domingo, 3 de febrero de 2008

El perfume

En un pliegue de tu talle.

Tu nombre me sabe a yerba - Serrat y Sabina



Me alegra ver que el Xuac ha vuelto por aquí. Y no es una cuestión menor, pues yo sé bien lo muy ajetreado de su agenda, que es todo lo contrario que la mía.

Siempre tiene alguna tarea pendiente. A veces un torneo de golf en el que demostrar que no hace falta estar bizco para no acertar un hoyo, a veces una fiesta picante en la que no permiten entrar a nadie que no luzca un cocodrilo en la pechera. Otras veces dedicando el tiempo en guerra con la novia que le vino a curar un amor perdido que ya no quiere para nada.

Por eso tiene mérito que se haya vuelto a pasar por aquí. Y como yo soy de los que cuando están agradecidos se les nota, ahí va una recomendación secreta precisamente para él que está dilapidando la fortuna familiar en la bolsa. Apostando por acciones de Jazztel, que es una compañía de no levantar cabeza por algo tan sencillo como que es la peor de todas ofreciendo Internet a cualquiera. Lo último que sé es que las acciones andaban más o menos como las de Colonial, aunque estas otras vayan a subir fijo, o a quebrarse del todo. ¿Quién sabe?

Jazztel está de oferta, nada menos casi que a dos por uno. Por eso cómo no voy a recomendar la compra de acciones de alguna empresa que haga perfumes. Porque el futuro está en la esencia del perfume.

No sé si será Chanel o Cacharel. Pero yo apostaría por ellas sin ningún género de duda. Ayer mismo entré en un "If" para comprar una colonia. Y quedé patidifuso de tantas como hay, alucinado, a decir verdad, de sus precios. Pero es que huelen todas tan bien, y utilizan modelos tan bien proporcionados y tan caros de convencer que es normal que luego el frasco se pague como oro. Después de todo el olor, tan capaz de seducir incluso, es algo intangible y difícil de calcular. ¿Cuánto puede valer?

Yo probé media docena de fragancias, primero sobre mi propio cuerpo, luego cuando ya no debía quedar centímetro sin salpicadura sobre unos palitos de cartón dispuestos para ser mojados. Eso sí, con la precaución de darles unos segundos que es lo que tarda en secar el alcohol, dejando desnuda la fragancia en si misma. Y ese olor nuevo no es baladí. Viene a completar a la persona, perfecciona lo que puedo llegar a parecer.

Descubrí en la tarea que no tengo el olfato del aprendiz de "El perfume". A mí los aromas se me confundían, y me parecían todos buenos. Y harto por fin me decidí por "Man" de Calvin Klein. 67 euros de pura inspiración. Un poco porque el olor me había gustado, y otro poco por quitarme la espinita que me quedara cuando me probé aquel traje Calvin Klein hará dos años en una tienda de Valencia.

Nunca me quedó una chaqueta mejor ni un pantalón peor. Si hubiera tenido que ir a recoger un Oscar habría escogido aquella chaqueta. ¿Dónde estará a estas alturas?

Cubriendo a alguien de cintura métrica y piernas como zancos, afortunado él.

No hay comentarios: