Hoy estuve hablando con varias personas por teléfono, bien cómodo, tirado en la cama. Estaba cansado porque madrugué para volver a casa y no sé bien con quién pero en medio de una de aquellas conversaciones escuché el estruendo de un montón de platos rotos. Enseguida pensé que somos muchos los torpes dispuestos a "caer" vasos y botellas (sobre todo con una copa de más). Pero no le di mayor importancia. Seguí a lo mío y luego me quedé dormido.
Más tarde decidí que era hora de comprobar si la lavadora había terminado ciclo galáctico para ponerme a tender. Entonces, al acercarme a la cocina pude comprobar que todos esos platos o vasos o lo que fuera no habían caído en Marte sino mucho más cerca. Y es que si algo se rompe, algo mío se rompe. El suelo estaba llenito de cristalitos pequeños y grandes. Lo más gracioso de todo es que soy plenamente consciente de mi cara al dar la luz, ni siquiera se me movió un músculo. Mi rostro impertérrito comprobando que cómo no van a ser mis propios enseres los rotos si es que algo rompe. Lo malo es que no sé precisar con exactitud el alcance de los destrozos ¡son tan distintos cuando forman parte de algo compacto! Y es que soy tan torpe como para exponer el friegue pendiente del otro día encima del baile de la lavadora que empuja a caderazos a los platitos hasta el precipicio. Nada me sorprende, toy curado de espanto y eso me ha convertido en alguien auténticamente profesional, sobretodo si la solución pasa por una escoba y un recogedor. Tendré que reemplazarlos para el día en que le tenga que devolver el piso a mi casera. No vaya a ser que por dos platos se me quede con la fianza, ¡está todo igual, igualico que yo que sigo siendo el mismo!
Ayer desperté en el Perelló y desde la cama oía a mis padres hablar y reírse en el comedor que está pared con pared a mi cuarto. No pude evitar un pensamiento. Lo bien que están juntos, lo fenomenales compañeros de viaje que son. Ahora van de cuando en cuando al cine y tienen en cartera un par de pelis, recomendadas en un semanal por un puñado de críticos. Tantos años juntos y no pueden estar el uno sin el otro. No logré saber de qué hablaban pero les oí la risa. Habrán tenido alguna suerte y a ratos mucha paciencia estoy seguro... ¡pero qué bien lo han hecho!, ¡qué bien lo siguen haciendo!
Son la pareja perfecta.
domingo, 16 de abril de 2006
jueves, 13 de abril de 2006
Vuelo
Vuelo mañana para viajar una vez más hacia Valencia porque tengo cuatro días despejados como el levante sin borrascas. Y en verdad hay que reconocer que esos cuatro días, que son tan fugaces que pasan casi sin sentir, son lo de menos. Lo más importante son los días previos, esta semana que acaba un miércoles, la semana anterior que tenía la vista fija en la tarde agotada, en el día de mañana que será día de viajes de encuentros. En esta ocasión además como un suspiro, en vuelo directo sin escalas, 70 minutos para enjugar todas las distancias, para recorrer por encima de las nubes un país entero. Esos días que buscan fecha en el calendario fueron vividos con una ilusión desmedida. Porque aunque una vida vista desde mucha altura pueda parecer diminuta, porque vista a toda prisa no es más que un movimiento repetitivo de cortos trayectos, si te acercas un poco hasta el detalle, hasta comprobar más allá de la corteza misma, comprobarás que algo se conmueve. Está ahí todos los días, amagada pero volviendo único cada día. Es la ilusión por las pequeñas cosas. A mí se me ponía la sonrisa sin yo quererlo, y una especie de asombro por todo lo que me rodea.
martes, 11 de abril de 2006
Tropiezos
"El querer es todo en la vida. Si queréis ser felices lo seréis. Es la voluntad la que transporta las montañas".
Alfred Victor de Vigny
Soy una auténtico caso. Ayer al salir del cuarto empujé con una pierna un periódico antiguo que estaba en la mesita de noche (junto al cartón que acompañó unas sábanas que adquirí hace unas fechas). Este tropiezo hizo que se cayera el altavoz izquierdo de mi microcadena lo que provocó un tirón de cable que hizo caer a su vez la unidad central al suelo, y por simpatía o porque una cosa conlleva la otra, hay lazos irrompibles, cayó también el altavoz derecho en perfecto estéreo. Toda la cadena contra el suelo desde el rascacielos de mis dos mesillas de noche. Uno dirá que no es mucha altura, que lo más seguro es que la unidad central absorbiera el impacto en sus aristas como el vehículo de pruebas chocando contra el muro, pero no, el resultado fue el esperado, la unidad lectora dejó de leer y esta vez la culpa fue mía y de nadie más, que soy a veces como Urkel, el chavalillo que desmontaba un garaje entero solamente con asomar sus gafas por el quicio de la puerta.
Ahora bien, ese aparato es ya un caso perdido. No importa demasiado pues la mayoría de las veces lo utilizaba para oír la radio, y eso lo podré seguir haciendo. Ningún golpe por fuerte que sea acabó con las ondas invisibles de la música gratis por publicidad. Viajan por encima de tu cabeza, por debajo, aunque no las veas. Solamente si me encerrara en un burbuja y no es el caso. Además me da la oportunidad de ir a los grandes almacenes del mejor precio con la ilusión del comprador. Estoy dispuesto a llevarme el aparato más grande, el que tenga la caja más ancha para que la gente me mire por la calle, para que el conductor del autobús me llame la atención insistiendo en que aquello debe, como yo, pagar billete. A lo que yo opondré, negando con la cabeza, que una de dos o esto o yo, pero nunca los dos al tiempo en el mismo viaje. Que viajamos juntos porque es frágil y que haga espacio para dos en el maletero si cuenta con alojarlo allí. Bien sujetos, contando las paradas por una leve rendija de sol. Nada más una condición, suba el aire acondicionado.
Quiero desembalarlo en casa y quedármelo mirando. Sintonizar una a una sus emisoras y abrir el cargador de cd's diciendo que ahí van tres discografías al menos, que son la vida entera de sus autores con apenas una pausa de dos segundos entre canción y canción (o una parte importante de sus vidas), saber que tengo una doble pletina para grabar cintas de cassete si es que quiero convertirme en el último romántico de una forma de llevar música felizmente superada, poner 90 minutos en cuenta atrás como cada noche; es el plazo máximo que me doy para alcanzar el sueño.
Alfred Victor de Vigny
Soy una auténtico caso. Ayer al salir del cuarto empujé con una pierna un periódico antiguo que estaba en la mesita de noche (junto al cartón que acompañó unas sábanas que adquirí hace unas fechas). Este tropiezo hizo que se cayera el altavoz izquierdo de mi microcadena lo que provocó un tirón de cable que hizo caer a su vez la unidad central al suelo, y por simpatía o porque una cosa conlleva la otra, hay lazos irrompibles, cayó también el altavoz derecho en perfecto estéreo. Toda la cadena contra el suelo desde el rascacielos de mis dos mesillas de noche. Uno dirá que no es mucha altura, que lo más seguro es que la unidad central absorbiera el impacto en sus aristas como el vehículo de pruebas chocando contra el muro, pero no, el resultado fue el esperado, la unidad lectora dejó de leer y esta vez la culpa fue mía y de nadie más, que soy a veces como Urkel, el chavalillo que desmontaba un garaje entero solamente con asomar sus gafas por el quicio de la puerta.
Ahora bien, ese aparato es ya un caso perdido. No importa demasiado pues la mayoría de las veces lo utilizaba para oír la radio, y eso lo podré seguir haciendo. Ningún golpe por fuerte que sea acabó con las ondas invisibles de la música gratis por publicidad. Viajan por encima de tu cabeza, por debajo, aunque no las veas. Solamente si me encerrara en un burbuja y no es el caso. Además me da la oportunidad de ir a los grandes almacenes del mejor precio con la ilusión del comprador. Estoy dispuesto a llevarme el aparato más grande, el que tenga la caja más ancha para que la gente me mire por la calle, para que el conductor del autobús me llame la atención insistiendo en que aquello debe, como yo, pagar billete. A lo que yo opondré, negando con la cabeza, que una de dos o esto o yo, pero nunca los dos al tiempo en el mismo viaje. Que viajamos juntos porque es frágil y que haga espacio para dos en el maletero si cuenta con alojarlo allí. Bien sujetos, contando las paradas por una leve rendija de sol. Nada más una condición, suba el aire acondicionado.
Quiero desembalarlo en casa y quedármelo mirando. Sintonizar una a una sus emisoras y abrir el cargador de cd's diciendo que ahí van tres discografías al menos, que son la vida entera de sus autores con apenas una pausa de dos segundos entre canción y canción (o una parte importante de sus vidas), saber que tengo una doble pletina para grabar cintas de cassete si es que quiero convertirme en el último romántico de una forma de llevar música felizmente superada, poner 90 minutos en cuenta atrás como cada noche; es el plazo máximo que me doy para alcanzar el sueño.
domingo, 9 de abril de 2006
Paseo de San Pedro

Estuve esta tarde en el paseo de San Pedro. Es un lugar precioso. Me gusta ir con música y pasear por allí arriba. Está todo cubierto de césped verde y da a los acantilados, donde rompen las olas con una fuerza que varía según la marejada. Uno mira desde arriba y no sabe si es que son las olas las que sangran al golpearse contra la pared de piedra o es la piedra la que vierte su sangre blanca y salada al mar. Si yo fuera un fugitivo que huye de algo, no podría haber encontrado mejor destino. Pero a mí me trajo una casualidad de hace muchos años. Hoy se hizo de noche deprisa. A pesar de todo, incluso en la anochecida es tan bello que parece mentira.

En la muro bajo de piedra leí dos inscripciones. "Rebollete te queremos", "Diana te queremos" y en ambas una fecha del pasado. No sé si porque aquel amor tuvo una fecha de inicio, de final, o porque ambos juntos o por separado decidieron saltar la distancia hasta las olas.
sábado, 8 de abril de 2006
Bichos
Miro todo este tema de los vuelos y resulta que es mucho más caro volar a Valencia que a Frankfurt, Liverpool o Roma. ¡A Roma llegas por poco más de 60 euros en ida y vuelta!
Mis próximas quedadas en el extranjero, ya lo tengo claro. La cosa es que como voy justito de tiempo lo único que haré será pasearme por los aeropuertos como un ejecutivo inquieto, comprobando que aún no se me paró el segundero. De un lado a otro en cada pasillo. Subiendo y bajando escaleras. Dejando a derecha e izquierda los cubiles infumables del fumador. Ni siquiera saldré de aquel espacio, solamente por el aire de regreso a casa.
Este sábado se propuso, el Xuac lo hizo, una cenita de promo pero la gente anda ocupadilla y con tantas bajas la cosa se terminó cancelando o esa otra palabra más suave, como una caricia en la cara, posponiendo sin fecha. Claro si es que dejar que haga la propuesta el Xuac que no es capaz de convencer a nadie de que el cielo es azul era apostar directamente al caballo perdedor. Así nos hemos quedado los dos, bastante tostados y con unas ganas inmensas de fijar una nueva fecha, allá en el futuro incierto, si es que entonces nos surge como un arrebato que hay que verse las caras para no olvidar.
Esta semana seguí con interés todo el negocio del Consistorio de Marbella. Y lo que más me ha llamado la atención es el pésimo gusto del tal Roca, ese cerebro de intereses partidistas y comisiones bajo manga. Tiene el tipo un montón de casas (¿y castillos?) pero lo curioso es que en alguna de ellas el hombre montó un auténtico belén de animales disecados. ¡Que el engendro tenía una jirafa entera en un rincón! ¡Y un manada de leones tan perfectamente dispuestos que ni Rodríguez de la Fuente!
En mi opinión, que importa tan poquita cosa, a este fulano había que encerrarlo con sentencia en firme en su celdilla de Alcalá Meco o donde sea, y llevarle allí a todos los bichos. Nada más para que no esté solo. Sí, sí, al oso polar también. Que para sentarse en la taza del vater tenga que empujar al animalico p'allá. ¡Jo! Que razón tendrá cuando se diga que cualquier tiempo pasado fue mejor.
Mis próximas quedadas en el extranjero, ya lo tengo claro. La cosa es que como voy justito de tiempo lo único que haré será pasearme por los aeropuertos como un ejecutivo inquieto, comprobando que aún no se me paró el segundero. De un lado a otro en cada pasillo. Subiendo y bajando escaleras. Dejando a derecha e izquierda los cubiles infumables del fumador. Ni siquiera saldré de aquel espacio, solamente por el aire de regreso a casa.
Este sábado se propuso, el Xuac lo hizo, una cenita de promo pero la gente anda ocupadilla y con tantas bajas la cosa se terminó cancelando o esa otra palabra más suave, como una caricia en la cara, posponiendo sin fecha. Claro si es que dejar que haga la propuesta el Xuac que no es capaz de convencer a nadie de que el cielo es azul era apostar directamente al caballo perdedor. Así nos hemos quedado los dos, bastante tostados y con unas ganas inmensas de fijar una nueva fecha, allá en el futuro incierto, si es que entonces nos surge como un arrebato que hay que verse las caras para no olvidar.
Esta semana seguí con interés todo el negocio del Consistorio de Marbella. Y lo que más me ha llamado la atención es el pésimo gusto del tal Roca, ese cerebro de intereses partidistas y comisiones bajo manga. Tiene el tipo un montón de casas (¿y castillos?) pero lo curioso es que en alguna de ellas el hombre montó un auténtico belén de animales disecados. ¡Que el engendro tenía una jirafa entera en un rincón! ¡Y un manada de leones tan perfectamente dispuestos que ni Rodríguez de la Fuente!
En mi opinión, que importa tan poquita cosa, a este fulano había que encerrarlo con sentencia en firme en su celdilla de Alcalá Meco o donde sea, y llevarle allí a todos los bichos. Nada más para que no esté solo. Sí, sí, al oso polar también. Que para sentarse en la taza del vater tenga que empujar al animalico p'allá. ¡Jo! Que razón tendrá cuando se diga que cualquier tiempo pasado fue mejor.
jueves, 6 de abril de 2006
miércoles, 5 de abril de 2006
Mangantes
Uno ve los telediarios y se asombra de que en Marbella hubiera tanto mangante. Pero eso no es peor que la impresión (muy personal) de que se les pudo trincar antes pero no se hizo. ¡Cómo tenían todo aquello, casas, pisos, terrenos, animales, edificios... y nadie se dio cuenta!
Uno termina pensando que durante mucho tiempo se hizo la vista gorda o simplemente jueces, fiscales y demás son ineficaces.
Me decía un amigo que ese mangoneo se da en todos los ayuntamientos, aunque en menor medida porque claro, Marbella mueve más dinero.
Así estamos los ciudadanos rasos, convencidos de que nos timan como al tonto que se sabe timado sin queja (pero con cara de tonto) y que nos mangonearán unos y otros siempre que puedan y tanto como puedan. Estamos des-cre-í-di-tos. Qué más da su color. Nos preocupan otras cosas pero atenderemos murmurando entre nosotros al circo de los medios.
Uno termina pensando que durante mucho tiempo se hizo la vista gorda o simplemente jueces, fiscales y demás son ineficaces.
Me decía un amigo que ese mangoneo se da en todos los ayuntamientos, aunque en menor medida porque claro, Marbella mueve más dinero.
Así estamos los ciudadanos rasos, convencidos de que nos timan como al tonto que se sabe timado sin queja (pero con cara de tonto) y que nos mangonearán unos y otros siempre que puedan y tanto como puedan. Estamos des-cre-í-di-tos. Qué más da su color. Nos preocupan otras cosas pero atenderemos murmurando entre nosotros al circo de los medios.
domingo, 2 de abril de 2006
Senderos

Esta mañana tiré pal monte, como las cabras.
Me puse un chándal y las deportivas. Cogí el discman, los cd's, ninguno repe, la cartera y las llaves. Todo lo metí en la mochila sin orden ni concierto y me la enganché al compartimento de la espalda que es el ancho espacio que va de omoplato a omoplato ¿omoqué? Entre los hombracos, vaya.
Estoy rodeado de paisajes realmente hermosos. Los que venimos de una ciudad en que el verde es un trozo de jardín solemos quedar maravillados ante el esplendor del norte. Se nos nota porque caminamos con el rostro estupefacto, como si no termináramos de creer lo que ven los ojos. Nos decimos a cada paso ¡qué bonito es esto! y luego ¡pero qué bonito! Además vamos con la cámara en la mano echando fotos sin parar.
La cosa es que yo he tirado por un caminete y luego hacia otro. Viendo por el crujir del estómago que se me estaba haciendo algo tarde pregunté al primer paisano que me encontré. ¿Si tiro por ahí vuelvo verdad? Y el hombre muy amable me dice que no, que ese camino desemboca en Cue. Así me oriento yo (tardé dos días en encontrar el interruptor de la cocina de la casa, no digo más).
El caso es que como le dije esta era una noticia magnífica. Puesto que llevaba en la cartera mis cuartos (traseros) pensé que podría comer en Cue alguna cosa, un completito menú del día, en alguno de sus bares para regresar justo antes de que se iniciara la modorra de sobremesa. Pero no pudo ser. Los bares no esperaban mi llegada por lo que se ve y como me dijo un vecino allí no tenían de nada. Por lo que se ve los existentes estaban cerrados a cal y canto o solamente debían dispensar de beber (lo que no dejaba de tener su atractivo, todo hay que decirlo).
El caso es que tras sentarme al sol junto a una tapia y tirar de móvil decidí emprender el regreso con la certeza de que mi bote de fabada me estaría esperando con la misma paciencia que tuvo siempre, fuera cuando fuera su enlatado.
Estaba mediando el camino de regreso y de repente a menos de dos metros de mí una ardilla marrón, pequeñita y muy linda se queda parada. Su cuerpecín a la altura de mi cabolo. Demasiado para el forastero. De inmediato meto mano en la mochila y busco a tientas la cámara de fotos. El caso es que no le quito ojo. ¡No te vayas bicho, no te vayas! En esas se empieza a mover, pero hacia delante, ofreciendo su perfil. Yo cojo la cámara por fin, me la desenfundo torpemente (la cámara) y pulso en botón de encendido que extrae el objetivo para poder lanzar fotos. En ese instante, saliendo el objetivo, el animalico cambia la trayectoria y dándome la espalda desaparece tras un montículo verde.
Yo que no soy de los que me rindo fácilmente y viendo que tras ese montículo había una extensa llanura me digo que si logro subir podré cazar a la ardilla en una fotito. La empresa no es fácil. Aquello está muy escarpado y yo llevo el discman en la mano lo que sin duda dificulta las cosas. Pero la foto lo merece. Me lanzo p'arriba como las cabras y llego hasta ese espacio que resulta que está rodeado de alambrada. Pero no una alambrada cualquiera, nada más un hilo de alambre a la altura de los cataplines, y la cosa tiene su importancia porque como podría comprobar, por suerte solamente en las piernillas, aquello estaba electrificado. Tras dos o tres descargas (no sé si involuntarias o como las ratitas más torpes de laboratorio pa comprobar que aquello da corriente) termino por darme por vencido. De la ardilla no volví a saber nada. Debió largarse a toda prisa como un famoso abandonando el portal de la amante desconocida por si hubiera paparazzis. El caso es que salvado ese alambre me encontré ante lo que antes había subido ágilmente y resultó que bajar daba más miedo. Eran apenas unos metros pero escarpadísimos, una pendiente realmente pronunciada y abajo esperando como un rosal, una alambrada de esas que tiene alambre ensortijado como pequeños puños punzantes y oxidados. Había que tener, desde luego un cuidado extremo. Si uno bajara alegremente podía caer contra aquello. Tras mantener una conversación telefónica desde aquel altillo y posponerla hasta más tarde me lancé, si es que se puede decir de este modo, porque lo que hice fue bajar con un cuidado tremendo. Como un domador mordido vuelve a la jaula de los leones.
La cosa es que la coordinación de cabeza y patas resultó providencial. Una vez abajo continúe hasta casa y comí fabada según los planes. Mañana hago compra, me tengo que dar algún caprichito. Toy fino, soy algo así como la mitad de Ronaldo.
La alegría de Sestea
"Toda persona es dos personas: una está despierta en la oscuridad y la otra está dormida en la luz".
Khail Gibrán
Por Sestea, para que lo lea.

Existió, puedo jurarlo, a caballo entre el siglo XX y el XXI una personita de apenas metro y medio que fue, es y será todo corazón.
Yo soy de aquellos que tienen una fe inmensa en las personas. De esos que piensan que todo el mundo es bueno. Que todos tenemos habilidades especiales, a veces recónditas, a algunos les lleva toda la vida descubrirlas. La mayoría de las veces son los otros quienes las descubren. Se hacen ostensibles para ellos, para quienes nos aprecian. Yo me pregunté muchas veces el porqué del amor, quizá misterio irresoluble, y no hallé respuesta. ¿Por qué le parecí tan bueno siendo tan mediocre? ¿Cómo mira el corazón que no atiende al hecho objetivo? ¿Cuál realidad es la auténtica, la que percibe uno mismo o la de la persona que te amó? ¿Por qué yo entre todos? ¿Por qué tú?
