lunes, 30 de enero de 2006

Carta a Amparo:

"La tristeza es buena acompañante para una sola tarde".

Anado




Me escribes Amparo y te lo agradezco mucho. Yo siempre preferí con los ojos cerrados a los perdedores. Y no me disgusta en absoluto la palabra. Siempre me gustaron más porque siempre llega el caso en que se vuelven sorprendentes, habituados a perder, a que las cosas salgan mal o regular hasta que de pronto se les cae el disfraz de perdedor haciendo aunque aunque solo sea una sola cosa bien, sin peros, sin taras, la ilusión de algo perfecto, como nacidos para eso, por mucho que a otros les vaya a pasar inadvertido.

Yo que ya me reconocí el más pesimista de los optimistas los prefiero sin dudar quizá porque me parezco mucho a ellos, y me pasa cuando parezco un fantoche siempre a punto de desparramar algo, tirar algo por los suelos o equivocar hasta los remiendos para otro error. Sin ir más lejos ayer mismo a punto estuve de derramar la jarra de la cafetera en una sartén al engancharse el asa en el borde mientras cocinaba. Me estuve riendo un rato pensando en lo bien que habrían hecho de grabar la escena para darla lentamente en algún programa de medianoche. Habrían faltado calificativos a mis torpes maniobras. Habría dado para muchas horas de televisión, nuevas tertulias y nuevos contertulios opinando.


Por eso yo creo que el hombre es perdedor por naturaleza, porque pierde en todo aquello que pretendió que saliera bien para darse de bruces. Y lo mejor o peor de todo, es que el hombre es perdedor porque tiene la vida para perderla y no puede escapar a ese destino.

Hablas de las personas que quedaron en el camino y de las que habríamos conservado para siempre y no puedes tener más razón. Es de nuevo el reverso amargo de esa perdida de la que habla Joaquín Sabina, el mismo que retrata en aquella vieja derrotada en el sillón, marchita viendo Falcon Crest mientras se pregunta ¿Quién me ha robado el mes de Abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí? Lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

El problema es que a veces se extravían las llaves y no hay quien compruebe siquiera lo que se ha perdido.


La casa es fabulosa, ni mucho menos parece en ruinas. Te contaré que le tengo echado el ojo a un terrenito en Cabrales (de donde es este queso tan fuerte y rico). Allí se levanta una casa que sí está de veras en ruinas. En la foto ni siquiera le encontré un ventanuco. Yo creo que era un corral o algo parecido. Ya me dirás tú como ha de estar si la venden con un terreno circundante de unos 3750 m2 por 3 millones de los de antes. Ya no te dan por esa cantidad ni los buenos días (yo sí). Probablemente se quede la cosa en agua de borrajas, pues me temo que no me vaya a esperar indefinidamente (no resistirá otro tornado). Pero hubiera sido bonito comprarla y salir de aquella ruina mirando alrededor para decir, "todo esto es mío" (aunque todo eso valga tan poco). Quien sabe, ahorrando algo más te puedes comprar una casita de madera, con su calefacción y sin goteras para ponerla cerquita de esos muros carcomidos, y pensar que llegado el caso podrías levantar otra un poco más allá, casi como si fuera un complejo hotelero, cerca de todos aquellos matorrales y malas hierbas.

Me alegro mucho de que roces el sueño. Cuenta conmigo para esa paella (me pido echar el arroz).

Un abrazo.

domingo, 29 de enero de 2006

Farrucar

Conviene enriquecer nuestro diccionario con palabras nuevas y necesarias. Yo no soy partidario de llenarlo de nuevos términos, si al final creo que no usamos más de 1000 o 1500. Pero cuando surge la necesidad porque ninguna de las existentes retrata la idea exacta, entonces sí debemos crear nuevas para poder expresarnos con más precisión.

Si estuviera en mi mano, que no lo está ni lo está en la de nadie lamentablemente, me entrevistaría con Lázaro Carreter al que podría abordar con su libro "El dardo en la palabra" (lo empecé en el Pleistoceno) para que me lo firmara. Allí mismo y sacando el tema casualmente discutiría con él la conveniencia de añadir por ejemplo el verbo "farrucar".


Leí la semana pasada el caso atroz de un celador al que tirotearon dos gitanos porque atropelló a la hija de uno de ellos cuando cruzaba.

Si uno va al detalle descubrirá que la palabra atropello le va grande a lo ocurrido, pues la niña apenas fue empujada por el coche que se detuvo al instante. De hecho el conductor intentó salir del vehículo para auxiliar a la víctima, pero no le dio tiempo.

Muy probablemente los pistoleros habían leído el caso de Farruquito y la justicia de los payos, sin duda les parecía insuficiente. Al ver caer a la niña se dijeron "Me han afarrucao a la niña" que significa que la han atropellado primero y que luego el juez impondrá al conductor una pena de risa. Esa es la verdad, si al atropello le siguiera una pena de cárcel de meter miedo nadie se habría tomado la justicia (¿dije justicia?) por su mano. Se habrían santiguado pensando en el pobre diablo que causó el atropello.

Pero ya nadie se fía de la justicia. Mejor si se pueden resolver las cosas así de pronto, en un arrebato, sin esperar a la decepción de una pena que remueve al muerto en su tumba (pobre Benjamín Olalla). Aunque en este caso no haya muerto, bueno sí, el conductor. Le vaciaron dos cargadores antes de que pudiera abrir la puerta del vehículo. Luego los tres, pistoleros y un acompañante para confundir se dieron a la fuga. Forajidos como los del antiguo oeste.

Porque por lo que sé, a la niña apenas se le debió lastimar un codo, y el susto gordo de ver que un coche se te viene encima (a mí me ha pasado yendo en bici). Entró en una clínica por una puerta para salir por la otra. Lo cierto es que la niña cruzó la calle por donde no debía y sin mirar. Se echó literalmente encima del coche que se detuvo nada más notar el contacto. La cría incumplió por tanto dos normas básicas que se les da a los niños desde muy chicos, a mi me las daban, claro que no sé si los padres que guardan armas de fuego en casa observan esas normas y se las trasladan a sus pequeños. Probablemente no, la niña podía cruzar por donde le diera la gana y en el momento que quisiera. La pistola dará las razones si faltan.

Uno lee la prensa a veces y sospecha que las cosas marchan mal y no tan lejos. Repara en que a poco que se pretenda algo se podrá remediar, que hay un gran margen de mejora.

Farruquito tuvo suerte, atropelló a alguien que no tenía una cuadrilla de pistoleros velando la calle. De todos modos y por si acaso, él apretó a fondo el acelerador para poner tierra de por medio. Más vale prevenir que curar.

Antología

Me pidió permiso el otro día mi amigo Sergio Gaut Hartman para utilizar uno de mis relatos en una antología que van a publicar en Buenos Aires. Yo se lo di por supuesto y le pregunté si tanto habían bajado el nivel de exigencia. Él cortésmente me respondió que al contrario, pero yo sé lo que digo. Ahora bien, esto da que pensar en este invento Internet que vivimos como si nada y que logró recortar todas las distancias. Que gente que no se hubiera conocido nunca se pueda tratar a diario.


Esta mañana salí a pasear y me fui hasta la playa de Toró. Allí me encontré con un paisaje asombroso. Más allá de la playa las montañas están todas nevadas y me recordó vivamente los viajes a esquiar de hace unos años. ¡Cuánto los he disfrutado! ¡Qué ganas de regresar a la pendiente abajo y al viento frío en la cara!

Presumo que podré regresar a Valencia para pasar las festividades de Pascua. Ya anoté que junto al Tropicano Taurus y las zapatillas de deporte debo recoger la ropa de esquí. Estoy a unas dos horas de dos estaciones de esquí. Ya sé que es una afición que está por encima de mis posibilidades pero nadie está hablando de ir cada fin de semana, me bastará con ir alguna vez (saber que lo podré hacer). Se trata nada más de saber administrarse.


Por otro lado hoy viendo vencer a Roger Federer en el abierto de Australia comprobé que Coca-Cola Light ha sacado una nueva batería de anuncios de un carácter muy positivo en el que se aplaude la naturalidad por encima de cualquier otra cosa. Pero el aplauso más fuerte, el que queda al final de ese anuncio in crescendo, la gente en pie, es para todos aquellos que se atreven. Juro que estoy entre ellos.

sábado, 28 de enero de 2006

Fines de semana

Playa de Llanes
Alguna vez he reconocido aunque no lo haya hecho aquí que la vida me ha cambiado tanto que es apenas reconocible. Uno se pasó el tiempo suspirando por la llegada del fin de semana, por el oasis de tiempo libre que ello supone, en los tiempos de bonanza económica porque era el descanso que mereces, en los tiempos en que sobraron los minutos, vividos con un hilo de esperanza, porque eran el tiempo que el trabajo de los otros dejaba libre para acompañar mi soledad. Toda la semana con la vista puesta en el viernes.

Y ahora resulta que el fin de semana me incordia, tan excedido de tiempo, se me ha convertido en un estorbo. Quiero volver a zambullirme en el día a día cotidiano. Regalo mis fines de semana a quien sepa qué hacer con ellos. Al menos estos primeros, en los que echo a faltar un coche para ir de aquí a allá. Quiero volver a Bilbao para ir de pinchos. Quiero ir a Donosti, llegar en 50 minutos a Santander. Ir a Ribadesella si se tercia por poner un ejemplo, sin depender de los horarios ni de los autobuses. Subasto mis fines de semana ahora que todo se subasta, los doy al mejor postor, que le aprovechen todos porque a mi estos segundos largos, en este fin de semana helado se me hacen minutos. Vendo el plazo exacto que va del viernes por la tarde hasta el domingo noche a cualquiera dispuesto a aprovecharlo como yo los aprovechaba hace bien poco.


¿Es tan raro echar de menos el cuidado que debía poner con los bajos de la pernera derecha de un pantalón de chandal, para que no se enredara con el plato de los pedales yendo en bici?


Playa de Llanes
Renunciaría al frío polar de un finde desocupado y lo digo sin asomo de pena o tristeza. Prefiero la labor cotidiana de una semana sin inicio ni final. Semanas circulares como anillos. Aunque en el fondo estoy seguro de que pelearía por conservar incluso los ratos de aburrimiento. Quizá porque no hay cielo como el de Llanes y sospecho que el domingo con sus nubes amenazando tormenta me brindará una imagen hermosa desde los acantilados. Quizá me vaya hasta allí o hasta la playa con un paraguas y un periódico del día. No muy lejos pues la lluvia aquí aparece de repente. Aún recuerdo aquel sol eufórico sentado bajo los toldos de una cafetería (¿te acuerdas Ángel?) y sin venir a cuento, de improviso las primeras gotas de una lluvia temprana. De súbito la lluvia fuerte y en lo alto el sol con la misma intensidad. Como si nada hubiera cambiado. Como si la lluvia fuera irreal, un montaje de experto fotográfico, un sueño. Apenas se prolongó unos minutos, esos fenómenos extraordinarios como algunos amores no pueden durar (ya se apuntó en Annlea: el amor es eterno mientras dura). Pronto se oscureció y el día se tornó del tono gris que deben tener todas las despedidas (Ángel y Lidia volvían a Valencia tras el desayuno).

Playa de Llanes
Conservemos estos fines de semana desocupados que son el momento idóneo para ese libro que espera en la mesilla, para oír música sin mirar el reloj. Para hablar por teléfono o caminar abrigado como una sombra. Aprovechemos para cocinar la comida de entre semana, escribamos un poco si es posible, naveguemos por el océano de Internet o dispongámonos simplemente a mirar por la ventana. Por poder incluso se puede ver la televisión (aunque harán falta ganas).

viernes, 27 de enero de 2006

Discurriendo


No es lo que parece, es lo que es.

:)

Anado

jueves, 26 de enero de 2006

Reconocimientos

Me he convertido en un madrugador de primera. Madrugo todos los días sin chistar, abro los ojos incluso antes de que suene el despertador del móvil (hasta que harto de ese Tango programe la minicadena que me trajo un buen amigo invisible estas navidades pasadas), me levanto al frío cavernario más allá de mi cama, a la que llego cada noche como a la cima del Everest, derrengado y lamentablemente solo ;P

Decía que madrugo cada mañana y lo hago siempre invariablemente bien, aunque mañana me pondré a prueba con el más difícil todavía. Debo coger un bus a las 6:45 en la estación que me arroje al frío de Oviedo (que debe ser menos frío que el de estas mañanas), para pasar un reconocimiento médico que plasme lo bien que estoy (no confundir con lo bueno que estoy) y destaque las taras que sé que tengo (y las que no sé). Yo estoy más que dispuesto a quedarme traspuesto, esto es dormido como un ceporro mientras devoramos los 105 kilómetros que nos separan de la capital del paraíso (lo es y no por invención mía), pero existe el riesgo de que al despertar, como un ceporro, hayamos pasado de largo Oviedo y estemos ya camino de Gijón o vete tú a saber si más allá. Con la suerte que me acompaña probablemente terminaría pasando por Vigo y preguntando con modales exquisitos por la clínica donde me esperarán sin paciencia franciscana.

Cuando escucho "reconocimiento" se me ilumina la mirada porque uno quiere los reconocimientos cuando puede disfrutarlos, aunque algunos actores puedan pensar "sí a estas alturas tanto me premian es, una de dos, o porque me queda poco o porque parece quedarme poco"; los reconocimientos para cuando se puede gesticular frotando la punta de los dedos de la mano por el pecho bajo el hombro, como diciendo "sé que todo esto es consecuencia de mis méritos, pero me salen natural sin aditivos como el 1% de los postres lácteos del mercado". Si al reconocimiento le añades "médico" la cosa empeora. Se te quitan las ganas. Porque a no ser que seas médico y vayan a aplaudirte a rabiar en un simposio (lo que no es frecuente por esa legaña de la mirada que es la envidia) o seas un actor llamémosle X y el reconocimiento te lo vayan a hacer 2 o 3 enfermeras (que le llamarían termómetro a cualquier cosa) estaremos hablando de jeringuillas, frascos asépticos y en el mejor de los casos, de bocadillos.

Yo le tengo pavor especialmente al encefalograma que me harán mañana, pues existen muchas posibilidades de que salga plano o casi plano (estas letras lo atestiguan). Y es evidente que antes de desconfiar de un aparato última generación y costoso me darán por demostradamente tonto (hasta yo defendería esa súper máquina en mi perjuicio). Y lo peor es que toda mi verborrea a la desesperada no podría convencerles de lo contrario. Si sucede estaré perdido (y camino del desahucio).

Confío no obstante en que lo que pueda salir bien salga. Que me digan que no veo tan mal como creo, que estoy como un roble y que curando el resfriado curé también la tristeza que en las plantas debe ser algo así como el caer de las flores y las hojas. Que puedo regresar sano y salvo, tan campante, por donde vine. Que, bien mirado, no quedan razones para el temor.

miércoles, 25 de enero de 2006

A nado

Dos veces he ido a la piscina de aquí. La primera fue un espanto, no iba cara al aire, estaba con un pajarón de aquí te espero (quiero ir pero no voy). Aunque en mi favor debo decir que hice los largos prefijados sin dejarme uno solo.


La piscina municipal pese a ser todo lo cara que puede ser, me gusta poco (o precisamente por eso). Haces pie en los dos extremos y eso es una lata. Prefiero la de Valencia con los ojos cerrados (por no hablar de las duchas multitudinarias en vez de los espacios casi estancos a los que me había acostumbrado). Como único punto a favor quizá que en recepción hay una chiquita maja

;)

(infinitamente mejor que el fulano de Valencia que era algo así como un androide con las palabras contadas, cuántas veces di las buenas noches sin respuesta).


La segunda vez que fui anteayer, me fue mejor, no me faltó el aire lo que demuestra que quien nadó en el pasado recupera pronto la forma. Si bien tuve que pasar la congoja de verme doblado. Y así en la amargura de la derrota escuché en la calle de al lado como un tipo daba voces ¡ahhh, ahhhh! porque había conseguido llegar reumáticamente al final de la calle, hasta el extremo donde apoyar los brazos sobre el murete para recuperarse sin necesidad de oxígeno embotellado. Claro que el hombre debía estar aprendiendo (u olvidando a chorros lo aprendido) lo que es un pobre consuelo para mí.



Supongo que en la vida todos estamos dispuestos a sentirnos perdedores, depende de con quien nos comparemos. Puede ser que yo fuera lento frente a alguien más entrenado, pero dónde quedará este frente al campeón de la provincia, ¿y ese frente al del país? Qué hará este último lanzado frente a Ian Thorpe; verle mover los piezacos cada vez más lejos.

La cuestión será no compararse, esforzarse al máximo y dar el resultado por bueno.

Que no nos puedan reprochar nada.

martes, 24 de enero de 2006

Seguro de morir

Dado que en el trabajo se me hizo un seguro de vida queda de mi mano escoger los beneficiarios de la indemnización de mi muerte, o lo que es paradójico los beneficiarios de que pase de este mundo a no se sabe muy bien donde (nadie regresó para contarlo o no le creímos). La paradoja está en que los beneficiarios en la póliza de mi desaparición han de ser por fuerza aquellos que más la lamenten. Aquellos de entre todos que me quisieron más en vida y por consiguiente los que más me echarán de menos. Aquellos para los que el dinero será el más triste consuelo.

El criterio de las aseguradoras sería beneficiar siguiendo un listado preconcebido a no ser que el asegurado lo concrete de otro modo. Yo, particularmente yo que soy titular de muy pocas cosas (ni siquiera suplente), puede decidir para que se haga como yo quiera. Propongamos entonces que en vez de beneficiar a mis padres que nunca me pidieron nada, pese a darlo todo, que no necesitarán por suerte de desembolsos económicos extraordinarios, en vez de beneficiar a mis hermanos y hermanas que han ido encontrando su sitio y sabrán desenvolverse en la vida ajustando sus necesidades a los recursos; hagamos caso omiso de los listados de corcho que sirven para los que no tienen boca. Yo cedería con el disgusto que da saberse de despedida todo el montante amargo por mi partida accidental a S que será la inicial de quien dio sin medida tantas veces que son incontables.


Es común pasar por la vida sin mirar más allá, sin pensar en futuros de más de 15 días. Pasamos la vida ignorando la muerte que es un tabú sin gracia. Pensamos como en las calamidades que no nos ocurrirá a nosotros, pese a la certeza de que a todos les ocurre. ¿Qué tendremos nosotros para permanecer? ¿Por qué seremos inmortales? ¿Por qué si los demás cayeron aguantaremos en pie sine die?

La respuesta es que no seremos eternos pese a que nos queramos aferrar al mundo furiosamente. No lo pensaste demasiado (como yo) porque no es grato, uno se siente incómodo y es que la idea de la muerte irrita al alma como una alergia al cuerpo.


A mí me quedan muchos años, espero que en su mayoría predominantemente felices. Tengo una salud de hierro y la determinación ciega que dan mil metas. Pero como decía aquel consciente del porvenir, hagamos las cosas bien. Y si es verdad que lo que no se ve no existe (como el árbol que cayó en el bosque sin que nadie lo oyera), reconforta saber al menos que cuando uno ya no sea testigo de lo que sucede habrá disfrutado la certidumbre de que se harán las cosas siguiendo esa voluntad (que perdura, que cuenta y vale tras la acontecida, esta sí eterna, incuestionable) que vence a la muerte ordenando la vida de los vivos, como un legado resucitado, como cuentan que fue la última batalla ganada por El Cid, difunto pero enhiesto en su caballo, atemorizando desde lejos al enemigo rendido sin remedio a su silueta invencible.

lunes, 23 de enero de 2006

+ de 1 año

Tengo algunas libretas de tapa dura, antiguos diarios que no volví a leer y de los que ya he hablado alguna vez en este espacio. Eso demuestra lo que aquí también se hace evidente. Me gusta contar algunas cosas aunque no sepa distinguir a los lectores, que en la mayoría de los casos soy yo mismo (y quizá Amparete y Wanda) ;)

Ahora este diario online donde cuelgo sin chinchetas mis fijaciones (quedan seguras y para siempre) cumple un año. Ya antes colgué una página inacabable repleta de vínculos para subir y bajar, tantos que era fácil perder la cabeza (yo la perdí de hecho aunque quien sabe si influyeron otras cosas).

Ahora este mundo virtual pero tan real como la vida misma nos da facilidades y los textos se cuelgan sin necesidad de tener que usar ningún editor web o procesador de texto.

Cumplo un año en este segundo Vivo y digo para reconocer otra evidencia, el tiempo pasa muy rápido. Los años se precipitan uno tras otro aunque un minuto a veces, en medio de una espera, nos parezca tan largo. Y lo peor es tener la certidumbre de que los años están cogiendo carrerilla para alcanzar una velocidad de paso aún mayor. Como los aviones en la fase de despegue.

Me hallo bien entrado en la pista y con los motores rugiendo. Esto va cada vez más aprisa. Todos conocemos el destino del viaje (es para todos el mismo) ahora bien, como desean las azafatas (más por ellas que por nosotros), que tengamos buen viaje.

domingo, 22 de enero de 2006

F(r)icción III

Relato para Annlea a propósito del tema: "Lloverá para siempre".



A las oportunidades por presentarse.

Anado



Lloverá para siempre

Alonso acudió tras leer la convocatoria de aquella reunión en el periódico de un anodino miércoles, paso obligado hacia un viernes igual de anodino y es que se sentía desde hace tiempo un perdedor, por eso estaba allí.

Se podía leer en un cartel de la puerta "SOLO PERDEDORES". Era la última bala en la recámara para Natalia, psicóloga desde hace dos años cuando pensaba que podría ayudar a las personas más de lo que la habían ayudado a ella. Ahora nada más andaba desconcertada comprobando mes a mes que las facturas no se pagan solas, que agua pasada no moverá molino, y tuvo la ocurrencia de convocar para una sesión a perdedores, por ver si ella era capaz de cambiarles la suerte además de alimentar algo a su costa la escurrida cuenta corriente. Aquella gente tenía ya poco que perder y mucho que ganar, se dijo. Quizá mis años de estudio y todos estos libros vayan a servir al fin para algo.

Alonso se sentó y esperó turno para contar su caso. Lo hizo tras Nicolás y Bartolomé que anticipaba en su olor y apariencia que de dinero andaba escaso. Era lo que hoy se denomina un indigente, calificativo que había de acompañarlo hasta después de muerto apenas dos años después. Así en la puerta del supermercado las señoras acostumbradas a su rostro de templada desesperanza se habían de preguntar por su destino al echarlo en falta. Y una aclararía que había muerto unas noches atrás, caído en un callejón, liberado del frío de esta ciudad helada y con una mano en el calor del gastado bolsillo mientras la otra moría en un gélido charco a la vez que a Bartolomé se le paraba el latir de su encogido corazón de mendigo. Fue una noche sin noticias ni desayuno, la nocturna intrascendencia de un jueves cualquiera, pero es nada más el futuro a la vuelta de la esquina, lo que está por llegar y que hoy se ignora.

- El éxito se me escapó como lo hace el agua del río. Me quedé con lo puesto y entonces entendí que el fracaso no había sido aquel, la pérdida material de lo poseído, sino creer que aquello, el prestigio de los billetes, era lo más valioso. Mi fracaso fue equivocar la jerarquía de lo que importa.


Natalia escuchó todo aquello de la fortuna perdida en el juego y en mujeres de otro tiempo con un punto de impaciencia que fue creciendo hasta acabar en miradas suplicantes a Nicolás que fue el siguiente perdedor en tomar la palabra en aquel circulo de sueños rotos.

Tenía unos 60 años, era grueso y alto. Tenía la voz grave y hablaba mirándose las manos. Dijo que había perdido todo aquello en lo que había creído el día que su esposa Marga lo abandonó por alguien dispuesto a quererla menos. Toda su fe, todo el amor de tantos años se había esfumado con la llegada del individuo aquel, aparecido de la nada como un fantasma. Marga cayó rendida nada más conocerlo y se pasó las semanas en un estado de ensimismamiento, quedaba absorta primero para luego volverse esquiva, como un gato capaz de recordar las botas que lo patearon. Pero no recibía el daño de Nicolás aunque fuera él precisamente el olvidado, sino de aquel, Fidel vanidoso perfil del espejo, una mirada andante con un gran poder de seducción en medio de su declive. Toda la fe que tuvo, todo por lo que había luchado toda la vida, lo más seguro de este mundo de tantas cosas inseguras había desaparecido tras aclarar someramente que valía más el mal trato ocasional de aquel dandi envejecido que el cuidadoso esmero de un amor labrado en tantos años de grata compañía.
- Yo lo perdí todo. Nada me queda ya. Mi vida es un espejo roto donde me reflejo solo y sin esperanza.

