hacen los de rugby?
Yo creo que si no saben jugar según las reglas hay dos caminos, o las cambiamos o las utilizamos para todos aunque no les guste, siempre están a tiempo de considerar que no hay más baloncesto que el de casa. Que se queden en USA con nuestra cámara de televisión para mirarse el ombligo. Aunque la culpa no es de ellos, sino de los árbitros.
Son muy cobardes, y muy malos.
viernes, 8 de agosto de 2008
Las Olimpiadas
Sus huesos son sobrinos de mis huesos.
Dieguitos y Mafaldas - Joaquín Sabina
Empiezan las Olimpiadas, toda esa gente preparada para hacer deporte y yo viendo marchar la semana sin siquiera echarme a la piscina. Me espera un fin de semana maratoniano, viendo deporte a todas horas, a ver si se me pega algo y corriendo por la casa me cruzo con las deportivas, aquí playeras, y me bajo a correr por las calles, que hay más espacio para cansar antes.
Aunque no me puedo quejar, las comidas turcas primero me cerraron en banda, aunque esté mal que lo diga, luego andan diciendo que no me callo nada, es verdad, y fui engordando como un ávaro que todo lo guarda, hasta lo inservible. Y cuando por fin encuentro un hotel suficientemente confortable como para poder abrirle mi corazón y lo que no es corazón se acaban los días en la Capadocia y me devuelven a uno de tres estrellas siendo muy generosos, con la colcha salpicada de manchas blancas que creímos de lejía por no pensar más. Y vuelta a los orígenes de la cerrazón sin motivo, ¿o es que mi cuerpo se estresa por viajar y estoy condenado a no salir de casa?
Sin embargo quizá porque el cuerpo empezaba a hacerse a mi nuevo y fugaz hogar, o tal vez porque aquello ya no daba más de si, que yo parecía Ronaldinho pero en guapo y pobre, volví a confraternizar con el habitáculo lo suficiente como para vaciar la parte de mis sentimientos de menor valor, y lo que no eran sentimientos precisamente.
Pero en esas el viaje se acaba y yo me quedo descompuesto literalmente y sin más días de viaje. Podría escribir ríos de tinta sobre el estado en que regresaba, al igual que muchos otros, tan perjudicados o más, pero los arrojé por el inodoro en sucesivas visitas, que hacía como un enfermo que se acordara de la salud perdida.
Así las cosas me he quedado fino como cuando tenía veinte años. De manera que maldita la falta que me hace demostrar al mundo si puedo o no puedo correr 100 metros en 9 segundos y pico. Seamos serios, si se quiere ir a algún sitio se coge el coche, o la moto quien la tenga, o el avión, si es muy lejos. Que para irse solamente 100 metros más allá no se necesita correr muy rápido, basta con ir paseando mientras se miran escaparates o a la gente.
Ocurre como con las laderas del Annapurna o el K2, ¿qué necesidad hay de subir por esos sitios tan difíciles jugándose la vida? Si la mitad de ellos tienen ya una carretera para subir por otra pendiente llevando la tortilla. Y si esto no debiera ser suficientemente descorazonador para los alpinistas quizá tendrían que meditar acerca del valor de subir tan alto ¡si el avión va más arriba aún!
Yo propongo que hagamos las cosas fáciles. Para hacerlas difíciles ya está la vida.
Dieguitos y Mafaldas - Joaquín Sabina
Empiezan las Olimpiadas, toda esa gente preparada para hacer deporte y yo viendo marchar la semana sin siquiera echarme a la piscina. Me espera un fin de semana maratoniano, viendo deporte a todas horas, a ver si se me pega algo y corriendo por la casa me cruzo con las deportivas, aquí playeras, y me bajo a correr por las calles, que hay más espacio para cansar antes.
Aunque no me puedo quejar, las comidas turcas primero me cerraron en banda, aunque esté mal que lo diga, luego andan diciendo que no me callo nada, es verdad, y fui engordando como un ávaro que todo lo guarda, hasta lo inservible. Y cuando por fin encuentro un hotel suficientemente confortable como para poder abrirle mi corazón y lo que no es corazón se acaban los días en la Capadocia y me devuelven a uno de tres estrellas siendo muy generosos, con la colcha salpicada de manchas blancas que creímos de lejía por no pensar más. Y vuelta a los orígenes de la cerrazón sin motivo, ¿o es que mi cuerpo se estresa por viajar y estoy condenado a no salir de casa?
Sin embargo quizá porque el cuerpo empezaba a hacerse a mi nuevo y fugaz hogar, o tal vez porque aquello ya no daba más de si, que yo parecía Ronaldinho pero en guapo y pobre, volví a confraternizar con el habitáculo lo suficiente como para vaciar la parte de mis sentimientos de menor valor, y lo que no eran sentimientos precisamente.
Pero en esas el viaje se acaba y yo me quedo descompuesto literalmente y sin más días de viaje. Podría escribir ríos de tinta sobre el estado en que regresaba, al igual que muchos otros, tan perjudicados o más, pero los arrojé por el inodoro en sucesivas visitas, que hacía como un enfermo que se acordara de la salud perdida.
Así las cosas me he quedado fino como cuando tenía veinte años. De manera que maldita la falta que me hace demostrar al mundo si puedo o no puedo correr 100 metros en 9 segundos y pico. Seamos serios, si se quiere ir a algún sitio se coge el coche, o la moto quien la tenga, o el avión, si es muy lejos. Que para irse solamente 100 metros más allá no se necesita correr muy rápido, basta con ir paseando mientras se miran escaparates o a la gente.
Ocurre como con las laderas del Annapurna o el K2, ¿qué necesidad hay de subir por esos sitios tan difíciles jugándose la vida? Si la mitad de ellos tienen ya una carretera para subir por otra pendiente llevando la tortilla. Y si esto no debiera ser suficientemente descorazonador para los alpinistas quizá tendrían que meditar acerca del valor de subir tan alto ¡si el avión va más arriba aún!
Yo propongo que hagamos las cosas fáciles. Para hacerlas difíciles ya está la vida.
jueves, 7 de agosto de 2008
La ruta 68
Así que se fue.
19 días y 500 noches - Joaquín Sabina
Apareció el gastrónomo que visitó "El bulli" en su gira por todas las cocinas con consideración 3 estrellas de Michelin.
Tenían noticia desde hace días porque sus cualidades de volverse invisible no se dan más que en España, en Suiza su careto ha quedado registrado sacando dinero fresco de los cajeros de los bancos.
El desaparecido tiene que comer, y nadie vive del aire.
Lo más curioso no es que apareciera donde apareció, en su país rodeado de los que pueden entenderle cuando pide la cuenta para pagar, lo más notorio es que la Interpol había advertido a los Mossos d´Esquadra acerca de que el personaje estaba vivito y coleando en su patria, pero el funcionario informado faltó al trabajo el día 6 y para cuando se han querido dar cuenta los que mandan ya tenían montado tremendo dispositivo de búsqueda con policias, perros y hasta helicópteros.
Es decir, el mensaje se ha entregado torpemente o a una persona bastante torpe. ¿Qué pensarán nuestros vecinos suizos cuando vean las imágenes de hoy con toda esa gente buscando por el monte al gastrónomo perdido? Se dirán que resultamos ridículos tomándonos tantas molestias ¿qué parte de "está en Suiza" no habéis entendido?
Tantas vueltas del mensajero y tanto fax del gran maestro para que al final se tratara de un "sinpa" corriente y moliente. Que salió a por una tarjeta para repetir visita y se esfumó sin abonar un céntimo.
Y eso que había comido de nuestra alta cocina por valor de 240 euros, por no hablar de los gastos de movilizar todos los medios para dar con su paradero. Pero mejor así.
Tá vivo, lejos, y le salió barato.
19 días y 500 noches - Joaquín Sabina
Apareció el gastrónomo que visitó "El bulli" en su gira por todas las cocinas con consideración 3 estrellas de Michelin.
Tenían noticia desde hace días porque sus cualidades de volverse invisible no se dan más que en España, en Suiza su careto ha quedado registrado sacando dinero fresco de los cajeros de los bancos.
El desaparecido tiene que comer, y nadie vive del aire.
Lo más curioso no es que apareciera donde apareció, en su país rodeado de los que pueden entenderle cuando pide la cuenta para pagar, lo más notorio es que la Interpol había advertido a los Mossos d´Esquadra acerca de que el personaje estaba vivito y coleando en su patria, pero el funcionario informado faltó al trabajo el día 6 y para cuando se han querido dar cuenta los que mandan ya tenían montado tremendo dispositivo de búsqueda con policias, perros y hasta helicópteros.
Es decir, el mensaje se ha entregado torpemente o a una persona bastante torpe. ¿Qué pensarán nuestros vecinos suizos cuando vean las imágenes de hoy con toda esa gente buscando por el monte al gastrónomo perdido? Se dirán que resultamos ridículos tomándonos tantas molestias ¿qué parte de "está en Suiza" no habéis entendido?
Tantas vueltas del mensajero y tanto fax del gran maestro para que al final se tratara de un "sinpa" corriente y moliente. Que salió a por una tarjeta para repetir visita y se esfumó sin abonar un céntimo.
Y eso que había comido de nuestra alta cocina por valor de 240 euros, por no hablar de los gastos de movilizar todos los medios para dar con su paradero. Pero mejor así.
Tá vivo, lejos, y le salió barato.
La decisión
El viento me despeina.
Hotel California - The Gipsy Kings
Lo bueno de viajar conmigo a cualquier país es que es como no salir de casa. Que yo me muevo en perfecto castellano así piso el territorio de nuestros primos italianos como si cruzo medio mundo para conocer unos cuántos edificios emblemáticos y únicos.
Y no soy de los que llega para hablar más despacio el castellano, que sigo a marcha de crucero, dando por hecho que lo que no deje claro mis palabras se verá completado por mis gestos con las manos o por la impaciencia del mirar. Yo digo y ellos sabrán.
Por Estambul camino con el mismo desparpajo que si fuera por Vallecas.
De un viaje tan largo uno puede extraer tantas cosas como para escribir un libro entero. Y tal vez debiera hacerse, porque no es mi fuerte la memoria, que hoy me recordaban personajes y tramas de "La sombra del viento", con lo mucho que me gustó, y no sabía de qué demonios me estaban hablando.
Otro día tengo que contar nuestro encuentro nocturno con el taxista, que es una ocurrencia con mucha miga. Pero hoy me referiré a nuestro último día en Estambul, el día después de que en el barrio de Gurunguren explotara una bomba matando a 16 personas e hiriendo a otras 150.
Ya dejé claro que no estoy ni entre los unos ni entre los otros. Que yo salgo bien parado de los viajes que hago, ¡faltaría más haciendo tan pocos!
Nosotros nos enteramos de la noticia por una llamada telefónica a primera hora de la mañana. Alrededor de las ocho que era la hora habitual para bajar a desayunar y ponerse en marcha. A Anna la llamaba su padre preocupado por su seguridad. Y conste que el día anterior habíamos estado cenando en otro barrio, pesquero por más señas, Kumkapi, que vio lo que nunca antes yo había visto, una subasta de precios y platos y vinos para convencernos a los diez forasteros de tomar parte por una de las mesas de la terraza. Hasta tres camareros conté, susurrando las bondades de la carta y lo mucho que nos podían dar a cambio de tan poco. A mí me cogían del brazo y me contaban en bajo como para que no se enterara de la oferta la competencia, pero se enteraba por tener el oído fino y estar a lo que está, y subía la propia para hacer de aquello una competición que acaso me terminara dando cargo de conciencia. Y eso que aquel sitio había aparecido como un oasis en el desierto, rodeado de calles desiertas y de mal color, de esas que uno cruzaría corriendo si no fuera porque lo rodean nueve personas más.
Optamos por fin por uno que venía reflejado en la guía que nos agenciamos temporalmente de una pareja de españoles con los que coincidimos de camino a los restaurantes. Y no era el más barato. Todos los pescados de la carta a 12 liras (6€) y nos ponían dos botellas de vino de 40 liras/unidad (20€ ¿era necesario?), los postres y los cafés. Por una vez en la vida yo me sentí importante, tomando decisiones como un ministro y un poco como Eva del pecado original, tentado por la tentación, con el regusto amargo de saber que una elegir una opción descarta otras y hiere a esa suerte de "maitres", aunque poco.
Pero vivimos una vida de ganadores y perdedores en la que se dan ambos de forma conjunta, con la virtud de que una perdida no exime la posibilidad de un éxito futuro.
Tras la llamada buscamos un ordenador para conectarnos a Internet. Había que informarse con más detalle. Era cierto, una bomba había estallado en un barrio poco turístico haciendo una escabechina. Nos recorrió la médula un relámpago y la sensación de inseguridad de pensar que la vida pueda estar en riesgo. ¿Y si hoy fuera mi último día?
Así que dedicamos al asunto apenas 5 minutos. Transcurridos ya salíamos por la puerta del hotel camino del Gran Bazar siguiendo el plan diseñado desde hace días. Obviamente uno no renuncia la posibilidad de comprar una colcha bordada a mano a precio de ganga por un puñado de heridos y muertos.
Yo iba caminando junto a Jordi muy dispuesto a dejar de su lado cualquier bulto sospechoso que encontráramos de camino, para que él me actuara de parapeto en caso de explosión, que vistos de perfil pareciera que caminaba uno solo, tan perfecta sincronización a su paso. Pues de no ser suficiente protección su cuerpo me quedaba el consuelo de no ser cogido por la onda expansiva directamente, sino por intermediación, que siempre parece más suave al venir mermada por los destrozos ya causados. Detrás Sestea y Anna que en realidad eran el motor de las compras, como no podía ser de otro modo.
Es verdad que había en el aire soleado y tempranero un poso de intranquilidad. De repente todo era sospechoso, y esa ciudad tan segura hasta conocer la noticia se había vuelto una habitación de cristal cortado.
Nos sentimos mucho más seguros al llegar al bazar, alrededor de 4000 puestos comerciales con techumbre. Ya apunté yo sabiamente:
- Lo bueno de esto, es que hay tantas calles que ya será mala suerte que se de la explosión justamente en la que nosotros caminamos. Podría darse en la siguiente, o en la anterior.
A lo que Jordi oponía más erudito:
- Si te toca, te toca.
Verdad verdadera.
Claro que ya en plan analista la sensatez te decía que si hubieran querido acabar con un buen número de extranjeros hubieran puesto la bomba directamente en el Gran Bazar y no en un barrio obrero. Está visto que esos kurdos mal encarados no quieren echarse a la comunidad internacional encima, ni al Fondo Económico Internacional, destruyendo todos esos puestos comerciantes :D. Se centran en guerrear en exclusiva contra los turcos que son los que les bombardean los poblados.
Lo malo de las compras es que detecté a Sestea a punto del colapso y algo empanada para ser tan lista como es. Se volvió un poco autista mirando los bolsos colgados y tantísimas cosas al alcance de la mano, no de ella que es bajita, pero sí de los comerciantes con gancho de metal. Creo que el exceso de oferta la tenía algo embotada. No terminaba de decidirse, y eso que ella iba como una reina con sirviente, que era yo largando el mismo discurso, en perfecto castellano como ya dije, a todo aquel comerciante con algo de su interés. Pero estos turcos son bien listos y han aprendido a largar en todos los idiomas para conseguir vender a buen precio. Así que me escuchaban regatear con atención y procuraban un acuerdo que nos satisficiera a ambos, cosa que se daba pocas veces. Así de exigentes somos todos.
Lo malo es que yo estaba cada vez más cansado, puesto que si mis trucos en la compra son casi infalibles, soy humano y la repetición me estaba consumiendo. Además yo soy de decir verdades como puños, pero poniendo en antecedentes de otros puestos y otros comerciantes, cosa que alarga la cosa considerablemente, y aunque los turcos son amantes de las negociaciones largas y enrevesadas, mi paciencia no es tan grande. Y repetir las mismas cosas aquí y allá me tenía frito.
En cualquier caso Sestea consiguió su colcha a precio irrisorio. Y unas pulseras, y un bolso de Carolina Herrera o qué se yo. Y tan harto acabé que para mis polos de perfecta imitación pagué sin apenas regateo pero aclarando que conocía su precio real por el subterráneo junto al Eminönü.
10 liras cada uno. Y pone Lacoste, Burberry´s y Ralph Laurent.
Lo mejor de lo mejor.
Hotel California - The Gipsy Kings
Lo bueno de viajar conmigo a cualquier país es que es como no salir de casa. Que yo me muevo en perfecto castellano así piso el territorio de nuestros primos italianos como si cruzo medio mundo para conocer unos cuántos edificios emblemáticos y únicos.
Y no soy de los que llega para hablar más despacio el castellano, que sigo a marcha de crucero, dando por hecho que lo que no deje claro mis palabras se verá completado por mis gestos con las manos o por la impaciencia del mirar. Yo digo y ellos sabrán.
Por Estambul camino con el mismo desparpajo que si fuera por Vallecas.
De un viaje tan largo uno puede extraer tantas cosas como para escribir un libro entero. Y tal vez debiera hacerse, porque no es mi fuerte la memoria, que hoy me recordaban personajes y tramas de "La sombra del viento", con lo mucho que me gustó, y no sabía de qué demonios me estaban hablando.
Otro día tengo que contar nuestro encuentro nocturno con el taxista, que es una ocurrencia con mucha miga. Pero hoy me referiré a nuestro último día en Estambul, el día después de que en el barrio de Gurunguren explotara una bomba matando a 16 personas e hiriendo a otras 150.
Ya dejé claro que no estoy ni entre los unos ni entre los otros. Que yo salgo bien parado de los viajes que hago, ¡faltaría más haciendo tan pocos!
Nosotros nos enteramos de la noticia por una llamada telefónica a primera hora de la mañana. Alrededor de las ocho que era la hora habitual para bajar a desayunar y ponerse en marcha. A Anna la llamaba su padre preocupado por su seguridad. Y conste que el día anterior habíamos estado cenando en otro barrio, pesquero por más señas, Kumkapi, que vio lo que nunca antes yo había visto, una subasta de precios y platos y vinos para convencernos a los diez forasteros de tomar parte por una de las mesas de la terraza. Hasta tres camareros conté, susurrando las bondades de la carta y lo mucho que nos podían dar a cambio de tan poco. A mí me cogían del brazo y me contaban en bajo como para que no se enterara de la oferta la competencia, pero se enteraba por tener el oído fino y estar a lo que está, y subía la propia para hacer de aquello una competición que acaso me terminara dando cargo de conciencia. Y eso que aquel sitio había aparecido como un oasis en el desierto, rodeado de calles desiertas y de mal color, de esas que uno cruzaría corriendo si no fuera porque lo rodean nueve personas más.
Optamos por fin por uno que venía reflejado en la guía que nos agenciamos temporalmente de una pareja de españoles con los que coincidimos de camino a los restaurantes. Y no era el más barato. Todos los pescados de la carta a 12 liras (6€) y nos ponían dos botellas de vino de 40 liras/unidad (20€ ¿era necesario?), los postres y los cafés. Por una vez en la vida yo me sentí importante, tomando decisiones como un ministro y un poco como Eva del pecado original, tentado por la tentación, con el regusto amargo de saber que una elegir una opción descarta otras y hiere a esa suerte de "maitres", aunque poco.
Pero vivimos una vida de ganadores y perdedores en la que se dan ambos de forma conjunta, con la virtud de que una perdida no exime la posibilidad de un éxito futuro.
Tras la llamada buscamos un ordenador para conectarnos a Internet. Había que informarse con más detalle. Era cierto, una bomba había estallado en un barrio poco turístico haciendo una escabechina. Nos recorrió la médula un relámpago y la sensación de inseguridad de pensar que la vida pueda estar en riesgo. ¿Y si hoy fuera mi último día?
Así que dedicamos al asunto apenas 5 minutos. Transcurridos ya salíamos por la puerta del hotel camino del Gran Bazar siguiendo el plan diseñado desde hace días. Obviamente uno no renuncia la posibilidad de comprar una colcha bordada a mano a precio de ganga por un puñado de heridos y muertos.
Yo iba caminando junto a Jordi muy dispuesto a dejar de su lado cualquier bulto sospechoso que encontráramos de camino, para que él me actuara de parapeto en caso de explosión, que vistos de perfil pareciera que caminaba uno solo, tan perfecta sincronización a su paso. Pues de no ser suficiente protección su cuerpo me quedaba el consuelo de no ser cogido por la onda expansiva directamente, sino por intermediación, que siempre parece más suave al venir mermada por los destrozos ya causados. Detrás Sestea y Anna que en realidad eran el motor de las compras, como no podía ser de otro modo.
Es verdad que había en el aire soleado y tempranero un poso de intranquilidad. De repente todo era sospechoso, y esa ciudad tan segura hasta conocer la noticia se había vuelto una habitación de cristal cortado.
Nos sentimos mucho más seguros al llegar al bazar, alrededor de 4000 puestos comerciales con techumbre. Ya apunté yo sabiamente:
- Lo bueno de esto, es que hay tantas calles que ya será mala suerte que se de la explosión justamente en la que nosotros caminamos. Podría darse en la siguiente, o en la anterior.
A lo que Jordi oponía más erudito:
- Si te toca, te toca.
Verdad verdadera.
Claro que ya en plan analista la sensatez te decía que si hubieran querido acabar con un buen número de extranjeros hubieran puesto la bomba directamente en el Gran Bazar y no en un barrio obrero. Está visto que esos kurdos mal encarados no quieren echarse a la comunidad internacional encima, ni al Fondo Económico Internacional, destruyendo todos esos puestos comerciantes :D. Se centran en guerrear en exclusiva contra los turcos que son los que les bombardean los poblados.
Lo malo de las compras es que detecté a Sestea a punto del colapso y algo empanada para ser tan lista como es. Se volvió un poco autista mirando los bolsos colgados y tantísimas cosas al alcance de la mano, no de ella que es bajita, pero sí de los comerciantes con gancho de metal. Creo que el exceso de oferta la tenía algo embotada. No terminaba de decidirse, y eso que ella iba como una reina con sirviente, que era yo largando el mismo discurso, en perfecto castellano como ya dije, a todo aquel comerciante con algo de su interés. Pero estos turcos son bien listos y han aprendido a largar en todos los idiomas para conseguir vender a buen precio. Así que me escuchaban regatear con atención y procuraban un acuerdo que nos satisficiera a ambos, cosa que se daba pocas veces. Así de exigentes somos todos.
Lo malo es que yo estaba cada vez más cansado, puesto que si mis trucos en la compra son casi infalibles, soy humano y la repetición me estaba consumiendo. Además yo soy de decir verdades como puños, pero poniendo en antecedentes de otros puestos y otros comerciantes, cosa que alarga la cosa considerablemente, y aunque los turcos son amantes de las negociaciones largas y enrevesadas, mi paciencia no es tan grande. Y repetir las mismas cosas aquí y allá me tenía frito.
En cualquier caso Sestea consiguió su colcha a precio irrisorio. Y unas pulseras, y un bolso de Carolina Herrera o qué se yo. Y tan harto acabé que para mis polos de perfecta imitación pagué sin apenas regateo pero aclarando que conocía su precio real por el subterráneo junto al Eminönü.
10 liras cada uno. Y pone Lacoste, Burberry´s y Ralph Laurent.
Lo mejor de lo mejor.
lunes, 4 de agosto de 2008
Dar la mano
Me pintaba las manos y la cara de azul.
Volaré - The Gipsy Kings
Que vale, que estaba condicionado. Es verdad. Me dijo Fermín que no diera la mano a los turcos porque se lavan el trasero con un chorrito de agua y empleando la manita para que el agua llegue a todos los rincones. Y claro yo estaba influenciado, porque al abrir allí los váteres que no eran un agujero en el suelo, allí estaba el chorrito, orientado directamente hacia el trasero cuando se está sentado.
Así que yo me propuse dar la mano lo menos posible, y cambiar el saludo por golpear amistosamente el hombro o la espalda de mis nuevos conocidos preguntando quizá ¿como va eso?
Pero el primero que me ofreció la mano lo hizo tan inopinadamente y tan de improviso que no me dio tiempo a recorrer la distancia entre nosotros ni a colocarme para que aquel, mi saludo resultara natural. De todos modos con aquella persona sentí una gran simpatía de inmediato, así que se trato nada más de dar la mano sin pensar a cambio demasiado. Y es que el vendedor, que son siempre vendedores de algún modo, se había estado riendo de buena gana simplemente porque le dije "buenas tardes" y "¿cuánto cuesta?" en turco, juntando dos frases hechas de las que vienen bajo el apéndice "Vocabulario básico" de mi guía de viaje.
Pero mis esfuerzos en su lengua materna le debieron parecer entrañables, porque no paró de reír y hasta creo que tras darme la mano acabó dándome unas palmadas en la espalda, muy naturalmente. Conste en cualquier caso que el turco se habla como se lee, así que no era mi pronunciación lo gracioso, sino quizá nosotros.
Ese día, más tarde, tras recibir una lección intensiva en una tienda de alfombras por alguien que se decía de origen español, tomando té de manzana tranquilamente mientras se afanaban en mostrarnos alfombras turcas, que con las persas son las mejores del mundo. Pena que no tenga casa en propiedad, sino esto otro de mi casera, que no siento como mío y que malditas ganas tengo de adornar...
Decía que disfrutando del té y la compañía, una vez quedó claro que en el vendedor no esperaba en el fondo de su cerebro que nosotros termináramos sacando la VISA, nos encontramos cogiendo unas tarjetas y aplazando una nueva cita, con más ansías de alfombra, a nuestra vuelta de la Capadocia, donde íbamos a visitar una fabrica de alfombras dirigida por una especie de George Clooney turco, que debía vender por docenas, encantado de haberse conocido.
Y a la salida de esta primera tienda nos encontramos a Alan, que era otro galán turco, entrado en años y jovial, que insistió en invitarnos a un té en su tienda ¿pero cuántos tés son buenos para el organismo humano? Así que le dijimos que no, que ibamos buscando un sitio concreto para comer y que llevábamos prisa, pero dijo que aún así pasáramos a su tienda, sin té, y pasamos.
Allí fue fotografíado en medio de un mundo de alfombras bailando con Sestea, a la que preguntaba si soy celoso, aunque se viera a las claras que no. Y luego se fotografió conmigo diciendo que era físicamente como un jugador de fútbol que desconozco, y que parecía turco por mi fachada, aunque me decía, "todo un gentleman", truco hábil para terminar vendiendo, aunque no cuajó. En cualquier caso terminó dándome la mano y yo hábilmente se la cogí un poco arriba, casi por la articulación de la muñeca, dejando sus dedos descolgados, pero entonces se la quedó mirando como si no terminara de entender que nadie diera la mano tan mal dada, y me la cogió como corresponde, sin dejar un centímetro de mi piel sin cobertura y con fuerza. Como la dan los hombres. Y yo me di por vencido pensando: "Cógela bien cogida y lávate con ella".
Pero no quisiera parecer descortés. Alan era un fenómeno, y al fin y al cabo en los baños había papel higiénico aunque la higiene de sus interiores no fuera para quienes los mantenían una cuestión capital. Eso sí, en muchos de ellos había que pagar 50 kurus por entrar, que es media lira turca, es decir, 25 céntimos de euro.
Y en el fondo qué más da. Si sus manos no estaban limpias, siempre estaba a tiempo de lavar las mías.
Y lo hice muy a menudo, con jabón.
Volaré - The Gipsy Kings
Que vale, que estaba condicionado. Es verdad. Me dijo Fermín que no diera la mano a los turcos porque se lavan el trasero con un chorrito de agua y empleando la manita para que el agua llegue a todos los rincones. Y claro yo estaba influenciado, porque al abrir allí los váteres que no eran un agujero en el suelo, allí estaba el chorrito, orientado directamente hacia el trasero cuando se está sentado.
Así que yo me propuse dar la mano lo menos posible, y cambiar el saludo por golpear amistosamente el hombro o la espalda de mis nuevos conocidos preguntando quizá ¿como va eso?
Pero el primero que me ofreció la mano lo hizo tan inopinadamente y tan de improviso que no me dio tiempo a recorrer la distancia entre nosotros ni a colocarme para que aquel, mi saludo resultara natural. De todos modos con aquella persona sentí una gran simpatía de inmediato, así que se trato nada más de dar la mano sin pensar a cambio demasiado. Y es que el vendedor, que son siempre vendedores de algún modo, se había estado riendo de buena gana simplemente porque le dije "buenas tardes" y "¿cuánto cuesta?" en turco, juntando dos frases hechas de las que vienen bajo el apéndice "Vocabulario básico" de mi guía de viaje.
Pero mis esfuerzos en su lengua materna le debieron parecer entrañables, porque no paró de reír y hasta creo que tras darme la mano acabó dándome unas palmadas en la espalda, muy naturalmente. Conste en cualquier caso que el turco se habla como se lee, así que no era mi pronunciación lo gracioso, sino quizá nosotros.
Ese día, más tarde, tras recibir una lección intensiva en una tienda de alfombras por alguien que se decía de origen español, tomando té de manzana tranquilamente mientras se afanaban en mostrarnos alfombras turcas, que con las persas son las mejores del mundo. Pena que no tenga casa en propiedad, sino esto otro de mi casera, que no siento como mío y que malditas ganas tengo de adornar...
Decía que disfrutando del té y la compañía, una vez quedó claro que en el vendedor no esperaba en el fondo de su cerebro que nosotros termináramos sacando la VISA, nos encontramos cogiendo unas tarjetas y aplazando una nueva cita, con más ansías de alfombra, a nuestra vuelta de la Capadocia, donde íbamos a visitar una fabrica de alfombras dirigida por una especie de George Clooney turco, que debía vender por docenas, encantado de haberse conocido.
Y a la salida de esta primera tienda nos encontramos a Alan, que era otro galán turco, entrado en años y jovial, que insistió en invitarnos a un té en su tienda ¿pero cuántos tés son buenos para el organismo humano? Así que le dijimos que no, que ibamos buscando un sitio concreto para comer y que llevábamos prisa, pero dijo que aún así pasáramos a su tienda, sin té, y pasamos.
Allí fue fotografíado en medio de un mundo de alfombras bailando con Sestea, a la que preguntaba si soy celoso, aunque se viera a las claras que no. Y luego se fotografió conmigo diciendo que era físicamente como un jugador de fútbol que desconozco, y que parecía turco por mi fachada, aunque me decía, "todo un gentleman", truco hábil para terminar vendiendo, aunque no cuajó. En cualquier caso terminó dándome la mano y yo hábilmente se la cogí un poco arriba, casi por la articulación de la muñeca, dejando sus dedos descolgados, pero entonces se la quedó mirando como si no terminara de entender que nadie diera la mano tan mal dada, y me la cogió como corresponde, sin dejar un centímetro de mi piel sin cobertura y con fuerza. Como la dan los hombres. Y yo me di por vencido pensando: "Cógela bien cogida y lávate con ella".
Pero no quisiera parecer descortés. Alan era un fenómeno, y al fin y al cabo en los baños había papel higiénico aunque la higiene de sus interiores no fuera para quienes los mantenían una cuestión capital. Eso sí, en muchos de ellos había que pagar 50 kurus por entrar, que es media lira turca, es decir, 25 céntimos de euro.
Y en el fondo qué más da. Si sus manos no estaban limpias, siempre estaba a tiempo de lavar las mías.
Y lo hice muy a menudo, con jabón.
domingo, 3 de agosto de 2008
El retorno
Son las cosas de la vida.
Duele el amor - Ana Torroja y Alex Syntek
Pues ya regreso. Y tengo tantas novedades y tantas cosas que decir que me llevarán algún tiempo de ese, del que está por llegar.
Solamente diré que hoy el avión me dejó en el aeropuerto de Ranon que es un lugar desubicado, como un oasis en mitad del desierto, solo que este desierto es verde y el oasis es niebla. De cualquier manera, tuve suerte con los autobuses hoy, por tantas otras en que yo llegaba a cogerlo según estaba saliendo, y me quedaba esperando otro con la cara desencantada de tener tan poca suerte en las cosas pequeñas, pese a tener tanta en las que de verdad importan. Lo malo es que las pequeñas son mucho más cotidianas y frecuentes, al menos para mí.
Esta vez apenas tuve que esperar 7 minutos la salida del autocar que ya estaba allí, como muerto, cuando llegué. Y al entrar en la estación de Oviedo y comprar billete para mi destino final, tuve que apretar el paso porque parecía que lo estaba perdiendo. Date prisa que está saliendo.
Los autocares se daban el testigo el uno al otro para salir. Así que llegué a casa para ver la Fórmula 1 en uno de sus carreras más insulsas y aburridas, con el cronometro puesto en cada respostaje si se quieren ganar puestos.
He puesto a descongelar el frigorífico aprovechando que tiene aún menos que de costumbre.
Sestea me regaló "El juego del Ángel" de Ruiz Zafon, tenía ganas de leerlo y de tenerlo. He leído mucho los dos últimos días. Llevo cerca de 300 páginas y ya sé que no me está gustando tanto como "La sombra del viento", y lo que es peor, le estoy cogiendo ojeriza al protagonista, y es que sus diálogos con los otros se me hace insoportable. Mal síntoma, sin duda.
Por lo demás, asqueado de los vídeos que cuelgan de nuestros periódicos:
La chica aquella dando una paliza a la otra, con puñetazos y patadas. El policía aquel empujando al ciclista para luego llenar un parte con mil mentiras. Y antes aquella negra abandonada en el sala de espera de un sanatorio, donde murió entre espasmos.
Con lo bonitas que son algunas cosas.
Duele el amor - Ana Torroja y Alex Syntek
Pues ya regreso. Y tengo tantas novedades y tantas cosas que decir que me llevarán algún tiempo de ese, del que está por llegar.
Solamente diré que hoy el avión me dejó en el aeropuerto de Ranon que es un lugar desubicado, como un oasis en mitad del desierto, solo que este desierto es verde y el oasis es niebla. De cualquier manera, tuve suerte con los autobuses hoy, por tantas otras en que yo llegaba a cogerlo según estaba saliendo, y me quedaba esperando otro con la cara desencantada de tener tan poca suerte en las cosas pequeñas, pese a tener tanta en las que de verdad importan. Lo malo es que las pequeñas son mucho más cotidianas y frecuentes, al menos para mí.
Esta vez apenas tuve que esperar 7 minutos la salida del autocar que ya estaba allí, como muerto, cuando llegué. Y al entrar en la estación de Oviedo y comprar billete para mi destino final, tuve que apretar el paso porque parecía que lo estaba perdiendo. Date prisa que está saliendo.
Los autocares se daban el testigo el uno al otro para salir. Así que llegué a casa para ver la Fórmula 1 en uno de sus carreras más insulsas y aburridas, con el cronometro puesto en cada respostaje si se quieren ganar puestos.
He puesto a descongelar el frigorífico aprovechando que tiene aún menos que de costumbre.
Sestea me regaló "El juego del Ángel" de Ruiz Zafon, tenía ganas de leerlo y de tenerlo. He leído mucho los dos últimos días. Llevo cerca de 300 páginas y ya sé que no me está gustando tanto como "La sombra del viento", y lo que es peor, le estoy cogiendo ojeriza al protagonista, y es que sus diálogos con los otros se me hace insoportable. Mal síntoma, sin duda.
Por lo demás, asqueado de los vídeos que cuelgan de nuestros periódicos:
La chica aquella dando una paliza a la otra, con puñetazos y patadas. El policía aquel empujando al ciclista para luego llenar un parte con mil mentiras. Y antes aquella negra abandonada en el sala de espera de un sanatorio, donde murió entre espasmos.
Con lo bonitas que son algunas cosas.
jueves, 31 de julio de 2008
Vivo pero no digo... todavía
Avui són molt lluny de casa.
Maremar - Lluis Llach
¿Quién sabe el truco para estirar las vacaciones como chicle sin perder el trabajo?
Le doy 3 días para contestar. Si regreso ya no me vale.
Vivo pero no digo todavía. Apenas estoy teniendo tiempo para venir por aquí. ¡Y casi para nada! Y mira que para que los días parezcan más tiempo soy de los que los está estirando a base de restar horas de sueño, templadamente, acorde a mi edad, empezando los días muy temprano.
Tiempo habrá para que detalle los mil detalles de mi viaje por las tierras de la turquesa. Nos han ocurrido muchas anécdotas, algunas de partirse la caja, a posteriori. Y hasta podría convertir este espacio en un álbum de fotos, que hemos hecho cerca de 500.
Pero todo ello a partir del domingo. Hasta entonces estoy de vacaciones de blogs o bitácoras, fregar platos, de lavadoras.
Toy en medio de mi tiempo más preciado.
Maremar - Lluis Llach
¿Quién sabe el truco para estirar las vacaciones como chicle sin perder el trabajo?
Le doy 3 días para contestar. Si regreso ya no me vale.
Vivo pero no digo todavía. Apenas estoy teniendo tiempo para venir por aquí. ¡Y casi para nada! Y mira que para que los días parezcan más tiempo soy de los que los está estirando a base de restar horas de sueño, templadamente, acorde a mi edad, empezando los días muy temprano.
Tiempo habrá para que detalle los mil detalles de mi viaje por las tierras de la turquesa. Nos han ocurrido muchas anécdotas, algunas de partirse la caja, a posteriori. Y hasta podría convertir este espacio en un álbum de fotos, que hemos hecho cerca de 500.
Pero todo ello a partir del domingo. Hasta entonces estoy de vacaciones de blogs o bitácoras, fregar platos, de lavadoras.
Toy en medio de mi tiempo más preciado.
viernes, 18 de julio de 2008
Siestas de verano
Volviste al rato para quitarte años.
Plaza Garibaldi - Ismael Serrano
Sigo con el horario laboral, eso sí sin tener que ir al trabajo, que es una ventaja sustancial. No deja de ser una ventaja, el día da para hacer más cosas, o para hacer menos en la confortable sensación de estar perdiendo el tiempo, viendo las horas marchar como la despedida de un barco que zarpa remolón.
Y claro, en contrapartida por despertar antes paso el día soñoliento, con ganas de dejarme caer por todas las esquinas.
Alguno dirá que no me de alpiste que no es tan temprano, pero es que no es esto lo primero que he emprendido en este día. Que no contaré que estuve descargando ya un camión de mudanzas porque no es cierto, ni corrí la maratón y llegué fuera de control en todas las acepciones del término, pero llevo ya un tiempo con los ojos abiertos como platos, como uno de esos muñecos siniestros de mirada fija que algunas guardan y que te miran desde los estantes durante toda la noche, para saltarte al cuello en el momento justo en que se te ocurra cerrar los ojos.
Al final no me he cortado el pelo. Todavía. Y eso que lo tengo bastante revuelto, de encontrarse un peine tan pocas veces. Que ya no habrá quien lo meta en cintura, salvo la tijera quizá.
Y tendría que hacerlo, porque me estoy llenando de canas, como si alguien las plantara por chincharme. Y no se me ocurre otra solución que cortarlo mucho para que sean menos evidentes, o empezar a usar uno de esos potingues del pelo que lo enmascaran todo y te dejan manchando aquí y allá como tuvieras un mocho por cabeza.
Y esos trapicheos frente al paso del tiempo no me van.
Aún.
Plaza Garibaldi - Ismael Serrano
Sigo con el horario laboral, eso sí sin tener que ir al trabajo, que es una ventaja sustancial. No deja de ser una ventaja, el día da para hacer más cosas, o para hacer menos en la confortable sensación de estar perdiendo el tiempo, viendo las horas marchar como la despedida de un barco que zarpa remolón.
Y claro, en contrapartida por despertar antes paso el día soñoliento, con ganas de dejarme caer por todas las esquinas.
Alguno dirá que no me de alpiste que no es tan temprano, pero es que no es esto lo primero que he emprendido en este día. Que no contaré que estuve descargando ya un camión de mudanzas porque no es cierto, ni corrí la maratón y llegué fuera de control en todas las acepciones del término, pero llevo ya un tiempo con los ojos abiertos como platos, como uno de esos muñecos siniestros de mirada fija que algunas guardan y que te miran desde los estantes durante toda la noche, para saltarte al cuello en el momento justo en que se te ocurra cerrar los ojos.
Al final no me he cortado el pelo. Todavía. Y eso que lo tengo bastante revuelto, de encontrarse un peine tan pocas veces. Que ya no habrá quien lo meta en cintura, salvo la tijera quizá.
Y tendría que hacerlo, porque me estoy llenando de canas, como si alguien las plantara por chincharme. Y no se me ocurre otra solución que cortarlo mucho para que sean menos evidentes, o empezar a usar uno de esos potingues del pelo que lo enmascaran todo y te dejan manchando aquí y allá como tuvieras un mocho por cabeza.
Y esos trapicheos frente al paso del tiempo no me van.
Aún.
martes, 15 de julio de 2008
Suenan palmas por alegrías
Ahora que el mundo está recién pintado.
Ahora - Joaquín Sabina
Llego en la víspera del viaje. Mañana me tendrá surcando los aires para tomar tierra cercano a las 12, el momento en que se le rompe el sueño a la Cenicienta, aunque yo tenga tan poco de Cenicienta, y tanto de calabaza. Aunque a mí el sueño no se me rompe, si acaso empieza.
Ya dije una vez, y vuelvo a sentir hoy en el pecho, la euforia de sentirme rico en tiempo, que de pronto es una sábana larga, digna del libro de los récords, en la que seré manteado hasta que caiga fuera de nuevo, que está por llegar. Pero antes empiezan las vacaciones, ese plazo de descanso y encuentro con la familia y con los amigos, que están tan lejos que a veces parecen prescindibles, y no lo son. Entre aquella sensación de entonces y la que hoy me embarga han transcurrido un puñado de meses. Más de un año, supongo, pero a mi edad los días son solamente un lapso confuso, como escuchar el caer de las bombas desde la profundidad de una trinchera excavada en la tierra. Sin saber bien donde está el momento exacto de lo que fue pasado y el inicio de lo que hoy perdura. Pero la siento igual, porque yo sigo siendo el mismo.
Probablemente el mejor motor de una vida sea tener ilusión por las cosas, y no me refiero a los bienes materiales obviamente, sino hacia el futuro y sus circunstancias esperanzadoras.
Yo hoy vuelvo a sentir que quizá sea la hora de dejar esta soledad de tantos ratos a solas, ella en mi ausencia.
Porque yo regreso a los abrazos.
A los besos.
Ahora - Joaquín Sabina
Llego en la víspera del viaje. Mañana me tendrá surcando los aires para tomar tierra cercano a las 12, el momento en que se le rompe el sueño a la Cenicienta, aunque yo tenga tan poco de Cenicienta, y tanto de calabaza. Aunque a mí el sueño no se me rompe, si acaso empieza.
Ya dije una vez, y vuelvo a sentir hoy en el pecho, la euforia de sentirme rico en tiempo, que de pronto es una sábana larga, digna del libro de los récords, en la que seré manteado hasta que caiga fuera de nuevo, que está por llegar. Pero antes empiezan las vacaciones, ese plazo de descanso y encuentro con la familia y con los amigos, que están tan lejos que a veces parecen prescindibles, y no lo son. Entre aquella sensación de entonces y la que hoy me embarga han transcurrido un puñado de meses. Más de un año, supongo, pero a mi edad los días son solamente un lapso confuso, como escuchar el caer de las bombas desde la profundidad de una trinchera excavada en la tierra. Sin saber bien donde está el momento exacto de lo que fue pasado y el inicio de lo que hoy perdura. Pero la siento igual, porque yo sigo siendo el mismo.
Probablemente el mejor motor de una vida sea tener ilusión por las cosas, y no me refiero a los bienes materiales obviamente, sino hacia el futuro y sus circunstancias esperanzadoras.
Yo hoy vuelvo a sentir que quizá sea la hora de dejar esta soledad de tantos ratos a solas, ella en mi ausencia.
Porque yo regreso a los abrazos.
A los besos.
domingo, 13 de julio de 2008
Faltando tres días
La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes.
Óleo de una mujer con sombrero - Silvio Rodríguez
Pues sí, ¿qué pasa? A ver si el tiempo solamente va a pasar a traición, a veces también lo hace a favor de obra. Y no diré que sin esperarlo, esperándolo mucho, llegan las fechas felices en que las vacaciones llegan, con muy poco ruido, disimuladas en medio de tantos días cotidianos, sin nada excelente ni nada lo suficientemente grave como para amargar el ánimo, que no juega a la bolsa, es una barca en mitad de un estanque, unos días orilla, otros en el centro del universo.
Entro con paso firme en la semana que me llevará a Valencia como primer destino, y luego a Turquía que está siendo españolizada en estos momentos por Luis Aragonés, y que lo estará más cuando sea yo quien la pise, pues si bien ambos merecemos a partes iguales el mérito por ganar la Eurocopa, también es cierto de que yo he de levantar por fuerza mayores pasiones, por mi lozanía y por no haber sido pillado todavía en ninguna ocasión tan grave como para que deseara ser tragado por la tierra. Además los españoles debemos estar de moda, con tanto deportista de presumir, con nuestra cocina que es lo mejor del mundo y con nuestras gentes, nuestras fiestas de desparrame total como los San Fermines, que visitaría si no me empezara a encontrar mayor y cada vez menos lozano.
Lo cierto es que no hemos tenido noticias de Turquía en muchos meses. Que lo último que yo sabía es que allí gustó nuestro "perrea, perrea" porque ellos también se sienten algunos días tan frikis como nosotros. Y sin embargo, recientemente llegan noticias de atentados y demás incidentes en Estambul y alrededores. De manera que no hay forma de ponerse en viaje sin pensar que quizá estemos tentando a la suerte y pongamos la vida en grave riesgo ¿lo hay de otra clase?
Y es que la verdad es que estoy cada vez para menos trotes. ¡He sido un viejo toda la vida!
Ayer estuve haciendo compra y adquirí un tambor enorme de Colon para lavar en la lavadora. Sospecho que me voy a encontrar un vaso de plástico en su interior, y por eso no hago más que mirar por fuera como si fuera un huevo Kinder, lo importante es la sorpresa.
Los periódicos traen noticias de violencia machista. ¿No preferirías conocer que el amor se acabó aunque sea solo para una de las partes? ¿No preferirás hacer una vida nueva con otras personas que te sepan empezar a querer? ¿No es la felicidad el camino que se ha de buscar toda la vida?
Quizá puedas presumir de pocas cosas, pero nunca le pusiste la mano encima. Los valientes se adaptan al destino.
Cuando se cierra una puerta se abre una ventana para el viento fresco.
Óleo de una mujer con sombrero - Silvio Rodríguez
Pues sí, ¿qué pasa? A ver si el tiempo solamente va a pasar a traición, a veces también lo hace a favor de obra. Y no diré que sin esperarlo, esperándolo mucho, llegan las fechas felices en que las vacaciones llegan, con muy poco ruido, disimuladas en medio de tantos días cotidianos, sin nada excelente ni nada lo suficientemente grave como para amargar el ánimo, que no juega a la bolsa, es una barca en mitad de un estanque, unos días orilla, otros en el centro del universo.
Entro con paso firme en la semana que me llevará a Valencia como primer destino, y luego a Turquía que está siendo españolizada en estos momentos por Luis Aragonés, y que lo estará más cuando sea yo quien la pise, pues si bien ambos merecemos a partes iguales el mérito por ganar la Eurocopa, también es cierto de que yo he de levantar por fuerza mayores pasiones, por mi lozanía y por no haber sido pillado todavía en ninguna ocasión tan grave como para que deseara ser tragado por la tierra. Además los españoles debemos estar de moda, con tanto deportista de presumir, con nuestra cocina que es lo mejor del mundo y con nuestras gentes, nuestras fiestas de desparrame total como los San Fermines, que visitaría si no me empezara a encontrar mayor y cada vez menos lozano.
Lo cierto es que no hemos tenido noticias de Turquía en muchos meses. Que lo último que yo sabía es que allí gustó nuestro "perrea, perrea" porque ellos también se sienten algunos días tan frikis como nosotros. Y sin embargo, recientemente llegan noticias de atentados y demás incidentes en Estambul y alrededores. De manera que no hay forma de ponerse en viaje sin pensar que quizá estemos tentando a la suerte y pongamos la vida en grave riesgo ¿lo hay de otra clase?
Y es que la verdad es que estoy cada vez para menos trotes. ¡He sido un viejo toda la vida!
Ayer estuve haciendo compra y adquirí un tambor enorme de Colon para lavar en la lavadora. Sospecho que me voy a encontrar un vaso de plástico en su interior, y por eso no hago más que mirar por fuera como si fuera un huevo Kinder, lo importante es la sorpresa.
Los periódicos traen noticias de violencia machista. ¿No preferirías conocer que el amor se acabó aunque sea solo para una de las partes? ¿No preferirás hacer una vida nueva con otras personas que te sepan empezar a querer? ¿No es la felicidad el camino que se ha de buscar toda la vida?
Quizá puedas presumir de pocas cosas, pero nunca le pusiste la mano encima. Los valientes se adaptan al destino.
Cuando se cierra una puerta se abre una ventana para el viento fresco.
sábado, 12 de julio de 2008
Relativismo
Para no hundirme en la inmensa prolongación del engaño.
Vulnerable - Juanes
Leo acerca del chaval que mató a un bebé de 11 meses a puñetazos porque le jodió una partida de Mortal Kombat. Su defensa, que la tiene, dice que el muchacho estaba trastornado por pasar días enteros jugando al juego. Y los policías y miembros del servicio médico que atendieron al bebé dicen que en la sala de espera del hospital el chaval estaba como ausente, como si todo aquello no fuera con él. Probablemente este hecho ya ha sido utilizado por su abogado como coartada de no estar en sus cabales ¿puede estarlo alguien que mató a un bebé porque le estropeó la partida a un juego?
Sin embargo, si se hubiera dado de otro modo, y el muchacho hubiera pasado las horas que sucedieron a la agresión hecho un mar de lágrimas, llorando por las esquinas, entonces los abogados y los especialistas habrían dicho que era entonces cuando reparaba en la barbaridad cometida, clara muestra de que al llevarla a término no era él, era otro transtornado por el juego.
Es decir, todas las conductas salvan. Todas pueden observarse desde distintos puntos de vista para exonerar de culpa. Es una muestra más del relativismo imperante.
Leo que un médico residente en psiquiatría de Navarra mató a una compañera de prácticas y luego llamó a un amigo diciendo que había hecho algo muy malo. Pues sí, el médico psiquiatra que estudia conductas también mata. Como todos los que matan.
Navego por Internet buscando ofertas de telefonía móvil. Vuelvo a ser libre de comprometer mi futuro con el operador que me plazca. Y lo he sabido porque en los últimos días me ha llamado Movistar un par de veces. Con más entusiasmo cuando mi gasto mensual era una incógnita, intuyo. Pero al fin, se trata de ganar un cliente más y restarle uno a la competencia, así que me ofrecen un móvil gratis y les doy largas.
En Orange tienen sensores que filtran las llamadas de sus clientes de un modo similar a las escuchas telefónicas que ponen los jueces a los sospechosos. Por eso, el mismo día que recibí la primera de las llamadas me enviaron un "SMS" invitándome a llamar a un número, que podría ser el 8620 porque dicen tener algo bueno para mí. Espero que sea guapa y lista.
Pero no llamo, sobretodo porque borré el mensaje al instante y luego no super recordar bien el número, no porque no esté necesitado de regalos cariñosos y promociones sugerentes por parte de mi compañía telefónica.
Unos días más tarde vuelve a llamarme Telefónica y al rato recibo una llamada de Orange por medio de alguien de carne y hueso, que es novedad en estos tiempos en que casi todas las conversaciones con organismos cualesquiera se desarrollan frente a una grabación que te tiene pulsando botones y diciendo palabras sueltas como Radomir Antic pese a tantos años en España.
Me ofrecen un 30% de descuento durante un año en mi factura mensual a la par que me dan 5 móviles a elegir, algunos mediante pago, obviamente. Ya dije que mi gasto mensual no es ningún drama para mi economía doméstica ni paga sueldos en la gran compañía. Les digo que investigo los modelos y les doy respuesta en unos días.
La sensación de libertad no tiene igual. Es valiosa hasta en estas cosas pequeñas. Hace ahora año y medio era yo el que buscaba a Orange para renovar el móvil, amenazaba con irme sin intención de irme, jugaba al juego de las verdades y de las mentiras, dándome valor:
- Soy cliente de Orange móvil y del fijo. Ambas cosas. Y desde hace muchos años. Que aún se llamaba Amena y hacía unos anuncios horrorosos.
En realidad llegué a hacer la portabilidad que era una forma de enseñar que voy en serio, pero en verdad estaba loco porque mi amor por Orange fuera correspondido. Con un terminal que tuviera 3G, por favor. Que en las videollamadas siempre resulto perfectamente encuadrado. Y cuando le vieron las orejas al lobo me llenaron de atenciones, y me dieron justo lo que pedía. Pues yo como cliente con todo el futuro por delante podía devenir en una joya de las que buscan las compañías entre un mundo de clientes.
Y sospecho que aún ahora creen en mí. En que mi futuro pueda estar plagado de llamadas largas en las que poder clavar sus arbitrarias tarifas de tanto el minuto sin que uno sepa en realidad que es lo que está pagando. Es pura convención, porque imagino que el oro o las joyas son caras porque no abundan en la naturaleza, pero y los minutos de teléfono en redes ya establecidas ¿a cuánto se pagan? Preguntales a ellos. Tiene listados complejos para todas las necesidades.
Ahora no tengo prisa. Probablemente abandone el barco de Orange por irme a Vodafone. Que dan un teléfono que me gusta. De los de tapita, como el que tengo, para cerrar las llamadas con un movimiento de mano profesional. Cerrada la tapa se acabó la conversación. Y tienen alguna tarifa realmente interesante.
Será mi venganza fría por haber vuelto a los anuncios espantosos de entonces. Orange es Amena en cuerpo y alma. La careta ha caído. Les ha durado año y medio de anuncios en fondo negro, que siempre fue más serio y elegante que el verde histérico.
Pero vuelven a ser ellos, asomando por todos los poros. Con la misma empresa de publicidad que hacía caer a enanos en furgonetas o trasladar a payasos de chaquetas cantosas a la casa de paisanos para hacerlos pasar por tontos.
Porque esa playa inmensa de gente adulta cantando lo de los elefantes que se balanceaban es una afrenta a la inteligencia de la gente corriente.
Y esto es objetivo.
Tal cual.
Vulnerable - Juanes
Leo acerca del chaval que mató a un bebé de 11 meses a puñetazos porque le jodió una partida de Mortal Kombat. Su defensa, que la tiene, dice que el muchacho estaba trastornado por pasar días enteros jugando al juego. Y los policías y miembros del servicio médico que atendieron al bebé dicen que en la sala de espera del hospital el chaval estaba como ausente, como si todo aquello no fuera con él. Probablemente este hecho ya ha sido utilizado por su abogado como coartada de no estar en sus cabales ¿puede estarlo alguien que mató a un bebé porque le estropeó la partida a un juego?
Sin embargo, si se hubiera dado de otro modo, y el muchacho hubiera pasado las horas que sucedieron a la agresión hecho un mar de lágrimas, llorando por las esquinas, entonces los abogados y los especialistas habrían dicho que era entonces cuando reparaba en la barbaridad cometida, clara muestra de que al llevarla a término no era él, era otro transtornado por el juego.
Es decir, todas las conductas salvan. Todas pueden observarse desde distintos puntos de vista para exonerar de culpa. Es una muestra más del relativismo imperante.
Leo que un médico residente en psiquiatría de Navarra mató a una compañera de prácticas y luego llamó a un amigo diciendo que había hecho algo muy malo. Pues sí, el médico psiquiatra que estudia conductas también mata. Como todos los que matan.
Navego por Internet buscando ofertas de telefonía móvil. Vuelvo a ser libre de comprometer mi futuro con el operador que me plazca. Y lo he sabido porque en los últimos días me ha llamado Movistar un par de veces. Con más entusiasmo cuando mi gasto mensual era una incógnita, intuyo. Pero al fin, se trata de ganar un cliente más y restarle uno a la competencia, así que me ofrecen un móvil gratis y les doy largas.
En Orange tienen sensores que filtran las llamadas de sus clientes de un modo similar a las escuchas telefónicas que ponen los jueces a los sospechosos. Por eso, el mismo día que recibí la primera de las llamadas me enviaron un "SMS" invitándome a llamar a un número, que podría ser el 8620 porque dicen tener algo bueno para mí. Espero que sea guapa y lista.