Sestea existió, existe como demostración palpable de que entre tanto, hay mucho bueno. Pero no quisiera dar la impresión de que esto tiene algo de ordinario. Y es por ello que reconozco que es una injusticia que pase inadvertida para tantos que no podrían, aunque quisieran, conocerla.

Al principio la llamé Rafiki, luego fue Sestea y probablemente para el futuro será Maya. Le compré estas Fallas, en un puestecillo una muñeca de peluche de la abeja rayada en amarillo y negro; con sus alitas transparentes y todo. Un muñeco muy gracioso, como ella. Pasó toda la tarde que dedicamos a ver fallas con el peluche de la mano, en todas las calles, paso a paso las dos muñecas.
Yo la traté desde los tiempos en que era otro. Aquel que me llevó a ser quién soy ahora, que no es el mismo de entonces. Vamos cubriendo año a año estaciones transitorias de un largo viaje. Como un tren que se detuviera cada poco sin dejar viajeros. Y que sea así por muchos años, pues pisar el andén es quedar en el camino, como quedaremos tarde o temprano todos. Convertirse en un recuerdo también pasajero, condenado a no durar.
Pero estas letras no son la invención que se vuelve caprichosa para decidir la suerte de unos personajes que no tienen de verdad más que un retazo, son las letras de mi vida. De lo que he vivido, de lo que he sido todos los días.

Yo siempre bromee con la idea de que me perseguía pues siempre estuvo al otro lado de la mesa. Asida a mi mano, en el asiento contiguo en cada viaje. Donde quiera que fuera allí estaba, con sus enormes ojos aceituna, de dibujo animado. Y siempre demostró una paciencia infinita conmigo, no podía ser de otro modo, sobretodo en los últimos tiempos. Porque siempre ha estado. Siempre a mi lado sin que importara la distancia espacial que nos separa. Sin que importara siquiera las circunstancias cambiantes de nuestras vidas, en la que nada permanece constante.
Yo tuve siempre una certeza que me ponía a salvo de todo. Que era mi única verdad fiable, el único amparo contra el destino incierto. Ella con todo lo que significa, con todo lo que era capaz de dar que siempre ha sido todo lo que es, entregada sin reserva a una convicción que es hermosa, una verdad que para el que lo cree es incontestable, el amor lo puede todo.
Y día a día me asombro de su fuerza, tan capaz de mover montañas, de revertir lo adverso, de conseguirlo todo. Se halla inmersa en una eternidad de estudio. Los tonos de mi llamada la sorprenden ante sus libros para hacer valer los años de derecho, cuando me conoció, está en una lucha constante como una traberita (que es un animalito que cabe en la palma de la mano) contra Goliath. Puede que le lleve aún un par de meses, puede que un poco más.
Desde hace algún tiempo mantengo un principio que es mi propio salvavidas, ante cualquier calamidad que pueda ocurrir, ante lo malo que nos reserva la vida, ante el fracaso, ante las ausencias, ante la muerte:
Casi todo es casi nada.
Aprendí amparado en ese pensamiento a relativizarlo todo. Intentando lograr sin conseguirlo que nada afecte como un terremoto. Procurar estar por encima de la coyuntura.
Me así a ese principio como un naúfrago para darme cuenta que es cierto, pero que esos casi contienen en si mismo excepciones que lejos de ser nada pueden suponerlo todo.
Cuando vienen buenas a Sestea se le pone una sonrisa que llega. Tanto, tanto que todo gira en torno a ella. Su sonrisa es la alegría misma, se transmite por la vista. Consigue que la alegría se propague a su alrededor. Por eso la gente la quiere tanto. Son fogonazos, no ocurren todos los días. No todas sus sonrisas tienen esta cualidad. A veces sonríe tristemente y la tristeza se asoma a sus ojos como una sombra de paso.
Pero esas otras veces en que ella destaca fluorescente sobre gris, en que como siempre nada es perfecto, con el destino y el mundo dándose reveses, de repente ocurre, ella ignora la razón simplemente sonríe. Y su sonrisa es un fenómeno, un milagro, porque lo cambia todo. Todo parece mejor. Su alegría nos mejora. La vuelve refulgente, como si la luz se abriera paso entre nubes negras desde ella.
Esos momentos, puntuales y únicos son la excepción al casi. Y es que a veces la bondad es un torrente que nace en la sonrisa de Sestea.
Khail Gibrán
Por Sestea, para que lo lea.

Existió, puedo jurarlo, a caballo entre el siglo XX y el XXI una personita de apenas metro y medio que fue, es y será todo corazón.
Yo soy de aquellos que tienen una fe inmensa en las personas. De esos que piensan que todo el mundo es bueno. Que todos tenemos habilidades especiales, a veces recónditas, a algunos les lleva toda la vida descubrirlas. La mayoría de las veces son los otros quienes las descubren. Se hacen ostensibles para ellos, para quienes nos aprecian. Yo me pregunté muchas veces el porqué del amor, quizá misterio irresoluble, y no hallé respuesta. ¿Por qué le parecí tan bueno siendo tan mediocre? ¿Cómo mira el corazón que no atiende al hecho objetivo? ¿Cuál realidad es la auténtica, la que percibe uno mismo o la de la persona que te amó? ¿Por qué yo entre todos? ¿Por qué tú?
Sestea existió, existe como demostración palpable de que entre tanto, hay mucho bueno. Pero no quisiera dar la impresión de que esto tiene algo de ordinario. Y es por ello que reconozco que es una injusticia que pase inadvertida para tantos que no podrían, aunque quisieran, conocerla.

Al principio la llamé Rafiki, luego fue Sestea y probablemente para el futuro será Maya. Le compré estas Fallas, en un puestecillo una muñeca de peluche de la abeja rayada en amarillo y negro; con sus alitas transparentes y todo. Un muñeco muy gracioso, como ella. Pasó toda la tarde que dedicamos a ver fallas con el peluche de la mano, en todas las calles, paso a paso las dos muñecas.
Yo la traté desde los tiempos en que era otro. Aquel que me llevó a ser quién soy ahora, que no es el mismo de entonces. Vamos cubriendo año a año estaciones transitorias de un largo viaje. Como un tren que se detuviera cada poco sin dejar viajeros. Y que sea así por muchos años, pues pisar el andén es quedar en el camino, como quedaremos tarde o temprano todos. Convertirse en un recuerdo también pasajero, condenado a no durar.
Pero estas letras no son la invención que se vuelve caprichosa para decidir la suerte de unos personajes que no tienen de verdad más que un retazo, son las letras de mi vida. De lo que he vivido, de lo que he sido todos los días.

Yo siempre bromee con la idea de que me perseguía pues siempre estuvo al otro lado de la mesa. Asida a mi mano, en el asiento contiguo en cada viaje. Donde quiera que fuera allí estaba, con sus enormes ojos aceituna, de dibujo animado. Y siempre demostró una paciencia infinita conmigo, no podía ser de otro modo, sobretodo en los últimos tiempos. Porque siempre ha estado. Siempre a mi lado sin que importara la distancia espacial que nos separa. Sin que importara siquiera las circunstancias cambiantes de nuestras vidas, en la que nada permanece constante.
Yo tuve siempre una certeza que me ponía a salvo de todo. Que era mi única verdad fiable, el único amparo contra el destino incierto. Ella con todo lo que significa, con todo lo que era capaz de dar que siempre ha sido todo lo que es, entregada sin reserva a una convicción que es hermosa, una verdad que para el que lo cree es incontestable, el amor lo puede todo.
Y día a día me asombro de su fuerza, tan capaz de mover montañas, de revertir lo adverso, de conseguirlo todo. Se halla inmersa en una eternidad de estudio. Los tonos de mi llamada la sorprenden ante sus libros para hacer valer los años de derecho, cuando me conoció, está en una lucha constante como una traberita (que es un animalito que cabe en la palma de la mano) contra Goliath. Puede que le lleve aún un par de meses, puede que un poco más.
Desde hace algún tiempo mantengo un principio que es mi propio salvavidas, ante cualquier calamidad que pueda ocurrir, ante lo malo que nos reserva la vida, ante el fracaso, ante las ausencias, ante la muerte:
Casi todo es casi nada.
Aprendí amparado en ese pensamiento a relativizarlo todo. Intentando lograr sin conseguirlo que nada afecte como un terremoto. Procurar estar por encima de la coyuntura.
Me así a ese principio como un naúfrago para darme cuenta que es cierto, pero que esos casi contienen en si mismo excepciones que lejos de ser nada pueden suponerlo todo.
Cuando vienen buenas a Sestea se le pone una sonrisa que llega. Tanto, tanto que todo gira en torno a ella. Su sonrisa es la alegría misma, se transmite por la vista. Consigue que la alegría se propague a su alrededor. Por eso la gente la quiere tanto. Son fogonazos, no ocurren todos los días. No todas sus sonrisas tienen esta cualidad. A veces sonríe tristemente y la tristeza se asoma a sus ojos como una sombra de paso.
Pero esas otras veces en que ella destaca fluorescente sobre gris, en que como siempre nada es perfecto, con el destino y el mundo dándose reveses, de repente ocurre, ella ignora la razón simplemente sonríe. Y su sonrisa es un fenómeno, un milagro, porque lo cambia todo. Todo parece mejor. Su alegría nos mejora. La vuelve refulgente, como si la luz se abriera paso entre nubes negras desde ella.
Esos momentos, puntuales y únicos son la excepción al casi. Y es que a veces la bondad es un torrente que nace en la sonrisa de Sestea.
viernes, 31 de marzo de 2006
miércoles, 29 de marzo de 2006
El sobre de azúcar
Hoy limpiaba mi cartera de recibos antiguos y encontré un par de sobrecitos de azúcar. Los guardé en su día por la leyenda. Reseño aquí uno de ellos (quizá haga lo mismo con el otro mañana):
Ir a derecha e izquierda es fácil. Ganar o ser vencido es fácil también. Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil.
Proverbio Zen
Ir a derecha e izquierda es fácil. Ganar o ser vencido es fácil también. Pero no ganar ni ser vencido es muy difícil.
Proverbio Zen
martes, 28 de marzo de 2006
domingo, 26 de marzo de 2006
Alto el fuego
Llevo muchos días con mono de diario. Y tenía en mente muchos temas, diversos, que tratar. Pero la verdad es que ahora me siento y me quedo como la hoja, en blanco.
Podría contar que ayer se me cayó una cebolla, debió de ver el cuchillo, me pego en el zapataco y se fue rodando detrás de un mueble de la cocina. Para rescatarla me tumbé como un mecánico bajo un coche (sin coche) e intenté alcanzarla moviendo la manica por allí abajo en medio de una auténtica zona residencial de telarañas. Lo primero que saqué fue una bola de papel de aluminio que debía llevar allí desde la construcción de la casa. No desvelo ningún secreto si digo que algunos albañiles o sus esposas son verdaderos maestros haciendo bocatas. Lo que puedo asegurar es que aquel envoltorio no lo envíe yo hasta allí. Es sencillo, como las especias y tantas otras cosas, el papel de aluminio en mi cocina, brilla por su ausencia.
El caso es que al tumbarme me vino un dolor fuerte en el cuello y en los hombros. Creo que me lesioné. Mi primer pensamiento, como es obvio, fue dejar la puñetera cebolla allá donde el destino la hubiera llevado (caprichoso el destino que a veces utliza zapatos o patadas para sus designios). Pero me revelé a seguir con mi vida a sabiendas de que aquella cebolla estaría ahí para siempre. Y es que yo como la princesita del cuento no podría dormir con un guisante bajo mi colchón, menos aún con una cebolla echando raíces justo debajo de mis fuegos.
Hablando de fuegos. ETA ha decretado un alto el fuego permanente y por lo que parece definitivo. En este espacio que ocupo desde hace años he hablado alguna vez de ETA y de como se me quedó el cuerpo cada vez que alguien murió tan sin sentido.
Por fin parece que recobramos sensatez. Bakea behar dugu en cada ayuntamiento, en cada casa de Euskadi. Tendríamos que haber sido más humanistas, darnos perfecta cuenta de la importancia de las personas. No hay en verdad nada más importante. Ningún propósito es bueno si su consecución requiere de sacrificios humanos. Necesitábamos paz con urgencia. Tenemos una oportunidad magnífica para demostrar que nunca se debe perder la esperanza
(esperanza es justo lo que queda).
Podría contar que ayer se me cayó una cebolla, debió de ver el cuchillo, me pego en el zapataco y se fue rodando detrás de un mueble de la cocina. Para rescatarla me tumbé como un mecánico bajo un coche (sin coche) e intenté alcanzarla moviendo la manica por allí abajo en medio de una auténtica zona residencial de telarañas. Lo primero que saqué fue una bola de papel de aluminio que debía llevar allí desde la construcción de la casa. No desvelo ningún secreto si digo que algunos albañiles o sus esposas son verdaderos maestros haciendo bocatas. Lo que puedo asegurar es que aquel envoltorio no lo envíe yo hasta allí. Es sencillo, como las especias y tantas otras cosas, el papel de aluminio en mi cocina, brilla por su ausencia.
El caso es que al tumbarme me vino un dolor fuerte en el cuello y en los hombros. Creo que me lesioné. Mi primer pensamiento, como es obvio, fue dejar la puñetera cebolla allá donde el destino la hubiera llevado (caprichoso el destino que a veces utliza zapatos o patadas para sus designios). Pero me revelé a seguir con mi vida a sabiendas de que aquella cebolla estaría ahí para siempre. Y es que yo como la princesita del cuento no podría dormir con un guisante bajo mi colchón, menos aún con una cebolla echando raíces justo debajo de mis fuegos.
Hablando de fuegos. ETA ha decretado un alto el fuego permanente y por lo que parece definitivo. En este espacio que ocupo desde hace años he hablado alguna vez de ETA y de como se me quedó el cuerpo cada vez que alguien murió tan sin sentido.
Por fin parece que recobramos sensatez. Bakea behar dugu en cada ayuntamiento, en cada casa de Euskadi. Tendríamos que haber sido más humanistas, darnos perfecta cuenta de la importancia de las personas. No hay en verdad nada más importante. Ningún propósito es bueno si su consecución requiere de sacrificios humanos. Necesitábamos paz con urgencia. Tenemos una oportunidad magnífica para demostrar que nunca se debe perder la esperanza
(esperanza es justo lo que queda).
lunes, 20 de marzo de 2006
miércoles, 15 de marzo de 2006
¿Reparado?
Cuando uno lleva algo a reparar espera que le digan aquello de ¡Reparado!, ¡Listo! para preguntar ¿ya?
Conviene preguntarlo, no es ninguna tontería. Si no se pregunta y se atiende a una respuesta afirmativa se corre el grave riesgo de llevartelo tan estropeado como lo dejaste (quizá más).
A mí me llamaron ayer del Servicio Muñiz de reparación para decirme que no me lo habían reparado, la cosa era mejor aún, me habían cambiado la unidad central entera (alguien, no me concretó quién el tendero). Claro, si la micro-cadena se estropeo al mes de comprarla. Yo lo agradecí efusivamente.
Ayer por la tarde un compañero me hizo el favor de recogerla porque la tienda le queda muy próxima a su casa. Hoy compruebo con 6 cd's distintos que la unidad lectora sigue sin leer y que hay un foco de luz azul fuera de lugar en la pantalla donde se lee: NO DISC.
Probablemente este es el único servicio técnico del país donde se entregan las cosas sin siquiera probarlas. Es una cuestión de fe. "Yo creo que funciona perfectamente y ahorro tiempo. Si no lo está ya me enteraré. Me da en la nariz que alguien protestará..."
Es una moneda al aire, a veces cara, a veces cruz.
¿Estas cosas me ocurren a mí solo o soy una víctima más de tantos despropósitos?
Casi seguro que lo merezco.
Contaría que hoy es un día especial. Lo es desde hace más de 30 años, pero ahora no tengo ganas. El año que viene.
Conviene preguntarlo, no es ninguna tontería. Si no se pregunta y se atiende a una respuesta afirmativa se corre el grave riesgo de llevartelo tan estropeado como lo dejaste (quizá más).
A mí me llamaron ayer del Servicio Muñiz de reparación para decirme que no me lo habían reparado, la cosa era mejor aún, me habían cambiado la unidad central entera (alguien, no me concretó quién el tendero). Claro, si la micro-cadena se estropeo al mes de comprarla. Yo lo agradecí efusivamente.
Ayer por la tarde un compañero me hizo el favor de recogerla porque la tienda le queda muy próxima a su casa. Hoy compruebo con 6 cd's distintos que la unidad lectora sigue sin leer y que hay un foco de luz azul fuera de lugar en la pantalla donde se lee: NO DISC.
Probablemente este es el único servicio técnico del país donde se entregan las cosas sin siquiera probarlas. Es una cuestión de fe. "Yo creo que funciona perfectamente y ahorro tiempo. Si no lo está ya me enteraré. Me da en la nariz que alguien protestará..."
Es una moneda al aire, a veces cara, a veces cruz.
¿Estas cosas me ocurren a mí solo o soy una víctima más de tantos despropósitos?
Casi seguro que lo merezco.
Contaría que hoy es un día especial. Lo es desde hace más de 30 años, pero ahora no tengo ganas. El año que viene.
martes, 14 de marzo de 2006
lunes, 13 de marzo de 2006
Grapadoras
Creo que esos artilugios malditos son mi telón de aquiles. Cada vez que pongo una grapa en condiciones chocaría las manos por arriba con los compañeros, con salto (Aúpa) Athletic-o incluido. Ya se van dando cuenta de la dificultad que entraña para mí la cosa.
Alguno creerá que me refiero a las que ponen las enfermeras, las de verdad no las que ve el Xuac en las pelis que ve. Esas grapas no creo que tengan excesiva dificultad, sobre todo si como un buen profesional estás acostumbrado a verlas penetrar en la carne blanda. A mí me daría cosa, no lo voy a negar, pero es que yo tengo que mirar al tendido hasta cuando me extraen sangre. En esas cosas soy más bien blandito (como la carne).
Pero yo me refiero a las grapas normales, a esas que sirven para agrupar hojas (¿para siempre?). Existe algún complot bien organizado de todas las grapadoras del lugar contra mi maña. Es intentarlo y siempre se me quedan a mitad de camino. Asoman a lo más tímidamente por el otro lado como espina recién nacida de un erizo, pero no cierran. No cogen la forma que tendrían que coger de cruasán. Es cierto que me pasa más cuando tengo que fijar muchas hojas, pero es que la mayoría de las veces ni siquiera sale la dichosa grapa de la grapadora, que sitio tan acogedor debe ser. Con esa grapadora. la más grandota en particular, soy como el banderillero que pincha en hueso y se lleva corriendo las banderillas para saltar el burladero, que viene el toro. Se me quedan cogidas por un extremo y tengo que usar con paciencia infinita el saca-grapas para empezar a aflojar tornillos y hacer palanca.
Tuve hace algún tiempo un romance con una grapadora pequeña. Adornada con plástico rosa (si fuera azul sería un grapador). Con ella todo iba bien. Lógicamente no le podías pedir que te grapara demasiadas hojas, pero ni falta que hacía. Para esas ocasiones estaba la puñetera grapadora grande. Pero comprobar que con la pequeña la cosa iba como la seda me hacía olvidar mis continuos traspiés con todas las demás. La de buenos momentos que pasamos. Yo le añadía nuevas grapas dulcemente, y siempre la tenía a mano, esperando cualquier excusa para poner una grapa en condiciones. Aquello eran grapas con categoría, doradas, perfectamente paralelas al rectilíneo límite de la hoja.
Pero como tantas cosas buenas aquello tuvo que acabar. El día en que se acabaron las grapas en su cajita blanca y me trajeron unas en color plata (por cierto vaya tostón de clasificación para la Fórmula 1, tamos rodeados de linces). Decía que se acabaron y me trajeron unas de recambio que se llamaban igual: Número 10 (como Robinho ¡juas!)
pero el resultado ha sido nefasto. Fija las grapas de pena. Yo no sé si soy yo o es que es cierto que nada permanece constante. No sé qué diablos ha ocurrido. O estas grapas son defectuosas o la grapadora está harta de mí. Yo ya no puedo casi ni verla. La tengo en el bote (ahora que ya no la tengo en el bote) y no la saco de ahí ni para darle los buenos días.
Estoy entablando relación con otra más grande y pesadota. Abunda el metal gris y tiene un diseño innovador y vanguardista. Parece fiable del todo, al menos mientras duren estas grapas con las que le hago el rodaje. Luego ya veremos.
Alguno creerá que me refiero a las que ponen las enfermeras, las de verdad no las que ve el Xuac en las pelis que ve. Esas grapas no creo que tengan excesiva dificultad, sobre todo si como un buen profesional estás acostumbrado a verlas penetrar en la carne blanda. A mí me daría cosa, no lo voy a negar, pero es que yo tengo que mirar al tendido hasta cuando me extraen sangre. En esas cosas soy más bien blandito (como la carne).