Natalia tomó notas impaciente durante aquel discurso. Aquello era realmente sugerente, había logrado enlazar algunos de los casos escuchados hasta ese momento y eso haría sin duda mucho más interesante su intervención posterior. Además se le había ocurrido traer a colación los argumentos de aquel filósofo alemán, pero no recordaba el nombre. Miró hacia Alonso bajando la cabeza con los ojillos por encima de sus gafas de diseño. Suficiente para hacerle saber que podía empezar.

Alonso repasó los rostros que componían el círculo de anónimos rev(b)elados del que formaba parte y explicó que él era perdedor por haber perdido nada más que tres mil días, demasiado tiempo para cualquier vida. Eran días arrancados del papel de un calendario de propósitos insatisfechos. Los propósitos son a veces nada más que oportunidades que volaron al limbo. Sabía que estaba a tiempo de reconsiderar las cosas. A tiempo de hacer un borrón de aquellos errores que lo sumieron en un estado de perversa indiferencia. Sabía que podía empezar desde cero tomando cada traspié como un escalón desde el que escalar pero le faltaban ganas. Se había habituado a ver la vida como el espectador de una película en la que no quedan ya papeles de protagonista. Se acostumbró a llegar tarde a todos lados sin asomo de rabia o frustración. Acumuló con paciencia de coleccionista días perdidos en una rutina exenta de ilusión. Usurero de horas perdidas, días nacidos para ser arrojados directamente desde el amanecer a la noche a la convicción de que no servirán para nada, de que no había otro forma de vivirlos, de que la vida entera es un suceder de vacío contenido.
- Acostarse en la certidumbre de que el día vivido es solamente un pasatiempo sin valor ni importancia. Que ese día, como ayer, como será mañana, prescindibles todos, me hizo un hombre entregado. Incapaz de vencer miedos, incapaz de tomar el control, capitán de un barco a la deriva sin timón. Rendido al transcurso del tiempo como el condenado vive el día a día en una cadena perpetua.





Cae la tarde sobre la ciudad. Alonso camina despacio sin la prisa que asedia a otra gente, el sol se está poniendo sobre el parque. El cielo tomó el color anaranjado del ocaso y las nubes tienen la densidad del algodón atrapando los últimos rayos de luz. Hay un viejo sentado en un banco, podría llevar allí la tarde entera pero aún le quedan migajas de pan que arroja a las palomas que saltan acechantes de un lado a otro. Alonso se acerca y ambos se miran un segundo. Luego el viejo vuelve a las palomas y deja caer los últimos pedazos de un pan mustio y manoseado. Alonso alcanzado el banco, se sienta a su lado. Entonces lanza la pregunta al aire con la mirada perdida en alguna parte enfrente ¿Lloverá para siempre?

El viejo ni siquiera lo mira, hace un gesto con la boca y los ojos que podría significar, "es lo que hay" o quizá quien sabe bien, "vaya hermoso día es hoy".

Gijón

Hoy tocó Gijón (vaya playa tienen). Cuando digo hoy me refiero al sábado que acabó hace poco más de 20 minutos. Me levanté tempranito y me fui en uno de los autobuses de Alsa en ameno trayecto de dos horas escuchando música y mirando por la ventana, que paisajes verdes tan bonitos (desde allí pude ver que a veces las nubes se quedan atrapadas en la copa de los árboles, y parece que los árboles desprendieran un humo blanco que nada tiene que ver con el de Sabina, si acaso con el que debían fumar los indios cuando firmaban la paz con la tribu vecina, o se conjuraban para defenderse con arcos y flechas de las balas del enemigo armado).

Quedé con dos compañeros del curso de formación de este diciembre. Natalia y Joaquín, más conocido por "tragafalsos" de tantos billetes de Monopoly como se va a comer sentado frente a frente con los más torpones estafadores de la provincia. Su fama traspasará fronteras, sin lugar a duda aunque en realidad es un fenómeno (como Ronaldo).

Una lástima que no los tenga más cerquita. Tendré que mirarme un cochecito para no depender de horarios y trayectos de autobuses que multiplican por dos el tiempo de acceso.

Ahora tras mucho "va y ven" he logrado una conexión desde mi propia casita y medianamente aceptable, a través de un módem interno de 56K que me costó 14,50 €. ¡Hace apenas unos años uno de estos no costaba más de mil pelillas! ¡Qué demonios pasó con el dinero! ¡Dónde fue! ¡Cómo permitimos que pasara esto!
En cualquier caso ya queda menos para ese ADSL que siempre está a punto de salir y que me llevará de viaje donde quiera a 1Mb de velocidad. Tendría que ir comprando los esquíes ;). Algo más al respecto, en cuanto reciba el ansiado KIT (se llama como el coche fanático por hacer el bien), tendré también un número fijo al que llamar y lo que es mejor desde el que llamar sin que me cueste un céntimo de esos pequeños. ¡Se acabó el monopolio, que viva la libre competencia!

Una última cosa a modo de advertencia, aunque en las galletas "Digestive" de Fontaneda ponga "Digestive" no se debe entender que tiene algún efecto beneficioso para la digestión o similar. Es nada más una marca inglesa. Conviene saberlo, lo pone en la letra pequeña y ya se sabe que en la letra pequeña está el meollo del asunto, eso que es más difícil de leer (y entender). Nos conviene estar alerta.

domingo, 8 de enero de 2006

Piso rápido

¡Me voy, me voy!

Nada más contar que los Reyes Magos me han traido un piso con suelo de parqué y habitación de invitados (respirad tranquilos).

Cruzaban las cabalgatas la calle principal de Llanes todo lo larga que es y yo la cruzaba perpendicularmente cargado como un mulo con todos mis bártulos (que son más de los que creí).

Os dejo, marcho a toda prisa que llevo 45 minutos conectado en este cyber, probablemente todas mis contraseñas y cuentas han debido quedar debidamente registradas en algún programa espía y camuflado...

Abrazos.

sábado, 31 de diciembre de 2005

Un 31 para acabar

Creí que despediría el año en este espacio un 25 de diciembre, el que menos sabor a Navidad tuvo, pero vuelvo un punto desválido en esta mañana de lluvia fina mientras hago tiempo para recoger a Angel (amigo desde la infancia de la infancia, hace tantos años). Es curioso, no recuerdo apenas nada de entonces, vivimos sin duda muchas vidas, todo aquello que vivió el niño que fui quedó suspendido donde flota lo olvidado.

Gracias por visitarme Amparete.


Feliz 2006.

domingo, 25 de diciembre de 2005

Se va el año

"Dame veneno para morir o sueños para vivir".

Gunnar Ekelof



Es curioso lo rápido que pasa el tiempo contemplado a años vista y lo lento que se hicieron y se harán algunos días. Este año que termina fue el escogido para volver a contar lo que vivo y digo, este siglo XXI que tanto miedo daba a los ordenadores de todo el mundo, temerosos de que el año 2000 los hiciera volver a 1900 en una involución sin más revoluciones que la de ver correr la sangre.

El 2005 ha sido un año de guerra y de muerte entre otras muchas cosas. Y nos afecta tan poco como a las manadas o rebaños la muerte de los semejantes que sobreviven en la periferia, aquellos que por no estar rodeados y protegidos como un núcleo, ofrecen sus cuerpos para el arañazo asesino de los depredadores.

Se nos va el año y apenas sí viví el espíritu navideño. Me lo arrebataron para reflejarlo en los cuentos y colgarlo de los escaparates. Como si el fin de año no fuera sino una noche más entre tantos días. Tan inconsciente soy pues en realidad mis 31 de diciembre están como todos los días, contados. Puedo saber con certeza cuántos viví hasta hoy pero no cuantos quedan en el horizonte del porvenir.

Brindaré por que sean muchos y felices. Y en mi felicidad tienen tanto que ver mis amigos y familiares que les ruego que se queden contentos y risueños bien cerca. Me va la alegría en ello. Dispuestos a escuchar mis desatinos, alguno colgaré de esta página y otros los contaré a los oídos para que pueda olvidarlos antes, que las palabras arrojadas al aire se las lleva el viento.

Feliz año 2006, que sea mejor que el sueño que esperamos.

sábado, 24 de diciembre de 2005

Valentías

Me decía el otro día un amigo que había sido muy valiente. Que lo había sido por apostar fuerte por la opción de dejar tanto atrás para embarcarme en una aventura nueva, no exenta de riesgos, lejos de lo que ha sido y es hoy mi casa.

En realidad no hay un ápice de valentía en la decisión de lanzarme a la conquista de mis objetivos personales en Asturias, que es además una tierra de gente noble y paisajes de belleza incomparable.

No puede existir valentía en aquel que sigue un camino cuando este es solamente un pasillo. ¿Qué es un pasillo sino una trámite temporal entre dos espacios? Los pasillos no son sino meros conductos entre destinos. Detenerse en él no llevará a ninguna parte, las metas del que cruza un corredor son el resto de las estancias, aquello que persigue cuando se pone en camino.

La verdad de las cosas es que yo no he tenido más opciones, me muevo porque es manía de los vivos y avanzo porque conozco bien que detenerse es solamente una forma de perder el tiempo. No he sido valiente pues he seguido hacia adelante el único camino ante mis ojos. Confiado a que no habré de equivocarme, resuelto a solucionar los problemas que se me irán planteando.

Y en ese quehacer exento de heroicidades me he sentido tremendamente afortunado y en algunos minutos solo. Pero he descubierto que soy capaz de ilusionarme aunque algunas de mis ilusiones marchitaran con el tiempo y las personas. Y digo que sin embargo en estos días me sentí arropado. Y sentí la cercanía de algunos esforzados en facilitar las cosas. Ya nada parece tan difícil.


Aposté por ese futuro y los indicios no han podido ser mejores. Ya tengo un destino para mis pasos. Llanes que debe ser el paraíso que perdió Adán y Eva (ni ellos ni yo lo merecemos). Las playas más bonitas del Cantábrico de frente y los bosques de los Picos de Europa a la espalda. Un paraje sin igual para demostrar lo poco o mucho que valgo y para ser feliz. Consumiré todas mis energías en ambas tareas.

¡Qué bueno haber apostado por este camino y poseer tan buenas sensaciones! Tras tanto rodeo del camino parece que se vislumbra luz...

martes, 20 de diciembre de 2005

Mundos nuevos

"Los mundos nuevos deben ser vividos antes de ser explicados".

Alejo Carpentier



Las cosas me van bastante bien, sonrían por favor amigos míos. Me tienen ahora un poquito más lejos, pero estoy a una llamada telefónica de distancia, con la mayor predisposición a contestar todos los correos que me quieran enviar nada más tenga conocimiento de su existencia. Estoy dispuesto incluso a recluirme en un chat con alguno de ustedes para explicar tantas novedades como estoy viviendo y poder oir además las suyas.

No diré que todo es perfecto porque la perfección es solamente una idea, irrealizable por más detalle. De vez en cuando siento el aguijón de la tristeza que es un dolor de corazón. Pero ocurre pocas veces, las más me muevo ilusionado, consciente de mi suerte. Tantos proyectos en la cartera que solamente pido más salud para ustedes y para mí. Sentirles cerca y esa pequeña dosis de suerte para facilitar las cosas. Que trabajo pondré hasta llegar al justo límite de caer rendido.

Y puestos a pedir, si es que pedir puedo, menos muerte, menos dolor, menos guerra.

Seguiremos en contacto.

miércoles, 7 de diciembre de 2005

La vida que queda

Hace poco me dispuse a la confección de un relato temático. Tenía la idea y un comienzo, pero se quedó ahí. Y yo en el mismo estado que el marido que llevó a la mujer al hospital por tan seguidas contracciones para descubrir desde la sala de espera que fue una falsa alarma. Cuando uno escribe se está retratando, incluso en los relatos que inventaron otros protagonistas, incluso desde otros nombres algo queda de cada uno en su propio texto. Yo sé que siempre he tenido diversas y recurrentes obsesiones a las que he vuelto como se vuelve a todo en esta vida, que no es más que repetición incesante. Pero si uno se deja trocitos de si mismo en cada texto surgido desde la imaginación mucho más en estos textos que son como un diario de lo que acontece en la cabeza. Por supuesto uno no puede abrirla para mostrar su interior impúdicamente, necesita guardarse cosas. Cosas que quedan bajo la llave del secreto, ocultas o invisibles.