Pero no llamo, sobretodo porque borré el mensaje al instante y luego no super recordar bien el número, no porque no esté necesitado de regalos cariñosos y promociones sugerentes por parte de mi compañía telefónica.
Unos días más tarde vuelve a llamarme Telefónica y al rato recibo una llamada de Orange por medio de alguien de carne y hueso, que es novedad en estos tiempos en que casi todas las conversaciones con organismos cualesquiera se desarrollan frente a una grabación que te tiene pulsando botones y diciendo palabras sueltas como Radomir Antic pese a tantos años en España.
Me ofrecen un 30% de descuento durante un año en mi factura mensual a la par que me dan 5 móviles a elegir, algunos mediante pago, obviamente. Ya dije que mi gasto mensual no es ningún drama para mi economía doméstica ni paga sueldos en la gran compañía. Les digo que investigo los modelos y les doy respuesta en unos días.
La sensación de libertad no tiene igual. Es valiosa hasta en estas cosas pequeñas. Hace ahora año y medio era yo el que buscaba a Orange para renovar el móvil, amenazaba con irme sin intención de irme, jugaba al juego de las verdades y de las mentiras, dándome valor:
- Soy cliente de Orange móvil y del fijo. Ambas cosas. Y desde hace muchos años. Que aún se llamaba Amena y hacía unos anuncios horrorosos.
En realidad llegué a hacer la portabilidad que era una forma de enseñar que voy en serio, pero en verdad estaba loco porque mi amor por Orange fuera correspondido. Con un terminal que tuviera 3G, por favor. Que en las videollamadas siempre resulto perfectamente encuadrado. Y cuando le vieron las orejas al lobo me llenaron de atenciones, y me dieron justo lo que pedía. Pues yo como cliente con todo el futuro por delante podía devenir en una joya de las que buscan las compañías entre un mundo de clientes.
Y sospecho que aún ahora creen en mí. En que mi futuro pueda estar plagado de llamadas largas en las que poder clavar sus arbitrarias tarifas de tanto el minuto sin que uno sepa en realidad que es lo que está pagando. Es pura convención, porque imagino que el oro o las joyas son caras porque no abundan en la naturaleza, pero y los minutos de teléfono en redes ya establecidas ¿a cuánto se pagan? Preguntales a ellos. Tiene listados complejos para todas las necesidades.
Ahora no tengo prisa. Probablemente abandone el barco de Orange por irme a Vodafone. Que dan un teléfono que me gusta. De los de tapita, como el que tengo, para cerrar las llamadas con un movimiento de mano profesional. Cerrada la tapa se acabó la conversación. Y tienen alguna tarifa realmente interesante.
Será mi venganza fría por haber vuelto a los anuncios espantosos de entonces. Orange es Amena en cuerpo y alma. La careta ha caído. Les ha durado año y medio de anuncios en fondo negro, que siempre fue más serio y elegante que el verde histérico.
Pero vuelven a ser ellos, asomando por todos los poros. Con la misma empresa de publicidad que hacía caer a enanos en furgonetas o trasladar a payasos de chaquetas cantosas a la casa de paisanos para hacerlos pasar por tontos.
Porque esa playa inmensa de gente adulta cantando lo de los elefantes que se balanceaban es una afrenta a la inteligencia de la gente corriente.
Y esto es objetivo.
Tal cual.
miércoles, 9 de julio de 2008
El post (la entrada)
Tic, tac, tic, tac, tic.
Panik Panik - Manu Chao
Qué funesto es el destino si para conocer la vida de alguien ese alguien tiene que morirse. No era nadie hasta que se murió. Fue entonces al abandonar la carne que se hizo carne. Desapareció de la tierra para aparecérseme. Ahora que no está ya sé quien es.
Así me ha ocurrido con Sergio Algora, un fulano que me era del todo desconocido, como tantos millones hasta que se me ha hecho presente, y lo he conocido cuando se marchado al sitio al que vamos todos, sin prisa, pero aproximando pasitos con cada hoja arrancada al calendario. Músico de un grupo que se llamaba "El niño gusano" y escritor de relatos, poesías, poemas y hasta de entradas de blog, que es otra forma de ser escritor, extendida entre tantísimos y nunca suficientemente valorada.
Murió durmiendo en la madrugada del día 9 de Julio, y su último post es un poema, bastante prescindible escrito el día 2 de Julio. A cada una de las entradas de su blog acudían en respuesta no más de 6 seguidores pada dar opinión, salvo para esta última intervención, que a estas horas se cuentan 94 despedidas emocionadas.
Y hay quien resalta el comienzo del poema "Dejé mi país" en una suerte de paralelismo al abandono de la vida que es nuestra patria última y la más irrenunciable. Asimismo he navegado algo por el blog para dar con un relato de este mes en el que un mujer de belleza sin igual permanece ociosa en la orilla de la playa mientras el cáncer la corroe por dentro y a sus espaldas, que cuando se pueda dar cuenta será demasiado tarde.
Sergio deja como último mensaje un poema en que se lee clítoris, heces y dar por culo. No parecen el mensaje con el que uno se despediría. Quizá ésta la clave de por qué la muerte es generalmente tan hija de puta. Porque no se la espera.
¿Cómo se escribe el último post? ¿Qué palabras escoger para que el post quede apropiado por si es el último? ¿Se trata de enumerar a todos los que quieres? ¿Se trata de vaciarse entero? ¿Cómo escribir? ¿con qué palabras para que la muerte te encuentre tranquilo y confiado por haberlo dicho todo?
Sergio muere a los 39 años... ¿Y si a mí no me quedaran más de 6? ¿Qué haría con mi vida si Alguien me dijera que en 6 años me moriré durmiendo?
¿Cómo saber si este post no es el último que pueda escribir?
Yo tengo que vivir más tiempo. Por una razón fundamental:
apenas he vivido.
Panik Panik - Manu Chao
Qué funesto es el destino si para conocer la vida de alguien ese alguien tiene que morirse. No era nadie hasta que se murió. Fue entonces al abandonar la carne que se hizo carne. Desapareció de la tierra para aparecérseme. Ahora que no está ya sé quien es.
Así me ha ocurrido con Sergio Algora, un fulano que me era del todo desconocido, como tantos millones hasta que se me ha hecho presente, y lo he conocido cuando se marchado al sitio al que vamos todos, sin prisa, pero aproximando pasitos con cada hoja arrancada al calendario. Músico de un grupo que se llamaba "El niño gusano" y escritor de relatos, poesías, poemas y hasta de entradas de blog, que es otra forma de ser escritor, extendida entre tantísimos y nunca suficientemente valorada.
Murió durmiendo en la madrugada del día 9 de Julio, y su último post es un poema, bastante prescindible escrito el día 2 de Julio. A cada una de las entradas de su blog acudían en respuesta no más de 6 seguidores pada dar opinión, salvo para esta última intervención, que a estas horas se cuentan 94 despedidas emocionadas.
Y hay quien resalta el comienzo del poema "Dejé mi país" en una suerte de paralelismo al abandono de la vida que es nuestra patria última y la más irrenunciable. Asimismo he navegado algo por el blog para dar con un relato de este mes en el que un mujer de belleza sin igual permanece ociosa en la orilla de la playa mientras el cáncer la corroe por dentro y a sus espaldas, que cuando se pueda dar cuenta será demasiado tarde.
Sergio deja como último mensaje un poema en que se lee clítoris, heces y dar por culo. No parecen el mensaje con el que uno se despediría. Quizá ésta la clave de por qué la muerte es generalmente tan hija de puta. Porque no se la espera.
¿Cómo se escribe el último post? ¿Qué palabras escoger para que el post quede apropiado por si es el último? ¿Se trata de enumerar a todos los que quieres? ¿Se trata de vaciarse entero? ¿Cómo escribir? ¿con qué palabras para que la muerte te encuentre tranquilo y confiado por haberlo dicho todo?
Sergio muere a los 39 años... ¿Y si a mí no me quedaran más de 6? ¿Qué haría con mi vida si Alguien me dijera que en 6 años me moriré durmiendo?
¿Cómo saber si este post no es el último que pueda escribir?
Yo tengo que vivir más tiempo. Por una razón fundamental:
apenas he vivido.
martes, 8 de julio de 2008
La playa
Las venas del amanecer, almacenan sangre fría.
Lágrimas de plástico azul - Joaquín Sabina
Pues si tú estás harto de llegar aquí para encontrar que no sé qué escribir, imagínate yo de venir sin tener nada que decir. Que estoy cargando la página "blogger" y no se me ocurre que voy a poner. Así que sirva esto como comienzo hacia ningún sitio.
Contaré que estuve esta tarde en la playa, donde soy una especie de boya para los grupos de colegiales. Allá donde me ponga van ellos, lo mismo que si fuera por prudencia el socorrista o por diversión, un tiovivo.
¿Quién dijo que este país no tiene niños y niñas? Eso es mentira, yo diría que están en todas partes, o al menos en las playas que habito.
Y además se ponen demasiado cerca de mí, de forma que termino rodeado de todos ellos y no diré que parezco uno más porque es obvio que no, pero si parezco uno en el grupo, un monitor tal vez, imposible de abstraer del conjunto, como un "ninot" desgarbado, por tamaño, de la falla infantil que plantaron en mitad de la playa.
Esto es bastante irritante, como es lógico, porque los nanos son universalmente latosos, y se pasan la vida corriendo arriba y abajo hacia la orilla, tan cerca de mi toalla que paso el rato quitándome la arena de encima. Por no hablar de lo fácilmente que consiguen disimularme en la arena, como en medio de uno de esas multitudes donde había que encontrar a Wally. ¡Así como va a acercarse ninguna a preguntarme si necesito crema en la espalda? ¡Si me vuelven invisible!
Es bien sabido que la vista acude principalmente hacia los lados, porque en los lados es más fácil encontrar un hueco para la toalla. Salvo si de lo que se trata es de colocar una infinidad de escolares, entonces el sitio más fácil es a mi vera, esté donde esté.
Me ocurrió el otro día, que me vi rodeado por dos docenas de niños escapados de algún colegio de chillidos, supongo. Y me ocurrió esta tarde con lo que parecía un equipo alevín de baloncesto, pues pude percatarme desde bien pronto, y porque tumbado mi vista no alcanzaba para más, que todos llevaban fenomenal calzado deportivo de primeras marcas. Nada que ver con mis zapatillas blancas de deporte que están por ahí, bajo el tendedero, en algún lado.
Allá donde vaya aparecen. Gracias que yo me pongo la música y es como si desapareciera. O tal vez desaparecen ellos.
Sea como sea, se agradece.
Lágrimas de plástico azul - Joaquín Sabina
Pues si tú estás harto de llegar aquí para encontrar que no sé qué escribir, imagínate yo de venir sin tener nada que decir. Que estoy cargando la página "blogger" y no se me ocurre que voy a poner. Así que sirva esto como comienzo hacia ningún sitio.
Contaré que estuve esta tarde en la playa, donde soy una especie de boya para los grupos de colegiales. Allá donde me ponga van ellos, lo mismo que si fuera por prudencia el socorrista o por diversión, un tiovivo.
¿Quién dijo que este país no tiene niños y niñas? Eso es mentira, yo diría que están en todas partes, o al menos en las playas que habito.
Y además se ponen demasiado cerca de mí, de forma que termino rodeado de todos ellos y no diré que parezco uno más porque es obvio que no, pero si parezco uno en el grupo, un monitor tal vez, imposible de abstraer del conjunto, como un "ninot" desgarbado, por tamaño, de la falla infantil que plantaron en mitad de la playa.
Esto es bastante irritante, como es lógico, porque los nanos son universalmente latosos, y se pasan la vida corriendo arriba y abajo hacia la orilla, tan cerca de mi toalla que paso el rato quitándome la arena de encima. Por no hablar de lo fácilmente que consiguen disimularme en la arena, como en medio de uno de esas multitudes donde había que encontrar a Wally. ¡Así como va a acercarse ninguna a preguntarme si necesito crema en la espalda? ¡Si me vuelven invisible!
Es bien sabido que la vista acude principalmente hacia los lados, porque en los lados es más fácil encontrar un hueco para la toalla. Salvo si de lo que se trata es de colocar una infinidad de escolares, entonces el sitio más fácil es a mi vera, esté donde esté.
Me ocurrió el otro día, que me vi rodeado por dos docenas de niños escapados de algún colegio de chillidos, supongo. Y me ocurrió esta tarde con lo que parecía un equipo alevín de baloncesto, pues pude percatarme desde bien pronto, y porque tumbado mi vista no alcanzaba para más, que todos llevaban fenomenal calzado deportivo de primeras marcas. Nada que ver con mis zapatillas blancas de deporte que están por ahí, bajo el tendedero, en algún lado.
Allá donde vaya aparecen. Gracias que yo me pongo la música y es como si desapareciera. O tal vez desaparecen ellos.
Sea como sea, se agradece.
lunes, 7 de julio de 2008
Vueling y el gatete
Un torbellino en el suelo y una gran ira que sube.
Rabo de nube - Silvio Rodríguez
En mi oficina saben de sobra que llevo amenazando con comprar acciones de Vueling desde hace tiempo. ¡Menudo chicharro, compras dos mil eurillos y a las dos semanas sacas 4000 machacantes! El negocio del siglo.
Pero como en tantas cosas me ha faltado el empujón, lanzarme al ruedo como Jose Tomás, a ver cuantas cornadas llevo. Y eso que para estos ingenios virtuales no tuve más que el sentido común que me faltó para tantas cosas otras veces. Si este valor está en el suelo de su cotización histórica, entonces habrá de subir por fuerza... Claro que a eso alguien oponía:
- O puede quebrar.
Que siempre los hubo agoreros y cenizos. A lo que yo contestaba raudo y, cómo no, cargado de razón:
- No, si yo compro.
Pero no compré. Y eso que por supuesto terminó subiendo al doble y se puso en 15 euros la acción después de la espantada de su mayor accionista, que actuó como un bumerán, se fue para volver comprando más acciones aún. Y ahora recién aterrizado de la piscina leo en la prensa que Vueling se fusiona con ClickAir para formar la mayor compañía de bajo coste de España.