Pero yo me refiero a las grapas normales, a esas que sirven para agrupar hojas (¿para siempre?). Existe algún complot bien organizado de todas las grapadoras del lugar contra mi maña. Es intentarlo y siempre se me quedan a mitad de camino. Asoman a lo más tímidamente por el otro lado como espina recién nacida de un erizo, pero no cierran. No cogen la forma que tendrían que coger de cruasán. Es cierto que me pasa más cuando tengo que fijar muchas hojas, pero es que la mayoría de las veces ni siquiera sale la dichosa grapa de la grapadora, que sitio tan acogedor debe ser. Con esa grapadora. la más grandota en particular, soy como el banderillero que pincha en hueso y se lleva corriendo las banderillas para saltar el burladero, que viene el toro. Se me quedan cogidas por un extremo y tengo que usar con paciencia infinita el saca-grapas para empezar a aflojar tornillos y hacer palanca.
Tuve hace algún tiempo un romance con una grapadora pequeña. Adornada con plástico rosa (si fuera azul sería un grapador). Con ella todo iba bien. Lógicamente no le podías pedir que te grapara demasiadas hojas, pero ni falta que hacía. Para esas ocasiones estaba la puñetera grapadora grande. Pero comprobar que con la pequeña la cosa iba como la seda me hacía olvidar mis continuos traspiés con todas las demás. La de buenos momentos que pasamos. Yo le añadía nuevas grapas dulcemente, y siempre la tenía a mano, esperando cualquier excusa para poner una grapa en condiciones. Aquello eran grapas con categoría, doradas, perfectamente paralelas al rectilíneo límite de la hoja.
Pero como tantas cosas buenas aquello tuvo que acabar. El día en que se acabaron las grapas en su cajita blanca y me trajeron unas en color plata (por cierto vaya tostón de clasificación para la Fórmula 1, tamos rodeados de linces). Decía que se acabaron y me trajeron unas de recambio que se llamaban igual: Número 10 (como Robinho ¡juas!)
pero el resultado ha sido nefasto. Fija las grapas de pena. Yo no sé si soy yo o es que es cierto que nada permanece constante. No sé qué diablos ha ocurrido. O estas grapas son defectuosas o la grapadora está harta de mí. Yo ya no puedo casi ni verla. La tengo en el bote (ahora que ya no la tengo en el bote) y no la saco de ahí ni para darle los buenos días.
Estoy entablando relación con otra más grande y pesadota. Abunda el metal gris y tiene un diseño innovador y vanguardista. Parece fiable del todo, al menos mientras duren estas grapas con las que le hago el rodaje. Luego ya veremos.
domingo, 12 de marzo de 2006
Algunas incapaces
Yo echo mano siempre de las mismas palabras. Son como un pequeño ejército a mis órdenes pero a veces las palabras no son suficiente. Se muestran incapaces. Las varío en orden, las expongo llenándome de interjecciones pero no consigo gran cosa. Quedan a mitad de camino, en tierra de nadie, en el centro de una playa un día de viento.
Se vuelven incapaces y por incapaces, sin sentido.
Se vuelven incapaces y por incapaces, sin sentido.
Detalles y food-gol
Me levanté esta mañana y me bajé al kiosko a comprar el periódico. El País, que hoy además trae un librito de arroces. Que no se diga que si no me aplico es porque me faltan los medios. Como me dejen solo en la cocina me vuelvo un Ferran Adriá y termino poniendo mi toque de orégano a las papas embolsadas de siempre.
Ha pasado la semana y se me han quedado muchas cosas por decir, pero es que ¡ha habido tardes con tan poca gana!
Quería hacer sangre, si puedo, de Guti que hace dos años (o más) llamaba pueblerinos a los estupendos ciudadanos de Vila-Real (allí dejé algunas amistades). Ahora después de que Henry le demostrara a Ronaldo porque no hay que acabarse siempre el plato, uno se vuelve pesadete y termina pareciendo un veterano cansinamente fondón. Después de que al Real Madrid no lo vayan a ver sobrevolar Europa hasta la gira asiática del verano nos encontramos con un hecho peculiar que merece consideración. Los "pueblerinos" del Vila-Real tienen a su equipo entre los 8 mejores de Europa, ellos siguen en el juego. Aún tienen algo por ganar.
Guti podrá pensar que el que tiene boca se equivoca, que a veces las dan con queso o que, desde luego, es rematadamente imbécil. Pero le ocurre lo que al vestuario completo del Madrid, está acomodado. Tanto lujo, todas las necesidades satisfechas (hasta las de la cima, maldita sea) ;P
consigue que uno rebaje sus exigencias. Al jugador del Real Madrid alguien le dijo que llegar es lo máximo, ya no se puede ascender más. Ese día la vida de un futbolista alcanza su cénit. Desde ahí todo es decrecer. Y claro a estos no les ocurre como a aquellos que tienen que demostrar en cada nuevo proyecto lo bueno que son. Tienen contratos multimillonarios y largos. A ellos todo se la trae al pairo. Ganar o perder al final es algo tan efímero que para qué dar una carrera de más. Que la den los muertos de hambre que aspiran ocupar mi puñetera taquilla de la ciudad deportiva.
Parece además que el vestuario es un nido de víboras. Que allí no se habla nadie con nadie. Por lo que se ve algunos desconectan el audio cuando habla el entrenador, los entrenadores en el Madrid son como los resultados, como este rato, como esta tarde, un fenómeno fugaz, algo momentáneo con lo que hay que cargar. Pero al final pasajero, como la vida. Los únicos eternos son los jugadores porque ya lograron sus mayores metas, ese Madrid capitalino del fútbol, esos sueldos de tanto cero mareantes. En el fondo son unos anárquicos, convencidos de que de sus botas saldría el mejor fútbol si quisieran, pero no quieren. Por pequeñas cosas, porque a mi me consienten menos que a él. Porque yo quiero lo de él, porque yo quiero, porque yo...
Lo que ocurre es que esa creencia ya no la comparte nadie o casi nadie (Florentino ya no). Ahora todos ellos nos parecen viejos, gordos o amnésicos del fútbol.
Yo le tengo cierta simpatía a Ronaldo. No cabe duda de que es un fuera de serie en la mesa. Vamos que no abre la boca para nada. Si nos ponemos, nos ponemos. Y yo por menos de un venado no me pongo a masticar. Es un fuera de serie porque tiene crédito ilimitado. Aún le abren las puertas en Milán para que juegue en los dos equipos (Milán AC e Internazionale). Y cuando digo que le abren puertas es que se las abren en los mejores restaurantes. Porque a Ronaldo hay que saberlo tentar, un sueldo de galáctico, unas cuantas chatis de la noche milanesa y cubiertos de plata para comer hamburguesas.
(Joder, toy haciendo sangre de Ronaldo y yo quería machacar a Guti)
Pero de verdad que es un fuera de serie. ¿Cómo podría, de no serlo, convencer al staff médico del Madrid de que está en su peso idóneo? (Es que tengo los huesos mu pesados).
Porque imagino que todos esos médicos tendrán algo que decir ¿o no son médicos?
Salta a la vista que el muchacho anda con un sobrepeso de golosón de élite. Pero no se le contrató por su habilidad con los mantecados y sin embargo año tras año se mantiene con esa barrigueta de oficinista con silla de ruedecitas, para ir rodando a todos lados. Nadie lo ha metido en cintura (nunca mejor dicho). Pasan los meses y ninguno consiguió ponerlo a dieta. Nadie lo convenció de que repetir postre está bien para una vez a la semana, otra cosa es excederse.
Pero es un fuera de serie porque se liga a las modelos para hacer fiestas de compromiso en los castillos de Francia. Luego no se casa (joer, como todo hijo de vecino, es mu joven). Pero que le quiten lo bailau (aunque no tiene pinta de bailar demasiado).
Yo querría ser jugador del Madrid. Me haría amigo de Zidane que parece tener la cabeza despejá pero amueblá (no sé si me explico). Yo también haría comandillas para malmeter. Eso sí con mucho cuidado al escoger mis enemigos, que tener a Beckham enfrente puede ser peligroso, es una fuente de ingresos tan poderosa que podría ser la excusa perfecta para ponerme de patitas en la calle. Que si los jefazos de la directiva quisieran tomar medidas ejemplarizantes no sea yo el chivo expiatorio. A ver si pago yo por todos. Si al fin yo no tengo ni puta idea de jugar a fútbol (mal y pronto) como ellos.
Pero menudas bacanales nocturnas. Y los partidos al trán trán para no cansarse, nada más de pachanguita...
Lo dejo, que empieza la Fórmula 1.
Ha pasado la semana y se me han quedado muchas cosas por decir, pero es que ¡ha habido tardes con tan poca gana!
Quería hacer sangre, si puedo, de Guti que hace dos años (o más) llamaba pueblerinos a los estupendos ciudadanos de Vila-Real (allí dejé algunas amistades). Ahora después de que Henry le demostrara a Ronaldo porque no hay que acabarse siempre el plato, uno se vuelve pesadete y termina pareciendo un veterano cansinamente fondón. Después de que al Real Madrid no lo vayan a ver sobrevolar Europa hasta la gira asiática del verano nos encontramos con un hecho peculiar que merece consideración. Los "pueblerinos" del Vila-Real tienen a su equipo entre los 8 mejores de Europa, ellos siguen en el juego. Aún tienen algo por ganar.
Guti podrá pensar que el que tiene boca se equivoca, que a veces las dan con queso o que, desde luego, es rematadamente imbécil. Pero le ocurre lo que al vestuario completo del Madrid, está acomodado. Tanto lujo, todas las necesidades satisfechas (hasta las de la cima, maldita sea) ;P
consigue que uno rebaje sus exigencias. Al jugador del Real Madrid alguien le dijo que llegar es lo máximo, ya no se puede ascender más. Ese día la vida de un futbolista alcanza su cénit. Desde ahí todo es decrecer. Y claro a estos no les ocurre como a aquellos que tienen que demostrar en cada nuevo proyecto lo bueno que son. Tienen contratos multimillonarios y largos. A ellos todo se la trae al pairo. Ganar o perder al final es algo tan efímero que para qué dar una carrera de más. Que la den los muertos de hambre que aspiran ocupar mi puñetera taquilla de la ciudad deportiva.
Parece además que el vestuario es un nido de víboras. Que allí no se habla nadie con nadie. Por lo que se ve algunos desconectan el audio cuando habla el entrenador, los entrenadores en el Madrid son como los resultados, como este rato, como esta tarde, un fenómeno fugaz, algo momentáneo con lo que hay que cargar. Pero al final pasajero, como la vida. Los únicos eternos son los jugadores porque ya lograron sus mayores metas, ese Madrid capitalino del fútbol, esos sueldos de tanto cero mareantes. En el fondo son unos anárquicos, convencidos de que de sus botas saldría el mejor fútbol si quisieran, pero no quieren. Por pequeñas cosas, porque a mi me consienten menos que a él. Porque yo quiero lo de él, porque yo quiero, porque yo...
Lo que ocurre es que esa creencia ya no la comparte nadie o casi nadie (Florentino ya no). Ahora todos ellos nos parecen viejos, gordos o amnésicos del fútbol.
Yo le tengo cierta simpatía a Ronaldo. No cabe duda de que es un fuera de serie en la mesa. Vamos que no abre la boca para nada. Si nos ponemos, nos ponemos. Y yo por menos de un venado no me pongo a masticar. Es un fuera de serie porque tiene crédito ilimitado. Aún le abren las puertas en Milán para que juegue en los dos equipos (Milán AC e Internazionale). Y cuando digo que le abren puertas es que se las abren en los mejores restaurantes. Porque a Ronaldo hay que saberlo tentar, un sueldo de galáctico, unas cuantas chatis de la noche milanesa y cubiertos de plata para comer hamburguesas.
(Joder, toy haciendo sangre de Ronaldo y yo quería machacar a Guti)
Pero de verdad que es un fuera de serie. ¿Cómo podría, de no serlo, convencer al staff médico del Madrid de que está en su peso idóneo? (Es que tengo los huesos mu pesados).
Porque imagino que todos esos médicos tendrán algo que decir ¿o no son médicos?
Salta a la vista que el muchacho anda con un sobrepeso de golosón de élite. Pero no se le contrató por su habilidad con los mantecados y sin embargo año tras año se mantiene con esa barrigueta de oficinista con silla de ruedecitas, para ir rodando a todos lados. Nadie lo ha metido en cintura (nunca mejor dicho). Pasan los meses y ninguno consiguió ponerlo a dieta. Nadie lo convenció de que repetir postre está bien para una vez a la semana, otra cosa es excederse.
Pero es un fuera de serie porque se liga a las modelos para hacer fiestas de compromiso en los castillos de Francia. Luego no se casa (joer, como todo hijo de vecino, es mu joven). Pero que le quiten lo bailau (aunque no tiene pinta de bailar demasiado).
Yo querría ser jugador del Madrid. Me haría amigo de Zidane que parece tener la cabeza despejá pero amueblá (no sé si me explico). Yo también haría comandillas para malmeter. Eso sí con mucho cuidado al escoger mis enemigos, que tener a Beckham enfrente puede ser peligroso, es una fuente de ingresos tan poderosa que podría ser la excusa perfecta para ponerme de patitas en la calle. Que si los jefazos de la directiva quisieran tomar medidas ejemplarizantes no sea yo el chivo expiatorio. A ver si pago yo por todos. Si al fin yo no tengo ni puta idea de jugar a fútbol (mal y pronto) como ellos.
Pero menudas bacanales nocturnas. Y los partidos al trán trán para no cansarse, nada más de pachanguita...
Lo dejo, que empieza la Fórmula 1.
sábado, 11 de marzo de 2006
Palabras
Muchas veces uno habla sin saber el efecto que tendrán sus palabras. A veces simplemente no hay efecto alguno. La cuestión, supongo, es hacer lo que uno cree correcto. Lo que uno quiere.
Nada más.
Nada más.
viernes, 10 de marzo de 2006
¿Mejor Girona?

Amparo se gasta adivinanzas conmigo porque no ha perdido la esperanza de que la sorprenda. Un día de estos igual acierto.
Me cuenta tras plantearme 4 fórmulas casi matemáticas que Agnelio ha cogido el gallato y ha decidido aparcar su 205 un poquito lejos de su acera durante el curso (siempre en el mismo sitio aunque parezca mentira). Que dice que viene, que se presenta aquí Dios sabe cuando. Que viene caminando desde su mismo portal, cree que andando será capaz de llegar a todos lados. Yo le digo que lo recibiré con los brazos abiertos y con la sonrisa floja de los reencuentros pero que estas cosas se advierten con tiempo, le pregunto si vendrá a llenarme el frigorífico ¿qué tal se te da la cocina Agneli? Me falta todo lo indispensable, hasta la voluntad me falta.
Pero al momento la cosa cambia. Este Agneli se nos ha convertido en una veleta capaz de variar el sentido de sus pasos según sopla el aire, dice que Girona es mejor que encontrarse conmigo. ¿Qué tienes en Girona que es más bonito que esto? O quizá esta vez tengo razón (ésta nada más) y esos encuentros se tienen que planificar un poco, pues la ilusión es un globo que se llena con facilidad. Solamente hay que querer. Aquí sobra espacio y siempre hay un friegue pendiente. ¿Quién coge la vez? (Yo sigo esperando).
Supongo que hay muchos días y yo voy a estar aquí tanto tiempo como quieran contar conmigo.
miércoles, 8 de marzo de 2006
El chico
Esta mañana entablé diálogo con un tipo. Suele venir a echar puyas a mi compañero sobre fútbol que es un tema que da mucho juego (ese Oviedo en las catacumbas aún existe). El caso es que este señor alguna vez en su vida fue del Athletic de Bilbao (como yo). Pero ahora dice que si el Athletic baja, mejor para él.
Yo no entiendo bien cómo se pasa de un polo al otro. Por eso él me explica que es una cuestión de principios. Y los principios son ese algo irrenunciable. Estoy de acuerdo en eso.
Me da una lección magistral moviendo el dedo índice de arriba a abajo, poniéndolo muy cerquita de su cara, a la altura de la boca. Me suelta el discurso en el que se concluye que si quiere que el Athletic baje es por todo el tema de la política. Entiende que la política es disociable de la vida, que todo confluye, se mezcla. Que nada queda del todo ajeno a nada. La política en este caso todo lo mancha, es como un hilo de plastilina negra en el océano, sólo que no es un hilo, son toneladas de petróleo pringoso.
Le digo que debiéramos intentar no mezclar cosas. Que quien corresponda tendría que evitar politizar lo que antes no tenía nada que ver con la política. Por eso no es bueno (le digo) que saquen pancartas en el Nou Camp con aquello de "Catalonia is not Spain". Yo particularmente no tengo nada en contra de quien así se manifiesta. Respeto todas las opiniones del mismo modo que espero que se respete la mía. Pero creo que debiéramos intentar no mezclar "peras y manzanas" como dijo la concejal de Aznar respecto a otras cosas.
Aquello quedó en tablas supongo (aunque sospecho que se dio por vencido; ¿o fui yo por si la discusión se pudiera agriar?). Yo no pude ni podría dar con el discurso triunfal, me faltan palabras, argumentos y convicciones, pero me doy cuenta que cualquiera puede darme la charla como un maestro a su discípulo. Y no es que no las necesite (hay tanto por aprender), pero la verdad es que a estas alturas, cuando algo tengo sabido ya, al que haya de ejercer de guía le exijo algunas cualidades. No digo que este buen hombre no las tenga, digo nada más que no se las encontré todavía. Simplemente las desconozco.
Cualquiera puede menear el dedo ante mis ojos para ilustrarme. Ya peino algunas canas, pero aún me llaman "el chico". Creo que seré "el chico" eternamente. Como Michael J. Fox.
Yo no entiendo bien cómo se pasa de un polo al otro. Por eso él me explica que es una cuestión de principios. Y los principios son ese algo irrenunciable. Estoy de acuerdo en eso.
Me da una lección magistral moviendo el dedo índice de arriba a abajo, poniéndolo muy cerquita de su cara, a la altura de la boca. Me suelta el discurso en el que se concluye que si quiere que el Athletic baje es por todo el tema de la política. Entiende que la política es disociable de la vida, que todo confluye, se mezcla. Que nada queda del todo ajeno a nada. La política en este caso todo lo mancha, es como un hilo de plastilina negra en el océano, sólo que no es un hilo, son toneladas de petróleo pringoso.
Le digo que debiéramos intentar no mezclar cosas. Que quien corresponda tendría que evitar politizar lo que antes no tenía nada que ver con la política. Por eso no es bueno (le digo) que saquen pancartas en el Nou Camp con aquello de "Catalonia is not Spain". Yo particularmente no tengo nada en contra de quien así se manifiesta. Respeto todas las opiniones del mismo modo que espero que se respete la mía. Pero creo que debiéramos intentar no mezclar "peras y manzanas" como dijo la concejal de Aznar respecto a otras cosas.
Aquello quedó en tablas supongo (aunque sospecho que se dio por vencido; ¿o fui yo por si la discusión se pudiera agriar?). Yo no pude ni podría dar con el discurso triunfal, me faltan palabras, argumentos y convicciones, pero me doy cuenta que cualquiera puede darme la charla como un maestro a su discípulo. Y no es que no las necesite (hay tanto por aprender), pero la verdad es que a estas alturas, cuando algo tengo sabido ya, al que haya de ejercer de guía le exijo algunas cualidades. No digo que este buen hombre no las tenga, digo nada más que no se las encontré todavía. Simplemente las desconozco.
Cualquiera puede menear el dedo ante mis ojos para ilustrarme. Ya peino algunas canas, pero aún me llaman "el chico". Creo que seré "el chico" eternamente. Como Michael J. Fox.
lunes, 6 de marzo de 2006
Telegrama
Ya tengo ADSL. STOP.
Las cosas marchan (bien). STOP.
Madrugo mañana. STOP.
...
Buenas noches. Corto y cierro.
¡Upsss!
Digo STOP.
Las cosas marchan (bien). STOP.
Madrugo mañana. STOP.
...
Buenas noches. Corto y cierro.
¡Upsss!
Digo STOP.
domingo, 5 de marzo de 2006
Oído al parche
Bueno este es un mensaje para el Xuac que es amigo mío desde los inicios de esto que tantos llamaron nueva etapa. Hizo el curso de formación conmigo y se ganó, de algún modo que no se puede precisar, que yo lo llamara "tragafalsos", de tantos billetucos falsos como iban a colarle en el cajón de los billetes (auténticos).
Él que es listo pese a que su careto pueda aparentar lo contrario, se tomó justa venganza y me llamó "tragacheques" ¿es necesario que explique por qué? Desde luego en este caso no acierta porque yo he convertido mi visión panorámica en un fenomenal detector de todo lo falso que me rodea, desde el peluquín perfectamente dispuesto de un hipótetico cliente hasta las aviesas intenciones de quien quiere para mí lo mismo que yo para él.