Hace algunos meses me contaba mi padre una conversación que tuvo con un ex-compañero de trabajo más mayor que él. Ambos están jubilados y hablaban de volver al País Vasco. Aquel amigo de mi padre por ser nacido allí y por tanto tiempo vivido en esas tierras no podía desear nada con más intensidad. Sin embargo, en el discurrir de la conversación llegó a la conclusión que con su edad, sus achaques y con los de su esposa no podrían volver. Que ya nunca más regresaría donde fue feliz (aunque aquí también lo hubiera sido). A mí aquello me pareció alguna de las cosas más tristes que oí nunca. Porque he creído siempre que a aquellas conclusiones sin remedio se llega en el silencio de unos pasos cautelosos. Que alcanzar esa resolución queda para el abrazo de la almohada. Que nadie reconocerá renuncias a viva voz. Que a todos nos ha de quedar la posibilidad remota de lograr lo que se quiere. Que exponer públicamente la imposibilidad es aniquilar la esperanza, y la esperanza es la liana que nos mantiene. Si alguien abre la boca para exponer que ya no será posible, y si a ese alguien lo conozco, moveré cielo y tierra por cambiar su opinión. Le mostraré un camino nuevo que estaba aunque oculto. Porque cuando uno empieza a andar está más cerca la meta. Cada paso un poco más cerca. Tras la cuesta vendrá el dulce descenso, el aire fresco de frente.

En apenas dos días inauguro la vida que me queda. Y lo hago con una mezcla de sentimientos. Expectante ante lo que me voy a encontrar y con la mochila de mi vida llena. El pasado no existe, vivimos en el presente y cada recuerdo está vivo al ser recordado y forma parte de ese presente. Por eso el hombre es un ser tan complejo, porque guarda dentro un archivador de compartimentos infinitos. Y en los momentos de soledad echa mano de lo necesario, en el trance de una evocación tan real como la vida.

Salgo el día 9 hacia Asturias con la esperanza intacta para un renacimiento. Para inaugurar la vida que me queda, dispuesto a tocar la felicidad con mis propias manos como hice tantas veces. Durante algún tiempo permaneceré mudo de letras para este espacio, un tiempo indispensable para fijar mi sitio, para hallar los medios de volver a contar.

A todos, amigos, visitantes, un millón de abrazos.

jueves, 1 de diciembre de 2005

Sillones

Ayer estuve con un amigo en una feria. Echando un vistacillo y probando todo aquello a nuestro alcance. Así llegamos hasta unos butacones en piel a la par que preciosos beneficiosos para el cuerpo. Capaces de darte un masaje de nombre oriental en cuestión de segundos. En oferta promocional costaban 3400 euros, que no es nada para el que atesora mucho.

Me senté en uno de ellos y quizá perdí la conciencia durante 15 minutos (puede que más). En verdad decir que perdí la conciencia es exagerar, pues fui muy consciente de que cada botón de aquel mando mágico me llevaba a cotas aún más altas de relajación y placer. Por no hablar de aquellos momentos en que se le daba al sillón la instrucción de trabajar a la máxima potencia. Entonces yo mismo me convertía en un espantajo arrebatado a temblores bien evidentes incluso desde lejos.

Aquel sillón de bendito respaldo tenía tras sus costuras manos para amasar la espalda como hace el alfarero con vasijas de barro. Desde la nuca hasta los riñones. Le podías ordenar que subiera por la espalda o que se entretuviera más abajo. Es obvio que al respaldo se le podía dar además la inclinación que se deseara de manera que los tobillos quedaran a la altura del cuello. Además existían diversos programas y uno en particular que los mezclaba todos... hasta las pantorrillas podían estremecerse del temblor.

Cuando me levanté era un hombre nuevo. Perfectamente engrasado, capaz con toda seguridad de batir alguna plusmarca deportiva. Se podría decir que hasta dopado. Yo diría que al levantarme parecía más alto.

Lástima que no tenga ese sillón, ni un jacuzzi que completaría el tratamiento. Pero tengo otras cosas.

lunes, 28 de noviembre de 2005

F(r)icción II

- A mí nadie me dijo que el camino estuviera jalonado de tantas dificultades.
- Pues que querías, estás vivo. Lo que ves es lo que hay. Espabila que todo cambia demasiado rápido.
- Nadie me dijo que no hay más que un único resultado.
- No, no lo hicieron, pero el trayecto hasta hoy es terreno conocido. Lo aprendiste con cada paso.
- Pero fueron nada más huellas en la arena, las borrará el viento; la onda circular de un canto arrojado a un estanque. Condenada a desaparecer.
- Como todo, abre los ojos. Te has ido construyendo hasta hoy mismo. La cuestión es que en el acierto o en el error no podrás parar quieto. Las dificultades son el escalón que te sostendrá entretanto las vences. Y vendrán otras...

lunes, 21 de noviembre de 2005

Partir es salir

Parto mañana hacia Almería en el Eurobus de Alsa, que es viajar en primera clase. Como los ricos ;) La verdad es que mis últimos viajes fueron todos un desastre, reventones, retrasos, crucemos dedos, toquemos madera (ahora es cuando me toco el tarro... suena hueco). Imagino que estaré alrededor de una semana. Luego regreso para contar y despotricar tanto como pueda. Hasta entonces (la cuenta atrás empezó ya) ...

abrazos.

miércoles, 16 de noviembre de 2005

Detectores

Leo las nuevas normas de tráfico y quisiera comentar una. Aquella que tiene que ver con el uso de dispositivos que pudieran servir para detectar los radares con los que se sancionan los excesos de velocidad (que es distinta a la velocidad excesiva).

Lo primero que recoge el folleto al respecto es que antes no estaba regulado. Y que ahora queda regulado con una prohibición. Transcribo textualmente:

"Prohibida la instalación en los vehículos de mecanismos, sistemas o cualquier instrumento encaminado a eludir la vigilancia de los agentes de tráfico (detección de radares). También hacer señales con dicha finalidad".

Sobre esto podría escribir largo y tendido. Yo empiezo por preguntarme, ¿quién tiene instalado un artilugio de estos elude la vigilancia de los agentes de tráfico? A mí me parece que no, precisamente al contrario lo que hace es detectar la vigilancia de los agentes. La detecta pero no la elude, la vigilancia se hace efectiva unos metros después, solamente ocurre que en este caso el conductor cumplirá a rajatabla con las señales de la vía. ¿Qué se persigue con esta norma? Que el conductor modere su velocidad, hecho que ocurrirá, como digo, con toda seguridad si este va tan equipado, o simplemente multar. En mi opinión debían llenar las carreteras de detectores y permitir que los conductores pudieran llevar los más sofisticados detectores. El aparatejo estaría constantemente dando pitidos o como quiera que alarme. Luces rojas parpadeantes, una campana naranja e intermitente de luz de ambulancia en el salpicadero... el conductor al final lo apagaría molesto al igual que resolvería con una ventana mal cerrada.

En cualquier caso, quiero aclarar al respecto que yo no tengo un dispositivo de esos, desgraciadamente ni siquiera tengo coche. Y soy un firme partidario de cumplir las normas de tráfico, que son y están por algo. Sin necesidad de una espada de Damócles sobre el bolsillo. Si respetar esas normas nos hará conducir más seguros, si salvará vidas. Tendrá que ser razón suficiente.


Aún querría apuntar un último detalle. En relación a la última parte de la norma. También está prohibido señalizar a otros conductores la presencia de la policía o de los radares...
Quieren acabar con esa fraternidad que no se paga con dinero, esa solidaridad entre los extraños que se sienten de pronto hermanados, tan lejos el ánimo de las discusiones de tráfico, cuando algún otro te envía una ráfaga de luz que advierte:

-Anda con ojo amigo, más adelante te esperan por si pueden hincarte el diente. Pero hoy no lo harán. Yo te he salvado, y otro día lo harás tú, y si no es conmigo lo harás con otro, y quizá en este mundo sin casualidades ese otro un día me salve a mí.

Y tú un poco más tarde, tras rebasar el coche, generalmente de la guardia civil, tras comprobar que los guardias están a la derecha, cruzados de brazos por ahora, darías la vuelta para volver a buscar al amigo que circuló en sentido opuesto para abrazarlo. Para decirle que cuente contigo para lo que sea. Que llegado el caso, podrías vivir con un solo riñón.

martes, 15 de noviembre de 2005

Sin acuerdo

Caminaba el otro día por la calle y sin quererlo escucho a una anciana diciéndole a otra:

- El PP cuando se equivoca, lo admite.

Ellas venían de frente de forma que no pude, ni quise en realidad oír más. Sonreí y seguí avanzando. Me di cuenta instantáneamente que será imposible que estemos de acuerdo en todo. Yo en ese instante y en todos, habría sostenido justo lo contrario. De hecho aquellas dos mujeres me sorprendieron porque no era fácil, a priori, que encontraran una sola cuestión en que yo pudiera quedar tan disconforme. Nada en su apariencia antes de oírlas hacia presagiar que yo pudiera, hallar un solo motivo de amistosa discusión con ellas. La una explicando a la otra, haciendo campaña, la otra quien sabe si asintiendo o a punto de protestar con exhibición de una rosa con espinas y sonrisa ZP.

La verdad es que ninguno de ellos, esa clase política tan falta de clase, no importa el árbol al que arrimen, reconocerá sus fallos. Ni los propios ni los de sus mandos. Ni los de un tono ni los de otro. Tras el rojo de unas siglas o tras la estrenada corbata naranja se esconde lo mismo. Para qué hacerlo si entre sus acólitos no existe un mínimo espíritu crítico, si la política logró lealtades incondicionales que para si quisiera el amante abandonado en las noches de más inquieta desconfianza.

domingo, 13 de noviembre de 2005

20 años sin Omaira

En este weblog no tienen espacio las fotografías. Quizá porque es cierto que una imagen vale más que mil palabras y siendo así, entonces por qué escribir. Para qué llenar este espacio de pensamientos improvisos, bastaría con retratar este siglo XXI desde una cámara fotográfica. Se dirían más verdades.

Por eso, porque en este espacio mi opinión es la que cuenta se ha hecho hasta hoy una sola excepción. Fue en el aniversario del atentado de un funesto 11 de marzo en Madrid. Haré hoy una nueva. Cuando se cumplen 20 años de la desaparición de una chiquita de 13 años que tenía planes. La incompetencia de este mundo nunca quedó tan patente como en las horas de esperanza de Omaira. A los que vivimos aquello desde el televisor se nos partió el alma. Nada fue igual a partir de entonces. Yo escribí un relato en homenaje, hoy le cambiaría tantas cosas, pero el nuevo nacería del mismo sitio, del dolor, de la impotencia y de la rabia.

No hubo una mano salvadora.


Foto: El Mundo

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Hablar para hablar

Cuando uno quiere hablar lo tiene sencillo, no necesita un flexo sobre la cara. Le basta con coger el teléfono, bajar la escalera o tocar a una puerta. Alguien atenderá, alguien dirá para que digas, la conversación entonces se precipita, es un toma y daca, un hoy por ti, mañana por mí. El problema aparece cuando se quiere hablar con alguien en particular, esa persona entre un millón y no se encuentra el modo.

Entonces el tiempo se detiene, los segundos se enzarzan unos con otros, se hacen la zancadilla y los minutos parecen un lapso demasiado largo. La vida entonces deja su frenesí de autopista sin límites de velocidad para dejarte a un lado, como al autoestopista que no rescató nadie. Como al mojón de carretera que nadie ve, que pudiera no estar. Fíjate; parece que todo se mueve excesivamente rápido, pero en realidad todo está detenido, tú eres quien se mueve.

Sin número que marcar hacia la voz, sin pasillos que recorrer, sin puntos de partida en el tiempo de descuento, ¿y ese hilo al que aferrarse?

En esos casos, cuando la comunicación se volvió imposible, cuando la tecnología no vendrá en tu ayuda, esta noche no, queda poco más que tener paciencia. Saber que habrá nuevas oportunidades, y que aunque uno quería hablar para hablar, podrá en cambio hablar por hablar porque es muy sencillo. Ni siquiera se necesitan dos personas, basta una sola y un espacio en blanco.

F(r)icción I

- ¿Cómo quieres gustarme si no te gustas tú?
- De mi físico cambiaría esto, esto y esto. Y esto otro también. De mi carácter cambiaría eso que me ocurre cuando estoy rodeado de gente, eso que soy capaz de decir cuando pierdo los nervios, eso otro que tanto te molestó. Cambiaría muchas cosas, muchas, pero me gusto, puedo jurártelo. Soy todo eso y mucho más. Lo importante para mí es saber que piensas tú.

lunes, 7 de noviembre de 2005

Estación: Esperanza

La vida es una montaña rusa. Solamente alguien que viva en una burbuja o en un búnker osará contradecirme. Y tan pronto uno se siento con el ánimo de un afluente sin agua como con la ilusión arrebatada de un río frente al mar, a algunos metros de la desembocadura misma, cuando se va a dar de bruces, de besos como el encuentro de los amantes que se perdieron de vista.

Hoy sé y me invade un alborozo que quisiera contagioso, que mi vida continuará, esencialmente igual, seguiré siendo protagonista insustituible ;), en Asturias desde el próximo día 12 de diciembre. Algo antes en verdad, pues tendré que indagar pensiones y hostales que me tengan la maleta mientras acudo a la formación básica imprescindible. Y fuera de ese horario, me van a sobrar las horas...


Que mis amigos conozcan que la noticia recibida hoy me hace muy feliz, que sientan esta alegría desbordante del que da los pasos en la dirección correcta.

Decía el otro día el sacerdote en la boda de mi amigo que ambos acababan una vida para comenzar otra juntos. Yo no estoy de acuerdo, simplemente le dan continuidad, sus vidas siguen siendo las mismas aunque determinados detalles hayan cambiado. Cada paso de los dados te lleva justamente a donde estás. Somos nada más que unos chicos remontando un río de piedra en piedra. De vez en cuando nos detenemos para mirar lo recorrido, el sendero que dejamos atrás, el último escalón que no quedó oculto por el follaje. Pero la remontada no es un ascenso, ni se sube ni se baja en realidad, solamente se avanza. La siguiente estación espera ahí, a un saltito de distancia.

Me escribía hace unos días un amigo mío, muy sabio por lector contumaz, "que sea para bien". Esa es la clave de cada decisión que se toma. La llave que abre una boca para nuevas sonrisas.

viernes, 4 de noviembre de 2005

Se nos casa

Se nos casa Javi Martínez y yo no puedo dejar de pensar ¡qué mayores nos estamos haciendo!

Lo cierto es que supongo que Dios los crea y ellos se juntan, no son mis amigos lo más casamenteros que podrían ser. Aquí no se casaba nadie. Hasta que Javi le dijo a Ana que era lo más importante de su vida, que sin ella la vida no merece ser vivida. Con estas palabras u otras similares.



Escriben en la invitación:

"Nuestro destino estaba escrito,
no podíamos acabar
de otra forma...
"

Es bello, aunque le niegue al hombre la libertad de escoger su propio destino. Aunque sustente que todo lo acontecido y aquello por acontecer responde a un guión previamente escrito, a una estrategia pre-diseñada que no hacemos sino representar en una fecha y hora preconcebidas. El hombre se encuentra predestinado, sin elección personal. Como un bote en medio del oleaje, como un actor sin respiro en su discurso.

Yo hubiera preferido un breve: "La ilusión nos mueve..." o aún más vivo, parece que palpita, di lo que sientes, dilo, dilo, dilo: "La ilusión nos conmueve..."


A Javi lo conozco desde hace, más o menos, 25 años. Es decir, desde que yo llevaba sandalias de goma con agujeritos, de esas que cubren todo el pie. Así que el traje de amigo mío le viene a medida. Porque yo soy de considerar amigo hasta al dependiente del supermercado que me dijo donde encontrar los lácteos. Lo otorgo indiscriminadamente, más aún que jueces y magistrados la presunción de inocencia. Hasta que me dan con la amistad en las narices. Por suerte no pasa a menudo. Y no me pasó nunca con Javi.

Es amigo excepcional, da su amistad sin fecha de caducidad, y Ana parece una chica estupenda. Este sábado les daré la enhorabuena y les intentaré convencer de que me lleven con ellos a Argentina en su viaje de novios. Por supuesto en habitaciones separadas, ella y yo en una, Javi portando las maletas en otra ;D ...


No aspiro a que Javi lea estas palabras que descuelgo por la ladera de este espacio. Sé que tiene tarifa plana, pero también que se acerca muy poquito a Internet. Quedarán aquí nada más como buenos deseos, cuando faltan apenas unas horas para el gran día. La verdad es que he ido a bodas que me importaban muy poco, que apenas me decían nada, bodas de compromiso en que apenas si traté a alguno de los contrayentes. Y esta en cambio me ilusiona, darle un buen abrazo a mi amigo por saber hacer tan bien las cosas.


Quizá en este caso ha existido algún tipo de confluencia de los astros, quizá fue el destino o darse cuenta de que jamás podrán estar mejor que mutuamente acompañados. Hechos el uno para el otro van a ser muy felices. Construyendo felicidad, día a día para llenar sus vidas.

jueves, 3 de noviembre de 2005

En respuesta

Lo bueno de un weblog es que uno puede hablar de lo que quiere, y de todo aquello contar solamente lo justo. Me vuelve a visitar mi amigo Salvador, conocido por el curso en este verano de SERVEF. Me firma el libro de visitas como debe hacer el mejor de los visitantes, un buen amigo. Me interroga allí por lo que callo, por lo que omito de la cena de las pulseras. Me pregunta si tendré redaños para contar algo más de lo ocurrido y sabe que no serán agallas lo que me haya de faltar. Que aunque procuro medir lo que digo, también me pasa que por abrir la bocaza luego voy de remordimiento en remordimiento. Y respecto a otras cosas, se dice más por lo que se calla. Yo tengo comprobado además que a veces las palabras no son suficiente. Que nacen con un destino, para cumplir su tarea pero se pierden, se vuelven extrañas al oído ajeno. Y si el mensaje no llega, ¿de qué sirven?

Comenta que todo eso de las pulseras le suena a despedida de soltero. Tiene razón. Pero estas cosas uno debe vivirlas por si mismo, no vale que le vengan con el cuento, no servirá de nada. A Salva se le echó de menos, necesitados como estábamos de un cara a cara, de sus chinas sin esconder la mano, como cuando compartíamos aula.

Habrá otras cenas, otras comidas y otras pulseras supongo. Espero verle entonces.

miércoles, 2 de noviembre de 2005

Días grises

Algunos días se tuercen tanto que resultan difíciles de entender. Hoy que inauguré melodía que acompañe mis propias lecturas de lo escrito, hoy que me puse en riesgo de caer preso por regalar música al visitante inesperado, me acostaré con todas las persianas echadas. Suspendido en el tono más bajo, arremetido, con el ánimo helado.

Decididamente cerrado por derribo.

lunes, 31 de octubre de 2005

Leonor y los okupas

Leo que ya nació la hija del príncipe Felipe y de doña Letizia Ortíz, antes Letizia solamente. Nació por cesárea en la clínica Ruber de Madrid. Leo también que un número indeterminado de gitanos (podrían ser medio centenar) de uno de los barrios más deprimidos de Granada ha tomado al asalto varios edificios de un pueblecito que se llama Jun.

Entraron formando tropel en las casas deshabitadas invocando el borrador de la ley que permitiría expropiar los pisos deshabitados. Por descontado este proyecto no verá jamás la luz, quedará como tantas cosas en la nebulosa de los errores, de los "espera que lo pienso mejor". El caso es que al entrar en aquellos edificios y por lo manido pero cierto de que la unión hace la fuerza prefirieron estar unos junto a otros, de forma que han terminado por echar a los legítimos propietarios a la calle, no contentos con ocupar solamente lo aparentemente vacío. A algunos los despertaron con golpes en la puerta, y cuando fueron a abrir se vieron de repente en la calle sin poder coger siquiera abrigo. En mitad de la noche y arrancados de sus casas. Algún vecino, invencible como Astérix, cuenta que en las escaleras se acumulan heces. Que los cables pelados se acumulan en una sola resistencia con gran riesgo de incendio, que les pusieron candados a las puertas. Porque aquí no se trata de algún raro ideal de vivir con las puertas abiertas, todo para todos, sino de un simple cambio de propiedad, nuevos días para nuevos dueños.


Yo no quiero pensar que esto hubiera podido ocurrir en la clínica Ruber, que hubieran entrado blandiendo hojas de periódico que recogen en primera plana aquel borrador, hasta la mismísima habitación de la princesa parturienta. Imaginen por un momento que bochorno para las casas reales extranjeras esta noticia inconcebible. Madre e hija sacadas a rastras de la habitación de la clínica por esa masa okupa, enfervorizada y lectora.

Es muy probable que hasta en Estados Unidos dieran semejante notición en sus tendenciosas cadenas. El mundo entero se haría eco de estas cosas que, uno no sabe muy bien cómo, ocurren.

En Jun están esperando que alguien otorgue el mandamiento judicial que devuelva las viviendas a los que las habitaban, mientras tanto se refugian en las de sus familiares. Nadie pisa ya la calle por temor a perder la casa.


Sin embargo tengo el pálpito de que lo de la clínica Ruber no hubiera podido ocurrir. Supongo que algún GEO de los de los tejados habría hecho algo, alguien entre tantos que hubiera parado los pies con un "no puede pasar", con un "vuelva usted mañana".

domingo, 30 de octubre de 2005

Pulseras

Salí a cenar con mis amigos del curso de formador ocupacional en la noche del viernes. Supuso una gran alegría volverlos a ver.

Tras la cena acudimos a un pub, uno de tantos que tan poco frecuento, y allí me sorprendí al descubrir los nuevos ingenios para ligar. Cerca de la entrada había un puestecito con pulseras de colores luminosas y cantarinas. Tres colores, verde, azulona clara y naranja.

El juego era sencillo, todo aquel que quisiera podía ir hasta el puesto y pedir una pulsera del color que le fuera más a su situación particular. Cada color respondía a circunstancias distintas. Aquellos que escogieran la verde aclaraban, sin lugar a dudas, que estaban libres para iniciar cuánto menos una conversación con algún desconocido, y algunos llegado el caso, dispuestos a sujetar, pecho contra pecho alguno de los pilares que sostienen la paredes. Los que la escogían azul no debían tener clara esa misma disposición, era algo así como "sí pero no". Supongo que es la pulsera más apropiada para aquellos que tienen pareja pero no quieren cerrar todas las puertas por si entrara por la puerta Brad Pitt o Angelina Jolie, y les señalara con el dedo. Vamos, que no estoy libre pero llegado el caso, raro, raro, raro, se podría hacer una excepción. Un convénceme de que valdrá la pena. La última de las pulseras, la naranja, de luz más apagada era para aquellos que entran a jugar al juego de las pulseras para contar que están pedidos ya, que no quieren un hallazgo nuevo ni anhelan excitantes amistades de medianoche. Que sobrios y borrachos deben ver dos cuando les miren. Porque ellos son solo la parte visible, hoy en este pub, como la cara de la luna, que tiene un reverso sin luz, que no se ve pero está.

Vivimos tiempos de alta tecnología, la gente acude a los chats pues algunos se convirtieron en verdaderas centros de citas. Allí se apalabran quedadas preguntando simplemente por gente de la misma ciudad, y se queda en sitios conocidos, y si la noche lo demanda ambos internautas acabarán acostados e improvisando desde esa posición.

La gente ya no tiene tiempo para entrar como se entraba, aquellos que sin pistas se arriesgaban a un ¿estudias o trabajas?, un ¡a ti yo te conozco de algo!
Otros vivimos todas estas cosas de otra manera, con una elaboración compleja, el ánimo distraido y el anhelo de una nueva coincidencia. Ningún día era el apropiado, ninguno descaradamente definitivo, pero los pequeños avances se festejaban con alborozo, se subían dos peldaños en escaleras hasta el cielo y se meditaba largamente desde los zancos de una ilusión cotidiana.


Mi grupo de amigos terminó como un corro de pulseras centelleantes. Alguno llevaba dos verdes, estando casado, otra se ponía una naranja y una verde haciendo de esa mezcla algo verdaderamente estimulante. Llevar ambas era algo así como llevar una azul pero ingeniosamente. Alguna otra amiga se ponía las tres, un par de ellas engarzadas de collar, respondiendo cada una a un color. Otra una en cada mano...

Por eso es tan buena gente, porque con tanto, también tiene esas cosas. Salimos a tomar cafés y ahí seguían danzando las pulseritas, saltando felizmente los charcos por el casco antiguo de Valencia.

viernes, 28 de octubre de 2005

¡Nooorl!

Caminaba ayer por la calle e iba pensando que tendríamos que desterrar los "no" del idioma. Al menos aquellos que utilizamos para rechazar propuestas, invitaciones o los que damos en simple respuesta a quién pregunta. Y no porque yo proponga decir a todo que sí, a todos que sí, sino porque el "no" tiene un mucho desagradable, con lo cortito que es. El rictus del que dice "no", es serio cuando no taciturno, y a veces suena a revancha, a clara venganza, a no me molestes, a ¿estás loco?