Es seguro que esto habrá hecho subir las acciones como la espuma, de manera que virtualmente podría haber ganado una fortunaza, que no he ganado. Hoy me siento un poco más primo y más pobre. Aunque de lo de sentirme más pobre no tiene la culpa Vueling, al fin y al cabo yo soy de los de comprar tras probar y nunca se dio; la tiene mi casera con su renta mensual y sus muy frecuentes facturas de luz y agua.
Además la mujer ha debido creer que me chupo el dedo, y ya se han dado un par de veces que me ha intentado colar una factura dos veces. Unas envía el original, y otras una fotocopia, que además tiene unas rayas bastante extrañas como de montaje folio sobre folio. Yo creo que intenta pasarme también las de su propia vivienda.
He tomado la determinación de exigirle sólo originales el día que me apetezca oír su voz al otro lado del teléfono. Y ya puestos pedirle que me cambie el frigorífico que da pena verlo cerrado y terror abierto.
Menos mal que al menos Gattini está en su sitio. Bajo mi portal hay un montón de gatos que son alimentados por mis vecinos supongo que para hacerles la vida más fácil, a lo que ellos responderán a no mucho tardar cruzándose unos con otros en una orgía gatuna que dará con un millar de gatitos lindos como peluches escuálidos. Lo cierto es que a fuerza de verlos he desarrollado una gran simpatía por casi todos. Que ninguno me provoca el temor del de Jordi allá en Madrid, aquel bicho es negro y grande como una pantera, a mí primero me intenta camelar frotándose contra mis zapatos y luego me ataca cuando estoy más confiado, que ya es nunca.
Estos otros tienen un tamaño más convencional, y son más huidizos, cualidad muy de agradecer en los gatos.
Sin embargo hay uno en particular, que es blanco a manchas marron claro, o marrón a manchas blancas, no sé bien, que ha pasado de huirme como alma que lleva el diablo a mostrar por mí una indiferencia que podríamos catalogar de amable, pues ni se aparta ni me ataca. Simplemente me ve pasar como si fuera el conserje. Creo que nos hemos acostumbrado el uno al otro. Yo siempre le digo:
- Gattini.
Y él se queda sentado en el asiento de la moto, o en la acera con las patitas recogiditas por el cuerpecillo, como de muestrario. Y a veces en las mañanas frescas encima del capó de un coche que regresó recientemente. Cogiendo los calores del motor mientras duren, supongo.
Ahora me lo volvi a encontrar. Él me mira sin moverse un ápice. Yo voy con el MP3 y quizá lo dije demasiado alto: "Gattini"
feliz, de volvermelo a encontrar.
Rabo de nube - Silvio Rodríguez
En mi oficina saben de sobra que llevo amenazando con comprar acciones de Vueling desde hace tiempo. ¡Menudo chicharro, compras dos mil eurillos y a las dos semanas sacas 4000 machacantes! El negocio del siglo.
Pero como en tantas cosas me ha faltado el empujón, lanzarme al ruedo como Jose Tomás, a ver cuantas cornadas llevo. Y eso que para estos ingenios virtuales no tuve más que el sentido común que me faltó para tantas cosas otras veces. Si este valor está en el suelo de su cotización histórica, entonces habrá de subir por fuerza... Claro que a eso alguien oponía:
- O puede quebrar.
Que siempre los hubo agoreros y cenizos. A lo que yo contestaba raudo y, cómo no, cargado de razón:
- No, si yo compro.
Pero no compré. Y eso que por supuesto terminó subiendo al doble y se puso en 15 euros la acción después de la espantada de su mayor accionista, que actuó como un bumerán, se fue para volver comprando más acciones aún. Y ahora recién aterrizado de la piscina leo en la prensa que Vueling se fusiona con ClickAir para formar la mayor compañía de bajo coste de España.
Es seguro que esto habrá hecho subir las acciones como la espuma, de manera que virtualmente podría haber ganado una fortunaza, que no he ganado. Hoy me siento un poco más primo y más pobre. Aunque de lo de sentirme más pobre no tiene la culpa Vueling, al fin y al cabo yo soy de los de comprar tras probar y nunca se dio; la tiene mi casera con su renta mensual y sus muy frecuentes facturas de luz y agua.
Además la mujer ha debido creer que me chupo el dedo, y ya se han dado un par de veces que me ha intentado colar una factura dos veces. Unas envía el original, y otras una fotocopia, que además tiene unas rayas bastante extrañas como de montaje folio sobre folio. Yo creo que intenta pasarme también las de su propia vivienda.
He tomado la determinación de exigirle sólo originales el día que me apetezca oír su voz al otro lado del teléfono. Y ya puestos pedirle que me cambie el frigorífico que da pena verlo cerrado y terror abierto.
Menos mal que al menos Gattini está en su sitio. Bajo mi portal hay un montón de gatos que son alimentados por mis vecinos supongo que para hacerles la vida más fácil, a lo que ellos responderán a no mucho tardar cruzándose unos con otros en una orgía gatuna que dará con un millar de gatitos lindos como peluches escuálidos. Lo cierto es que a fuerza de verlos he desarrollado una gran simpatía por casi todos. Que ninguno me provoca el temor del de Jordi allá en Madrid, aquel bicho es negro y grande como una pantera, a mí primero me intenta camelar frotándose contra mis zapatos y luego me ataca cuando estoy más confiado, que ya es nunca.
Estos otros tienen un tamaño más convencional, y son más huidizos, cualidad muy de agradecer en los gatos.
Sin embargo hay uno en particular, que es blanco a manchas marron claro, o marrón a manchas blancas, no sé bien, que ha pasado de huirme como alma que lleva el diablo a mostrar por mí una indiferencia que podríamos catalogar de amable, pues ni se aparta ni me ataca. Simplemente me ve pasar como si fuera el conserje. Creo que nos hemos acostumbrado el uno al otro. Yo siempre le digo:
- Gattini.
Y él se queda sentado en el asiento de la moto, o en la acera con las patitas recogiditas por el cuerpecillo, como de muestrario. Y a veces en las mañanas frescas encima del capó de un coche que regresó recientemente. Cogiendo los calores del motor mientras duren, supongo.
Ahora me lo volvi a encontrar. Él me mira sin moverse un ápice. Yo voy con el MP3 y quizá lo dije demasiado alto: "Gattini"
feliz, de volvermelo a encontrar.
Echa un vistazo a tu alrededor
No hay un alma que llevarse a la boca.
Déjate convencer - Ismael Serrano
Estos son los raros días en que Sestea marchó y Anado quedó compuesto y a solas. Y miro alrededor y siento que soy un poco huérfano estos días. Cierto que la niña lo merece, cierto que estudió tanto que merecía unas vacaciones, puede incluso que de mí. Pero yo me he quedado con el teléfono tan dormido como lo estuvo siempre que no está ella.
Y me digo que la República Dominicana está muy lejos, y que para llegar al sol no hay que alejarse tanto, y que tenemos todas las playas que queramos tener. Están ahí mismo. A golpe de brisa en la arena. El jueves arrancó el reloj de las esperas de quien ya de por si vive esperando.
Todas las vidas dependen del tiempo.
Déjate convencer - Ismael Serrano
Estos son los raros días en que Sestea marchó y Anado quedó compuesto y a solas. Y miro alrededor y siento que soy un poco huérfano estos días. Cierto que la niña lo merece, cierto que estudió tanto que merecía unas vacaciones, puede incluso que de mí. Pero yo me he quedado con el teléfono tan dormido como lo estuvo siempre que no está ella.
Y me digo que la República Dominicana está muy lejos, y que para llegar al sol no hay que alejarse tanto, y que tenemos todas las playas que queramos tener. Están ahí mismo. A golpe de brisa en la arena. El jueves arrancó el reloj de las esperas de quien ya de por si vive esperando.
Todas las vidas dependen del tiempo.
sábado, 5 de julio de 2008
Los bellacos
Compañera de viaje.
Caprichos de colores - Chambao
Explica el otro día Sonia lo de Andalucía te quiere en un comentario a uno de mis post. Para los de fuera dice. ¡Si yo apenas tengo asiduos! ¿No te das cuenta?
Pero por si los hubiera diré que yo me vengo regularmente con el ánimo bastante poco en serio, aunque haya días que arrastro los pies y me dejo aquí una parte de ese poso de tristeza que da sentir la felicidad tan lejos. Pero esos días son los menos.
Normalmente me vengo como el pitufo gruñón de los dibujos animados, que de niño mi madre me regaló un llavero con aquel muñeco en el extremo, ¡cómo fruncía la frente azul!, ¡cuánto me conoce mi madre!
Y llego siendo yo un batallón de uno solo solamente porque desde aquí puedo cargar contra todo lo que quiera, que no soluciona nada en absoluto, pero que al menos me sitúa en el mapa con mi propia opinión. Variable, variante, cambiando.
Sin embargo hoy no quiero que la entrada me quede como una de aquellas que son todo seriedad y melancolía. Y eso que quería citar la liberación de Ingrid Betancourt, aunque antes no hubiéramos dado un real por volverla a ver. Quizá sea la conclusión más valiosa, que siempre ha de haber una oportunidad para la esperanza.
Para mí a supuesto una alegría extraordinaria, porque aunque me pareciera un mujer en extremo ingenua e imprudente por su forma de exponerse, también es cierto que su situación desesperada me ganó sin remisión como ha de ganar a todo aquel con un mínimo de decencia ante cualquier secuestro.
Además encontré en sus palabras siempre un alto componente literario, un don para la palabra que no tenemos todos, lamentablemente. Y es casi seguro que su historia política apenas se ha apuntado e irá a más en el futuro.
Pero hoy quiero mencionar nada más a esas dos comadrejas que la retenían 6 años en la selva. Esos dos cobardes que tenían a los secuestrados permanentemente encadenados.
El ejército colombiano ha actuado con astucia para la liberación, esto es evidente. Pero también a la hora de mostrar a los secuestradores. Dos alfeñiques rodeados de uniformados de la policía militar de metro ochenta y cinco cuanto menos.
Porque la guerra contra el terrorismo se gana de muchas maneras. Pero también mostrando a un enemigo pequeño y rendido ante el más fuerte que por suerte, en esta ocasión, es el bueno.
No todas las semanas recibimos noticias extraordinarias.
Mi esperanza hoy está por los cielos. Está arriba y subiendo.
Caprichos de colores - Chambao
Explica el otro día Sonia lo de Andalucía te quiere en un comentario a uno de mis post. Para los de fuera dice. ¡Si yo apenas tengo asiduos! ¿No te das cuenta?
Pero por si los hubiera diré que yo me vengo regularmente con el ánimo bastante poco en serio, aunque haya días que arrastro los pies y me dejo aquí una parte de ese poso de tristeza que da sentir la felicidad tan lejos. Pero esos días son los menos.
Normalmente me vengo como el pitufo gruñón de los dibujos animados, que de niño mi madre me regaló un llavero con aquel muñeco en el extremo, ¡cómo fruncía la frente azul!, ¡cuánto me conoce mi madre!
Y llego siendo yo un batallón de uno solo solamente porque desde aquí puedo cargar contra todo lo que quiera, que no soluciona nada en absoluto, pero que al menos me sitúa en el mapa con mi propia opinión. Variable, variante, cambiando.
Sin embargo hoy no quiero que la entrada me quede como una de aquellas que son todo seriedad y melancolía. Y eso que quería citar la liberación de Ingrid Betancourt, aunque antes no hubiéramos dado un real por volverla a ver. Quizá sea la conclusión más valiosa, que siempre ha de haber una oportunidad para la esperanza.
Para mí a supuesto una alegría extraordinaria, porque aunque me pareciera un mujer en extremo ingenua e imprudente por su forma de exponerse, también es cierto que su situación desesperada me ganó sin remisión como ha de ganar a todo aquel con un mínimo de decencia ante cualquier secuestro.
Además encontré en sus palabras siempre un alto componente literario, un don para la palabra que no tenemos todos, lamentablemente. Y es casi seguro que su historia política apenas se ha apuntado e irá a más en el futuro.
Pero hoy quiero mencionar nada más a esas dos comadrejas que la retenían 6 años en la selva. Esos dos cobardes que tenían a los secuestrados permanentemente encadenados.
El ejército colombiano ha actuado con astucia para la liberación, esto es evidente. Pero también a la hora de mostrar a los secuestradores. Dos alfeñiques rodeados de uniformados de la policía militar de metro ochenta y cinco cuanto menos.
Porque la guerra contra el terrorismo se gana de muchas maneras. Pero también mostrando a un enemigo pequeño y rendido ante el más fuerte que por suerte, en esta ocasión, es el bueno.
No todas las semanas recibimos noticias extraordinarias.
Mi esperanza hoy está por los cielos. Está arriba y subiendo.
viernes, 4 de julio de 2008
El pasaporte del tenista
Mi espera no es eterna si tú eres el final.
Desde que despierto - Juanes
Ya tengo el pasaporte que me permita entrar en Turquía. Y dale con que lo necesito. ¡Si tengo contactado al Ministerio de Exteriores y casi al mismísimo presidente del gobierno! ¡Basta con el NIF si el acceso se hace utilizando los aeropuertos y no alguna de las fronteras que delimitan su territorio!
Pero tanto insisten que yo doy mi brazo a torcer. Me rindo y me saco el pasaporte donde he salido razonablemente bien pese a tener el careto que tengo. Claro que por sacarlo el Ministerio del Interior te cobra 17,20 euros que no es ninguna tontería ¡cómo para salir feo, encima!
Y lo peor de todo es que uno no puede gritar ahí en medio que aquello es un abuso, como abuso es que te cobren 6 euros y pico por el DNI ¡si yo no lo quiero para nada! Pero no puedes protestar braceando y acordándote de la madre de todos los funcionarios, porque tienen razón, si hoy tienes para salir del país, tienes forzosamente también para costear el libreto de las fotos guapas y los visados. Es verdad que los funcionarios que te lo proporcionan son lentos como una cita por llegar, y conste que tendría que ser cosa de un instante pues tienen lo último en costosa tecnología. Pero claro, los aparatos no actúan por si solos, requieren de la colaboración de un humano, aunque sea funcionario.