El caso es que, este que es ya amigo mío porque liga más o menos lo mismo que yo (pese a que yo ya no lo intento) tiene como yo un curso este martes en Oviedo que nos tendrá ocupadillo todo el día. Yo puedo hacerle llegar un mail con todo esto, pero me dijo un día que se había hecho fan de estas tonterías que digo, así que lo expongo y compruebo si se hartó ya o aún le quedan ganas y tiempo para pasar por aquí.
"Escucha chaval:
Mira si es posible que el martes madrugues tanto como es habitual y llegues tempranito a Oviedo para desayunar con un servidor que llegará, si no estrellamos el autobús contra un árbol o similar (sé de lo que hablo) a las 8:20 AM. Quizá estés tentado de decirme que si no tienes que pasar por la oficina te gustaría dormir un rato más (el curso empieza a las 10:30 AM), pero entonces yo tendría que decirte que para madrugones (Lugones :D) los míos que esa mañana habré cogido el bus a las 6:45, aunque ciertamente no descarte quedarme amodorrado viendo pasar tanto árbol por la ventana.
El desayuno que propongo podrá estar compuesto por un zumete de naranja valenciana, un café con leche ¡en taza de desayuno por Dios! y una tostada o dos (depende del tamaño). Quizá algo dulce también, afín a mi carácter...
Estoy pensando en llevar a reparar un aparatejo que tengo ese mismo día. Convendría pues que tuviéramos un cochecito a nuestra disposición. Confío que retuvieras cómo hacer un puente a un deportivo, de ese pasado tuyo reciente y oscuro. Y si esto no es posible que sepas al menos, por anfitrión, como llegar a la calle Francisco Grande Covián Nº 4. Yo ya lo miré en un callejero, pero comprenderás que a mí todas las calles me parecen iguales en el mapa (y nunca supe completar siquiera un puzzle).
A Natalia le pondré un mail, a ver si tiene un rato para acompañarnos entre tanta adquisición inmobiliaria.
Confío en que sigas tan bien (mal) como siempre.
Abrazos amigo."
Él que es listo pese a que su careto pueda aparentar lo contrario, se tomó justa venganza y me llamó "tragacheques" ¿es necesario que explique por qué? Desde luego en este caso no acierta porque yo he convertido mi visión panorámica en un fenomenal detector de todo lo falso que me rodea, desde el peluquín perfectamente dispuesto de un hipótetico cliente hasta las aviesas intenciones de quien quiere para mí lo mismo que yo para él.
El caso es que, este que es ya amigo mío porque liga más o menos lo mismo que yo (pese a que yo ya no lo intento) tiene como yo un curso este martes en Oviedo que nos tendrá ocupadillo todo el día. Yo puedo hacerle llegar un mail con todo esto, pero me dijo un día que se había hecho fan de estas tonterías que digo, así que lo expongo y compruebo si se hartó ya o aún le quedan ganas y tiempo para pasar por aquí.
"Escucha chaval:
Mira si es posible que el martes madrugues tanto como es habitual y llegues tempranito a Oviedo para desayunar con un servidor que llegará, si no estrellamos el autobús contra un árbol o similar (sé de lo que hablo) a las 8:20 AM. Quizá estés tentado de decirme que si no tienes que pasar por la oficina te gustaría dormir un rato más (el curso empieza a las 10:30 AM), pero entonces yo tendría que decirte que para madrugones (Lugones :D) los míos que esa mañana habré cogido el bus a las 6:45, aunque ciertamente no descarte quedarme amodorrado viendo pasar tanto árbol por la ventana.
El desayuno que propongo podrá estar compuesto por un zumete de naranja valenciana, un café con leche ¡en taza de desayuno por Dios! y una tostada o dos (depende del tamaño). Quizá algo dulce también, afín a mi carácter...
Estoy pensando en llevar a reparar un aparatejo que tengo ese mismo día. Convendría pues que tuviéramos un cochecito a nuestra disposición. Confío que retuvieras cómo hacer un puente a un deportivo, de ese pasado tuyo reciente y oscuro. Y si esto no es posible que sepas al menos, por anfitrión, como llegar a la calle Francisco Grande Covián Nº 4. Yo ya lo miré en un callejero, pero comprenderás que a mí todas las calles me parecen iguales en el mapa (y nunca supe completar siquiera un puzzle).
A Natalia le pondré un mail, a ver si tiene un rato para acompañarnos entre tanta adquisición inmobiliaria.
Confío en que sigas tan bien (mal) como siempre.
Abrazos amigo."
sábado, 4 de marzo de 2006
Vivo y digo
Pensaba qué me impulsa a escribir aquí. Porque he convertido esto en algo importante para mí. Lo cierto es que no escribo para nadie ni contra nadie. Escribo estas letras porque desde hace mucho tiempo me veo incapaz de escribir con cierta imaginación sobre algo que no sea yo mismo y lo que a la gente como yo (sin más puntos de vista) le ocurre.
Por descontado no puedo hablar con entera libertad sobre mí porque pese a todo soy reservado. Porque mucho de lo que pienso aunque sea de vital importancia queda en exclusiva para mí mismo, francamente a nadie le importa ni le ha de importar. Esto son apenas unos brochazos del lienzo de mi vida. Lanzados desde la distancia, un boceto en que se dibuja algo de lo que soy. Retazos improvisados y calientes, escritos aquí y ahora. En este instante. Durante este minuto (vivido ya).
Y en lo que concierne a otras personas nunca me faltaron los medios para llegar. Nunca supe distinguir bien lo trascendente de lo meramente accesorio. Y con todas ellas se me quedó mucho por decir y contar. Habra tiempo.
Leí el otro día que Pau Gasol tiene ya preparada su biografía. A mí toda esta gente que escribe la biografía en plena juventud me parecen buitres para los que todo el dinero no será nunca suficiente. Opino que el mero hecho de que uno mismo escriba su propia biografía es un acto tremendamente vanidoso. Yo siempre entendí que el hecho de tener hecha una biografía es consecuencia de haber vivido la vida por entero. Ya no se espera nada de la vida o al menos se cree que ya no será posible aportar nada.
La biografía debiera hacerse postrado en la cama cuando se agotan los minutos. A modo de epílogo, como un anciano que al ver que se va grita que le dejen estar con la sopa, hay tareas más urgentes. Con mucha más razón que un testamento, por poner un ejemplo. Un testamento ordena las cosas para un después por si algo ocurriera. No hay nada malo en tenerlo hecho con antelación. No significa que uno piense que la muerte espera a los pies de la cama, en el capó del coche que inicia la calle cuando tú vas a cruzar. Podrá llegar tras muchos años, pero no te cogerá de improviso, como decía Aznar sobre Irak, "mirando para otro lado".
Creo que la biografía la debieran escribir otros por ti. Juntándose en el recuerdo común. Volcándolo en un librito de muchas hojas en las que cada uno deja un poco de lo que fuiste (porque no se es lo que uno cree, se es lo que creen los otros).
Yo por descontado que no tendré nunca una biografía, dejemos eso para los prohombres de nuestra sociedad. Pero voy dejando miguitas de pan a modo de diario, ya transcurrieron más de 5 años desde que empecé este espacio. A veces vuelvo sobre lo que escribí entonces y abro algún cajón de mi oxidada memoria para recordar la vez, el día aquel. Otras veces lo leo como un extraño. A veces sonrío y me digo que aquello, expuesto así, con distancia, tuvo gracia.
Y sin quererlo, en todo este tiempo algo de mí ha quedado aquí. Soy yo el que está detrás de estas vanalidades. El que se equivoca tanto y no corrige. El que halló toda la libertad para decir sin más límite que mi propia consideración.
Y probablemente además todo esto que vuelco aquí me ha hecho mucho bien. Porque recuerda de algún modo que un día quise ser escritor, y los escritores escriben.
Por descontado no puedo hablar con entera libertad sobre mí porque pese a todo soy reservado. Porque mucho de lo que pienso aunque sea de vital importancia queda en exclusiva para mí mismo, francamente a nadie le importa ni le ha de importar. Esto son apenas unos brochazos del lienzo de mi vida. Lanzados desde la distancia, un boceto en que se dibuja algo de lo que soy. Retazos improvisados y calientes, escritos aquí y ahora. En este instante. Durante este minuto (vivido ya).
Y en lo que concierne a otras personas nunca me faltaron los medios para llegar. Nunca supe distinguir bien lo trascendente de lo meramente accesorio. Y con todas ellas se me quedó mucho por decir y contar. Habra tiempo.
Leí el otro día que Pau Gasol tiene ya preparada su biografía. A mí toda esta gente que escribe la biografía en plena juventud me parecen buitres para los que todo el dinero no será nunca suficiente. Opino que el mero hecho de que uno mismo escriba su propia biografía es un acto tremendamente vanidoso. Yo siempre entendí que el hecho de tener hecha una biografía es consecuencia de haber vivido la vida por entero. Ya no se espera nada de la vida o al menos se cree que ya no será posible aportar nada.
La biografía debiera hacerse postrado en la cama cuando se agotan los minutos. A modo de epílogo, como un anciano que al ver que se va grita que le dejen estar con la sopa, hay tareas más urgentes. Con mucha más razón que un testamento, por poner un ejemplo. Un testamento ordena las cosas para un después por si algo ocurriera. No hay nada malo en tenerlo hecho con antelación. No significa que uno piense que la muerte espera a los pies de la cama, en el capó del coche que inicia la calle cuando tú vas a cruzar. Podrá llegar tras muchos años, pero no te cogerá de improviso, como decía Aznar sobre Irak, "mirando para otro lado".
Creo que la biografía la debieran escribir otros por ti. Juntándose en el recuerdo común. Volcándolo en un librito de muchas hojas en las que cada uno deja un poco de lo que fuiste (porque no se es lo que uno cree, se es lo que creen los otros).
Yo por descontado que no tendré nunca una biografía, dejemos eso para los prohombres de nuestra sociedad. Pero voy dejando miguitas de pan a modo de diario, ya transcurrieron más de 5 años desde que empecé este espacio. A veces vuelvo sobre lo que escribí entonces y abro algún cajón de mi oxidada memoria para recordar la vez, el día aquel. Otras veces lo leo como un extraño. A veces sonrío y me digo que aquello, expuesto así, con distancia, tuvo gracia.
Y sin quererlo, en todo este tiempo algo de mí ha quedado aquí. Soy yo el que está detrás de estas vanalidades. El que se equivoca tanto y no corrige. El que halló toda la libertad para decir sin más límite que mi propia consideración.
Y probablemente además todo esto que vuelco aquí me ha hecho mucho bien. Porque recuerda de algún modo que un día quise ser escritor, y los escritores escriben.
Y sólo así dejo que tú me dejes
Lo prometido es deuda. Hace poco escribía sobre Lluis Llach que abandona la música mucho antes de que sea ella la que lo abandone. Prometí en los comentarios que facilitaría acceso a "Un núvol blanc" que es una de las canciones que más me gustan (algo por detrás de "Amor particular"). Pero van codo con codo, o mejor aún de la mano, nada más un pasito por atrás, una rezagadita que aprieta el paso para ponerse a la misma altura. En cualquier caso no está perdida, hallamos el medio de encontrarla y retenerla.
Sirva esta pequeña incursión para crear un enlace más (nunca habrá suficientes). Porque es un regalo realmente hermoso. Un descubrimiento para unos; un recuerdo.
Sirva esta pequeña incursión para crear un enlace más (nunca habrá suficientes). Porque es un regalo realmente hermoso. Un descubrimiento para unos; un recuerdo.
viernes, 3 de marzo de 2006
03/03/06
Hoy cumple años una chiquita que es mucho más guapa que yo (+? :P). Mucho más tenaz y va camino de ser una profesora excelente. Hoy cumple uno más y dice que ya duelen. Yo digo que solamente es un día más vieja (y quizá mucho más sabia). Hoy cumple alguien que me conoce desde hace mucho. Más tiempo aún que mis propios padres. Que debió llevarse alguna patada mía cuando yo no sabía hacer otra cosa (tampoco sé hacer mucho más ahora). Que iba tras mis pasos en la niñez porque prefería estar conmigo que que con sus amigas, aunque fuera a veces y me comportara (aún soy así) caprichoso y fastidioso (con ella y todos). Le deseo mucha suerte porque quiero que sea muy feliz. Me va la felicidad en ello. Hoy cumple años mi hermana Itziar y espero que esta edad en la que se adentra, que ya no se dice por discreción y timidez le sea propicia y que pueda dar forma a cada sueño. Hermana desde siempre; por si esto fuera poco, melliza mía...
Planchazo
A Homer Simpson un día Bart le llamó "Papá Rabioso". El crío hizo un dibujo que se hizo muy popular en el mundillo este de Internet, simplemente se dedicó a dibujar los tropiezos y desatinos de Homer, que son la monda.
Yo no soy papá, pero soy rabioso de coj...
La última que me han hecho es tenerme esperando cerca de dos meses los fulanos del Wanadoo que tanto se anuncian ante mi contemplativo careto para enviarme el kit ADSL. Esta mañana le decía a un compañero si no sería fruto de mi imaginación ese día 13 de Enero en que me di de alta. Unos ven platillos volantes y lo jurarían ante la impertérrita aguja de una máquina de la verdad, yo tal vez imaginé una llamada en la que se me aseguraba que tendría el ADSL en el plazo máximo de un mes.
Dije:
-Hágase cargo que contrato con ustedes por la urgencia que tengo en poderme conectar. Sepa que estoy fuera de mi casa y me interesa tenerlo cuanto antes.
Supongo que eso lo podría soñar cualquiera. Es normal y lógico. Pero esa llamada no debió producirse nunca. Probablemente es nada más un sueño, y es que uno no puede controlar lo que sueña cuando se apagan las luces.
El caso es que hoy me llaman de SEUR, otro empresa que es un ejemplo de sincronización y eficacia. Me dicen que me entregarán esta tarde el Kit ADSL (¡así que no lo soñe!) y les aclaro de nuevo la dirección de entrega puesto que a Wanadoo le dije que por favor se me entregara cualquier mañana (mejor pronto que tarde) en una sucursal verde, linda, de imponente fachada. A la vista está que era pedir demasiado...
Lo cierto es que yo no esperaba que se me hubiera entregado hoy, nada hacía presagiar que algo así pudiera ocurrir. Ayer teníamos las mismas estrellas en el cielo, no se me apareció nadie ni sentí estremecimiento alguno (aunque sí un buen dolor de cabeza, ya sabemos que era antesala y advertencia).
Ya no soy un iluso que no piense que si puede salir mal, saldrá mal (aunque algunas cosas hayan ido tan bien). Pero el hecho de que aquella voz seria me dijera que se me haría entrega esta tarde me hizo pensar, insensato de mí, que podría conectarme hoy mismo con esa pieza de alta tecnología (ese Kit que hay que merecer).
A las 19:24 he llamado a SEUR en Oviedo para saber si se colapsó la carretera, si es que la entrega se hacía por vía aérea como en los comics y no veían mi balconcillo desde el avión, hay nubes muy puñeteras o si habían decidido que no he esperado bastante, después de todo dos meses no es nada entre los años de esperas que me quedan. Una voz tan seria como la de la mañana ha debido ver mi paquetillo por ahí tirado en un rincón y me ha dicho que ya por la hora, claro...
Yo le he dicho con cortesía exquisita si es posible que se me entregara en la mañana del sábado, pero es evidente que eso es como pedir peras al olmo, como pedir que las entregas se hagan en los plazos previstos, como pedir que si se dijo que se entregaría se entregue efectivamente.
Así que me he encendido como una velita un rato. He tenido enormes ganas de lanzar mi móvil contra la pared, colérico y rabioso como Homer. Pero mi móvil no tiene la culpa, al pobre se le cayó una teclita y la tengo cogida desde hace un mes con celo (y adhesivo). La culpa no es de nadie. Son los elementos, el cielo, la tierra, el mar que viene con marejada, dicen que será un fin de semana frío (aunque para mí será largo). Vaya solillo bueno que hizo estos días.
Ahora me he quedado tranquilo, con el punto de armonía que le da a uno saber que una vez más está por encima del bien y del mal. Que como dice Amparete, no hay cuchillo que me mate. Estoy ya a salvo de todo. Nada me afecta.
Yo no soy papá, pero soy rabioso de coj...
La última que me han hecho es tenerme esperando cerca de dos meses los fulanos del Wanadoo que tanto se anuncian ante mi contemplativo careto para enviarme el kit ADSL. Esta mañana le decía a un compañero si no sería fruto de mi imaginación ese día 13 de Enero en que me di de alta. Unos ven platillos volantes y lo jurarían ante la impertérrita aguja de una máquina de la verdad, yo tal vez imaginé una llamada en la que se me aseguraba que tendría el ADSL en el plazo máximo de un mes.
Dije:
-Hágase cargo que contrato con ustedes por la urgencia que tengo en poderme conectar. Sepa que estoy fuera de mi casa y me interesa tenerlo cuanto antes.
Supongo que eso lo podría soñar cualquiera. Es normal y lógico. Pero esa llamada no debió producirse nunca. Probablemente es nada más un sueño, y es que uno no puede controlar lo que sueña cuando se apagan las luces.
El caso es que hoy me llaman de SEUR, otro empresa que es un ejemplo de sincronización y eficacia. Me dicen que me entregarán esta tarde el Kit ADSL (¡así que no lo soñe!) y les aclaro de nuevo la dirección de entrega puesto que a Wanadoo le dije que por favor se me entregara cualquier mañana (mejor pronto que tarde) en una sucursal verde, linda, de imponente fachada. A la vista está que era pedir demasiado...
Lo cierto es que yo no esperaba que se me hubiera entregado hoy, nada hacía presagiar que algo así pudiera ocurrir. Ayer teníamos las mismas estrellas en el cielo, no se me apareció nadie ni sentí estremecimiento alguno (aunque sí un buen dolor de cabeza, ya sabemos que era antesala y advertencia).
Ya no soy un iluso que no piense que si puede salir mal, saldrá mal (aunque algunas cosas hayan ido tan bien). Pero el hecho de que aquella voz seria me dijera que se me haría entrega esta tarde me hizo pensar, insensato de mí, que podría conectarme hoy mismo con esa pieza de alta tecnología (ese Kit que hay que merecer).
A las 19:24 he llamado a SEUR en Oviedo para saber si se colapsó la carretera, si es que la entrega se hacía por vía aérea como en los comics y no veían mi balconcillo desde el avión, hay nubes muy puñeteras o si habían decidido que no he esperado bastante, después de todo dos meses no es nada entre los años de esperas que me quedan. Una voz tan seria como la de la mañana ha debido ver mi paquetillo por ahí tirado en un rincón y me ha dicho que ya por la hora, claro...
Yo le he dicho con cortesía exquisita si es posible que se me entregara en la mañana del sábado, pero es evidente que eso es como pedir peras al olmo, como pedir que las entregas se hagan en los plazos previstos, como pedir que si se dijo que se entregaría se entregue efectivamente.
Así que me he encendido como una velita un rato. He tenido enormes ganas de lanzar mi móvil contra la pared, colérico y rabioso como Homer. Pero mi móvil no tiene la culpa, al pobre se le cayó una teclita y la tengo cogida desde hace un mes con celo (y adhesivo). La culpa no es de nadie. Son los elementos, el cielo, la tierra, el mar que viene con marejada, dicen que será un fin de semana frío (aunque para mí será largo). Vaya solillo bueno que hizo estos días.
Ahora me he quedado tranquilo, con el punto de armonía que le da a uno saber que una vez más está por encima del bien y del mal. Que como dice Amparete, no hay cuchillo que me mate. Estoy ya a salvo de todo. Nada me afecta.
jueves, 2 de marzo de 2006
Mejor mañana
Quería escribir sobre Florentino Pérez que abandona harto el vestuario de los millonarios en calzones. Quería hablar sobre Eto'o que quiere dejar el campo del juego porque le llaman negro con ira. Él quiere vivir solamente la parte amable del circo. Ganar cientos de millones al año y ser admirado. Los mismos que le gritan desde las gradas cenan sopa de sobre tres veces a la semana mientras él degusta langosta los días que quiera. Cree que él merece mejor trato que cualquier otro jugador al que se le insulta porque en el fondo se cree mejor que cualquiera. Exige la consideración que merece por persona pero hace apenas 15 días escupía al rostro a Ustaritz, un joven defensa del Athletic que no entiende de divismos ni injusticias. Tal vez existe un problema de educación, tal vez es nada más una parte más de ese inmenso mundo de sentimientos y sensaciones, de furor y frustración que entretiene los días.
Escribiría largo sobre todo esto y sobre Angel, compañero de un curso que se aferra para no pasar al olvido, pero tengo un dolor de cabeza horrible. Apenas mitigado por la aspirina de un botiquín de rinconera, hallada en una sucursal felizmente encontrada en un pueblecito rodeado de montañas, fíjate qué cosa, con las cimas blancas y frías, de nieve.
