domingo, 2 de octubre de 2022

No he contado pero cuento que participé, obligado por la inercia que no pierde comba, muy al contrario, en el Euromillón de los 194 millones de hace unos días. No me tocó, aclaro para posibles secuestradores, pero sí a uno de mis conciudadanos, a un compatriota que no sabrá que hacer con tanto, para qué tanto.

Luego, pensándolo bien me he dicho que este afortunado paisano, afortunado relativamente, que tendrá que decir en algún sitio que no le tocó, y vivir como si no le hubiera tocado, para evitar secuestradores, haría bien en compartir su premio, el premio, por ejemplo conmigo, que le gano en antigüedad pretendiéndolo y en ganas de conseguirlo. No tiene porqué ser a partes iguales, que soy consciente de quién puso el par de euros, aunque yo puse los míos también, sin suerte.

Hace algún tiempo me compré el altavoz que quería, el que me hubiera comprado de ser inopinadamente rico, motu proprio o por intermediación del vecino, y lo hice por una razón, por si no me toca.

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