Y ahí se complica. No importa que la actuación sea escanear una foto y levantarse a recoger el asunto a la impresora de otro cuarto, si todo eso se hace como si quien se atarea fuera uno de esos perezosos blancos que salen en los documentales. Animales por cierto que si no recuerdo mal bajan a defecar al suelo, con lo lentos que son y lo fácilmente que pueden ser atacados por otros animales más rápidos. Pero es que cada uno tiene sus caprichos. También se dejan las uñas muy largas para engancharse mejor, y se mueven a cámara lenta.
Así que uno sabe a que hora entra pero no a que hora va a salir. Eso sí, yo miraba y me decía para mis adentros que vaya conversadores fenomenales que son todos ellos, porque allí sentados nadie de los que antes se acordaban de la familia entera de todos y cada uno de los funcionarios parece tener prisa. Yo creo que es una especie de venganza, como ellos tuvieron que echar casi toda la tarde esperando retendrán en la medida de lo que puedan la atención de uno de esos funcionarios resabiados. Así tengan que alabar su eficacia y buena disposición hacia el trabajo.
Yo mismo me comporté así, no me duele reconocerlo. Claro que antes tuve que pasar por el trago de ver como una madre de familia llevaba a sus dos "fillas" a adjudicarles un DNI de los nuevos, con el chip y todo. ¡Y yo con uno antiguo para los próximos 10 años porque en mi pueblo no saben hacer los nuevos! Y cuando terminó con alguien uno de los funcionarios, tras olvidar el reloj, cuando el resto de los pacientes hacíamos la ola, la señora cogió de la mano a la cría sin funcionario y la llevó hasta él que sonreía amistoso y tranquilo, desde su puesto que es como un trono sin tensiones, ni prisas ni vendavales.
Así que la señora se quedó a caballo entre los dos puestos, con esa especie de gemelas (no diría que eran iguales pero vestían igual) ocupando un afanoso funcionario cada una. Como a los reyes mayos, yo también pediré para mí un funcionario, y lo tendré, supongo.
Y la cosa era de lanzarse por los suelos, lo habría hecho de tener 6 meses menos, pero con mi edad hay cosas que uno ya no puede hacer aunque quiera. Y menos allí, que Jefatura está bien poblado de gente con la pistola al cinto, y por su forma de mirar no parecen muy cuerdos, sea dicho todo de paso.
De hecho el primero que me encontré me dijo que por la tarde a esa hora ya no daban número porque solamente daban a los primeros 60, pero yo le contesté que llego de Llanes y que había llamado por teléfono (ambas cosas son rigurosamente ciertas) y me miró con cara de poker momentos antes de ausentarse no sé bien a donde.
Entonces una señora me dijo que ese mismo paisano le había dicho algo parecido unas semanas atrás, que pasara para adentro, a lo que yo opuse que no tenía demasiadas ganas de enemistarme con alguien mejor armado que yo, pero que iba a defender mi derecho a abonar nuevas tasas al Estado con toda la furia que caracterizó hasta hace bien poco a la selección española.
La verdad es que no hizo falta. Volvió el policía y me entregó un número que estaba con veinte personas de por medio (incluyendo a las dos niñas, que fíjate que sagaces habían sacado un número para cada una).
Así que me fui a sentar a una butaca con la impaciencia de quien está viendo a la fuerza una película de Paco Martinez Soria con el botón "Slowly" del video apretado.
Luego compré tres prendas de ropa muy vistosas. Aprovechando un poco las rebajas, aunque lo mejor esté por llegar. También compré un juego para la PS3, que haga compañía al GTA4 mientras duermo. El Top Spin 3. Un juego de tenis en el que emular a Federer, que dicen que me parezco, aunque no jugando al tenis, lamentablemente.
Yo creo que es porque los dos estamos echando tripilla. Aunque a él lo he visto estos días más fino, como yo.
El caso es que el juego es una castaña total. Claro, dejar a Niko Bellic arrasando en Liberty City para recibir una somanta de palos jugando al tenis virtual no gusta, y menos a mí que soy un ganador en un paréntesis vital (que me lleva durando toda la vida). Menuda forma de lanzar los golpes tan extraña. Con lo purista y exigente que puedo llegar a ser.
Si uno quisiera que lo apalizaran al tenis lo jugaría en pista.
Esos 60 euros parecen más tirados que los del pasaporte dichoso.
Quedé centradico, centradico y entrañable,
hecho un primor.
Desde que despierto - Juanes
Ya tengo el pasaporte que me permita entrar en Turquía. Y dale con que lo necesito. ¡Si tengo contactado al Ministerio de Exteriores y casi al mismísimo presidente del gobierno! ¡Basta con el NIF si el acceso se hace utilizando los aeropuertos y no alguna de las fronteras que delimitan su territorio!
Pero tanto insisten que yo doy mi brazo a torcer. Me rindo y me saco el pasaporte donde he salido razonablemente bien pese a tener el careto que tengo. Claro que por sacarlo el Ministerio del Interior te cobra 17,20 euros que no es ninguna tontería ¡cómo para salir feo, encima!
Y lo peor de todo es que uno no puede gritar ahí en medio que aquello es un abuso, como abuso es que te cobren 6 euros y pico por el DNI ¡si yo no lo quiero para nada! Pero no puedes protestar braceando y acordándote de la madre de todos los funcionarios, porque tienen razón, si hoy tienes para salir del país, tienes forzosamente también para costear el libreto de las fotos guapas y los visados. Es verdad que los funcionarios que te lo proporcionan son lentos como una cita por llegar, y conste que tendría que ser cosa de un instante pues tienen lo último en costosa tecnología. Pero claro, los aparatos no actúan por si solos, requieren de la colaboración de un humano, aunque sea funcionario.
Y ahí se complica. No importa que la actuación sea escanear una foto y levantarse a recoger el asunto a la impresora de otro cuarto, si todo eso se hace como si quien se atarea fuera uno de esos perezosos blancos que salen en los documentales. Animales por cierto que si no recuerdo mal bajan a defecar al suelo, con lo lentos que son y lo fácilmente que pueden ser atacados por otros animales más rápidos. Pero es que cada uno tiene sus caprichos. También se dejan las uñas muy largas para engancharse mejor, y se mueven a cámara lenta.
Así que uno sabe a que hora entra pero no a que hora va a salir. Eso sí, yo miraba y me decía para mis adentros que vaya conversadores fenomenales que son todos ellos, porque allí sentados nadie de los que antes se acordaban de la familia entera de todos y cada uno de los funcionarios parece tener prisa. Yo creo que es una especie de venganza, como ellos tuvieron que echar casi toda la tarde esperando retendrán en la medida de lo que puedan la atención de uno de esos funcionarios resabiados. Así tengan que alabar su eficacia y buena disposición hacia el trabajo.
Yo mismo me comporté así, no me duele reconocerlo. Claro que antes tuve que pasar por el trago de ver como una madre de familia llevaba a sus dos "fillas" a adjudicarles un DNI de los nuevos, con el chip y todo. ¡Y yo con uno antiguo para los próximos 10 años porque en mi pueblo no saben hacer los nuevos! Y cuando terminó con alguien uno de los funcionarios, tras olvidar el reloj, cuando el resto de los pacientes hacíamos la ola, la señora cogió de la mano a la cría sin funcionario y la llevó hasta él que sonreía amistoso y tranquilo, desde su puesto que es como un trono sin tensiones, ni prisas ni vendavales.
Así que la señora se quedó a caballo entre los dos puestos, con esa especie de gemelas (no diría que eran iguales pero vestían igual) ocupando un afanoso funcionario cada una. Como a los reyes mayos, yo también pediré para mí un funcionario, y lo tendré, supongo.
Y la cosa era de lanzarse por los suelos, lo habría hecho de tener 6 meses menos, pero con mi edad hay cosas que uno ya no puede hacer aunque quiera. Y menos allí, que Jefatura está bien poblado de gente con la pistola al cinto, y por su forma de mirar no parecen muy cuerdos, sea dicho todo de paso.
De hecho el primero que me encontré me dijo que por la tarde a esa hora ya no daban número porque solamente daban a los primeros 60, pero yo le contesté que llego de Llanes y que había llamado por teléfono (ambas cosas son rigurosamente ciertas) y me miró con cara de poker momentos antes de ausentarse no sé bien a donde.
Entonces una señora me dijo que ese mismo paisano le había dicho algo parecido unas semanas atrás, que pasara para adentro, a lo que yo opuse que no tenía demasiadas ganas de enemistarme con alguien mejor armado que yo, pero que iba a defender mi derecho a abonar nuevas tasas al Estado con toda la furia que caracterizó hasta hace bien poco a la selección española.
La verdad es que no hizo falta. Volvió el policía y me entregó un número que estaba con veinte personas de por medio (incluyendo a las dos niñas, que fíjate que sagaces habían sacado un número para cada una).
Así que me fui a sentar a una butaca con la impaciencia de quien está viendo a la fuerza una película de Paco Martinez Soria con el botón "Slowly" del video apretado.
Luego compré tres prendas de ropa muy vistosas. Aprovechando un poco las rebajas, aunque lo mejor esté por llegar. También compré un juego para la PS3, que haga compañía al GTA4 mientras duermo. El Top Spin 3. Un juego de tenis en el que emular a Federer, que dicen que me parezco, aunque no jugando al tenis, lamentablemente.
Yo creo que es porque los dos estamos echando tripilla. Aunque a él lo he visto estos días más fino, como yo.
El caso es que el juego es una castaña total. Claro, dejar a Niko Bellic arrasando en Liberty City para recibir una somanta de palos jugando al tenis virtual no gusta, y menos a mí que soy un ganador en un paréntesis vital (que me lleva durando toda la vida). Menuda forma de lanzar los golpes tan extraña. Con lo purista y exigente que puedo llegar a ser.
Si uno quisiera que lo apalizaran al tenis lo jugaría en pista.
Esos 60 euros parecen más tirados que los del pasaporte dichoso.
Quedé centradico, centradico y entrañable,
hecho un primor.
lunes, 30 de junio de 2008
El equipo
La excusa más cobarde es culpar al destino.
Amores imposibles - Ismael Serrano
Coincido un momento con Su y le digo que me vengo para escribir un párrafo. Me dice que "buena inspiración", pero dejemos eso para el día en que tenga que escribir una novela, que para escribir impresiones y describir las torceduras de la vida no requiero de nada más que unos minutos y una pantalla en blanco como esta.
Barruntaba la posibilidad de escribir sobre la selección, pero la verdad es que me da mucha pereza entrar en pormenores. Y soy realmente injusto, porque mis pensamientos acerca de la selección de fútbol son de una elocuencia sin igual, y de un rigor táctico que ni el sabio de Hortaleza, ni cien que supieran tanto como él. Y la verdad es que en casi todas las esferas de la vida soy apenas un aprendiz, aunque peine canas ya, que las peino, pero en lo que se refiere al análisis de los grupos humanos, especialmente los deportivos y acerca del fútbol de competición en particular, debo ser uno de los más atinados, por mi don para la observación minuciosa, sobretodo.
Es por ello, por mi pereza en entrar al detalle y por mi egoísmo de no querer compartir mi sapiencia, que dejaré aquí apenas un retazo.
Selección de jugones. STOP
Torres es un fardo que se mueve torpemente. STOP
La historia se entiende por como acaba. STOP.
Con esos mimbres yo también hago un cesto. STOP.
Ahora las gentes se rasgan la roja porque Aragonés se va tras el dinero turco, porque no tuvo otra opción dice, con lo patán que es y ha sido siempre. Claro que debe ser condición sine quanon para ejercer de seleccionador porque esta Eurocopa me ha servido para descubrir que Camacho es aún más patán, y de una inteligencia corta como eran los pases de Albelda cuando jugaba.
Yo creo que es porque las personas tienden a juntarse con sus iguales, o al menos con aquellos con los que comparten rasgos. Así no es raro habida cuenta de cómo es el presidente de la federación de fútbol.
Cualquiera podría ponerme a caer de un burro o decir que no tengo ni idea, pero renuncio a la tarea de procurar convencer a nadie. Dejaremos a esos cuantos pidiendo disculpas a Aragonés por no haberlo apoyado ciegamente en los tiempos tenebrosos en que perdíamos con Irlanda y demás selecciones mundiales. No sabíamos que en Aragonés habitaba un héroe, dispuesto a luchar sin gafas contra el temporal como un gigante de epopeya guiando el destino del mundo. Contra su menton como faro rompen las olas de todas las ingratitudes.
Sólo diré que mi alegría de ayer era sincera y casi emocionada. Por cuanto es un final feliz y difícil. Quien me conoce un poco sabe que nada me dañó más que los imposibles, los finales se dieran como se dieran me afectaron tanto tantas veces...
- Te perdí cuando subí a aquel coche. (Vanilla Sky)
Y no seré yo de aquellos que se envuelvan en banderas para salir a la calle, que yo siento España sin dolor, y me alegro de nuestros triunfos porque veo a los otros como si fueran mis hermanos, quizá ahora más que nunca porque se empezaron a mostrar como tales incluso, pero los nacionalismos exacerbados se me han perdido con los años. Son etiquetas que no necesito para seguir vivo.
Es por eso que cuando veo al señor Urkullu con ese mal talante porque le molesta que le pregunten por la selección española, me pregunto si con aquella mala cara no le dio por viajar por el mundo para descubrir que las fronteras son mentira. Que no hay más fronteras que las del idioma, cuando las hay, por desgracia.
Parece mentira, tan crecidito y tan inmerso en niñerías para jugar con el lehendakari. ¡Viajen ustedes por el mundo, hombres de dios! ¡Que perra han cogido con levantar muros! Preocúpense de lo importante y no acerca de discutir cuestiones semánticas. Que antiguos son, madre mía. A estas alturas con esas, en pleno siglo XXI.
Este es mi planeta, lo quiero conocer entero, palmo a palmo, y mis hermanos son los mejores jugando al fútbol. Ahí queda para el recuerdo una parte de un partido como si fuera una obra de arte digna de marco y museo. Son capaces de hacer fácil lo difícil. Aunque es solamente difícil para los otros.
Para el que no tiene talento.
Ellos lo tienen, por eso en vez de discutir chorradas nos hacen felices.
Yo creo que a partir de ahora podremos hacer cualquier cosa, todo lo que nos propongamos.