Escribiría largo sobre todo esto y sobre Angel, compañero de un curso que se aferra para no pasar al olvido, pero tengo un dolor de cabeza horrible. Apenas mitigado por la aspirina de un botiquín de rinconera, hallada en una sucursal felizmente encontrada en un pueblecito rodeado de montañas, fíjate qué cosa, con las cimas blancas y frías, de nieve.
martes, 28 de febrero de 2006
La visita
Si viene a visitarme el desierto del fin de semana se me convierte en un oasis. Estos días parecieron menos fríos. No he tenido tiempo para nada. Desde Oviedo a Ribadesella, esa calle, ese espacio compartido. Ahora en la marcha la soledad queda en el anhelo, como si pudiera oír los pasos descalzos bien cerca, en la habitación de al lado. Hay muchos caminos de regreso. Me espera un plato hondo de lentejas.
jueves, 23 de febrero de 2006
Gentil
Me dice esta mañana una señora "muchas gracias, eres muy gentil". Ya se marchaba. Yo he sonreído y le he agradecido el cumplido. Casi nadie emplea la palabra gentil, parece de otro tiempo. De vez en cuando alguien la rescata para demostrar que no todo el mundo dice las mismas cosas de igual modo.
No sé si soy gentil, pero sí sé que soy lo que quiero ser. Es bastante.
No sé si soy gentil, pero sí sé que soy lo que quiero ser. Es bastante.
lunes, 20 de febrero de 2006
El posado
Pues sí, el de la derecha, el posturero bajo el paraguas soy yo. Me he dicho que si Ana Obregón hace posados en bikini a los cuarenta y muchos años (o quizá son cincuenta y pocos), también puedo yo ponerme ante la cámara con pretensiones.
Es lo que me diferencia de Beckham, del que escribía hace bien poco (otro artículo este que será leído, Beckham, Beckham, Beckham ese nombre es imán para los ojos lectores). A él los posados le salen solos, va encadenando posados. No importa la marca de la cámara ni el momento en que salta el click o el flash, él saldrá bien porque sus movimientos son fotogénicos uno tras otro, todos. Y eso que el muchacho no dice nunca patata, a lo más el "cheese" ese que se gastan los anglosajones. Al muchacho le quieren las cámaras casi tanto como las quinceañeras o esas otras más creciditas que no se atreven a reconocer que por Beckham mandaban a quien les roza bien lejos de cualquier roce. Ellas se callan porque prefieren pensar que Beckham es solamente bello como un maniquí o un geyper-man (¿aún los fabrican?). Pero no sería capaz de entenderlas como lo hace su pareja ¿verdad amor? Puesto que si se pararan a pensar que hasta eso es capaz de mejorar el inglés... ¿qué esperanza nos quedará a los demás?
Era un día de lluvia fina, "orbayu" le llaman aquí. La instantánea está tomada cerca de la playa del Toró y me coge en plan valiente y posturas. Valiente porque yo con la lluvia fina me comporto como el mejor de los toreros, el más valiente, el que más se arrima. Ni siquiera le doy importancia a que se me esté mojando algo la chupa pinturera mientras espero a la foto. Lo importante en este caso es estar suficientemente metido en el papel de posturas. O uno se pone o no se pone. Pero si lo haces, si se trata de un buen posado, entonces uno debe ser como el buen actor que se mete tanto en el papel que termina viendo al personaje en su reflejo del espejo. Después de todo este posado es, a su manera discreto. Apenas un rostro concentrado y ese gesto desafiando al cielo, pudiendo escoger entre protegerme o no hacerlo, elijo que no. Es la libertad del que decide que vale la pena mojarse a cambio de obtener esa foto. Ojalá en todas las decisiones que se toman en la vida estuviera tan claro lo que merece la pena. Aunque en estas cosas es el tiempo en que suele dar y quitar razones. Claro que a veces las razones se fuerzan, se agrupan para solo considerar unas pocas, se desprecia las que gustan menos...
Pero no quisiera desviarme del posado, decía que mi posado es muy ponderado, Ana Obregón que yo no vende ni mucho menos como Beckham es mucho más aparatosa. Se deja caer sobre la orilla de la playa y se reboza en la arena como una croqueta de gimnasio. Arena aquí y allá. Deja que las olas la golpeen mientras absorbe las mejillas apuntando pómulos gastados como silla de montar. Tiene la sonrisa mil veces ensayada, se le convirtió en una mueca, y muchas horas de ejercicio invertidas para que ese día todo sea perfecto... las olas son perfectas.
Mi amigo el Xuac que viene por aquí y que me ha pedido que hable de sus progresos futbolísticos pese a que cada vez que juega algo distinto le cruje en la rodilla, es de los postureros vocacionales. Tiene alguna foto muy en plan por ver si logra ligar algo, aunque a la vista está que lo que necesita es un tratamiento completo de Corporación Dermoestética ;P
Probablemente Marquetes es el más posturero de todos los que yo conocí nunca. Era un experto en el gesto insinuante aunque de nulo resultado. Teníamos la extraña teoría de que la conjunción de un número de gestos determinados nos haría absolutamente irresistibles (Castellón nos echa de menos). Claro que la dificultad residía en encontrar la combinación certera. Hasta el soplo del aire en el flequillo, la luz desde aquella ventana, la mano alzada, el pestañeo fugaz, podía ser la pieza del rompecabezas que faltaba (que faltó siempre). Él era un posturero profesional, un auténtico talento en el despropósito de gustar, tan grande y tan "truñesco" a la vez como yo mismo.
Es lo que me diferencia de Beckham, del que escribía hace bien poco (otro artículo este que será leído, Beckham, Beckham, Beckham ese nombre es imán para los ojos lectores). A él los posados le salen solos, va encadenando posados. No importa la marca de la cámara ni el momento en que salta el click o el flash, él saldrá bien porque sus movimientos son fotogénicos uno tras otro, todos. Y eso que el muchacho no dice nunca patata, a lo más el "cheese" ese que se gastan los anglosajones. Al muchacho le quieren las cámaras casi tanto como las quinceañeras o esas otras más creciditas que no se atreven a reconocer que por Beckham mandaban a quien les roza bien lejos de cualquier roce. Ellas se callan porque prefieren pensar que Beckham es solamente bello como un maniquí o un geyper-man (¿aún los fabrican?). Pero no sería capaz de entenderlas como lo hace su pareja ¿verdad amor? Puesto que si se pararan a pensar que hasta eso es capaz de mejorar el inglés... ¿qué esperanza nos quedará a los demás?
Era un día de lluvia fina, "orbayu" le llaman aquí. La instantánea está tomada cerca de la playa del Toró y me coge en plan valiente y posturas. Valiente porque yo con la lluvia fina me comporto como el mejor de los toreros, el más valiente, el que más se arrima. Ni siquiera le doy importancia a que se me esté mojando algo la chupa pinturera mientras espero a la foto. Lo importante en este caso es estar suficientemente metido en el papel de posturas. O uno se pone o no se pone. Pero si lo haces, si se trata de un buen posado, entonces uno debe ser como el buen actor que se mete tanto en el papel que termina viendo al personaje en su reflejo del espejo. Después de todo este posado es, a su manera discreto. Apenas un rostro concentrado y ese gesto desafiando al cielo, pudiendo escoger entre protegerme o no hacerlo, elijo que no. Es la libertad del que decide que vale la pena mojarse a cambio de obtener esa foto. Ojalá en todas las decisiones que se toman en la vida estuviera tan claro lo que merece la pena. Aunque en estas cosas es el tiempo en que suele dar y quitar razones. Claro que a veces las razones se fuerzan, se agrupan para solo considerar unas pocas, se desprecia las que gustan menos...
Pero no quisiera desviarme del posado, decía que mi posado es muy ponderado, Ana Obregón que yo no vende ni mucho menos como Beckham es mucho más aparatosa. Se deja caer sobre la orilla de la playa y se reboza en la arena como una croqueta de gimnasio. Arena aquí y allá. Deja que las olas la golpeen mientras absorbe las mejillas apuntando pómulos gastados como silla de montar. Tiene la sonrisa mil veces ensayada, se le convirtió en una mueca, y muchas horas de ejercicio invertidas para que ese día todo sea perfecto... las olas son perfectas.
Mi amigo el Xuac que viene por aquí y que me ha pedido que hable de sus progresos futbolísticos pese a que cada vez que juega algo distinto le cruje en la rodilla, es de los postureros vocacionales. Tiene alguna foto muy en plan por ver si logra ligar algo, aunque a la vista está que lo que necesita es un tratamiento completo de Corporación Dermoestética ;P
Probablemente Marquetes es el más posturero de todos los que yo conocí nunca. Era un experto en el gesto insinuante aunque de nulo resultado. Teníamos la extraña teoría de que la conjunción de un número de gestos determinados nos haría absolutamente irresistibles (Castellón nos echa de menos). Claro que la dificultad residía en encontrar la combinación certera. Hasta el soplo del aire en el flequillo, la luz desde aquella ventana, la mano alzada, el pestañeo fugaz, podía ser la pieza del rompecabezas que faltaba (que faltó siempre). Él era un posturero profesional, un auténtico talento en el despropósito de gustar, tan grande y tan "truñesco" a la vez como yo mismo.
domingo, 19 de febrero de 2006
Tendresa (una palabra preciosa)
Escuché ayer en el telediario que Lluis Llach se retira y se me hizo un nudo en la garganta. Nada más le quedan 11 conciertos. Venía la noticia acompañada de la interpretación de "Un núvol blanc", una de las canciones más hermosas. En el escenario Lluis al piano como siempre, y detrás unos violines que sonaban tristes por su propia naturaleza y por la ocasión amarga que es siempre una despedida.
Que tiene este tiempo del fin de semana que llama a la nostalgia, que viene, que se amaga tras las puertas de mi casa, y me zarandea como a un muñeco de trapo cuando paso. Me afectan algunas despedidas como un terremoto. Las siento dentro y quedo descompuesto, apenas sujeto a un hilo pero vacío, sin peso. Lluis Llach lo deja y yo quisiera que siguiera muchos años. Que se hiciera eterno. Que perdurara donde quiera que esté, imaginando o componiendo una nueva canción. Porque sin estar presente estaba. He estado en dos de sus conciertos, y su música me ha ayudado a descubrir que en verdad soy un ser excepcional. Siento a veces una ternura infinita...
Que tiene este tiempo del fin de semana que llama a la nostalgia, que viene, que se amaga tras las puertas de mi casa, y me zarandea como a un muñeco de trapo cuando paso. Me afectan algunas despedidas como un terremoto. Las siento dentro y quedo descompuesto, apenas sujeto a un hilo pero vacío, sin peso. Lluis Llach lo deja y yo quisiera que siguiera muchos años. Que se hiciera eterno. Que perdurara donde quiera que esté, imaginando o componiendo una nueva canción. Porque sin estar presente estaba. He estado en dos de sus conciertos, y su música me ha ayudado a descubrir que en verdad soy un ser excepcional. Siento a veces una ternura infinita...
sábado, 18 de febrero de 2006
El abrazo
Cuando dos personas se abrazan reducen todas las distancias. Es una obviedad pero eso explica porque nos abrazamos tan poco. En verdad las personas desconfían unas de otras en demasía. Prefieren tener a su alrededor una órbita invisible y despejada. En la misma mirada están creando distancias.
Nati recomendaba hace unos meses que debíamos empezar por abrazarnos más. Es un buen comienzo. Por supuesto no se puede abrazar a todo el mundo, ni todo el mundo lo merece ni se trata de ser considerado alguien amenazante con nuevos e inopinados abrazos. Yo soy partidario de seleccionar bien los destinatarios de los abrazos (con la misma exigencia que nos debemos para dar besos). Porque el abrazo cobra todo su sentido precisamente porque es un suceso extraordinario. Alguien permite que el alterado aura de su espacio salte por los aires cuando alguien franquea lo invisible y se acerca tanto, si no hay un paso atrás, si no existe el temor de la agresión, si los brazos sirven para abrazar entonces entre esas dos personas se unen en un nuevo ser (dos se convierten en uno, indivisible), y la atmosfera que los protegía individualmente se transforma en una nueva que los protege ambos juntos.
Hay muchos tipos de abrazo. Yo hablaré solo de dos que son los que me gustan más. Existe un abrazo que consiste en que uno pone la cabeza sobre el pecho del otro. Cuando yo di ese abrazo mi pecho se convirtió en el lugar más seguro del mundo. La otra persona se cobija, queda al resguardo, protegida porque nada podría ofrecer más seguridad. En ese instante aquella puede cerrar los ojos, perder toda referencia espacial o temporal, no quedan amenazas capaces de vencer a dos personas que se abrazan.
Pero hay un abrazo que me gusta aún más. Aquel en el que ambas cabezas quedan por encima del hombro del otro. Una cabeza y otra miran atrás, son vigilantes, están literalmente guardando las espaldas. Y entre ellos surge la comunicación de dos bocas que no pueden mirarse pero que se escuchan, y nada hay más importante que la comunicación. Uno habla y el otro calla pero mira detrás. Juntos son como un guerrero de dos cabezas, como un gigante invencible que guarda tensa calma, dispuesto a la batalla porque no se siente solo, su otra parte le impulsa y le mantiene. Su fe, el calor cercano del otro cuerpo lo ha convertido en un ente superior, indestructible. Eran dos pero ya no; es solamente uno y mucho mejor frente a todo.
Nati recomendaba hace unos meses que debíamos empezar por abrazarnos más. Es un buen comienzo. Por supuesto no se puede abrazar a todo el mundo, ni todo el mundo lo merece ni se trata de ser considerado alguien amenazante con nuevos e inopinados abrazos. Yo soy partidario de seleccionar bien los destinatarios de los abrazos (con la misma exigencia que nos debemos para dar besos). Porque el abrazo cobra todo su sentido precisamente porque es un suceso extraordinario. Alguien permite que el alterado aura de su espacio salte por los aires cuando alguien franquea lo invisible y se acerca tanto, si no hay un paso atrás, si no existe el temor de la agresión, si los brazos sirven para abrazar entonces entre esas dos personas se unen en un nuevo ser (dos se convierten en uno, indivisible), y la atmosfera que los protegía individualmente se transforma en una nueva que los protege ambos juntos.
Hay muchos tipos de abrazo. Yo hablaré solo de dos que son los que me gustan más. Existe un abrazo que consiste en que uno pone la cabeza sobre el pecho del otro. Cuando yo di ese abrazo mi pecho se convirtió en el lugar más seguro del mundo. La otra persona se cobija, queda al resguardo, protegida porque nada podría ofrecer más seguridad. En ese instante aquella puede cerrar los ojos, perder toda referencia espacial o temporal, no quedan amenazas capaces de vencer a dos personas que se abrazan.
Pero hay un abrazo que me gusta aún más. Aquel en el que ambas cabezas quedan por encima del hombro del otro. Una cabeza y otra miran atrás, son vigilantes, están literalmente guardando las espaldas. Y entre ellos surge la comunicación de dos bocas que no pueden mirarse pero que se escuchan, y nada hay más importante que la comunicación. Uno habla y el otro calla pero mira detrás. Juntos son como un guerrero de dos cabezas, como un gigante invencible que guarda tensa calma, dispuesto a la batalla porque no se siente solo, su otra parte le impulsa y le mantiene. Su fe, el calor cercano del otro cuerpo lo ha convertido en un ente superior, indestructible. Eran dos pero ya no; es solamente uno y mucho mejor frente a todo.
viernes, 17 de febrero de 2006
Y sin embargo
Supongo que no es tan raro. Ocurre a veces que el pasado se nos queda atrapado en una canción. Como una carta en una botella en medio del océano que nadie leerá.
En sus acordes, en cada uno de sus párrafos esconde un tiempo determinado de nuestras vidas. La canción apenas dura 5 minutos pero guardó para siempre un período concreto, aquellos días que se habrían difuminado hasta del recuerdo si no fuera porque la canción los trae de nuevo al presente y a uno le parece que los estuviera reviviendo, hoy, ahora, en este instante.
Yo soy del Sabina cantautor, y hace algunos años cuando hacía más teatro que ahora aboné mis ratos libres a su canción "Y sin embargo". La oía con la insistencia con la que me he dedicado siempre a aquello que más me gusta. Eran los tiempos de Teadret, el grupo de teatro de la facultad de Derecho, los tiempos en que conocí a Sestea, cuando no era Sestea sino Rafiki. Y es que siempre he sido de cambiarle el nombre a las personas y a algunas cosas (aunque a algunas cosas es el tiempo quien les cambia el nombre).
Hace un rato tuve una larga conversación con un amigo que en otros tiempos fue quizá el mejor de los que tenía entonces. Me ha alegrado mucho porque imbuidos en la charla volvimos muchos años atrás, cuando la comunicación era más fluida y compartíamos algunos fines de semana en el Perelló haciendo macarrones con tomate para ver la tele, echaran lo que echaran.
Luego el tiempo y los compromisos nos alejaron. Pero hoy hemos regresado a la franqueza de entonces. Como regreso yo ahora mismo, transportado por la letra (y la música) y me digo que 10 años no son nada, están ahí, levitando dormidos en la conciencia, esperando apenas a las primeras notas para aparecer con la fuerza de un tornado, y el que fui se vuelve presente, aquella habitación en la que nos juntábamos formando un corro, en la planta quinta de aquel edificio nuevo con forma de caja de zapatos, de ladrillo naranja, todos alrededor de ese centro vacío mirando en nuestras caras la misma idea, un comienzo que ha de ser forzosamente bueno, dos palabras nada más pero que son un punto de partida para cualquier cosa, dos que por separado no significan nada y juntas son un mensaje para la esperanza, "aquí estamos" y a partir de ahí, notoria repetición, muchos días buenos.
En esta canción de Sabina y en "Say what you want" de Texas hay un año entero de mi vida.
"De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti, contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día."
Y sin embargo - J.Sabina / P.Varona, A.G.de Diego, J.Sabina
En sus acordes, en cada uno de sus párrafos esconde un tiempo determinado de nuestras vidas. La canción apenas dura 5 minutos pero guardó para siempre un período concreto, aquellos días que se habrían difuminado hasta del recuerdo si no fuera porque la canción los trae de nuevo al presente y a uno le parece que los estuviera reviviendo, hoy, ahora, en este instante.
Yo soy del Sabina cantautor, y hace algunos años cuando hacía más teatro que ahora aboné mis ratos libres a su canción "Y sin embargo". La oía con la insistencia con la que me he dedicado siempre a aquello que más me gusta. Eran los tiempos de Teadret, el grupo de teatro de la facultad de Derecho, los tiempos en que conocí a Sestea, cuando no era Sestea sino Rafiki. Y es que siempre he sido de cambiarle el nombre a las personas y a algunas cosas (aunque a algunas cosas es el tiempo quien les cambia el nombre).
Hace un rato tuve una larga conversación con un amigo que en otros tiempos fue quizá el mejor de los que tenía entonces. Me ha alegrado mucho porque imbuidos en la charla volvimos muchos años atrás, cuando la comunicación era más fluida y compartíamos algunos fines de semana en el Perelló haciendo macarrones con tomate para ver la tele, echaran lo que echaran.
Luego el tiempo y los compromisos nos alejaron. Pero hoy hemos regresado a la franqueza de entonces. Como regreso yo ahora mismo, transportado por la letra (y la música) y me digo que 10 años no son nada, están ahí, levitando dormidos en la conciencia, esperando apenas a las primeras notas para aparecer con la fuerza de un tornado, y el que fui se vuelve presente, aquella habitación en la que nos juntábamos formando un corro, en la planta quinta de aquel edificio nuevo con forma de caja de zapatos, de ladrillo naranja, todos alrededor de ese centro vacío mirando en nuestras caras la misma idea, un comienzo que ha de ser forzosamente bueno, dos palabras nada más pero que son un punto de partida para cualquier cosa, dos que por separado no significan nada y juntas son un mensaje para la esperanza, "aquí estamos" y a partir de ahí, notoria repetición, muchos días buenos.
En esta canción de Sabina y en "Say what you want" de Texas hay un año entero de mi vida.
"De sobra sabes que eres la primera,
que no miento si juro que daría
por ti la vida entera,
por ti la vida entera;
y, sin embargo, un rato, cada día,
ya ves, te engañaría
con cualquiera,
te cambiaría por cualquiera.
Ni tan arrepentido ni encantado
de haberme conocido, lo confieso.
Tú que tanto has besado
tú que me has enseñado,
sabes mejor que yo que hasta los huesos
sólo calan los besos
que no has dado,
los labios del pecado.
Porque una casa sin ti es una emboscada,
el pasillo de un tren de madrugada,
un laberinto
sin luz ni vino tinto,
un velo de alquitrán en la mirada.
Y me envenenan los besos que voy dando
y, sin embargo, cuando
duermo sin ti, contigo sueño,
y con todas si duermes a mi lado,
y si te vas me voy por los tejados
como un gato sin dueño
perdido en el pañuelo de amargura
que empaña sin mancharla tu hermosura.
No debería contarlo y, sin embargo,
cuando pido la llave de un hotel
y a media noche encargo
un buen champán francés
y cena con velitas para dos,
siempre es con otra, amor,
nunca contigo,
bien sabes lo que digo.
Porque una casa sin ti es una oficina,
un teléfono ardiendo en la cabina,
una palmera
en el museo de cera,
un éxodo de oscuras golondrinas.