Por eso no es raro que el que oye un no se vuelva también taciturno o quede alicaído, de repente la posibilidad que fuera se esfumó, se la llevó cogida de las mangas ese "no", como para cruzar hasta la acera de los imposibles. Por lo inhóspito del "no" los solemos adornar con palabrería, no queremos decir "no" porque sabemos que a veces duelen, sobretodo cuando nos los dan a nosotros. Los disfrazamos con trajes nuevos y demostramos nuestra mano izquierda, que es dar "no" y hacer que parezca tal vez, quizá o más tarde. Esa destreza, que no tiene todo el mundo pero a la que aspiramos todos, es demostración inequívoca de lo buenas personas que somos. Cuántos menos "no" digamos, cuánto mejor los adornemos, en mejor consideración nos tendrán.



Hallada la raíz de uno de los problemas de la comunicación humana, yo propongo una solución. Quizá no es la mejor, puede que no sea más que un remiendo temporal, pero peor sería encontrar el problema y no esforzar una solución. Allí donde debas o quieras decir "no" di simplemente "nooorl". Verás como el resultado cambia.

La persona que recibe un "nooorl" no se ha llevado una negativa solamente, se ha llevado una bromita, es la negativa más dulce que uno puede desear. En realidad casi merece la pena recibirla solamente porque ambos protagonistas sonreirán y pasarán a otra cosa sin dramas ni reproches.

Dos amigos están por su condición de amigos, dispuestos a perdonarse casi todo, pero imaginen dos amigos que se dan "noorl" en vez de "no", sin quererlo, sin saberlo, inopinadamente se habrán vuelto más amigos.

Imaginen un debate entre gobierno y oposición en el Congreso de los diputados. Uno de aquellos a cara de perro, con algarada en los bancos. Si de repente el orador alza el dedo índice hacia el techo y grita estentóreo: ¡Nooorl! Se hará el silencio, se habrá llegado a un cierto consenso, al menos en lo que respecta a la alta consideración que le tendrán todos al interviniente. Unos y otros lo descubrirán líder, por supuesto con todos sus defectos, con el derecho a equivocarse, pero espontáneo y hasta magnífico. Si este fuera de serie presidiera el gobierno no tardaría en cundir el desánimo en las filas de los opositores, se quedarían de pronto sin fecha de regreso. Convencidos de la necesidad de revisar su propio organigrama y hasta sus fines. Si el interfecto es el del primer partido de la oposición se le acabarán las palabras a los gobernantes, se sabrán perdidos, porque nada llega más a la ciudadanía que un "nooorl" en horario de máxima audiencia, con tantos noticiarios haciéndose eco cada 6 horas.

Si el criminal confiesa tres delitos distintos, y es acusado de un cuarto del que es inocente y dice a viva voz "¡nooorl! o se lo hace decir a su abogado, nadie dudará de que es cierto que no tuvo nada que ver en ese cuarto desaguisado, y recaerá sobre él todo el peso de la ley por lo cometido, como debe ser, pero el juez se retirará a su despacho pensando que en el fondo era un buen tipo.

Los "noorl" son la esperanza que nos queda, la razón que motivará sonrisas donde antes solamente quedaba resquemor y tristeza. Desearemos preguntar, pedir y rogar porque en el peor de los casos nos dirán que sí, y en el mejor un "¡noooorl!" super fragilístico y espialidoso, que es un pase de pecho y unas banderillas de mentira, de las que se pegan con velcro, de las que no duelen y hasta hacen mucha gracia.

miércoles, 26 de octubre de 2005

Por boca de otro

Que yo no tengo autoridad para hablar de casi ninguna cosa es algo que no necesito que me aclare nadie. No la tengo porque me falta lo más importante, el conocimiento. Por norma general a los que son como yo (esa gran mayoría) se nos suele calar enseguida, simplemente metemos la pata, cometemos errores de bulto y quedamos en evidencia. Por eso si yo cuento que aquella guerra de ocupación fue ilegal (como así mantuve en alguno de mis arranques irreflexivos en este espacio) puedo pasar nada más por cautivo de ciertas convicciones.

Por esa razón me alegró hace unos días, leer a alguien que yo y cualquiera podría considerar un experto, y comprobar que coincidía en síntesis conmigo. La diferencia muy gráfica entre ambos, es que donde él puede agitar los brazos con cien documentos en cada mano yo agito las manos solas, o a lo más con unos abanicos para que me baje la calentura de exhaltarme tanto. El pone saber donde yo solamente vehemencia (y apenas algo leído aquí o allá).

Por eso, cuando apurada la noticia en El Mundo, con gran deleite por otro lado, descubrí su dirección de correo electrónico, no pude menos que felicitarle (detalle de cierta valentía, sin duda, cómo agradecería yo que muchos otros dieran tantas facilidades de acceso). Y ya entonces pensé cuánto me gustaría traer ese artículo a este, mi espacio. Para que quede para mis futuros regresos. Para que sepa encontrarlo si alguien duda, con toda razón, de las razones que me amparan.

En aquella primera comunicación no me atreví a pedírselo, pero la amabilidad de su respuesta me lanzó. Su respuesta concediéndome permiso y el artículo en cuestión los recibí a lo largo del día, en un único mensaje.

El autor del artículo es Augusto Zamora, profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid. Guardaremos una copia aquí mismo...


SADAM HUSSEIN: JUICIO POLÍTICO, NO JURÍDICO

El inicio del juicio contra el ex dictador y ex presidente de Iraq, Sadam Husein, está siendo calificado de histórico por quienes creen que debe ponerse fin a la impunidad y que los dictadores tienen que comparecer ante los tribunales. Nada que objetar al planteamiento, pues no hay excusas para la violación de derechos humanos; pero no es menos cierto que la aplicación de la justicia exige el respeto pleno de las leyes y procedimientos nacionales e internacionales, sin lo cual la justicia puede verse reducida a pantomima y burla.

El juicio contra el ex dictador está afectado, desde una perspectiva jurídica internacional, de graves vicios que privan de legitimidad al tribunal designado para enjuiciarlo. El mayor, aunque no único, es la forma en que Sadam fue derrocado y capturado. Tal se logró perpetrando el mayor de los crímenes contra la paz y la seguridad de la humanidad como es una guerra de agresión, que viola las normas más sagradas del orden jurídico mundial. Para entender mejor la trascendencia de este crimen cabe recordar que el Estatuto del Tribunal Penal Internacional (TPI) reafirma, en su Preámbulo, la obligación de los Estados de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier otro. El artículo 5 del Estatuto incluye, además, el crimen de agresión dentro de la competencia del TPI. No se admite, pues, que la captura de acusados de crímenes perseguibles internacionalmente se haga perpetrando crímenes mayores. Admitir tal posibilidad sería aceptar que, para capturar a un criminal, puedan ser masacrados pueblos enteros. Tal aberración abriría la puerta a la comisión de crímenes más horrendos, como ocurre en Iraq desde el inicio de la agresión.

Otra cuestión es la referida a la legitimidad e idoneidad del tribunal. El artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos dispone que “toda persona tendrá derecho a ser oída públicamente y con las debidas garantías por un tribunal competente, independiente e imparcial”. Iraq es un país ocupado por 200.000 soldados y mercenarios extranjeros y el tribunal ha sido nombrado por las fuerzas de ocupación. Iraq, hoy, carece de instituciones independientes, de Constitución y de un ordenamiento legal que sea reconocido como tal. No hay, por tanto, un sistema jurídico fiable que pueda dar garantías de juicio imparcial. El tribunal es casi secreto y, salvo para EEUU y sus aliados, nadie puede creer que sea independiente. Es un remedo de tribunal o un tribunal político, creado para legalizar la venganza de los enemigos internos y externos del régimen baasista.

La acusación presentada versa sobre la represión a la oposición política. Las represiones internas, sobre todo en caso de sublevaciones o de movimientos separatistas, tienen una interminable lista, contándose por decenas los países, regímenes y tiranos que han ensangrentado sus países. En Guatemala, por cuarenta años, los indígenas sufrieron una represión brutal que dejó 200.000 muertos. Leyes de amnistía cerraron el capítulo sin juicio contra nadie. Otro tanto ocurrió en Argentina, Uruguay o Chile. En la última década, África ha sido escenario de las guerras más sanguinarias de las últimas décadas, con millones de víctimas. Nadie ha sido perseguido ni enjuiciado. Con excepción del genocidio en Ruanda y de la ex Yugoslavia, para lo que se crearon tribunales internacionales ad hoc, el resto de los crímenes no cuenta, preocupa ni perturba a nadie. De ahí que el juicio contra Sadam sepa a revancha. Se trata de una aplicación selectiva de la justicia, donde lo que se juzga no son los crímenes en sí –que los hubo y deben juzgarse- sino el desafío de Sadam a EEUU.

Interesante será ver la lista de cargos contra Sadam. Si se le acusa del empleo de gases tóxicos o similares, prohibidos desde 1925, habrá que recordar que EEUU lanzó sobre Vietnam 80.000 toneladas de químicos, entre ellos el agente naranja, que provocó entonces centenares de miles de víctimas y las sigue causando hoy en la población vietnamita. Nadie pide perseguir y enjuiciar a los gobernantes estadounidenses culpables de la barbarie. Los adversarios de Sadam le acusan también de la muerte de 15.000 personas. Desde el inicio de la guerra han muerto en Iraq más de 100.000 seres humanos y decenas de poblados han sido bombardeados o destruidos. ¿Quién juzgará esos crímenes?

Sadam ha sido llevado ante un tribunal espurio para satisfacer una política imperial, no para mejorar el Derecho y la Justicia. Si de perseguir criminales se tratara, no es Sadam el peor de todos. Hay otros, poderosos y blancos, que matan en nombre de Dios y los gobiernos occidentales callan o dicen amén. EEUU, impulsor del juicio, daría mejor ejemplo ratificando el Estatuto del TPI y aceptando un tribunal internacional para Sadam. Otro tribunal habrá que pedir para los responsables de la guerra de agresión contra Iraq.

martes, 25 de octubre de 2005

"Nos" que importan

Si alguien me preguntará una razón, a bote pronto, que sostenga que algo se rompió y que no hay pegamento que lo arregle, yo no tardaría en responder. O tal vez la sensatez dependa de la puerta a la que llames. Mi pensamiento está tan condicionado por mis propios arquetipos...

Lo cierto es que la idea me la dio la tapa de mi "unidad central de procesamiento" (CPU). La tengo ahí detrás, al encima de un armario, hacía mucho que no la veía. ¿Qué por qué tengo abierta la caja del PC? Porque a veces la RAM falla y cambia el encendido correcto por un sinfín de pitidos. En ella pegué y ahí sigue, una pegatina con aquello de "No a la guerra". Al verla he recordado las pasadas elecciones generales y como se trataba de impedir que la gente acudiera con camisetas con ese lema. A algunos esa frase, que suscribiría inocentemente un niño educado en muy básicos valores les sentaba extraordinariamente mal. Al verla se sentían insultados, supongo que porque toda generalización es mala, y los "No" rotundos frente a lo que sea son esencialmente injustos. Todo debe ser medido de acuerdo a las circunstancias. Ya no se puede ser taxativo o rotundo en nada. Estar en contra de la guerra por principio es erróneo. Nada queda que sea indiscutible.

El día en que en una reunión de adultos alguien fue expulsado porque llevaba una camiseta de "No a la guerra", el día en que esa persona fue zarandeada y empujada hacia la salida, hasta echarlo, empezamos a perder el norte. Era un fundamentalista entre radicales de lo opuesto. Probablemente la brújula falló antes, cuando se decidió que otros intereses importaran más que las vidas humanas. Cuando los políticos entendieron el fascinante color de la política que no necesita de moralidad alguna. Solamente importa alinearse con los ganadores, saber escoger, ellos o nosotros.

lunes, 24 de octubre de 2005

Filosofías

Ayer preparamos en casa de Sestea una empanada de hojaldre. A cuenta de colocar los papeles sobre la bandeja iniciamos una agradable discusión. Ella había puesto los papeles que vienen en la caja con la pasta de hojaldre, uno encima del otro, y yo los separé para que cubrieran mejor toda la bandeja. "Verás como los extremos del papel se queman" me dijo. Y se quemaron.