Amores imposibles - Ismael Serrano
Coincido un momento con Su y le digo que me vengo para escribir un párrafo. Me dice que "buena inspiración", pero dejemos eso para el día en que tenga que escribir una novela, que para escribir impresiones y describir las torceduras de la vida no requiero de nada más que unos minutos y una pantalla en blanco como esta.
Barruntaba la posibilidad de escribir sobre la selección, pero la verdad es que me da mucha pereza entrar en pormenores. Y soy realmente injusto, porque mis pensamientos acerca de la selección de fútbol son de una elocuencia sin igual, y de un rigor táctico que ni el sabio de Hortaleza, ni cien que supieran tanto como él. Y la verdad es que en casi todas las esferas de la vida soy apenas un aprendiz, aunque peine canas ya, que las peino, pero en lo que se refiere al análisis de los grupos humanos, especialmente los deportivos y acerca del fútbol de competición en particular, debo ser uno de los más atinados, por mi don para la observación minuciosa, sobretodo.
Es por ello, por mi pereza en entrar al detalle y por mi egoísmo de no querer compartir mi sapiencia, que dejaré aquí apenas un retazo.
Selección de jugones. STOP
Torres es un fardo que se mueve torpemente. STOP
La historia se entiende por como acaba. STOP.
Con esos mimbres yo también hago un cesto. STOP.
Ahora las gentes se rasgan la roja porque Aragonés se va tras el dinero turco, porque no tuvo otra opción dice, con lo patán que es y ha sido siempre. Claro que debe ser condición sine quanon para ejercer de seleccionador porque esta Eurocopa me ha servido para descubrir que Camacho es aún más patán, y de una inteligencia corta como eran los pases de Albelda cuando jugaba.
Yo creo que es porque las personas tienden a juntarse con sus iguales, o al menos con aquellos con los que comparten rasgos. Así no es raro habida cuenta de cómo es el presidente de la federación de fútbol.
Cualquiera podría ponerme a caer de un burro o decir que no tengo ni idea, pero renuncio a la tarea de procurar convencer a nadie. Dejaremos a esos cuantos pidiendo disculpas a Aragonés por no haberlo apoyado ciegamente en los tiempos tenebrosos en que perdíamos con Irlanda y demás selecciones mundiales. No sabíamos que en Aragonés habitaba un héroe, dispuesto a luchar sin gafas contra el temporal como un gigante de epopeya guiando el destino del mundo. Contra su menton como faro rompen las olas de todas las ingratitudes.
Sólo diré que mi alegría de ayer era sincera y casi emocionada. Por cuanto es un final feliz y difícil. Quien me conoce un poco sabe que nada me dañó más que los imposibles, los finales se dieran como se dieran me afectaron tanto tantas veces...
- Te perdí cuando subí a aquel coche. (Vanilla Sky)
Y no seré yo de aquellos que se envuelvan en banderas para salir a la calle, que yo siento España sin dolor, y me alegro de nuestros triunfos porque veo a los otros como si fueran mis hermanos, quizá ahora más que nunca porque se empezaron a mostrar como tales incluso, pero los nacionalismos exacerbados se me han perdido con los años. Son etiquetas que no necesito para seguir vivo.
Es por eso que cuando veo al señor Urkullu con ese mal talante porque le molesta que le pregunten por la selección española, me pregunto si con aquella mala cara no le dio por viajar por el mundo para descubrir que las fronteras son mentira. Que no hay más fronteras que las del idioma, cuando las hay, por desgracia.
Parece mentira, tan crecidito y tan inmerso en niñerías para jugar con el lehendakari. ¡Viajen ustedes por el mundo, hombres de dios! ¡Que perra han cogido con levantar muros! Preocúpense de lo importante y no acerca de discutir cuestiones semánticas. Que antiguos son, madre mía. A estas alturas con esas, en pleno siglo XXI.
Este es mi planeta, lo quiero conocer entero, palmo a palmo, y mis hermanos son los mejores jugando al fútbol. Ahí queda para el recuerdo una parte de un partido como si fuera una obra de arte digna de marco y museo. Son capaces de hacer fácil lo difícil. Aunque es solamente difícil para los otros.
Para el que no tiene talento.
Ellos lo tienen, por eso en vez de discutir chorradas nos hacen felices.
Yo creo que a partir de ahora podremos hacer cualquier cosa, todo lo que nos propongamos.
viernes, 27 de junio de 2008
El partido
Caminando por la calle yo te vi,
y un día me enamoré, de ti.
Duende del sur - Chambao
Me contaba un conocido que trabaja en el Registro de la Propiedad que lleva una semana infernal. Y decía que demasiadas cosas al tiempo, durante demasiado. Yo lo miré y le dije que en los peores momentos, en los momentos más duros debe recordar algo de gran importancia. Y que se da siempre.
- Andalucía te quiere.
Y él se echó a reír de buena gana.
Pues es verdad.
Ayer descubrimos que a la España futbolística le ha salido un nuevo amor. El de toda Europa que ha caído rendida a los pies de ese puñado de bajitos que le dan a la pelota el mejor trato posible. Jugando como los ángeles ayer rozamos un imposible, la perfección.
Cierto que el rival estaba desarbolado, que eran tiernos e incapaces de contener el huracán así fuera a patadas. Simplemente se quedaron ensimismados como cuando entra en la habitación el amor de tu vida. Quizá en el fondo no querían parar nada de lo que estaba pasando. Es tan hermosa la contemplación de volverse protagonista de algo grande aún cuando se es la parte perjudicada...
Es tan lindo mirar al amor y sentir que nos corresponde de algún modo. Ayer los rusos estaban cayendo en una derrota sin paliativos y sin embargo no podían hacer nada, simplemente mirar anonadados, porque en el fútbol es posible una suerte de arte si se da una conjunción única de factores. Tan raro como una lluvia de estrellas.
Ayer nos volvimos a enamorar. Todo parecía indicarlo, desde bien temprano. La mitad del país se asaba al sol estival y yo veía granizar trozos de hielo contra el balcón de la casa.
Vivimos un Julio temprano y loco. No hay más certeza que sentir el pecho palpitante,
seguimos vivos.
y un día me enamoré, de ti.
Duende del sur - Chambao
Me contaba un conocido que trabaja en el Registro de la Propiedad que lleva una semana infernal. Y decía que demasiadas cosas al tiempo, durante demasiado. Yo lo miré y le dije que en los peores momentos, en los momentos más duros debe recordar algo de gran importancia. Y que se da siempre.
- Andalucía te quiere.
Y él se echó a reír de buena gana.
Pues es verdad.
Ayer descubrimos que a la España futbolística le ha salido un nuevo amor. El de toda Europa que ha caído rendida a los pies de ese puñado de bajitos que le dan a la pelota el mejor trato posible. Jugando como los ángeles ayer rozamos un imposible, la perfección.
Cierto que el rival estaba desarbolado, que eran tiernos e incapaces de contener el huracán así fuera a patadas. Simplemente se quedaron ensimismados como cuando entra en la habitación el amor de tu vida. Quizá en el fondo no querían parar nada de lo que estaba pasando. Es tan hermosa la contemplación de volverse protagonista de algo grande aún cuando se es la parte perjudicada...
Es tan lindo mirar al amor y sentir que nos corresponde de algún modo. Ayer los rusos estaban cayendo en una derrota sin paliativos y sin embargo no podían hacer nada, simplemente mirar anonadados, porque en el fútbol es posible una suerte de arte si se da una conjunción única de factores. Tan raro como una lluvia de estrellas.
Ayer nos volvimos a enamorar. Todo parecía indicarlo, desde bien temprano. La mitad del país se asaba al sol estival y yo veía granizar trozos de hielo contra el balcón de la casa.
Vivimos un Julio temprano y loco. No hay más certeza que sentir el pecho palpitante,
seguimos vivos.
miércoles, 25 de junio de 2008
Haciendo tiempo
A esperar que suba la marea.
A la orilla de la chimenea - Joaquín Sabina
Vuelvo como ayer sin nada que contar. Me he paseado por los periódicos por ver si había algo que pudiera mencionar, algo que tuviera que ver con este tiempo que vivimos, este siglo XXI que vivo y digo.
Pero no me apetece hablar de las redes pedófilas que pueblan Internet compartiendo abusos a menores, eso más bien me da ganas de echar la pota y no parar.
Tampoco me apetece hablar de la red de narcotráfico que opera en los aeropuertos distrayendo maletas y traficando con personas.
¿Dónde se me han metido los políticos? ¿No podré hacer sangre hoy con ellos? ¡Quiero la calma chicha de un estanque donde se refleje el atardecer cotidiano!
Al fin los políticos como los entrenadores de fútbol están para saco de boxeo en que el ciudadano normal y corriente puede descargar sus propios dolores y frustraciones.
Pero hoy nada me inspira.
Sí contaré que contra pronostico y aunque no lo parezca los famosos 200 euros que son parte de un total de 400 que prometió el gobierno, han terminado apareciendo.
Van muy disfrazados en la nómina, pero están ahí.
Es truco de trilero.
Como en tantas cosas, son una distracción momentánea; los terminarán cobrando.
A la orilla de la chimenea - Joaquín Sabina
Vuelvo como ayer sin nada que contar. Me he paseado por los periódicos por ver si había algo que pudiera mencionar, algo que tuviera que ver con este tiempo que vivimos, este siglo XXI que vivo y digo.
Pero no me apetece hablar de las redes pedófilas que pueblan Internet compartiendo abusos a menores, eso más bien me da ganas de echar la pota y no parar.
Tampoco me apetece hablar de la red de narcotráfico que opera en los aeropuertos distrayendo maletas y traficando con personas.
¿Dónde se me han metido los políticos? ¿No podré hacer sangre hoy con ellos? ¡Quiero la calma chicha de un estanque donde se refleje el atardecer cotidiano!
Al fin los políticos como los entrenadores de fútbol están para saco de boxeo en que el ciudadano normal y corriente puede descargar sus propios dolores y frustraciones.
Pero hoy nada me inspira.
Sí contaré que contra pronostico y aunque no lo parezca los famosos 200 euros que son parte de un total de 400 que prometió el gobierno, han terminado apareciendo.
Van muy disfrazados en la nómina, pero están ahí.
Es truco de trilero.
Como en tantas cosas, son una distracción momentánea; los terminarán cobrando.
martes, 24 de junio de 2008
La dieta
Tiriti tran tran.
Caprichos de colores - Chambao
La verdad es que quería escribir y no sabía por donde empezar.
Me ocurre a veces, Cualquier otro lo dejaría pasar y esperaría inspiraciones mejores, pero yo no soy de esos. Yo me vengo dispuesto llenar espacio con lo que sea. Que las palabras las regalo, señores. Abro las manos y se me desparraman.
Así que como hoy me estoy encontrando mu fino, a pesar de haber comido tanto, contaré que esta dieta casual me está resultando en extremo beneficiosa, al menos para el ánimo.
He estado comiendo cuatro días puré de calabacines que me dejaron hecho porque saben que yo no soy de hacer más que abrir y cerrar la puerta del microondas, para lo que tengo una habilidad especial, todavía no me quedó a medio abrir ni a medio cerrar por error. Que siempre supe dar fuerza justa para que hiciera "click" en un sentido o en otro. Pena que nadie vaya a valorar lo bien que me aproximo hasta la puertecilla, con torería, como Tiger Woods lanzando directo al hoyo. Pero esas cosas no se valoran en los tiempos que corren. Llámame loco.
Tenía un pucherazo más grande que el de la operación Malaya, y me lo he ido comiendo plato a plato mientras mi figura se iba recobrando milagrosamente. Si no fuera porque sigo teniendo las piernas harto dobladas y temo que un día partan si salto, me sentiría grácil como uno de esas gacelas macho que brincan locas de pánico porque los hierbajos se movieron un poco y solo fue el aire. Cierto que ahora estoy con síndrome de abstinencia de pizza, pero me da la impresión de haber vuelto a ser un chavaluco. Que a la gente les parezco un muchacho, con la pila de años que llevo gastados.
Además para rematar ayer volví por la piscina. Podría repetir ahora, pero no se trata de que ni siquiera se me vea.
Además la piscina desarrolla los brazos como si levantaras mancuernas, y me temo que si sigo nadando pueda ocurrir que no me quepan en las camisas y en las chaquetas.
Llevo mucho gastado en ropa pa anda jugando.
Caprichos de colores - Chambao
La verdad es que quería escribir y no sabía por donde empezar.
Me ocurre a veces, Cualquier otro lo dejaría pasar y esperaría inspiraciones mejores, pero yo no soy de esos. Yo me vengo dispuesto llenar espacio con lo que sea. Que las palabras las regalo, señores. Abro las manos y se me desparraman.
Así que como hoy me estoy encontrando mu fino, a pesar de haber comido tanto, contaré que esta dieta casual me está resultando en extremo beneficiosa, al menos para el ánimo.
He estado comiendo cuatro días puré de calabacines que me dejaron hecho porque saben que yo no soy de hacer más que abrir y cerrar la puerta del microondas, para lo que tengo una habilidad especial, todavía no me quedó a medio abrir ni a medio cerrar por error. Que siempre supe dar fuerza justa para que hiciera "click" en un sentido o en otro. Pena que nadie vaya a valorar lo bien que me aproximo hasta la puertecilla, con torería, como Tiger Woods lanzando directo al hoyo. Pero esas cosas no se valoran en los tiempos que corren. Llámame loco.
Tenía un pucherazo más grande que el de la operación Malaya, y me lo he ido comiendo plato a plato mientras mi figura se iba recobrando milagrosamente. Si no fuera porque sigo teniendo las piernas harto dobladas y temo que un día partan si salto, me sentiría grácil como uno de esas gacelas macho que brincan locas de pánico porque los hierbajos se movieron un poco y solo fue el aire. Cierto que ahora estoy con síndrome de abstinencia de pizza, pero me da la impresión de haber vuelto a ser un chavaluco. Que a la gente les parezco un muchacho, con la pila de años que llevo gastados.
Además para rematar ayer volví por la piscina. Podría repetir ahora, pero no se trata de que ni siquiera se me vea.
Además la piscina desarrolla los brazos como si levantaras mancuernas, y me temo que si sigo nadando pueda ocurrir que no me quepan en las camisas y en las chaquetas.
Llevo mucho gastado en ropa pa anda jugando.
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