Y cuando vuelves hay fiesta
en la cocina
y bailes sin orquesta
y ramos de rosas con espinas,
pero dos no es igual que uno más uno
y el lunes al café del desayuno
vuelve la guerra fría
y al cielo de tu boca el purgatorio
y al dormitorio
el pan de cada día."
Y sin embargo - J.Sabina / P.Varona, A.G.de Diego, J.Sabina
jueves, 16 de febrero de 2006
Beckham
Digan lo que digan los periodistas deportivos todos ellos quieren a David Beckham. Lo prefieren en España para poder escribir sobre él, y lo quieren donde está en el Real Madrid porque es el equipo más imponente de España. Es el equipo más Beckham.
En realidad este articulito que escribo ya lanzado por los días en que no escribí (y que alguien echó de menos aunque parezca imposible) va a tener más lecturas de las acostumbradas. La cuestión es sencilla, la palabra Beckham atrae las miradas lectoras como David Beckham atrae las miradas curiosas, lujuriosas, envidiosas allí donde va. Cualquiera que entrara ahora en esta web no se resistirá a leer lo que se escriba sobre Beckham porque quiere saber de él, en el fondo está esperando que aquí se desvele en primicia algún chisme, alguna noticia, o quizá quiere solamente hartarse de leer "David Beckham" porque es más guapo que la media, y eso tiene por si solo suficiente poder de seducción.
Los periodistas deportivos tienen un denominador común. Son por norma general muy malos. Alguno dirá que si yo me creo mejor que ellos, por supuesto que no. Claro que yo no me gano la vida escribiendo sobre Beckham y alguno de ellos sí. Beckham es un modelo metido a futbolista, y no digo que no tenga un buen golpeo de balón, pero todos sabemos que eso es lo de menos. Los periodistas lo necesitan en el Madrid, lo quieren aquí porque su imagen ha de ser por fuerza la de la primera página. Es una cuestión de números, si sale Beckham se vende más. Los ejemplares se agotan en el quiosco. Es un hombre anuncio. En su presentación en Madrid parecía recién descendido de una pasarela. Y con su gancho no es difícil imaginar lo bien que funcionará para las diferentes marcas. La de vaqueros gastados que se habrán vendido tras verselos puestos. Cuántas camisas ceñidas. Claro que luego cuando uno se las prueba no se parece a Beckham. Se parece al que era sin esos pantalones, sin esas camisas, pero cree que ahora tendrá más clase (porque en los medios nadie parece tener más clase que Beckham, a su modo pijo y algo hortera). Todos queremos ser Brad Pitt, Tom Cruise o David Beckham.
Cuando pierde en lo estrictamente deportivo nos invade el gozo porque queremos ver al guapo perdido, su humillación es la más vieja aspiración que tenemos los feos. Ver morder el polvo al guaperas es un deleite sin parangón. Yo me arriesgaría a afirmar que los hombres más ricos del mundo, de España que no son precisamente guapos, tuvieron que compensar con mucho trabajo la carencia que supuso esa escasez de atractivo. No pudieron destacar más que por trabajar más que la media. Y envidiaron la popularidad del guapo mucho más mediano en el esfuerzo y sin embargo mucho más popular y aceptado. Si no podían llamar la atención por su mera presencia debían actuar, convertir al éxito sus vidas como rebelión a pasar desapercibidos. El común de los mortales nos movemos entre el rencor y la fascinación por los guapos. Les queremos mal porque envidiamos sus facciones. Pero en el fondo los necesitamos, pues su fracaso (cuando fracasan) es un dulce en el que regodearnos. Si David Beckham pierde en la Copa y se arrodilla arrebatado en la derrota nosotros nos sentimos como César con los gladiadores y decidimos perdonarle la vida. Queremos que siga vivo porque sabemos que las victoria es pasajera (siempre pasajera) y nos merece la pena un lapso de espera por verle doblar las rodillas de nuevo. Cuando ocurra (que ocurrirá) estaremos mirando sin duda. Es lo que tenemos, el escrutador dominio del anonimato.
En las victorias rabiamos viendo la bella sonrisa del inglés restregándonos su belleza a la par que su éxito (puntual). Entonces crece un resquemor interno. Un rencor sordo. Odiamos los espejos porque en el fondo todos querríamos ser Beckham. Queremos una vida de película como la suya. Porque de alguna manera nos parece que en esta suerte que vivimos él obtuvo de algún modo un papel más protagonista. Pensamos que consiguió más éxito (literalmente por la cara) del que tendremos nunca, y en parte acertamos. Solamente en el amor este pensamiento es errado por entero. Porque el amor es ciego y habrá quien te prefiera a ti, sí sí a ti :D que a cualquier otro, se llame como se llame y sea como sea.
Hace ya unos años, cuando el apuesto inglés firmaba por el Real Madrid algunos pensaron que solamente se le fichaba por el potencial comercial de su nombre en la camiseta. En Asia están locos por Beckham pero el chico sabe jugar al fútbol. Si se les diera la razón habría que concluir que yo hubiera sido un gran futbolista para el Madrid, aclaro que no sé dar una patada a un bote, pero yo también hubiera vendido unas cuantas camisetas, así me hubiera tenido que poner en los aledaños de Chamartín como un vendedor de alfombras. Pues además he salido bien en alguna foto, y en las que no pido un ratín de Fotochop; haré milagros. De todos modos no me irá mal una pizca de benevolencia en los ojos que me miran...
En realidad este articulito que escribo ya lanzado por los días en que no escribí (y que alguien echó de menos aunque parezca imposible) va a tener más lecturas de las acostumbradas. La cuestión es sencilla, la palabra Beckham atrae las miradas lectoras como David Beckham atrae las miradas curiosas, lujuriosas, envidiosas allí donde va. Cualquiera que entrara ahora en esta web no se resistirá a leer lo que se escriba sobre Beckham porque quiere saber de él, en el fondo está esperando que aquí se desvele en primicia algún chisme, alguna noticia, o quizá quiere solamente hartarse de leer "David Beckham" porque es más guapo que la media, y eso tiene por si solo suficiente poder de seducción.
Los periodistas deportivos tienen un denominador común. Son por norma general muy malos. Alguno dirá que si yo me creo mejor que ellos, por supuesto que no. Claro que yo no me gano la vida escribiendo sobre Beckham y alguno de ellos sí. Beckham es un modelo metido a futbolista, y no digo que no tenga un buen golpeo de balón, pero todos sabemos que eso es lo de menos. Los periodistas lo necesitan en el Madrid, lo quieren aquí porque su imagen ha de ser por fuerza la de la primera página. Es una cuestión de números, si sale Beckham se vende más. Los ejemplares se agotan en el quiosco. Es un hombre anuncio. En su presentación en Madrid parecía recién descendido de una pasarela. Y con su gancho no es difícil imaginar lo bien que funcionará para las diferentes marcas. La de vaqueros gastados que se habrán vendido tras verselos puestos. Cuántas camisas ceñidas. Claro que luego cuando uno se las prueba no se parece a Beckham. Se parece al que era sin esos pantalones, sin esas camisas, pero cree que ahora tendrá más clase (porque en los medios nadie parece tener más clase que Beckham, a su modo pijo y algo hortera). Todos queremos ser Brad Pitt, Tom Cruise o David Beckham.
Cuando pierde en lo estrictamente deportivo nos invade el gozo porque queremos ver al guapo perdido, su humillación es la más vieja aspiración que tenemos los feos. Ver morder el polvo al guaperas es un deleite sin parangón. Yo me arriesgaría a afirmar que los hombres más ricos del mundo, de España que no son precisamente guapos, tuvieron que compensar con mucho trabajo la carencia que supuso esa escasez de atractivo. No pudieron destacar más que por trabajar más que la media. Y envidiaron la popularidad del guapo mucho más mediano en el esfuerzo y sin embargo mucho más popular y aceptado. Si no podían llamar la atención por su mera presencia debían actuar, convertir al éxito sus vidas como rebelión a pasar desapercibidos. El común de los mortales nos movemos entre el rencor y la fascinación por los guapos. Les queremos mal porque envidiamos sus facciones. Pero en el fondo los necesitamos, pues su fracaso (cuando fracasan) es un dulce en el que regodearnos. Si David Beckham pierde en la Copa y se arrodilla arrebatado en la derrota nosotros nos sentimos como César con los gladiadores y decidimos perdonarle la vida. Queremos que siga vivo porque sabemos que las victoria es pasajera (siempre pasajera) y nos merece la pena un lapso de espera por verle doblar las rodillas de nuevo. Cuando ocurra (que ocurrirá) estaremos mirando sin duda. Es lo que tenemos, el escrutador dominio del anonimato.
En las victorias rabiamos viendo la bella sonrisa del inglés restregándonos su belleza a la par que su éxito (puntual). Entonces crece un resquemor interno. Un rencor sordo. Odiamos los espejos porque en el fondo todos querríamos ser Beckham. Queremos una vida de película como la suya. Porque de alguna manera nos parece que en esta suerte que vivimos él obtuvo de algún modo un papel más protagonista. Pensamos que consiguió más éxito (literalmente por la cara) del que tendremos nunca, y en parte acertamos. Solamente en el amor este pensamiento es errado por entero. Porque el amor es ciego y habrá quien te prefiera a ti, sí sí a ti :D que a cualquier otro, se llame como se llame y sea como sea.
Hace ya unos años, cuando el apuesto inglés firmaba por el Real Madrid algunos pensaron que solamente se le fichaba por el potencial comercial de su nombre en la camiseta. En Asia están locos por Beckham pero el chico sabe jugar al fútbol. Si se les diera la razón habría que concluir que yo hubiera sido un gran futbolista para el Madrid, aclaro que no sé dar una patada a un bote, pero yo también hubiera vendido unas cuantas camisetas, así me hubiera tenido que poner en los aledaños de Chamartín como un vendedor de alfombras. Pues además he salido bien en alguna foto, y en las que no pido un ratín de Fotochop; haré milagros. De todos modos no me irá mal una pizca de benevolencia en los ojos que me miran...
Más anuncios
No quisiera resultar pesado cuando digo que hay anuncios muy malos, pero lo tengo que repetir porque es cierto y son ellos los que los reponen una y otra vez sin descanso. Y cuando uno los ve comenzar bendice al genio que inventó el mando a distancia pues es la escapatoria perfecta si es que no nos llaman por el pasillo (a mi particulamente me sorprendería sobremanera) o nos encontramos en paz con la vejiga y demás necesidades fisiológicas.
Yo pulso raudo y veloz apenas transucurridas unas décimas de segundo del aborto televisivo, soy acaso el más rápido pulsando el botón de canal arriba, canal abajo de todo mi edificio, aunque, todo sea dicho, no me he medido todavía con ninguno de mis vecinos. Un poco porque no los conozco y otro poco porque hasta yo me doy cuenta de que esta rara habilidad mía no ha de despertar pasiones (a lo más envidias).
Algunos anuncios son escalofríantes. Te recorre un escalofrío cuando te imaginas la sala de creativos con el humo del tabaco flotando bajo los halógenos. Y aquellas mentes despiertas hilvanando creativas soluciones para vender (el anuncio al anunciante y en menor grado para que este venda su producto a los consumidores). Uno se imagina aquella habitación con 10 o 12 personas a los lados de una mesa bien larga. Todos los apuntes desordenados, vaciadas las cabezas en una tormenta de ideas. Uno arrodillado sobre la silla mordiendo el extremo de un boli para gritar inopinadamente, ¡Lo tengo! Entonces se hace el silencio y el lumbrera cuenta su idea, ante el asombro de unos y la incredulidad de otros. "Esto es sin duda lo mejor de lo expuesto hasta ahora".
Imaginen, un tipo con cara de chiste descuelga el teléfono y dice socarrón tras un segundo de espera: Sí, y mi abuelo es pirotécnico. La siguiente escena es mostrar al viejo con pinta de excentrico pirotécnico lanzando unos fuegos artificiales. Esto contado así es un anuncio cojonudo. Vamos que habría que analizar las ideas que descartaron por no parecer suficientemente buenas. Un escalofrío te recorra el espinazo.
El anuncio en cuestión es de esta empresa de seguros de coche del telefonito con ruedas, no es difícil imaginar cómo daban la aprobación a la idea tal vez porque se les había echado el tiempo encima y ya no podían encargar el asunto a otros, muy probablemente se anotaron en rojo en la agenda de mano (quizá con sangre): "Con estos, la última vez".
-De perdidos al río. Hagan un casting y elaboren un poco más la idea.
El casting arrojó claro está a alguien con cara de chiste para atender el teléfono (al que por la pinta se le tendría que crujir con un seguro exorbitado) aunque diga en una interpretación de Oscar lo de: Sí, y mi abuelo es pirotécnico. Tiene una pinta de tonto muy conseguida. Pero es un tonto resabiado que sabe que esas ofertas no pueden ser ciertas. Por eso deja caer ese comentario de niño de 8 años. A no ser, claro está, que su abuelo sea pirotécnico (que lo es). La verdad es que el anuncio tiene miga. El pobre televidente ha de caer en las redes por tanta audacia.
Capítulo aparte merece sin duda el personaje del anciano pirotécnico. Vestido muy fashion, sin temor a quemaduras se encarga en el anuncio de prender las mechas de los petardos en un alarde de agilidad y sentido del ritmo (del que tienen que conocer tanto los mejores para las Mascletás de Valencia). Pero lo mejor de todo es que como parte del espectáculo pirotécnico el abuelo realiza un baile que no tiene desperdicio. Como si aquellos movimientos festivos con las manos llevaran el espectáculo de fuego y sonido hasta cotas espectaculares antes nunca alcanzadas. No es difícil imaginar la negociación previa al lanzamiento de los fuegos.
- Con baile les tendré que cobrar al menos un 30% más.
Y los promotores asintiendo. Es la ley del mercado, y puestos a hacer el gasto que salga del mejor modo posible.
Es un anuncio de humor finísimo. Y conste que en esa rama publicitaria la competencia está por los suelos. Solo hay que recordar al erizo aquel que presume de vacaciones porque contrató un seguro muy barato. Todos sabemos que los erizos no conducen, y por si fuera pequeña esa certeza es más que evidente que ese en particular no podría llegar a los pedales, es demasiado pequeño. Además es bastante enojoso el trato que dispensa a otros animalillos que salen con él en el anuncio. A mí me altera mucho. Le he cogido una manía... Y lo peor es que pagarán justos por pecadores, porque ahora no soporto a los erizos, todos me recuerdan la arrogancia del que sale en el anuncio (que distinto al Espinete de mi niñez, tan amigo de Don Pimpón, fuera lo que fuera ese tipo tan salau). Dios quiera que no me cruce con un erizo al volante de un vehículo asegurado, no sé si seré capaz de evitar el atropello.
En fin, si esa idea del pirotécnico, del astronauta o de la animadora con pompones se llevó a la pequeña pantalla, no podremos quejarnos de que en la tele tiene cabida ya cualquier cosa. Lo sabemos desde hace años.
Otro anuncio tremendo es el de los seguros esos del Sol. Sé la marca, pero prefiero no mencionarla (de alguna forma comenzaron a ser la competencia). Una voz narra gravemente que "Un día entró en un mundo de soles" de fondo una melodía bastante aceptable que tendrá que cargar con el estigma de haber sido ultrajada en aquel engendro . Para echarse a temblar. Es casi seguro que el discursito fue concebido en una noche de borrachera, cuando todos los gatos son pardos y se entra en los mundos de los soles en cada pub o discoteca. Puede ser incluso que sea una precisa descripción de los efectos de alguna droga de diseño o similar que el creativo experimentó en una noche de desenfreno que no ha podido olvidar. Quizá por los mismos efectos secundarios que desde entonces va arrastrando.
De este anuncio que pretende cierta solemnidad se hicieron dos variantes. Horrorosas ambas casi por igual, pero hay una línea del texto que tengo que resaltar porque no tiene desperdicio:
"Ayer entré en un mundo de soles, sí sí de soles".
Es evidente que en esta frase se resume el anuncio. Te dicen primero la cosa de entrar en los soles como si no dijeran nada, y al instante recobrando la voz alguna cordura y dándose cuenta de la gilipollez enorme que acaba de mencionar aclara, "sí sí de soles", uno echa en falta a continuación "creelo, aunque suene tan estúpido", "lo pone aquí". En el resto del anuncio divaga sobre que las personas tienen soles y demás sin sentidos. Y uno termina deseando que alguien invente un seguro, aunque sea un bunquer donde refugiarse de estos absurdos televisivos. Y piensa que no se está a salvo en ninguna parte. Yo firmaría un seguro que me pagara cada vez que alguien se atreve a rodar anuncios tan mortales para el espirítu alegre del consumidor ordinario. Como aquel del buen mozo que decía lo de "Diners per a beques". Eso era un anuncio bastante escaso de contenido, pero al menos en el casting se vio a las claras que había auténticos profesionales tras las cámaras y sobre todo delante de ellas.
Paciencia con la tele. Hay algunos buenos.
Yo pulso raudo y veloz apenas transucurridas unas décimas de segundo del aborto televisivo, soy acaso el más rápido pulsando el botón de canal arriba, canal abajo de todo mi edificio, aunque, todo sea dicho, no me he medido todavía con ninguno de mis vecinos. Un poco porque no los conozco y otro poco porque hasta yo me doy cuenta de que esta rara habilidad mía no ha de despertar pasiones (a lo más envidias).
Algunos anuncios son escalofríantes. Te recorre un escalofrío cuando te imaginas la sala de creativos con el humo del tabaco flotando bajo los halógenos. Y aquellas mentes despiertas hilvanando creativas soluciones para vender (el anuncio al anunciante y en menor grado para que este venda su producto a los consumidores). Uno se imagina aquella habitación con 10 o 12 personas a los lados de una mesa bien larga. Todos los apuntes desordenados, vaciadas las cabezas en una tormenta de ideas. Uno arrodillado sobre la silla mordiendo el extremo de un boli para gritar inopinadamente, ¡Lo tengo! Entonces se hace el silencio y el lumbrera cuenta su idea, ante el asombro de unos y la incredulidad de otros. "Esto es sin duda lo mejor de lo expuesto hasta ahora".
Imaginen, un tipo con cara de chiste descuelga el teléfono y dice socarrón tras un segundo de espera: Sí, y mi abuelo es pirotécnico. La siguiente escena es mostrar al viejo con pinta de excentrico pirotécnico lanzando unos fuegos artificiales. Esto contado así es un anuncio cojonudo. Vamos que habría que analizar las ideas que descartaron por no parecer suficientemente buenas. Un escalofrío te recorra el espinazo.
El anuncio en cuestión es de esta empresa de seguros de coche del telefonito con ruedas, no es difícil imaginar cómo daban la aprobación a la idea tal vez porque se les había echado el tiempo encima y ya no podían encargar el asunto a otros, muy probablemente se anotaron en rojo en la agenda de mano (quizá con sangre): "Con estos, la última vez".
-De perdidos al río. Hagan un casting y elaboren un poco más la idea.
El casting arrojó claro está a alguien con cara de chiste para atender el teléfono (al que por la pinta se le tendría que crujir con un seguro exorbitado) aunque diga en una interpretación de Oscar lo de: Sí, y mi abuelo es pirotécnico. Tiene una pinta de tonto muy conseguida. Pero es un tonto resabiado que sabe que esas ofertas no pueden ser ciertas. Por eso deja caer ese comentario de niño de 8 años. A no ser, claro está, que su abuelo sea pirotécnico (que lo es). La verdad es que el anuncio tiene miga. El pobre televidente ha de caer en las redes por tanta audacia.
Capítulo aparte merece sin duda el personaje del anciano pirotécnico. Vestido muy fashion, sin temor a quemaduras se encarga en el anuncio de prender las mechas de los petardos en un alarde de agilidad y sentido del ritmo (del que tienen que conocer tanto los mejores para las Mascletás de Valencia). Pero lo mejor de todo es que como parte del espectáculo pirotécnico el abuelo realiza un baile que no tiene desperdicio. Como si aquellos movimientos festivos con las manos llevaran el espectáculo de fuego y sonido hasta cotas espectaculares antes nunca alcanzadas. No es difícil imaginar la negociación previa al lanzamiento de los fuegos.
- Con baile les tendré que cobrar al menos un 30% más.
Y los promotores asintiendo. Es la ley del mercado, y puestos a hacer el gasto que salga del mejor modo posible.
Es un anuncio de humor finísimo. Y conste que en esa rama publicitaria la competencia está por los suelos. Solo hay que recordar al erizo aquel que presume de vacaciones porque contrató un seguro muy barato. Todos sabemos que los erizos no conducen, y por si fuera pequeña esa certeza es más que evidente que ese en particular no podría llegar a los pedales, es demasiado pequeño. Además es bastante enojoso el trato que dispensa a otros animalillos que salen con él en el anuncio. A mí me altera mucho. Le he cogido una manía... Y lo peor es que pagarán justos por pecadores, porque ahora no soporto a los erizos, todos me recuerdan la arrogancia del que sale en el anuncio (que distinto al Espinete de mi niñez, tan amigo de Don Pimpón, fuera lo que fuera ese tipo tan salau). Dios quiera que no me cruce con un erizo al volante de un vehículo asegurado, no sé si seré capaz de evitar el atropello.