El caso es que yo le dije que había que ser muy zoquetita para poner los papeles uno encima del otro, como para hacer calco. Le reconocí su memoria mayor, sin comparación con la mía, tan chiquita, y abrí la veda con media sonrisa. "Tienes mucha más memoria que yo, para qué lo vamos a negar, oyes una canción y te la sabes, pero parece claro que yo soy más listo", "sólo alguien bastante torpón pondría los papeles de esa manera". Ella reía diciendo que qué digo, porque está dispuesta a defender su inteligencia por encima de cualquier cosa, y yo reía removiendo en la sartén el atún, la cebolla y el pimiento rojo picado con el tomate frito, porque en memoria e inteligencia andaré frente a ella siempre dos sets abajo.


Hace algunos días pensaba sobre la vida. Las decisiones que se toman. El carácter perdedor del hombre desde que nace, simplemente porque no lo podrá abarcar todo. Sus pasos en pos de un objetivo lo alejarán de otros. Cada acercamiento hacia una meta alejará otras que se volverán imposibles (condenados a descartar mucho más que a escoger). El triunfo en una disciplina conllevará también el reconocimiento de muchos más fracasos, pues no solo fracasa el que se quedó en el intento, también aquel otro que lo abandonó todo por perseguir algo, independientemente de que ese algo se consiga.

¿En cuántas materias más hubiera podido destacar Einstein?
Simplemente le faltó tiempo para demostrar su inmensa valía.

¿Cuántas veces hubiera cambiado aquel deportista todas sus medallas por ser recordado por méritos distintos que los deportivos?
Sobretodo cuando de anciano aquellas proezas le quedaban tan lejos. Como hubiera deseado análogos éxitos a los conseguidos pero en el terreno del intelecto.

La vida de este modo es un pasillo repleto de puertas, el individuo llega hasta ellas y toca el pomo. No puede estar convencido, enteramente convencido de acertar traspase la que traspase. Toca con la palma de la mano cada puerta, midiendo la temperatura, meditando no se sabe qué, porque no sabrá a que atenerse. El profundo desconocimiento de casi todo, lo escogido y lo descartado infecta la misma toma en consideración. Sin embargo entra en una y descubre un nuevo pasillo, nuevas decisiones que irán construyendo su vida. Y en cada pasillo encontrará nueva gente que irán componiendo las piezas del puzzle de sus recuerdos, gente nueva que ante las mismas puertas tomará sus propias decisiones. El hombre entonces, eterno insatisfecho por lo conocido sentirá la pena y la amargura del paso del tiempo. Y querrá volver a los antiguos pasillos, a la gente que dejó atrás. De vuelta a anteriores pasillos probará en otras puertas que llevarán a otras y a otras. Pero siempre quedarán puertas por abrir, tantas que ni siquiera se consideraron, quizá por nimiedades como ahorrar dos pasos. La voluntad clara de un trayecto más corto. Y en su regreso volverá a encontrar a las personas, pero ya nada será lo mismo. Ellos y él mismo estarán cambiados, porque la vida nos cambia. Aprendemos a vivir viviendo. Con el poso que dan los años, todas las conquistas no son nada frente a tanto irrealizable.

sábado, 22 de octubre de 2005

Una hormiga

Vuelvo del purito centro de Valencia. Allí las personas son hormigas con ansiedad por comprar. Las tarjetas bancarias entran y salen de las carteras, el dinero viaja en transferencias de unas cuentas a otras. Las dependientas sonríen y dan la compra por encima del mostrador. Se hacen colas, para probar, para pagar. La ropa se mira, se toca, se extiende y a veces se dobla y coloca. La gente sale desbocada con sus nuevos adornos, con nuevos uniformes de la moda para el fondo del ropero.

Yo que soy hoy acompañante y de hacer pocas compras me quedé en la puerta junto al guarda en "Mango". A los pocos minutos una señora con sus dos niñas pequeñas hace saltar todas las alarmas. El hombre les pide que pasen de una en una bajo el arco y resulta que una de las niñas lleva unas zapatillas no sé si de Zara o de donde que hacen aullar la sirena. Todas las veces, sin fallo o error. Tras una conversación breve salen la madre y sus hijas a escape por la puerta. Demasiadas miradas para una única sospecha.

Le pregunto al guarda, que es un hombre mayor como disfrazado, si aquello saltó por algún tipo de código de barras, y me dice que no. Que esta tienda como todas las pequeñas y medianas del centro tienen el mismo tipo de detector. Y que éste no hace distinciones entre los artículos, cualquiera de ellos sonará en cualquier otra tienda. Solamente El Corte Inglés por lo que me dice, discrimina los artículos foráneos y permite su paso sin escandalizar a nadie.

Lo más curioso del caso es que por lo que se ve, aquellas zapatillas podían tener al menos 1 o 2 meses. Que en su día fueron "desactivadas" para no hacer saltar la alarma, pero que luego con el propio uso, algún tipo de electricidad electrostática, me cuenta, logra que vuelvan a activarse. Que les pasa mucho con bolsos y zapatillas.

Me dice que si eso le ocurriera a él no volvería por Zara a comprar. Yo le digo que por norma el cliente no sabe que es lo que pasa. Se desconcierta, desea que le trague la tierra, pero no volverá por Zara, aunque haya dos en Colón, para ser de nuevo desactivado. No llegará a entender que si después del mal trago sigue de tiendas saldrá entre campanadas de todas ellas.

Meten el chip o dispositivo en la propia goma de la suela. Lo hacen desde el mismo momento de la fabricación, de forma que el cliente, que es un fenomenal pagador, paseará con su artículo y con el riesgo de que pensemos que es un mangante, a poco que tenga mala suerte. Si su continuo ir y venir resucitó aquel mortecino emisor.

Hoy nos ponen esos artilugios en lo mullido de goma para que no sepamos que existen. Son pequeños infiltrados con los que no contamos. Auténticos desconocidos. Más adelante quizá nos camuflen algún otro dispositivo de control. Quien sabe.

Cuando uno sale al centro, rodeado de tanta gente subiendo y bajando la calle, siente ganas de detenerse en el centro de la corriente, extender los brazos y mirar al cielo. Se siente uno como una hormiguita, todos miran hacia delante, pero en realidad nadie ve a nadie.

viernes, 21 de octubre de 2005

Nueva apariencia

Hoy 21 de octubre le hago un lavado de cara a mi rústico weblog. Pero no te fíes de las apariencias porque por debajo sigue siendo el mismo. Esconde lo mismo que escondía y seguirá siendo folio en blanco para cuando tenga algo que contar. Soy de aquellos que ante la posibilidad de caer envenenado prefiere no morderse la lengua. Parece que vayamos a empezar de cero, borrón y nuevas cuentas, pero atento llevamos mucho recorrido. Queda mucho más.

Es mejor Jordi

Ayer visitaba este weblog mi amigo Jordi. Me dijo que tenía que hablar de él aquí, y ya lo he hecho alguna vez, aunque encontrar aquel o aquellos artículos entre tantos de casi 5 años sea tarea desalentadora, por eso no le pediré ese naufragio a él ni lo haré yo. Si me pierdo entre aquellos escritos soy capaz de no regresar mentalmente en condiciones, (en mis actuales condiciones que tampoco digo que sean óptimas, pero no me ayudará en nada la lectura de mis neuras anteriores, los cimientos sobre los que se asentarán mis nuevas neuras, ... regresar sobre el GAL a estas alturas no favorecerá en nada a nadie).

Así que mejor si escribo algo nuevo. De Jordi puedo decir que es un buen amigo, que tengo la suerte de habérmelo vuelto a encontrar tras un lapso sin vernos, y que probablemente es el mejor actor de todos los que he conocido personalmente (y de los no conocidos andará justo por detrás de De Niro :)) Aún recuerdo nuestros ensayos en el cuchitril de "El Baúl" hace tantos años. Aquellos ensayos eran para mondarse de risa, yo acababa por norma general revolcándome en la silla, y terminaba llorando de risa. Recuerdo ahora, según escribo, que durante un tiempo casi se nos hizo imposible ensayar juntos, nos daba la risa nada más empezar y aquello era ya imparable, como los penaltis que lanza Camacho.

Ahora Jordi se come el mundo en Madrid, apostando como un valiente por dar rienda suelta al arte dramático que en su caso es el arte del cómico, pues pocos podrán igualar su capacidad para el humor. Ya lo van descubriendo poco a poco, no le llegó todavía su gran oportunidad, pero sabrá ser el centro de todos los focos.



En los medios de una plaza de toros y en los medios televisivos se necesita además de talento una pizca de suerte. Es curioso el caso del "Neng". Un actor tan listo como para representar un personaje poco menos que retrasado mental y que esto le de mucho dinero. Supongo que es la evolución lógica de aquel mundo de los payasos, dicho esto sin ánimo de ofender. En sus mejores tiempos se juntaban uno listo y otro tonto que caía al suelo al irse a sentar sobre una silla que ya no estaba. El listo se la había quitado. El tonto llevaba indefectiblemente una pelota roja en la nariz. Hoy el listo es Buenafuente y el tonto el Neng, un tonto que pese a retratar a una serie de individuos muy específicos, ha logrado que estos se afiancen en su estereotipo y luzcan su pinta y sus maneras con nuevos bríos. Lejos de sentirse insultados por quien coge su rol unas horas al día para luego volver a la normalidad, lo celebran sintiéndose importantes, con la importancia que da a todo la televisión. Homer Simpson se abrazaba a ella y le susurraba "nunca más me enfadaré contigo". Son "nengs" veinticuatro horas al día y para siempre.

Reconocidos los méritos del actor, no apuntaremos entre ellos la célebre frase "¿qué pasa neng? Simplemente porque es una frase de uso muy común en catalán, aquel ¿qué pasa nén? Estamos siempre dispuestos a comprar lo mismo que tenemos en casa solamente porque nos cambiarán el envoltorio.

El Neng tiene mérito, yo que llevo hablando un rato de él apenas lo conozco. No veo apenas la tele (no me abrazaré por tanto a ella). Quizá por eso me equivoco tanto, porque siempre estoy dispuesto a abrir la bocaza para hablar de cosas de las que apenas tengo unas trazas. Por eso es mejor que vuelva a Jordi, ese amigo mío de talento mayor, que se hará con la televisión en cuanto surja la oportunidad adecuada. Entonces la televisión iniciará una remontada que algunos ansiamos, y lloraremos de risa y de alegría diciendo con estupefacción "cómo puede ser tan bueno".

jueves, 20 de octubre de 2005

Planeta

Si yo fuera un escritor mejor de lo que soy, que aunque con toda la humildad del mundo mi condición de escritor se hace patente desde estas mismas letras, sencillamente porque escribo, si a alguien le parece que ese calificativo me viene grande, lo que es seguro, partamos con la concesión menor de escribiente. Pero no al dictado de alguien, sino de lo que discurro en este instante, en este vivo y digo, aquí y ahora.

Si yo que soy escribiente fuera escritor no aspiraría en verdad al Planeta. No digo que no me seduzca el prestigio, la fama intelectual en este país donde se regala fama casi por cualquier cosa, se admira hasta al asesino y algunos lo emulan con nuevos crímenes por dar igual en el telediario. Claro que quisiera que me hicieran entrevistas, ir a la librería de mi calle a ver como se acumulan en la estantería ejemplares de mi primera novela. De mi primer Planeta (a posteriori el último, que si no funcionan las ventas...).

Mirar al curioso que la coge de la estantería y al mirar el reverso descubre mi rostro en pose seductora, y luego al mirar al frente mi rostro de nuevo sonriente y orgulloso. Su dedo se levantaría hacia mí, señalando la ruta invisible desde la foto hasta mi cara, su boca se abriría como para decir algo, ... pero no diría nada. Cerraría el libro, lo devolvería a la estantería y saldría sonriendo para contar a algún amigo lo ocurrido, tomando un café con novedades que confirman lo pequeño que es el mundo.

Pero yo entre todo eso, esos 300.000 euros que son exceso para el que no le falta para comer, y la posibilidad de gustar a Juan Marsé me quedaría con lo segundo. Prefiero renunciar al dichoso premio si no logro unanimidad en el jurado, sino están todos ellos dispuestos a jurar sobre mi novela que su lectura fue lo mejor que leyeron en el último año (desde la anterior concesión del Planeta).