En fin, si esa idea del pirotécnico, del astronauta o de la animadora con pompones se llevó a la pequeña pantalla, no podremos quejarnos de que en la tele tiene cabida ya cualquier cosa. Lo sabemos desde hace años.
Otro anuncio tremendo es el de los seguros esos del Sol. Sé la marca, pero prefiero no mencionarla (de alguna forma comenzaron a ser la competencia). Una voz narra gravemente que "Un día entró en un mundo de soles" de fondo una melodía bastante aceptable que tendrá que cargar con el estigma de haber sido ultrajada en aquel engendro . Para echarse a temblar. Es casi seguro que el discursito fue concebido en una noche de borrachera, cuando todos los gatos son pardos y se entra en los mundos de los soles en cada pub o discoteca. Puede ser incluso que sea una precisa descripción de los efectos de alguna droga de diseño o similar que el creativo experimentó en una noche de desenfreno que no ha podido olvidar. Quizá por los mismos efectos secundarios que desde entonces va arrastrando.
De este anuncio que pretende cierta solemnidad se hicieron dos variantes. Horrorosas ambas casi por igual, pero hay una línea del texto que tengo que resaltar porque no tiene desperdicio:
"Ayer entré en un mundo de soles, sí sí de soles".
Es evidente que en esta frase se resume el anuncio. Te dicen primero la cosa de entrar en los soles como si no dijeran nada, y al instante recobrando la voz alguna cordura y dándose cuenta de la gilipollez enorme que acaba de mencionar aclara, "sí sí de soles", uno echa en falta a continuación "creelo, aunque suene tan estúpido", "lo pone aquí". En el resto del anuncio divaga sobre que las personas tienen soles y demás sin sentidos. Y uno termina deseando que alguien invente un seguro, aunque sea un bunquer donde refugiarse de estos absurdos televisivos. Y piensa que no se está a salvo en ninguna parte. Yo firmaría un seguro que me pagara cada vez que alguien se atreve a rodar anuncios tan mortales para el espirítu alegre del consumidor ordinario. Como aquel del buen mozo que decía lo de "Diners per a beques". Eso era un anuncio bastante escaso de contenido, pero al menos en el casting se vio a las claras que había auténticos profesionales tras las cámaras y sobre todo delante de ellas.
Paciencia con la tele. Hay algunos buenos.
lunes, 13 de febrero de 2006
Mis amigos
Vuelvo de la piscina escuchando música en el discman y pensando que la noche, esta de hoy, por el clima, por lo oscura, por el aire, está preciosa.
Voy ganando adeptos para mis causas, supongo que porque ven en mí a un Quijote a punto de lanzarse contra los molinos de viento. Puesto que en realidad no importa que se sepa a priori que la batalla está perdida. Merece la pena desgañitarse si es por lo que uno cree. Aunque esas voces se pierdan en el desierto sin siquiera un eco que las recuerde. Duran lo que dura la voz antes de enronquecer. Luego uno queda con la mirada perdida recuperando sílaba a sílaba una palabra para mañana.
Ya no sólo Wanda aterriza por aquí de cuando en cuando porque me sigue, sabe que tras tantos años diciendo insensateces aún puedo inventar algunas nuevas. Ahora llega Amparo, experta en impartir cursos del SERVEF, que resultaría amenazante con sus libros de psicología si no me hubiera tratado ya en persona y supiera que con los defectos y todo no soy malo. Llega el Xuac que empieza un trabajo nuevo como yo con la misma ilusión, ambos convencidos de estar ante la gran oportunidad. Con la euforia del que cree en lo que hace y hará lo que esté en su mano porque salga lo mejor posible.
Y miro ese mapa mudo de la derecha y veo que llegan adrede o por error desde muy lejos. Y entonces el azar cobra su importancia porque tal vez alguien de aquellos que entró buscando otro sitio repita. Pero en verdad tampoco nada de eso importa. En este espacio como creo que ya reconocí en el pasado encontré la sensación de libertad que es lo más cerca de la libertad que uno puede estar. Y no debiera, pero hasta pediré perdón por las veces en que me he equivocado; es lo que conlleva tener boca y usarla.
Voy ganando adeptos para mis causas, supongo que porque ven en mí a un Quijote a punto de lanzarse contra los molinos de viento. Puesto que en realidad no importa que se sepa a priori que la batalla está perdida. Merece la pena desgañitarse si es por lo que uno cree. Aunque esas voces se pierdan en el desierto sin siquiera un eco que las recuerde. Duran lo que dura la voz antes de enronquecer. Luego uno queda con la mirada perdida recuperando sílaba a sílaba una palabra para mañana.
Ya no sólo Wanda aterriza por aquí de cuando en cuando porque me sigue, sabe que tras tantos años diciendo insensateces aún puedo inventar algunas nuevas. Ahora llega Amparo, experta en impartir cursos del SERVEF, que resultaría amenazante con sus libros de psicología si no me hubiera tratado ya en persona y supiera que con los defectos y todo no soy malo. Llega el Xuac que empieza un trabajo nuevo como yo con la misma ilusión, ambos convencidos de estar ante la gran oportunidad. Con la euforia del que cree en lo que hace y hará lo que esté en su mano porque salga lo mejor posible.
Y miro ese mapa mudo de la derecha y veo que llegan adrede o por error desde muy lejos. Y entonces el azar cobra su importancia porque tal vez alguien de aquellos que entró buscando otro sitio repita. Pero en verdad tampoco nada de eso importa. En este espacio como creo que ya reconocí en el pasado encontré la sensación de libertad que es lo más cerca de la libertad que uno puede estar. Y no debiera, pero hasta pediré perdón por las veces en que me he equivocado; es lo que conlleva tener boca y usarla.
domingo, 12 de febrero de 2006
¿Dónde estás?
Me he convertido en uno de los mejores oyentes de Kiss FM. Por eso sé que no es cierto que llegas a estar media hora sin escuchar publicidad, y que aún te queden 30 minutos sin ella. Cada poco se anuncian ellos mismos, como si tuvieran que convencer a los oyentes como yo de seguir escuchando (invertid en convencer a los de la competencia). Ignoran que ya estamos convencidos, que nos gusta mucho la selección musical aunque no tanto su autobombo, por no hablar de sus desatinos en el lenguaje. Uno los oye y dice: calla un rato y pon un disco más, a ver si es verdad que es mejor que el anterior.
Han proliferado los concursos para teléfono móvil, ahora que todos tenemos uno en el bolsillo, irradiando invisibles ondas para encontrar cobertura, seguro que perjudiciales, como de microondas. Yo estoy seguro de que llevar aquello en el bolsillo no puede ser bueno para mi propósito futuro de darme descendencia. Muy probablemente un porcentaje no despreciable de mis "soldados" cayeron fritos o enajenados por aquella radiación inaudible para el oído humano pero persistente y atroz. Ve tú a saber si los niños del futuro no desarrollarán un oído de ratón o nacerán ellos mismos dotados de cobertura estén donde estén.
El caso es que en uno de estos concursos los de la emisora sin publicidad ofrecen por si te convence para mandar un sms o llamar a un número, la posibilidad de pasar un fin de semana en Paris, la ciudad del amor. Pero no contentos con contarlo así aclaran que será para pasar el mejor fin de semana de ensueño en Paris. Y uno que ha leído poco, que es lento para según que cosas, pero avispado para otras, se dice: Yo no sabía que hubiera grados de ensueño. Yo pensé que un fin de semana de ensueño era suficiente reclamo. Pero no, conviene aclarar que será el mejor de los de ensueño. No un finde de ensueño cualquiera, el mejor de todos ellos.
Ahora hay grados para todo. Ya nada es absoluto ni definitivo. Todo se puede fraccionar. A todo se le puede añadir un muy, todo lo bueno y malo puede exagerarse. Demos un-mucho-mayor énfasis y convenceremos más.
Hace muchos años, muchos. Yo suspiraba por una chiquita muy hermosa, y forjé una gran amistad con otro chaval precisamente porque ella era su debilidad (como la mía). De aquella chiquita no volví a saber, creo que se hizo médico, pero antes de eso, en los tiempos en que compartíamos la misma clase, ella me escribió en un relatillo mío, trágico pues yo escribía transportado por la imaginación más triste, apenas una frase que resumía su opinión sobre el texto. Me puso con su cuidada calígrafía (que como médico a estas horas habrá perdido): "Es simplemente sublime". Yo viajé en cada curva de aquella línea escrita a lápiz. Me aferré a aquel texto como si fuera un manuscrito con el destino de la humanidad. Dispuesto a salvarlo contra todo, a mantenerlo frente a todo. Subí a la montaña rusa de la emoción cuando en otra ocasión se me acercó para recomponer el cuello de mi camiseta diciendo con una sonrisa: "Que desaliñado vas siempre". Y era cierto. Pero ese día quedó perfecto el cuello de la camiseta y yo me sentí el muchacho más importante del mundo.
Entonces se llegaba a las personas sin tanto artificio. Sin decir nada parecido a "es simplemente el mejor de los sublimes".
Escuchaba el otro día en aquella emisora a Rick Astley y quedé profundamente agradecido. No sé explicar muy bien porque. Supongo que porque era un cantante desaparecido. No había vuelto a saber de él. Como si fuera una baja en la batalla de la vida, pero con el considerable mérito de ser él quien decidió la renuncia. Un cantante de una sola canción, a lo más dos. Flor de un día. Aquel que saboreó las mieles del éxito fugaz. Que prefirió el anonimato a la luz cegadora de todos los flashes. Me dije, ahora debe estar, quien sabe si ordeñando vacas en un rancho de Cánada, cantando los mismos éxitos con voz grave que embelesaban a las quinceañeras, a su apático ganado vacuno. Demasiado ocupado en comer los piensos y apartar moscas con el rabo.
¿Qué fue de Rick Astley? ¿Dónde estás?
Todas esas personas que se borran tienen un mérito inmenso. Porque los medios siempre tendrán una cámara hacia ellos, porque les va bien o porque les va mal. Todo es noticia, y nada gusta más a algunos que hacer leña del árbol caído. Rick Astley perdido en el tiempo, cuando sus éxitos tienen la mayoría de edad era una referencia. Alguien a quien admirar por haber sabido vivir en su vida varias vidas. Eso creía yo.
Pero Rick Astley vive, y sigue en la música aunque yo lo ignorara. Estuvo sacando recopilatorios de grandes éxitos durante tanto tiempo como se lo permitieron los dueños de su casa discográfica. Intentando reverdecer laureles cambiando las tapas de los álbumes. Y no digo que esté mal, aunque siento haberme enterado. Soy un romántico sin remedio.
Lo mejor de todo es que he perdido un candidato serio a mito pero he ganado un cantante de una sola canción, tiene disco desde Octubre del 2005 y su primer tema, Vincent, parece por las trazas simplemente de ensueño.
Han proliferado los concursos para teléfono móvil, ahora que todos tenemos uno en el bolsillo, irradiando invisibles ondas para encontrar cobertura, seguro que perjudiciales, como de microondas. Yo estoy seguro de que llevar aquello en el bolsillo no puede ser bueno para mi propósito futuro de darme descendencia. Muy probablemente un porcentaje no despreciable de mis "soldados" cayeron fritos o enajenados por aquella radiación inaudible para el oído humano pero persistente y atroz. Ve tú a saber si los niños del futuro no desarrollarán un oído de ratón o nacerán ellos mismos dotados de cobertura estén donde estén.
El caso es que en uno de estos concursos los de la emisora sin publicidad ofrecen por si te convence para mandar un sms o llamar a un número, la posibilidad de pasar un fin de semana en Paris, la ciudad del amor. Pero no contentos con contarlo así aclaran que será para pasar el mejor fin de semana de ensueño en Paris. Y uno que ha leído poco, que es lento para según que cosas, pero avispado para otras, se dice: Yo no sabía que hubiera grados de ensueño. Yo pensé que un fin de semana de ensueño era suficiente reclamo. Pero no, conviene aclarar que será el mejor de los de ensueño. No un finde de ensueño cualquiera, el mejor de todos ellos.
Ahora hay grados para todo. Ya nada es absoluto ni definitivo. Todo se puede fraccionar. A todo se le puede añadir un muy, todo lo bueno y malo puede exagerarse. Demos un-mucho-mayor énfasis y convenceremos más.
Hace muchos años, muchos. Yo suspiraba por una chiquita muy hermosa, y forjé una gran amistad con otro chaval precisamente porque ella era su debilidad (como la mía). De aquella chiquita no volví a saber, creo que se hizo médico, pero antes de eso, en los tiempos en que compartíamos la misma clase, ella me escribió en un relatillo mío, trágico pues yo escribía transportado por la imaginación más triste, apenas una frase que resumía su opinión sobre el texto. Me puso con su cuidada calígrafía (que como médico a estas horas habrá perdido): "Es simplemente sublime". Yo viajé en cada curva de aquella línea escrita a lápiz. Me aferré a aquel texto como si fuera un manuscrito con el destino de la humanidad. Dispuesto a salvarlo contra todo, a mantenerlo frente a todo. Subí a la montaña rusa de la emoción cuando en otra ocasión se me acercó para recomponer el cuello de mi camiseta diciendo con una sonrisa: "Que desaliñado vas siempre". Y era cierto. Pero ese día quedó perfecto el cuello de la camiseta y yo me sentí el muchacho más importante del mundo.
Entonces se llegaba a las personas sin tanto artificio. Sin decir nada parecido a "es simplemente el mejor de los sublimes".
Escuchaba el otro día en aquella emisora a Rick Astley y quedé profundamente agradecido. No sé explicar muy bien porque. Supongo que porque era un cantante desaparecido. No había vuelto a saber de él. Como si fuera una baja en la batalla de la vida, pero con el considerable mérito de ser él quien decidió la renuncia. Un cantante de una sola canción, a lo más dos. Flor de un día. Aquel que saboreó las mieles del éxito fugaz. Que prefirió el anonimato a la luz cegadora de todos los flashes. Me dije, ahora debe estar, quien sabe si ordeñando vacas en un rancho de Cánada, cantando los mismos éxitos con voz grave que embelesaban a las quinceañeras, a su apático ganado vacuno. Demasiado ocupado en comer los piensos y apartar moscas con el rabo.
¿Qué fue de Rick Astley? ¿Dónde estás?
Todas esas personas que se borran tienen un mérito inmenso. Porque los medios siempre tendrán una cámara hacia ellos, porque les va bien o porque les va mal. Todo es noticia, y nada gusta más a algunos que hacer leña del árbol caído. Rick Astley perdido en el tiempo, cuando sus éxitos tienen la mayoría de edad era una referencia. Alguien a quien admirar por haber sabido vivir en su vida varias vidas. Eso creía yo.
Pero Rick Astley vive, y sigue en la música aunque yo lo ignorara. Estuvo sacando recopilatorios de grandes éxitos durante tanto tiempo como se lo permitieron los dueños de su casa discográfica. Intentando reverdecer laureles cambiando las tapas de los álbumes. Y no digo que esté mal, aunque siento haberme enterado. Soy un romántico sin remedio.
Lo mejor de todo es que he perdido un candidato serio a mito pero he ganado un cantante de una sola canción, tiene disco desde Octubre del 2005 y su primer tema, Vincent, parece por las trazas simplemente de ensueño.
sábado, 11 de febrero de 2006
viernes, 10 de febrero de 2006
Los resultados
Ayer me llegaron los resultados al reconocimiento médico. Estoy fabulosamente sano. Eso reflejan entre tanto número para llegar a una conclusión: El riesgo de que sufra un infarto en los próximos diez años es: ... BAJO (casi se me produce una trombosis con el suspense). Y el riesgo de una trombosis es: ... BAJO (a puntito de infarto de miocardio en la lectura).
Ese es el resultado, que me queda mucha tela por cortar. Se podría decir que mis resultados no han sido solamente buenos, han sido óptimos. Ni adrede habría podido mejorarlos. Ese es mi talento, en los exámenes médicos arrojo resultados dignos de aplauso, y lo mejor de todo es que lo logro sin pretenderlo, al contrario, casi me presto a ello con desgana. Me quito la camisa, dejo que me extraigan la sangre mirando hacia el tendido, como el buen torero, como Laudrup que era un futbolista extraordinario. Pero ni siquiera me concentro, no repito en mi cabeza: "Que todo vaya bien, que el mililitro que sale de mi cuerpo ahora sea el mejor de cuantos me recorren de arriba abajo (envíemos las plaquetas y leucocitos mejor dotados). Que mi oído hoy esté fino como el del murciélago a punto de aletear para salir de caza". Podría desearlo con todas mis fuerzas con el propósito de brillar (impresionar a todos esos médicos en peor forma que yo). Un mérito entre tanto demérito. Que alguien se reverenciara al comprobar mis resultados diciendo: "Ahí hay alguien sano". Intentar que mis pulmones sean la referencia positiva que asustará al fumador al comprobar la podredumbre dentro de su cuerpo. Pero nada de eso, solamente me presenté e hice lo que me mandaron, lo que hubiera servido de excusa si algo hubiera salido mal, pero no. Todo fue a las mil maravillas. Cuando salí Oviedo se sorprendía con una nieve fina, agua nieve me dijeron que era. Pero no mojaba, caían motas blancas y desaparecían.
He obtenido unos resultados de causar estupefacción con una sola pega. El dichoso colesterol malo, y no es que me pasé ni mucho menos que tengo más de dos decenas de margen hasta el límite superior (139 no es para preocuparse). Pero supongo que a la larga será algo que deba revisar. Sobretodo ahora que entiendo que debo modificar en algo mis hábitos alimenticios (gracias que las pruebas me las hicieron hace dos semanas). Esto demuestra dos cosas uno, algo que yo ya conocía, la vida son apenas unas instantáneas en que nada permanece invariable (hoy mis resultados quizá no fueran tan estupendos), y dos me voy haciendo mayor (aunque los años no pasan en balde).
No diré que últimamente he reparado en que vivo solo porque es una obviedad, pero si es cierto que en estos días se me ha hecho patente. Cuando fui a salir de la ducha y no encontré la toalla allí donde debía estar colgada. Simplemente la había echado a lavar y no recordé reponerla. Tengo voz para pedir pero no oídos que escuchen. Debo emprender cada cosa, desde las más menudas por mi mismo.
Pero me he sentido a la vez afortunado, cuando en lo más temprano acudo hacia el trabajo, apenas clareando el día y oigo las gaviotas, y las veo allá cerca. Hoy me llamó mi amigo Fermín y estuvimos riendo un rato. Luego Pablo y José Vicente que quieren comprar un dominio para la empresa que habríamos montado juntos. Yo les he dejado solos, pero son mayorcitos, tienen lo más importante la materia prima, su trabajo y talento; y por si esto fuera poco les di el nombre: Dekeweb?
Lo demás nos vendrá rodado.
Ese es el resultado, que me queda mucha tela por cortar. Se podría decir que mis resultados no han sido solamente buenos, han sido óptimos. Ni adrede habría podido mejorarlos. Ese es mi talento, en los exámenes médicos arrojo resultados dignos de aplauso, y lo mejor de todo es que lo logro sin pretenderlo, al contrario, casi me presto a ello con desgana. Me quito la camisa, dejo que me extraigan la sangre mirando hacia el tendido, como el buen torero, como Laudrup que era un futbolista extraordinario. Pero ni siquiera me concentro, no repito en mi cabeza: "Que todo vaya bien, que el mililitro que sale de mi cuerpo ahora sea el mejor de cuantos me recorren de arriba abajo (envíemos las plaquetas y leucocitos mejor dotados). Que mi oído hoy esté fino como el del murciélago a punto de aletear para salir de caza". Podría desearlo con todas mis fuerzas con el propósito de brillar (impresionar a todos esos médicos en peor forma que yo). Un mérito entre tanto demérito. Que alguien se reverenciara al comprobar mis resultados diciendo: "Ahí hay alguien sano". Intentar que mis pulmones sean la referencia positiva que asustará al fumador al comprobar la podredumbre dentro de su cuerpo. Pero nada de eso, solamente me presenté e hice lo que me mandaron, lo que hubiera servido de excusa si algo hubiera salido mal, pero no. Todo fue a las mil maravillas. Cuando salí Oviedo se sorprendía con una nieve fina, agua nieve me dijeron que era. Pero no mojaba, caían motas blancas y desaparecían.
He obtenido unos resultados de causar estupefacción con una sola pega. El dichoso colesterol malo, y no es que me pasé ni mucho menos que tengo más de dos decenas de margen hasta el límite superior (139 no es para preocuparse). Pero supongo que a la larga será algo que deba revisar. Sobretodo ahora que entiendo que debo modificar en algo mis hábitos alimenticios (gracias que las pruebas me las hicieron hace dos semanas). Esto demuestra dos cosas uno, algo que yo ya conocía, la vida son apenas unas instantáneas en que nada permanece invariable (hoy mis resultados quizá no fueran tan estupendos), y dos me voy haciendo mayor (aunque los años no pasan en balde).
No diré que últimamente he reparado en que vivo solo porque es una obviedad, pero si es cierto que en estos días se me ha hecho patente. Cuando fui a salir de la ducha y no encontré la toalla allí donde debía estar colgada. Simplemente la había echado a lavar y no recordé reponerla. Tengo voz para pedir pero no oídos que escuchen. Debo emprender cada cosa, desde las más menudas por mi mismo.
Pero me he sentido a la vez afortunado, cuando en lo más temprano acudo hacia el trabajo, apenas clareando el día y oigo las gaviotas, y las veo allá cerca. Hoy me llamó mi amigo Fermín y estuvimos riendo un rato. Luego Pablo y José Vicente que quieren comprar un dominio para la empresa que habríamos montado juntos. Yo les he dejado solos, pero son mayorcitos, tienen lo más importante la materia prima, su trabajo y talento; y por si esto fuera poco les di el nombre: Dekeweb?
Lo demás nos vendrá rodado.
miércoles, 8 de febrero de 2006
Ir a la guerra
Leo que otro lumbreras en Francia ha alzado su cuello de cisne para gritar a los cuatro vientos que sabe dibujar satiricamente a Mahoma y a quien haga falta, por defender su derecho a los lapiceros y a las gomas "Milan" para borrarse. Otros franceses cargarán con los problemas, aquellos desplazados a los paises del Islam, que se tendrán que guarnecer en sus casas como en búnqueres o salir corriendo al aeropuerto más cercano para poner tierra de por medio. Y volverán a Francia con lágrimas en los ojos porque allí, en algún rincón de aquel país que abandonaron, habrán dejado parte de sus vidas. No hay nada mejor para avivar un fuego que echar más combustible. Este gallo de corral pinta su libertad de despunta-lapices como el que va a la guerra. Dispuesto a reírse de su propio ingenio azuzando enfrentamientos entre tanto ánimo caldeado. Carga las pistolas que apuntan dianas distantes.
En la acción de ir a la guerra hay un mucho de previsión. Nadie acude a la pelea para perder. Cuando se va, se está convencido de que la victoria es posible. Se cree que la victoria queda más cerca tras derribar los primeros cuerpos. Los soldados equipados con sus chalecos anti-balas no salen a morir por su país sino a matar por su país, porque alguien lo manda.
Los americanos que son los encargados de impartir justicia planetaria apagan los fuegos con bombas, pero no inician ninguna de ellas sin la sensación de que una vez más, con la ayuda de Dios, vencerán los buenos y habrá justicia. La suya que es precisamente la del más fuerte. Por algo de esto no se deciden a actuar contra Corea del Norte, porque pudiera ser que después de todo si tenga alguna bomba nuclear, y si esto fuera cierto no habrá una victoria redonda, las bajas propias escuecen más cuanto más se publican, y vivimos tiempos en que cualquiera graba y fotografía desde un teléfono móvil. Por supuesto puedes borrar un país del mapa, pero te ha de valer la pena, debes estar dispuesto al sacrificio de perder algo más que unos cuantos peones.
Bajando al día a día de los anónimos yo también he ido a la guerra. He ido cada vez que he discutido por algo. Me he hinchado de razones como un globo y las he ido desgranando pacientemente como un globo se va quedando sin aire con un silbido. En la guerra de las discusiones también uno cree que podrá salir vencedor. Sino no discute, o desaparece o aguanta el chaparrón con los ojos buscando vias nuevas entre el adoquinado. Algunos utilizan la táctica de decir la última palabra. Reconforta ser el último en hablar porque da la sensación de que el eco repitiera ese último argumento, concluyente, definitivo, para siempre. El otro ha de quedarse por fuerza con aquellas palabras flotando en algún lugar de su cerebro, y tú sientes el poder de haber quedado por encima, como si las últimas palabras taparan las anteriores (las suyas) en un castillo de recriminaciones. Como si cada uno expusiera en sucesivas alfombras su saldo de reproches, un top manta en que termina mandando el último, el que dejó las miserias del otro a la vista.
Yo actúe por norma de otro modo. Quedé con la sensación del vencedor aunque en realidad nunca venciera. Como debía ocurrir en las guerras donde se mata, aunque en ellas siempre alguien sonríe al final como diciendo: Ya dije que venceríamos, bien está lo que bien acaba. Pero yo no vencía aunque tuviera a veces la sensación de vencer. Era un puro espejismo.
Mi estrategia distinta a decir la última palabra, la desvelo hoy aunque no haya reparado hasta este instante, quizá porque no me detengo en estas cosas. Quizá porque nuevas discusiones esperan sin duda en el horizonte. Yo simplemente me dediqué a hablar por más tiempo. A llenar de razones huecas el aire, a hilar encadenadamente camisas de fuerza para mi oponente que con carácter general era quien más me quería. Que importaba si no decía la última palabra si yo había actuado en la representación teatral que es una discusión por más tiempo. ¿No había recibido más luz de los focos? Además supongo que la razón última de cada una de mis peroratas era que entre tanta palabrería aquella se perdiera, perdiera sus propias cavilaciones enredada en las mías. Que no supiera cómo continuar al llegar el silencio. Que se le hubiera ido al santo al cielo lo que multiplicaba las posibilidades además de que aquellas palabras mías, vacías de contenido apenas sombras chinescas, fueran las últimas de la tarde. Las que quedaran reverberando en el aire hasta la reconciliación.
En la acción de ir a la guerra hay un mucho de previsión. Nadie acude a la pelea para perder. Cuando se va, se está convencido de que la victoria es posible. Se cree que la victoria queda más cerca tras derribar los primeros cuerpos. Los soldados equipados con sus chalecos anti-balas no salen a morir por su país sino a matar por su país, porque alguien lo manda.
Los americanos que son los encargados de impartir justicia planetaria apagan los fuegos con bombas, pero no inician ninguna de ellas sin la sensación de que una vez más, con la ayuda de Dios, vencerán los buenos y habrá justicia. La suya que es precisamente la del más fuerte. Por algo de esto no se deciden a actuar contra Corea del Norte, porque pudiera ser que después de todo si tenga alguna bomba nuclear, y si esto fuera cierto no habrá una victoria redonda, las bajas propias escuecen más cuanto más se publican, y vivimos tiempos en que cualquiera graba y fotografía desde un teléfono móvil. Por supuesto puedes borrar un país del mapa, pero te ha de valer la pena, debes estar dispuesto al sacrificio de perder algo más que unos cuantos peones.
Bajando al día a día de los anónimos yo también he ido a la guerra. He ido cada vez que he discutido por algo. Me he hinchado de razones como un globo y las he ido desgranando pacientemente como un globo se va quedando sin aire con un silbido. En la guerra de las discusiones también uno cree que podrá salir vencedor. Sino no discute, o desaparece o aguanta el chaparrón con los ojos buscando vias nuevas entre el adoquinado. Algunos utilizan la táctica de decir la última palabra. Reconforta ser el último en hablar porque da la sensación de que el eco repitiera ese último argumento, concluyente, definitivo, para siempre. El otro ha de quedarse por fuerza con aquellas palabras flotando en algún lugar de su cerebro, y tú sientes el poder de haber quedado por encima, como si las últimas palabras taparan las anteriores (las suyas) en un castillo de recriminaciones. Como si cada uno expusiera en sucesivas alfombras su saldo de reproches, un top manta en que termina mandando el último, el que dejó las miserias del otro a la vista.
Yo actúe por norma de otro modo. Quedé con la sensación del vencedor aunque en realidad nunca venciera. Como debía ocurrir en las guerras donde se mata, aunque en ellas siempre alguien sonríe al final como diciendo: Ya dije que venceríamos, bien está lo que bien acaba. Pero yo no vencía aunque tuviera a veces la sensación de vencer. Era un puro espejismo.
Mi estrategia distinta a decir la última palabra, la desvelo hoy aunque no haya reparado hasta este instante, quizá porque no me detengo en estas cosas. Quizá porque nuevas discusiones esperan sin duda en el horizonte. Yo simplemente me dediqué a hablar por más tiempo. A llenar de razones huecas el aire, a hilar encadenadamente camisas de fuerza para mi oponente que con carácter general era quien más me quería. Que importaba si no decía la última palabra si yo había actuado en la representación teatral que es una discusión por más tiempo. ¿No había recibido más luz de los focos? Además supongo que la razón última de cada una de mis peroratas era que entre tanta palabrería aquella se perdiera, perdiera sus propias cavilaciones enredada en las mías. Que no supiera cómo continuar al llegar el silencio. Que se le hubiera ido al santo al cielo lo que multiplicaba las posibilidades además de que aquellas palabras mías, vacías de contenido apenas sombras chinescas, fueran las últimas de la tarde. Las que quedaran reverberando en el aire hasta la reconciliación.
martes, 7 de febrero de 2006
La belleza
Anda mi autoestima algo cojita. Pero no es un defecto congénito, simplemente camina por la calle con un pie en la acera y otro en el asfalto. Esperando la palabra amable, la mano amiga que rescata para lanzarse hacia delante; para seguir por arriba o cruzar a cualquier otro lado.
Hoy recibimos la visita de dos mocitas que eran y siento decirlo como el común de las muchachas que atraviesan nuestro umbral, esto es que si no existiera más belleza que la interior o la exterior visible a los ojos, y ambas fueran del todo incompatibles, nuestra puerta sería que ni la que guarda San Pedro. Todo bellísimas personas de corazón inmenso.
El caso es que se vienen donde yo y entre risas le oigo decir bajito la una a la otra, girándose:
- Pero qué guapo es.
Yo no di demasiado crédito a mis oídos por la falta de costumbre, porque entiendo cada día un poquito menos y porque me miro en el espejo todos los días. Pero el caso es que aquella transacción acabó con las chiquillas marchándose riendo y girando sus cabecitas hacia mí hasta que alcanzaron la misma puerta, así que terminé pensando que por qué no dirían eso. Después de todo es posible que ellas también perciban en los varones que el nivel está bajito (como mi autoestima), y en esa tesitura el tuerto (nunca mejor dicho) puede ser el rey.
Hoy recibimos la visita de dos mocitas que eran y siento decirlo como el común de las muchachas que atraviesan nuestro umbral, esto es que si no existiera más belleza que la interior o la exterior visible a los ojos, y ambas fueran del todo incompatibles, nuestra puerta sería que ni la que guarda San Pedro. Todo bellísimas personas de corazón inmenso.
El caso es que se vienen donde yo y entre risas le oigo decir bajito la una a la otra, girándose:
- Pero qué guapo es.
Yo no di demasiado crédito a mis oídos por la falta de costumbre, porque entiendo cada día un poquito menos y porque me miro en el espejo todos los días. Pero el caso es que aquella transacción acabó con las chiquillas marchándose riendo y girando sus cabecitas hacia mí hasta que alcanzaron la misma puerta, así que terminé pensando que por qué no dirían eso. Después de todo es posible que ellas también perciban en los varones que el nivel está bajito (como mi autoestima), y en esa tesitura el tuerto (nunca mejor dicho) puede ser el rey.
(Banderas) (Muertos)
Jose Luis Perales cita, si no recuerdo mal, el diario "El Mundo" en una de sus canciones para concluir que hay gente maravillosa. Claro que la hay. Él habla en ella de la sección de contactos, yo lo traigo a colación por un titular que me llamó mucho la atención. De hoy mismo, en la página 24, transcribo literalmente:
MANIFESTANTES QUEMAN LA BANDERA DE ESPAÑA EN UNA PROTESTA EN IRAK
Al menos 6 personas mueren en violentas protestas en Afganistán, Somalia y El Líbano
Esa es la noticia. Aunque hay otra subliminal, callada pero concisa. Está ahí aunque haya que fijarse un poco para descubrirla. Está latente pero ahondando aparece como una revelación. Para el redactor de el periódico la quema de la bandera española merece ser el titular porque los titulares se resalta aquello más importante de la noticia. Por eso deja para el subtitular que hayan muerto 6 personas por este caso de las viñetas con Mahoma. Para el redactor es más importante la quema de la bandera que este asunto haya causado ya algunas muertes (a estas horas al menos siete).
Es curioso que comentando la noticia esta mañana me dice una compañera con un punto de indignación en la voz, por si yo no estaba al tanto: ¡Pero si quemaron una bandera española!
Hasta ese punto hemos llegado no se sabe muy bien como. Se da mayor importancia a la quema de una tela que a que alguien haya vivido justo hasta ayer (hasta hoy) porque todo esto del profeta y la libertad de expresión se lo llevó por delante. La vida humana vale tan poco (cuando no es la propia ni la del entorno, por supuesto). Esas muertes nos quedan demasiado lejos, ¿son acaso inevitables? Alguno se solivianta porque unos cuántos exaltados le prenden fuego a un trozo de tejido que no da ni para servir de abrigo. Yo particularmente prefiero que protesten incendiando la bandera que prefieran, las tenemos de todos los colores a que se prendan fuego a lo bonzo, como ya hicieron algunos en el pasado, o peor aún que prendan a alguien que no se presentó voluntario a tanto protagonismo. De hecho voy un poco más allá, creo que sería una medida hasta saludable si arraigara como un acto más llegada una edad. Igual que se lanzan los bonetes en la graduación debían quemarse unas cuantas banderas. Yo aseguro que si este comportamiento se volviera una acción generalizada en todo tipo de festejo habría menos guerras y menos fanatismos.
La distancia entre los que escriben en primera página de un periódico de tirada nacional aquello de que nos quemaron la bandera, de aquellos que entienden aquel acto como intolerable y la de los que la queman, con cuidado de no chamuscarse los dedos, para protestar por lo que entienden una falta de respeto a su fe no es tan grande. En ambos casos se otorga más importancia de la que se debe.
En mi opinión existe y debe existir libertad de expresión. Entendámosla generalizada para que no quede nada sobre lo que callar, pero no era necesario hacerla valer para un tema tan peliagudo. Hubiera sido mucho mejor pensar que se podía hacer sin hacerlo. Decirle al dichoso dibujante, al director de aquel periódico que para emprender esa tarea mejor no salir de la cama. Su orgullosa posición en defensa de su boca ha costado y costará vidas, y quizá un cisma difícil de reparar con aquellos que hoy parecen aún más distintos a nosotros.
MANIFESTANTES QUEMAN LA BANDERA DE ESPAÑA EN UNA PROTESTA EN IRAK
Al menos 6 personas mueren en violentas protestas en Afganistán, Somalia y El Líbano
Esa es la noticia. Aunque hay otra subliminal, callada pero concisa. Está ahí aunque haya que fijarse un poco para descubrirla. Está latente pero ahondando aparece como una revelación. Para el redactor de el periódico la quema de la bandera española merece ser el titular porque los titulares se resalta aquello más importante de la noticia. Por eso deja para el subtitular que hayan muerto 6 personas por este caso de las viñetas con Mahoma. Para el redactor es más importante la quema de la bandera que este asunto haya causado ya algunas muertes (a estas horas al menos siete).
Es curioso que comentando la noticia esta mañana me dice una compañera con un punto de indignación en la voz, por si yo no estaba al tanto: ¡Pero si quemaron una bandera española!
Hasta ese punto hemos llegado no se sabe muy bien como. Se da mayor importancia a la quema de una tela que a que alguien haya vivido justo hasta ayer (hasta hoy) porque todo esto del profeta y la libertad de expresión se lo llevó por delante. La vida humana vale tan poco (cuando no es la propia ni la del entorno, por supuesto). Esas muertes nos quedan demasiado lejos, ¿son acaso inevitables? Alguno se solivianta porque unos cuántos exaltados le prenden fuego a un trozo de tejido que no da ni para servir de abrigo. Yo particularmente prefiero que protesten incendiando la bandera que prefieran, las tenemos de todos los colores a que se prendan fuego a lo bonzo, como ya hicieron algunos en el pasado, o peor aún que prendan a alguien que no se presentó voluntario a tanto protagonismo. De hecho voy un poco más allá, creo que sería una medida hasta saludable si arraigara como un acto más llegada una edad. Igual que se lanzan los bonetes en la graduación debían quemarse unas cuantas banderas. Yo aseguro que si este comportamiento se volviera una acción generalizada en todo tipo de festejo habría menos guerras y menos fanatismos.
La distancia entre los que escriben en primera página de un periódico de tirada nacional aquello de que nos quemaron la bandera, de aquellos que entienden aquel acto como intolerable y la de los que la queman, con cuidado de no chamuscarse los dedos, para protestar por lo que entienden una falta de respeto a su fe no es tan grande. En ambos casos se otorga más importancia de la que se debe.
En mi opinión existe y debe existir libertad de expresión. Entendámosla generalizada para que no quede nada sobre lo que callar, pero no era necesario hacerla valer para un tema tan peliagudo. Hubiera sido mucho mejor pensar que se podía hacer sin hacerlo. Decirle al dichoso dibujante, al director de aquel periódico que para emprender esa tarea mejor no salir de la cama. Su orgullosa posición en defensa de su boca ha costado y costará vidas, y quizá un cisma difícil de reparar con aquellos que hoy parecen aún más distintos a nosotros.
lunes, 6 de febrero de 2006
La telaraña
Los recuerdos son como una telaraña. Algunos días uno se ve atrapado y todo lo mira a través de ellos. Cada suceso del día está tamizado por el recuerdo, como mirar la realidad cotidiana a través de una botella. La realidad de esta manera no se percibe tal cual es, sino con la distorsión de esos recuerdos. Cuando uno recuerda distrae la atención a una zona invisible, a un patio interior donde no corre el aire. Está despierto pero no es capaz volcarse en nada por entero. Está atento a lo de fuera y a lo de dentro, como un tendero que cobrara en la caja sin perder de vista la mercancía con la que juegan aquellos chicos.
Recordar es en si misma una acción esencialmente triste, porque el recuerdo es algo que fue y no es. Es un trozo de uno mismo de otro tiempo. Es una porción de la vida a la que se regresa salvando los detalles, con la sensación de orfandad del niño que perdió a su madre. A veces con la impresión de que aquello es si acaso el recuerdo de otro, otras veces constatando que no vivimos un presente perpetuo, sino un pasado constante en que los minutos son breves instantes de caducidad inmediata. Todo lo anterior construyó justo lo que somos, pero algo de nosotros se perdió en el camino.
Hay días en que ese pasado pesa como una losa, y uno lo arrastra todo el día seguro de no poder dar un paso más. Hay días en que el pasado vale más que el propio presente, que el día se consume como no vivido. Un día sin destino que no recordarás.
Los recuerdos son una telaraña y caes a ellos como una presa inadvertida. Entonces los movimientos se hacen costosos, quedas atrapado. Quieres correr, ahuyentarlos todos a voces, saltar más lejos y dejarlos a la intemperie, estancarlos donde no molesten, donde no reiteren que algo llevas vivido ya, que las cosas pudieron ser de otra manera.
Los recuerdos son como una sombra, lo persiguen a uno a todas partes. Solamente en sueños el recuerdo no importa, no fluye porque el sueño está liberado de toda condición temporal. Se sueña sin sentir por eso tampoco se recuerda.
Y lo peor es que esa nostalgia irracional que te sacude a veces, demostración de que estás vivo, de la que huirías tantas veces no tiene porque provenir de un recuerdo necesariamente malo; simplemente de uno hoy imposible. Y la amargura de aquellas veces en que volviste la cara al pasado para sentir una punzada es una razón que nos diferencia de los animales. Somos únicos porque a menudo la procesión va por dentro.
Recordar es en si misma una acción esencialmente triste, porque el recuerdo es algo que fue y no es. Es un trozo de uno mismo de otro tiempo. Es una porción de la vida a la que se regresa salvando los detalles, con la sensación de orfandad del niño que perdió a su madre. A veces con la impresión de que aquello es si acaso el recuerdo de otro, otras veces constatando que no vivimos un presente perpetuo, sino un pasado constante en que los minutos son breves instantes de caducidad inmediata. Todo lo anterior construyó justo lo que somos, pero algo de nosotros se perdió en el camino.
Hay días en que ese pasado pesa como una losa, y uno lo arrastra todo el día seguro de no poder dar un paso más. Hay días en que el pasado vale más que el propio presente, que el día se consume como no vivido. Un día sin destino que no recordarás.
Los recuerdos son una telaraña y caes a ellos como una presa inadvertida. Entonces los movimientos se hacen costosos, quedas atrapado. Quieres correr, ahuyentarlos todos a voces, saltar más lejos y dejarlos a la intemperie, estancarlos donde no molesten, donde no reiteren que algo llevas vivido ya, que las cosas pudieron ser de otra manera.
Los recuerdos son como una sombra, lo persiguen a uno a todas partes. Solamente en sueños el recuerdo no importa, no fluye porque el sueño está liberado de toda condición temporal. Se sueña sin sentir por eso tampoco se recuerda.
Y lo peor es que esa nostalgia irracional que te sacude a veces, demostración de que estás vivo, de la que huirías tantas veces no tiene porque provenir de un recuerdo necesariamente malo; simplemente de uno hoy imposible. Y la amargura de aquellas veces en que volviste la cara al pasado para sentir una punzada es una razón que nos diferencia de los animales. Somos únicos porque a menudo la procesión va por dentro.
domingo, 5 de febrero de 2006
Suscribirse a:
Entradas (Atom)