Que bueno sería tener la agenda tan libre de compromisos como está hoy, sin ocupar las portadas de las revistas del corazón que son capaces de encontrar carnaza hasta en lo que les es tan radicalmente opuesto, los autores intelectuales y novelistas primerizos. Tener la conciencia tranquila y a la vez poder pensar que tu novela entusiasmó a Juan Marsé y al resto de los miembros del jurado. Para ello renunciar al montante en efectivo sería poca cosa, yo lo haría de buen grado. Lástima que gustar a todo el mundo sea tarea imposible. Me tendré que contentar con ese 90% que nadie creerá...

miércoles, 19 de octubre de 2005

SERVEF

Al servicio valenciano de empleo le han entrado de repente prisas. Tras tenerme olvidado como un númerito más en la relación de los que son un número sin quererlo, se ha acordado de mí, especialmente en la última semana. Todos los días me envían algún mensajito para que llame a un teléfono y me descuelgue con una referencia. O me llaman directa y amablemente al móvil para decirme si me interesa un trabajo de tal o cuál cosa. Y a mí por descontado que me hubiera interesado cuando miraba desde el balcón sin encontrarle a la calle ninguna perspectiva. Hoy, ahora, a pesar de sus ofrecimientos no hay nada que me puedan dar, nada que pueda cambiar el rumbo escogido. Parece que a la alcaldesa le hubiera entrado un miedo súbito a no poder encontrarse conmigo por la calle, y eso que, con toda seguridad no soy su tipo. Han puesto a todos los organismos a trabajar para darme trabajo. Justo ahora que ya no necesito de sus pesquisas. Algún organismo equivocó mi estado y deben pensar que estoy cobrando del paro...

Mi futuro se escribirá en otro sitio, y se hará así gracias al favor inmenso de un amigo, porque confió lo suficiente para otorgar una oportunidad que no desaprovecharé. Él se ganó un trocito de cielo por su buena acción, y yo la ocasión de orientar mi vida, hacerme un hombre de provecho como fue y es mi padre. Lo haré lo mejor que pueda.

lunes, 10 de octubre de 2005

Vehículos sin conductor

Leo que en Estados Unidos se ha realizado una carrera entre vehículos sin conductor para una distancia sinuosa de 212 kilómetros. El premio además del prestigio que acompaña al ganador, que se da hasta en las confrontaciones más amistosas o humildes, petanca o unos bolos por ejemplo, ha constado de 2 millones de dólares, pasmar a la competencia y muchas fotos.

La cuestión de fondo es que Estados Unidos quiere mejorar su industria bélica, esto es esencialmente matar cuantos más enemigos mejor y sufrir las menos bajas posibles. De ahí esos vehículos tan tecnológicos, los ordenadores y sensores se pueden reponer, solamente hacen falta millonarias inversiones y eso nunca fue problema. Un Congreso unido jamás será vencido, un puño en firme frente al enemigo. Las bajas humanas son sencillamente irreemplazables, cada muerto alguien que no volverá. Lástima que no se den cuenta de que los muertos son todos iguales, que al morir la nacionalidad, el idioma y hasta los valores se acaban. Un montón de muertos apilados en una cuneta o en ataúdes con banderas perfectamente alineadas se confunden. En ambos casos , estos y aquellos, ellos, todos, aunque por distintos motivos son irreconocibles. Que a los muertos les sobran hasta los nombres de pila, los apellidos, los pierden al morir, ya no responderán a ellos ni nadie espera que lo hagan, son simplemente bajas del argot militar y una ausencia duradera para los allegados en la cruzada de seguir vivos. Nombres convertidos en evocación, tan reales como escrutar la sombra propia en el suelo.

Nuevas mejoras para otros conflictos. Aunque en Lousiana hubieran descuidado los diques de la ciudad ante una amenaza cierta y anunciada por fomentar nuevas soluciones en terreno hostil.

Lo importante es estar preparado ante la amenaza exterior que quiere hundir el sueño americano y resolver lo doméstico como buenamente se pueda.

Probablemente el problema resida en el propio sueño. No se quiere lo que se debe.

domingo, 2 de octubre de 2005

Casi todo es casi nada

No es mío es de Sabina, pero lo traigo a colación porque forma parte de la canción que escucho y porque sería sintesis apropiada a mi idea de relativizar cada cosa que ocurra. Dar la importancia justa a cada suceso, no dramatizar nunca, porque ya lo dijo alguien más sabio que yo, tan sabio como Sabina supongo, porque tiene mérito encontrar las palabras justas que expresen justamente lo que se quiere decir, decía aquel que lo que no tiene solución ya está solucionado. Que verdad es.

jueves, 29 de septiembre de 2005

Envenenadores

Ismael Serrano tiene una canción en su último álbum en que retrata la actualidad. No es nuevo en este cantante comprometido con lo que ocurre. Habla de Irak, de guerras preventivas y cita a un loco, borracho que no escucha a nadie, sospecho que se refiera George W. Bush, pero no es seguro, pues es cierto que Bush tuvo problemas con la bebida en el pasado pero no los debe tener hoy. Respecto a lo de loco, yo lo dejaría en tonto nada más. Y en lo de que no escucha a nadie no podría estar más en desacuerdo, probablemente es manejado desde la sombra por individuos menos expuestos a los vaivenes de la consideración votante. En este caso el envenador sería el que susurra los siguientes pasos, los radicales de la derecha que encuentran a faltar estrellas y rayas a la bandera. Los medios, televisiones y prensa que dan la versión oficial de una historia que tiene otras lecturas.




A la envenenadora de Melilla la condenaron por fin a 84 años de presidio. Mató hace 14 años a su hija Florinda, de 5 meses suministrándole un veneno que no le trajo más consecuencias que las deseadas. Quitar de en medio a quien no se quiere. Tan felizmente resuelto para ella, era cuestión de tiempo que volviera sobre esos antiguos usos. Decidió envenenar mes a mes a su marido mientras se nominaba Fogosa en el chat. Viuda desconsolada con tanto que ofrecer a poco que enviude.

El marido murió entre padecimientos y drogado para que no pudiera pedir socorro. Tumbado a todas horas hasta el fin.

Algún tiempo después inició idéntico tratamiento con su hija de 15 años y con el niño de 12. Escollos hacia la libertad. "Querían ir con su padre", dice. A ella la mató del mismo modo, los analistas encontraron en la botella de agua de su mesita de noche el mismo veneno que le venía suministrando. En la botella de agua que la despidió al hospital para no regresar, que sus últimos tragos fueran igualmente amargos y efectivos.

El crío se salvó por los pelos. No hubiera durado mucho más. Lo salvó que muriera antes su hermana.

Francamente, ojalá este veneno de mujer se pudra en la cárcel. Guantánamo sería un buen alojamiento. No habita conciencia. Día tras día envenenando a sus vástagos, suministrando drogas y tranquilizantes, hora tras hora viendo ese deterioro progresivo. Preparando un preparado más.

Cobardes desde donde nadie los observa, destruyen.

lunes, 26 de septiembre de 2005

Nube negra

Vi el otro día a Joaquín Sabina en el programa de Buenafuente. Era la primera vez que veía ese programa y me decepcionó. Me decepcionó el famoso Neng, que es una moda condenada a la extinción. Pronto se cansarán los mismos que lo imitan hoy sin cansancio.

Decía Sabina y Buenafuente quedó atónito y farfullando, que "la poesía es el dinero", y a muchos de nosotros se nos cayó el palo del sombrajo. No se puede negar que Joaquín es sincero, eso piensa él y lo cuenta. Nunca fue de los de morderse la lengua. Por eso mete la pata tanto y recibió tantas bofetadas.

Lo malo es que algunos esperábamos otra cosa, alguien que siempre parece de vuelta de todo, pero con la experiencia de los años, con mucho por mostrar. Esa conclusión tan poco esperanzadora, todo está en venta, y por lo tanto accesible al mejor postor...

Ahora, oído su nuevo disco "Alivio de luto" uno vuelve a pensar que cuando se pone a escribir concita a las hadas. Que es capaz de encontrar las palabras justas para expresar mejor que nadie algunas cosas. Algunas tan difíciles como la depresión, que ha vivido y de la que va saliendo letra a letra.

"cuando soy lo que soy en un espejo roto, ... cuando es tiempo perdido, preguntarme qué pasa"

Haciendo canciones así se le puede perdonar todo.

domingo, 18 de septiembre de 2005

A palos

Leo que una gallega ha sido multada con 6000 euros por apalear hasta la muerte a un burro de su propiedad. Siento la muerte del animal y me alegro de que a la fulana le toquen el bolsillo de verdad, no como una broma, sino para hacer agujero. El agujero que le falta en la conciencia.

Suerte tendrá si no hay un futuro gobernado por burros, otro planeta donde vaya a caer para que le den idéntico trato que al pobre animal. Dos guardias civiles lo encontraron agonizante atado en su propiedad. Al día siguiente la policía local ya lo hallo enterrado. Zutana dice que le quería pegar con una maza. Sus últimas horas, inconsolable...

Así pierda la propiedad. Hay que tener muy mal carácter, ser muy malo para apalizar a un animal así.

Al menos esta vez no quedó impune. Además la señalarán los vecinos del pueblo, dirán "ahí va la asesina de burros", los niños correrán con miedo al verla llegar.

Dio muchos palos, ahora se lo dan a ella. Veremos si así aprende.

domingo, 11 de septiembre de 2005

Efecto "boomerang"

Que las relaciones en la política recuerdan a la infancia es algo observado. Solamente hay que ver a los diputados en el congreso hablando al tiempo y pateando. Lo mismo que un patio de colegio. El profesor, en este caso presidente, intentando poner orden. Llamando la atención a unos y otros. Los políticos son como niños y por eso sus caricaturas resultan entrañables, por eso sus guiñoles caen tan bien.

Hace tiempo, tras la gestión del gobierno de Aznar del atentado que mató a 192 personas en Madrid, reparé en un comportamiento llamativo. Cuando desde la oposición entera se les tachó de mentir a la ciudadanía, de ocultar la verdad. Nunca un gobierno democrático estuvo en una legislatura tan enfrentado al resto, tan solo en sus posiciones, aunque con la fuerza de un rodillo en cada votación. Decía que se tachaba a Aznar y su gobierno de mentir, yo mismo lo he creído así, desde luego por la proximidad en aquellas fechas de elecciones generales. Pero lo notorio del caso fue la respuesta desde el Partido Popular. A aquel que lo acusaba de mentir éstos lo acusaban de mentirosos. Devolver el mismo agravio con el que te califican. El tú más de los niños y que funciona igual que a ellos. La madre se desconcierta viendo a sus hijos llamarse lo mismo y no sabe a qué atenerse. No sabe cuál de ellos tiene razón.

La opinión pública asiste harta a estos juegos de niños, convertida en partidaria con paciencia para justificar cada error de los que mejor le representan. Diputados mangantes que llamarán mangante a quién descubrió sus mangoneos porque en el fondo pensamos que todos mangan. Ensuciarán el prestigio del otro con los mismos agravios que se reciben y estarán haciendo política de altura, simplemente porque en la batalla, confundir es una forma de empezar a ganar.

viernes, 9 de septiembre de 2005

Cae su popularidad

Leo que la popularidad de George W. Bush ha caído al 41%. Un mínimo histórico, un verdadero desplome. Yo que leo hoja a hoja a Lázaro Carreter y su arsenal de dardos, hubiera cogido su testigo para defender el idioma sino fuera por mis limitaciones. Soy como uno de aquellos caballeros medievales ante la posibilidad de llevar a cabo algo heroico. Doy un paso adelante y grito: "Me presto". Una misión difícil, para valientes, en pos de recuperar o restituir alguna cosa más allá de la confluencia de caminos. Se me mira de arriba a abajo unos segundos y se me descarta, con razón. Otros con más preparación llevarán a cabo la misión. Otros defenderán con más criterio el idioma, aunque yo seguiré atento por si hallara algún gazapo.

Hoy creí hallarlo aunque me di de bruces. Me parecía rara aquella caída en picado de la popularidad de Bush. No porque se diera, lógicamente tarde o temprano al tonto o al malo se le descubre, y más rápidamente si se dan ambos defectos a la vez. Sino porque yo tomaba la popularidad como sinónimo de fama, y no podía entender que una mala gestión, o muy mala, hiciera caer el conocimiento del incauto por la gente. Se hundirá su prestigio, pero lo conocerán lo mismo, quizá mejor pues lo bueno se acabará olvidando, pero los fallos y errores cuando son graves agarran como la mejor planta trepadora y no se olvidan fácilmente. El caso es que tras mirar el diccionario compruebo que el error fue mío. La popularidad en su definición tiene mucho de aceptación, así que cuando leemos que su popularidad ha rebajado hasta el 41% debemos entender que solamente le aprueba ese porcentaje.

Los sabios medievales tenían razón. Mejor que vaya otro, en cualquier caso como bien sabía Lázaro Carreter es masaje cardíaco a un muerto. Yo quedo para menesteres menos ambiciosos, aunque igualmente dispuesto a deshacer entuertos por si un día acierto.